20 Ago 2005
Centenares de personas han presenciado este verano las evoluciones de una criatura de 4,8 metros de longitud en el lago Ness. "No es un tronco", ha dicho uno de los testigos. "Sé que he visto algo no hecho por el hombre", ha indicado otro. Lo que vieron no era un tronco, efectivamente; pero sí algo de manufactura humana. En concreto, obra de Jez Harris y su equipo, creadores de animatronics como Jabba el Hut, el gángster alienígena de El retorno del jedi, el último capítulo de la primera trilogía galáctica de George Lucas.
La cadena de televisión británica Channel Five quería comprobar cómo reaccionarían algunos de los miles de turistas que cada año viajan a Escocia para ver a Nessie si, de repente, apareciera ante sus narices. Para ello, se ha gastado 150.000 euros. La historia se cuenta en Loch Ness monster: the ultimate experiment (El monstruo del Lago Ness: el último experimento), documental que se estrenará el 28 de agosto en el Reino Unido.
El proyecto nació tarde y sólo había catorce semanas para tener todo listo antes de que acabara la temporada turística. La idea inicial era montar a Lucy, como fue bautizado el monstruo, encima de un minisubmarino pintado de camuflaje. La criatura de fibra de vidrio era una reproducción de un plesiosaurio, un reptil acuático que se extinguió hace 65 millones de años. Cuando faltaba un mes para el día D, en la primera prueba acuática, la nave y el monstruo se hundieron. Acabaron en el taller. Al final, se descartó el uso del sumergible y James Wakerford, un ex comando experto en operaciones encubiertas, propuso un plan B: que tres submarinistas nadaran junto a Lucy y controlaran sus movimientos.
Después de un viaje de 800 kilómetros, el monstruo llegó sano y salvo al lago Ness, donde el equipo de rodaje eligió como base un punto situado a 800 metros de un camping lleno de turistas. Aprovechando la noche, Wakerford dirigió la maniobra de inmersión del plesiosaurio, que a la mañana siguiente debutó ante el público con magníficos resultados. Aunque hubo gente que sospechó, la mayoría se tragó el anzuelo. "Esto demuestra que la gente quiere creer en el mito", argumentan los productores.
En los días siguientes, Lucy apareció, con el mismo éxito, ante los pasajeros de un barco de 111 plazas, cuyo capitán estaba conchabado con los chicos de la tele, y cerca de las ruinas del castillo de Urquhart. "Creíamos que sería fascinante ver si el público, con una dieta a base de efectos especiales, creería en Nessie. Los resultados son muy sorprendentes", admite Chris Shaw, programador de Channel Five.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
31 Jul 2005

El Bigfoot no levanta cabeza. En diciembre de 2002, se supo que Ray Wallace, un constructor de la costa oeste de Estados Unidos, había creado en 1958 las más famosas huellas del homínido americano para ahuyentar a los vándalos que destrozaban por las noches la maquinaria con la que construía carreteras en California. El año pasado, un libro desveló la identidad del hombre que se metió en 1967 en el disfraz de la mejor filmación del Yeti de los bosques de EE UU y Canadá: era Bob Heironimous, un embotellador de Pepsi al que los autores de la cinta prometieron 1.000 dólares que no pagaron. Ahora, el ADN ha demostrado que pelo atribuido al Sasquatch -como también se conoce al monstruo- corresponde a un bisonte.
El mechón llegó el 18 de julio a la Universidad de Alberta, en Canadá. Lo habían recogido, a principios de mes en Teslin (Yukon), los testigos de una aparición de un homínido peludo de tres metros. El ser había dejado en el barro huellas dos veces más grandes que las de un humano, haciendo honor al nombre popular de Bigfoot (pie grande). Y el genetista David Coltman se ofreció a hacer los análisis pertinentes para ver si se trataba de restos de un animal conocido -sospechaba de un oso o un bisonte- o de algo "potencialmente interesante".
El trabajo de los científicos no ha sido fácil. La muestra de ADN estaba tan degradada y era de tan poca calidad que tuvieron que hacer varios intentos antes de disponer del material genético necesario, lo que, según Coltman, no casa con la idea de que el propietario del mechón lo había perdido recientemente. "Por nuestra experiencia, sabemos que los mechones de pelo recogidos en el campo son una fuente fiable de ADN mitocondrial, aunque hayan estado semanas expuestos a condiciones ambientales".
"El perfil de ADN de la muestra de pelo que recibimos de Yukon encaja con el de referencia del bisonte norteamericano, el Bison bison", indica Coltman. Un jarro de agua fría para los creyentes en el Bigfoot, que, sin embargo, seguro que no darán su brazo a torcer. "Aunque hemos probado que este mechón no es de una especie desconocida como el Sasquatch, los fieles pueden consolarse con que este descubrimiento no demuestra que tal especie no exista", concluye el biólogo.
Que las huellas de Pies Grandes de 1958 fueran prefabricadas, que el protagonista de la película de 1967 fuera un hombre vestido de gorila y que el pelo de Yukon sea de bisonte no prueban que el Bigfoot no exista, del mismo modo que que un niño sorprenda a sus padres cambiando un diente por una moneda no demuestra que el Ratoncito Pérez sea un ser de ficción. Probar la inexistencia de algo es imposible. Por eso, la carga de la prueba recae siempre en quien afirma que algo existe: desde el Bigfoot hasta los extraterrestres, pasando por los ángeles, los videntes y la vida después de la vida.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
26 Feb 2004
El teletipo que llegó ayer a las redacciones de toda España y América estaba datado en Budapest, se titulaba "Astrólogos descubren un planeta a 650 años luz del Sistema Solar" y decía: "Un equipo de astrólogos húngaros ha descubierto un nuevo planeta a 650 años luz del sistema solar, en la constelación de Géminis, informó hoy el director del Instituto de Investigación de Astrología de la Academia Húngara de Ciencias, Lajos Balázs. El planeta descubierto gira alrededor de una estrella semejante al sol, realiza su recorrido en 1,56 días, y tiene una masa ocho veces más grande que la de Júpiter, según los primeros cálculos. Johanna Jurcsik, astróloga que encabezó al grupo de investigación, explicó que descubrieron el planeta por casualidad el pasado día 20. Balázs consideró que este hallazgo representa un "jalón importante en la investigación espacial".
Efe parece dispuesta a superarse. Hace dos años presentaba a bombo y platillo al celacanto como un animal que acababa de ser redescubierto, cuando en realidad lo fue en 1938. Ahora que Antena 3 va a encerrar a un grupo de freaks paranormales en un castillo para el típico programa al estilo de Gran hermano, la agencia de noticias española saca a los astrólogos del inframundo y les atribuye un hallazgo científico. Si no fueron capaces de 'ver' la influencia de Plutón en la personalidad de sus clientes antes de 1930 -año en el que Clyde Tombaugh descubrió el planeta-, ¿cómo van a haber detectado un mundo situado a 650 años luz? No lo han hecho, evidentemente. Los astrólogos del texto son en realidad astrónomos, disciplina a la que se dedica el organismo de la Academia Húngara de Ciencias al que pertenecen, y no a la astrología. ¡Hay que ser un analfabeto de tomo y lomo para confundir astronomía con astrología a estas alturas! ¿Quién dio el visto bueno a la emisión de ese despacho? ¿Es que nadie en la "primera agencia de noticias en español" revisa los originales antes de enviarlos a medio mundo?
Otro teletipo de Efe de los que confunden astrología con astronomía puso en su sitio hace dos años a los vendedores de misterios y en solfa el rigor de la agencia. Fechado el 19 de abril de 2002, decía, que "el coelacanth, un predador marino que se pensaba había desaparecido hace 70 millones de años, ha emergido "vivo y coleando" de aguas de la costa este de Sudáfrica, cuyo Gobierno ha lanzado una campaña para su conservación", y añadía que "una colonia de la especie fue localizada a cien metros de profundidad en Sodwana Bay, al norte de Zululandia (una región de Sudáfrica)". Esto último era la noticia. Cuando el despacho llegó a mis manos, no fui capaz de sospechar que pudiera llevar a confusión a nadie medianamente informado, y menos a quienes se pasan la vida hablando de la búsqueda de seres exóticos como el yeti y el bigfoot. Me confundí.
02 Feb 2004
La noticia de que en una playa chilena se había encontrado una gran masa informe dio el pasado verano la vuelta al mundo y pie a fantásticas especulaciones. De aspecto grumoso y gris, medía unos 12 metros de largo y 6 de ancho, pesaba 13 toneladas y, antes de que llegaran al lugar los científicos, se hablaba de que podía tratarse de restos de un pulpo o un calamar gigantes. Cuando lo examinaron investigadores del Centro de Conservación Cetácea (CCC) de Chile, dirigidos por la bióloga Elsa Cabrera, dictaminaron que eran restos de un cachalote. "No ha sido necesario un análisis de ADN para la identificación. Fue suficiente con descubrir las glándulas dérmicas que pertenecen sólo a este grupo", indicaron el 12 de julio los científicos, quienes explicaron que, cuando uno de estos animales muere, "el esqueleto se desprende y hunde, quedando el cuerpo con la grasa flotando". Los restos, añadieron, suelen ser "una bolsa de pura grasa, por lo cual su descomposición es muy lenta".
El trabajo de Skip Pierce confirma ahora la identificación de los científicos chilenos sobre el terreno. El ADN obtenido en el laboratorio de la USF es "100% idéntico al del cachalote (Physeter catodon)", similar al del presunto pulpo gigante varado en St. Agustine (Florida) en 1896 y al monstruo de la costa occidental de Tasmania de 1960. "Está claro que la mayoría de las masas gelatinosas de interés popular y criptozoológico son en realidad restos descompuestos de grandes cetáceos", concluyó el biólogo estadounidense en la reunión de la SICB.
12 Dic 2003
"Si ve un monstruo de ojos rojos, normalmente significa que va a morir en seis meses", advierte John A. Keel en el número 156 de la revista sobre fenómenos extraños Fortean Times. El ominoso ser al que se refiere es el hombre polilla, una entidad alada con la que se topó en Point Pleasant en 1966 cuando preparaba el reportaje "definitivo" sobre platillos volantes para Playboy. Un cuarto de siglo después de la publicación de su libro dedicado a la criatura, el reportero de lo paranormal vio cómo ésta traspasaba las fronteras estadounidenses gracias a una película de Richard Gere.
Brillantes ojos rojos
El hombre polilla debutó en la noche del 15 de noviembre de 1966. Dos jóvenes matrimonios pasaban en un coche por el área TNT, situada a unos 11 kilómetros de Point Pleasant y denominada así por haber albergado una fábrica de munición durante la Segunda Guerra Mundial, cuando vislumbraron, entre las sombras, una "figura de apariencia humana, pero más grande", alada y con brillantes ojos rojos. El conductor puso tierra de por medio y, camino del pueblo, vieron otro ser similar que, a su paso, levantó el vuelo y siguió por el aire a su Chevrolet de 1957 a más de 160 kilómetros por hora, sin batir las alas.
"¿Qué mide seis pies de alto, tiene alas, dos grandes ojos rojos distantes entre sí seis pulgadas y planea tras un automóvil a 100 millas por hora?", se preguntaba Mary Hyre, corresponsal en Point Pleasant de un diario de Ohio, al inicio de la crónica que difundió la agencia AP el 16 de noviembre. Era la época en la que Adam West daba vida a un Batman que se enfrentaba a villanos encarnados por Burgess Meredith, César Romero, Anne Baxter y Vincent Price, entre otros. Inspirado por las andanzas televisivas del hombre murciélago, un periodista bautizó al nuevo habitante del área TNT como el hombre polilla, y el nombre hizo fortuna.
Keel llegó a Point Pleasant el 7 de diciembre. Pronto descubrió, tras la "pequeña tranquila ciudad de 6.300 habitantes, docenas de iglesias y ningún bar", una Disneylandia de lo paranormal. A las apariciones del monstruo de color gris, se sumaban observaciones de ovnis, mutilaciones de ganado, casas encantadas, llamadas telefónicas de personas que hablaban idiomas desconocidos y la siempre inquietante presencia de los hombres de negro, los individuos enlutados que, según el folclore ufológico, amenazan a quienes saben demasiado sobre los platillos volantes. El escritor tenía ante sí un filón. Así que acabó haciendo varios viajes desde Nueva York hasta Point Pleasant para entrevistar a todo aquél que asegurara haber vivido una experiencia extraña.
Durante el año que siguió a la primera observación, decenas de habitantes de Virginia Occidental dijeron haber visto al humanoide alado de dos metros de altura y ojos rojos deambular entre los edificios en ruinas y los búnkeres del área TNT, un entorno antes reservado a encuentros nocturnos de enamorados. Hasta el 15 de diciembre de 1967, día en el que la tragedia del Silver Bridge, que la investigación oficial achacó a fatiga de materiales, hizo que todas las miradas de EE UU se giraran hacia Point Pleasant, y el hombre polilla, con sus más de tres metros de envergadura, desapareció para siempre.
Profecías a posteriori
Hollywood ha magnificado la catástrofe con una escena rodada "a lo 'Titanic', con aparentemente cientos de conductores precipitándose hacia la muerte", señala Joe Baltake, crítico de The Nando Times. Sin embargo, en la película, las víctimas mortales se reducen a 36, diez menos que en la realidad. El estudio "no quería matar a tanta gente", se ha justificado el director del filme, Mark Pellington. Cuando, en su apartamento de Manhattan, Keel supo del desastre por la televisión -en la cinta, Gere asiste a él en vivo y en directo-, los hechos de Point Pleasant ganaron en trascendencia.
Tras la tragedia, el reportero publicó en 1975 The mothman prophecies, libro que ahora ha vuelto a la lista de superventas. Para él, Point Pleasant había sido entre 1966 y 1967 una ventana a otra realidad y todos los fenómenos acaecidos, presagios de la catástrofe. Todavía en la actualidad, Keel sostiene que su correo fue controlado y que, además de tener el teléfono intervenido, recibió en Nueva York llamadas en las que extraterrestres y personas que decían estar en contacto con ellos anunciaban tanto la tragedia del río Ohio como el asesinato de Martin Luther King. Lástima que, al igual que los augures que posteriormente 'vieron' la muerte de Lady Di o el ataque a las Torres Gemelas, Keel no dijera nada antes del desastre.
¿Pero existió el hombre polilla? Tres días después del debut de la criatura, dos bomberos vieron en el área TNT un ser de gran tamaño y ojos rojos. "Era, clarísimamente, un ave", sentenciaron. De hecho, Keel recopiló observaciones de "pájaros gigantescos" a unos 100 kilómetros al norte. Ornitólogos de las universidades de Ohio y Virginia Occidental mantienen hoy en día que el monstruo fue en realidad una grulla arenera, ave de color gris, que puede alcanzar el metro y medio de altura y dos de envergadura. Para Joe Nickell, experto en desenmascarar fraudes, se trató de un búho. El resto de las atracciones sobrenaturales de Point Pleasant hay que atribuirlas a la histeria de masas, y a la inventiva de Keel y de su colega local Mary Hyre, quienes metieron en el ajo hasta a los hombres de negro, unos siniestros individuos creados en 1953 por el ufólogo Albert K. Bender para vender revistas.
The mothman prophecies se estrenó en marzo de 2002 en los cines españoles como Mothman, la última profecía. Cuestión de mercadotecnia. El original en inglés y la traducción a medias suenan inquietantes si se desconoce la lengua de Shakespeare. El literal Las profecías del hombre polilla tiene ecos, por el contrario, de amenaza de guardarropa, solventable con insecticida e indigna de inquietar a una megaestrella como Gere. Plantarle cara al mothman -así, en inglés- parece, sin embargo, algo serio y más si la historia reúne los ingredientes típicos de Expediente X y se presenta como "basada en hechos reales", aunque no lo sean tanto.
Realidad y ficción
Periodista: John A. Keel trabajaba en un reportaje para Playboy cuando se topó con el monstruo, mientras que John Klein, encarnado por Richard Gere, es un redactor del respetado The Washington Post.
Tragedia: 46 personas murieron en el derrumbamiento del puente de Point Pleasant. En la película, la cifra se reduce a 36 porque, según el director, el estudio "no quería matar a tanta gente".
Testigo (in)directo: Keel estaba en su apartamento de Manhattan cuando ocurrió la tragedia. En la película, Klein (Richard Gere) asiste al desastre en vivo.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
03 Oct 2003
"El experto en animales misteriosos Richard Freeman, del centro de Zoología de Fortean, en Exeter (suroeste de Inglaterra), afirmó que el supuesto monstruo del lago Ness es "una anguila de entre ocho y nueve metros" y que el hecho de que haya podido alargar su tiempo de vida se debe a "un capricho de la naturaleza"", dice el despacho de agencia de cuya existencia me informó el periodista y arqueólogo Julio Arrieta. El redactor del texto destaca que "el científico" había indicado al diario The Sun que "habría en realidad varios y no uno solo de estos ejemplares, una conclusión que apoya en su estudio de unas imágenes tomadas en el lago escocés". Freeman dijo que "las anguilas suelen vivir unos diez años antes de nadar al mar de Sargaso, cerca de la costa de Florida, adonde se dirigen para reproducirse y morir. Pero hay un condicionante -explicó- que afecta a una especie de anguilas dejándolas estériles. Dado que no pueden reproducirse, no nadan hasta el Atlántico para reproducirse y, por tanto, no mueren sino que siguen creciendo y pueden llegar a alcanzar tamaños increíbles, como las del lago Ness".
Sobrecoge comprobar hasta dónde ha caído, cuando se trata de temas de ciencia, el rigor de Efe, que en junio de 2002 anunció el redescubrimiento del celacanto -pez de cuya existencia contemporánea se sabe nada menos que desde 1938- y en agosto pasado dio como noticia que un asteroide acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años. Lo de Freeman y la anguila de lago Ness es otra muestra más de la fiabilidad de la agencia de noticias española. Para empezar, el despacho está mal traducido y así el Centro de Zoología Forteana se convierte en un más respetable Centro de Zoología de Fortean, como si lo último fuera el nombre de una población. Pues, no. No lo es. Ese Forteana se refiere a Charles Fort (1874-1932), un escritor estadounidense que dedicó gran parte de su vida a la recopilación de sucesos extraños y cuyo apellido da nombre a Fortean Times, una recomendable revista sobre lo paranormal.
En esa línea, el Centro de Zoología Forteana de Exeter no es una institución científica, sino que se dedica a la búsqueda de animales misteriosos, a la llamada criptozoología, cuyos cultivadores persiguen al Yeti por la cordillera del Himalaya y buscan dinosaurios en los lagos africanos. Claro que nadie en Efe se molestó en comprobar nada. Ni siquiera les extraño que el origen de la noticia fuera The Sun, el diario sensacionalista más famoso por su chica desnuda de la tercera página que por otra cosa. ¿Qué hicieron los periódicos españoles? Algunos no cayeron en la trampa, pero otros, deslumbrados por la otoñal anguila de verano, incumplieron la norma básica de la profesión de comprobar los hechos y publicaron la noticia tal cual, como hizo la versión digital de El Mundo. Ni siquiera corrigieron el disparatado mar de Sargaso por el correcto mar de los Sargazos.
18 Jul 2003
La bestia cuyos restos ha hallado McSorley es un gigantesco reptil carnívoro marino. De cuello alargado, cabeza pequeña, más de ocho metros de longitud y ocho toneladas de peso, el plesiosaurio nadó en los mares entre hace 200 y 65 millones de años. "Nada de esta naturaleza había sido descubierto antes en las orillas del lago", ha indicado Lyall Anderson, conservador del Museo Nacional. Para el autor del hallazgo, el interés trasciende lo paleontológico. "Siempre he creído en el monstruo del lago Ness y, para mí, esto prueba su existencia", sentencia.
La leyenda de Nessie -cuya imagen popular se asemeja a la de un plesiosaurio- se remonta al siglo VI, cuando san Columba, introductor del cristianismo en la región, invocó a Dios para rescatar a un hombre de las fauces de un monstruo. Sin embargo, la bestia no cruzó las fronteras escocesas hasta los años 30 del siglo XX. De esa época data la más famosa foto del esquivo animal, en la que puede verse, recortado sobre las aguas, un cuello largo terminado en una diminuta cabeza. Hace diez años, Christian Spurling, uno de los implicados en la obtención de la imagen, confesó que lo retratado era una figura moldeada por él y puesta sobre una base de madera. La mejor prueba de la existencia de Nessie se diluía.
Desde entonces, ni las batidas organizadas por los cazadores de monstruos ni las webcams colocadas en la ribera del lago han capturado a Nessie. McSorley cree que sus vértebras demuestran que existe el animal que atrae cada año hasta Escocia a medio millón de turistas que se dejan unos 36 millones de euros. El hallazgo no llega a tanto. Simplemente, constata que un plesiosaurio murió en la región hace 150 millones, pero es que entonces la Tierra era un mundo de gigantes, poblado por hervíboros que pesaban lo que veinte elefantes y depredadores de doce metros de longitud. Además, el lago Ness ni existía. Se formó hace sólo 12.000 años, tras la última Edad del Hielo.
Publicado originalmente en El Correo.
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