15 Mar 2007

Umberto Eco. Foto: Efe.

Es sabido que Umberto Eco no comulga con las bobadas de la Nueva Era. Ahí está El péndulo de Foucault (1989), obra en la que hace con la literatura esotérica lo que Cervantes con la novela de caballerías. Eco ha dedicado en los últimos años algunos pequeños ensayos a poner en su sitio cosas diversas, artículos que se recogen en su última obra, A paso de cangrejo. Reflexiona, por ejemplo, sobre el avance del creacionismo, la alquimia, el negocio de los videntes, el tercer secreto de Fátima, los cuentos de Dan Brown y todas las tonterías sobre los templarios que tanto dinero están dando a un creciente grupo de pseudonovelistas y pseudohistoriadores.


"Ningún tema ha inspirado jamás las mayores mediocridades de todos los tiempos y de todos los países como la historia templaria", sentencia Eco. Tiene razón. Cualquiera puede comprobarlo en las liberías. Y el intelectual italiano ofrece una fórmula para distinguir rápidamente el grano de la paja: "La única manera de reconocer si un libro sobre los templarios es serio es controlar si termina en 1314, fecha en que su gran maestre es quemado en la hoguera". La mayoría no termina en esa fecha porque el negocio está más acá, en traerse a los templarios hasta nuestros días como sea.


Cuenta Eco muchas cosas en la quinta parte del libro, que lleva el título de La suma y el resto. Así, en el apartado 'Creer en los médiums', que pueden leer íntegro en la web del Círculo Escéptico, recomienda a quien quiera cambiar de trabajo que se dedique a la videncia, un oficio "de los más lucrativos y (contrariamente a lo que podáis pensar) de los más sencillos. Basta con tener cierta dosis de simpatía, una mínima capacidad para entender a los demás y cierta falta de escrúpulos. Pero, aún sin poseer estas cualidades, la estadística siempre trabaja a vuestro favor". Y, seguidamente, explica al lector una serie de trucos para ejercer de augur con todas las garantías.


Además, ante el avance del creacionismo en Estados Unidos, el autor de El nombre de la rosa hace una lectura evolucionista del relato poético del Génesis, que "parece dar la razón a Darwin: primero se produce una especie de Big bang con la explosión de la luz, luego los planetas adquieren forma y en la Tierra se producen grandes convulsiones geológicas (las tierras se separan de los mares), de modo que aparecen los vegetales, los frutos y las simientes, finalmente las aguas se convierten en un hervidero de seres vivos (la vida comienza a surgir del agua), levantan el vuelo los pájaros, y sólo después aparecen los mamíferos (es imprecisa la posición geológica de los reptiles, pero no se le puede pedir demasiado al Génesis). Sólo al final y como culminación de este proceso (después de los grandes simios antropomorfos, supongo) aparece el hombre. El hombre que -no lo olvidemos- no es creado de la nada, sino del barro, es decir, de la materia anterior. Más evolucionista (aunque sea en un tono elevadamente épico) imposible".


Eco atina, a mi juicio, cuando señala lo que le parece más irritante de todo el movimiento de la Nueva Era: el sincretismo. "Y el sincretismo (en su estado puro) no consiste en creer en una cosa, sino en creer en todas las cosas, aunque sean contradictorias entre sí". Esa capacidad de los vendedores de humo para explotar una idea y su contraria -alardear de contactos militares y, al mismo tiempo, acusar a otros de colaboracionistas por conseguir documentación del Ejército sobre el fenómeno ovni, por ejemplo-, junto a la inmensa ingenuidad de sus fans, es una de las características que más me sorprende del negocio del misterio, del negocio del engaño.


Eco, Umberto [2006]: A paso de cangrejo. Artículos, reflexiones y decepciones (2000-2006) [A passo di gambero. Guerre calde e populismo mediatico (2000-2006)]. Trad. de María Pons Irazazábal. Editorial Debate. Barcelona 2007. 496 páginas.

55 comentarios | Enlace permanente

21 Jul 2006

El mito de los ovnis está en coma y al borde de la muerte desde hace lustros. Los extraterrestres ya han hecho todo lo que podían hacer: desde sobrevolar ciudades y asustar a campesinos solitarios hasta participar en complots y experimentar con humanos. No queda sitio para la sorpresa. Por eso, totalmente agotado, hace tiempo que el mito no tiene apenas hueco en las estanterías de librerías y grandes almacenes. De ahí que cuando el escéptico catalán Juan Soler me regaló hace unas semanas los tres primeros libros de una nueva colección de la Editorial Laetoli, dejara para el final Los ovnis ¡vaya timo!, obra de Ricardo Campo. Me interesaba a priori más los otros dos: lo que Ernesto Carmena contara en El creacionismo ¡vaya timo! y Félix Ares, en La sábana santa ¡vaya timo! La lectura de los tres ensayos inaugurales de la colección ¡Vaya timo! ha puesto en evidencia lo erróneo de mi apriorística opinión: por diferentes razones, tanto la obra de Carmena como la de Ares resultan fallidas, y es la de Campo la única que realmente responde a lo anunciado por el editor.

El creacionismo ¡vaya timo! es decepcionante no por su contenido, sino por su forma. Es una lástima que el biólogo Ernesto Carmena haya desperdiciado la oportunidad de poner al alcance de mucha gente una crítica razonada del creacionismo. Porque este libro es un alegato en el que los buenos argumentos -que los hay, y muy buenos- quedan sepultados bajo el insulto y el desprecio continuado que muestra el autor hacia sus destinatarios. No entiendo que una obra lleve el subtítulo de Carta a un crédulo y esté salpicada de insultos a ese crédulo. El discurso de Carmena remonta el vuelo, y tiene momentos brillantes, cuando deja de lado el lenguaje tabernario o de discusión característico de los grupos de noticias de Internet, pero se desploma durante gran parte del ensayo porque el autor escribe desde la superioridad y califica a los creyentes creacionistas, entre otras lindezas, de "palurdos", "zoquetes", "merluzos", "zoquetes ignorantes", "cenutrios", "IDiots" y "listillos".

Llamarle a alguien palurdo y merluzo no es la mejor manera de atraerlo hacia el bando de uno. Lo más triste es que Carmena sabe que ese discurso abiertamente hostil y despectivo no lleva a ninguna parte. Así, cuando habla de Duane Gish, un creacionista acostumbrado a los debates públicos, el autor dice: "Gish es un vendedor nato. El tipo sube al estrado seguro de sí mismo, sonríe, habla relajadamente y hace simpáticos chistes a costa de su rival (sólo los justos: la humillación resulta contraproducente)". Entonces, ¿por qué recurre él a la humillación como estrategia? Ese grave error hiere a mi juicio de muerte la obra y, a ojos de algunos lectores, convertirá a los creacionistas en unos tipos simpáticos víctimas de un escéptico faltón. Estos nuevos libros escépticos tienen como público objetivo "ese crédulo que llevamos dentro", según Javier Armentia, director de la colección ¡Vaya Timo! La duda que me queda tras leer el trabajo de Carmena es si el autor ha entendido que lo que se pretende con la colección es que ese crédulo dé el salto a razonar y no el salto al cuello del autor que corresponda.

Una obra desfasada

Tampoco el libro de Félix Ares, ex director del museo de la ciencia de San Sebastián, responde a mis expectativas. Como en el caso anterior, me había hecho a la idea de que iba a encontrarme con una obra sobre el sudario de Turín imprescindible en la biblioteca de alguien interesado por el tema. No es así. Casi todo en La sábana santa ¡vaya timo! es viejo, sabido. Lo que, por ejemplo, se cuenta respecto al análisis del carbono 14 y los polénes de Max Frei ya lo explicaron hace tiempo muy bien
Lynn Picknett y Clive Prince en El enigma de la sábana santa (1994). Eso no sería un factor en contra del libro, si no fuera porque pasa por alto inexplicablemente algunos de los más recientes hallazgos en torno al sudario de Turín y la fiebre novelesca que rodea a la reliquia, que ha dado lugar a grandes éxitos de ventas como La hermandad de la sábana santa (2004), de Julia Navarro. No busquen en la obra de Ares explicaciones al descubrimiento en la tela de una segunda cara por parte de Giulio Fanti y Roberto Maggiolo, ni a la afirmación de Ray Rogers de que las muestras analizadas por el radiocarbono no eran representativas de la reliquia -desmontada por Joe Nickell-; ni siquiera a la idea de que Leonardo fabricó el sudario de Turín.

La mayor parte de La sábana santa ¡vaya timo! fue redactada hace más de un decenio y hay fragmentos que se remontan a la segunda mitad de los años 80, cuando Ares, Jesús Martínez y quien esto escribe perpetramos un manuscrito, titulado El fraude lo paranormal, al que el tiempo ha hecho justicia sumiéndolo en el olvido. Aquel libro contenía información interesante, pero, entre otros defectos, la redacción y el enfoque dejaban bastante que desear. En 1995, Ares firmó con el pseudónimo de Dr. Fabián Respighi una obra corta titulada La sábana santa para torpes, escrita por un torpe, deudora en gran parte de la anterior y que distribuyó gratis. Lo que ha publicado ahora Laetoli es poco más que una revisión de ambos textos, con capítulos enteros copiados de ellos. Y eso es un lastre para La sábana santa ¡vaya timo! porque ninguno de los dos trabajos anteriores tenía la suficiente entidad como para convertirse en libro y hace tiempo se habían quedado anticuados. Ares podía haber aprovechado la información útil contenida en El fraude lo paranormal y La sábana santa para torpes... para emprender la redacción de una obra desde el folio en blanco -libre de ataduras- y prestar una mayor atención a las noticias ocurridas en los últimos años. No lo ha hecho y, de ahí, mi decepción. Echo en falta todo eso, fotografías de la reliquia que faciliten la lectura y la comprensión de lo que el autor explica y también una referencia en las recomendaciones bibliográficas: la de Inquest on the shroud of Turin (1983), de Joe Nickell, el mejor libro sobre este enigma.

Viaje a Ovnilandia

El mejor de los tres primeros títulos de la colección ¡Vaya Timo! es el que menos me esperaba, el dedicado al mito de los platillos volantes. Mi desconfianza no era hacia el autor, de cuyo carácter concienzudo a la hora de redactar y examinar un original puedo dar fe, sino hacia la posibilidad de leer algo que aportara alguna novedad respecto al fenómeno ovni. Campo ha conseguido lo segundo. Ha escrito un texto intelectualmente sólido que no se entretiene innecesariamente en el recorrido habitual por la casuística, sino que rasca en los pilares del mito y le enseña al lector que son de barro. Filósofo interesado en los platillos volantes desde hace casi veinte años, ha concebido su trabajo como una carta a su hijo después de haber detectado, entre sus lecturas, "revistas sobre asuntos extraños, misteriosos, enigmáticos". Es una misiva escrita desde la tranquilidad y con una capacidad pedagógica enviadiable, en la que el autor hace una magnífica disección de todos los actores que intervienen en el hecho ufológico.

Un buen amigo me ha dicho que echa en falta en el libro de Campo la casuística clásica. Es cierto. Si usted busca el típico libro que comience con la observación de Kenneth Arnold en junio de 1947 y acabe con los ovnis de México de hace un año, no es ésta la obra que quiere. En Los ovnis ¡vaya timo!, los casos son los ejemplos utilizados por el autor para ilustrar usos, abusos, costumbres y vicios de Ovnilandia. No es la única obra que puede escribirse sobre el mito -el propio Campo tiene otra: Luces en los cielos-, pero ofrece las claves para entender una creencia que ha sido para algunos un gran negocio: habla del secreto oficial, de las alertas ovni, de la falacia del residuo, de la lógica que manejan los ufólogos de feria, de sus trampas... Y, cuando la acaba de leer, uno concluye que realmente ha merecido la pena hacerlo.

Los libros de ¡Vaya Timo! son baratos -cuestan 10 euros cada uno-, con buena encuadernación y diseño, y portadas atractivas. Si leen el dedicado a los ovnis, les aseguro que no les defraudará. Sobre el centrado en el creacionismo, la abundancia de insultos resulta molesta y me lleva a compartir el juicio formulado en El blog de evolutionibus: "Éste era un libro necesario en español en nuestras librerías, pero no creo que sea el que todos esperábamos". Y el de la sábana santa es un ensayo viejo que se deja demasiadas cosas en el tintero, además de que en el apartado histórico es conveniente tener en cuenta las puntualizaciones del historiador José Luis Calvo. Mi recomendación personal es que los lean y lleguen a sus propias conclusiones, que es lo que siempre hay que intentar hacer. Además, si compran estos títulos estarán contribuyendo económicamente al sostenimiento del movimiento escéptico, porque la colección está editada por Laetoli en colaboración con ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, entidad a la que en las portadas y dentro de estos libros se le ha caído el ARP del nombre. ¡Y eso sí que es un misterio! ¿O no?

Los libros

Carmena, Ernesto [2006]: El creacionismo ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. "¡Vaya Timo!", Nº 1). Pamplona. 152 páginas.

Campo, Ricardo [2006]: Los ovnis ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. "¡Vaya Timo!", Nº 2). Pamplona. 135 páginas.

Ares, Félix [2006]: La sábana santa ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. "¡Vaya Timo!", Nº 3). Pamplona. 135 páginas.





34 comentarios | Enlace permanente

11 May 2006

¿UNA MUJER A LA DIESTRA DE JESÚS? Leonardo capta en 'La Última Cena'  (1495-97) el momento en el que Jesús revela a sus discípulos que uno de ellos le va a traicionar. La apariencia femenina de Juan, que lleva a Dan Brown a defender que se trata de María Magdalena, es una característica compartida por Felipe, el cuarto apóstol por la derecha.

Dan Brown afirma, en el preámbulo de El código Da Vinci, que "todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces". Sus críticos dicen que no es así. En febrero de 2004, Laura Miller sentenció en La burla Da Vinci, un artículo publicado en The New York Times, que "el material de no ficción" de la obra tiene "aversión a la autenticidad". La periodista francesa Marie-France Etchegoin y el filósofo y sociólogo Frédéric Lenoir acusan a Brown, en El código Da Vinci: la investigación (RBA, 2005), de "mencionar hechos reales, pero deformar su sentido, retorcerlos en cierto modo, para ajustarlos a la trama novelesca" y, encima, presentarlos en la nota previa como ciertos. Michael y Veronica Haag sentencian, en El código Da Vinci al descubierto (Ediciones B, 2005), que la obra "no contiene más verdad que la que se encuentra en las ficciones de Tom Clancy o Terry Pratchett, o en las de J.K. Rowling y su mundo de Hogwarts". ¿Es para tanto?

Más de 40 millones de ejemplares de El código Da Vinci se han vendido desde que en marzo de 2003 llegó a las librerías. A partir del 19 de mayo, a buen seguro que se sumarán a los seguidores de Brown muchos de los que vayan a ver la película homónima protagonizada por Tom Hanks y Audrey Tautou, que interpretan a Robert Langdon, experto en simbología de Harvard, y a la policía criptóloga Sophie Neveu. La pareja se conoce después de que un monje albino miembro del Opus Dei asesina en el Louvre al conservador del museo, Jacques Saunière, que dedica su agonía a dejar pistas relacionadas con las obras de Leonardo da Vinci para que los protagonistas descubran el más grande de los secretos: que el Santo Grial existió y que donde Jesús vertió simbólicamente su sangre no fue en una copa, sino en el vientre de María Magdalena. El linaje fundado por la pareja bíblica habría dado origen a los merovingios -dinastía que gobernó Francia entre los siglos V y VIII- y llegado hasta nuestros días.

El primer enigma reivindicado por Brown no forma parte directa de la trama. El apellido del conservador del Louvre remite al llamado misterio de Rennes-le-Château, un pueblo del sur de Francia donde, a caballo entre los siglos XIX y XX, un cura se gastó una fortuna en la restauración de una iglesia. Se llamaba Bérenger Saunière, llegó a la localidad en 1885 sin un céntimo, sus ataques a la república le hicieron pronto merecedor de una donación de 3.000 francos de María Teresa de Módena, viuda del pretendiente al trono francés Enrique V, e invirtió ese dinero en obras en el altar mayor. Según la leyenda, el sacerdote encontró en el pilar hueco del altar unos misteriosos pergaminos y, en el suelo, una losa que daba entrada a una cripta donde halló el tesoro de los cátaros, el Arca de la Alianza, las Tablas de la Ley, el tesoro del templo de Jerusalén o unos documentos en los que se revelaba un turbador secreto, depende de la versión de la historia que se prefiera.

¿JUAN O MARÍA MAGDALENA? Todo el montaje de Dan Brown descansa sobre la idea de que el Juan de 'La Última Cena' de Leonardo es una mujer.Hasta 1915, los gastos de Saunière -que incluyen obras en el templo, la compra de terrenos y la edificación de una villa y una torre- "rozan, sin alcanzarlos, los 200.000 francos", sostiene Massimo Introvigne en Los Illuminati y el Priorato de Sión (Rialp, 2005). ¿De dónde sacó un cura de pueblo tanto dinero? Los vendedores de misterios dicen que de un tesoro o de la venta de alguno de los valiosos objetos bíblicos que presuntamente encontró en el subsuelo de la iglesia de Rennes-le-Château; la realidad es mucho más terrenal. En las cuentas del sacerdote consta que, entre 1893 y 1915, se embolsó dinero por más de 100.000 misas encargadas por particulares, que nunca llegó a celebrar. El tráfico de misas fue la fuente de financiación de las inversiones inmobiliarias de Sauniére, que puso desde el principio todas sus propiedades a nombre de Marie Denardaud, su fiel ama de llaves y quizás algo más. Así que, de misterio, nada. ¿Y los pergaminos del pilar? Según Gérard de Sède, autor de El oro de Rennes (1967), un clásico moderno del esoterismo, los documentos probarían que el linaje merovingio no se extinguió y que su último representante, y legítimo heredero del trono francés, sería un tal Pierre Plantard de Saint-Clair, gran maestre del Priorato de Sión.

Leonardo y el Priorato de Sión

Ya tenemos dos puntos de conexión más entre el misterio de Rennes-le-Château y El código Da Vinci: el Priorato de Sión y los apellidos Plantard de Saint-Clair, que en la novela corresponden a uno de los protagonistas, descendiente de Jesús y María Magdalena. Brown nos cuenta, en la nota previa titulada Los hechos, que "el Priorato de Sión -sociedad secreta europea fundada en 1099- es una organización real. En 1975, en la Biblioteca Nacional de París se descubrieron unos pergaminos conocidos como Les Dossiers Secrets, en los que se identificaba a numerosos miembros del Priorato de Sión, entre los que destacaban Isaac Newton, Sandro Boticelli, Victor Hugo y Leonardo da Vinci". Esos personajes son los grandes maestres antecesores de Saunière, guardianes del secreto de la estirpe de Jesús.

SÍMBOLO. La pirámide del Louvre, que no está construida con 666 paneles de cristal, como dice Brown. Foto: Sony PicturesEl eje de la trama es el Priorato de Sión. La muerte de un gran maestre, Sauniére, enciende la mecha de la acción y la mayoría de las claves que llevan hasta el desenlace están vinculadas a Leonardo en su calidad de dirigente de la sociedad y, por tanto, conocedor del secreto. Brown argumenta, por boca de Robert Langdon, que el Priorato de Sión lo fundó el duque Godofredo de Bouillon en Jerusalén en 1099, por temor a que a su muerte se perdiera "un secreto que había estado en conocimiento de su familia desde los tiempos de Jesús". La sociedad transmitiría de generación en generación una verdad que confirmaban unos documentos enterrados en los restos del templo de Jerusalén, que fueron recuperados años después por el brazo militar del Priorato de Sión, los templarios.

Las pruebas de la existencia del Priorato de Sión no se remontan, sin embargo, más allá del 25 de junio de 1956. Aquel día, el antisemita, ultraderechista y filonazi Pierre Plantard de Saint-Clair inscribió la entidad en la subprefectura de Saint-Julien-en-Genevois, en la Alta Saboya, han constatado Etchegoin y Lenoir. El objetivo de la sociedad era, según sus estatutos, "la constitución de un orden católico destinado a restituir, de forma moderna pero manteniendo su carácter tradicional, la antigua caballería". El Priorato de Sión y la estirpe de Jesús y María Magdalena se unen por primera vez en el mundo real en El enigma sagrado (1982), obra de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, cuyas ideas son el poso del libro de Brown. Años después, en El legado mesiánico (1986), los tres escritores desenmascararon a Plantard como el artífice de Les Dossiers Secrets, papeles que contienen la lista de grandes maestres del Priorato de Sión y la genealogía sagrada. En Comprendiendo El código Da Vinci. La historia completa (2006), documental de National Geographic, Lincoln dice que Plantard le confesó el engaño y añade que él no se cree nada de lo que ha escrito con Baigent y Leigh acerca de Jesús y sus descendientes.

Si los documentos de la Biblioteca Nacional de París son falsos y el Priorato de Sión no existió antes de 1956, esa organización ni pudo estar en el origen de los templarios, ni guardar un secreto desde hace casi un milenio, ni tener a Leonardo entre sus grandes maestres. El código Da Vinci carece, pues, de fundamento histórico. ¿Qué pasa entonces con las claves contenidas en las obras de Leonardo que apuntan al matrimonio de Jesús y María Magdalena, con la leyenda de que ésta llegó embarazada al sur de Francia y con los textos cristianos que se citan?

El linaje de Jesús

FEMENINO. 'San Juan Bautista' (1513-16), de Leonardo.Brown sostiene que, en La Última Cena de Leonardo, el personaje sentado a la derecha de Jesús no es Juan, sino María Magdalena, que ocupa ese lugar por ser la esposa del Mesías. El problema es que, de ser así, las cuentas fallan. A la mesa hay trece personajes, incluido Jesús. Si Juan es María Magdalena, ¿dónde está el auténtico Juan? La explicación es muy sencilla: Juan es Juan. Leonardo pintaba a los jóvenes bellos con rasgos andróginos, como los del ángel Uriel de La Virgen de las rocas y un Juan Bautista con pelo rojo ensortijado que se le atribuye.

El historiador palentino José Luis Calvo ha descubierto, además, que algunos párrafos de la parte de la novela dedicada al misterio de La Última Cena tienen un sospechoso parecido con otros de La revelación de los templarios (1997), obra de pseudohistoria de Lynn Picknett y Clive Prince que, como El enigma sagrado, Brown cita entre los volúmenes de la biblioteca de historiador Leigh Teabing, personaje con el que el novelista homenajea a Richard Leigh y Michael Baigent.

TERGIVERSACIÓN. 'La Virgen de las rocas' (1483-86), de Leonardo.Otra pintura de Leonardo en la que, según El código Da Vinci, hay un mensaje oculto es La Virgen de las rocas, un óleo de dos metros de altura que está en Louvre. Brown reduce su tamaño hasta el metro y medio para que la joven criptóloga pueda, en una escena clave, asomar la cabeza por detrás del cuadro y amenazar con romperlo de un rodillazo. Más adelante, Langdon explica a Neveu que la pintura es enigmática porque Juan Bautista niño, a la derecha, bendice a Jesús niño, a la izquierda, al tiempo que la Virgen tiene su mano izquierda sobre la cabeza del segundo, amenazadoramente. La realidad es que Brown cambia de sitio a los dos niños y la mano de la Virgen se iza protectora sobre la cabeza de Jesús, que está junto al ángel Uriel. En este mismo error, ¡qué casualidad!, incurrieron años antes los autores de La revelación de los templarios. ¿Es eso una descripción veraz?

¿Pero tuvieron o no hijos María Magdalena y Jesús? No hay ninguna prueba de que así fuera, ni siquiera de que estuvieran casados. Hay fragmentos en los evangelios que apuntan a una relación particularmente estrecha entre ambos, como que la primera persona a la que se aparezca Jesús resucitado sea María Magdalena; pero nada más. Existen en los textos del cristianismo primitivo las suficientes contradicciones como para no poder dar muchas cosas por buenas ni por malas, incluido el matrimonio de Jesús con una mujer a la que el papa Gregorio I (540-604) identificó erróneamente con una prostituta en 591. El Vaticano admitió en 1969 que el Pontífice se había equivocado y que la pecadora y María Magdalena son dos personajes diferentes del Evangelio de Lucas.

"Nada en el cristianismo es original", sentencia el historiador Leigh Teabing en El código Da Vinci, una novela que peca de ese mismo defecto. Porque Brown deforma la Historia y el Arte para que encajen con la pretensión de que el Santo Grial fue María Magdalena, idea que tampoco es suya, sino de autores como Baigent, Leigh, Lincoln y otros.


A rebufo de Dan Brown

Las estanterías están a reventar de obras que desentrañan las claves de la novela de Dan Brown. Tres destacan por su interés: El código Da Vinci: la investigación, de Marie-France Etchegoin y Frédéric Lenoir; El código Da Vinci al descubierto, de Michael y Veronica Haag; y Los Illuminati y el Priorato de Sión, de Massimo Introvigne.

'MARKETING'. Portada con la que salió al mercado el libro 'Sindonem', de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, y versión posterior al éxito de la novela de Dan Brown.El resto de lo editado corresponde en su mayoría a autores que engordan misterios inexistentes. También hay quien ha cambiado el título y la portada de una novela para jugar a la confusión y aprovecharse de ella. Es el caso de Sindonem (2000), de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, en la que se relaciona a Leonardo con la sábana santa, reliquia fabricada un siglo antes que el genio renacentista. Esta novela no vendió prácticamente nada hasta un cambio de portada y un rebautizo como El último secreto de Da Vinci (2004). Después del lavado de cara, va por la decimoquinta edición.

Publicado originalmente en el suplemento Territorios de la Cultura del diario El Correo.


51 comentarios | Enlace permanente

04 May 2006

Hubo un tiempo en el que la idea de que seres extraterrestres visitaron la Tierra en la Antigüedad y ayudaron a algunas culturas -preferentemente no europeas- a realizar grandes obras dio tanto dinero como ahora El código Da Vinci y todas sus imitaciones. Fue hace casi cuarenta años cuando los dioses astronautas asaltaron las librerías con Recuerdos del futuro (1968), de Erich von Däniken, y un gran número de obras que autores como Peter Kolosimo, Andrew Tomas, Louis Charpentier y Robert Charroux publicaron para aprovechar el tirón de la obra del hostelero suizo.

Domingo Santos publicó la novela Los dioses de la pistola prehistórica en 1966, el mismo año en el que Däniken se puso a escribir su primera obra y tres después de la aparición del primer libro de Charroux. Supe de ella gracias a La ciencia ficción española (2002), una magnífica obra colectiva que recoge la historia del género en nuestro país y en la que Miquel Barceló escribe al capítulo dedicado a Santos, en el que dice que esta novela trata "de los típicos temas que hicieron famosos (y de oro...) a Däniken, Kolosimo y Benítez hace años". Ni que decir tiene que desde entonces busqué esta obra por todas partes sin resultado hasta que, en octubre pasado, tras la Primera Conferencia Iberoamericana sobre Pensamiento Crítico, me topé con ella en una librería de Buenos Aires, de la que también salí cargado con una veintena de ejemplares de Planeta, revista dirigida por Louis Pauwels en los años 60 del siglo pasado.

Los dioses de la pistola prehistórica es una obra menor dentro de la bibliografía de Santos. "Es una de esas novelas de a duro ligeramente extendida y mejorada", diagnostica con acierto Barceló. Resulta todo en ella demasiado previsible, aunque haya sorpresa final. El arranque es el hallazgo en un yacimiento arqueológico francés del Paleolítico Superior de una pistola protónica. Eso lleva a un grupo de científicos, de una época en la que ya existen esas armas, a viajar hacia atrás en el tiempo para determinar si el hombre prehistórico tuvo contacto con seres extraterrestres. Al final, resulta que estamos ante una paradoja temporal y que serán los expedicionarios que van a buscar el origen de la pistola quienes la dejen en el pasado. Para acabar de liarla, Santos introduce un epílogo con visitantes alienígenas que están haciendo un experimento en la Prehistoria, detectan la radiación del arma y achacan su anacrónica existencia a la llegada a la Tierra de una especie extraterrestre hostil. Sin duda, es una obra menor de la ciencia ficción, pero resulta divertida y, para un completista como yo, rellena ese hueco de la biblioteca dedicado a las obras de ficción que tratan de creencias pseudocientíficas.

Parece mentira que hayan pasado cuarenta años desde la publicación de Los dioses de la pistola prehistórica y que la idea de fondo de la que se nutre siga estando ahí. Recordemos que, hace sólo dos años, fue difundida por Televisión Española (TVE) en la serie Planeta encantado, de Juan José Benítez, y que en el fondo se trata de un postulado claramente racista que achaca a seres de otros mundos las grandes obras y avances de culturas no europeas. ¿Cuánto tiempo tardarán los dioses astronautas en volver a ponerse de moda?, ¿lo harán alguna vez?, ¿qué nueva fiebre seguirá a la de El código Da Vinci? No tengo respuesta a ninguna de esas preguntas. De todos modos, frente a la basura paranormal, sea del tema que sea, les animo a que lean narrativa, aunque se trate de una novela tan ingenua como Los dioses de la pistola prehistórica. Claro que también pueden abrir El péndulo de Foucault (1989), en el que Umberto Eco deja desnudos a los engañabobos del ocultismo.

Santos, Domingo [1966]: Los dioses de la pistola prehistórica. Editorial Ferma (Col. 'Infinitum', Nº 25). Barcelona. 208 páginas.

14 comentarios | Enlace permanente

10 Abr 2006

El Tribunal Superior de Londres ha rechazado la demanda de Michael Baigent y Richard Leigh, que acusaban a Dan Brown de haber plagiado en El código Da Vinci su obra El enigma sagrado (Holy blood, holy grail). Según el juez Peter Smith, Brown es inocente de plagio y, por tanto, la película basada en su novela podrá estrenarse en el Reino Unido el 19 de mayo, al mismo tiempo que en el resto del mundo. El autor estadounidense ha reconocido en el juicio que se inspiró en la obra pseudohistórica de Baigent y Leigh a la hora de escribir su novela. Muchos escritores tienen la costumbre de detallar en el epílogo de sus novelas de qué fuentes han bebido, sean estas las que sean. ¿Por qué Brown no lo hizo? Es una pregunta para la que no hay respuesta. De lo que no cabe duda es de que el multimillonario Brown es culpable de vender como hechos históricos cosas que no lo son y, además, de escribir mal.

El código Da Vinci es, ante todo, un libro mal escrito, previsible, con diálogos prescindibles, personajes planos y lleno de lugares comunes. Vale, se lo han comprado 40 millones de personas y eso es una barbaridad, se mire cómo se mire. El recientemente fallecido Stanislaw Lem, por ejemplo, ha vendido 27 millones de libros desde 1946, y su obra es divertidísima, inteligente y de calidad literaria; lo contrario que la de Brown. Los defensores de El código Da Vinci esgrimen los millones de libros vendidos como prueba de la calidad de la novela. Se confunden. La cantidad de adeptos de algo -sea la revista ¡Hola!, Salsa rosa o la serie cinematográfica de Torrente- no es una vara que sirva para medir calidad ni buen gusto. Recuerden el famoso dicho: "¡Cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas, coma mierda!".


25 comentarios | Enlace permanente

26 Feb 2006

Audrey Tatu y Tom Hanks, en una escena de 'El código Da Vinci'.Que El código Da Vinci es un éxito editorial que no tiene casi nada de original y que Dan Brown tomó prestadas de otros autores las principales revelaciones de su novela, es algo de sobra conocido. Porque el escritor estadounidense no ha sido el primero en especular sobre la posibilidad de que Jesús sobreviviera a la crucifixión, se casara con María Magdalena, y el matrimonio se estableciera en lo que hoy es Francia para iniciar una dinastía que ha llegado hasta nuestros días y cuya existencia explica la de los templarios, una orden secreta denominada el Priorato de Sión y el misterio de Rennes-le-Château. Estos ingredientes fueron ya el eje de El enigma sagrado (Holy blood, holy grail), obra pseudohistórica publicada en 1982 por Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln.

Quien primero me habló de esa fuente de la que Brown se habría hartado de beber fue el historiador y periodista Julio Arrieta, que, a finales de 2004, consideraba la novela superventas una mezcla de La revelación de los templarios (1997), de Lynn Picknett y Clive Prince, y El enigma sagrado. Posteriormente, el también historiador José Luis Calvo dedicó un amplio trabajo a demostrar cuáles habían sido, a su vez, las fuentes bibliográficas utilizadas por los autores de El enigma sagrado, y escribió una pormenorizada crítica de El código Da Vinci, en la que deja claro que Brown sacó bastantes de su disparatadas ideas de La revelación de los templarios.

Pues bien, tanto beber de fuentes ajenas sin citarlas y arrogándose la autoría de los hallazgos debió de hartar a dos de los autores de El enigma sagrado, Baigent y Leigh, quienes denunciaron a Brown en el Reino Unido por plagio y ahora podrían impedir a los británicos disfrutar del taquillazo cinematográfico del año, informaba ayer The Times. Porque, cuando Brown -cuya fortuna se calcula en 290 millones de euros- comparezca ante la Justicia en Londres la próxima semana, estará en juego no sólo una millonaria indemnización a los autores de El enigma sagrado, sino también el estreno en el Reino Unido de la película El código Da Vinci, protagonizada por Tom Hanks y presupuestada en 104 millones de euros.

La cinta va a estrenarse el 19 de mayo en todo el mundo, pero los jueces británicos podrían posponer su proyección en el país e incluso prohibirla si consideran que Brown ha violado las leyes de derechos de autor. Además, si dan la razón a los demandantes, éstos podrían recibir una indemnización de 14,5 millones de euros, según el rotativo londinense. Y es que el plagio es una cosa muy seria. Por ahí fuera, claro. Porque en España es algo muy rentable. Aquí a los plagiarios les dan programas estelares de televisión y no les pasa nada, aunque sus editores reconozcan que han copiado a otros.


49 comentarios | Enlace permanente

24 Feb 2006

Estructuras del Parque Etnográfico de las Pirámides de Guímar. Foto: Luisa IdoateSi, junto al de las caras de Bélmez, hay un misterio español prefabricado, ése es el de las pirámides de Güímar. Estas estructuras de la isla deTenerife fueron descubiertas a finales de los años 80 del siglo pasado por los miembros de la Confederación Internacional Atlántida, un grupo de aficionados a lo paranormal, y pronto atrajeron la atención del contactado con extraterrestres Francisco Padrón, que habló de ellas en el Diario de Avisos en 1990. Fue aquel mismo año cuando la existencia de las pirámides llegó a conocimiento del explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), famoso por haber organizado expediciones para demostrar la posibilidad del contacto transocéanico entre culturas en la Antigüedad.

Heyerdahl asumió que las estructuras aterrazadas de Güímar eran la prueba del paso por las islas Canarias de los egipcios en el viaje hacia América en el que, según él, llevaron a los pueblos precolombinos el conocimiento sobre cómo levantar pirámides. Y los amontonamientos de piedra en terrazas -conocidos localmente como majanos- se convirtieron en un enigma de la Antigüedad, a pesar de que las pruebas arqueológicas y documentales apuntaban a que no se remontaban en el tiempo más allá del siglo XIX y su origen se debía a la limpieza de piedras de la finca para la explotación agrícola, como ocurre en otras zonas de la isla y en un archipiélago del Índico.

Casi veinte años después del descubrimiento de las estructuras, César Esteban y Antonio Aparicio, investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y de la Universidad de La Laguna, acaban de publicar una obra que derriba las argumentaciones de Heyerdahl y sus seguidores. Las pirámides de Güímar: Mito y realidad (2005) es un libro de fácil e interesante lectura, que no deja lugar a la duda: lo que han vendido durante años Heyerdahl, los periodistas de lo paranormal y los responsables del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, un complejo patrocinado por el empresario noruego Fred Olsen, es una fantasía. Los majanos, concluyen los autores, datan del siglo XIX, están vinculados a tareas agrícolas y orientados hacia los solsticios de verano e invierno. No tienen nada que ver ni con los guanches, ni con los atlantes, ni con ningún saber extraño transmitido por los antiguos egipcios en una escala de un viaje a América que nunca pasó de ser una lucubración Heyerdahl.

El punto más aventurado de la argumentación de Aparicio y Esteban, como reconocen ellos mismos, es la justificación de la orientación astronómica del complejo. Sostienen que se debe a que, desde 1854, el propietario de la finca era un masón, Antonio Díaz Flores. "La respuesta, nuestra respuesta -concluyen-, es que las pirámides de Güímar son una construcción realizada en base a una necesidad primaria agrícola, pero que su constructor, masón, intentó proporcionarles además un significado simbólico solsticial, homenaje de la francmasonería a sus dos patronos: los dos san juanes". Díaz Flores habría limpiado el terreno de piedras para destinarlo al cultivo de la cochinilla, que vivió un boom en las islas entre 1845 y 1871, y habría aprovechado la ocasión para orientar el complejo de acuerdo con su filiación masónica. La hipótesis es creíble y encaja con los hechos, pero hacen falta más pruebas para darla por la explicación definitiva al porqué de la orientación de la estructuras.

De lo que no hay duda -como no la había antes de la aparición de este libro- es de las mentiras que se cuentan en el Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, que se inauguró en 1998 y visité poco después. Allí se informa al visitante de que las construcciones de tipo piramidal surgieron hace 10.000 años simultáneamente en Egipto y América, entre otros lugares. La realidad es que la pirámide apareció en la historia humana mucho después y que, encima, recientes hallazgos han desmontado el sueño difusionista de Heyerdahl, con unos egipcios que irradiarían su saber arquitectónico a otras civilizaciones distantes. Porque las pirámides más antiguas del mundo se construyeron en la región de Norte Chico (Perú) hace más de 5.000 años, mientras que las más antiguas de Egipto datan de hace unos 4.500 años y las olmecas de México tienen poco más de 2.000 años. Los egipcios no fueron, por tanto, los padres de las pirámides. Lo mismo que la agricultura, la pirámide apareció en diversas regiones del mundo sin contacto entre sí. No hay ninguna prueba de lo contrario. Además, ¿hay una forma más simple de construir una estructura estable que se eleve hacia el cielo?

Aparicio, Antonio; y Esteban, César [2005]: Las pirámides de Güímar. Mito y realidad. Centro de la Cultura Popular Canaria. Santa Cruz de Tenerife. 151 páginas.

40 comentarios | Enlace permanente

02 Sep 2005

"Dan Brown es un novelista, es libre de escribir lo que quiera, pero los que se autodenominan descifradores intoxican cuando mantienen la confusión bajo las apariencias de un conocimiento riguroso". La frase es de la periodista Marie-France Etchegoin y del filófoso y sociólogo Frédéric Lenoir, autores de El código Da Vinci: la investigación (2004), un libro que sitúa en su  justo término histórico lo que el autor estadounidense presenta como hechos reales en su superventas. El ensayo de Etchegoin y Lenoir es instructivo, divertido y, encima, no hace falta haberse leído la obra de Brown para entenderlo todo y darse cuenta de la desfachatez del novelista y de la incompetencia como historiadora del arte de su esposa, Blythe, quien le ha ayudado como documentalista en sus historias.

El código Da Vinci: la investigación es lo único que se salva de la montaña de títulos publicados en España en los últimos meses para aprovechar el tirón de la novela de Brown, a juicio del historiador y periodista Julio Arrieta. Él se los ha hojeado todos; yo sólo he consultado algunos, con el frustrante resultado de encontrarme ante colecciones de tonterías pseudohistóricas al estilo de Lorenzo Fernández Bueno y su Los guardianes del secreto. Arrieta es uno de los escépticos españoles más cultos y por eso, cuando me recomienda una obra, no lo dudo un instante: la cojo de la estantería de la librería donde estemos y me la llevo a la caja. Yo ya había disfrutado de la crítica a El código Da Vinci de José Luis Calvo; pero quería más. El libro de Etchegoin y Lenoir casi me ha saciado, y además me he reído en algunos momentos de las meteduras de pata del autor estadounidense.

Hay dos tipos de best sellers, aquéllos en los que el autor se ha molestado en verificar detalles y datos y los que son un cúmulo de despropósitos. La lectura de El código Da Vinci: la investigación deja claro, para quien todavía tenga alguna duda, que Brown es un indocumentado y que no hay que tomarse en serio nada de lo que presenta en su novela como cierto. "Como siempre, Dan Brown construye un buen número de invenciones alrededor de un elemento histórico verdadero", dicen Etchegoin y Lenoir cuando el novelista centra su atención en la llamada fuente Q, un hipotético documento que contendría sólo frases de Jesús y del que habrían bebido los evangelistas Marcos, Mateo y Lucas. Lo que hace el autor de El código Da Vinci es lo mismo que hacen los charlatanes que se han lanzado en los últimos años a escribir novelas históricas y presuntas obras de investigación, dar al lector gato por liebre para cimentar una milenaria conspiración. Por eso, libros como el de Etchegoin y Lenoir resultan imprescindibles.

Etchegoin, Marie-France; y Lenoir, Frédéric [2004]: El código Da Vinci: la investigación [The code Da Vinci: L'Enquête]. Trad. de Manuel Serrat Crespo. RBA Libros. Barcelona 2005. 251 páginas.

9 comentarios | Enlace permanente

21 Mar 2005

"Me gustaría dejar claro que si uno lee seriamente El péndulo de Foucault comprende que es la sátira, la representación grotesca de los que escriben y leen El código Da Vinci. El Péndulo podría leerse como la crítica de El código Da Vinci, salvo por el hecho de que ha sido escrito quince años antes. El Péndulo denuncia todo un berenjenal ocultista que Dan Brown ha saqueado a manos llenas tratando de tomarlo en serio. No creo que él se lo tome en serio, pero ha sido bastante hábil al conseguir que sus lectores sí lo hagan", dice Umberto Eco en una entrevista que le ha hecho el periodista César Coca para El Correo. El pensador italiano da varias ideas interesantes en estas cuatro frases, empezando por el recuerdo de lo que es El péndulo de Foucault (1988), novela que algunos amantes de lo paranormal tomaron en su día por una especie de homenaje al género cuando es a la literatura esotérica lo que El Quijote a la de caballerías.

Más importante que eso es recordar cómo Brown y compañía se han nutrido de la literatura ocultista para vestir sus tramas novelescas, intentando hacer pasar rumores, leyendas y ficciones como hechos reales. El historiador José Luis Calvo lo demuestra en su disección del best seller de Brown y en su pormenorizada crítica de Los guardianes del secreto, de Lorenzo Fernández Bueno, uno de los explotadores del manufacturado misterio de las caras de Bélmez. El de Fernández Bueno es uno de los libros más disparatados y peor escritos que he leído en muchos años. Como Eco, pienso que ninguno de estos autores y casi ninguno de los periodistas del misterio considera ciertas las tonterías que pone en negro sobre blanco o que predica con voz efectista a través de la radio. No son tan tontos y sí tan listos como para aprovecharse de los muchos ingenuos que creen que un investigador va por la vida con un chaleco a lo Indiana Jones, descubriendo exclusivas mundiales a diario a despecho de unos Gobiernos a los que burla continuamente. El negocio es vender misterios; no creer en ellos. Quienes creen en ellos se gastan el dinero; los que los venden no creen en ellos.

Entre lo más inexplicable de todo lo que ha ocurrido con El código Da Vinci, está la reciente reacción del Vaticano. Dos años después de la aparición del libro, cuando ya ha vendido 25 millones de ejemplares, el cardenal Tarsicio Bertone, hombre de confianza de Ratzinger, ha arremetido contra la novela, lo que seguro que habrá lanzado a más gente a comprarla. Es lo que tiene la Iglesia, que, cuando condena un libro o una película, no importa lo mediocres que sean, los convierte en éxitos. En este caso, a la saneada economía de Brown le va a reportar una propina inesperada y en Hollywood ya se tienen que estar frotando las manos ante el previsible éxito de la película protagonizada por Tom Hanks. Lo más chocante, no obstante, es que Bertone base su ataque al libro en que "no se hace una novela mistificando datos históricos o difamando a una institución de prestigio". ¿Sobre qué hechos históricos ha construido la Iglesia su imperio? ¿Cuántas verdades históricamente contrastadas hay en la Biblia? ¿Acaso todo el Antiguo Testamento es algo más que una gigantesca mistificación? ¿Y qué me dice de las apariciones de Lourdes y las reliquias cuya adoración fomentan las corrientes más conservadoras y antediluvianas de la Iglesia? En fin, que a los mandamases vaticanos les molesta que otros usen los mismos métodos que ellos utilizan constantemente desde hace siglos, incluida la difamación contra quienes les critican o no se pliegan a sus intereses.

3 comentarios | Enlace permanente

27 Ene 2005

631 libros relacionados con los ovnis se han publicado en España en los últimos cincuenta años, según recoge Antonio González Piñeiro en 50 años de literatura ufológica en España. Una guía para el coleccionista, un exhaustivo catálogo que acaba de ver la luz en una limitadísima edición, de sólo veintiséis ejemplares. "Este trabajo es consecuencia directa de una afición coleccionista incubada hace diecisiete años, cuando el que escribe, por entonces un adolescente, tuvo el dudoso gusto de comprar un ejemplar de bolsillo del clásico de Charles Berlitz El triángulo de las Bermudas", dice González Piñeiro en la presentación.

Comparto con el autor el afán coleccionista de obras sobre ovnis, astroarqueología y contactados, que también en mi caso hunde sus raíces en la adolescencia y en una credulidad que se tornó escepticismo. Por eso, este catálogo es para mí una delicia en la que miro y vuelvo a mirar qué títulos tengo y cuáles todavía, y a mí pesar, faltan en la parte de mi biblioteca dedicada a lo paranormal, que no deja de crecer día a día, pero que siempre tiene huecos que llenar. González Piñeiro ha hecho un trabajo de catalogación magnífico, que abarca desde la distante aparición de Los platillos volantes y la evidencia (1954), de Manuel Pedrajo, hasta la reciente de Crop circles (2003), de Andy Thomas. No se trata de una obra de lectura, sino de consulta y de disfrute, porque incluye diez páginas dedicadas a las portadas de este tipo de literatura, en las que se recogen a todo color las de 300 libros.

González Piñeiro no entra a enjuiciar la calidad de las obras, pero sí las clasifica en cuatro subtemas -ovnis, astroarqueología, contactismo y enigmas extraterrestres- y, ademas, cuantifica en todos los casos su contenido ufológico, que oscila entre menos del 20% de libros como Los grandes engimas del cielo y de la Tierra (1973), de Alejandro Vignati y Andreas Faber-Kaiser, hasta más del 80% de títulos como Ovnis: documentos oficiales del Gobierno español (1977), de Juan José Benítez, el segundo autor más prolífico después de Antonio Ribera. 50 años de literatura ufológica en España incluye sólo los libros publicados -sean originales (409) o traducciones (222)- después de la observación de Kenneth Arnold. De ahí, por ejemplo, la ausencia de La invasión desde Marte. Estudio de la psicología del pánico (1940), la obra de Hadley Cantril que examina las causas que llevaron a decenas de miles de estadounidenses a creer que estaban siendo invadidos por los marcianos cuando, en 1938, Orson Welles radió una versión dramatizada de La guerra de los mundos, de H.G. Wells.

Además de datos como el ISBN y el tipo de encuadernación, el autor da el total de reimpresiones y el número de éstas por edición. El catálogo incluye, asimismo, referencias cruzadas en caso de obras de varios autores o publicadas bajo seudónimo. Quienes no lo sabían, descubrirán así que Antonio José Alés, el inventor de las Alertas ovni en la radio española, se llama en realidad José Antonio Biosca. Al índice alfabético detallado, le sigue uno cronológico y unas ilustrativas gráficas sobre este sector de la industria editorial española en los últimos 50 años. Ojear este libro es un deleite que explica por qué el concienzudo trabajo de Antonio González Piñeiro mereció en 2003 el premio Fondo Ricardo Caruncho, por parte de la Fundación Anomalía.

González Piñeiro, Antonio [2005]: 50 años de literatura ufológica en España. Una guía para el coleccionista. Edición del Autor. A Pobra do Caramiñal. 184 páginas.

10 comentarios | Enlace permanente

Sobre este blog

magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

ver otros blogs »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):