19 Mar 2008
El escritor Arthur C. Clarke falleció ayer a los 90 años en su casa de Sri Lanka tras sufrir problemas respiratorios, informó uno de sus ayudantes a la agencia Associated Press. El autor inglés, nacido en 1917, era el último de los tres grandes de la ciencia ficción con vida: Robert Heinlein murió en 1988 e Isaac Asimov falleció de sida en 1992.
Clarke firmó más de un centenar de obras, imaginó el satélite de telecomunicaciones y describió su funcionamiento en un artículo en 1945, y gestó con Stanley Kubrick la película 2001: una odisea del espacio, basada en su cuento El centinela. Fue un consumado submarinista, deporte que, junto con su fascinación por la cultura india, le llevó en 1956 a trasladar su residencia a Sri Lanka. Entre sus novelas fundamentales, destacan El fin de la infancia (1954), 2001: una odisea espacial (1968) y Cita con Rama (1973).
Divulgador científico, dedicó una serie de televisión, El mundo misterioso de Arthur C. Clarke, al análisis de supuestos misterios. Humanista confeso, era muy crítico con la religión: "Hay muchas religiones diferentes, cada una convencida de poseer la verdad, cada una diciendo que sus verdades son claramente superiores a las de las otras. ¿Cómo puede alguien tomarse en serio una de ellas? Creo que es una locura".
28 Jun 2007
Quienes tuvimos el privilegio de conocerle en persona no nos lo queremos creer; pero es así. Barry Beyerstein murió anteayer, un mes después de cumplir los 60 años. Me enteré a media tarde de ayer cuando el psicólogo Carlos Domínguez dejó un mensaje en este blog con la mala noticia. Al llegar a casa y revisar el correo, topé con un luctuoso mensaje de Barry Karr, director ejecutivo del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), del que Beyerstein era uno de los puntales desde hacía años, y con otro en la misma línea de Alejandro J. Borgo, director de la revista Pensar. Escribí a los dos lo primero que me vino a la mente, que fue en parte el titular de esta nota. En sus respuestas, mis amigos se mostraban, como yo, consternados. Ninguno nos lo queríamos creer. Es lo que ocurre con la muerte. ¿Pero quién era Barry Beyerstein?
Nació en Edmonton (Alberta, Canadá) en 1947. Psicólogo, era profesor de la Universidad Simon Fraser e intentaba entender por qué la gente cree en cosas increíbles. Estudio la grafología, los estados alterados de conciencia, las experiencias cercanas a la muerte, los poderes paranormales, las posesiones... Miembro del consejo ejecutivo del CSI, era un habitual de los congresos escépticos junto a su colega, compatriota y amigo James Alcock. Para mí, no era sólo uno de los psicólogos de lo paranormal, era sobre todo aquel tipo jovial con el que compartí mesa por última vez en Bruselas en septiembre 2005 en una escapada a cenar que hicimos ocho veteranos escépticos para hablar de proyectos y experiencias. Alrededor de aquel mantel, estaban Jim Alcock, Barry Karr y Amardeo Sarma, entre otros. Aquella noche aprendí mucho y tuve el privilegio de cenar codo con codo con Barry. No me acuerdo de qué hablamos exactamente, pero sí de que me reí bastante y de que el culpable fue él. Era un gran tipo. Recibía a los escépticos perdidos -como me pasó a mí en uno de mis primeros congresos- como si les conociera de toda la vida, hablaba con ellos y les hacía sentirse como en casa. Y, cuando se reencontraba con ellos años después, iba inmediatamente a saludarles. Ayer, cuando me enteré de su muerte, la primera imagen que me vino fue la de su eterna sonrisa, su simpatía. Lo segundo que hice fue releer su capítulo del libro colectivo Skeptical Odysseys (2001), titulado From 'Fate' to 'Skeptical Inquirer'.
Dice en ese corto texto, en el que recorre su trayectoria vital desde el joven interesado en lo paranormal hasta el baluarte del escepticismo científico que acabó siendo, muchas cosas interesantes, de las que quiero destacar dos en estos momentos. La primera es algo que, tarde o temprano, nos ha soprendido a todos los que formamos parte del movimiento escéptico: el hecho de que no exista una correlación demostrada entre la inteligencia o los logros académicos y la creencia en lo paranormal. Barry recuerda que, en su día, le impactó profundamente la constatación de que hay muchos individuos realmente brillantes que, por necesidades emocionales, creen en supercherías como la astrología y la cienciología. La segunda se refiere al CSICOP, ahora CSI: "Pienso -escribe- que la labor que hacen (sus miembros) en la arena escéptica es a menudo infravalorada en los círculos académicos porque muchos especialistas no alcanzan a entender las consecuencias potenciales de las fuertes tendencias antirracionales y anticientíficas en la sociedad moderna (...). Estoy convencido de que dejar que la pseudociencia florezca, económicamente o de cualquier otro modo, puede suponer un gran coste". Yo también.
En Skeptical Odysseys, explica, además, por qué el papel de los escépticos organizados y de los científicos comprometidos es fundamental. "Si queremos que el público pague sus impuestos para financiar la investigación -escribe-, debemos ofrecerle explicaciones comprensibles de lo que hacemos (los científicos) y de la importancia que tiene para ellos. Si esperamos que urjan a las agencias gubernamentes a apoyar la medicina científica en vez de malgastar sus escasos fondos en terapias alternativas, tenemos salir de nuestros laboratorios y salas de conferencias de vez en cuando y decirles porque hacemos eso en su interés. Con tanta desinformación inundando los medios de comunicación, la función de vigilancia es la más importante de las contribuciones del movimiento escéptico y el Skeptical Inquirer es la joya en su corona".
Si quieren, pueden hacerle llegar el pésame a su hija Lindsay, de quien es la foto de Barry abriendo uno de los regalos de su último cumpleaños que ilustra estas líneas.
Te echamos de menos, Barry.
23 Ago 2006
Ojeando el último número de The Skeptical Inquirer, me he encontrado con la necrológica de Vern L. Bullough (1928-2006), humanista al que conocí en 1997 en Heidelberg (Alemania) durante el segundo Congreso Escéptico Mundial, en el que habló sobre el síndrome de la falsa memoria. A raíz del interés de su charla y de que seguimos una sesión de conferencias en asientos contiguos, tuve el atrevimiento de pedirle un artículo para El Escéptico, revista que dirigí durante un par de años a finales de los 90, y él accedió encantado. "Bullough era uno de los humanistas seculares destacados de Norteamérica y el mundo; era una voz liberal por el derecho de autodeterminación, la tolerancia y la dignidad", escribe Paul Kurtz, presidente del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), quien recuerda que el fallecido, profesor de la Universidad del Estado de California, fue un incansable luchador "por las libertades civiles y por los derechos de las minorías, incluyendo a los gays, las lesbianas y los transexuales". Era experto en historia del sexo y escribió en vida más de cincuenta libros y cientos de artículos sobre sexo, enfermería, medicina y otros asuntos. A mí, me demostró en Heidelberg que, además, era un buen tipo de conversación interesante y cordial. Vern L. Bullough murió el 21 de junio tras una corta enfermedad.20 Dic 2005
Aquel mismo día, horas después, el Aeródromo de la Armada de Roswell emitió una segunda nota en la que se indicaba que no se había recuperado un ovni, sino parte de un globo meteorológico, algo que casaba mejor con los restos de madera de balsa y papel de aluminio hallados por el ranchero. El caso Roswell cayó pronto en el olvido, hasta que William Moore y Charles Berlitz -inventor de gran parte del mito del Triángulo de las Bermudas- lo revitalizaron con su libro El incidente (1980), que puso Roswell en el mapa como lugar de peregrinación de los creyentes en los platillos volantes. 14 Ago 2005
"Vi que la ufología estaba equivocada cuando escuché a Philip J. Klass en la sesión inaugural del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP)", recuerda Paul Kurtz en Skeptical Odysseys (2001), el libro en el que una treintena larga de autores reflexionábamos sobre el pasado, presente y futuro del escepticismo científico con motivo de los veinticinco años de la organización estadounidense. Como muchos otros, Kurtz creyó hace años que los ovnis podrían ser de origen extraterrestre y sólo se percató de su error en 1976 cuando se cruzó en su camino aquel periodista que era editor de la revista Aviation Week & Space Technology y, después de Donald H. Menzel, la principal bestia negra de los ufólogos. Klass murió a los 85 años de cáncer de próstata en su casa de isla Merritt (Florida) el martes. Nos dio la mala noticia Luis Ruiz Noguez, responsable de Perspectivas.
Philip J. Klass (Des Moines, 1919) era ingeniero eléctrico y se interesó por primera vez por los ovnis en 1966, después de leer en The Wall Street Journal una crítica de El viaje interrumpido, de John G. Fuller, libro que compró inmediatamente. Gary Posner recuerda, en una entrevista que le hizo y que publicó The Skeptical Inquirer, cómo al principio el periodista creyó que todos los ovnis podían deberse a un raro fenómeno eléctrico atmosférico; pero pronto se dio cuenta de que no había una explicación para todos los casos. "Mi único objetivo es encontrar una explicación prosaica creíble para un informe ovni o, si no es posible, abalanzarme sobre la máquina de escribir -ahora, sobre mi ordenador personal- y redactar el artículo más importante de mi vida para Aviation Week & Space Technology, que sería el artículo más importante que la revista jamás ha publicado", explicaba a Posner en 1999 un Klass jubilado trece años antes, pero que todavía seguía al pie del cañón. "Si llegara a aterrizar una nave extraterrestre honestamente buena, sería el hombre más feliz de la Tierra", confirmaría en otra entrevista concedida años después a Alejandro Agostinelli.
El Sherlock Holmes de la ufología pensaba cómo seguramente la mayoría de los periodistas que estamos involucrados en el análisis crítico de lo paranormal: que hay que estudiar cada fenómeno detenidamente porque igual en un rincón salta la liebre y damos con la historia -periodísticamente hablando- de nuestra vida. Será algo muy improbable; pero el riesgo que corremos por examinar estos fenómenos es mínimo, se trata además de algo divertido y el beneficio puede ser enorme. Al otro lado de la carretera, los reporteros del misterio no están interesados en explicar nada porque, de hacerlo, matarían la gallina de los huevos de oro. Klass pudo confundirse a veces -¿quién no?-, pero fue un honesto estudioso de los ovnis. Sus libros son imprescindibles para quien quiera conocer el desarrollo del mito desde los ingenuos años 60 hasta el desenfreno absoluto -abducciones, platillos volantes estrellados, conspiraciones gubernamentales, hibridaciones...- de las últimas décadas. Sus obras -la mayoría puede encontrarse en librerías de segunda mano en Internet- son: Ufos identified (1968), Ufos explained (1974), Ufos: the public deceived (1983), Ufo abductions. A dangerous game (1989), Bringing ufos down to Earth (1990) y The real Roswell crashed-saucer coverup (1997).
Fue uno de los fundadores del CSICOP y responsable de su subcomité Ovni, formado por escépticos de todo el mundo. Aviation Week & Space Technology le rindió un homenaje el 13 de julio de 2003, después de 51 años en la revista, que, lamentablemente, coincidió con el anuncio de que, por problemas de salud, dejaba de editar Skeptics Ufo Newsletter, un boletín bimestral del que el CSICOP ha puesto ya parte en Internet. La Nave de los Locos, la revista que edita el escéptico chileno Diego Zúñiga, le dedicó un imprescindible número especial en agosto de 2001. No llegué a conocer Philip J. Klass, pero traduje el que posiblemente sea su primer artículo publicado en España, "Ovnis en el radar: ¿adónde han ido?", que apareció en septiembre de 1986 en el número 4 de La Alternativa Racional; durante mi etapa en la dirección de la revista El Escéptico, propicié la publicación de algún otro trabajo suyo; y me honra figurar, junto a él, como uno de los autores de Skeptical Odysseys.
Los diez principios ufológicos de Philip J. Klass
1º. Personas honestas e inteligentes que se exponen repentinamente a un suceso breve e inesperado pueden ser muy poco exactas a la hora de describir de forma precisa lo que han visto, especialmente si está involucrado un objeto no familiar.
2º. A pesar de las limitaciones propias de la percepción humana cuando se expone repentinamente a un suceso breve e inesperado, algunos detalles recordados por el testigo pueden ser razonablemente precisos. El problema al que se enfrenta el investigador de ovnis es tratar de distinguir entre los detalles correctos y e incorrectos. Esto puede resultar imposible sin averiguar lo que ha sido en realidad el ovni; en algunos casos, es un problema irresoluble.
3º. Si una persona que ve un objeto inusual o desconocido concluye que probablemente es una nave espacial de otro mundo, inmediatamente puede creer que el objeto reacciona a su presencia o sus acciones, cuando en realidad no hay absolutamente ninguna relación causa-efecto.
4º. Los medios de comunicación que dan mucha importancia a un suceso ovni cuando se da a conocer, suelen después dedicar muy poco o nada de espacio o tiempo a informar sobre la explicación del caso.
5º. No hay observador humano, incluyendo los pilotos aéreos con experiencia, que pueda estimar correctamente la distancia, la altitud o el tamaño de un objeto desconocido en el cielo, a menos de que se encuentre muy próximo a otro objeto familiar cuyas dimensiones o altitud conozca.
6º. Una vez que las informaciones periodísticas llevan al público a creer que puede haber ovnis cerca, hay muchos objetos naturales o hechos por el hombre que, especialmente de noche, pueden adquirir características inusuales en la mente de testigos predispuestos. Los testimonios de estas personas ayudan, a su vez, a aumentar el entusiasmo de la gente, lo que lleva a más personas a esperar ver ovnis. Esta situación se realimenta hasta que los medios de comunicación pierden interés por el asunto; entonces la oleada de observaciones acaba rápidamente.
7º. Cuando intenta averiguar si un testimonio ovni es fraudulento, el investigador debe basarse en las pruebas físicas, o en la ausencia de ellas aunque debieran existir, y no dejarse influir por las aptitudes y características de los individuos involucrados en el suceso.
8º. La incapacidad de los investigadores, aunque tengan experiencia, a la hora explicar convencionalmente un caso ovni por falta de información, aunque hayan hecho un gran esfuerzo, no es una prueba que apoye la hipótesis de que naves de otros mundos visitan la Tierra.
9º. Cuando se ve en el cielo nocturno una luz que se considera un ovni y se informa a un operador de radar al que se le pide que busque en su pantalla un blanco desconocido, casi seguro que aparecerá uno. Del mismo modo, si se detecta un blanco inusual en el radar del que se sospecha que es un ovni y se pide a un observador que busque una luz en el cielo nocturno, la encontrará.
10º. Muchos casos de ovnis parecen misteriosos e inexplicables únicamente porque los investigadores no han dedicado el esfuerzo suficiente a su análisis.
Tomados de Philip J. Klass [1983]: Ufos: the public deceived. Prometheus Books. Buffalo. 310 páginas.
28 Mar 2005
Quienes intentan seguir los pasos de Jiménez del Oso han llenado en las últimas horas la radio española de panegíricos de este psiquiatra que dio sus primeros pasos en la tele de la mano de Chicho Ibáñez Serrador en "El regreso", una de las famosas Historias para no dormir. Si algo han dicho de verdad sus discípulos, es que fue un magnífico divulgador. Es cierto. Supo llegar a la gente; aunque eso no significa que lo que contara con voz lúgubre y rostro serio fuera verdad. Ni mucho menos. Prácticamente nada de aquel mundo misterioso existe en la realidad: los aviones no se esfuman sin más, la gente no mueve objetos mediante telequinesis, el hombre no convivió con los dinosaurios, los poderes de Uri Geller son los mismos que los de cualquier ilusionista, no hay extraterrestres que vayan por el mundo secuestrando humanos, todas las obras de la Antigüedad son obra de la inteligencia de nuestra especie... Él aseguraba que había convivido con un fantasma y que había visto en varias ocasiones platillos volantes, y en 1979 confiaba en "entablar contacto personal con seres de Ummo".
Andrés Aberasturi decía ayer en la Cadena SER que Jiménez del Oso era un "escéptico creyente", algo imposible: o se es escéptico o se es creyente. Sinceramente, pienso que era demasiado inteligente como para creerse algo de lo que contaba. Esa pose de seriedad con la que engalanaba las ideas más disparatadas era parte de su puesta en escena, como el tenebroso gabinete a media luz. Lo que no resta méritos a su capacidad como comunicador. Ya quisiéramos contar en España con una figura del racionalismo que estuviera a su altura como divulgador.
Otra de las mentiras que se han extendido en las últimas horas de Jiménez del Oso es que nunca se le pilló en fuera de juego. La verdad es que protagonizó algunos episodios vergonzosos, como cuando emitió la película Alternativa 3 como si se tratase de un documental basado en hechos reales. Se trataba en realidad de un telefilme rodado en el Reino Unido para emitirse en 1977 el 1 de abril, el Día de los Inocentes en el mundo anglosajón. Ocurrió el 13 de febrero de 1983 en TVE y fue la última entrega de La Puerta del Misterio. Años más tarde, en junio de 2000 y como director de Enigmas, fue condenado por un plagio cometido por Juan Jesús Haro Vallejo, quien hizo pasar en la revista como un reportaje de investigación propio un relato de los escritores Fernando Marías y Juan Bas en el que fabulaban sobre la superviviencia de Federico García Lorca al fusilamiento en el Barranco de Víznar.
Fernando Jiménez del Oso pasará a la historia del esoterismo ibérico como el rostro del misterio. Es de justicia. Sólo su cara ya vendía y, por eso, miraba a los lectores desde la portada de todas las revistas que dirigió y las de los libros de las colecciones que sacó al mercado, como la Biblioteca Básica de los Temas Ocultos (Ediciones Uve), la Biblioteca Básica de Espacio y Tiempo, la Nueva Biblioteca de los Temas Ocultos (Contrastes) y La Puerta del Misterio (Nowtilus). No volveremos a verle en la tele hablando con presunta asepsia del último misterio de moda, pero siempre podremos revisar muchos de sus trabajos gracias al vídeo y el DVD. Y, si se ven con un mínimo de espíritu crítico, comprobar que era un buen comunicador, pero la verdad es otra cosa y no está ahí dentro.
19 Oct 2004
El 19 de septiembre de 1961, la pareja volvía a su casa de Porstmouth en coche de unas vacaciones en Canadá. Hacia las diez de la noche, Betty vio cómo una misteriosa luz les perseguía. Pararon en la cuneta y, tras observar el objeto con unos prismáticos, el miedo se apoderó de Barney: temía que los tripulantes de la nave les fueran a hacer daño. Para escapar, viajaron por carreteras secundarias hasta su casa, donde llegaron dos horas más tarde de lo previsto.
Pasado el susto inicial, Betty se volcó en la lectura de libros sobre ovnis y escribió una carta al ufólogo Donald E. Keyhoe, un militar retirado. En ella, le contó que habían visto aquella noche una luz, similar a una estrella, que luego se convirtió en una "torta, rodeada de ventanas en la parte delantera, a través de las cuales se veían luces azulblancas". No decía nada de un secuestro. Fue cuando Barney acudió al psiquiatra por prescripción médica -se sentía culpable por haber abandonado a su primera esposa y a su hijo por Betty, una blanca-, cuando la abducción salió a la luz. En 1964 y bajo hipnosis, los dos narraron al psiquiatra Benjamin Simon que habían sido capturados por los tripulantes de un platillo volantes y sometidos a reconocimiento médico.
Una pesadilla
La historia estaba llena de inconsistencias: los extraterrestres de Betty hablaban en inglés y sabían manejar la cremallera del vestido de la mujer; los de Barney carecían de boca y no se explicaban que el hombre utilizara dentadura postiza. El especialista sospechó desde el principio que todo era una fabulación y lo confirmó cuando Betty le narró las pesadillas que había tenido desde aquella noche. La historia había sido inventada por Betty, que había contado las pesadillas a su marido durante meses hasta que los dos las habían integrado en sus recuerdos como algo real. Los Hill no mentían, pero su abducción sólo había sucedido en una mente obsesionada por los ovnis.
Robert Sheaffer, astrónomo aficionado y miembro del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), cree que el objeto que persiguió al matrimonio fue Júpiter, muy brillante en el cielo aquella noche. Cuando lo vieron por primera vez, el ovni estaba encima de una estrella visible bajo la Luna. En realidad, bajo el satélite había dos planetas, Saturno -la estrella de los Hill- y Júpiter. "De haber existido un auténtico ovni, habría habido tres objetos cerca de la Luna: Júpiter, Saturno y el ovni", concluye Sheaffer. Los extraterrestres de ojos envolventes descritos por Betty eran algo raro en la ufología de la época; pero habían protagonizado, doce días antes salir a la luz en una sesión de hipnosis, un episodio de la serie televisiva de ciencia ficción The outer limits.
La abducción de los Hill fue dada a conocer al mundo por el periodista John G. Fuller en El viaje interrumpido (1966). Tras la publicación de este libro, la mitología ovni dio un giro y empezaron a multiplicarse las abducciones, siempre siguiendo el patrón de la experiencia vivida en sueños por Betty y asumida como real por ella y su marido hasta el final.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
28 Ago 2004
28 Dic 2003
El triángulo de las Bermudas debe su nombre a Vincent Gaddis, un divulgador de lo paranormal que bautizó así a la región del Atlántico delimitada por Florida, Puerto Rico y Bermudas en la revista Argosy en 1964. Pero si hay un autor al que la opinión pública vincula con esa zona, ése es Charles Berlitz, cuyas obras El triángulo de las Bermudas y Sin rastro han vendido decenas de millones de ejemplares en todo el mundo desde 1974. Berlitz sostenía que las desapariciones en la región se deben bien a que los extraterrestres han estado "secuestrando aviones y barcos durante varias generaciones", bien a una "antigua, e incluso actual, actividad atlante en la zona". Otros autores hablan de civilizaciones intraterrestres, vórtices magnéticos o agujeros espaciotemporales. Pero lo importante es que todos parten de una misma base: la facilidad con que se esfuman barcos y aviones en esa parte del Atlántico.
La realidad es mucho más misteriosa que todo eso, como descubrió Lawrence Kusche hace más de veinte años. Bibliotecario de la Universidad de Arizona y piloto de aviación, Kusche se propuso averiguar qué había de cierto en los llamativos titulares de las revistas esotéricas y en los éxitos de ventas de Berlitz y compañía. Su conclusión fue sorprendente: "No existe ninguna teoría que resuelva el misterio". Cuando examinó el caso del Freya, un carguero cuya desaparición en 1902 Berlitz situaba en el triángulo de Bermudas, descubrió que el barco había naufragado en el Pacífico y durante un maremoto. Averiguó también que ningún Globemaster estadounidense se accidentó en la región en 1950, como afirmaba el autor de El triángulo de las Bermudas, aunque un aparato de ese tipo sí explotó en vuelo, pero en 1951 y a 900 kilómetros al sudeste de Irlanda, muy lejos del limbo de lo perdido. Y así un caso tras otro.
"Podemos afirmar categóricamente que las desapariciones se deben normalmente a condiciones meteorológicas severas", ha mantenido siempre la Lloyd's. Del medio centenar largo de casos enigmáticos que Kusche desmontaba en 1975 en su libro El misterio de triángulo de las Bermudas solucionado, se deduce que no hay ninguna explicación para todos los sucesos y sí una para cada uno, y que Berlitz no merece ningún crédito. "Si Berlitz informase de que un barco es rojo, las posibilidades de que fuera de otro color constituirían caí una certeza", ironiza Kusche, quien comprobó en su día que, por ejemplo, el Stavenger, un barco con 43 tripulantes que habría desaparecido en 1931 en Bahamas, nunca existió. Así es muy fácil que se esfumara.
En su libro Flim-flam! Psychic, esp, unicorns and other delusions (1982), el ilusionista James Randi acusa a Berlitz de falsear datos conscientemente. "Tengo entendido que Berlitz habla unos treinta idiomas, once de ellos con fluidez. Quizá sea capaz de afirmar sus falsedades en los treinta idiomas", dice el prestigioso escéptico. Por escrito, las mentiras del autor estadounidense se han divulgado en muchos más idiomas y siempre con el marchamo de no ficción.
23 Ago 2003
A partir de ese momento, empezó a apartarse de la práctica médica para dedicarse a la literatura. Taves escribió, con el astrofísico Donald H. Menzel, una obra que no debería faltar en la biblioteca de todo interesado por el fenómeno de los platillos volantes. The ufo enigma (1977)- no confundir con el libro del mismo título del muy crédulo Peter A. Sturrock- fue el tercer y último trabajo ufológico de Menzel (1901-1976), el primer crítico serio del fenómeno ovni. Prologado por Fred L. Whipple, astrónomo pionero en el estudio de los cometas, el libro lleva un subtítulo que no engaña: "La explicación definitiva al fenómeno ovni". Lo es. Nada ha sucedido en los últimos treinta años que invalide el dictamen de los autores, para quienes los ovnis no son naves de otros mundos, sino una mezcla de fraudes y confusiones con fenómenos naturales. Menzel y Taves se enfrentaron en su época a una mitología extraterrestre menos delirante que la actual. Entonces, las abducciones eran cosa de locos y nadie se tomaba en serio las historias de platillos volantes accidentados. Y entendieron que el misterio no está ahí fuera, sino en el ser humano. Ernest H. Taves fue uno de los fundadores del subcomité ovni del Comite para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), impulsado por Philip J. Klass y, como dice Robert Sheaffer en Veredicto Ovni (1981), el primer grupo ufológico formado por individuos "no inclinados a creer en la verdad literal de las afirmaciones sobre ovnis". Este colectivo escéptico sigue en activo.
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Luis Alfonso GámezUna ventana crítica al mundo del misterio
Para contactar con el autor:
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