10 Ago 2007
06 Ago 2007
El diario El País ha publicado hoy íntegra -gracias, sé que era muy larga- la carta al director que les mandé sobre la información publicada acerca de la demanda de Juan José Benítez contra mí y la sentencia que me condena a pagar al ufólogo 6.000 euros, sobre la que ya di mi opinión en 'Benítez contra Gámez: historia de una condena'.
La lista de bitácoras y webs que han comentado la sentencia y manifestado su apoyo a quien esto escribe incluye, a fecha de hoy, a Aburreovejas, Al Otro Lado del Mostrador, Apuntes Rull, Armantia, Atalaya, BitacorARP, Blanco y en Botella, Blog de Ecnaton, Bloguear por Bloguear, Círculo Escéptico, Concello de Vigo, Crónicas de Esperantia, Chapitel, Desbarradas de Akin, Diario de un Cabeza de Chorlito, El Cartapacio de Gollum, El Día Menos Pensado, El Espejo Convexo v.2.0, El Lobo Rayado, El Lolaberinto, El Metadiario, El Morador del Abismo, El Pupitre, El Retorno de los Charlatanes, El Viaje de Lonjho, Epitafios y Demás, Escolar.net, Escrito en el Agua, Espacio Exterior, Hipótesis, Homo Webensis, Huonan, La Cárcel de Papel, Libro de Notas, Los Superiores Desconocidos, Mangas Verdes, Me Siento Cómodo, Microsiervos, Mimetist, Mtnez. Blog, No sin mi Tostadora, NotasD, Periodismo al Pil Pil, Por la Boca Muere el Pez, Punto sin Retorno, Rincón Ecléctico del Tío César, ... Que la Viga en el Propio, Redes Sociales, Reflexiones sobre el Mundo Digital, Tabula Rasa, Tecnicalia.com, The Sky 4 You, Tumbaburros, Un Millón de Segundos y Ya me gustaría.
Enredados, la Radio de la Blogosfera Andaluza, ha dedicado un programa especial al análisis de esta sentencia, en el que han participado Javier Armentia, Javier F. Barrera, Sebastián Forero, Javier Pedreira, Jesús Javier Pérez y Luis Rull. Y la última entrega de El Escéptico Digital ha
prestado especial atención a este asunto en su editorial, al que han
sumado la publicación de las reflexiones de Armentia y mi comentario de la sentencia.
A todos los citados y a los muchos que me han mostrado su apoyo en persona, por teléfono y por correo electrónico, muchas gracias. Como ya dije en su momento, ahora lo que tenemos que hacer es crear las herramientas y los
medios en Internet y en el mundo real para que no haya disparate
pseudocientífico sin respuesta ni vendedor de misterios que quede
impune, y el discurso crítico llegue cada vez a más
gente. Quien quiera escribirme para ponernos manos a la obra, aquí me tiene.
03 Ago 2007
Tras la publicación en el diario El País de la noticia titulada 'Un juez ampara el honor de J.J. Benítez, que había sido calificado de "estafador"', envié ayer la siguiente carta al director al rotativo madrileño para aclarar algunas imprecisiones de la información basada en la sentencia, como que El Correo había retirado de su web los artículos objeto de la polémica, y rellenar lagunas, como el olvido de que el ufólogo llegó a pedir 80.000 euros de indemnización y solicitó al juez la retirada de todos los textos críticos con su trabajo. Si quieren leer la información publicada por El País, pueden pinchar en la imagen y se les abrira en una ventana a un tamaño más apropiado. Éste es el texto de mi carta:
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Una demanda de J.J. Benítez
Creía que decir en un documental de televisión que hay pruebas de que el hombre convivió con los dinosaurios, afirmar que un poder mágico permitió transportar las estatuas de la isla de Pascua hasta su ubicación definitiva, sentar a Jesús en el Coliseo romano años antes de que el edificio existiera, asegurar que seres de Orión levantaron las pirámides de Egipto y sostener que los astronautas del Apollo 11 encontraron ruinas extraterrestres en la Luna era tergiversar la Historia, mentir e intentar engañar al público. Parece que estaba confundido.
Como recoge El País en su página 61 de hoy, jueves, 2 de agosto, he sido condenado a indemnizar con 6.000 euros a Juan José Benítez por sostener, entre otras cosas, que si alguien se gana la vida con afirmaciones como las hechas por él en la serie Planeta encantado, puede deducirse de ello que "su negocio se basa en la mentira, el engaño y la tergiversación". La información publicada en este diario, además de pasar por alto las afirmaciones hechas por el ufólogo y novelista en esa serie, emitida por TVE en dos ocasiones, contiene algunas imprecisiones que quiero aclarar: 1. La demanda no fue interpuesta contra mí por dos artículos, sino por el conjunto de los textos -más de trece- en los que examiné la verosimilitud de lo afirmado por J.J. Benítez en cada entrega de la serie. 2. Nada más ser informado el 5 de junio de 2006 del requerimiento legal, retiré las expresiones consideradas injuriosas por J.J. Benítez e indicadas en un burofax enviado por su abogada no porque ni mi abogado ni yo las consideráramos injuriosas, sino con el ánimo de zanjar el asunto amistosamente. 3. Ninguno de mis artículos ha sido retirado de la web de El Correo Digital, tal como puede comprobarse en Magonia, donde publiqué el 27 de julio una larga explicación del caso. La abogada del demandante pidió al juez "la retirada de los textos referidos a Juan José Benítez de la página web de El Correo Digital", pero el juez rechazó tal pretensión. 4. El demandante pidió en el juicio, además de la retirada de los textos, 80.000 euros de indemnización, la publicación de la sentencia en El Correo Digital y la condena al pago de las costas, extremos que el juez descartó, reduciendo la indemnización a 6.000 euros. Creo que no he vulnerado en ningún momento el honor de J.J. Benítez, sino ejercido mi derecho a crítica ante un producto, la serie Planeta encantado, cuya falta de rigor histórico está fuera de toda duda. Otra cosa es que los designios de un juez sean inescrutables. Luis Alfonso Gámez |
27 Jul 2007
Creía que afirmar que un poder mágico permitió transportar las estatuas de la isla de Pascua hasta su ubicación definitiva era tergiversar la Historia y mentir, y divulgarlo en un programa de televisión, engañar al público. Estaba confundido.
Creía que sostener que el pueblo dogon tuvo en el pasado contacto con extraterrestres era tergiversar la Historia y mentir, y divulgarlo en un programa de televisión, engañar al público. Estaba confundido.
Creía que sentar a Jesús en el Coliseo romano años antes de que el edificio existiera era tergiversar la Historia y mentir, y divulgarlo en un programa de televisión, engañar al público. Estaba confundido.
Creía que asegurar que hay pruebas de que existía comercio entre Europa y América antes de 1492 era tergiversar la Historia y mentir, y divulgarlo en un programa de televisión, engañar al público. Estaba confundido.
Creía que mantener que la sábana santa prueba la resurrección de Jesús de Nazaret era ignorar los resultados de los más avanzados estudios científicos y mentir, y divulgarlo en un programa de televisión, engañar al público. Estaba confundido.
Creía que hablar de la ficticia Arca de la Alianza como de un arma de destrucción masiva era tergiversar la Historia y mentir, y divulgarlo en un programa de televisión, engañar al público. Estaba confundido.
Creía que presentar un anillo con marca de platero como obra de extraterrestres era tergiversar la realidad y mentir, y divulgarlo en un programa de televisión, engañar al público. Estaba confundido.
Creía que decir que seres de otro mundo dieron el aliento civilizador al pueblo bereber era tergiversar la Historia, mentir y minusvalorar la inteligencia de ese grupo humano, y divulgarlo en un programa de televisión, engañar al público. Estaba confundido.
Creía que afirmar que seres de Orión levantaron las pirámides de Egipto y que los egipcios de hace 4.500 años vivían en la Prehistoria y desconocían la escritura era tergiversar la Historia, mentir y minusvalorar la inteligencia de ese grupo humano, y divulgarlo en un programa de televisión, engañar al público. Estaba confundido.
Creía que sostener que los astronautas del Apollo 11 encontraron ruinas extraterrestres en la Luna y presentar en un programa de televisión como prueba una recreación informática como si fuera una filmación real era tergiversar la Historia, mentir e intentar engañar al público. Estaba confundido.
Creía que era lógico calificar de sandeces las anteriores afirmaciones extraordinarias y considerar el producto audiovisual resultante una bazofia. Estaba confundido.
Creía que tergiversar era "dar una interpretación forzada o errónea a palabras o acontecimientos", tal como sostiene el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (RAE). Estaba confundido.
Creía que mentir era "decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa" y "falsificar una cosa", tal como sostiene el Diccionario de la RAE. Estaba confundido.
Creía que engañar era "dar a la mentira la apariencia de verdad" o "inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras o de obras aparentes y fingidas", tal como sostiene el Diccionario de la RAE. Estaba confundido.
Creía que, si alguien se gana la vida con afirmaciones como las de los once primeros párrafos de esta anotación, podía deducirse de ello que "su negocio se basa en la mentira, el engaño y la tergiversación". Esta confundido.
Creía que responder con ironía a los ataques en un periódico de alguien implicado en la producción del programa de televisión aludido en los once primeros párrafos era mi derecho, aunque el implicado fuera hijo del máximo responsable del espacio. Estaba confundido.
22 Jun 2007
Últimamente, he empezado a decir no a cosas. Algunas de ellas incluían una compensación económica, del ego o viajes para participar en interesantes encuentros sobre divulgación del pensamiento crítico. Pero es que, por ahora y hasta que los días no tengan más horas, no doy para más. Sin embargo, cuando hace unas semanas me llamaron de Rolling Stone para ver si podía escribir un reportaje sobre los vendedores de misterios, no lo dudé. La oferta era tentadora y no precisamente por el dinero. Se trataba de publicar en la versión española de una revista internacionalmente famosa y de añadir una muesca más a la lista de objetivos nunca pensados y accidentalmente cumplidos. Hace un año, dije que no a un proyecto de un libro sobre más o menos de lo mismo. Lo hice por dos razones: porque no me apetecía revolver papeles del tiempo de Maricastaña y porque dudo de que a la gente le interese una obra exclusivamente dedicada a las meteduras de pata y andanzas de los comerciantes de lo paranormal.

La propuesta de Rolling Stone era parecida, pero tenía dos cosas a su favor: no exigía una gran profundidad documental y se trataba de una decena de folios, no de varios centenares. El formato no era mi favorito -una ficha tipo dedicada a cada personaje elegido-, pero facilitaba la redacción. Así que me puse manos a la obra. El resultado lo pueden leer en el número de este mes (91) de Rolling Stone. Son tres páginas dedicadas a Charles Fort, Charles Berlitz, Antonio Ribera, Erich von Däniken, Fernando Jiménez del Oso, Juan José Benítez, Uri Geller, Graham Hancock, Javier Sierra e Iker Jiménez -cinco extranjeros y cinco españoles-, y una cuarta sobre diez lugares mágicos. Aunque envié a la revista las líneas que me dijeron, al final han hecho recortes en el texto por motivos de espacio, lo que en algún caso ha dado lugar a frases extrañas e incluso con un sentido diferente al original. Una contrapartida menor, ciertamente, frente a publicar un texto escéptico en una revista como Rolling Stone; pero es que no me he quedado totalmente satisfecho.
05 Jun 2007

23 May 2007
19 May 2007
Una mancha de grasa fue el origen de todo. Apareció en el suelo de una cocina, y una mujer vio en ella un rostro. Así nacieron las caras de Bélmez en agosto de 1971. Medio año después, convertido el pueblo en el Roswell de la parapsicología española -con voces de ultratumba y todo-, la Prensa dictaminó que aquello era un fraude. Y el fenómeno cayó en el olvido hasta que Iker Jiménez se fijó en él. "¡Las caras de Bélmez son auténticas!", sentenciaba en un artículo que firmaba con su colega Lorenzo Fernández en la revista Enigmas en septiembre de 1997. El fallecido Fernando Jiménez del Oso, director de la publicación, aseguraba en el editorial que los dos periodistas aportaban "pruebas definitivas del carácter paranormal de las caras de Bélmez".
María Gómez Cámara, la descubridora de las caras, murió el 3 de febrero de 2004. El Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda quiso entonces hacer de su casa un museo para aprovechar el tirón turístico, pero los descendientes de la mujer pidieron por ella una millonada. Los parapsicólogos invadieron el pueblo y, a su paso, los rostros se multiplicaron convenientemente por inmuebles más asequibles. Un libro que relacionaba las teleplastias -así las llaman los parapsicólogos- originales con muertos de la Guerra Civil se convirtió en un bestseller y se extendió la idea, defendida por Jiménez y Fernández en su reportaje, de que el régimen franquista había montado una operación para echar tierra sobre el asunto. ¡Las caras de Bélmez habían resucitado!
"Una trola de colegio"
¿Pero qué hay de cierto en toda la historia del que ha sido considerado el mayor misterio de la parapsicología española? Casi nada, según el periodista Javier Cavanilles y el parapsicólogo Francisco Máñez, autores de Los caras de Bélmez (Ediciones Redactors i Editors), que la próxima semana llega a las librerías. "Es un misterio ridículo, divertido, curioso, cutre... Es todo muy loco. Son 36 años de tonterías", dice Cavanilles. "Es una típica trola de colegio", remacha Máñez. Ellos lo tienen claro: "Si se hubiera descartado la explicación sobrenatural (milagrosa o parapsicológica) desde el primer momento, todo hubiera quedado en una broma. Por eso hay que preguntarse cómo es que una anécdota tan absurda ha durado tanto".
Al principio, fue una pareidolia. El 23 de agosto de 1971, María Gómez Cámara creyó ver una cara en una mancha del suelo de su cocina, como se ven formas en las nubes, en las mesas de mármol y en tantos otros sitios. Aquello montó tal revuelo en el pueblo que uno de sus hijos destruyó la imagen con una piqueta. De nada sirvió. A principios de septiembre, apareció en el mismo lugar otra -la conocida como La Pava-, que fue recortada y protegida tras un cristal. Y, en enero de 1972, surgió en el mismo sitio una tercera cara, más tosca, que fue recortada y tirada a la basura. El fenómeno era ya imparable.
Una información periodística, publicada en el diario granadino Ideal el 16 de septiembre, hizo que el fenómeno sobrepasara los límites de Bélmez. "Un rostro que aparece y desaparece en un fogón", decía el título. Habían pasado tres semanas desde el descubrimiento de la primera cara en la casa de Juan Pereira y María Gómez Cámara y ya florecían varios negocios en torno al misterio: la familia cobraba la voluntad por entrar en la casa, se montaban viajes organizados y la mujer vendía fotos de La Pava a 10 pesetas la unidad (el periódico costaba 5 pesetas entre semana y 6 los domingos). "Nadie ha sacado mucha pasta con las caras de Bélmez. Nadie se ha llevado todo lo que esperaba", dice Cavanilles.
'Pueblo' llega al pueblo
"Este caso lo monta realmente Emilio Romero (director de Pueblo). Sin Emilio Romero, ahora no estaríamos hablando de este asunto", mantiene Ramos Perera, en la época presidente de la Sociedad Española de Parapsicología, en una entrevista reciente concedida a Cavanilles y Máñez. Tras dedicar a las caras tres informaciones a finales de enero y principios de febrero de 1972, Pueblo envió a Bélmez a Antonio Casado. Su serie de reportajes 'Las caras hablan', publicados entre el 14 y el 24 de febrero, elevó las caras a la categoría de misterio nacional. "Yo no me inventé nada, pero sí puede decirse que todo el revuelo que acabó montándose fue por mis reportajes", recuerda el comentarista político, entonces un reportero de 24 años, "lo que hoy llamamos un becario".
Casi al mismo tiempo que él, hizo su entrada triunfal en el pueblo Germán de Argumosa, un parapsicólogo al que siempre ha gustado que le llamen profesor, aunque carece de estudios superiores y nunca ha dado clase en una universidad. Argumosa creía que las caras eran un fenómeno originado en el Más Allá y se puso a grabar voces de ultratumba, psicofonías. Dijo que lo había conseguido y Pueblo se hizo eco de ello. Sin embargo, casi nadie creía en Bélmez en las voces de los espíritus porque Argumosa las grababa en habitaciones llenas de gente que no paraba de hablar. Otro parapsicólogo, Joaquín Grau, achacaba el fenómeno de las caras a una concentración de energía que canalizaría la dueña de la casa. "Cualquier afirmación, por estrafalaria que pareciera, merecía ser publicada", escriben Cavanilles y Máñez.
La tirada de Pueblo creció en 50.000 ejemplares gracias a las caras, y pronto acudieron a Bélmez otros diarios a hacerse con su parte del botín. Sin embargo, el 21 de febrero, la historia dio un giro radical: un artículo de Julio Camarero apuntó al fraude en el diario de Emilio Romero y El Alcázar publicó un reportaje en la misma línea. A partir de ahí, el misterio se fue abajo. "Me llamó Emilio Romero al despacho y me dijo: «Antonio, me ha llamado el ministro y esto hay que pararlo»", recuerda Casado, quien cree que la creciente histeria puso nerviosos a algunos dirigentes.
La Operación Tridente
El joven periodista desempolvó entonces las teorías del químico que le asesoraba, se hicieron análisis y se concluyó que las caras habían sido pintadas con sales de plata. Otros diarios siguieron defendiendo la autenticidad del fenómeno, pero el declive fue imparable. Las caras de Bélmez acabaron arrinconadas en las revistas esotéricas. Cuando Iker Jiménez y Lorenzo Fernández resucitaron el enigma en 1997 argumentaron que su final se debió a "una operación oculta que tuvo como único objetivo aniquilar el misterio", que ellos bautizaron como Operación Tridente. Cavanilles y Máñez afirman que esa conspiración, de la que no hay ninguna prueba documental, es un invento de Jiménez del Oso, director de la revista Enigmas, y Casado tampoco cree en ella: "Lo de la Operación Tridente es una chorrada".
Todos los análisis químicos hechos a restos de las caras de Bélmez a lo largo de los años han confirmado el fraude. "Son manchas retocadas", explica Máñez, quien añade que al principio lo fueron con sales de plata y luego con carbón, lápiz y otros medios. Los actores también variaron con el paso del tiempo. Casado señaló en Pueblo a dos culpables: Miguel Rodríguez, el fotógrafo que tenía a medias con los Pereira el negocio de venta de fotos, y su hijo Jesús Miguel, pintor. Después, vendrían otros. ¿Y María Gómez Cámara?
"Ella tuvo que saber en todo momento lo que estaba pasando", coinciden los autores de Los caras de Bélmez. Están convencidos de que su libro no pondrá el punto final a esta historia. "Dentro de unos años, una nueva generación caerá en la trampa, como pasa con el monstruo del lago Ness, Roswell...", augura Mañez.

¿Muertos de la Guerra Civil?
El libro sobre las caras de Bélmez que mejor ha funcionado es Tumbas sin nombre (2003). Obra de Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández, vincula el fenómeno con la Guerra Civil. Los autores defienden que algunos rostros corresponden a familiares de María Gómez Cámara muertos durante el asedio al santuario de la Virgen de la Cabeza.
Los periodistas admiten en el libro que, para dar con el parecido, en unos casos manipularon las dimensiones de la cara de cemento de turno, en otros la invirtieron horizontalmente y en algunos hicieron ambas cosas. Es decir, jugaron con un programa tratamiento de imágenes hasta conseguir que los rostros encajaran con lo que querían. Gerardo García-Trío, miembro del Círculo Escéptico, organización que ha colaborado con Cavanilles y Máñez, recabó la opinión de un forense que quitó cualquier valor al estudio: "Esto es muy fácil de hacer. Sólo hay que tener caradura y muy poca vergüenza. Es gente sin escrúpulos que se inventa un cuento y lo adorna con un poco de pseudociencia". "Esas caras no son mi familia. ¡No pueden ser! Es como si mi cara la ponen comparándola con otra. Con esto de los ordenadores igual todo es posible", dijo María Gómez Cámara cuando Jiménez y Fernández le presentaron la comparativa.
El episodio más grotesco del estudio es el que se refiere a la semejanza entre la más famosa de las caras, La Pava, y el guardia civil Miguel Chamorro, cuñado de la mujer. Se basa en una foto del militar que fue manipulada para ponerle un bigote y una boca que no eran los del original. Las pruebas están en Tumbas sin nombre, donde en una foto familiar aparece el guardia con el bigote engominado con las puntas hacia arriba. Para la comparativa con La Pava, se cogió esa imagen y se le puso un bigote con las puntas hacia abajo. Así, los dos rostros tenían un aire
Cavanilles y Máñez afirman que ese trabajo se basa en un programa de televisión protagonizado en febrero de 2003 por el Ricard Bru, en el que el showman relacionó las caras con la Guerra Civil. Los analistas de Bru hicieron lo mismo que los de Tumbas sin nombre, incluido el cambio del bigote. "Bru aclaró arbitrariamente que aquello era para imitar cómo tendría los bigotes en el momento de la muerte (...). Por lo que se ve, no le había crecido la barba, ni las patillas, ni el pelo en general, sólo un bigote bien cuidado, aunque sin gomina", escriben los autores de Los caras de Bélmez. Jiménez -con quien este periódico ha intentado hablar sin éxito- y Fernández no advirtieron de la jugada a sus lectores.
Tampoco suele ser habitual recordar que en la cocina de Bélmez han aparecido los rostros de Francisco Franco e Isabel Preysler, entre otros personajes cuya presencia resulta difícil de justificar para los partidarios de lo sobrenatural.
Método casero para fabricar 'teleplastias'
Cualquiera puede hacer caras de Bélmez. "Sólo hacen falta un suelo de cemento y agua, aceite y vinagre. Así, en los posibles análisis no saldrá ni rastro de pintura, como pasa en algunas caras de Bélmez de los años 90", explica Francisco Máñez.
Se moja el suelo y, antes de que se seque, se buscan caras en las manchas de agua y se remarcan sus rasgos con agua, aceite y vinagre. Si se hace con agua, la imagen tendrá menos fuerza. Si se hace con otra sustancia, resaltará más. "En el fondo, de lo que estamos hablando en Bélmez es de un intento de aprovechar unas manchas en el suelo para hacer caja", dicen Cavanilles y Máñez.
Los periodistas esotéricos han defendido que la existencia de un nexo sobrenatural entre María Gómez Cámara, que haría aparecer las caras, y los rostros se demostraba en que, cuando ella estaba enferma, las imágenes se debilitaban. Los autores de Los caras de Bélmez creen que existe conexión, pero mundana: cuando la mujer estaba mala, no podía cuidar -remarcar y repintar- las figuras y, por eso, éstas se iban desvaneciendo.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
16 May 2007
"El próximo 30 de mayo la Universidad Carlos III de Madrid acogerá un homenaje a Fernando Jiménez del Oso", escribía Nacho Ares en el último número de Más Allá. El acto, adelantaba el director de Revista de Arqueología, iba a consistir en una mesa redonda con la participación de "rostros populares vinculados al mundo del misterio" como Juan José Benítez, Juan Antonio Cebrián y Javier Sierra. Hace un par de semanas, me puse en contacto con la institución académica para comprobar si lo que decía Ares era cierto y, si así era, manifestar mi preocupación porque en una universidad española se haga un homenaje de un divulgador pseudocientífico. Por fortuna, no es así. Un portavoz de la Universidad Carlos III me ha asegurado que la institución no tenía conocimiento de nada parecido a lo anunciado en Más Allá hasta que recibieron mi llamada y que, además, no están dispuestos a ceder una de sus salas a un acto de esas características. ¡Menos mal! Ya veía titulares del estilo de 'La Universidad Carlos III homenajea a Jiménez del Oso' y otros peores. Ustedes, ¿no?06 May 2007

No es la primera vez que se habla en la prensa de los ataques de buitres en comarcas ganaderas -también se suele hablar de los de lobos, perros asilvestrados y osos-, pero anteayer lo que llamaba la atención de algunos en la redacción del periódico era la similitud de los detalles de la noticia con los sucesos que algunos vendedores de misterios habían atribuido en el pasado a un monstruo de cuyo nombre mis colegas no se acordaban. "Estáis hablando del chupacabras", les dije, y añadí que entre quienes habían explotado el misterio en nuestro país había personajes hoy tan populares como Javier Sierra e Iker Jiménez. Creía haber contado ya la historia del chupacabras aquí, pero anteayer comprobé que no lo había hecho. Por eso, he recuperado y revisado el texto que preparé para una charla que di en noviembre de 1998 en el Instituto de América de Santa Fe (Granada) y lo he publicado hace unas horas para quienes quieran conocer los orígenes del mito.

Sierra y Bruno Cardeñosa fueron los primeros en atribuir, en 1996, el hallazgo en Vizcaya de ovejas muertas a la actividad del chupacabras en España -tal como explico en El viaje trasatlántico del chupacabras-, mientras que Jiménez se subió al carro en las páginas de Enigmas, la revista dirigida por Fernando Jiménez del Oso, dos años después. El ahora director de Cuarto Milenio dio primero con el chupacabras, en compañía de su entonces inseparable Lorenzo Fernández Bueno y con la teatralidad marca de la casa en forma de mascarillas, en Segovia a principios de 1998 y volvió a explotar el tema, ya en solitario, en la Ribera Navarra en el verano de 1999. Los ataques de alimañas al ganado vinieron hace unos años como anillo al dedo a los periodistas esotéricos ávidos de historias sensacionales con las que ganarse unos cuartos. Ahora, como los buitres del Valle de Mena han sido grabados en el acto, no hablarán del chupacabras. Si no, seguro que lo harían.
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Luis Alfonso GámezUna ventana crítica al mundo del misterio
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