02 Jul 2008
09 May 2008
Repitan conmigo: los personajes legendarios no existen en el mundo real; es imposible encontrar restos arqueológicos vinculados a ellos porque su reino es el de la imaginación. Debería saberlo cualquier bachiller, ¿no? Pues parece que en el siglo XXI lo ignoran bastantes profesionales del periodismo. Son quienes dan por buena la existencia de un personaje, la reina de Saba, cuya realidad sólo está avalada por un texto bíblico tan histórico como el resto del Antiguo Testamento y, encima, dicen que su "mayor tesoro" era el Arca de la Alianza -de existencia tan comprobada como el Anillo Único-, la cual había guardado la versión de los Diez Mandamientos entregada en el Sinaí por Dios a Moisés, suceso tan probado como el nacimiento de Superman en Krypton.
Por dejar algunas cosas claras: si existieron, David y Salomón fueron líderes tribales, no los esplendoros reyes bíblicos; no hay más pruebas de la existencia de la reina de Saba que las de la Biblia; tampoco las hay de que ocurriera algo parecido al Éxodo, ni de la existencia de Moisés, ni del episodio del monte Sinaí y las Tablas de la Ley. Y no sirve escudarse en que un comunicado de la Universidad de Hamburgo asegura que "un grupo de científicos bajo la dirección del profesor Helmut Ziegert ha encontrado durante una investigación de campo llevada a cabo esta primavera el palacio de la reina de Saba, datado en el siglo X antes de nuestra era, en Axum-Dungur", ni en que el arqueólogo de marras haya citado el Arca de la Alianza.
Si un comunicado universitario apuntara que quedaba suspendida temporalmente la ley de la gravedad, ¿saltaríamos por la ventana? Si un comunicado universitario asegurara que se había localizado dónde estuvo el Paraíso, ¿nos lo creeríamos? Pues es lo que han hecho algunos periodistas en el caso de la reina de Saba. Han caído en la trampa tendida por los poco escrupuloso arqueólogos de la Universidad de Hamburgo para conseguir publicidad gratuita al calor de Indiana Jones. Algunos medios habrán picado por ignorancia y otros por querer vender una sensacional historia a sus lectores a cualquier coste, aunque sea el de la verdad.
Escribo de madrugada y me pica la curiosidad por comprobar a cuántos diarios deja en ridículo la reina de Saba en sus versiones de papel, porque lo de las ediciones digitales ha sido un casi unánime patinazo.

07 May 2008
27 Abr 2008
El abogado canario Juan Carlos Winter va a emprender acciones legales contra los periodistas Eric Frattini e Iker Jiménez y la cadena Cuatro después de que, en el programa Cuarto Milenio, el primero acusara a su padre de haber sido carcelero en los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau. Me enteré a través de Héctor Fajardo y Alfonso Ferrer, quienes dieron la noticia en Crónicas del Misterio el viernes tras localizar y hablar con Juan Carlos Winter. Gracias a ellos, he podido conversar hoy por teléfono con el abogado canario, quien se ha reafirmado en lo declarado a Crónicas del Misterio respecto a la falsedad de las afirmaciones de Frattini.
Cuarto Milenio dedicó gran parte de su entrega del 6 de abril a los nazis refugiados en España tras la Segunda Guerra Mundial. Los tertulianos fueron cuatro colaboradores habituales del programa, incluido un Frattini a quien Jiménez presentó como un erudito en la materia. En un momento determinado, Frattini citó a Gustav Winter -de quien se vio una foto en pantalla-, y dijo que había sido carcelero en los Auschwitz-Birkenau y después se había retirado a vivir en Fuerteventura en una casa de la península de Jandía que ahora, según el periodista, es "un hotel o una residencia de ancianos". Ningún contertulio le corrigió, a pesar de tratarse de expertos, según Jiménez. "Seguramente, demandaré a todo el mundo, a Eric Frattini, a Iker Jiménez, al programa, a la cadena... Voy a demandar a todos a no ser que me inviten al programa a dar mi versión de los hechos y hagan una rectificación pública. Todo lo que han dicho es mentira", advierte Juan Carlos Winter.
Gustav Winter nació en 1893 en Alemania y llegó en 1912 a nuestro país, donde acabó sus estudios de Ingeniería. A partir de ese momento, participó en la construcción de centrales eléctricas por toda España, incluidas las islas Canarias, que pisó por primera vez en 1926 y donde murió en 1971. Pronto descubrió la peninsula de Jandía, en Fuerteventura, donde se instaló a comienzos de los años 30. "Mi padre ayudó a hacer las primeras centrales eléctricas de España y en Fuerteventura hizo mucha obra social. Cuando yo era pequeñito, a comienzos de los años 60, hizo en la parte trasera de nuestra casa de Morro Jable un comedor infantil en el que que comían todos los niños del pueblo a diario. Comían unos 300 niños por turnos. Todo, pagado por mi padre", recuerda Juan Carlos Winter, quien añade que su madre había sido enfermera durante la Guerra Civil en Madrid y en Fuerteventura atendía a los lugareños, curándoles y haciendo las veces de comadrona.
Refugio de submarinos
Después de la Segunda Guerra Mundial, se extendión la leyenda de que la casa citada por Frattini había sido edificada por Winter como refugio para las tripulaciones de los submarinos alemanes mientras éstos se reparaban, y de que túneles secretos comunicaban el inmueble y la playa extremos ambos negados por el hijo del ngeniero. "El mar es tan bravo en la zona de Cofete, donde está la casa, que no es la más apropiada para una base de submarinos". Además, hay un incómodo inconveniente temporal a tan peliculero escenario: el edificio se empezó a levantar en 1946.
La leyenda, sin embargo, "se ha ido alimentando con el tiempo, sobre todo tras la publicación del libro Fuerteventura, de Alberto Vázquez Figueroa. Vázquez Figueroa, en su novela ambientada en los años de la Segunda Guerra Mundial, sitúa en la isla majorera unas instalaciones secretas alemanas, a las que llegarían los submarinos a través de una cueva y que, a la postre, constituirían una zona de descanso para las tripulaciones, cuando no, una suerte de burdel donde se celebraban fiestas hasta altas horas de la madrugada", escribía Alfonso Ferrer en septiembre en Crónicas del Misterio. "En Cuarto Milenio, dijeron que la casa es una residencia o un hotel, cuando no se llegó a terminar, nunca vivió nadie y esta en ruinas. Es una invención de principio a fin", sentencia el abogado canario.
Asegura que "está muy bien documentado" que su padre pasó toda la Segunda guerra Mundial en España. Ante el hartazgo por los rumores que desde hace años vinculaban a Gustav Winter con la Alemania hitleriana, sus familiares pidieron "hace diez o doce años" un certificado al respecto al Centro Simon Wiesenthal. Esta organización tiene registrados a todos los criminales de guerra nazis y, según el abogado canario, ha certificado que su padre "no hizo el servicio militar en Alemania ni existe la más mínima sospecha de colaboración con los nazis".
Juan Carlos Winter era hasta ahora espectador habitual del magacín esotérico de Cuatro porque "pensaba que había un minimo de rigor. Ahora me pregunto si en todo lo demás que dicen no habrá la misma falta de rigor que en el caso de mi padre". Basta recordar los casos del cosmonauta fantasma, la leyenda de Ochate y la conexión Lincoln-Kennedy para poner en su justo término la credibilidad de Cuarto Milenio, aunque seguramente ninguno de esos episodios se incluya en la colección de DVD que vende cada lunes El País.
24 Abr 2008
22 Abr 2008
Me encanta Canal de Historia. Lo reconozco. Y, por eso, me molesta especialmente que produzcan de vez en cuando engendros como el minidocumental que pueden ver aquí. Supuestamente, examina lo que sostiene Dan Brown respecto a La Última Cena de Leonardo; en realidad, repite lo mismo que dicen desde hace años el autor de El código Da Vinci y Javier Sierra, su émulo español. El resultado es un insulto a la inteligencia, en el que se vuelve con la matraca de que en la mesa no hay copa -no hay cáliz, no hay Santo Grial, porque el cuadro pretende captar no el momento de la instauración de la eucaristía, sino el del Evangelio de Juan en el que Jesús anuncia a los apóstoles que uno de ellos le va a traicionar-, de que el apostol Juan es en realidad María Magdalena -¿dónde está entonces Juan, el favorito de Jesús?-, de que la mano de Pedro amenaza a la presunta amante de Jesús... ¡Pero si hasta confunden a Juan Bautista con Juan el apóstol! Es una pena que un canal en líneas generales interesante -da sus patinazos pseudocientíficos, pero la balanza se inclina más hacia el lado de la razón- se preste al negocio del misterio inventado. Ay, si Leonardo escuchara las bobadas que algunos dicen en su nombre...

17 Abr 2008
10 Abr 2008
Mi Tíbet fue durante mucho tiempo un mundo en blanco y negro, el Shangri-La de la maravillosa Horizontes perdidos (1937). La película de Frank Capra, basada en la novela homónima de James Hilton, me impactó cuando la vi de niño. Todavía me sobrecoge el final, aunque la sorpresa ya no exista y los efectos especiales resulten toscos. El paraíso de Hilton/Capra era un valle escondido del Himalaya donde reinaban la paz y la armonía, una teocracia budista cuyos súbditos estaban bendecidos con la vida eterna. La idílica Shangri-La contaminó durante años mi visión de Tíbet, y me parece que todavía hoy reina en la imagen que de ese país tiene mucha gente, a tenor de lo que he visto y leído en los últimos días.
Con los Juegos Olímpicos de Pekín a la vuelta de la esquina, las protestas contra la ocupación china de Tíbet siguen los pasos de la antorcha olímpica. Los chinos hacen en esta película el papel de malos que han sometido a un pueblo que vivía en paz y armonía gobernado por bondadosos lamas entre los picos del Himalaya. Nada más lejos de la realidad. Esa sociedad idílica que venden el Dalai Lama y sus seguidores no ha existido en el Tíbet de los monjes de coloristas túnicas. Antes de la llegada de los chinos -y que nadie vea en estas líneas una defensa de la ocupación-, Tíbet era una cruel teocracia, como el Vaticano antes de su domesticación por el Occidente ilustrado.
Porque el país de los lamas no era antes de 1949 un mundo feliz. Ni mucho menos. "Comparada con otras sociedades, los tibetanos eran generalmente pacíficos y cariñosos", declaraba el año pasado el decimocuarto Dalai Lama, su santidad Tenzin Gyatso, respecto al país en el que fue entronizado. Es posible que el tibetano fuera en la primera mitad del siglo XX un pueblo pacífico y aparentemente cariñoso; pero, si era así, lo era por miedo. En Tibet rigió hasta la ocupación china un sistema feudal en cuya cúspide estaban el Dalai Lama, su alto clero y la nobleza, que vivían a costa de una masa sometida a todo tipo de abusos.
Un país de siervos y esclavos
La mayoría de los habitantes del Shangri-La que muchos añoran en Occidente eran siervos, cuando no esclavos, de los antecesores de los monjes con los que se solidariza ahora medio mundo. Algunas de las salvajadas del régimen budista de los lamas han sido recopiladas por Michael Parenti, a partir de diversas fuentes y obras, e incluyen la esclavitud, la sobrecarga de tasas al pueblo llano, los abusos sexuales, la usura por parte de los monasterios, los brutales castigos y las ejecuciones encubiertas, porque ya se sabe eso de que un budista no hace daño ni a una mosca. "Ya que los principios budistas prohíben matar seres vivos, los delincuentes eran frecuentemente torturados casi hasta la muerte y luego dejados a su suerte. Si morían por resultado de las torturas, se consideraba que lo había causado su propio karma", explica Colin Goldner, en su artículo 'El mito del Tíbet'.
El Dalai Lama tiene razones para sentir querencia por el pasado: sus antecesores disfrutaron como residencia del palacio de Potala y sus mil habitaciones, repletas de sirvientes y esclavos, pacíficos y cariñosos por la cuenta que les tenía. Piensen en ello cada vez que escuchen al clérigo premio Nobel de la Paz defender que el Tíbet anterior a la invasión china era un mundo, si no perfecto, casi; piensen en ello cada vez que vean a estrellas del espectáculo como Richard Gere defender al pueblo tibetano junto a la efigie del Dalai Lama, su opresor anterior a la llegada de los actuales. Yo, por de pronto, acabo de comprarme Prisoners of Shangri-La: tibetan buddhism and the West, de Donald S. Lopez, de la Universidad de Michigan.
Shangri-La no existe, fue una invención de James Hilton que cautivó a quienes leyeron su novela y vieron después la película basada en ella. Así, Franklin Delano Roosevelt Bautizó con ese nombre la residencia presidencial estadoundiense ahora llamada de Camp David. El mito del paraíso del Himalaya está ahí, pero hay que reconocerlo como tal y evitar que contamine nuestra visión del mundo ¿Free Tíbet? Sí, pero también de la brutal teocracia de los lamas anterior a la invasión china. Que sean los tibetanos los que decidan en libertad lo que quieren ser en el futuro: si someterse a la tiranía China, plegarse al despotismo budista o cualquier otra cosa.
17 Feb 2008
"Roswell, New Mexico. 1947". Tres palabras y una fecha en lo que parece una caja de metal han llamado mi atención del recién estrenado primer trailer de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. ¿Con qué nos sorprenderán Steven Spielberg y George Lucas el 22 de mayo? ¿Habrá alguna referencia directa en la película al mito del platillo estrellado en Roswell en el verano de 1947? Hubiera apostado al principio por una conexión calavera de cristal-Atlántida, pero ya no lo tengo tan claro. Parece que el caso Roswell tiene las de ganar, aunque también puede que estemos un simple guiño como el del club Obi Wan del inicio de la segunda entrega y el cajón de Roswell sea sólo uno más de los muchos guardados en el mismo gran hangar -¿del Área 51?- que el Arca de la Alianza.
10 Feb 2008
Es difícil dar en tan poco tiempo tanta información tan poco fiable. No es cierto que estemos ante "calaveras para las que no se tiene una explicación" (Carmen Porter); que la descubierta por F.A Mitchell-Hedges proceda de Belice (José Luis Cardero) y fuera encontrada en una pirámide maya (Nacho Ares); que no se sepa con qué maquinaria se han tallado y pulido (Porter); que se haya demostrado que el cráneo del Museo Británico y otras dos piezas similares, a escala microscópica, "no tienen marcas de herramientas", "es como si la piedra hubiese cristalizado así" (Santiago Camacho)... Y no hablemos de las propiedades mágicas de los cráneos: ¿dónde están las pruebas, expertos de Cuarto Milenio? La verdad es que lo que los arqueólogos e historiadores saben de las calaveras de cristal es mucho: saben que son un fraude, que no hay constancia de que ninguna se haya descubierto jamás en un yacimiento arqueológico, que no tienen nada que ver con los mayas, que fueron talladas mecánicamente y que se hicieron en Europa en el siglo XIX. ¿A que no han escuchado nada de esto en los cinco minutos que el coleccionable de El País dedica al presunto enigma? Bienvenidos a la nave del misterio.
No esperaba, por otro lado, mucho de la aventura de Javier Sierra en TVE, pero aún así Enigmas me defraudó. Se limitó a ser que una sucesión de microrreportajes a los que el misteriólogo y novelista daba entrada desde un plató que parecía salido de la Noche de fiesta de Jose Luis Moreno. El potaje de enigmas tocó casi todos los palos, siempre de una forma tramposa, porque Sierra y su equipo han contado la verdad de los misterios expuestos, pero no toda la verdad. Por poner un ejemplo, en el reportaje dedicado a las hermanas Fox -inventoras del espiritismo en los Estados Unidos del siglo XIX- les faltó incluir un dato: la confesión pública de las protagonistas de que toda su carrera mediúmnica había sido un fraude. Ya saben, una minucia, aunque entonces el misterio inexplicado no lo sea tanto. Las historias de reencarnaciones -con una niña india hábilmente recolocada por sus padres como reencarnación de una pequeña de una familia con posibles y un Osel que ha renegado del budismo- resultaban de un cutre impresionante y la del cirujano psíquico de rigor, sin contar que ese tipo de curanderos hace tiempo que han sido desenmascarados, impresionante porque juega con la esperanza de personas con graves enfermedades. La recreación de las apariciones de la Virgen de Unbe -que ni siquiera acepta la Iglesia católica, así que imagínense cómo son- me recordaba a una hecha hace ya muchos años por la misma cadena pública que pasa de divulgar cultura, pero no falsos misterios.
Cuarto Milenio y Enigmas son dos ejemplos de productos televisivos cuyos responsables tienen alergia a la información veraz. Me ocurre con estos programas lo mismo que con los llamados del corazón, que no entiendo la pasividad de la gente. Respecto al chismorreo, creo que los afectados, los famosos por su trabajo -no los famosos porque sí-, podrían hacer mucho por acabar con ello: que la cadena X tiene un programa de esas características, pues no se conceden entrevistas a esa cadena ni se permite la entrada de sus profesionales -no del programa en cuestion, sino de toda la cadena- a los actos que uno organice. De ese modo, ya verían qué pronto las televisiones adecentarían la parrilla. Las organizaciones de espectadores también lo tendrían fácil: bastaría con que publicasen periódicamente una lista de las firmas que se anuncian antes, durante o después de esos espacios -o que colaboran en el vestuario, por ejemplo- para que la gente pudiera tomar nota de quienes financian y apoyan la telebasura y obrara en consecuencia.
"Me fascina que se tolere algo semejante [se refiere a la telebasura] y la sociedad civil no reaccione ante eso", dice Antonio Garrigues Walker en la interesante entrevista que le ha hecho César Coca, vecino de Divergencias, y que hoy publica El Correo. El abogado e intelectual madrileño recuerda que del auge de la bazofia televisiva "todos somos culpables" porque tenemos en nuestra mano luchar contra ello. "Si a alguien no le gustan, tendría que escribir sobre ellos o, como harían en EE UU, crear un lobby en su contra". ¿Acaso no podrían hacer algo en esa línea todos -científicos y no científicos- los que están contra la promoción de la pseudociencia y la superchería, contra la telebasura, radiobasura y prensabasura pseudocientífica, más allá de firmar cartas y manifiestos? ¿Qué piensan ustedes?
Sobre este blog
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Luis Alfonso Gámez
Una ventana crítica al mundo del misterio
Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com
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