11 Nov 2004

Así admite en su último número la revista 'Más Allá' el haber violado los derechos de propiedad intelectual al regalar un CD con psicofonías pirateadas de Internet.Una tímida Aclaración, en la sección de cartas de los lectores de Más Allá, llamó mi atención la semana pasada mientras hojeaba el número 189 (noviembre de 2004) de la revista dirigida por Javier Sierra. Dice: "En junio de 2001, la revista Más Allá entregó un CD titulado Sonidos del más allá en el que se recogieron varias psicofonías obtenidas por Luis de la Fuente, y que en aquel entonces se divulgaron sin que el autor de las mismas diera permiso expreso para su publicación. Aun pese al tiempo transcurrido, deseamos dejar constancia de la disconformidad del autor de ese material con su divulgación a través de un soporte como aquel CD, ya que para él se trata de material en vías de investigación y no deseó nunca que se comercializara con él. Esta revista le expresa sus disculpas". Bonito, ¿verdad? Qué bien queda decir que "se divulgaron sin que el autor de las mismas diera permiso expreso para su publicación". No parece lo mismo que afirmar que se distribuyeron masivamente una grabaciones sin permiso de su propietario. Así, a secas, como en una especie de top manta paranormal.Me acordé de la historia al leer un comentario sobre el último episodio del culebrón de las caras de Bélmez en Bajo el volcán, la bitácora escéptica de Gerardo García-Trío, y seguir el enlace de rigor hasta la web donde De la Fuente denunciaba cómo Más Allá se apropió de algunas de sus grabaciones, las copió, las reprodujo y se las regaló a sus lectores como gancho promocional. La víctima del pirateo indicaba, además, que en el disco "se dan informaciones incorrectas en cuanto a dos de las grabaciones obtenidas, muy probablemente, con el único fin de hacer más impactante", y que, a pesar de que escribió a Sierra el 21 de junio de 2001, no recibió respuesta del periodista hasta el pasado 2 de octubre. Y la respuesta se las trae. Después de admitir el "grave error" de haber reproducido las psicofonías sin permiso, Sierra argumentaba como atenuante que "aquel CD no se vendió ni reportó dinero alguno (de hecho ese punto constaba bien visible en el CD). Se trataba de un obsequio promocional de la revista y, en cierto modo, de un homenaje a las labores radiofónicas de Miguel Blanco, presentador del CD".

'Más Allá' se resevaba en el CD todos los derechos de la grabación hecha con material pirateado.Sí, han leído bien. El director de Más Allá intenta justificarse con la excusa de que el CD "no se vendió". ¿Seguro? ¿No había que comprar la revista para conseguir el disco? ¿Con qué derecho se apropió Más Allá de un material y le impuso la siguiente leyenda: "Prohibida su reproducción total o parcial, así como su radiodifusión sin permiso expreso del titular del copyright. © Más Allá de la Ciencia, 2001"? ¿Si se hubieran regalado las grabaciones sin más, la violación de los derechos de autor no habría sido tal? ¿Admitiría Sierra que mañana se colgaran de una web sus libros enteritos para que quien quiera se los pudiera descargar gratis total o que alguien los regalara para promocionar un producto sin que el se llevara ni un céntimo de euro? ¿Vería con buenos ojos la editorial de Mas Allá que alguien distribuyera la revista gratis por Internet?

Esperaba otro tipo de respuesta de este divulgador de lo paranormal. Lo que sucede con quienes se apropian del trabajo intelectual ajeno es que, cuando les pillan, ni siquiera tienen la mínima dignidad. Hace cuatro años, cuando se descubrió que su novela Sabor a hiel incluía páginas enteras de dos obras de Danielle Steel y Ángeles Mastretta, la periodista Ana Rosa Quintana dijo al principio que todo se había debido a un error informático por el que los párrafos en cuestión habían aparecido mágicamente en mitad de su novela y acabó culpando de los hechos a un colaborador que le había ayudado a escribirla. ¡Pobrecilla, había tenido que recurrir a un negro!

Juan José Benítez elevó el listón de la desfachatez hasta la estratosfera en 1987, después de publicarse en España las pruebas que demostraban que en su saga Caballo de Troya había fusilado páginas enteras del Libro de Urantia, supuestamente revelado por seres extraterrestres y publicado por primera vez en 1955 por la Fundación Urantia. Fernando Lara, entonces consejero delegado de Editorial Planeta, admitió en Interviu que el novelista navarro se había 'inspirado' en la obra estadounidense. "Sabíamos que estaba copiando, pero no si lo estaba haciendo con tres párrafos o con ocho páginas seguidas. Es que debe aclararse que Urantia no ha sido un bestseller en Estados Unidos, sino que ha tenido una circulación restringida, y es un libro comercialmente infumable", decía. "La naturaleza de tales textos -argumentaba, por su parte, Benítez-, de origen extra-humano, me autoriza a beber o inspirarme en ellos, de la misma forma que podría hacerlo (y otros muchos lo han hecho) con cualquier libro sagrado o de inspiración divina. Legal y moralmente, el asunto del copyright es, cuando menos, discutible".

Sierra podía haber respondido a De la Fuente algo parecido: "Mire, en todo caso quien tendría que reclamar los derechos de autor son los dueños de las voces que se escuchan en sus grabaciones". Más que nada por seguir la estela de su maestro. Sin embargo, ha optado por admitir la metedura de pata. Eso sí, tres años después y haciendo todo lo posible para que pase desapercibida. Además, con esa condescendencia que tienden a mostrar algunos cuando les acorralan, dice: "Particularmente, considero la transcomunicación instrumental como uno de los campos más serios de investigación en el campo de lo paranormal, y quienes trabajan en él merecen mis mayores respetos". La transcomunicación instrumental es el nombre con el que desde hace unos años se intenta disfrazar el disparate de las psicofonías y las psicoimágenes, de las voces y las imágenes atribuidas al Más Allá y grabadas en cintas magnetofónicas y de vídeo. Y una de las autoridades en este campo es Pedro Amorós, presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP) y personaje al que dentro del mundo paranormal se achaca la creación de las últimas caras de Bélmez.

El domingo pasado, escribí a De la Fuente para informarle de cómo Más Allá había reconocido por fin el pirateo y pedirle que me ampliara la historia. Dos días después, la denuncia de la actitud de Sierra desapareció de la web de la víctima y, en su lugar, hay ahora una nota de agradecimiento al periodista esotérico. Magonia cuenta, sin embargo, en su archivo con una copia del escrito original que estuvo colgado de la web hasta hace unos días, incluidos los mensajes de correo electrónico que se cruzaron Sierra y De la Fuente, y éste publicó en Internet. Más que nada, por si ahora alguien intenta maquillar la historia.

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01 Oct 2004

"Tenemos que aplicar la investigación escéptica a las afirmaciones de la religión, que yo llamo paranaturales", dice Paul Kurtz en el número 4 de la revista Pensar. El presidente del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) cree que el dilema en la actualidad no es si se someten o no los hechos religiosos presentes y pasados al mismo filtro que los paranormales, sino responder a otras preguntas: "Si la investigación escéptica sacude los cimientos de las creencias religiosas tradicionales, ¿no puede socavar el tejido entero de nuestras creencias y valores? Cuando esto sucede, ¿pueden la ciencia, la razón aplicada a la ética y los valores ayudarnos a encontrar alternativas racionales?". El filósofo estadounidense mantiene que, si los escépticos no se han mojado hasta ahora en las aguas de lo paranatural, se debe al arraigo social de las creencias religiosas. "A diferencia de los alegatos paranormales, los credos de las grandes religiones están institucionalizados, y su obligatoriedad está sustentada por la tradición y por el poder de la iglesia y/o el Estado. Por ello, era altamente peligroso meterse a analizar aseveraciones históricas reverenciadas y cuestionar a las vacas sagradas. Al hacerlo, uno estaba sacudiendo los cimientos mismos de la estructura social, como los filósofos y científicos, desde Sócrates y Spinoza hasta Bruno y Galileo, que encontraron fuerte resistencia por parte de las autoridades políticas y religiosas. Es completamente diferente criticar a los astrólogos, los videntes y los ufólogos, porque ellos no tienen poder institucional y sus afirmaciones quedan frecuentemente relegadas a un segundo plano".

El diagnóstico de Kurtz conlleva pasar página y ampliar los objetivos de un movimiento, el del análisis crítico de lo sobrenatural, que nació hace veintiocho años con la fundación del CSICOP. Para ello, se necesita un activismo más valiente y comprometido, dado que el poder de los credos religiosos en muchos países obliga a algunos escépticos a tener una postura pública indefinida hacia lo que privadamente consideran supersticiones, a veces porque en ello puedes irle la vida. La ventaja es que se romperá, por fin, una especie de alianza contra natura entre creyentes religiosos y escépticos, sustentada en que los últimos rara vez se han entrometido en el campo de los primeros a pesar de resultar indistinguible de otras supersticiones contemporáneas. Nada diferencia los milagros atribuidos a los profetas de lo oculto de los que bíblicamente se adjudican, por ejemplo, a Jesús de Nazaret, personaje cuya existencia real ni siquiera es unánimemente aceptada por los historiadores; tan ficticias son muchas de las historias del Antiguo Testamento como las inventadas por los impulsores de la idea de que en la Antigüedad nos visitaron extraterrestres. La prioridad del movimiento escéptico es examinar las afirmaciones pseudocientíficas y paranormales, por lo cual resulta incongruente dejar de lado algunas de ellas únicamente porque se hayan desarrollado en el caldo de cultivo religioso. Si no se ha hecho hasta ahora, puede haber sido por miedo, por inmadurez o por necesidad de contar con unas raíces fuertes antes de embarcarse en una tarea que incomodará a grupos de presión social, económica y política. Habrá que ver cómo responde la comunidad escéptica internacional a la propuesta del filósofo estadounidense y si se abre una grieta entre países de primera y de segunda fila, como ya ocurre en el campo de la lucha contra la irracionalidad paranormal.

Este número Pensar incluye, además, un interesante artículo de Alejandro Agostinelli, editor de Dios!, sobre el misterio de los llamados niños índigo, acerca del cual reflexiona también Alejandro J. Borgo en el editorial; L. Enrique Márquez habla sobre los "Límites del mentalismo", que tantas veces han traspasado tramposamente ilusionistas como Uri Geller; Massimo Polidoro recuerda cómo en Italia se ha intentado prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución, y una creciente lista de colaboradores habla del secuestro extraterrestre del cabo Valdés, la últimas novedades sobre la sábana santa, los ovnis filmados en México en marzo y otros asuntos. Todo ello en la única revista escéptica concebida para la comunidad hispanoamericana, que tiene periodicidad trimestral y cuesta 12 dólares por un año y 20 por dos. Pueden suscribirse a Pensar a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo, además, el giro postal. Los residentes en España pueden hacerlo, también, mediante un ingreso en euros en una cuenta bancaria habilitada por el autor de estas líneas, a quien pueden dirigirse por correo electrónico para que les dé más información y sin ningún compromiso. En caso de que tengan algún problema o pregunta, no duden en ponerse en contacto con el representante de Pensar que les sea geográficamente más cercano o con la dirección de la revista.

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14 Jun 2004

Que una publicación trimestral parezca pegada a la actualidad resulta difícil y, cuando sucede, no se debe a la suerte, sino a la inteligencia y profesionalidad de sus responsables a la hora de elegir los temas de los artículos. Eso ocurre con el tercer número de Pensar, la revista en español del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP). A pesar de haberse planificado hace meses, contiene artículos que podrían salir ahora mismo en cualquier semanario, como el dedicado a El código Da Vinci y el que analiza las predicciones de los gurús de la economía.Hace tiempo que buscaba una crítica histórica del best seller de Dan Brown, que no he leído porque gente de la que me fío me recomendó que no me expusiera a ese riesgo. El prolífico José Luis Calvo hace en Pensar realidad mis deseos con un texto de tres páginas en el que demuestra que El código Da Vinci es una sucesión de disparates desde el punto de vista histórico. Con los vaivenes económicos que sufrimos desde el atentado contra las Torres Gemelas, resulta también más que oportuno un análisis de las predicciones de los gurús financieros como el que hace Pablo Mira, de la Universidad de Buenos Aires. Alejandro Borgo, director de la revista, destaca en el editorial como "un seguimiento detallado de estos pronósticos a menudo arroja un resultado no muy diferente a los de aquéllos que realizan astrólogos y videntes" y recuerda que la pseudociencia "alcanza a sectores de poder que, utilizando una presuntuosa y oscura jerga, toman determinaciones decisivas para millones de personas".

Calvo y Mira sacan al pensamiento crítico del rincón del misterio para aplicarlo a un libro de ventas millonarias y a una realidad que nos afecta a todos, pero no faltan en este número de Pensar textos de corte más clásico dentro del escepticismo científico, como el del historiador y periodista Julio Arrieta sobre los platillos volantes en el arte rupestre, el del veterano Joe Nickell acerca de las líneas de Nazca y el de Widson Porto Reis dedicado a la publicidad subliminal. Mención especial merece la reflexión sobre periodismo y escepticismo de Alejandro C. Agostinelli, editor de Dios!, porque tratarse de una visión de la profesión de comunicador desde dentro, autocrítica y sincera. Comparto muchas de las opiniones del periodista argentino, pero lo que me parece más interesante es que alguien se pare a pensar sobre cuál puede ser la mejor vía para "sembrar la semilla de la duda" desde los medios de comunicación. Es un debate pendiente que puede ayudar a que el escepticismo tenga en el futuro una aceptable proyección social en países como España.

Pensar, revista en la que están implicados miembros de prácticamente todos los colectivos escépticos latinoamericanos, tiene periodicidad trimestral y cuesta 12 dólares por un año y 20 por dos. Pueden suscribirse a ella a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo teniendo, además, la posibilidad del giro postal. En caso de que tengan algún problema o pregunta, no duden en ponerse en contacto con el representante de Pensar que les sea geográficamente más cercano.

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10 Abr 2004

Las veinticinco páginas de texto del primer número de Pensar, la revista en español del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), me supieron a poco. Y eso para mí es una virtud de la publicación dirigida por el periodista argentino Alejandro J. Borgo, en la cual existe un equilibrio entre contenido y continente, entre unos artículos ágiles e interesantes y un diseño profesional. Por eso y porque me he involucrado directamente en la iniciativa -los responsables del proyecto han confiado en mí para representarlo en España-, he esperado con ganas la llegada a mi buzón del segundo número y me alegra que el tercero esté ya en marcha. No es poco, en los tiempos que corren, que una revista escéptica se planifique con tiempo -Borgo es paciente y está encima de los colaboradores para que cumplan con los plazos- y llegue puntual a su cita con los lectores. Que, además, lo haga con material de actualidad debería ser motivo de celebración. Entre los artículos de fondo de la segunda entrega de Pensar, destaca el dedicado a los mitos en torno al cáncer: el oncólogo Ernesto Gil Deza ha hecho una magnífica síntesis de las falsas ideas sobre esa enfermedad, desde su carácter maldito hasta la posibilidad de combatirla con tratamientos alternativos, pasando por su equiparación con una condena a muerte. El escéptico brasileño Kentaro Mori analiza algunas de las últimas investigaciones sobre el poder de la oración, el mexicano Mario Méndez Acosta aclara lo que se esconde tras el feng shui, el español Luis R. González habla de extraterrestres en sellos y monedas, y el argentino Enrique Márquez la emprende contra el empacho. Además, hay un puñado de breves comentarios de actualidad -incluido uno sobre la falsa película lunar de Juan José Benítez, de quien tres meses después del fiasco de Planeta encantado seguimos sin saber nada- y tres críticas de libros. Parte de ese material se unirá pronto en la web de la revista al que ya hay del número anterior, pero habrá cosas que sólo podrán leer quienes tengan acceso físico a la publicación. Unirse al creciente grupo de lectores de Pensar sólo cuesta 12 dólares por un año y 20 por dos, y puede hacerse a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo teniendo, además, la posibilidad del giro postal. En caso de que tengan algún problema, no duden en ponerse en contacto con el miembro del equipo que les sea geográficamente más cercano. ¿Quieren Pensar

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25 Feb 2004

Juan Antonio Cebrián, entre los hermanos Von Richthofen en la portada del primer número de 'LRV'.Hace un par de semanas que la conseguí y todavía me cuesta dar crédito a lo que veo en su portada. Me refiero a LRV, una nueva revista subtitulada Los 32 rumbos de la rosa de los vientos. La publicación ha nacido a mayor gloria de Juan Antonio Cebrián (Albacete, 1965), un periodista radiofónico que convirtió las noches de Onda Cero en una antología del disparate paranormal con su programa La Rosa de los Vientos. El ahora director de revista se presenta en su web como escritor. Cualquiera que haya leído alguno de sus Pasajes de la historia sabe, sin embargo, que la diferencia entre las palabras que junta Cebrián y la literatura es equiparable a la existente entre una película de Pajares y Esteso y el cine. Basta un ejemplo. En la primera frase del artículo de portada de la nueva revista, el locutor dice: "Desde tiempos pretéritos el hombre soñó con volar en el intento de contemplar desde los cielos toda la creación terrena, es como si tuviera la máxima necesidad de elevarse huyendo de los anclajes que le sujetan a tierra firme". El texto está dedicado a Manfred von Richthofen, el Barón Rojo, y, aunque pésimamente redactado, no es lo más aberrante de una selección de originales en los que las comas tienen una sorprendente propensión a separar sujetos de verbos, a caer de cualquier manera entre las palabras. Pero eso no es nuevo en el periodismo paranormal español, como no lo es que el director de una revista ponga la cara en la portada. Fernando Jiménez del Oso lo ha hecho en Más Allá, Espacio y Tiempo y Enigmas, además de en varias colecciones de libros. Lo impactante de LRV es que su director protagoniza la portada del primer número disfrazado de soldado alemán, con sonrisa bobalicona y sentado entre Manfred von Richthofen y su hermano Lothar. El salto cualitativo hacia la egorrevista culmina en la sección editorial, donde no aparece otra foto del periodista, sino una de un bebé, su primogénito, junto al siguiente texto: "Aprovechamos la ocasión de nuestro nacimiento, para dar la bienvenida a otro recién llegado a quien deseamos ventura y felicidad en su vida: Alejandro Cebrián Casasola, el último guerrillero de La Rosa de los Vientos. Que la Fuerza y los Hados le acompañen". Por si eso fuera poco, LRV es, sin duda, la más floja de la revistas esotéricas que pueden encontrarse en los quioscos.

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07 Feb 2004

Fui ufólogo antes que escéptico. Ocurrió hace ya bastantes años y nunca lo he ocultado. Conservo las cartas, revistas y libros de aquella época, que más de una vez he consultado a la hora de escribir en Magonia, y la colección no deja de crecer, alcanzando en la actualidad dimensiones casi monstruosas. Es un vicio; pero sólo en parte. Como escéptico en activo, creo que mi obligación es estar informado acerca de aquello de lo que voy a opinar. Por eso, entre otras cosas, aguanté todos los episodios de Planeta encantado, una serie que me ha parecido terriblemente aburrida, además de disparatada. Por eso, nunca falto a mi cita mensual con las revistas esotéricas. Por eso, amplío mi colección de libros sobre lo paranormal en cuanto tengo oportunidad. Para la mayoría, no es necesario llegar a esos límites.

Por fortuna, hay publicaciones periódicas con las que uno puede ahorrarse la compra de mucha literatura pseudocientífica y, a la vez, acceder a información escéptica de calidad. Son revistas que desmenuzan con seriedad aparentes misterios y de las cuales la decana es The Skeptical Inquirer, publicada con periodicidad bimestral por el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) y dirigida por Kendrick Frazier. El mercado en español está liderado por El Escéptico, revista trimestral de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico dirigida por Félix Ares, y acaba de nacer Pensar, un proyecto del CSICOP dirigido por el periodista argentino Alejandro Borgo, que ofrece parte de sus contenidos gratis en Internet. Son tres cabeceras -The Skeptical Inquirer, El Escéptico y Pensar- que no deberían faltar en la biblioteca de ningún escéptico: en sus páginas hay reflexiones inteligentes, trabajos concienzudos y agudas críticas. Mantengo desde hace muchos años otras dos suscripciones más que no pienso suspender: una es la de Cuadernos de Ufología, publicación anual de la Fundación Anomalía centrada en el mito de los platillos volantes, y la otra es la de Fortean Times, una fantástica revista mensual británica dedicada a los fenómenos paranormales en la que he leído reportajes de un rigor envidiable. Hay otras fuentes de información sobre lo paranormal que merecen la pena, pero las citadas son para mí imprescindibles, con el añadido del demasiadas veces olvidado Skeptical Briefs, un newsletter que el CSICOP edita desde hace catorce años.

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09 Ene 2004

Portada del primer número de 'Pensar', la revista en español del CSICOP.

No podía empezar mejor 2004: la revista Pensar ya es una realidad. El primer número de la publicación en español del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) ha salido de la imprenta y está en camino de las casas de sus suscriptores. El rostro pintado en el llamado sudario de Turín protagoniza una portada con aires de The Skeptical Inquirer, en la que destacan, entre otros, un ensayo sobre el mito del uso del 10% del cerebro, obra de Benjamin Radford, y otro acerca del conflicto entre creacionismo y evolucionismo en Argentina, de Juan de Gennaro. "Cuando pasan los años y un mensaje no se comprende, un concepto no se capta y una manera de pensar no llega a transmitirse... ¿de quién es la responsabilidad? ¿De quien no lo recibe o de quien lo emite?", se pregunta el periodista argentino Alejandro Borgo en el editorial. El director de Pensar pone sobre la mesa el más grave problema que tiene ante sí el escepticismo organizado: llegar al público. No basta con investigar, con estudiar los hechos enigmáticos y darles una explicación, con descubrir dónde mienten los fabricantes de misterios. Ésa es sólo la primera parte de una tarea que, como indica Borgo, es doble: hay que comunicar lo investigado, estudiado y descubierto. Ojalá las palabras del escritor argentino alienten un debate en el seno del movimiento escéptico español, sumido desde hace tiempo en un inexplicable letargo y que nunca ha conseguido acercarse al gran público. Dice el director de Pensar, en una entrevista publicada hace casi dos meses en Dios!, que le gustaría que la revista llegara "a la comunidad científica, a los docentes y a los periodistas". "Hay que comenzar allí donde se gesta la educación", explicaba a su colega Alejandro Agostinelli. Coincido en esa prioridad -la apunté en "Científicos, educadores y periodistas ante la tentación demoniaca"- y lamento que la realidad demuestre que ninguno de esos tres colectivos ve en España como un peligro el auge del pensamiento mágico. Esa apatía -ese encierro en la torre de marfil de investigadores, profesores y comunicadores- es en gran parte culpa nuestra, de los escépticos, quienes no hemos sabido ni convencer a los periodistas científicos de la importancia de mantener una actitud beligerante hacia la pseudociencia. Me alegra que Borgo sea periodista -también lo es Kendrick Frazier, director de The Skeptical Inquirer- porque lo que necesita el movimiento escéptico hispano es gente que sepa comunicar, y un profesional con ideas claras al frente de una revista garantiza que los textos sean interesantes y claros, que no maten de aburrimiento al lector. Suscribirse a Pensar cuesta sólo 12 dólares por un año y 20 por dos a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo pudiendo, además, recurrir al giro postal.

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31 Dic 2003

Portada del número de enero de 2004 de 'Más Allá', revista española dirigida por el ufólogo Javier Sierra.Decía el escritor Arthur C. Clarke hace cuatro años, en Space.com, que hay una prueba incontestable de la inexistencia de civilizaciones extraterrestres avanzadas cerca de la Tierra: no ha venido una brigada alienígena para exterminarnos por llenar el espacio interestelar de porquería. Se refería el autor de 2001, una odisea del espacio a las señales de televisión, que viajan a la velocidad de la luz, llenan ya una esfera -con centro en la Tierra- de más de 100 años luz de diámetro y han llevado la telebasura hasta las estrellas. Puede que, a fin de cuentas, que estemos solos en el cosmos no sea tan triste: ¿se imaginan que nos borren del mapa por insultos a la inteligencia como Gran hermano, Operacion Triunfo, Teletienda, Supervivientes, Sabor a ti, Hotel Glam, Tómbola, Corazón de..., Lo que faltaba, Crónicas marcianas...?

Más Allá se pregunta, en la portada del número de enero de 2004, "si existen seres inteligentes en el Universo, ¿por qué no establecen contacto?". Yo ya no entiendo nada. Si Javier Sierra, director de la revista, lleva años vendiéndonos marcianos en libros, programas de televisión y de radio. Si Más Allá contó durante una época entre sus colaboradores con un supuesto alienígena que atendía un consultorio. Si Sierra mantiene que el transistor es un invento humano desarrollado a partir de tecnología de un platillo volante estrellado en Roswell. ¿A qué viene ahora cuestionar la existencia de inteligencias extraterrestres? Parece un simple gancho para atraer a lectores curiosos y, con la excusa de hablar de la búsqueda científica de alienígenas, divulgar las teorías de Carlos Ortiz de la Huerta, un oscuro ufólogo mexicano a quien Pablo Villarrubia presenta como "uno de los más grandes teóricos y estudiosos del fenómeno ovni y de los umbrales del conocimiento". Ortiz de la Huerta mantiene que los platillos volantes y el resto de la fenomenología paranormal pertenecen "a un mismo conjunto". "Tienen por objeto -dice este discípulo de Jacques Vallée- provocar la ruptura de la visión cotidiana de la vida. Nos entrenan para que veamos otras realidades, para que busquemos algo más profundo y trascendente". Para Ortiz de la Huerta, a quien Más Allá dedica casi tanto espacio -mas texto, desde luego- que a intentar responder la pregunta de la portada, el plan que se oculta tras el fenómeno ovni consiste en "despertar la consciencia de otros niveles superiores de existencia provocando sentimientos de tipo cósmico, espiritual, de universalismo". Sobran comentarios.

El texto de Villarrubia y los otros que incluye en enero la revista de Sierra revelarían a un extraterrestre que no hay inteligencia con la que contactar en la Tierra. Permítanme que exponga las pruebas. Los reportajes de portada que acompañan al dedicado a la ausencia de contacto con alienígenas son: "Laberintos, ¿puertas a otros mundos?", "¿Ha nacido ya el futuro mesías del Islam", "El secreto masónico de Leonardo" -Josep Guijarro relaciona al genio del Renacimiento con el misterio de Rennes-le-Château-, "La vidente argentina que predijo el 11-S" -y no se lo contó a nadie, claro- y "La anorexia mística, a examen". Dentro, además, nos hablan de las matemáticas védicas; de que "el universo parece responder a un preciso diseño, ¿tal vez al de la mente cósmica?; y la escritora Isabel Pisano, viuda del músico argentino Waldo de los Ríos, nos cuenta que la ouija le anunció la muerte de su marido. Imaginen a un ser de otro mundo ante tal cúmulo de memeces, seguro que no tendría ninguna dura sobre la no-inteligencia de sus destinatarios. Por fortuna, parece que éstos cada vez son menos: de los 93.000 ejemplares mensuales que llegó a vender Más Allá en 1994, ha pasado a menos de 34.000 en el primer semestre de este año, según la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD). Y las cosas tampoco parece que vayan bien para Año Cero, la revista de Enrique de Vicente, que ha caído desde 106.000 ejemplares mensuales de hace nueve años a menos de 59.000 en la actualidad. Enigmas, el mensual de Fernando Jiménez del Oso, ni siquiera se somete a control, y la histórica Karma.7 pasó a la historia hace unos años. Así que igual hay luz al final del túnel. Ahora sólo falta que la OJD se decida de una vez a separar el grano de la paja: que haya una categoría de publicaciones periódicas de "divulgación científica y pseudocientífica" -en la que están tanto Investigación y Ciencia como Más Allá y Año Cero- es un insulto para las primeras y dignifica injustamente a las segundas, que no son sino una versión impresa de la telebasura.

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30 Nov 2003

Que una revista de aficionados cumpla veinte años es algo extraordinario: demuestra un sólido compromiso por parte de quienes la hacen y la existencia de un público fiel. Yo formo parte del segundo grupo en lo que se refiere a Cuadernos de Ufología (CdU). Me suscribí a ella en 1983, animado por Vicente-Juan Ballester Olmos, y el primer número que recibí fue el 4. Desde entonces, he sido lector de la revista, tanto en la etapa en la que dependió casi exclusivamente del empuje del sevillano José Ruesga Montiel como después, cuando pasó a formar parte de las publicaciones de la Fundación Anomalía. Viene esto a cuento porque acaba de llegarme el número 29 (3ª Época) de CdU -se hicieron otros 17 hasta enero de 1987 por el sistema de fotocopias-, Julio Arcas recuerda en el editorial que el proyecto cumple veinte años y me ha parecido mentira que haya pasado ya ese tiempo. Portada del último número aparecido hasta el momento de 'Cuadernos de Ufología'.El, por ahora, último número de Cuadernos de Ufología incluye una interesante selección de artículos, entre los que destacan los dedicados al caso Valdés y a los relatos de transporte instantáneo de automovilistas. El del cabo Armando Valdés es un secuestro con tiempo perdido. Sucedió en Chile en abril de 1977, en plena dictadura militar, aparece en la mayoría de los libros dedicados al tema ovni y Diego Zúñiga, director de La Nave de los Locos -otra recomendable publicación-, lo desmonta concienzudamente en CdU: "Publicitado y recalentado [el caso] por febriles ufólogos ansiosos de un espacio en la prensa amarillista, la historia se expone y desnuda como una conjunción de mentiras, tergiversaciones y añadidos interesados. La narración se muestra plagada de incoherencias, lugares comunes y afirmaciones que incomprensiblemente nunca nadie ha cuestionado. Está repleto de extravagancias y dislates que no se han puesto en entredicho". Los casos en los que alguien viaja en un automóvil, se adentra en una especie de niebla y sale a cientos e incluso miles de kilómetros de distancia son analizados por Alejandro Agostinelli, director de Dios!, y Luis R. González, quienes pasan revista al mito desde sus orígenes, allá por 1959 en Argentina, hasta la actualidad. El trabajo de estos dos autores, auténticas enciclopedias ambulantes de la ufología, es ya una referencia obligada para todo estudioso que se adentre en lo que ellos consideran una leyenda urbana similar a la del fantasma de la autoestopista que nos advierte del peligro de la siguiente curva. Sólo estos dos textos -en realidad, todos los de este número resultan interesantes- justifican la existencia de una publicación que nació en un momento difícil.

A comienzos de los años 80 del siglo pasado, los ovnis estaban en retirada y hasta Stendek, la revista del Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) de Barcelona, había desaparecido. Así estaban las cosas cuando me integré en lo que entonces se denominaba colectivo CdU, del que formaban parte -además de algunos de los citados- Félix Ares, Manuel Borraz, Juan Marcos Gascón y José Antonio Fernández Peris. En las páginas de Cuadernos de Ufología, convivían las investigaciones de casos con los debates sobre cómo había que afrontar el estudio del fenómeno ovni, en alguno de los cuales participé con la vehemencia que me caracteriza. Poco a poco, germinó en un grupo de ufólogos que vivíamos en el País Vasco la idea de que era necesario ir más allá y creamos Alternativa Racional para la Investigación del Fenómeno Ovni (ARIFO), redenominada poco después Alternativa Racional a las Pseudociencias (ARP) y rebautizada hace unos años como ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. Todos los fundadores de la organización racionalista española fuimos ufólogos antes que escépticos, algo que nunca ocultamos y que, con el tiempo, he sabido que también ha pasado en otros países. Ésa es otra de las razones por las cuales he creído importante traer aquí el vigésimo aniversario de CdU.

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14 Nov 2003

Quedan menos de dos meses para que Pensar, la nueva revista escéptica en español editada por el Comite para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) y dirigida por el periodista argentino Alejandro Borgo, salga a la calle y se anime el, un tanto decaído últimamente, ambiente escéptico hispano. El primer número de la publicación aparecerá en enero y ya es posible suscribirse por 12 dólares por un año y 20 por dos a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo pudiendo, además, recurrir al giro postal. Si quiere tener acceso a información rigurosa sobre los temas que se tratan en esta página, aproveche y regálese la suscripción a Pensar. Yo ya lo he hecho y sé que no me arrepentiré.

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magonia

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