01 Sep 2008
01 Sep 2008
Quedan muchos temas todavía ahí fuera. Al principio, temí que no ba a haber material para seleccionar con comodidad y variedad. Al final, surgían ideas según iba escribiendo. Muchas han quedado en el cajón. No exagero si digo que, a vuela pluma, se me ocurre otra cuarentena de misterios si me siento a pensar un poco. ¿Cuáles? Permítanme que me los reserve por si en un futuro vuelvo a la carga. De momento, les dejo con las miniaturas de las 42 páginas de la sección para que vean cómo quedaron en el periódico, cómo las vieron los más de 500.000 lectores diarios de El Correo en papel. Cada miniatura enlaza con el texto correspondiente publicado en esta bitácora. Todas juntas impresionan; por lo menos, a mí.
24 Ago 2008
El granjero brasileño Antonio Villas Boas tenía 23 años en 1957 cuando gozó de su encuentro sexual interplanetario. Ocurrió el 15 de octubre, cuando araba de noche con su tractor un terreno familiar en São Francisco de Sales, en el estado de Minas Gerais, para evitar laborear bajo el Sol. Hacia la medianoche, llamó su atención una extraña luz que cruzaba el cielo. El ovni llegó hasta la vertical del campo de labranza y empezó a descender cerca de donde estaba él. Intentó huir, pero el motor del tractor se paró y presenció el aterrizaje de un aparato, "en forma de ave", de 10,5 metros de largo y 7 de ancho, que desprendía una luz cegadora. Varios seres vestidos con monos grises y escafandras bajaron de la nave, capturaron al agricultor cuando escapaba a la carrera y lo metieron por la fuerza en la nave.
La mujer más hermosa
Los visitantes, de alrededor de metro y medio de altura, llevaron al hombre a una pequeña estancia circular de unos 2 metros de diámetro y algo menos de altura, desde la que luego lo condujeron a otra en la que sólo había un diván. Le desnudaron, le extrajeron sangre de la barbilla y le lavaron con una esponja húmeda antes de dejarle solo durante unos veinte minutos. Tras el preámbulo, y después de que la habitación fuera inundada con gas, entró en ella una mujer desnuda, de ojos azules rasgados. Era rubia, aunque pelirroja en el pubis y las axilas. Tenía, según el hombre, el cuerpo más hermoso que nunca había visto.
"La mujer se acercó a mí en silencio... y de pronto se apretó contra mí y empezó a frotar su cabeza contra la mía. Al mismo tiempo, noté su cuerpo pegado al mío como una ventosa... y me sentí incontrolablemente excitado, como nunca lo había estado en mi vida... Terminamos sobre el diván, donde nos acostamos por primera vez. Fue un acto sexual normal y ella reaccionaba como lo hubiera hecho cualquier mujer. Después nos acariciamos un poco mutuamente y volvimos a hacerlo, pero ahora había empezado a mostrarse más esquiva, deseosa de acabar pronto", recordaría el joven.
Tras el doble coito, la mujer abandonó la habitación, no sin antes señalar su vientre y luego al cielo. Los ufólogos interpretaron después ese gesto como una alusión a que la visitante que tendría en su planeta al hijo producto de aquella noche de sexo. Villas Boas contó días más tarde lo ocurrido a un periodista de la revista O Cruzeiro que escribía sobre platillos volantes y se convirtió así en el primer ser humano en confesar sus relaciones sexuales con un extraterrestre, algo de lo que no se retractó ni siquiera cuando a finales de los años 70 era ya un respetable abogado y feliz padre de familia.
Violadas en platillos
Del hijo alienígena del agricultor de Minas Gerais nunca más se ha sabido, como tampoco del que gestó la australiana Marlene Travers. "Créame o no, ¡fui retenida cautiva en un platillo volante, violada y fecundada por un hombre del espacio exterior!", declaró la mujer a The New York Chronicle el 21 de noviembre de 1966. La joven, de 24 años, decía haber sido llevada a bordo de un ovni y forzada por "un hombre alto y apuesto vestido con una especie de guerrera verde metálica, no rígida". El embarazo fue confirmado después por un médico, aunque del niño se perdió el rastro. Es lógico porque hoy en día algunos expertos en platillos volantes sospechan que este caso fue una invención periodística, aunque otros nunca han descartado que puedan haberse producido casos similares.
Antonio Ribera, el padre de la ufología española, creía que la historia de Shane Kurz, joven de 26 años que decía haber sido violada por un extraterrestre el 2 de mayo de 1968 en Westmoreland (Nueva York), tenía "todos los visos de ser cierta". Dudaba, sin embargo, de la autenticidad del vis-à-vis de Elizabeth Klarer, una sudafricana que aseguraba haber tenido en 1957 un hijo con Akon, vecino de un planeta del sistema de Alfa Centauri. En todos estos casos, incluido el de Villas Boas, los terrícolas nunca se hacen con una prueba de su excepcional encuentro, ni denuncian los hechos a las autoridades y se someten a un reconocimiento médico inmediato.
Los visitantes se arriesgan, por su parte, a contraer o propagar una enfermedad sexual por no recurrir a la fecundación in vitro para su programa de hibridación. Esa técnica y otras sólo las empiezan a usar en los años 80, y no todos. Quizá sea porque, como ironiza el estudioso escéptico Luis R. González, "algunas razas alienígenas parecen disfrutar con el procedimiento clásico y resultan ser amantes mejores que los humanos". O eso o están tan atrasadas como nosotros hace unas décadas a pesar de sus portentosas naves. Los frutos de esas relaciones interespecies se van a veces con su progenitor alienígena al espacio; otras, se quedan aquí. Pero nunca vuelve a saberse de ellos. Como se pregunta Carl Sagan en El mundo y sus demonios (1995): "Se habla de números ingentes de casos de este tipo. ¿No es raro que no se haya visto nunca nada anómalo en las ecografías habituales de estos fetos, o en la amniocentesis, y que nunca haya habido un aborto que fuera un híbrido extraterrestre? ¿O es que los médicos son tan idiotas que echan una ojeada al feto, ven que es medio humano y medio extraterrestre y pasan al siguiente paciente?". Tampoco se ha detectado un aumento significativo de niños con antenas o tres ojos en las guarderías durante el último medio siglo.
El libro
Las abducciones ¡vaya timo! (2008): Luis R. González recorre la historia de los secuestros por extraterrestres, que considera vinculados al folclore y a la psicología, y no a alienígenas.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
17 Ago 2008
"Fue a las 12.30 horas del jueves, 20 de noviembre de 1952, cuando establecí contacto en persona con un hombre de otro mundo. Había venido a la Tierra en una nave espacial, un platillo volante", explica Adamski en su libro Flying saucers have landed (Los platillos volantes han aterrizado, 1953). Había ido al desierto con otras seis personas, ansiosas todas de encontrarse con los extraterrestres. El grupo vio "una gigantesca nave plateada con forma de puro, sin alas ni apéndices de ningún tipo". Se movía en silencio y, cuando salió de ella un disco volante, el elegido se separó de sus acompañantes con la esperanza de hablar con la tripulación de la pequeña nave e incluso hacer un viaje en ella.
En son de paz
El platillo que aterrizó en el desierto estaba pilotado por Orthon, un venusiano rubio y de excelente facha que impresionó al hombre. "Me sentía como un niño en presencia de alguien poseedor de una gran sabiduría y mucho amor". Mediante gestos y telepatía, el visitante, que venía en son de paz, le informó de la creciente preocupación en el vecindario cósmico por la radiación producida por nuestras pruebas nucleares. Adamski quiso hacerle una foto; pero Orthon se negó a ello, aunque le dejó fotografiar el disco volante. Por desgracia, a pesar de llevar encima dos cámaras de fotos y durar la conversación una hora, todas las pruebas de la histórica entrevista se reducen a una imagen borrosa en la cual, tras una colina, asoma una mancha: parte de "la pequeña nave de Venus".
El encuentro con Orthon fue sólo el primero de los que mantuvo Adamski con seres de otros planetas. Con el tiempo, el hombre hizo realidad sus sueños y viajó por el espacio a bordo de platillos volantes. En la cara oculta de la Luna, vio ríos y florecientes ciudades pobladas por paisanos de Orthon, además de por marcianos y saturnianos. El Sistema Solar en pleno estaba preocupado por el futuro de la Humanidad y, consciente de la trascendencia de su misión, Adamski se dedicó a partir de entonces a escribir libros sobre sus experiencias y viajar por el mundo dando conferencias y concediendo entrevistas. Hizo una gira por Nueva Zelanda, tuvo una audiencia privada con la reina Juliana de Holanda y decía haber mantenido otra con Juan XXIII.
Adamski murió de un ataque cardiaco en 1965. Desde entonces, las sondas automáticas han fotografiado al detalle la cara oculta de la Luna sin ver nada de lo dicho por el contactado. Tampoco han encontrado rastro de civilización alguna en Venus, Marte y Saturno, ni en ningún otro lugar del Sistema Solar. "Era hombre de exiguos logros académicos, pero compensaba tal deficiencia con una excelente imaginación, una agradable personalidad y una provisión aparentemente inagotable de desfachatez", escribió el periodista Frank Edwards en su libro Platillos volantes... aquí y ahora (1967).
Viajando en aspiradora
Al profesor Adamski -como firmaba sus cartas- hay que reconocerle el mérito de haber sido el primero en aprovecharse de los extraterrestres para escapar de una vida gris. En su caso, un puesto de la carretera del observatorio de monte Palomar donde preparaba hamburguesas. Había intentado sin éxito dejar los fogones en 1949, con una novela de ciencia ficción titulada Pioneers of space. An imaginary trip to the Moon, Venus and Mars (Pioneros del espacio. Un viaje imaginario a la Luna, Venus y Marte), pero el fracaso se convirtió en oportunidad y Adamski el contactado nació cuando una escritora le animó a presentar la ficción como si fuera una experiencia real e ilustrarla con fotos de platillos volantes.
Los dos libros posteriores en los que contó sus aventuras fueron sendos éxitos y convencieron a miles de personas de las visitas de seres de otros mundos. Pero algunos fueron más allá. Frank Edwards identificó, por ejemplo, el modelo al que correspondía el platillo en el que Adamski había hecho su primer viaje a Venus. "Tras ocho años de pacientes investigaciones -recordaba en 1967-, llegué, finalmente, a la conclusión de que su nave espacial era en realidad el extremo superior de una aspiradora fabricada en 1937. Y dudo que se pueda viajar a través del espacio montado en una aspiradora". Además, aunque la entrevista con Juliana de Holanda sí se produjo -y le costó a la reina sus críticas-, la de Juan XXIII es tan histórica como la de Orthon.
Cuentan sus seguidores que la audiencia de Adamski con el Pontífice se celebró el 31 de mayo de 1963. Aquel día, el contactado visitaba el Vaticano con dos admiradoras cuando se separó de ellas para volver una hora después. Al regresar, les dijo que había estado con el Papa y les enseñó como prueba una medalla con la efigie de Juan XXIII, como las que podían comprarse en los alrededores de la basílica de San Pedro. Las mujeres creyeron que un Papa agonizante -murió tres días después- no tenía nada mejor que hacer que charlar con un vendedor de hamburguesas que decía viajar a otros planetas y a quien, además, el venusiano Orthon no había contado nada nuevo en 1952 en el desierto de California: un año antes, otro extraterrestre bien parecido, Klaatu, había descendido con su platillo volante en Washington en la película Ultimátum a la Tierra para convencer a las grandes potencias de que dejaran de hacer pruebas nucleares.
El libro
The gods have landed (1995): James R. Lewis coordina una obra cuyos autores examinan las características religiosas de la ufología, considerada por muchos expertos académicos una creencia religiosa de la era espacial.
10 Ago 2008
Marte nos obsesiona desde que en el siglo XIX el astrónomo aficionado Percival Lowell lo cartografió desde el observatorio de Flagstaff (Arizona), que fundó en 1894. Miembro de una acaudalada familia estadounidense, se había sentido atraído por el planeta rojo tras saber de la existencia de las líneas descubiertas en su superficie por Giovanni Schiaparelli en 1877. El científico italiano había visto lo que consideraba vías de agua naturales. Lowell las convirtió en un producto del ingenio marciano: después de quince años de observaciones, concluyó que eran canales artificiales, una obra de ingeniería a escala planetaria para luchar contra la desertización.
El Marte decimonónico estaba sediento. Agonizaba, y una red de acequias que transportaba el agua almacenada en los polos hasta las regiones ecuatoriales era la solución a la que habían recurrido sus habitantes para sobrevivir. Lowell popularizó la idea en tres libros: Mars (1895), Mars and its canals (1906) y Mars as the abode life (1908). Escribía artículos, daba conferencias... "Era el Carl Sagan de su tiempo", dice Robert Mills, director del Observatorio Lowell. La crítica situación que vivían los habitantes de Marte caló hasta el punto de que protagonizaron la primera invasión extraterrestre, la de La guerra de los mundos (1898) de Herbert George Wells.
El ataque
Los marcianos siguieron siendo una amenaza mucho tiempo después de la publicación de la novela de Wells. El 31 de octubre de 1938, sus ansias de conquista les llevaron hasta la primera página de The New York Times. La noche anterior, un joven Orson Welles había escenificado La guerra de los mundos para la CBS en una sesión de radioteatro con formato de docudrama: científicos, políticos, periodistas y gente de la calle vivían en directo el ataque por parte de "espíritus que son a los nuestros lo que nuestros espíritus a los de las bestias de alma perecedera; inteligencias vastas, frías e implacables". Miles de personas tomaron la ficción por una invasión marciana, especialmente en Nueva Jersey y Nueva York, y hasta creyeron oír los disparos y ver las llamas del campo de batalla.
Aún no habían aparecido en los cielos los primeros platillos volantes -lo hicieron en junio de 1947-, pero la opinión pública estadounidense ya consideraba posible la llegada de seres de otros mundos. Después de ver los restos de Hiroshima tras la primera bomba atómica, el escritor soviético de ciencia ficción Alexander Kazantsev planteó en 1946, en un cuento, que el objeto que había explotado en Tunguska en 1908, y arrasado 2.150 kilómetros cuadrados de bosque, no había sido ni un cometa ni un asteroide, sino una nave espacial accidentada. Los visitantes procedían del planeta rojo de Lowell y habían venido a recoger agua del lago Baikal para paliar la sed de sus congéneres.
Los canales y la visión de Marte como hogar de una civilización agonizante fueron destruidos por las primeras sondas espaciales que sobrevolaron el planeta. La Mariner 4 envió a la Tierra en 1965 veintiún fotos de un mundo desértico, muerto. Las conducciones de agua habían sido una creación del cerebro humano, como los animales en las nubes. Cuando nuestros emisarios mecánicos llegaron al planeta rojo, se fueron al garete también las ensoñaciones de los ufólogos que -como los españoles Eduardo Buelta, Manuel Pedrajo, Óscar Rey Brea y Antonio Ribera- habían situado en Marte el origen de los platillos volantes. Pero pronto volvió a rodear el planeta un halo de misterio.
Giza en los cielos
El orbitador de una de las sondas Viking -los primeros ingenios humanos que pisaron la roja arena marciana- fotografió en julio de 1976 unas extrañas formaciones en la región de Cydonia: parecían una cara que miraba al cielo, unas pirámides y otras construcciones. Robert Bauval y Graham Hancock, herederos intelectuales de Erich von Däniken, propusieron en 1998 que se trataba del equivalente alienígena a las edificaciones de la meseta de Giza (Egipto). "Cuanto más detenidamente se examina, más evidente resulta que realmente podría tratarse de un conjunto de enormes monumentos en ruinas sobre la superficie de Marte".
La foto, tomada desde 1.873 kilómetros de altura, fue durante un cuarto de siglo esgrimida por algunos ufólogos como la prueba de que la NASA ocultaba la existencia de vida inteligente extraterrestre. Los científicos decían, sin embargo, que se trataba de meros accidentes orográficos. "Esas figuras merecen mayor atención con mayor resolución. Seguramente, unas fotos mucho más detalladas de la cara resolverán dudas acerca de la simetría y ayudarán a esclarecer el debate entre geología y escultura monumental", auguró Carl Sagan en El mundo y sus demonios (1995). Esas imágenes las consiguió en 2001 la Mars Global Surveyor y dejaron a Marte sin cara y sin pirámides. Había pasado lo mismo que con los canales, pero con una diferencia.
"Mientras que quienes vieron los canales eran generalmente astrónomos profesionales, los que vieron la cara eran vividores, oportunistas que querían hacer dinero con la credulidad de la gente. La cara y las pirámides de Marte son inventos. En realidad, son restos de una superficie plana que se erosionó, que quedaron ahí con formas diversas y en los que, según la iluminación, uno puede ver cualquier cosa", explica el planetólogo español Francisco Anguita. Hay, no obstante, quienes persisten en su deseo de ver lo que no hay. Richard Hoagland, un escritor que consideraba Cydonia un gran complejo arquitectónico, ve ahora animales, columnas, grabados y máscaras en imágenes tomadas por la Mars Pathfinder en 1997. Y, en enero, otros expertos encontraron una sirenita sentada en una roca en una panorámica del todoterreno Spirit, prueba indiscutible de que en Marte hubo en un pasado mares. ¿O no?
El libro
Historia de Marte. Mito, exploración, futuro (1998): Diez años después de su publicación, este libro del planetólogo español Francisco Anguita sigue siendo la mejor obra de divulgación publicada en nuestro país sobre el planeta rojo. Indispensable.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
08 Ago 2008
Los extraterrestres están entre nosotros desde el 28 de marzo de 1950. Aquel día, una oawolea uewa oem -nave lenticular, en el idioma de sus ocupantes- aterrizó en el departamento francés de los Bajos Alpes, a unos 8 kilómetros del pueblo de La Javie. Seis de los expedicionarios se quedaron en la Tierra para mezclarse entre nosotros y estudiarnos. Los científicos alienígenas procedían del planeta Ummo, en órbita alrededor de la estrella Wolf 424, y llevaron su misión en secreto hasta que decidieron presentarse al mundo mediante cartas dirigidas a un grupo de aficionados españoles a los platillos volantes.
Fernando Sesma decía mantener contacto con seres de otros mundos y lideraba en Madrid desde 1954 la Sociedad de Amigos de los Visitantes del Espacio BURU. El grupo mantenía una tertulia en el sótano del Café Lion, un local conocido como La Ballena Alegre que es hoy el almacén de una taberna irlandesa. En 1966, después de una llamada telefónica de un supuesto extraterrestre, Sesma comenzó a recibir cartas de los ummitas y a leerlas en las reuniones semanales del grupo. Así nació el que fue durante tres décadas el más grande de los misterios de la ufología española.
"No nos crean"
Frente al mesianismo de otros extraterrestres -que llevaban alertando del peligro nuclear desde que Klaatu lo había hecho por primera vez en la película Ultimátum a la Tierra (1951)-, los textos ummitas abarcaban un amplio espectro de disciplinas, y sus autores insistían una y otra vez en que no se les creyera. "Esto es lo único que postulamos: no nos crean. Acojan con desconfianza estos conceptos. No los divulguen por ahora en los medios de comunicación de masas. Muéstrense incluso escépticos ante los oemii -hombre, en ummita- no familiarizados con su ciencia (la que analiza los hechos), pero no destruyan estas hojas impresas. Con algunos millares más distribuidos secretamente, constituyen el precedente histórico de las relaciones primigenias entre nuestras dos redes homínidas", decían en una de sus primeras misivas.
Los visitantes eran de apariencia nórdica, sufrían de atrofia de los órganos del habla y tenían capacidad de ver a través de la piel en manos y muñecas. En los mensajes, hablaban de su avanzadísima ciencia, organización social y filosofía. La confirmación de su presencia en nuestro planeta fue la aparición de un platillo volante que el 1 de junio de 1967 sobrevoló el barrio madrileño de San José de Valderas con el símbolo ummita en la panza, una escena inmortalizada en varias fotografías. El avistamiento era un caso perfecto, según Antonio Ribera, el entonces más reputado experto nacional en platillos volantes. Demostraba que tras las cartas ummitas no había una broma, sino inteligencias de otro mundo. Era lo que en 1979 todavía pensaba Fernando Jiménez del Oso: "Con un poco de suerte, confío dentro de poco entablar contacto personal con seres de Ummo".
Para tranquilidad de la España nacionalcatólica de los años 60, los exploradores alienígenas creían en la divinidad (woa). Esa bendita coincidencia fue explorada por el sacerdote sevillano Enrique López Guerrero en Mirando a la lejanía del Universo (1978), libro en el cual defiende que Dios se ha encarnado sólo una vez, pero su sacrificio como Jesús en el Gólgota ha servido para liberar del pecado a todos los seres inteligentes del Universo, incluidos los ummitas. Las conclusiones del clérigo andaluz hicieron que el misterio de Ummo traspasara en 1968 nuestras fronteras, aunque la comunidad ufológica internacional no se lo llegó a tomar nunca en serio.
Perdidos en Ummo
Algunos ummologos calculan que la correspondencia de los visitantes abarca unas 6.000 páginas; pero no hay constancia real de más de 1.000, a partir de los cuales ha habido quien ha elaborado un diccionario español-ummita. Ha quedado claro, además, que el, según Ribera y otros, extraordinario contenido intelectual de los informes tampoco es tal. "Los documentos nunca ofrecieron algo realmente novedoso. Por ejemplo, las teorías cosmológicas podrían derivarse de los trabajos de Arthur Eddington, y el material restante resultaba fácil de obtener en las revistas científicas de la época", asegura el estudioso escéptico Luis R. González, para quien "el verdadero misterio es por qué tantas personas creyeron en ellos durante tanto tiempo". Porque toda la historia fue un engaño.
Los ummitas y sus informes fueron creaciones del psicólogo industrial José Luis Jordán, uno de los participantes en la tertulia de Sesma. El sector más sensato de la ufología española le había identificado como autor del montaje ya en los años 70, aunque no fue hasta su confesión por escrito en 1993 cuando el globo reventó. Jordán, ex vicepresidente de la Sociedad Española de Parapsicología, había tomado el pelo no sólo a sus contertulios, sino también a algunos de los más conocidos ufólogos españoles, que nunca se lo han perdonado. ¿Por qué lo hizo? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Cabe la posibilidad de que se tratara de una broma que se le fue de las manos o de una venganza por algún tipo de ofensa.
Lo que ha sobrevivido en la cultura popular ha sido el símbolo pintado en la panza de la maqueta de platillo volante que había literalmente colgado de hilos para las fotos de San José de Valderas. Es el mismo )+( estampado en las misivas enviadas por los ummitas y que algunos ufólogos han considerado desde entonces una prueba de la autoría extraterrestre de las cartas, no se sabe muy bien por qué. Fue el símbolo con que los líderes de la secta española Edelweiss marcaron a fuego en la axila a los menores con los que mantenían relaciones sexuales. Es el que Juliet Burke, una de Los Otros, nos descubre grabado en un árbol en el decimosexto episodio de la tercera temporada de la serie Perdidos.
La revista
Cuadernos de Ufología: Es la mejor revista en español sobre ufología. Ha diseccionado el misterio de Ummo y otros presuntos enigmas vinculados a la creencia en los platillos volantes. La edita la Fundación Anomalía.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
31 Jul 2008
La CIA se interesó por los platillos volantes poco después de verse los primeros, en 1947. Temía que supusieran un riesgo para la seguridad de EE UU. Controló de cerca los proyectos militares de investigación del fenómeno y, en 1949, vio cómo la Fuerza Aérea descartó que tras los ovnis hubiera una potencia extranjera. Aún así, siguió en el ajo por si la amenaza era alienígena. Mientras en el cine Klaatu nos traía la paz interplanetaria en Ultimátum a la Tierra (1951), los militares concluyeron que los platillos volantes no venían de otros mundos, y la CIA les encontró una utilidad.
La Tierra de los Sueños
EE UU vivió los años 50 con el miedo a un ataque atómico soviético y a la infiltración comunista. Fueron los años de los simulacros nucleares en las escuelas y de la caza de brujas del senador Joseph McCarthy. La CIA empezó en aquella época a disponer de la más alta tecnología para el espionaje con la entrada en servicio del avión U-2. Capaz de volar a 805 kilómetros por hora y alcanzar los 21.000 metros de altura, despegó por primera vez el 1 de agosto de 1955 del recién creado campo de pruebas del lago Groom, en Nevada. Estrenó las instalaciones que hoy conocemos popularmente como el Área 51, donde EE UU ha probado aviones como el SR-71 y el F-117, y donde, según algunos ufólogos, se guardan restos de platillos volantes accidentados y hasta de alienígenas.
Washington reconoció oficialmente la existencia del complejo militar de Nevada cuando no le quedó más remedio, cuando una compañía estadounidense publicó en abril de 2000 en Internet imágenes de la base tomadas por satélite. En las fotos se veían hangares, pistas de aterrizaje, carreteras y canchas deportivas; el corazón de un complejo militar de 20.000 kilómetros cuadrados. "Tenemos ahí un centro de operaciones; pero el trabajo es materia clasificada", admitió Gloria Gales, portavoz de la Fuerza Aérea. "Mucha gente de mi Administración estaba convencida de que Roswell era un fraude, pero creía que lo de ese lugar de Nevada (el Área 51) iba en serio, que había allí un artefacto alienígena. Así que mandé a alguien a que lo averiguara. Y se trataba realmente de una instalación de Defensa en la que se hacían cosas aburridas que no queríamos que nadie más viera", explicaba Bill Clinton hace tres años a la revista FinanceAsia.
Durante la Guerra Fría, la creencia en extraterrestres fue aprovechada por la CIA para encubrir los vuelos de sus aviones espía desde el lago Groom y otras bases. Un informe titulado El papel de la CIA en el estudio de los ovnis 1947-1990, obra del historiador Gerald K. Haines, desveló en 1997 que en los años 50 y 60 "cerca de la mitad" de los avistamientos de objetos extraños en los cielos estadounidenses correspondieron a misiones del U-2 y del SR-71. La agencia de espionaje estadounidense prefería que el público creyera en visitantes de otros mundos a destapar la existencia de sus más sofisticadas herramientas. Al otro lado del Telón de Acero, la Unión Soviética hacía lo propio.
Un ovni-medusa
Algunos insomnes vecinos de Petrozavodsk, ciudad situada a orillas del lago Onega, vieron en 1977 una medusa brillante que sobrevolaba la urbe antes del amanecer. "La bola ígnea que cruzó precipitadamente el cielo de Sur a Norte sobre el distrito de Leningrado y Karelia a primeras horas del 20 de septiembre también fue observada por los astrónomos de Pulkovo. En estos momentos es todavía difícil determinar definitivamente su origen, ya que continúan llegando informes de testigos y observadores", declaró tres días después Vladimir Krat, director del Observatorio de Pulkovo. En las semanas siguientes, se cruzaron en la prensa declaraciones de científicos con explicaciones inverosímiles y de ufólogos que defendían la naturaleza extraterrestre del fenómeno.
Fue James Oberg, un ingeniero de la NASA quien resolvió el enigma desde Houston. Se puso en contacto con el Centro Goddard de Vuelos Espaciales, donde le informaron de que la URSS había lanzado aquel día un satélite desde el cosmódromo secreto de Plesetsk, a 330 kilómetros al Este de Petrozavodsk. El Comando de Defensa Aeroespacial Norteamericano (NORAD), cuyo cuartel general está en la montaña Cheyenne -como sabe todo seguidor de la serie de televisión Stargate-, confirmó a Oberg que el despegue del satélite espía Cosmos-955 había ocurrido minutos antes de la aparición del ovni, que parecía una medusa por el brillo de los gases de escape de las toberas del cohete.
"Moscú sabe de dónde vienen los ovnis, quién los lanza, cómo se propulsan y por qué viajan por el cielo de la URSS. Lo sabe todo y no quiere admitirlo públicamente. Es probablemente la mayor operación de encubrimiento ovni de la historia", escribía Oberg en 1982 en un artículo que demostraba el vínculo entre las más famosas oleadas de ovnis tras el Telón de Acero y las actividades militares secretas. Lo que no sospechaba entonces el ingeniero de la NASA es que años después la CIA iba a reconocer que había hecho lo mismo: aprovecharse de los platillos volantes para camuflar operaciones de espionaje.
La serie
Expediente X (1993-2002): Nueve temporadas de la mejor televisión y dos largometrajes centrados en la conspiración. Las tramas urdidas por Chris Carter hunden sus raíces en las paranoias de la sociedad estadounidense, que él amplifica.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
27 Jul 2008
Roswell tiene hoy unos 49.000 habitantes, casi el doble que el 8 de julio de 1947. Aquel día, el diario local dio en su portada la noticia de la recuperación de un platillo volante en un rancho de la región por parte de los militares. Dos semanas antes, Kenneth Arnold, un hombre de negocios que pilotaba su avioneta, había visto sobre las montañas Cascada nueve objetos extraños que "volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua". Tenían forma de bumerán; pero el periodista que cubrió la historia confundió la forma de los objetos con la del vuelo y los bautizó como platillos volantes. La denominación hizo fortuna y pronto las observaciones de discos se multiplicaron por Estados Unidos.
30 años de silencio
La noticia del ovni estrellado que dio The Roswell Daily Record se basaba en un comunicado de prensa dictado por el teniente Walter Haut. "Los muchos rumores sobre platillos volantes se hicieron realidad ayer cuando la oficina de Inteligencia del Grupo de Bombarderos 509 de la Octava Fuera Aérea, Aeródromo de la Armada de Roswell (RAAF), tuvo la suerte de obtener un disco gracias a la cooperación de uno de los granjeros locales y de la oficina del sheriff del condado de Chávez", dijo Haut. Según el periódico, el objeto había sido visto antes de estrellarse por Dan Willmot y su esposa. Él, "uno de los más respetados y fiables" vecinos de Roswell, había calculado que tenía unos 7 metros de diámetro, volaba a 500 metros de altura e iba a entre 600 y 800 kilómetros por hora. Tenía forma de dos platos unidos por su parte cóncava y desapareció detrás de una colina.
Los militares rectificaron al día siguiente. Dijeron que lo recuperado no era un platillo volante, sino piezas de un globo meteorológico, y mostraron a la Prensa los trozos de madera de barco y papel de aluminio encontrados por el ranchero Marc Brazel, materiales que en principio parecen poco apropiados para una nave interplanetaria. El caso del platillo volante estrellado en Roswell se hizo añicos, y los ufólogos olvidaron la historia durante décadas. Hasta que Charles Berlitz y William Moore la resucitaron en 1980 con su libro El incidente. El ufólogo Leo Stringfield había publicado una serie de artículos sobre accidentes de ovnis y autopsias a alienígenas en la Flying Saucer Review un año antes; pero es a Berlitz, autor de El triángulo de las Bermudas (1974), a quien Roswell debe su fama.
Él y Moore dieron con nuevos testigos -y con viejos que contaban cosas que habían callado durante décadas- de un suceso que ya no se limitaba al hallazgo de restos de una nave de otro mundo: resultaba que los militares habían rescatado los cuerpos de los pequeños tripulantes del platillo. Fue sólo el principio. Otros ufólogos volvieron la mirada a Roswell y salieron de debajo de las piedras vecinos que se habían visto involucrados en el incidente y conservaban recuerdos extraordinariamente vívidos. Desde 1990, no hay año sin un nuevo libro sobre el caso que incluya sorprendentes revelaciones. A estas alturas, son tantas las versiones de los hechos que no existe consenso sobre el día de autos -va desde el 14 de junio hasta el 4 de julio- y media docena de lugares compiten por ser el del tortazo.
Bombas y espías
Roswell es una Disneylandia paranormal cuyo Mickey es un extraterrestre cabezón de grandes ojos almendrados. Cuenta desde 1992 con un Centro de Investigación y Museo Internacional Ovni que ha recibido más de 2,5 millones de visitantes. Uno de sus fundadores es Glenn Dennis, joven trabajador de la funeraria local en 1947. Tras cuarenta años de silencio, en 1989 se descolgó con que en su día recibió una llamada telefónica de la base militar preguntándole cuál era el ataúd más pequeño que tenía y sobre técnicas de embalsamamiento. Dennis ha presentado las mismas pruebas de sus afirmaciones que los demás testigos resucitados por Berlitz, Moore y otros ufólogos: ninguna.
Desde 1996, Roswell celebra a principios de julio un Festival Ovni en el que conviven ufólogos y turistas disfrazados de extraterrestres. Es otro mundo en el que no importa que nadie se creyera la historia de la nave espacial estrellada cuando ocurrió. Ni siquiera se la tragó Raymond Palmer, un editor de ciencia ficción que fue el primero en explotar en los años 30 el potencial mediático de las creencias paranormales. Es otro mundo en el que los militares han guardado un secreto durante casi cincuenta años; aunque no el que creen los aficionados a los platillos volantes.
Porque la de Roswell no era a finales de los años 40 una base militar cualquiera. Allí estaba estacionado el primer escuadrón atómico del mundo, el Grupo de Bombarderos 509. Y lo que cayó en las cercanías en 1947 no fue un globo meteorológico, ni tampoco una nave de otro mundo. Se trató, según la información desclasificada en 1994 por la Fuerza Aérea, del globo número 4 del proyecto ultrasecreto Mogul, lanzado el 4 de junio desde Alamogordo, a 150 kilómetros de Roswell. El objetivo del ingenio estratosférico era detectar las ondas sonoras provocadas por las esperadas pruebas nucleares soviéticas: EE UU quería saber cuándo la URSS se hacía con la bomba atómica, algo que ocurrió el 29 de agosto de 1949 con la detonación de Joe 1. Los restos recuperados por Marc Brazel en su rancho eran los de un globo espía.
El libro
Roswell. Inconvenient facts and the will to believe (2001): Karl T. Pflock estaba convencido de que hemos sido visitados por extraterrestres; pero en este libro desmonta el caso Roswell.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
14 Jul 2008
23 Jun 2008
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Luis Alfonso Gámez
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