18 Nov 2007
La historia no es nueva. En mayo de 2001, ocurrió algo parecido, también el Club de la Prensa de Washington. Un grupo de ufólogos, denominado Proyecto Revelación, convocó a los medios de comunicación para hacerles "importantes revelaciones sobre la realidad del fenómeno ovni". En el estrado, una veintena de ex funcionarios del Gobierno estadounidense, algunos de ellos militares; en el patio de butacas, representantes de los principales periódicos y de una docena de cadenas de televisión, a la espera de pruebas. "Es el fin de la infancia de la especie humana. Ha llegado la hora de que nos convirtamos en adultos maduros entre las civilizaciones cósmicas que están ahí fuera", anunció Steven Greer, director del grupo. Sus acompañantes comenzaron entonces a narrar las típicas visiones de platillos volantes habituales desde 1947. Eludieron cualquier referencia a secuestros o a encuentros sexuales con los visitantes; pero la conspiración estaba allí.
Greer cree que los testimonios expuestos -no se presentó otra cosa ni hace seis años ni el martes pasado- "demuestran, de una vez por todas, que no estamos solos". Ni en la Tierra. "Por lo menos desde los años 40, y quizá desde los 30, ha habido vehículos espaciales de origen extraterrestre que fueron derribados, ocupados y estudiados", dijo el director del Proyecto Revelación. Uno de sus compañeros fue más allá. Clifford Stone, sargento retirado, afirmó que hay catalogados nada menos que 57 tipos de alienígenas y aseguró haber visto a los malheridos tripulantes de esas naves, que tienen debilidad por accidentarse en EE UU, cuyo Gobierno oculta la verdad al mundo. Uno de esos aparatos sería el que se estrelló en Roswell, Nuevo México, en 1947. Greer indicó que, del estudio de éste y otros platillos siniestrados, EE UU y Reino Unido han obtenido grandes frutos. El líder del Proyecto Revelación también lo es del Centro para el Estudio de la Inteligencia Extraterrestre (CSETI), entidad "dedicada a establecer relaciones pacíficas y continuadas con formas de vida extraterrestre". Como se ve, todo muy serio.
Conspiración liberadora
¿Qué pruebas tienen de lo que dicen quienes hicieron hace seis años esas extraordinarias afirmaciones y quienes han pedido hace unos días al Gobierno de EE UU que lidere la investigación ovni en el mundo? Las mismas que todos los ufólogos que han anunciado alguna vez disponer de pruebas de que los ovnis son naves extraterrestres. Ninguna. Si las tuvieran, no se limitarían a mostrar fotografías y películas más que dudosas ni recurrirían a la manida conspiración gubernamental, que tan bien les ha venido desde el nacimiento del mito para justificar la falta de pruebas y hacer recaer la carga de la prueba en quienes sostienen que no hay nada extraordinario en los ovnis, en vez de en quienes afirman que nos visitan extraterrestres, que andan secuestrando gente por ahí y le hacen todo tipo de perrerías. La conspiración es la coartada perfecta. Libera a los ufólogos de la carga de la prueba: ellos no tienen que demostrar que nos visitan seres de otros mundos; son los científicos los que lo saben y lo están ocultando.
Por eso, cada cierto tiempo surge un grupo de ex cualquier cosa que, ansiosos de publicidad gratuita, hacen rimbombantes anuncios en Washington y durante unos días salen en algunos medios de comunicación -cada vez menos y cada vez más como una excentricidad- repitiendo un cuento conocido desde hace sesenta años. Porque fue en enero de 1950 cuando Donald E. Keyhoe, comandante retirado de la Infantería de Marina de EE UU y autor del primer libro sobre el tema, The flying saucers are real (1950), publicó un artículo en la revista True que sentó los dos pilares básicos de la ufología: el origen alienígena de los ovnis y el tan socorrido secretismo gubernamental, cuyo final reclaman ahora los catorce pilotos, ex mandos militares y funcionarios de Washington.
Lamentablemente para ellos, el secretismo gubernamental hace tiempo que no existe en países como EE UU, Reino Unido, Francia y España, donde los archivos oficiales sobre avistamientos de platillos volantes se han hecho públicos sin que se haya encontrado rastro de ET. Los ovnis "son una mezcla de fenómenos naturales y de origen humano, en vez de una prueba de vida extraterrestre", indican las conclusiones de un estudio oficial hecho público hace un año en Reino Unido y que abarca más de treinta años de avistamientos. "No existen pruebas que sugieran que los fenómenos sean hostiles o estén bajo algún tipo de control diferente a las fuerzas de la naturaleza", sentenciaban los autores del trabajo, en la misma línea que todos los proyectos de investigación de los países citados. Nada de esto impedirá, no obstante, que ufólogos y creyentes sigan con su cantinela y vuelvan en un futuro próximo a contar anécdotas tan reales como las visiones de hadas y las apariciones demoniacas en el Club de la Prensa de Washington, al que los conspiranoicos han cogido gusto en los últimos tiempos.
12 Nov 2007
08 Nov 2007
El misterio de Ummo es el equivalente extraterrestre al enigma cutre de las caras de Bélmez. Los ummitas son unos alienígenas de aspecto nórdico que se inventó José Luis Jordán Peña a mediados de los años 60 para tomar el pelo al contactado Fernando Sesma, sus seguidores y cuanto ufólogo se pusiera a tiro. Mediante cartas, llamadas telefónicas y fotos trucadas, convenció a sus víctimas de que un platillo volante había aterrizado en los Alpes franceses en marzo de 1950 y sus ocupantes vivían desde entonces mezclados entre nosotros. Las cartas que mandaban los supuestos extraterrestres a Sesma y los suyos llevaban el extraño sello que mostraba en la panza el ovni de plástico fotografiado en San José de Valderas (Madrid) en 1966 y que se ve en el citado episodio de Perdidos.
Aunque desde un principio hubo quienes sostuvieron que todo era un fraude y apuntaron como autor a Peña, los vendedores de misterios optaron por engordar el falso misterio mediante libros y programas de radio y televisión. Así, Antonio Ribera publicó Un caso perfecto (1976) -con Rafael Farriols-, El misterio de Ummo (1979) y Ummo: la increíble verdad (1985). "Con un poco de suerte, confío dentro de poco entablar contacto personal con seres de Ummo, planeta que gravita en torno a la estrella Iumma, situada a 14,6 años-luz de la Tierra, codificada por nosotros como la estrella Wolf 424", declaraba Fernando Jiménez del Oso en la revista Garbo a finales de 1979. El globo estalló cuando Peña confesó en 1993 que era el autor del engaño, a pesar de los cual todavía hay ufólogos, como Juan José Benítez, siguen reivindicando el misterio.
Ahora, parece que los ummitas vuelven. Quizá sea que no pisaron tierra por primera vez en Francia, sino en la isla más famosa de la televisión.
24 Oct 2007
Ricardo Campo,
filósofo de la Universidad de La Laguna, y miembro de la Fundación Anomalía y el CE, habla de la historia del mito en La invasión que nunca llegó.
Fernando L. Frías,
abogado y presidente del CE, habla de la investigación ovni en nuestro país en La chapuza galáctica: ufología a la española.
Eduardo Angulo, biólogo de la UPV y miembro del CE, habla de los extraterrestres de la ciencia ficción en ¡Marciano, ven a casa!
Luis Alfonso Gámez, periodista, habla sobre el origen del prototipo de extraterrestre en 40 años de hombrecillos grises.
Mesa redonda. 60 años de platillos volantes, con los conferenciantes y Agustín Sánchez Lavega, astrofísico de la UPV.
19 Oct 2007
04 Oct 2007
Un objeto pintado por Ventura Salimbeni en la iglesia de San Pedro, en Montalcino (Italia), ha sido interpretado por algunos ufólogos como una representación de un ingenio espacial. De aspecto metálico, es conocido como el Sputnik de Montalcino, por su parecido con el primer satélite artificial -lanzado hace hoy 50 años-, y forma parte del fresco La glorificación de la Eucaristía, realizado por Salimbeni para conmemorar el Año Jubileo de 1600. En la parte alta de la obra, están la Santísima Trinidad y una esfera, sobre la que vuela el Espíritu Santo en forma de paloma, de la que salen dos antenas que tocan con sus manos Jesús y Dios Padre. A los ojos del lego, el objeto que acompaña al trío divino recuerda al Sputnik, así que algunos ufólogos proclives a encontrar naves extraterrestres hasta en las pinturas rupestres se preguntan qué fue lo que Salimbeni vio en el cielo de la Toscana hacia 1600. Retóricamente, claro, porque ellos saben que fue una nave extraterrestre. Pero ¿qué es en realidad el Sputnik de Montalcino?
Lo mejor para entender este fragmento de la pintura es recurrir a la Historia del Arte. Es lo que hace el arquitecto italiano Diego Cuoghi en su artículo 'Art and ufos? No, thanks, only art...', donde explica que el misterioso objeto es, en realidad, un globo de la Creación, un elemento que simbolizaba el Universo y que es habitual en muchas pinturas de la época, con ligeras variaciones. El autor cita, entre otros ejemplos, La adoración de la Santísima Trinidad (1640), de Johan Heinrich Schonfeld, y la Fundación de la Orden de los Trinitarios (1666), de Juan Carreño de Miranda, cque pueden ver en el artículo de Cuoghi junto a otras obras similares. El autor destaca que lo más raro de la esfera de Montalcino es el objeto que se ve en la parte inferior izquierda, cerca del pie izquierdo de Jesús, que algunos han interpretado como un objetivo de una cámara. La verdad, dice, es que se trata de la Luna, como la luz brillante en la parte superior central de la esfera es el Sol, que para algo es una representación del Universo. ¿Y qué decir de las antenas? Pues que son cetros: el de Jesús, explica en el correspondiente artículo el periodista científico Mauricio-José Schwarz, está rematado con una cruz roja en símbolo de su sacrificio por la Humanidad.
Lean los trabajos de Cuoghi y de Schwarz. Encontrarán otros muchos ovnis que nunca han existido nada más que en la imaginación de los vendedores de misterios, como las nubes de El milagro de la nieve (1428), de Masolino da Panicale, que Javier Sierra convierte en naves extraterrestres; el capelo cardenalicio de Escenas de la vida monástica (1460), de Paolo Usccello, que Carmen Porter transmuta en platillo volante -"un objeto con forma de disco dotado de una pequeña cúpula central en lo alto y varios trazos a modo de estela con los que Paolo parece querer dar el efecto de una curva repentina", escribía en 2002 en Más Allá-; y una nube luminosa y tres estrellas, típicas de la simbología religiosa de la época, de La Señora con el Niño y San Juan, atribuida a Sebastiano Mainardi o Jacopo del Sellaio, que son convertidas en otros tantos ovnis por Bruno Cardeñosa en el mismo número de Más Allá y por Juan José Benítez en su libro Mis ovnis favoritos (2001), donde, como Cardeñosa, identifica la obra como de Filippo Lippi.
Como bien dice Schwarz, en el caso del Sputnik de Montalcino y de los otros platillos volantes con que los ufólogos llenan obras de arte como las citadas, "saber lo que uno está viendo hace fácil identificarlo, y sólo la ignorancia genera ovnis donde no hay nada raro, nada misterioso, nada para vender". El problema es que, si uno para aprender recurre a alguien que conozca la Historia del Arte, como Diego Cuoghi, puede quedarse sin cuento que contar.
03 Oct 2007
El especialista en efectos especiales John Humphreys confesó en abril pasado que había creado el extraterrestre de la película de la autopsia y había interpretado a uno de los cirujanos. A Santilli, productor de televisión, no le quedó entonces más remedio que admitir que todo era un montaje, aunque argumentó en su defensa que la cinta era una recreación de otra real, rodada en instalaciones militares con alienígenas de carne y hueso. Lo mismo que dijo Juan José Benítez cuando se descubrió que, en su serie Planeta encantado, había presentado una película de animación como si fuera una cinta grabada en la Luna. En la película del autor de Caballo de Troya, se veía a dos astronautas explorando las ruinas de unos edificios extraterrestres en el Mar de la
Tranquilidad. Benítez había encargado la filmación al estudio de animación vasco Dibulitoon Studio y, cuando eso salió a la luz, dijo que la cinta estaba basada en una película real rodada en la Luna. Santilli ha seguido el mismo guión, pero ha ido más allá.
En el ejemplar de otoño de Paranoia, revista a la que uno se imagina suscrito a Fox Mulder y de la que me da la impresión de que beben hasta embriagarse los conspiranoicos ibéricos, el productor explica a Philip Mantle, uno de los ufólogos que le avalaron en 1995, que intercaló fotogramas de una película real de 1947 en la famosa cinta de la autopsia. Y le promete enseñarle algunos la próxima vez que se vean. "Concerté una cita en Londres con Ray Santilli para comer el 22 de junio", indica Mantle en el último número de la revista británica Paranormal. El encuentro tuvo lugar en un oscuro pub donde Santilli y su socio, Gary Shoefiled, le enseñaron una veintena de fotogramas. En el reportaje, titulado 'Alien autopsy re-visited', el ufólogo dice que no puede determinar si eran auténticos o no. ¿De verdad es tan crédulo? No lo creo. Lo que pasa es que así se hace más caja y se venden libros como el que anuncia al final del reportaje, que se puede comprar directamente en su web.
Si Santilli tuviera en su poder una película tan sorprendente como la de una autopsia a un extraterrestre, bastaría con que la falicitara para los análisis pertinentes para que se hiciera multimillonario y pasara a la historia como el desvelador de la Gran Conspiración. Como no lo ha hecho -ni lo hará-, podemos concluir que la filmación no existe, como no existe la lunar de Benítez. Con su nueva argucia, lo que Santilli hace es volver a confirmar que nunca hemos estado con la película de marras ante el "jaque a la ciencia" que Sierra vendió en octubre de 1995 a los lectores de la revista Año Cero.
01 Oct 2007
Si no, miren lo que ha pasado en España, donde las jóvenes promesas de la ufología de los años 90 ahora se dedican a inventarse conspiraciones, explotar la crónica negra, escribir novelas al estilo de Dan Brown y firmar, con pseudónimo, obras de pseudoperiodismo de pseudoinvestigación. Y es que, como dice Francescutti, después de seis décadas "todo lo que resta son unas fotografías más o menos borrosas, unos cuantos libros y una montaña de recortes de diarios y revistas, pues el papel jugado por los medios de comunicación en su difusión ha sido enorme (no parece un detalle secundario el hecho de que los platillos se dieron a conocer en verano, una temporada de sequía informativa)".
Hace tiempo que sostengo que el fenómeno ovni está en animación suspendida, después de que los ufólogos empezaran ampliamente el límite de lo creíble con los secuestros, los platillos accidentados, las conspiraciones gubernamentales... La larga agonía en la que creo que está inmersa esta creencia -que llegará a ser marginal- no impide, obviamente, que sigan publicándose libros, aunque a menor ritmo y con mucho menos impacto público que en otras épocas. Uno de los últimos que he incorporado a mi biblioteca es The day after Roswell, de Philip J. Corso y William J. Birnes. Fue editado originalmente en 1997 y entonces hubo una crítica, Sharon Chance, del Times Record News, que dijo que "podría ser el libro más importante desde la Biblia". Según Corso, los microchips, la fibra óptica y el láser son inventos realizados a partir del examen de los restos del platillos volantes estrellado en Roswell. Para la mayoría de los mortales, sin embargo, este libro es hoy tan desconocido como otras presuntas obras clave de la ufología que iban a cambiar nuestra visión del mundo. Sobre el poder visionario de Chance, mejor no hablar.
28 Ago 2007
05 Ago 2007
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