16 Jun 2008

Bilbao acogerá el 30 de junio la jornada Impactos extraterrestres: Tunguska, 100 años después, un acto organizado por el Círculo Escéptico (CE), la Universidad del País Vasco (UPV), el diario El Correo, el Center for Inquiry (CfI) y el Ayuntamiento de Bilbao. Josep Maria Trigo-Rodríguez, Xabier Orue-Etxebarria y Agustín Sánchez Lavega ofrecerán sendas conferencias y participarán en una mesa redonda en el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta (c/ Bidebarrieta, 4), entre las 18 y las 21 horas. El primero, astrofísico del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC), hablará sobre el peligro de cometas y asteroides; el segundo, paleontólogo de la UPV, acerca de las extinciones masivas por impactos; y el tercero, astrofísico de la UPV y miembro del CE, del suceso de Tunguska y qué puede hacerse ante este tipo de amenazas. La explosión de Tunguska arrasó unos 2.200 kilómetros cuadrados -el equivalente a Guipúzcoa- de bosque en Siberia el 30 de junio de 1908 y, según los últimos estudios, pudo haber sido causada por un asteroide de menos de 30 metros de diámetro.

La jornada Impactos extraterrestres: Tunguska, 100 años después cierra el segundo curso de divulgación del pensamiento crítico programado en la capital vizcaína por el CE, asociación nacida hace hoy tres años. Las seis actividades públicas organizadas hasta el momento en Bilbao han contado con más de un millar participantes, siendo especialmente destacable el éxito de las dos celebraciones del Día de Darwin, en las cuales el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta -con capacidad para más de 300 personas- se quedó pequeño. Además de otras dos jornadas de charlas enmarcadas en la Semana de la Ciencia en 2006 y 2007, el CE organizó una especial con motivo de los 60 años de platillos volantes y otra dedicada a la polémica de las antenas de telefonía. Casi una ventena de científicos y divulgadores ha intervenido ya en las actividades de promoción del pensamiento crítico celebradas en Bilbao desde noviembre de 2006, gracias al apoyo desinteresado de todas las instituciones participantes, que ya estan preparando los actos del próximo curso.

Pensamiento crítico en la calle

En las primeras jornadas de Misterios, a la luz de la ciencia, Eduardo Angulo, biólogo de la UPV y miembro del CE, nos acercó a la criptozoología en Me pareció haber visto un lindo monstruito. Nessie, el yeti y otros seres enigmáticos; Jon Sáenz, físico de la UPV, expuso algunos métodos populares de predicción meteorológica en ¿Sirven las témporas para predecir el tiempo del próximo invierno?; Agustín Sánchez Lavega examinó las posibilidades de vida en otros mundos en ¿Hay alguien ahí? La búsqueda de extraterrestres; Mauricio-José Schwarz, periodista científico y miembro del CE, denunció los engaños de lo paranormal en Ferraris a 1.000 euros. Las afirmaciones extravagantes y cómo someterlas a prueba; y Félix Goñi, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de lla UPV y director de la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, y Juan Ignacio Pérez, rector de la UPV, reflexionaron sobre los riesgos delpensamiento mágico. En la segunda edición de Misterios, a la luz de la ciencia, Carlos J. Álvarez, psicólogo de la Universidad de La Laguna, habló de Algunas creencias erróneas sobre nuestro cerebro; Javier Cavanilles, periodista del diario El Mundo, disertó sobre Las caras de Bélmez: ¿falsa ciencia o mal periodismo?; José Carlos Pérez Cobo, biólogo de la UPV, analizó el Agua depurativa y otros engaños de la nutrición y la cosmética; y Joseba Zubia, físico de la UPV, nos ilustró sobre Ondas electromagnéticas y salud.

En los actos del Día de Darwin de 2007, Enrique Cerdá-Olmedo, genetista de la Universidad de Sevilla, disertó sobre Evolución ciega y 'diseño inteligente'; Antonio Lazcano, biólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, nos llevó hasta El origen de la vida; y Ana Rallo, bióloga de la UPV, habló acerca de la llegada de las ideas evolucionistas a España en Darwin, imported from England. En el Día de Darwin 2008, Ricardo Amils, profesor de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador asociado al Centro de Astrobiología, reflexionó sobre la vida más primitiva en ¿Minerales o azúcares? ¿Qué prefirieron los primeros seres vivos?; Eustoquio Molina, catedrático de Paleontología de la Universidad de Zaragoza, dedicó su charla a Creacionismo contra evolución: la estrategia del 'diseño inteligente'; y José Carlos Pérez Cobo, biólogo de la UPV, disertó sobre la evolución del cerebro humano en ¿Somos listos porque comemos almejas? En las mesas redondas de ambas jornadas, intervinieron, además, Eduardo Angulo, Félix Goñi, Juan Ignacio Pérez y Agustín Sánchez Lavega.

Celebramos los 60 años de platillos volantes con conferencias de Eduardo Angulo, quien nos presentó a los extraterrestres de la ciencia ficción en ¡Marciano, ven a casa!; Ricardo Campo, filósofo de la Universidad de La Laguna, y miembro de la Fundación Anomalía y el CE, quien resumió la historia del mito ovni en La invasión que nunca llegó; Fernando L. Frías, abogado y presidente del CE, que provocó carcajadas con La chapuza galáctica: ufología a la española; y el autor de estas líneas, que dio su punto de vista sobre el origen del prototipo de extraterrestre en 40 años de hombrecillos grises. Además, Agustín Sánchez Lavega participó en la mesa redonda. La jornada Antenas y salud: verdades y mentiras contó, por su parte, con las inestimables aportaciones de Félix Goñi y Joseba Zubia.

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09 Dic 2007

Robot que una cadena de televisión británica sumergió en el lago Ness y que hubo gente que tomó por el monstruo. Foto: Channel Five


Hay miedo en el lago Ness. No a un ataque del monstruo, sino a que haya muerto. Desde enero hasta el 30 de septiembre, se le ha visto nada más que dos veces, y en 2006 sacó sólo en tres ocasiones su corpachón fuera del agua ante testigos. "Nessie y sus crías están bien", declaraba Gary Campbell, presidente del Club de Fans del Monstruo del Lago Ness, a The Mail on Sunday hace unas semanas. Pero en las Tierras Altas escocesas están preocupados, y con razón: los turistas que persiguen al más famoso de los monstruos dejan unos 8,5 millones de euros anuales.

"Nessie ha sido visto miles de veces", asegura Eduardo Angulo. Biólogo de la Universidad del País Vasco y miembro del Círculo Escéptico, acaba de publicar Monstruos (451 Editores), una aproximación científica a la criptozoología. Esta disciplina, definida por el zoólogo Bernard Heuvelmans en 1955, estudia los animales desconocidos para la ciencia, pero presentes en las tradiciones populares. "Los criptozoólogos buscan algo que no existe basándose en algo que existe: las leyendas. Intentan demostrar que las leyendas son reales. Hasta hay un pequeño grupo de ellos que busca dragones".

Muy viejo y solitario

La leyenda de Nessie se remonta al siglo VI. Tras haber matado la bestia a un hombre, san Columba, introductor del cristianismo en la región, habría navegado por el lago al encuentro del monstruo para exigirle que cesara en sus ataques. Le salió bien: no se tienen noticias de ningún otro percance similar. La primera aparición de Nessie debidamente documentada data de 1871, pero los avistamientos sólo se multiplican a partir de los años 30 del siglo pasado, tras la construcción de la carretera que discurre por la orilla oeste del lago. En 1934, se tomó la más famosa de las imágenes, una foto en blanco y negro en la que se ve un largo cuello, coronado por una cabeza de serpiente, que emerge de las aguas. Fue una de las mejores pruebas de la existencia de Nessie durante sesenta años, pero en 1993 Chris Spurling confesó que, a petición de su padrastro, él -entonces un niño- modeló la figura y la puso sobre una base de madera para que el conjunto fuera fotografiado. Ninguna de las posteriores imágenes de la bestia ha sido concluyente.

La famosa fotografía de Nessie de 1934.Estaríamos, de ser cierta la leyenda, ante un monstruo de longevidad matusalénica, ya que muchos criptozoólogos lo presentan como un plesiosaurio. Con cuatro aletas, cuello largo y cabeza pequeña, este reptil acuático pesaba de 10 a 20 toneladas, fue contemporáneo de los dinosaurios y se extinguió con ellos hace 65 millones de años. "Pero el lago Ness estuvo congelado durante un largo periodo de tiempo hasta hace 12.000 años", indica Angulo. ¿Dónde vivió el monstruo hasta entonces? Admitamos que, cuando los hielos retrocedieron al final de la última glaciación, entró al lago desde el mar, pero ¿qué come?, ¿es sólo un animal muy, muy viejo?, ¿hay una población de Nessies en la masa de agua dulce más grande de las islas Británicas?

Es imposible que Nessie tenga miles de años. Así que hay que pensar en que lo que vive en Escocia es una familia de monstruos. "Para que una población de animales de ese tipo resulte viable, debe haber un mínimo de treinta individuos", explica Angulo. Treinta carnívoros de entre 15 y 20 metros de longitud comen lo suyo. Sin embargo, en el lago Ness no hay alimento suficiente. "Es una masa de agua estrecha y muy profunda. Tiene poca superficie que reciba la luz solar suficiente para el desarrollo del fitoplancton, las algas microscópicas que están en la base de la pirámide alimenticia. Así que también hay poco zooplancton, animales microscópicos que se alimentan del fitoplancton y que son a su vez comidos por otros más grandes. Los pocos animales grandes que hay son, a su vez, insuficientes para sostener a Nessie y su familia".

Extensa parentela

El biólogo bibaíno Edardo Angulo. Foto: Mitxel Atrio.Una población continuada de plesiosaurios durante milenios habría producido, además, gran número de rastros y restos en forma de osamentas. Nada de eso se ha encontrado nunca en el lago Ness, cuyo tímido inquilino se aparece cada vez menos precisamente ahora que las cámaras fotográficas abundan. Los criptozoólogos no cejan, sin embargo, en su empeño y periódicamente organizan proyectos de rastreo del lago por sonar, en los que cualquier cosa es interpretada como la bestia. Robert Rines, un cazador de monstruos, es famoso por una serie de fotografías subacuáticas tomadas en 1972 y 1975 en las cuales se intuía una especie de plesiosaurio. Las imágenes habían sido retocadas y, además, en 1987 la cámara de vídeo de un minisubmarino comprobó que una de ellas era de un tronco caído al fondo del lago.

Nessie es escocés, pero tiene parientes por todo el mundo. "Su familia está extendida por los cinco continentes. Hay más de 200 lagos con monstruo", señala Angulo. El más famoso es Nahuelito, habitante del lago Nahuel Huapi, en Argentina; pero también están Champi, el monstruo del lago Champlain (EEUU-Canadá) y Ogopogo, en la Columbia Británica (Canadá). Aunque la palma se la llevan en Suecia, donde hay casi una treintena de lagos con monstruo. En todos esos sitios se repite la misma historia: hay pocas fotos y borrosas, y ninguna prueba física. Lo contrario de lo que pasa con el otro gran icono de la criptozoología, el hombre salvaje que habita el Himalaya.


Monstruos cercanos


Huellas del yeti descubiertas en el Himalaya por Eric Shipton y Michael Ward en 1951.De Nessie hay fotos malas y ninguna prueba física. Todo lo contrario ocurre con el más famoso de los homínidos con los que, según algunos, compartimos la Tierra: el Yeti. "Las leyendas de hombres salvajes -como la del Basajaun vasco- son propias de regiones boscosas. La gente del Himalaya sitúa al Yeti en los bosques. Hemos sido los occidentales los que lo hemos llevado a las cumbres nevadas", asegura Eduardo Angulo.

Las pruebas del Yeti se reducen a rastros de huellas y fragmentos de piel guardados en monasterios tibetanos. El más famoso de los primeros es el descubierto por Eric Shipton y Michael Ward en 1951, una de cuyas fotos fue subastada recientemente en Christie's por casi 5.000 euros. "En 1977 y tras años de decepcionante búsqueda, Ward dijo que seguramente las huellas correspondían a un nativo del Himalaya, descalzo y resistente al frío, con alguna deformación congénita o adquirida en los dedos de los pies", explica el biólogo bilbaíno, que recuerda que en los años 50 un experto del Museo Británico las achacó al mono langur, típico de la región. El alpinista Reinhold Messner, que vio al Yeti en 1986, cree que el abominable hombre de las nieves no es tal. "Todas las pruebas apuntan a una especie de oso pardo de hábitos nocturnos", sostiene.

Los cueros cabelludos atesorados en lamaserías no corresponden, sin embargo, a plantígrados. Edmund Hillary, el escalador británico que conquistó el Everest, consiguió en 1960 que le dejaran una de esas piezas durante seis semanas. Un análisis hecho en Bélgica concluyó que se trataba de piel del cuello de una cabra del Himalaya. Últimamente, los criptozoólogos recurren a los estudios genéticos de los restos biológicos de los hombres salvajes y, aunque muchos análisis de ADN han sido anunciados, de pocos se han publicado los resultados. "No se suelen dar a conocer porque prueban que no hay nada extraordinario", apunta Angulo.

Bosques de Norteamérica

Fotograma de la famosa película de Patterson y Gimli.El pariente norteamericano del Yeti, conocido como Bigfoot -para el hombre blanco- o Sasquatch -para los indígenas-, no ha corrido mejor suerte. Los criptozoólogos han visto en los últimos años cómo las pruebas más sólidas a favor de su existencia se desmoronaban. Al igual que con el Yeti, los restos atribuibles al hombre salvaje de Norteamérica son escasos, cuando tenían que abundar si existiera una población de homínidos. Se reducen casi siempre a huellas, la primera de las cuales fue encontrada en agosto de 1958 en el condado californiano de Humboldt, cerca de la maquinaria utilizada para las obras de una carretera.

Hace cinco años, John Aumann, uno de los obreros, reveló que su jefe, Ray Wallace, había creado las huellas para meter el miedo en el cuerpo a los gamberros que de noche destrozaban sus útiles de trabajo. Un sobrino del empresario guarda todavía las plantillas de madera que ató su tío a la suela de las botas para dar vida al Bigfoot. Poco después, en 2004, se supo quién se había disfrazado de hombre-mono para la famosa película rodada por los vaqueros Roger Patterson y Bob Gimli en 1967 en Bluff Creek, California. La piel del monstruo ocultaba a Bob Hieronimus, un trabajador de Pepsi.

Para colmo, un análisis de ADN de un mechón atribuido al homínido, hecho por científicos de la Universidad de Alberta (Canadá), demostró en julio de 2005 que el Bigfoot tiene cuernos: el pelo era en realidad a un bisonte americano.


Prueb
as monstruosas

La masa gelatinosa. Apareció en junio de 2003 en una playa cercana a Puerto Montt, en Chile. Se dijo que se trataba de restos del imaginario pulpo gigante. Las pruebas de ADN demostraron que eran restos de un cachalote. Imagen de la presunta pantera vista en Vizcaya en 2003 y 2005.

La pantera fantasma. Fue vista en Vizcaya en 2003, y un ertzaina disparó contra ella en Gorliz en 2005. Los alien big cats (grandes gatos extraños) son un fenómeno británico de cuya realidad hay tantas pruebas como de la de Nessie.

La foto del cirujano. Sacada en 1934, es la más famosa de las fotos de Nessie. Ha sido utilizada frecuentemente como prueba de su existencia. Se trata, en realidad, de una figura modelada por un niño y colocada sobre una tabla.

La película del Bigfoot. Los vaqueros Roger Patterson y Bob Gimli grabaron en 1967 una película en la que se ve a un homínido huir de la cámara en California. A finales de los años 60, las sospechas apuntaban a John Chambers, ganador de un Oscar de maquillaje por El planeta de los simios. Expertos estudiaron un caminar que parecía demasido humano y vieron cremalleras en la piel, pero no fue hasta 2004 cuando se supo quién era el Bigfoot: Bob Hieronimous, un embotellador de Pepsi al que los autores de la cinta prometieron 1.000 dólares que nunca pagaron.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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05 Dic 2007

El guía nepalí Tul Bahadur Rai y Joshua Gates, con la presunta huella del yeti. Foto: AFP.

Hay cosas que a estas alturas de la vida uno no se cree -lo siento-, como el reciente hallazgo de huellas del yeti cerca del Everest. Hay cosas que a estas alturas de la vida uno no se cree -lo siento-, como el reciente hallazgo de huellas del yeti cerca del Everest. Es como si me pidieran que creyera que una expedición liderada por Iker Jiménez ha encontrado en uno de sus viajes la prueba definitiva de alguno de esos misterios misteriosos a los que tanto jugo saca. Juan José Benítez ya lo intentó, en la primera entrega de Planeta encantado, con el irrisorio desenterramiento de una piedra de Ica, la prueba de que el hombre convivió con los dinosaurios. Pues, bien, con las nuevas huellas del hombre de las nieves me pasa lo mismo que con el hallazgo arqueológico del ufólogo navarro. Y es que los autores del descubrimiento no son un grupo de exploradores de Nepal y Estados Unidos -como se ha contado en algunos medios-, sino el equipo de Destination truth, un programa de SciFi Channel dedicado a viajes por el mundo a la caza de enigmas. Es decir, una especie de Planeta encantado. El presentador es Joshua Gates, ha participado en un reality show de la televisión estadounidense y desde hace tiempo se gana la vida como intrépido explorador cazamisterios.

La presunta pisada mide 33 centímetros, corresponde -aparentemente- a un pie de cinco dedos y fue descubierta el miércoles pasado en un valle rocoso a 2.800 metros de altitud. Según el presentador televisivo, era una huella fresca, dejada menos de 24 horas antes. Por lo visto en las fotos, la han encontrado en un terreno pedregoso y la han extraído de él. Desgraciadamente, no se ha hecho pública ninguna imagen de la pisada sobre el terreno, algo que ayudaría a determinar si se trata de una huella real o sólo de algo que lo parece, una pareidolia. "No creo que sea de un oso. Para nosotros, es un misterio", ha dicho Gates, quien descarta que estemos ante un fraude. No todos lo tienen tan claro. Ang Tshering Sherpa, presidente de la asociación nepalí de alpinistas, cree las pisadas "pueden ser de un oso himalayo", según un despacho de Efe. En cualquier caso, a Gates le viene mejor que sean del yeti. Y ya sólo eso hace que el providencial hallazgo huela a chamusquina.

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04 Dic 2007

Eduardo Angulo, biólogo de la Universidad del País Vasco y miembro del Círculo Éscéptico, Almudena Cacho y yo hablamos el 28 de noviembre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de criptozoología, en la octava entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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13 Nov 2007

Fue algo automático. Nada más hojear el viernes Monstruos, llame por teléfono al biólogo Eduardo Angulo, profesor de la Universidad del País Vasco (UPV) y miembro del Círculo Escéptico, y le felicite porque no sólo es un ejemplo de magnífica divulgación científica -es un libro bien escrito e interesante-, sino que además es una obra primorosamente editada, con ilustraciones y detalles que enriquecen el original. Del texto, poco es lo que quiero decir -prefiero que lo lean-, aunque todo bueno. Lo leí hace ya dos años. Entonces, me gustó porque, entre otras cosas, me quedó claro que es un libro escrito con cariño, al que el autor ha dedicado todo el tiempo necesario. No me sorprendió. Algo similar percibí en la anterior obra de Angulo, una delicia -también muy bien editada- titulada Julio Verne y la cocina. La vuelta al mundo en 80 recetas (Algaba Ediciones, 2005).

Ayer volví a leer Monstruos y disfruté otra vez como la primera con el repaso que da a nuestros animales fantásticos más queridos -Nessie, el yeti y compañía- y a quienes los persiguen. Es un libro en el que los quienes han asistido a las charlas que el autor ha dado recientemente en Bilbao sobre criptozoología y acerca de los extraterrestres de la ciencia ficción encontrarán al mismo divulgador claro, divertido y documentado.

"La criptozoología -escribe Angulo en la introducción- conlleva dos deseos inalcanzables: encontrar sus elusivas criaturas y conseguir que los hallazgos sean aceptados. Como lo primero nunca se consigue, lo segundo es imposible. Todo ello crea la sensación de una persecución sin fin; es un Aquiles que ni siquiera persigue a la tortuga puesto que no la ve. Los criptozoólogos se sienten unos parias de la ciencia, unos apestados en la perfieria de la urbe que quieren habitar pero en la que nunca son aceptados. Todo es inútil, su lucha es una continua derrota. Nunca encuentran lo que buscan, y si creen haberlo hecho, nadie les cree. Es una aventura extraordinaria. Viven la persecución de lo inencontrable. De eso trata este libro". Después de contarnos las historias más divertidas de los cazadores de monstruos y de fraudes como el del hombre de Piltdown, el biólogo bilbaíno, uno de los organizadores de los actos del Día de Darwin, cierra  el ensayo con un magnífico alegato por el pensamiento crítico.

Monstruos será presentado el viernes, a las 19.30 horas, en la Casa del Libro (Alameda Urquijo, 9) de Bilbao por Juan Ignacio Pérez, rector de la UPV, y el autor. Intentaré no perderme el acto porque Eduardo Angulo siempre ha acudido a mis llamadas de auxilio profesionales, me siento obligado por amistad y respeto, y, además, me tiene que firmar el libro.

Eduardo Angulo [2007]: Monstruos. Una visión científica de la criptozoología. 451 Editores (Col. "451.jpeg"). Madrid. 247 páginas. 24,5 euros.




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08 Jun 2007

Almudena Cacho y yo hablamos el 23 de mayo en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, del chupacabras, en la décima entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.
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24 May 2007

Un brujo invoca al monstruo de lago Ness. Foto: Reuters.
Lo contaban hace unos días The Times y The Scotsman: el lago Ness y su entorno pueden ser declarados en dos años Patrimonio de la Humanidad. El hogar de Nessie, posiblemente el ser de leyenda que más ha hecho por su tierra, se sumaría a los 162 enclaves naturales ya protegidos por esa declaración de la Unesco. Los responsables turísticos locales son, lógicamente, los principales interesados en una iniciativa que, de llegar a buen puerto, enriquecería aún más la región. "El lago Ness es un lugar como no hay otro en el mundo. He vivido en las Falklands (las islas Malvinas) y viajado por alrededor del mundo, pero hay algo en el lago Ness que no encuentras en otros lugares", ha dicho Margaret Davidson, vecina de la zona, a The Times. Ése algo no es el legendario monstruo, sino el paisaje y el castillo de Urquhart, entre otras maravillas que, de momento, sólo conozco a través de documentales.
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24 May 2007

Intervención sobre el chupacabras en el programa Bilbao la Nuit, de Bilbovisión, el 3 de mayo de 2007.
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06 May 2007

El periodista Luis Gómez destapó anteayer, en El Correo, que un centenar de buitres había atacado y matado una vaca y su ternero recién nacido en el Valle de Mena (Burgos), y que los cuerpos de las reses presentaban mutilaciones en zonas muy concretas. "Juan Antúnez, jefe del Servicio de Guardería Forestal de Espinosa de los Monteros, explicó que los buitres «la comieron primero la región anal» y luego siguieron con los «tejidos blandos: las ubres, la lengua y los ojos. La abrieron en canal y ya no pararon hasta comerla entera», remarcó. Antúnez mostró, en cambio, su extrañeza por cómo dejaron al ternero: «Le quitaron los ojos, pero es curioso que no se comiesen el cordón umbilical»", escribía Gómez. Muchos españoles se enteraron de la noticia a través de Informativos Telecinco, que se hizo eco de la primicia dada por El Correo.

La vaca a la que los buitres mataron y de la que comieron ojos, lengua, región anal y ubres. Foto: El Correo.
No es la primera vez que se habla en la prensa de los ataques de buitres en comarcas ganaderas -también se suele hablar de los de lobos, perros asilvestrados y osos-, pero anteayer lo que llamaba la atención de algunos en la redacción del periódico era la similitud de los detalles de la noticia con los sucesos que algunos vendedores de misterios habían atribuido en el pasado a un monstruo de cuyo nombre mis colegas no se acordaban. "Estáis hablando del chupacabras", les dije, y añadí que entre quienes habían explotado el misterio en nuestro país había personajes hoy tan populares como Javier Sierra e Iker Jiménez. Creía haber contado ya la historia del chupacabras aquí, pero anteayer comprobé que no lo había hecho. Por eso, he recuperado y revisado el texto que preparé para una charla que di en noviembre de 1998 en el Instituto de América de Santa Fe (Granada) y lo he publicado hace unas horas para quienes quieran conocer los orígenes del mito.

Iker Jiménez y Lorenzo Fernández, en plan de intrépidos investigadores en Segovia en 1998, entre ovejas muertas.
Sierra y Bruno Cardeñosa fueron los primeros en atribuir, en 1996, el hallazgo en Vizcaya de ovejas muertas a la actividad del chupacabras en España -tal como explico en El viaje trasatlántico del chupacabras-, mientras que Jiménez se subió al carro en las páginas de Enigmas, la revista dirigida por Fernando Jiménez del Oso, dos años después. El ahora director de Cuarto Milenio dio primero con el chupacabras, en compañía de su entonces inseparable Lorenzo Fernández Bueno y con la teatralidad marca de la casa en forma de mascarillas, en Segovia a principios de 1998 y volvió a explotar el tema, ya en solitario, en la Ribera Navarra en el verano de 1999. Los ataques de alimañas al ganado vinieron hace unos años como anillo al dedo a los periodistas esotéricos ávidos de historias sensacionales con las que ganarse unos cuartos. Ahora, como los buitres del Valle de Mena han sido grabados en el acto, no hablarán del chupacabras. Si no, seguro que lo harían.

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05 May 2007

El chupacabras no figura todavía en ningún diccionario; pero ya se codea con el monstruo del lago Ness, el Bigfoot y el Yeti. Debutó en Orocovis, en pleno corazón de Puerto Rico, en marzo de 1995. Sus primeras víctimas fueron ocho ovejas, una vaca y un toro. Y, aunque la Policía y las autoridades concluyeron que las bajas en la cabaña local habían sido causadas por perros realengos, ya que así lo demostraban las mordeduras que presentaba el ganado en cuello y patas [Matos, 1995], hubo lugareños que las atribuyeron a seres extraterrestres.


Los reporteros de lo paranormal relacionan todavía hoy el episodio de Orocovis con el monstruo que en agosto del mismo año volvió a las andadas en la localidad portorriqueña de Canovanas, donde murieron 150 animales de granja. Una matanza cuyas peculiaridades y dimensiones traspasaron pronto los límites de la pequeña isla caribeña. No era para menos. Los cuerpos estaban, según sus propietarios, totalmente secos: no tenían ni una gota de sangre. Aparentemente, se había escapado por unos pequeños orificios practicados, a juicio de los campesinos, por un animal desconocido de comportamiento vampírico. Un ser esquivo que eludió el ojo humano hasta septiembre de 1995, cuando los lugareños lo bautizaron como chupacabras, vista su predilección por estos mamíferos, y empezaron a dar las primeras descripciones del predador que supuestamente diezmaba sus rebaños.


¿Cuál es la apariencia del chupacabras? A pesar de lo mucho que se ha escrito, de decenas de artículos en revistas esotéricas y miles de referencias en Internet, no existe un consenso sobre la fisonomía del monstruo: ha sido descrito como un ser de alrededor de un metro de altura, bípedo, "con la piel como de un dinosaurio", los ojos "del tamaño de huevos de gallina" y crestas espinosas en el cráneo y la espalda; como un monstruo "de apariencia extraterrestre" -ignoro qué apariencia tienen los extraterrestres, si es que existen- y canguroide, con poderosas patas traseras y que despide un "fuerte olor sulfuroso"; como una criatura con "cráneo de mono", grandes ojos rojos, boca sin labios, lengua de serpiente, manos palmeadas y terminadas en tres garras curvas, y con espinas dorsales iridiscentes; como un "murciélago gigante, peludo y de ojos muy brillantes"; como un humanoide de 60 centímetros de altura, sin un solo pelo en el cuerpo y de tacto gelatinoso. En fin, que, si hay algo claro, es que es un monstruo.

Pero la fisonomía del supuesto predadorera algo secundario, y así lo entendió el alcaldede Canovanas, José Soto Rivera, que organizó varias batidas en busca del animal, infructuosas, aunque en algunas llegaron a participar hasta doscientos cazadores. Todo hay que decirlo: al alcalde los ataques del chupacabras y la histeria latente le fueron de perlas para, a pocos meses de las elecciones locales, desviar la atención de la opinión pública de los graves problemas del municipio, con varias zonas sin agua desde semanas antes. Al igual que en Orocovis, los científicos achacaron los ataques de Canovanas a perros asilvestrados o animales exóticos, como panteras, introducidos ilegalmente en la isla. Y es que los exámenes de los cuerpos revelaron que las muertes de ganado no seguían un único patrón, sino que se debían a mordeduras, traumatismos, infecciones... Héctor García, director de la división de Veterinaria del Departamento de Agricultura de Puerto Rico, consideraba que no había nada extraordinario tras las muertes de los animales de granja [Carroll, fecha desconocida]; pero, una vez más, la realidad quedó relegada por la ficción gracias a Jorge Martín, hasta noviembre de 1995 un oscuro ufólogo portorriqueño y desde entonces el principal abanderado del chupacabras, la autoridad mundial sobre el misterioso ser.

 Martín fue el primero en hablar del chupacabras como una mascota de los tripulantes de los ovnis o un producto de experimentos genéticos terrestres o extraterrestres. Sus exóticas teorías -mantiene que los alienígenas visitan Puerto Rico atraídos por el radiotelescopio de Arecibo- incluyen, ¡cómo no!, una conspiración gubernamental, la captura de varios ejemplares de chupacabras y las consiguientes autopsias. Unos exámenes post mortem cuyos resultados serían secretos, pero, curiosamente, conoce Martín, que mantiene que los análisis de la sangre del misterioso animal arrojan unos resultados incompatibles con todo lo conocido. ¡Lástima que nadie más tenga constancia de lo que sostiene el ufólogo!

De monstruo a negocio


La entrada en escena de este imaginativo autor marcó un punto de inflexión en la historia del chupacabras: pasó de producto más del pensamiento supersticioso campesino a negocio para fabricantes de misterios, prensa, vendedores de camisetas y llaveros, y organizadores de visitas a los lugares donde la mascota de ET -como la llamaron en Miami- había perpetrado sus más sangrientos ataques. El chupacabras multiplicó su actividad a partir de noviembre de 1995, y sus fechorías ocuparon páginas enteras en los diarios portorriqueños y decenas de horas de radio y televisión. Un camino hacia el estrellato para el que la isla caribeña se quedó pronto pequeña, y así, a principios de 1996, el fenómeno saltó a México, Miami y Costa Rica. Y en agosto de ese año, tras entrar a España por el País Vasco, llegó hasta Yocavén, una pequeña localidad situada a 140 kilómetros al sudoeste de Santiago de Chile.


El alcalde de Canovanas había justificado sus batidas diciendo del chupacabras: "Hoy ataca animales, pero mañana podría atacar a la gente". Una vez en México, la fama del monstruo se disparó tras cumplirse el vaticinio de Soto Rivera. Teodora Ayala Reyes aseguró haber sido víctima de la criatura en el estado de Sinaloa y mostró a todo el país a través de la televisión unas marcas en la piel que parecían, más que mordiscos de un misterioso ser, desgarrones de la piel o quemaduras. Como otros campesinos de la región, la mujer creía que, tras las muertes de ganado que habían comenzado a registrarse, se ocultaba el chupacabras. Y la histeria se adueñó de México hasta tal punto que algunos autores han comparado las escenas vividas en el país con las de las masas enfervorecidas en busca del monstruo de películas como Frankenstein y Drácula. A pesar de que también en México el Departamento de Agricultura achacó los ataques a coyotes o felinos, la psicosis llegó a límites preocupantes y la Universidad Autónoma Metropolitana reunió a veterinarios, biólogos y antropólogos para que estudiaran el asunto. Los científicos, en un extenso informe de 113 páginas, quitaron todo el misterio a los ataques a ganado, al recordar que en las zonas rurales afectadas había muchos perros abandonados.

Portada de 'Año Cero' en la que se da la noticia de la llegada del chupacabras a España.

Veraneo en Euskadi

Pero eso no impidió la expansión del chupacabras, que llegó a España en el verano de 1996, según Bruno Cardeñosa y Javier Sierra, que escribieron sendos artículos sobre ataques del extraño ser registrados en el País Vasco en Año Cero y Más Allá, dos revistas que dan pábulo a todo tipo de disparates. Para que se hagan una idea, la segunda de ellas tuvo durante más de un año como colaborador a un presunto extraterrestre llamado Geenom, que, cual señorita Francis intergaláctica, respondía a las más delirantes consultas de los lectores. Cardeñosa publicó en Año Cero un artículo titulado 'El chupacabras ataca en el País Vasco'. Tres páginas dedicadas a la odisea vasca de un extraño ser que, según el autor, había acabado con "cien ovejas, desangradas a través de un orificio en el cuello". "Las primeras noticias sobre el caso llegaron a la redacción de Año Cero el 21 de agosto", explicaba el ufólogo antes de preguntarse si estábamos ante "un nuevo ataque" del monstruo surgido en lo más profundo de Puerto Rico a principios de 1995 [Cardeñosa, 1996].


Los periodistas esotéricos basaban sus reportajes en dos pilares: la información facilitada por la Policía autónoma vasca y los, para ellos, mucho más fiables testimonios de los afectados. "La Ertzaintza -escribía Cardeñosa- aseguró que, desde el pasado 13 de junio, se habían formalizado cinco denuncias en sus dependencias, confirmando oficialmente la muerte de 16 ovejas y la desaparición de otras 22. Sin embargo, las cifras reales rondan el centenar de reses". Seguidamente, advertía de que "éste no ha sido el único punto oscuro en las investigaciones orquestadas por el Departamento de Interior del Gobierno vasco. El informe que la Ertzaintza ha facilitado a esta revista está plagado de errores y, en algunos aspectos, falta a la verdad". ¿Qué llevaba a Cardeñosa a hacer tan graves acusaciones?


El propio autor desvelaba las causas de su despecho. El parte de la Ertzaintza no sólo hablaba de un número de ovejas muertas muy inferior al centenar, sino que apuntaba la presencia de "cánidos asilvestrados o no controlados", y de dos tipos de heridas en las ovejas, "mordeduras de cánidos en cuello y patas, y heridas punzantes en cuello, según las manifestaciones de los propietarios, ya que al presentar las denuncias los animales ya habían sido comidos por los buitres". El informe oficial añadía, asimismo, que un ganadero había visto "un perro grande y oscuro", y que los veterinarios que habían examinado algunos cuerpos no habían podido precisar las causas de las heridas.


Inquieto y desconfiado, Cardeñosa había viajado hasta Las Encartaciones para hablar con Ricardo Bárcena, uno de los ganaderos afectados. "Desde junio -apuntaba- ya ha perdido a una veintena de ovejas y a una yegua. Una mañana encontró a algunas de sus ovejas muertas y a otras heridas. Según las declaraciones del ganadero, las ovejas «tenían un pinchazo en el cuello, limpio y de unos cinco centímetros de profundidad, sin sangre apenas, pero las había destrozado por dentro»". Y, lo que es particularmente grave, "al contrario de lo que asegura la Ertzaintza, en ninguna de estas muertes se han detectado mordeduras de cánidos. Ni las heridas del cuello -siempre un orificio perfecto y profundo- ni las de las piernas -cortes limpios y superficiales- responden a las características de las producidas por ningún animal". Es decir, que de perros, nada.


Por si fuera poco, el misterioso escenario se completaba con la muerte de una yegua, hecho que el reportero esotérico calificaba de "inquietante". "En su vientre -señalaba- se distinguía un corte limpio, meticuloso y profundo, cuya trayectoria de entrada tenía forma triangular". Que la Policía autónoma hubiera considerado la muerte del caballo "un hecho aislado", un posible accidente, poco importaba al colaborador de Año Cero, que dedicaba la parte final de su reportaje a señalar que el análisis veterinario de uno de los cuerpos no había servido para precisar la causa de las heridas. Sin embargo, él había conseguido hablar con el veterinario que había examinado el cuerpo y descartaba el origen animal de la lesión, que, en su opinión, "tampoco tenía las características de un arma blanca".


"Estas declaraciones eliminaban cualquier atisbo de duda: las autoridades policiales habían mentido", concluía Cardeñosa, que anunciaba que el misterio continuaba. "El 5 de septiembre -decía-, una veintena de ovejas era atacada en la aldea portuguesa de Touloes, cerca de la frontera española por la zona de Beira Baja". Y hasta allí fue, ¡cómo no!, Javier Sierra por encargo de Más Allá, que también le costeó unos días en Las Encartaciones para que escribiera el reportaje de rigor.

Portada de 'Más Allá' que da cuenta de la llegada del chupacabras a España.

La conspiración


Sierra habló con las mismas personas que Cardeñosa y llegó a diferentes conclusiones; aunque también misteriosas. "Según pude comprobar durante mi rastreo a lo largo de la sierra de Las Encartaciones -escenario natural entre Burgos y Vizcaya donde se ha concentrado el mayor número de agresiones-, durante estos meses se han mezclado al menos dos clases bien diferentes de agresiones: las ya tradicionales atribuibles a perros asilvestrados y las muertes con agujeros. En estas últimas -reconocía el enviado especial de la revista dirigida entonces por José Antonio Campoy-, y a diferencia de lo que sucede con el chupacabras caribeño, el agresor no desangra totalmente a sus víctimas" [Sierra, 1996]. Es decir, que la variante vasca del chupacabras no chupaba la sangre. Sierra añadía que un portavoz de la Ertzaintza le había informado que la mayoría de los casos se referían a "mordeduras de perros", que sólo uno de los animales había fallecido por un pinchazo en el cuello y que, en ningún caso, había aparecido el cuerpo seco, sin sangre. Lo más curioso no era esto, sino que este autor asumiera como propias las tesis policiales, las mismas que Cardeñosa tildaba de falsas. ¿A qué se debía?


No dudaba Sierra en su reportaje de que cien ovejas hubieran aparecido muertas en Las Encartaciones, pero llegaba a diferente puerto que su colega. "A diferencia del chupacabras
americano no hay testigos que describan ningún ser bípedo con características extrañas -concluía-, ni sus víctimas han sido desangradas por completo. El único nexo de unión sólido entre el chupacabras americano y el pretendido espécimen ibérico es el método empleado en sus agresiones... que, más que hacernos sospechar de alguna extraña clase de animal, nos obliga a pensar en actividades humanas que se desarrollan al margen de la ley y de la ciencia". Como siempre, este periodista -para quien el invento del transistor se basa en tecnología alienígena de un ovni estrellado en Roswell en 1947- rechazaba una fantasiosa hipótesis para asirse con sensacionalista desesperación a otra aún más rocambolesca.


Nada más leer ambos artículos, recordé haber visto en agosto una noticia acerca de muertes de ovejas en la zona de la que hablaban Cardeñosa y Sierra, así que llamé al delegado del periódico El Correo en Las Encartaciones para preguntarle por los hechos. "Me parece recordar que se dijo que las muertes podían deberse a rencillas entre ganaderos", me advirtió. Tras pedirle una copia de la información publicada en la edición de la comarca, telefoneé al gabinete de prensa del Departamento de Interior para que me dieran su versión de los hechos. El agente de la Ertzaintza que me atendió me prometió que tendría la información solicitada en unos días; pero mis sospechas se empezaron a hacer realidad en cuanto llegó a mis manos una copia de la noticia publicada en el periódico en el que trabajo el 25 de agosto.

Javier Sierra, persiguiendo al chupacabras en Portugal.
El título hablaba de "medio centenar de ataques al ganado", la mitad que los censados por Sierra y Cardeñosa; el subtítulo llamaba la atención sobre un importante detalle: "Los afectados atribuyen las muertes a rencillas con ganaderos de otras provincias" [Domínguez, 1996]. José Antonio Bárcena, hermano del ganadero citado por Cardeñosa en Año Cero, decía haber perdido de mayo a agosto "más de 50 ejemplares", a los que sumaba 30 de su hermano y otras 12 de los demás vecinos. El autor de la información, José Domínguez, no tomaba el testimonio del campesino como palabra de Dios, sino que lo ponía en cuarentena y prefería llevar al titular no las especulaciones numéricas de uno de los afectados, sino los casos denunciados ante la Policía vasca. El afectado, por su parte, estaba convencido de que las muertes de ovejas tenían su origen en "rencillas con los ganaderos de Burgos". "El problema -apuntaba el periodista- radica en la ausencia de límites claros que marquen la frontera entre los pastizales de Burgos, Álava y Vizcaya".

Cosas de perros


Cada vez más seguro de que estaba persiguiendo fantasmas, aproveché un rato libre para rebuscar en la biblioteca, entre los periódicos de la segunda quincena de agosto, la noticia que había alertado a Cardeñosa y Sierra. Cuando di con la información de El Mundo que les había atraído hasta Vizcaya, lo entendí todo: "Cien ovejas aparecen muertas en Vizcaya con un pinchazo en el cuello". Allí estaba la mágica cifra, el número que ambos ufólogos habían dado por bueno, a pesar de que la Ertzaintza tenía constancia de menos de la mitad de casos, entre fallecimientos y desapariciones. "La gran parte de los pinchazos parecen ser de un animal con un solo colmillo, pero lo que está claro es que tiene que estar mandado por alguna persona que actúa por la noche", indicaba Ricardo Bárcena al rotativo madrileño [Zaballa, 1996]. En la información, los afectados achacaban los hechos a un psicópata acompañado de un animal, y se hablaba de que medio centenar de ovejas de José Antonio Bárcena habían "resultado muertas de un pinchazo en el cuello y una de ellas degollada con un cuchillo", y la yegua de su hermano -cuya muerte tanto había inquietado a Cardeñosa- "había aparecido muerta de un hachazo en el vientre".


Lo que parecía evidente, según iba completando el rompecabezas, es que las misteriosas muertes -que no eran cien- estaban causadas tanto por mordeduras de cánidos como por pinchazos en el cuello. ¿En qué proporción? Tuve que esperar al informe policial para saber si los ensacionalistas titulares de Más Allá y Año Cero se correspondían a la realidad. Y ocurrió lo previsible: toda la historia de Cardeñosa y Sierra se fue abajo. No había misterio por ningún lado. Las muertes se debían, en su mayoría, a la acción de perros incontrolados -algunos de los dueños de los canes habían reconocido su responsabilidad-; sólo una había sido causada por un pinchazo en el cuello, y los periodistas esotéricos la habían multiplicado por cien.


Ni Cardeñosa ni Sierra destacaban en sus reportajes el carácter eminentemente rural de la comarca de Las Encartaciones, que linda con Burgos, Cantabria y Alava, y el problema que suponen el lobo y los canes asilvestrados para los ganaderos de la zona. De hecho, a principios de octubre de 1996, el entonces diputado de Agricultura de Vizcaya, Patxi Sierra-Sesumaga anunció un plan especial para acabar con los ataques del lobo a los rebaños en la zona occidental de la provincia y, en el año y medio siguiente, los ataques del lobo en la comarca se cobraron más de una veintena de ovejas, tres carneros y varios potros. De todo esto, obviamente, no se dijo nada ni en Año Cero ni en Más Allá, revistas para las que el único problema de Las Encartaciones era el chupacabras, un ser del que los ganaderos no sabían nada hasta que los expertos de turno llegaron a la zona dispuestos a convertir la muerte de una oveja en un ataque con cien lanudas víctimas y del que nunca después han vuelto a hablar. ¡Pura filfa, vamos!


Sierra iba más allá en su artículo y, basándose en las especulaciones de un tal Ramón Oroz, a quien presenta como investigador -en realidad, se trata de un aficionado a lo paranormal-, extendía los supuestos ataques del chupacabras hasta la localidad navarra de Falces, aunque advertía de que "los casos de muertes por agujero no se han prodigado demasiado en Navarra, donde incluso han surgido testigos que creen haber visto merodear a lobos por sus tierras". Fíjense en la sutileza de la construcción sintáctica: el fenómeno extraordinario en Navarra es el lobo. Una tergiversación más, como puede comprobar cualquiera que esté al corriente de la realidad de la comunidad foral, donde el lobo dista de ser un desconocido. Pero es que, además, en abril de 1997 se constató la existencia de esporádicos ataques de buitres leonados a ganado vivo; un oso diezmó algunos rebaños en el Valle de Roncal durante la primavera de 1998; y los lobos multiplicaron meses después sus ataques a ovejas en la zona de Lerín. Algo que, cuando ocurrió en
el Valle de Arán en 1997, se atribuyó a la osa Giva, reintroducida en el Pirineo por la Generalitat de Cataluña.

Un 'asesino' hispano


Lo que está claro, tras este somero recorrido por la vida y milagros del chupacabras, es que este ser existe en la imaginación popular y en las revistas pseudocientíficas, pero no en la realidad. "El chupacabras -según el veterinario Ramiro Ramírez, director del estudio realizado por la Universidad Autónoma Metropolitana de México- no es más que otro digno producto del pensamiento populachero [Bazán, 1996]. "Desde que apareció la fiebre del chupacabras -apuntó en 1996 el sociólogo Roger Bartra-, los sufridos mexicanos tuvieron otro tema de plática diaria, y luego, cuando se le restó gravedad, lo transformaron en un factor x, un recurso para el albur facilón y el chiste bobo, como representar a Carlos Salinas, que absorbe mucho del descontento popular". En la actualidad, el mito ha remitido en México hasta tal extremo que la mayor parte de la ciudadanía cree que el vampiro extraterrestre es un invento del Gobierno o de Televisa para desviar la atención de los graves problemas del país. Todo esto, obviamente, ha sido sistemáticamente silenciado por las revistas esotéricas españolas, que, sin embargo, importaron el chupacabras en cuanto tuvieron la mínima oportunidad.


Que el salto trasatlántico del chupacabras haya sido uno de tantos engaños urdidos por los espabilados de turno, a partir de hechos más o menos ciertos y más o menos tergiversados, es totalmente compatible con la corta historia de este ser indudablemente hispano. Porque el chupacabras es un monstruo muy singular: actúe en Puerto Rico, México, Estados Unidos o España, sólo ataca a animales de ganaderos hispanos. Curioso, ¿no? Marvette Pérez, conservadora del Museo de Historia Americana de la Institución Smithsoniana, y de origen portorriqueño, no duda de que el chupacabras "parece ser un fenómeno caribeño, especialmente de las islas hispanas. Es parte de nuestro folclore. Es interesante que el chupacabras no se encuentre en las islas angloparlantes, y que sólo migre a lugares donde la población hable español" [Friedman, 1996].


Sus preferencias idiomáticas. Ése es el verdadero atractivo de este ser de leyenda nacido en Puerto Rico y cuya expansión hay que atribuir a la superstición campesina, los intereses políticos por desviar la atención de asuntos realmente graves, los lucrativos de los negociantes de lo oculto e Internet. Por primera vez, nos encontramos con un monstruo hispanoparlante, aunque, paradójicamente, no haya entrado todavía en el diccionario de la Real Academia Española.


El chupacabras, no obstante, no es el primer ser que surge en lo más profundo de Puerto Rico, sino que es el último -y el más famoso gracias a Internet- eslabón de una ya larga dinastía, que comenzó con el vampiro de Moca, que en los años 70 hizo de las suyas en el extremo oriental de la isla. Años después, el abuelo del chupacabras -al que el pueblo bautizó como comecogollos- se dedicó a devorar y dejar totalmente agostados los plataneros, mientras que su hijo -comepanties, lo llamaron- fue conocido como un insaciable consumidor de las medias que las mujeres ponían a secar en los colgadores. Con el chupacabras ya en la España de la posmodernidad, sólo nos queda una esperanza, que la especie continúe su evolución hasta el chupacaraduras y se extienda rápidamente por todo el mundo hispano.


Referencias


Bazán, Mercedes G. [1996]: 'La fiebre del chupacabras'. El Correo (Bilbao), 8 de septiembre.


Cardeñosa, Bruno [1996]: 'El chupacabras ataca en el País Vasco'. Año Cero (Madrid), Nº 75 (octubre), 40-42.


Carroll, Robert Todd [Fecha desconocida]: 'Chupacabra'. En Carroll, Robert Todd: The skeptic's dictionary.


Domínguez, José [1996]: 'La Ertzaintza investiga medio centenar de ataques al ganado en Las Encartaciones'. El Correo (Bilbao), 25 de agosto.


Friedman, Robert [1996]: 'The chupacabra becomes a recurring legend'. The San Juan Star (San Juan), 6 de mayo.


Matos, Claudio [1995]: 'Descartan seres extraños sean autores muerte de ganado'. Efe (Puerto Rico), 31 de marzo.


Sierra, Javier [1996]: '¿Ha llegado el chupacabras a la Península Ibérica?'. Más Allá (Madrid), Nº 92 (octubre), 50-56.


Zaballa, Carlos [1996]: 'Cien ovejas aparecen muertas en Vizcaya con un pinchazo en el cuello'. El Mundo (Madrid), 21 de agosto.



Texto de la charla ofrecida en noviembre de 1998 en el Instituto de América de Santa Fe (Granada), dentro del ciclo La America irracional.






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magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

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