26 May 2007
La Junta de Castilla y León ha pagado 1,6 millones de euros -de los que un millón ha sido aportado por empresarios burgaleses- por una espada que ha presentado a los medios de comunicación como Tizona, la del Cid Campeador, personaje de leyenda basado en el mercenario medieval Rodrigo Díaz de Vivar. Se ha llevado la pasta al bolsillo un tal José Ramón Suárez de Otero, marqués de Falces y propietario del arma. En 2004, intentó colocársela al Ministerio de Cultura por 6 millones de euros, pero al final la jugada le salió mal, aunque la rebajó hasta 1,5 millones. Cuatro informes encargados por Cultura -elaborados por Patrimonio Nacional, el Museo Arqueológico Nacional, la Real Academia de Historia y el medievalista José Godoy- dictaminaron que no se trata de Tizona, sino de una pieza de los siglos XV ó XVI, con añadiduras del XIX. Y fue tasada entre 200.000 y 300.000 euros. ¿Por qué ha pagado entonces la Junta de Castilla y León casi seis veces más por algo que el Museo Arqueológico Nacional considera una falsa reliquia?
El Gobierno autonómico esgrime a su favor el Real Decreto 1414/2002, que declaró la pieza bien de interés cultural. Dice: "Sobre esta espada existe una tradición historiográfica muy amplia que identifica la misma como la famosa espada de don Rodrigo Díaz de Vivar. La tradición asegura haber sido regalada por Fernando el Católico al primer marqués de Falces. Una parte de la hoja fue forjada en un centro andaluz en la primera mitad del siglo XI. Fue objeto durante el último tercio del siglo XV de una severa intervención consistente en la adición del recazo y de grabarle la tosca inscripción acreditativa que ahora se aprecia".
La consejera de Cultura y Turismo castellanoleonesa, Silvia Clemente, sostiene que el Real Decreto reconoce la autenticidad de la espada, cuando no es así. Se refiere a la pieza dos veces como "la espada conocida como La Tizona del Cid", y no como La Tizona del Cid, y otra como la espada identificada por la tradición como la de Rodrigo Díaz de Vivar. No hay, por tanto, un reconocimiento expreso de que sea la espada del Cid; lo que se admite es que es conocida como tal, no que es tal. Además, aunque el estudio de 1998 que fechó parte de la hoja en el siglo XI estuviera en lo cierto, ¿es que esa espada no pudo pertenecer a otro caballero de la época?, ¿qué prueba hay de que el arma fue empuñada por el personaje mítico de la reconquista española? Ninguna. Sólo la tradición, la misma según la cual los restos de Rodrigo Díaz de Vivar reposan en la catedral de Burgos, los del apóstol Santiago en la de Santiago de Compostela y el sudario de Turín envolvió el cuerpo de Jesús.
La Junta de Castilla y León ha hecho pública la adquisición de esta falsa reliquia del nacionalismo español en plena campaña electoral y al alcalde de Burgos -y candidato a la reelección-, Juan Carlos Aparicio, le ha faltado tiempo para hacerse la foto con la espada en las manos. ¡Qué fácil y qué barato sale en este país derrochar el dinero todos! Porque estoy seguro de que esta tropelía -el derroche asciende a más de 2.800 salarios mínimos- no va a pasar factura en las urnas a sus responsables, como tampoco pagarán por ello dentro de un año quienes no han hecho nada para evitar el expolio cometido por la empresa cazatesoros Odyssey. ¿Por qué en España los responsables culturales son, generalmente, elegidos entre los políticos más incapaces?, ¿por qué todos los nacionalismos se empeñan en manipular la Historia y tomarnos por tontos?
13 May 2007
28 Abr 2007
El Gobierno vasco ha exigido esta semana al central por boca de su portavoz y consejera de Cultura, Miren Azkarate, que pida perdón por el bombardeo de Gernika ordenado por el general golpista Francisco Franco y ejecutado por la Legión Cóndor el 27 de abril de 1937 con los trágicos resultados que todos conocemos. Sólo hay dos posibles explicaciones a esta salida de tiesto del Ejecutivo de Juan José Ibarretxe, la ignorancia o la mala fe. Y ninguna de las dos deja en buen lugar al Gobierno autonómico, que, para más inri, considera el bombardeo de la villa foral una acción ejemplarizante contra "el pueblo vasco por su resistencia al fascismo" y reclama a José Luis Rodríguez Zapatero que se disculpe "por todos los crímenes cometidos en nombre de España".
La idea de fondo que transmite el mensaje del tripartito de PNV, EA e IU es que la Guerra Civil fue un conflicto entre España y el País Vasco. Esa mentira lleva décadas repitiéndose en Euskadi desde el nacionalismo gobernante con la esperanza de que acabe calando en la ciudadanía como la lluvia fina que por aquí llamamos sirimiri. Por desgracia para quienes necesitan culpar de todo lo presente, pasado y futuro a Madrid, la de 1936 fue una guerra entre españoles, en la que hubo gente que se inclinó por uno u otro bando independientemente de su lugar de origen. Así, en las trincheras, pelearon vascos leales a la República con vascos fascistas. Porque hubo vascos que lucharon por Franco y a los que éste recompensó tras la guerra, no lo olviden.
Pero es que, además, como recordaba ayer el historiador Antonio Rivera en un magnífico artículo de opinión publicado en El Correo, "cuando los aviones alemanes de la Luftwaffe, en abril de 1937, lanzaban sus bombas sobre Gernika, el Gobierno español legítimo lo presidía el socialista Largo Caballero e incluía entre sus ministros a cuatro anarquistas, a dos comunistas vascos -Uribe y Hernández, uno de Sestao y el otro criado desde niño en Bilbao- y a un nacionalista vasco, Manuel de Irujo, quien siguió siéndolo después de que en mayo Juan Negrín sustituyera a aquél". A ver si lo entienden en Ajuria Enea de una vez: el Gobierno español no bombardeó Gernika en 1937; estaba haciendo frente al fascismo. Por eso, que el Ejecutivo de Ibarretxe exija al central, heredero de aquél de la República, que pida perdón por la barbarie de Gernika está fuera de lugar y me avergüenza como vasco y español. Demuestra que mis gobernantes más próximos o son unos ignorantes o actúan de mala fe.
España no bombardeó Gernika, se ponga como se ponga Miren Azkarate, y quien diga lo contrario miente.
23 Feb 2007
ha vuelto a demostrar lo ávidos que están algunos medios de comunicación por dar noticias sensacionales y lo poco que les importa que sean ciertas. Lo he comprobado en el informativo de Ángeles Blanco, en Telecinco, y también en 20 Minutos, gracias esto último a Microsiervos. Es posible que Apofis, con sus cerca de 300 metros de diámetro, choque contra la Tierra en 2036, han dicho en la tele y en el diario gratuito.
Este Apofis es el mismo pedrusco sobre el que a principios se enero se hartó a decir bobadas el periodista esotérico Bruno Cardeñosa en Channel Nº 4, el programa de Ana García Siñériz y Boris Izaguirre en Cuatro. Ya entonces expliqué que la probabilidad de que este asteroide se estrelle contra la Tierra en este siglo es prácticamente nula. Inexistente para 2029, de 1 entre 45.000 -el 0,0022%- para 2036 y de 1 entre más de 12 millones -el 0,0000081%- para 2037, según su ficha del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA. Dije hace poco más de un mes que, en la escala de Turín -que mide el riesgo de impacto de un asteroide contra nuestro planeta y va de 0 a 10-, Apofis está catalogado como una amenaza de tipo 0, ya que "la probabilidad de colisión es cero, o tan baja que es prácticamente cero".
Nada ha cambiado desde que escribí esas líneas, así que el despliegue informativo de Telecinco y 20 minutos carece de justificación, aunque haya servido a ambos medios para componer el típico titular catastrofista que siempre vende. El origen último del despropósito parece ser una información publicada por la revista New Scientist, rebotada luego por agencias y acogida con júbilo en algunas redacciones por ser llamativa si se coge por los pelos. Porque lo que no han explicado ni el canal privado ni el periódico gratuito es que la probabilidad de que el asteroide no choque contra la Tierra en 2036 es del 99,9978%. Es algo insignificante, ¿verdad?
17 Feb 2007
15 Feb 2007
Diga lo que diga Chirac, Erik el Rojo y los suyos no descubrieron América a finales del siglo X. El continente fue descubierto por grupos de cazadores recolectores siberianos que cruzaron el estrecho de Bering en la Prehistoria y con cuyos descendientes se toparon tanto los vikingos como los conquistadores españoles. Los viajes americanos de los vikingos, incapaces de sobrevivir en las nuevas tierras, no tuvieron ningún impacto histórico. La llegada de Colón al Nuevo Mundo supuso, sin embargo, un cambio radical en la Historia del territorio descubierto y del resto del mundo: hubo un choque de civilizaciones -en el que la población y las culturas americanas fueron masacradas-, España creó un gran imperio en el que no se ponía el Sol y otras potencias se lanzaron a la conquista americana. Quizá es que el reino de Chirac no es de este mundo, en el que más de 400 millones de personas hablan español como consecuencia del intrascendente redescubrimiento de hace cinco siglos.
04 Ene 2007
"No me es difícil imaginarme la situación", comienza diciendo respecto a las circunstancias que rodearon el descubrimiento del aparato en un pecio en el Egeo en 1900. Y, seguidamente, narra dos inmersiones a cargo de pescadores de esponjas, el saqueo del barco naufragado, el traslado de las piezas supervivientes al Museo Arqueológico Nacional de Atenas y cómo, en esa institución, "en 1902, entre aquel batiburrillo de restos fechados en el siglo I aC, un estudiante de arqueología, Valerio Stais, se fijó en lo que parecía un mecanismo de relojería del tamaño de una caja de zapatos". El autor de Roswell, secreto de Estado explica que Stais concluyó que se encontraba ante "una calculadora astronómica" y que "la ciencia se burló del joven. Y sonrió cuando en las décadas siguientes otros pusieron sus ojos en aquellos restos. Sencillamente, era imposible que alguien hubiera creado un reloj tan perfecto antes del siglo XVII. Pero lo cierto es que allí estaba".
"A finales del pasado mes de noviembre el misterio comenzó a desvelarse -escribe Sierra-. Las revistas Science y Nature publicaron sendos informes confirmando lo que Valerio Stais supuso: que aquella caja de zapatos era una especie de PC del mundo antiguo. Con esas publicaciones se ha dado un paso de gigante a favor de algo que venimos sosteniendo desde hace lustros en estas páginas: que en la Antigüedad hubo tecnología. Incluso alta tecnología". En un pequeño recuadro, el consejero editorial de Más Allá recuerda que Maurice Chatelain, "uno de los ingenieros del programa Apollo", escribió en 1978 respecto a la máquina en Nuestros ascendientes llegados del cosmos: "Era un calculador, probablemente fabricado en Rodas por una astrónomo y matemático célebre llamado Geminos, alumno de Posidonio, que vivió entre los años 135 y 51 antes de nuestra era".
No me extraña que a Sierra le sea fácil imaginarse cómo fue el hallazgo que narra, ya que lo que hace es un resumen de lo que cuenta Chatelain en su libro, incluido algún revelador error. Porque, aunque quede muy bonito de cara a la galería, Valerios -no Valerio, como le llama el novelista español- Stais no era, a principios del siglo XX, un estudiante de Arqueología, ni tampoco joven, como apunta Sierra y escribió hace casi treinta años Chatelain, quien también se confundió en el nombre del protagonista de la historia. En 1902, Valerios Stais tenía 45 años y llevaba ya 15 como director del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Vamos, que no se trataba de ningún jovenzuelo intrépido que se enfrentara al establishment, como pudiera pensar cualquiera que leyera a Chatelain en 1978 y a Sierra ahora.
Tampoco "la ciencia se burló del joven" (que no lo era), como sostiene el editorialista de Más Allá, ni pasó del estudio de los restos del pecio. Como ya contamos aquí, los primeros resultados científicos que apuntan a la máquina de Antiquitera como una calculadora astronómica datan de los años 50 del siglo pasado, fueron obra de el físico e historiador de la ciencia Derek J. de Solla Price, se publicaron en la revista Scientific American y a ellos se refiere Chatelain en el libro del que bebe Sierra. Por tanto, no puede sorprender a nadie que, en 1978, el autor de Nuestros ascendientes llegados del cosmos se refiriera al aparato como a un "calculador astronómico": lo había dicho De Solla Price veinte años antes. Por cierto, Chatelain se presentaba como ex ingeniero de la NASA -Sierra le cita como ingeniero del programa Apollo- y figura en numerosos sitios de Internet como "jefe de comunicaciones" de la agencia espacial estadounidense durante el primer alunizaje, cuando en realidad fue un ingeniero de bajo nivel de una empresa de Los Ángeles subcontratada por la NASA y su historial como jefe de comunicaciones es tan cierto como que Valerios Stais era un estudiante cuando descubrió la máquina de Antiquitera. Tampoco es verdad que los recientes avances en el conocimiento de la máquina se hayan publicado en Science y Nature; sólo han aparecido en la segunda, lo que no es poco, pero demuestra cuán fiable es la información que maneja el novelista español.
Sierra cuenta la misma historia que Chatelain a finales de los años 70 -qué hay de cierto y de ficción en el relato original es difícil de saber- y la presenta como fruto de su imaginación, habla de un veterano arqueólogo como si fuera un pobre aprendiz y atribuye a un vendedor de misterios la resolución de un enigma que, en realidad, nunca solucionó y sobre el que se limitó a repetir lo que decían los científicos respecto a su finalidad y añadió luego tonterías de su propia cosecha. Porque Chatelain no veía en la máquina de Antiquitera un producto del ingenio griego, tal como sostenía De Solla Price y mantienen los científicos del Proyecto de Investigación del Mecanismo de Antiquitera (AMRP). Para el autor de Nuestros ascendientes llegados del cosmos -libro en el que se defiende que somos producto de experimentos genéticos de extraterrestres que nos civilizaron-, "el aparato de Rodas -como llamaba Chatelain a la máquina- y aquel que sirvió de modelo para el mismo son vestigios salvados por milagro de la destrucción de una civilización muy antigua", que vivió hace decenas de miles de años. Una de esas civilizaciones que los mercaderes de lo oculto se sacan de la manga para aderezar sus falsos misterios y llenar páginas de revistas como Más Allá.
26 Dic 2006
El documental de Jacobovici es tan espectacular como engañoso. Repleto de efectos especiales vistosos y caros -la producción costó 3,5 millones de dólares-, es como esas películas tras cuyas explosiones y escenas más asombrosas no hay nada, que resultan previsibles desde el arranque. Porque lo que hace el cineasta canadiense es apoyarse en pruebas circunstanciales para reinterpretarlas a su modo, tergiversarlas y retorcerlas hasta que parecen apoyar su tesis: que la narración bíblica de la huida de Egipto ocurrió en realidad, algo que ningún arqueólogo sostiene hoy en día. Así, manipula a su gusto el texto de la estela de Ahmosis, descubierta a mediados del siglo pasado en Karnak; convierte a los hicsos en los israelitas para situar al pueblo elegido en el país del Nilo; achaca las diez plagas a la erupción de la isla de Thera; resitúa el monte Sinaí; transforma una estela micénica con sus típicas espirales en una representación de la muerte de las tropas del faraón bajo las aguas levantadas por Dios para proteger a pueblo; y ve el altar sagrado, la rampa del tabernáculo y el Arca de la Alianza en una pequeña joya del llamado tesoro de Agamenón. Tanto despropósito está rodeado de declaraciones -convenientemente editadas- de arqueólogos que, en ningún caso, respaldan abiertamente la tesis del director del producto, aunque dé la impresión contraria
"El Exodo descifrado se parece a El código da Vinci", ha escrito en un artículo Bryant G. wood, un conocido arqueólogo creacionista, respecto al rigor de este documental. Jacobovici, cuyo trabajo ha recibido muchas críticas desde su estreno, hace descansar la esencia del relato bíblico -desde las plagas hasta la apertura del mar Rojo- en los efectos de la erupción de Thera, lo que resulta forzado por la sucesión de podrías que plaga la narración, de improbabilidades que obliga a coincidir. Lo presentado ayer en Cuatro, por mucho que esté avalado por James Cameron, tiene tanto fundamento como lo que defiende en la serie Planeta encantado Juan José Benítez, para quien el Arca de la Alianza fue un arma "mortífera" al servicio de los israelitas y que cifra las víctimas del "objeto santo" en más de un millón de muertos. Mueve a la risa las veces que el narrador dice que ha descubierto una prueba clave en una pieza que han estudiado los arqueólogos durante décadas sin haber caído en la cuenta de lo que él ve a las primeras de cambio.
Ningún texto egipcio, de los muchos que hay, menciona nada de la esclavitud de los isrealitas ni de su huida bajo el liderazgo de Moisés. Escapar del ejército del faraón hubiera sido imposible para un grupo de desheredados que, de conseguirlo, se habría enfrentado después a las guarniciones egipcias del Sinaí y Canaán. Por si eso fuera poco, los israelitas no dejaron rastro de su larga estancia en el desierto. La acción del Éxodo se suele situar en tiempos de Ramsés II (1304-1237 aC) -Jacobovici lo adelanta unos dos siglos para hacerlo coincidir con la cronología más reciente atribuida a la castástrofe de Thera-. Sin embargo, "los detalles más evocadores y geográficamente más coherentes del relato del éxodo proceden del siglo VII aC", destacan los arqueólogos Israel Finkelstein y Neil A. Silberman, en su magnífico libro de La Biblia desenterrada (2001). El Éxodo, sencillamente, nunca ocurrió, fue un invento muy posterior al tiempo en el que se sitúa. El documental de Jacobovici es el típico subproducto envuelto de manera vistosa para consumo de integristas, porque la Biblia no es un libro de Historia.
22 Dic 2006
17 Dic 2006
Da igual lo que digan los arqueólogos, los astrónomos y todos los científicos que han estudiado el misterio de las falsas -y muy rentables- pirámides de Güímar. Ayer, el suplemento El Viajero, del diario El País, presentaba las estructuras de Tenerife como restos de la cultura guanche, asumiendo así la tesis de los promotores del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, el naviero noruego Fred Olsen y su fallecido amigo el explorador Thor Heyerdahl (1914-2002). El autor del reportaje, Carlos Pascual, afirma que el complejo turístico "relaciona unas pirámides guanches allí encontradas con estructuras similares de México o Perú, e incluso con los marae (tan increíblemente parejos) de Polinesia", asegura que "la existencia de este tipo de estructuras en la sociedad prehispánica de las islas era un hecho documentado", da a entender que los arqueólogos han confirmado lo extraordinario de las edificaciones en trabajos realizados desde 1991 y aporta como prueba de la guanchidad de las estructuras el descubrimiento de restos aborígenes en una cueva existente bajo una de las pirámides. El texto, lleno de errores y falsas interpretaciones, llegará lamentablemente a mucha más gente que trabajos como el publicado en 2003 por Historia 16 y libros como Las pirámides de Güímar: mito y realidad (2005), que ponen el enigma en su justo término.
En contra de lo que sostiene Pascual, el origen de las estructuras no se remonta en el tiempo más allá del siglo XIX, ni tiene que ver con los guanches. Otra cosa, claro, es lo que venden en el parque temático, "uno de los reclamos más atractivos y visitados de la isla", como bien recuerda el periodista. El negocio de Güímar, alimentado durante años por las revistas esotéricas, tiene tan poco fundamento como el de Roswell y se basa en lo mismo: mentiras, fantasías y tergiversaciones. La arqueología, sea isleña o internacional, no ha confirmado que estemos ante vestigios guanches; al contrario. Y que se hayan encontrado restos aborígenes bajo una de las estructuras no significa que éstas lo sean. ¿O es que el hallazgo de huesos prehistóricos bajo una iglesia confirma que esa iglesia es prehistórica? Tampoco hay documentos que avalen la existencia de las pirámides antes de la llegada de los españoles y su circunstancial vinculación con edificios similares de otras partes del mundo fue auspiciada por un Heyerdahl para quien la pirámide es un invento egipcio que el pueblo del país del Nilo difundió por todo el mundo, algo que rechaza cualquier estudioso de la Historia mínimamente informado.
Es una pena que Pascual se haya fiado más de la publicidad del complejo turístico que de lo que mantienen todos los científicos que se han aproximado al misterio de las pirámides de Güímar, un enigma prefabricado en los años 80 por un grupo de aficionados a lo paranormal, la Confederación Internacional Atlántida, y lanzado a la fama por el contactado con extraterrestres Francisco Padrón. No hacen falta ni atlantes, ni alienígenas, ni egipcios de viaje a América para explicar el origen de estas estructuras, que son amontonamientos de piedras hechos en el siglo XIX para limpiar un terreno que luego se dedicaría al cultivo de cochinilla. Lo explican los astrofísicos Antonio Aparicio y César Esteban en su libro Las pirámides de Güímar: mito y realidad, y lo hizo también hace tres años Cornel M.A. Van Strijp en Historia 16: el parque temático de Güímar es una fraude. Y promocionarlo es lo contrario a impulsar la cultura de un pueblo, por mucho dinero que mueva.
Sobre este blog
magonia
Luis Alfonso Gámez
Una ventana crítica al mundo del misterio
Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com
Mis tags
Categorías
- Apariciones en Punto Radio Bilbao
- Apariciones en televisión
- Astrología, adivinación y predicciones
- Avance de la ciencia, superstición e incultura
- Bruno cardeñosa
- Caras de Bélmez
- Charlas en vídeo
- Conspiraciones
- Crónica negra de lo paranormal
- Creacionismo
- Curiosidades
- Dossier 'Planeta encantado'
- Dotados
- Enigmas de la mente
- Enigmas de la religión
- Enigmas de la Tierra
- Enigmas del espacio
- Enigmas del pasado
- Escépticos
- Fernando Jiménez del Oso
- Iker Jiménez
- Javier Sierra
- Juan José Benítez
- Libros
- Manuel Carballal
- Medios de comunicación y anticiencia
- Monstruos
- Obituarios
- Ovnis
- Pseudomedicinas
- Revistas
- Tergiversación de la Historia
- Varios
- Vendedores de misterios
Enlaces
- Círculo Escéptico
- Comité Italiano para el Control de las Afirmaciones de lo Paranormal (CICAP)
- Comité para la Investigación Escéptica (CSI)
- El Retorno de los Charlatanes
- Golem Blog
- La Biología Estupenda
- La Ciencia en Guerra
- La Nave de los Locos
- Malaprensa
- Marcianitos Verdes
- Microsiervos
- Mihteriohdelasiensia
- Misterios del Aire
- Proyecto Darwin
- Revista 'Pensar'
Secciones
Archivos por meses
- Julio 2008
- Junio 2008
- Mayo 2008
- Abril 2008
- Marzo 2008
- Febrero 2008
- Enero 2008
- Diciembre 2007
- Noviembre 2007
- Octubre 2007
- Septiembre 2007
- Agosto 2007
- Julio 2007
- Junio 2007
- Mayo 2007
- Abril 2007
- Marzo 2007
- Febrero 2007
- Enero 2007
- Diciembre 2006
- Noviembre 2006
- Octubre 2006
- Septiembre 2006
- Agosto 2006
- Julio 2006
- Junio 2006
- Mayo 2006
- Abril 2006
- Marzo 2006
- Febrero 2006
- Enero 2006
- Diciembre 2005
- Noviembre 2005
- Octubre 2005
- Septiembre 2005
- Agosto 2005
- Julio 2005
- Junio 2005
- Mayo 2005
- Abril 2005
- Marzo 2005
- Febrero 2005
- Enero 2005
- Diciembre 2004
- Noviembre 2004
- Octubre 2004
- Septiembre 2004
- Agosto 2004
- Julio 2004
- Junio 2004
- Mayo 2004
- Abril 2004
- Marzo 2004
- Febrero 2004
- Enero 2004
- Diciembre 2003
- Noviembre 2003
- Octubre 2003
- Septiembre 2003
- Agosto 2003
- Julio 2003
- Junio 2003
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
