04 Nov 2009

El abogado estadounidense Robert Rines, famoso por las fotos subacuáticas del monstruo de lago Ness que tomó en los años 70, murió de un infarto en Boston el domingo, según ha informado la prensa local. Junto con el naturalista británico sir Peter Scott, miembro de la Oficina de Investigación del Fenómeno del Lago Ness, bautizó a la criatura en la revista Nature, el 11 de diciembre de 1975, como Nessiteras rhombopteryx (El monstruo de Ness con aleta en forma de diamante), a partir de la forma de una de las supuestas aletas de Nessie captadas por él en una foto en agosto de 1972.

El nombre científico pronto fue objeto de chanzas. Sólo ocho días después del bautizo, el político escocés Nicholas Fairbairn anunció en The New York Times que había descubierto que un clarificador anagrama -palabra o frase formada por las mismas letras que otra palabra o frase en diferente orden- de Nessiteras rhombopteryx: Monster hoax by Sir Peter S. (Fraude del monstruo de sir Peter S.). Con el tiempo, se supo que la foto original -fotograma de una película- había sido retocada por un amigo de Rines que trabajaba en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) para eliminar lo que parecían cinco dedos, cuenta Ronald Binns en su libro The Loch Ness mystery solved (1984). Posteriormente, la imagen fue embellecida también por personal la Academia de Ciencia Aplicada, que no es una institución científica, sino una organización privada creada en 1963 por Rines, presidente de la entidad desde su fundación hasta el domingo. La imagen original correspondía, posiblemente, a un grupo de burbujas de aire y una aleta de algún pez o algún tipo de vegetación.

El bautizo de Nessie acabó mal para Rines después de que The Sunday Times reveló que estaba intentado sacar una buena tajada de las imágenes del monstruo y, en esa línea, las había querido vender a la revista National Geographic por 100.000 dólares y a Time por una cantidad que no trascendió. El excéntrico abogado dedicó sus últimos 37 años a perseguir a Nessie, al cual aseguraba haber visto en 1972 a través de una ventana de casa de un amigo escocés. "Parecía la espalda de un elefante", recordaba en 1997. Resulta muy difícil saber dónde acaba la realidad y empieza la ficción en las biografías del criptozoólogo que están publicando algunos medios, que incluyen un dúo de violín a los 11 años con Albert Einstein, la autoría de la partitura de varios musicales (parece cierto) y un sinfín de inventos; pero sus famosas fotos subacuáticas del monstruo son indudablemente fraudulentas.

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07 Oct 2009

Panteras en los montes de Vizcaya, cocodrilos en los pantanos madrileños y ahora leones sueltos por Levante. Al episodio del gran felino fantasma que en los últimos días ha movilizado a los cuerpos de seguridad en Tarragona y Castellón le quedan un par de telediarios, como mucho. Porque ha sido un remake a la española de los casos de ABC (alien big cats o grandes gatos extraños) habituales en Reino Unido, un episodio similar al que vivimos en Vizcaya en octubre de 2005, protagonizado entonces por una supuesta pantera a la que un agente de la Ertzaintza llegó a disparar en un pinar de Gorliz.

Como en el caso levantino, la fiera vasca era muy tímida, tanto que salió espantada cuando estornudó un testigo de una de sus apariciones. Todo empezó también con dos personas que creyeron haber visto una pantera. A partir de ahí, y sin más pruebas, se montó la consiguiente operación de búsqueda y captura, con declaraciones de veterinarios y expertos en el comportamiento de grandes felinos para regocijo de los medios. No importaba que nadie detectara ni rastro de un bicho de ese tipo: ni huellas, ni heces, ni nada. Al final, la pantera vasca desapareció sin más, como va a pasar con la leona catalano-valenciana supuestamente escapada de un circo sin identificar.

Según las últimas informaciones, todo apunta a que se trata de un perro asilvestrado que ha sido visto rondando contenedores de basura buscando comida. "Lo que los agentes han podido ver ha sido un perro. Se trata de un animal de dimensiones importantes, posiblemente de raza dogo o parecido, y que tiene unas características, no sólo el tamaño, sino también el pelo corto, la cola larga y arqueada, la cabeza grande, posiblemente de un macho, que nos han hecho pensar y recordar la silueta de un león. Es como un Scooby Doo", ha declarado a los medios Miquel Ángel García, subinspector de los agentes rurales de Tarragona. Por no haber, esta vez no ha habido ni foto borrosa de la leona, mientras que en el caso vasco tuvimos, cerca de Lemoiz, a un gato filmado sin referencias que podía dar el pego de pantera.

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30 Ago 2009

"Si mi padre estuviera vivo y le preguntaras si cree en la existencia del yeti, probablemente te diría que sí", me explicaba hace unas semanas la antropóloga estadounidense Kelly Stewart, experta en los gorilas de montaña. Sus progenitores, el actor James Stewart y su esposa, Gloria McLean, participaron en un extraordinario episodio tras los pasos del abominable hombre de las nieves. La aventura, de película, ocurrió a finales de los años 50, en la edad dorada de las expediciones al Himalaya, cuando el Gobierno nepalí otorgaba licencias de caza a quienes quisieran capturar al homínido a un precio de 400 libras por ejemplar.

"Fue en esa época cuando los cuentos populares se apoderaron de la imaginación del público en Occidente y cuando, sospecho, el folclore empezó a degenerar en falso folclore", apunta el primatólogo John Napier en su libro Bigfoot, the yeti and sasquatch in myth and reality (Mito y realidad del bigfoot, el yeti y el sasquatch, 1973). Fueron los años en los que montañeros y exploradores fotografiaron huellas de enormes pies en la nieve del Himalaya y creyeron que los monjes budistas guardaban reliquias de un ser para ellos escurridizo. Uno de esos aventureros fue Tom Slick, un heredero texano obsesionado con el yeti.

Slick, cuyo padre había hecho fortuna con el petróleo, organizó en 1959 una expedición a Nepal para cazar al homínido y concluyó que la prueba definitiva de su existencia podía ser una mano que guardaban los monjes del monasterio de Pangboche. Pero los lamas no querían saber nada de ceder la reliquia para un estudio científico, ante lo cual Peter Byrne, su hombre de confianza, dio el cambiazo al pulgar y la falange proximal del índice por huesos humanos. Byrne pasó los restos de Nepal a India sin problemas; pero temía que los hubiera al sacarlos de este segundo país. Ahí entró en escena el matrimonio Stewart.

Encuentro en Calcuta

El actor estaba en India de viaje con su esposa y era amigo de Kirk Johnson, empresario petrolero y copatrocinador de la expedición de Slick. Byrne se encontró con él en el Grand Hotel de Calcuta y le dio los huesos para que los llevara a Reino Unido, ya que presumía que los agentes de aduanas no iban a molestar a una estrella de Hollywood. Acertó. Los restos del yeti volaron a Londres entre la ropa interior de la mujer del actor, según cuenta en el cazador de monstruos Loren Coleman, quien rescató esta historia del olvido en los años 80 mientras preparaba una biografía de Slick.

Los análisis de los restos de la mano de Pangboche realizados en 1960 y en 1991 por dos criptozoólogos -buscadores de seres legendarios- apuntan a que son parecidos a huesos humanos, pero no son humanos. Nada concluyente. Otras reliquias del yeti han resultado ser huesos de leopardo, piel de oso... Kelly Stewart carece de pruebas de que la historia ocurriera como han contado en sendos libros Byrne y Coleman, aunque añade que su "falta de información" no implica que no sucediera. "Me imagino a mi padre haciendo algo así", admite. Coleman asegura, por su parte, que tiene una carta del actor, fechada el 18 de junio de 1989, confirmando los hechos.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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27 Ago 2009

Jason Cooke, un guardia de seguridad de Nottingham (Reino Unido), cree haber encontrado a Nessie en una imagen de Google Earth: puede verlo en latitud 57° 12' 52,13" N, longitud 4° 34' 14,16" O. "Es una imagen dramática y conmovedora. Probablemente sea el avistamiento más importante desde 1974, cuando unos campistas que estaban en el parque de caravanas del lago Ness vieron una gran criatura escamosa verde con una cabeza curvada y un cuerpo largo y delgado a las cuatro de la mañana. Es necesario un análisis detallado y consultar con el Consejo de Turismo de las Tierras Altas y las islas, pero creo que por fin estamos a punto de silenciar a los escépticos", ha declarado Cameron McSporran, director del Instituto de Nessieología Aplicada de la Universidad de Inverness, a The Guardian.

¿Qué quieren que les diga? A mí, esta especie de renacuajo gigante me parece más un bote navegando por el lago que otra cosa. Además, la única referencia al Instituto de Nessieología Aplicada -el nombre es de chiste- de la Universidad de Inverness que he encontrado es esta noticia y tampoco hay más datos en Internet del tal Cameron McSporran. Los pocos avistamientos de Nessie registrados en los últimos años hacen temer en Escocia que se pueda acabar el filón turístico del monstruo del lago Ness. "Estoy preocupado. No ha habido (recientemente) ningún avistamiento que certifique que Nessie y su familia están vivos y bien", admitía a comienzos de año Gary Campbell, del club de fans de Nessie. Así que Escocia necesita resucitar a una de sus principales atraciones turísticas como sea.

En febrero, Bernie Bamford, un ingeniero aeronáutico, había localizado la Atlántida en la llamada llanura abisal de Maderia también a través de Google Earth. En realidad, el supuesto trazado urbano era el resultado del recorrido del barco usado para cartografiar el fondo del océano.

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14 Ago 2009

Nessie es mucho más que un monstruo. Él solito aporta a las arcas de las Tierras Altas escocesas 8,5 millones de euros anuales que gastan los turistas que visitan la región con la esperanza de verlo. Lo que pasa es que, 76 años después de sus primeras grandes apariciones públicas, da la impresión de que la criatura se ha jubilado. Los avistamientos se han reducido hasta tal punto que sobran dedos de una mano para contar los registrados en 2007, 2008 y lo que llevamos de 2009. Y eso ha generado la lógica preocupación en Inverness.

Para el naturalista aficionado Adrian Shine, el bajón de observaciones se debe a que "vivimos tiempos más pragmáticos, y las personas son cada vez más conscientes del tipo de ilusiones que pueden ocurrir en el agua". Él llegó al lago en 1973 a la caza del monstruo, ha participado desde entonces en casi todos los proyectos de búsqueda y, a pesar de lo esquivo de Nessie, mantiene la fe. "No creo en el monstruo del lago Ness todavía porque no hay suficientes pruebas para ello. Pero mil personas como usted y como yo creen haberlo visto", declaraba a The Toronto Sun hace dos años.

Un animal tímido

La historia moderna de Nessie empezó en los años 30 del siglo pasado cuando, tras la construcción de una carretera ribereña, se multiplicaron los avistamientos del monstruo. La imagen más famosa de la criatura -reproducida hasta la saciedad en libros y revistas- es en blanco y negro y data de 1934. Se ve en ella un largo cuello que emerge de las aguas. Está coronado por una cabeza de serpiente. Era la mejor prueba de la existencia de un extraño ser hasta que en 1993 confesó el engaño el adulto que de niño modeló la figura y la puso sobre una base de madera para que fuera fotografiada. Tímido como los extraterrestres y el yeti, Nessie nunca se ha dejado fotografiar con nitidez ni ha salido en una de las grabaciones de las cámaras de vídeo que vigilan el lago.

La tradición apunta a que nos encontramos ante un plesiosaurio, un reptil acuático de la época de los dinosaurios que habría quedado atrapado en Escocia. Y ahí se suman nuevos problemas a la ausencia de pruebas: no hay bicho que viva tanto -los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años-, el lago Ness estuvo congelado durante mucho tiempo hasta hace unos 12.000 años y el alimento -los peces- no es lo suficientemente abundante para mantener a un predador de entre 10 y 20 toneladas.

Los criptozoólogos como Shine tienen, no obstante, respuesta para todo: estaríamos hablando no de un ejemplar, sino de una población de Nessies que entrarían de vez en cuando del mar al lago, permanecerían un tiempo en él y luego volverían a salir. Es una explicación a la medida de los inconvenientes que no resuelve nada, abre nuevas incógnitas -¿por dónde entran y salen?, ¿por qué nunca han sido descubiertos fuera del lago?- y sitúa al monstruo del lago Ness en el reino del Ratoncito Pérez, el de la ilusión.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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11 Ago 2009

La ciudad israelí de Kiryat Yam, en la bahía de Haifa, ha ofrecido una recompensa de un millón de dólares a quien pruebe la presencia en sus aguas de una sirena que, dicen, ha sido vista varias veces en los últimos meses haciendo cabriolas cerca de la costa. Según los medios locales, suele verse al mítico ser al anochecer, y muchas personas se reúnen al borde del mar para intentar captar su imagen. "La gente dice que es mitad chica, mitad pez, y salta como un delfín. Hace todo tipo de cosas y luego desaparece", ha declarado a Sky News el portavoz municipal, Natti Zilberman, quien niega que detrás de la recompensa haya una maniobra publicitaria, aunque espera que la sirena atraiga a los turistas. Como Nessie, vamos.

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10 Ago 2009

Un extraño ser viajó congelado de feria en feria por el Medio Oeste norteamericano a finales de los 60. Era un homínido de 1,8 metros y largo pelaje marrón, que parecía haber muerto de un disparo en un ojo. Se exhibía dentro de un bloque de hielo en un ataúd de cristal refrigerado. Frank D. Hansen, el dueño de la barraca, cobraba 25 centavos a quien quisiera ver de cerca al "hombre de la Edad del Hielo", una atracción de feria más cuando el herpetólogo Terry Cullen se interesó por él en Milwaukee en otoño de 1967.

Cullen trató de llamar la atención de la comunidad científica sobre el primate. No lo consiguió y, en diciembre de 1968, contactó con Ivan T. Sanderson, un naturalista que había escrito un libro defendiendo la realidad del yeti. Dio la casualidad de que Sanderson tenía como invitado en su casa al zoólogo belga Bernard Heuvelmans, el padre de la criptozoología, la búsqueda de seres legendarios. Los dos viajaron inmediatamente a la granja de Hansen en Minnesota y, tras tres días de exámenes visuales y fotos, concluyeron que Bozo, como llamaron al espécimen congelado, era algo extraordinario.

Hansen no quería que el hallazgo trascendiera, pero los cazadores de monstruos sí. Heuvelmans defendió, en el boletín del Instituto Real de Ciencias Naturales de Bélgica, que Bozo era un ejemplar de una especie neandertaloide que sobrevivía en Vietnam. Sanderson explicó en la televisión y en la revista Argosy que se trataba de un eslabón perdido entre el mono y el hombre, y pidió al primatólogo John Napier, de la Institución Smithsoniana, que examinara el cuerpo; pero, cuando el científico consiguió la autorización de sus jefes para hacerlo, Hansen dio la espantada.

El cambiazo

El feriante anunció en abril de 1969 que ya no tenía en su poder al homínido, y que nunca más lo volvería a tener ni a exhibir, aunque lo que iba a llevar de gira durante el verano se le "asemejaría en muchos aspectos". "Parecía que una réplica había reemplazado al original, pero no había, por supuesto, garantía de que el original fuera real", indica Napier en su libro Bigfoot, the yeti and sasquatch in myth and reality (Mito y realidad del bigfoot, el yeti y el sasquatch, 1973). La copia difería en detalles del hombre de hielo de Minnesota que habían visto los criptozoólogos en casa de Hansen.

Napier calcula que el feriante invirtió en 1967 unos 50.000 euros en crear la criatura original. Dos años después, como su éxito comercial era moderado, Hansen filtró su existencia a los dos cazadores de monstruos. Lo que no esperaba es que, a raíz del entusiasmo de Sanderson y Heuvelmans, una institución científica se interesara por su homínido. Entonces, descongeló el muñeco, le hizo pequeñas modificaciones, lo volvió a congelar y se inventó el cuento de la réplica. Nadie podría acusarle nunca con pruebas de estafar al público, de que todo había sido un montaje.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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01 Ago 2009

Los campesinos franceses creían hace 1.200 años que existía en las nubes una ciudad, llamada Magonia, en la que vivían unos brujos, los tempestarios, capaces de enviar tormentas para arruinar las cosechas. La creencia nació durante el reinado de Pipino el Breve (751-768), después de que los silfos, espíritus del aire, empezaron a manifestarse en el cielo, según recoge el abate Nicolás de Montfaucon de Villars (1635-1673) en sus Coloquios sobre las ciencias ocultas. "Se veía por los aires a esas admirables criaturas de aspecto humano, formadas de pronto en orden de batalla, desfilando, permaneciendo en armas, o acampadas bajo soberbios pabellones; o en navíos aéreos de admirable estructura en los que la flota volante navegaba a la deriva de los vientos".

Cuenta Montfaucon de Villars que el miedo popular a los silfos fue refrendado por sabios y teólogos, hasta el punto de que Carlomagno y su hijo Ludovico Pío "impusieron severos castigos a estos pretendidos tiranos del aire". Y que un día los vecinos de Lyon capturaron a tres hombres y una mujer que creían que habían llegado de Magonia en un barco volador. Los acusaban de ser magos enviados por un enemigo de Carlomagno para arrasar los campos e iban a lapidarlos cuando medió Agobardo, obispo de Lyon, quien dictaminó que no eran tempestarios, por lo que fueron liberados. El clérigo se pronunció contra esta superstición en su libro Contra insulsam vulgi opinionem de grandine et tonitruis (Contra las necias opiniones del vulgo sobre el granizo y el trueno).

El país de los ovnis

Magonia permaneció durante siglos en las nubes, ajena a los hombres, hasta que el ufólogo francés Jacques Vallée propuso en 1969 que "los seres de los ovnis actuales pertenecen al mismo tipo de manifestaciones que se describían en siglos pasados secuestrando humanos y volando a través de los cielos". Lo hizo en Pasaporte a Magonia, una obra en la que tiende un puente entre las visiones extraterrestres y las de ángeles, demonios, hadas y elfos. Todas son, para él, manifestaciones de un mismo fenómeno.

En su libro Dimensions, Vallée escribió en 1989 que "Magonia constituye una suerte de universo paralelo que coexiste con el nuestro". La idea de una realidad alternativa que estaría en el origen de cosas tan dispares como los ovnis, los monstruos y los fenómenos psíquicos tuvo en John Keel, un escritor esotérico estadounidense recientemente fallecido, uno de sus principales impulsores. Keel empezó como ufólogo, pero renegó en 1967 del origen extraterrestre de los platillos volantes para defender que son una manifestación ultraterrestre, "procedente de otro orden de existencia", como el resto de los fenómenos paranormales.

Magonia está hoy en día por todos lados en forma de fantasmas, extraterrestres, profecías, desapariciones, curaciones milagrosas, monstruos y otros prodigios predicados por algunos como hechos incuestionables. ¿Pero lo son de verdad o estamos ante algo equiparable a los ejércitos que desfilaban por el cielo en tiempos de Pipino el Breve?

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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13 Jul 2009

Julio Arrieta, Javier San Martín y yo hablamos el 8 de julio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre John Keel, el fantasma de Michael Jackson y las conspiraciones alrededor de la muerte del Rey del Pop, en la trigésima quinta entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

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07 Jul 2009

El escritor John A. Keel, creador del hombre polilla, falleció el viernes, a los 79 años, en el hospital Monte Sinaí de Nueva York. Vivía desde hace meses en una residencia próxima a su apartamento de Manhattan, según contaba ayer el criptozoólogo Loren Coleman, uno de sus amigos. Con la muerte de Keel, desaparece uno de los grandes autores de lo paranormal, un hombre que se movió en la frontera de la credulidad y el escepticismo.

"En posteriores desventuras [a las andanzas en Point Pleasant detrás del hombre polilla] tuve experiencias con numerosas fuerzas demoníacas y, aun en mi ignorancia, soy muy consciente de que nuestro planeta entero está ocupado por cosas que sólo vemos por casualidad y que parecen capaces de alucinar nuestras mentes e incluso de controlar nuestros pequeños y débiles cerebros", escribió en 2001 en un epílogo para la reedición de su clásico The mothman prophecies (1975). Parecía una firme declaración de credulidad, pero un párrafo después añadía: "Nosotros hemos embrujado este planeta; sus habitantes se limitan a combatir el aburrimiento llenando de monstruos nuestros mares y nuestros cielos". Y antes había escrito que "el resultado final [de las búsquedas de monstruos como el hombre de las nieves, Nessie y el chupacabras] fueron millones de dólares tirados por el retrete, mientras cientos de malas películas y programas de televisión aún peores se producían en serie, al tiempo que se publicaban enormes montones de libros malísimos que aún se utilizan para apuntalar mesas en las comunidades más pobres".

Dudo mucho de que el autor de ese epílogo se creyera al final de su vida la mayoría de las cosas que había escrito en sus libros. Más bien, pienso que John A. Keel jugaba a creérselo, a la ambigüedad como una manera de no mentir abiertamente, pero tampoco desentrañar el misterio. Para mí, el escritor que era aprovechaba el material en bruto que le proporcionaban los testigos de hechos aparentemente extraordinarios para recrear la realidad al gusto forteano; es decir, repleta de las anomalías que cautivaron en su día a Charles Fort. Supongo que alguna de las biografías que no tardarán en publicarse ahondará en las contradicciones que revela el epílogo de The mothman prophecies.

Paraufólogo

Nacido como Alva John Kiehle el 25 de marzo de 1930, John Keel comenzó su carrera literaria como guionista de radio y televisión. En su primer libro, Jadoo (1957), desmontó trucos de los faquires y santones indios como el de la cuerda trepadora, y persiguió al hombre de las nieves. Después de escribir una novela y artículos para la revista Flying Saucer Review, se volcó en lo paranormal. Escribió sobre ovnis y se convirtió en uno de los pioneros de la paraufología, que rechaza que los ovnis sean naves de otros mundos. "Abandoné la hipótesis extraterrestre en 1967 cuando mis propias investigaciones de campo desveló un sorprendente solapamiento entre los fenómenos psíquicos y los ovnis", puede leerse en su entrada de las diferentes ediciones de The ufo encyclopedia, de Ronald D. Story.

En su opinión, "los objetos [se refiere a los platillos volantes] y apariciones no necesariamente se originan en otro planeta y puede que ni siquiera existan como construcciones permanentes de la materia. Es más probable que veamos lo que queremos ver e interpretemos esas visiones de acuerdo a nuestras creencias contemporáneas". Los ovnis eran en su universo forteano una manifestación más de esas entidades que están en nuestro mundo sin estar en él y controlan nuestras mentes. otras manifestaciones serían las hadas, las apariciones religiosas, los milagros, los monstruos, las aeronaves misteriosas, los fenómenos psíquicos... Según su amigo Jerome Clark, era un radical del origen ultraterrestre de los platillos volantes, entendiendo como tal un fenómeno cambiante "procedente de otro orden de existencia".

El hombre polilla le hizo famoso fuera del mundillo paranormal gracias a Mothman, la última profecía, película en la que su personalidad de Keel se desdoblaba en la del personaje de Richard Gere, que daba vida a un periodista, y la del de Alan Bates, un profesor de Física de apellido Leek -Keel, al revés- que estaba al tanto de las andanzas del monstruo de ojos rojos. John A. Keel sufrió un infarto en octubre de 2006 y su estado de salud le obligó en los últimos meses a vivir en una residencia de ancianos de Nueva York. "Si ve un monstruo de ojos rojos, normalmente significa que va a morir en seis meses", advertía Keel hace siete años en el número 156 de la revista sobre fenómenos extraños Fortean Times.

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Misterios a la luz de la ciencia
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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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