11 Feb 2007

Jacinto Antón publica hoy una larga e interesante entrevista a Joan Fontcuberta en EPS, el colorín del diario El País, en la que tiene su hueco el divertido escándalo de la emisión, en Cuarto Milenio, de la historia del cosmonauta fantasma como un hecho real. Periodista y fotógrafo dicen a las claras lo que, a su juicio, revela acerca de los métodos de investigación y el rigor de Iker Jiménez y su equipo (en negrita, las palabras del periodista):


"-... En ese contexto hago intervenciones paródicas, acciones de intoxicación informativa que sirven para llamar la atención sobre los peligros de la credulidad. Algunas de esas obras quedan como caballos de Troya o bombas de relojería sin estallar, esperando su ocasión.

-Supongo que se refiere al programa del pasado junio de Iker Jiménez en el que se presentó como un caso auténtico su conocido trabajo Sputnik [1997], acerca del supuesto astronauta soviético del Soyuz 2 desaparecido Ivan Istochnikov. No se dieron cuenta de que se trataba de un montaje -sensacional montaje, por cierto- y que el cosmonauta de las fotos era usted mismo [Ivan Istochnikov, para más inri, es la traducción aproximada al ruso del nombre Joan Fontcuberta].

-Fue orgásmico. Que un medio se tragara el anzuelo hasta el fondo...
-Bueno, el programa Cuarto Milenio no es famoso precisamente por su incredulidad.

-La verdad es que mi historia les iba como anillo al dedo. No hay nada tan fácil como engañar a quien quiere creer. Cuando tienes la credibilidad tan abierta, te la cuelan. Mira que era fácil comprobar los datos sobre el montaje en Google. Prisas o ingenuidad...
-La historia del cosmonauta fantasma ha hecho correr ríos de tinta.

-Ahora la gente cree que todo es un montaje mío, incluido lo del programa. La verdad es que es un caso excepcional por su difusión, pero mi trabajo, al menos una parte, se basa en eso."










53 comentarios | Enlace permanente

23 Oct 2006


"Las coincidencias sólo significan lo que nosotros queremos que signifiquen", dice el narrador de Mobius Dick, novela de Andrew Crumey que empecé a leer hace una semana. El comentario tiene su origen en dos personajes que se conocen en el comedor de una universidad cuando uno lee a Thomás Mann y el otro un libro de física sobre la ecuación de Erwin Schrödinger. El primero recuerda que La montaña mágica trata de un personaje que va a un sanatorio de los Alpes suizos, se publicó en los años 20 del siglo pasado y, "poco tiempo después", Mann ganó el Nobel. El segundo, que al año siguiente de la publicación del libro de Mann, Schrödinger "visitó un establecimiento parecido e hizo su famoso descubrimiento". "Ambos obtuvieron el premio Nobel por sus trabajos, y se convirtieron en respetados filósofos de su tiempo. ¿Existe alguna conexión entre ambos? absolutamente ninguna", concluye el narrador.

Poco antes de leer ese fragmento de Mobius Dick, un compañero de El Correo me contó que Iker Jiménez había dedicado la parte inicial del Cuarto Milenio del 15 de octubre a sacar los colores a los medios de comunicación por hacerse eco de mentiras como la profecía de Nostradamus sobre la caída de las Torres Gemelas y otras. No lo había visto, pero lo tenía grabado. Cuando comencé a leer la novela de Crumey, los paralelismos entre Thomas Mann y Erwin Shcrödinger me trajeron a la mente los existentes entre John F. Kennedy y Abraham Lincoln, y que Jiménez había hablado del asunto hace meses en su programa. Fue el 5 de marzo pasado cuando el director de Cuarto Milenio dedicó unos minutos a las vidas paralelas de Kennedy y Lincoln. Con su teatralidad habitual, aseguro a su público que se trataba de "una historia increíble" y que ambos presidentes estadounidenses "parecen estar ligados por un hilo invisible durante cien años". Vayamos con las extraordinarias coincidencias entre ambos personajes.

"Abraham Lincoln fue elegido congresista en 1847. Un siglo exacto después, cien años después, Kennedy es elegido", destacó Jiménez. Además, los dos llegaron a la presidencia del país con cien años de separación. "Por cierto, que ambos medían 1,83 y, como habrán comprobado, sus apellidos, por los que son célebres, tienen siete letras". Jiménez continuó diciendo que a los dos se les alertó de que no fueran al lugar donde luego les asesinaron. "Más curioso todavía es pensar que el secretario general de John Fitzgerald Kennedy se llamaba Lincoln y que el secretario, cien años antes, de Lincoln se llamaba Kennedy". ¿Les parece poca coincidencia? Pues, vean lo que pasa con los magnicidas: "El asesino de Lincoln disparó desde un teatro, el teatro Ford, y se escondió en un almacén. El asesino supuesto de Kennedy disparó desde un almacén y se escondió en un teatro", apuntó el capitán de la nave del misterio. Ah, y no se olviden de que Kennedy sufrió las heridas mortales cuando iba en un Ford Lincoln, los nombres de los asesinos tenían quince letras -Lee Harvey Oswald y John Wilkes Booth- y "habían nacido también con un vínculo exacto de cien años". Jiménez recordó, para acabar, que los vicepresidentes de Lincoln y Kennedy habían nacido también con cien años de diferencia y que los dos se apellidaban Johnson. "¿Casualidad, azar, juegos del destino? Que cada uno piense lo que quiera", concluyó el periodista. Pensemos, pues.

Coincidencias seleccionadas

Abraham Lincoln -catorce letras, el nombre completo- nació en 1809 y murió en 1865. John Fitzgerald Kennedy -veintiún letras, el nombre completo- nació en 1917 y murió en 1963. Sus nombres completos no tienen el mismo número de letras, y tampoco hay un siglo de diferencia exacta entre sus nacimientos y muertes. Lincoln fundó el Partido Republicano; Kennedy era demócrata. Sí fueron elegidos con cien años de diferencia como congresistas y presidentes, pero mientras la carrera de Lincoln se contó por fracasos en las urnas entre 1846 -no 1847- y 1860, la de Kennedy fue ascendente desde 1946 -no 1947- hasta 1960. Lincoln, además, fue reelegido para el cargo, mientras que Kennedy no acabó su primer mandato en la Casa Blanca. Aunque Kennedy tuvo una secretaria llamada Evelyn Lincoln, no hubo secretaria de Lincoln que se apellidara Kennedy. Oswald se escondió en un cine, y no en un teatro, y asesinó al presidente a distancia, mientras que Booth lo hizo de cerca. Es falso que los dos magnicidas nacieran "también con un vínculo exacto de cien años", porque Booth lo hizo en 1838 y Oswald, en 1939. Que los vicepresidentes se apellidaran Johnson es tan sorprendente como que, dentro de cien años, haya habido dos González o Rodríguez como presidentes españoles. Y podíamos seguir recorriendo la vida de ambos mandatarios y encontrando algunas similitudes y muchas diferencias. Pasa lo mismo con todo el mundo: al comparar la vida de dos personas, si seleccionamos sólo en lo que coinciden, acaba creándose la sensación de que estamos ante algo sorprendente, cuando en realidad no es así.

Busque puntos en común entre usted y un vecino, y verá que hay muchos. Busque diferencias, y verá que hay muchas más. ¿Pero qué pasa si sólo se fija en las coincidencias? Es lo que hacen los defensores de la conexión entre Lincoln y Kennedy, a la que hay una magnífica aproximación en las Páginas de Referencia sobre Leyendas Urbanas. Si quieren explorar el mundo de las coincidencias, les recomiendo el artículo que Bruce Martin, de la Universidad de Virginia, publicó en 1998 en The Skeptical Inquirer, en el que el autor recuerda que los dos presidentes no nacieron el mismo día ni el mismo mes, entre otros detalles olvidados por Jiménez. Lo mismo pasa con Thomas Mann y Erwin Shrödinger. El primero era alemán y el segundo, austriaco; y, contado como lo cuentan los personajes de Mobius Dick, parece que tenían una conexión secreta, pero sus biografías fueron muy diferentes. Basta convertir las fechas aproximadas en exactas para que las similitudes se difuminen. Mann nació en 1875 y murió en 1955, mientras que la vida de Schrödinger discurrió entre 1887 y 1961. La obra más famosa de Mann, La montaña mágica, se publicó en 1924 y recibió el Nobel en 1929. Schrödinger desarrolló su célebre ecuación en 1925 y ganó el Nobel en 1933. ¿Dónde están las coincidencias?, ¿en que un escritor centroeuropeo ambientase una novela en un sanatorio de los Alpes suizos y un físico centroeuropeo pasase una temporada en un centro de ese tipo?

Santiago Camacho."Ya no sabemos qué es verdad, qué es mentira, qué se inventa... qué se hace con el fin de derrocar a un Gobierno o de derrocar a la competencia. Ya no sabemos casi nada", decía el director de Cuarto Milenio hace una semana. En su lección de ética periodística, habló de "historias que dimos (los medios de comunicación) como reales y son mentira, o, por lo menos, hay gran parte de mentira en ellas", y lamentó que se divulgaran como verídicas. Minutos después, le acompañaba en el plató Santiago Camacho, a quien podía haber preguntado por el caso de Maria Blyzinsky. Camacho afirma, en su libro 20 grandes conspiraciones de la Historia (2003), que esta astrónoma del Observatorio de Greenwich apoya la idea de que el hombre no llegó a la Luna en 1969. Sin embargo, la científica jamás ha dicho eso y considera un disparate la teoría de la conspiración. También podía Jiménez haber hablado con su compañero Gerardo Peláez sobre cómo los dos vendieron a la audiencia de Cuatro como real la historia del falso astronauta soviético Ivan Istochnikov, una creación del fotógrafo Joan Fontcuberta. O, por qué no, podía haber recordado el caso de las elegidas coincidencias entre Lincoln y Kennedy. Además de todo esto, a Iker Jiménez se le olvidó en su lección de ética decir que la explotación de mentiras e invenciones es muy rentable. ¿Casualidad? Lo dudo.



186 comentarios | Enlace permanente

05 Oct 2006



Carmen Porter, esposa de Iker Jiménez y subdirectora de
Cuarto milenio, es ahora también colaboradora del programa Las mañanas de Cuatro, donde hoy ha vendido a la audiencia el falso enigma de las caras de Bélmez. Y Concha García Campoy se ha tragado el cuento, incluida una fotografía manipulada con el Photoshop o un programa similar. La imagen, de un guardia civil bigotudo, ha sido presentada por Porter como una prueba de que los rostros del pueblo jienense son retratos paranormales de familiares de María Gómez Cámara, la fallecida dueña de la casa donde se da el fenómeno.

Fotografía del guardia civil y cara de Bélmez que comparan Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández ensu libro 'Tumbas sin nombre'Hace tres años, en el libro Tumbas sin nombre, Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández comparaban algunos rostros de Bélmez de la Moraleda con los de cinco parientes de la mujer. Querían demostrar que las caras correspondían a familiares de la propietaria del inmueble muertos durante la Guerra Civil. Admitían los dos periodistas que, para dar con el parecido, en unos casos habían manipulado las dimensiones de la cara de cemento, en otros la habían invertido horizontalmente y en algunos habían hecho ambas cosas. ¡Así cualquiera! Lo que no decían es que, por ejemplo, la supuesta semejanza entre la más famosa de las caras -la conocida como La Pava- y el guardia civil bigotudo que hoy hemos visto en Cuatro se basaba en que la foto del militar había sido manipulada para ponerle un bigote y una boca que no eran los del original. A Carmen Porter, desmemoriada ella, hoy también se le han olvidado esos detalles cuando estaba junto a García Campoy.

Foto original del guardia civil con su familia. Obsérvese el bigote con las puntas hacia arriba.Quien primero denunció públicamente la existencia del falso mostacho y de la boca extrañamente abierta del guardia fue Lola Cárdenas, del Círculo Escéptico (CE). La pruebas del engaño estaban en el libro de Jiménez y Fernández, donde en una foto familiar aparecía el militar con el bigote engominado con las puntas hacia arriba -"tal y como ordenaba el reglamento" indican los autores-, mientras que  las puntas del bigote caían en la utilizada para comparar con La Pava. "Tiene la boca abierta en una mueca completamente inhumana (y mucho más como para ser un retrato en el que se está posando), y el bigote... está hacia abajo. Es más, no parece natural, parece un borrón. Si la comparamos con la del bigote hacia arriba, vemos que tanto el gorro como las hombreras están exactamente en la misma posición. El perfil de la cara es el mismo (es decir, es la misma posición) y los ojos muestran la misma mirada. La imagen está evidentemente manipulada, y sabemos que así le llegó a los analistas (José Manuel García Bautista y Rafael Cabello Herrero, página 113 del libro) por parte de Íker Jiménez. Quién ha sido y si ha sido para forzar los resultados, no lo podemos saber", escribía Cárdenas el 5 de julio de 2005.

Gerardo García-Trío, también integrante del CE, hacía pocos días después un pormenorizado análisis del estudio y destacaba cómo la foto del guardia civil era la clave de todo, según el informe incluido en el libro los autores de Tumbas sin nombre, que decía: "La imagen clasificada como Padre (Miguel Chamorro) quizás es una de las que más correspondencias guarden con la imagen fotográfica relacionada. [...] El bigote también presenta una similitud abrumadora, curiosamente; así como la revisión anterior es perfectamente coincidente en tamaño, arco de caída y forma, particularmente este elemento creemos que es el más relevante entre todas las fotos verificadas". ¡Cómo no va a  haber "una similitud abrumadora" si el bigote ha sido confeccionado a medida por los sastres del misterio!

Si el mostacho del guardia civil se pone en su sitio -con las puntas hacia arriba- y la mueca de la boca desaparece, la similitud entre el militar y La Pava se esfuma, y la idea central del libro de Jiménez y Fernández -que hoy llevaba Porter en el plató- se desploma. Pero ya saben cuál es la máxima del periodismo de imbestigación: "No dejes que la verdad te estropee una buena noticia". Si no, que se lo pregunten a Ivan Istochnikov.



209 comentarios | Enlace permanente

27 Ago 2006

El último número de The Skeptical Inquirer me ha dado una alegría: por fin, he publicado un artículo -aunque sea corto- en la más prestigiosa revista dedicada al análisis crítico de la pseudociencia y las supersticiones. Y es que me da mucha pereza escribir en inglés, idioma que no domino, y por eso hasta ahora ni lo había intentado. Por fortuna, cuando a Kendrick Frazier le hablé hace unos meses del caso del cosmonauta fantasma de Iker Jiménez, le pareció lo suficientemente interesante como para incluirlo en la publicación del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) y encima me metió prisa. Era sábado y lo necesitaban para el lunes, porque ese día tenían que cerrar el número. Así que no tuve tiempo para pensarlo demasiado. El resultado fue un texto en algo parecido al inglés que ha sido editado con la profesionalidad que suponía al equipo que dirige Frazier. Cuento, en esencia, lo que ya he comentado en Magonia sobre el caso Istochnikov y la profecía mundialista de Nostradamus, ejemplos de mala práctica periodística sobre los que hablo en más detalle en un artículo pendiente de publicación en la revista Pensar, a la que pueden suscribirse -no lo olviden- en la web el Círculo Escéptico. The Skeptical Inquirer cumple con este número treinta años de vida y ése es otro motivo de satisfacción.

73 comentarios | Enlace permanente

19 Jun 2006


Iker Jiménez ha reconocido hoy que el cosmonauta fantasma nunca existió. Ha dicho que se trata de una "leyenda cósmica" y que se enteró gracias al público de Cuarto milenio, que fue el que avisó al equipo del programa. Debe ser un poco triste tener a sueldo un grupo de autocalificados investigadores y que ninguno sea capaz de detectar una broma de hace nueve años que Google -este enlace es una cortesía hacia los investigadores de Cuarto milenio, para que den los primeros pasos en su próxima investigación- revela a la primera. No creo, claro, que Jiménez se enterara de la metedura de pata como dice; pero le ha quedado bien como excusa y así ha eludido dar explicaciones sobre el inexistente rigor de su trabajo y de su equipo. Se ha salido por la tangente con una sonrisa, hasta la próxima, que la habrá. Joan Fontcuberta declaraba hace unos días a El Correo que le alegraba que el episodio del cosmonauta Ivan Istochnikov en Cuatro abriera "un debate sano sobre la deontología periodística". No va a ser así porque no estamos ante algo que tenga que ver con el periodismo, sino -como ha dicho Fernando de Felipe en La Vanguardia- frente a una muestra de "auténtico periodismo de imbestigación (de investigación imbécil, claro)". Y, cuando el periodismo de imbestigación -podía decirse también paranormal-  entra por la puerta, la ética y el rigor salen a por la ventana. Por cierto, yo he echado de menos en la mesa junto a Jimenez a Gerardo Peláez: ¿dónde está, Iker? Algunos esperamos ansiosos su próxima imbestigación.

333 comentarios | Enlace permanente

13 Jun 2006


Iker Jiménez presentó el domingo en Cuarto Milenio el caso de "un hombre que la Unión Soviética quiso apartar de la Historia de un plumazo". "Vamos a hacerle un homenaje merecido", anunció. El misterio lo había investigado Gerardo Peláez -uno de sus colaboradores en el programa de Cuatro- y se ilustró con un retrato del cosmonauta Ivan Istochnikov en traje espacial, una foto con sus colegas ante el Kremlin y otra posterior en la que se le había borrado, entre otras imágenes. (Si usted usa Internet Explorer y no ve el vídeo que hay bajo el título, pulse aquí.)

"La pregunta es por qué (se le borró), qué había hecho ese hombre, por qué molestaba", dijo Jiménez. "Estuvo embarcado en una misión que fue un fracaso estrepitoso para la URSS y, lógicamente, eso no se podía dar a conocer", respondió Peláez. Istochnikov era "muy conocido" en la URSS, según los dos periodistas, y desapareció en 1968 a bordo de la Soyuz 2. Para ocultar el fracaso, fue borrado de la Historia: se le eliminó de las fotos, su familia fue deportada a Siberia, y sus amigos y colegas, silenciados.

El caso, explicaron en Cuarto milenio, salió a la luz en 1993, cuando un periodista compró en una subasta de Sotheby's en Nueva York un lote con material desclasificado procedente de la URSS. "Y ahí descubre este hombre, que creo que se llamaba Mike Arena, una fotografía con el fantasma en carne y hueso, presente", puntualizó Jiménez, quien concluyó: "Lo cierto es que ese hombre (por el cosmonauta) no aparece en las fotografías oficiales y estaba ahí". Impresionante... y falso, porque Ivan Istochnikov es tan real como el Pato Donald.

Joan Fontcuberta, caracterizado como el imaginario cosmonauta Ivan Istochnikov. Foto: Joan Fontcuberta"¡Estoy alucinando! ¡Todo esto me parece muy cómico", declaró ayer a este periódico Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955). Este fotógrafo juega desde hace años en sus creaciones "al equívoco y la ambigüedad", y montó en 1997 para la Fundación Telefónica una instalación -Sputnik- sobre un cosmonauta con recortes de prensa, fotografías, parafernalia espacial, vídeos y la historia contada en Cuarto milenio. Todo parecía real; todo era falso. El artista llegó al extremo de prestar su cara al astronauta y bautizarlo con la traducción de su nombre al ruso: Ivan Istochnikov.

Ayer, Fontcuberta se reía. "Tiendo trampas destinadas a los crédulos. No esperaba que cayeran en una que tiene nueve años unos periodistas profesionales, que se supone que tienen que verificar y contrastar la información". Una simple búsqueda en Google revela que Istochnikov nunca existió. Iker Jiménez, con quien este periódico ha intentado hablar sin éxito, se enteró de ello ayer.

Torpeza y plagio paranormal

No es la primera vez que el fotógrafo catalán ve cómo algunos medios poco rigurosos se toman como algo real uno de sus montajes. Pasó algo parecido, a una escala menor, con algunos medios escritos en el caso de su instalación Karelia: milagros & co., presentado como un reportaje sobre un monasterio milagrero, y y ha vuelto a ocurrir algo parecido en un montaje sobre sirenas fósiles recientemente presentado en Salamanca. "Mis proyectos son como semillas. Los hay que han caído en terreno yermo, y otros que no", y recuerda cómo han llegado a llamarle sacerdotes interesados en estudiar el caso del monasterio de Karelia.

Lo que Fontcuberta no se esperaba, a estas alturas, es que un equipo de periodistas se tragara como real su exposición sobre el cosmonauta. "Creo que demuestra que hay una necesidad de creer. Creer es mucho más cómodo que dudar. La duda implica una actitud crítica activa, mientras que creer es algo pasivo".

"Los medios de comunicación han frivolizado mucho con el misterio, así que nuestra labor ha de darle una vuelta de tuerca a eso. Ése es el reto", decía Iker Jiménez hace una semana en una entrevista publicada en El País. La vuelta de tuerca debe de ser ir más allá de la frivolización, inventarse directamente el misterio. Pero hay que ser muy torpe para montar el cuento chino de turno sobre un caso tan conocido como el del inexistente astronauta ruso de Joan Fontcuberta. Ese tipo de torpeza, sin embargo, no es nuevo para el equipo de Cuarto milenio.

Juan Jesús Haro Vallejo, uno de los compañeros de Jiménez en Cuatro, firmó en la revista Enigmas como reportaje de investigación un relato de ficción copiado a los escritores Fernando Marías y Juan Bas, en el que éstos fabulaban sobre la superviviencia de Federico García Lorca al fusilamiento en el Barranco de Víznar. El periodista esotérico aseguraba hasta haber hablado con testigos, cuando éstos en realidad habían salido de la imaginación de los dos escritores. Haro Vallejo fue condenado por plagio junto a Fernando Jiménez del Oso, director de la publicación, en junio de 2000.

Más recientemente, en su libro 20 grandes conspiraciones de la Historia (2003), Santiago Camacho, otro miembro del equipo de Cuarto milenio, atribuyó a Maria Blyzinsky, del Observatorio de Greenwich, unas declaraciones en apoyo de la idea de que el hombre no llegó a la Luna en 1969. La astrónoma explicó en su momento a Magonia que jamás ha dicho lo que sostiene Camacho y que considera un disparate la teoría de la conspiración.

Basado en un texto publicado originalmente en el diario El Correo.


267 comentarios | Enlace permanente

11 Jun 2006

Acabo de releer la corta entrevista -tiene ocho preguntas- de Juan Cruz a Iker Jiménez y Carmen Porter, publicada por El País el pasado lunes, y sigo sin dar crédito a lo que veo. El interrogatorio es amable hasta el límite y el autor deja aparcado el espíritu crítico del que en otras ocasiones ha hecho gala para jalear a la pareja de misteriólogos hasta el sonrojo y permitir que digan tonterías sin réplica alguna. Los tiempos han cambiado y el diario madrileño -que antes no hacía concesiones a Juan José Benítez, Fernando Jiménez del Oso y compañía- ahora promociona charlatanes. La razón es muy simple: son de su cuadra. Tienen programa en la Cadena SER y en Cuatro -donde también aparecen otros ilustres del gremio como Bruno Cardeñosa y Josep Guijarrro-, y han publicado su último libro en Aguilar, la editorial de la casa.

Cruz no formula a Jiménez y Porter ninguna pregunta incómoda y sí una sucesión de interrogantes a cada cual más tonto: que si cómo se escribe un libro a cuatro manos, que si ayuda que sean pareja, que si cómo viven la experiencia de la feria del libro, que si han sentido alguna vez "algún escalofrío en especial"... Son preguntas más propias de un novato al que el redactor jefe manda a hacer una entrevista con cinco minutos de preparación que de un adjunto a la dirección del principal periódico español. Cruz no molesta a las estrellas de lo paranormal de Prisa pidiéndoles, por ejemplo, las pruebas de todo lo que dicen y que las presenten de una vez a la comunidad científica, porque eso demostraría que lo que Jiménez y Porter divulgan son patrañas.

"Nosotros no somos expertos en lo extraño. Somos periodistas, de sucesos", dice Jiménez. Me vienen a la mente los periodistas de sucesos que conozco, los que trabajan día a día con seriedad, y no veo en esta pareja nada que se les parezca remotamente. Porque no hay un reportero de sucesos que vaya por ahí persiguiendo fantasmas o extraterrestres, intentando grabar voces del Más Allá, atribuyendo ataques al ganado a bichos inexistentes como el chupacabras y metiéndose en cementerios para detectar almas en pena, que es lo que ha hecho el tándem Jiménez-Porter desde que empezó en la profesión. En su papel de convidado de piedra, Cruz no recuerda al matrimonio nada de eso. El segundo momento cumbre llega al final, cuando les pregunta: "¿Son ustedes escépticos?". "No, humildes -responden ellos-. El misterio existe, y como nos decía Iñaki Gabilondo, debemos ser humildes ante el misterio". Y se van de rositas, sin que el otras veces puntilloso periodista les replique que humilde no es antónimo de escéptico, que un buen periodista tiene ante todo que ser escéptico, que preguntarse cosas, que dudar; que una tontería, aunque la diga un profesional como Gabilondo, no deja de ser una tontería; y que lo lógico es intentar explicar los misterios, no humillarse ante ellos. Investigar es lo que hacen los científicos con los enigmas que nos rodean y lo que nunca harán ni Jiménez ni Porter, porque no lo necesitan: su negocio se basa en la ignorancia.

81 comentarios | Enlace permanente

24 May 2006

Iker Jiménez y Lorenzo Fernández, Manuel Carballal y Javier Sierra, haciendo de las suyas.Una de las aficiones favoritas de los comerciantes de misterios es sacarse fotos que luego incluyen en sus reportajes y libros. Hubo una época en la que la pose típica consistía en retratarse junto a la indicación de carretera del lugar de turno (solía tratarse de pueblecitos en los que alguien había visto platillos volantes o algo parecido). Tan repetida fue la escenografía que acabó quemada y entonces los periodistas esotéricos empezaron a hacerse visibles junto a los entrevistados o como intrépidos investigadores con mascarilla examinando los cuerpos de unas ovejas víctimas del chupacabras (Iker Jiménez y Lorenzo Fernández), sumergiéndose en aguas de Canarias en busca de la Atlántida (Manuel Carballal) y delante de un hangar en Roswell (Javier Sierra), entre otras escenas memorables. Querían dejar claro que habían estado en el lugar de los hechos y que eso les imbuía de una autoridad especial frente a quien no había hecho el viaje. Sin embargo, a las ovejas de Jiménez y Fernández las habían matado en realidad perros asilvestrados o lobos, las Canarias atlantes de Carballal habían emergido de las aguas y no eran los testigos de un continente hundido, y en el Roswell de Sierra se había estrellado un globo espía, y no una nave de otro mundo.

Ahora, vemos en Cuarto milenio a equipos de televisión que van de noche a rodar a pueblos malditos y cementerios, cuando podían hacerlo de día. Se trata de una puesta en escena similar a la de los forenses de CSI cuando entran con sus linternas en una habitación que ya han inspeccionado antes porque las persianas siguen echadas y las luces apagadas. ¿Por qué no encienden las luces? Porque el misterio no sería el mismo, como no lo sería si se visita el camposanto en un día luminoso. Lo que se persigue con las fotos de los periodistas esotéricos ataviados con el chaleco de fotógrafo y, a veces, hasta el sombrero estilo Indiana Jones es que la credibilidad entre por los ojos irracionalmente y la gente no se pare a pensar en lo absurdo de la pose. Retratarse dentro de la Gran Pirámide, tras haber pagado la correspondiente entrada, no convierte a nadie en egiptólogo, algo que sólo se consigue después de años de estudio y para lo que no es necesario visitar el país de los faraones, aunque siempre sea recomendable. Tampoco es necesario ver en directo la sábana santa para hacerse a la idea de que es tan auténtica como el mantel de Coria -supuestamente, el de la Última Cena-, las gotas de leche de la Virgen y otras reliquias que pueblan las iglesias de la cristiandad.

Ricard Bru se encuentra con una 'teleplastia' en la Gran Pirámide.Ir de turismo es ir de turismo, se vaya a Teotihuacán o a Tassili. Investigar es algo más serio, que nunca ha hecho ninguno de los citados y que exige horas de estudio sin garantía de resultados. Por eso, si alguien dice que hay que ir a Egipto, Pascua, Nazca, Malta, Stonehenge, el lago Ness o donde sea para saber la verdad de los presuntos misterios, desconfíen de él. Visitar cualquiera de esos sitios es una gozada, pero no otorga una sabiduría especial. Si no, que se lo pregunten al parapsicólogo Ricard Bru, que visitó la Gran Pirámide y descubrió en su interior teleplastias, es decir, algo similar a las caras de Bélmez, según nos contó en la revista Más Allá. Y se quedó tan ancho.

74 comentarios | Enlace permanente

25 Mar 2006

Las niñas fantasma del cementerio de Navalperal de Pinares (Ávila) debutaron en Internet en mayo de 2005, en sospechosa coincidencia con la campaña de promoción de Camposanto, primera novela de Iker Jiménez. El periodista publicaba la imagen "después de un año de estudios minuciosos"."La fotografía de las niñas ha causado gran asombro a los profesionales de la informática y la fotografía que la han estudiado. Si bien en un principio todos, por lógica, pensamos en un fraude o en algún tipo de ilusión gráfica, a lo largo de este año los detalles observados en el lugar y el estudio exhaustivo de éstas tomas nos demuestran que estamos a un 99% de posibilidades de admitir que eso efectivamente estaba allí", decía Jiménez hace casi un año. Sin embargo, por esas fechas, nada sabían de la imagen ni los dos peritos que salieron en Cuarto milenio el pasado 22 de enero ni la Guardia Civil, cuyo coronel jefe del Servicio Criminalística, José Antonio García Sánchez-Molero, fue, según Jiménez, "una de las primeras grandes autoridades que tuvieron acceso a estas fotografías".
Para empezar, la carta del coronel García Sánchez-Molero -mostrada en televisión de forma confusa- tiene fecha del 27 de julio de 2005, dos meses después de que Jiménez asegurara que había expertos que llevaban estudiando las imágenes un año. Además, la misiva -como puede comprobarse en la transcripción adjunta- tampoco es la conclusión de un examen pericial, sino una carta de agradecimiento por el envío de un libro y un cederrón, en la que el militar indica a Jiménez que, "en principio, es bastante difícil determinar la autenticidad de una fotografía digital, sobre todo si el supuesto montaje se ha realizado con el necesario cuidado". Y añade: "En cualquier caso realizaremos sobre ellas un primer estudio que nos indique el camino a seguir". Seis meses más tarde, el pasado 22 de enero, el misteriólogo de Cuatro decía en televisión: "Después de muchos análisis, (los expertos de la Guardia Civil) no han llegado a una determinación concreta. No saben cómo se ha hecho exactamente ese montaje. Tengo que decir también que gran parte de los analistas que han visto las fotografías coinciden también en que, si es un montaje, es un montaje excelente, un montaje en el que se ha trabajado mucho y durante mucho tiempo para dar ese efecto. Pero ¿es o no es (un montaje)?", se preguntaba Jiménez sin dar, claro, el nombre de ningún experto y atribuyendo al instituto armado algo que no había hecho. Además, como ha demostrado Mauricio-José Schwarz, fabricar una foto de fantasmas es algo sencillo con unos mínimos conocimientos.

Texto de la carta de la Guardia Civil que Jiménez presentó en Cuatro como prueba de un análisis que, en realidad, no existión.

La Guardia Civil no hizo ningún análisis

Tras la emisión de Cuarto milenio, escribí al instituto armado. Me interesé por su implicación real en los hechos y pedí una copia del informe del examen de las fotos. "Se han presentado los hechos como si la Guardia Civil hubiera hecho un análisis de esas fotos, y no es así", me ha explicado recientemente un portavoz la Dirección General del cuerpo, después de consultar con sus colegas del Servicio de Criminalística. "No existe ningún informe ni nada parecido. La Guardia Civil no ha analizado esas fotos. Eso es una tergiversación", ha añadido la misma fuente. Así pues, Jiménez mintió en su programa sobre la participación en el caso de la Guardia Civil, cuyos expertos se limitaron a apuntar lo que dice el coronel García Sánchez-Molero en la carta: que siempre es posible falsificar una fotografía digital.

La foto original del cementerio sin fantasmas y la foto recortada, oscurecida y con los fantasmas pegados. Recuadrado en rojo, el lugar donde 'están' las fantasmas.El periodista esotérico ocultó, además, información clave a los dos peritos que aparecieron en su programa de televisión el 22 de enero. Javier Pagès ni Eugenio Picón no supieron de los hechos de Navalperal de Pinares hasta que a principios de enero se pusieron en contacto con ellos desde Cuarto milenio, según han declarado ambos a Schwarz y a mí, que hemos trabajado juntos en este caso y compartido todos los datos. Los expertos no tuvieron acceso tampoco a toda la información. Sólo recibieron de Jiménez la foto en la que se ve a las niñas fantasma. Hasta que Schwarz y yo no se la enviamos, no conocían la otra imagen del cementerio sin fantasmas, cuya información interna prueba el fraude.

Comparativa de el 'carné de identidad' de las dos imágenes, que demuestra que en relaidad se trata de una.

Los datos EXIF -como se denomina esa información técnica- demuestran que las dos fotos fueron tomadas a las 4 horas, 14 minutos y 2 segundos del 29 de agosto de 2004. La cámara Sony DSC P92, que fue la que utilizaron los protagonistas, no puede, sin embargo, sacar dos instantáneas en un mismo segundo. Además, las dos fotos fueron manipuladas posteriormente con el programa Adobe Photoshop CS. Todo esto lo demostró Schwarz -que hoy también publica sus conclusiones sobre esta escandalosa historia- el 20 de diciembre del año pasado a partir de copias digitales de las imágenes que llegaron a su poder y de las que Pagès y Picón sólo conocieron la que no tiene fantasmas cuando se la mandamos nosotros. ¿Por qué Jiménez escamoteó información a los peritos? Porque, si hubieran comparado la información EXIF de las dos fotos se habrían dado cuenta de que todo era un fraude, de que alguien había ampliado la instantánea el cementerio de Navalperal sin fantasmas y pegado a las niñas en ella. Sin esa información, todo lo que podían decir los peritos es lo que dijeron, que la fotografía fantasmal había sido manipulada con un programa de retoque fotográfico y, por tanto, no podía descartarse el fotomontaje.

Sin originales que examinar

Los dos expertos que aparecieron en Cuarto milenio pidieron desde el primer momento a Jiménez que les enviara los archivos originales, las fotos grabadas en la tarjeta de memoria de la cámara a partir de las que se habían obtenido las manipuladas con el Adobe Photoshop CS. "Yo reclamé al programa las fotografías originales, tal como salieron de la cámara, y parece ser que no las tenían, que no existen", dijo Pagès días después de la emisión del programa. Al no conocer la foto del cementerio sin fantasmas y no tener acceso a los archivos digitales originales, los peritos no podían pronunciarse sobre la autenticidad de las instantáneas. Cuando Pagès fue informado por nosotros de la existencia de la foto sin niñas y accedió a la información EXIF, concluyó que todo parecía indicar que la imagen con los fantasmas era un recorte de la foto sin ellos en la que se habían pegado las niñas. Él ya había plasmado ya antes sus dudas en su bitácora y no le sorprendió ni la existencia de la foto sin espectros ni el reciente anuncio, en la web del periodista esotérico, del hallazgo de la imagen original de la que se habían recortado las niñas para pegarlas en el cementerio abulense.

Iker Jiménez aseguró, en Cuarto milenio el 22 de enero, que había puesto en su web las fotos "a disposición de todo el mundo para que pudieran analizarlas. Nuestra opción era clara: absoluta presencia de luz y taquígrafos para saber qué era eso". Mentira. Una cosa es lo que anunció en Internet -y repitióen la tele- y otra lo que en realidad ha hecho. Porque el reportero paranormal de Cuatro no ha enviado las fotos de las niñas fantasma a todos los que se las han pedido, además de inventarse un análisis de la Guardia Civil y ocultar información a dos peritos. Nunca creí que fuera a mandar copias de las fotos a cualquiera y por eso no me tomé en serio hace unos meses su oferta en Internet. Sin embargo, cuando repitió el ofrecimiento en el canal de televisión de Sogecable, decidí pedirle por correo electrónico los archivos digitales de dos imágenes: la del cementerio sin fantamas y la del camposanto con ellos.

Le pedí los originales el pasado 29 de enero, en un mensaje que le volví a mandar el 3 de febrero. En ambos casos, advertí a Jiménez de que tenía ya los archivos digitales de las imágenes mostradas por él en la tele y en Internet -los mismos sobre los que había trabajado su equipo-, pero que prefería disponer de los originales tal como salieron de la cámara. "Mi intención es someter esas dos imágenes a diversos análisis por especialistas y dispongo ya de dos ficheros que corresponderían a esas fotos. Sin embargo, para no hacer perder el tiempo a los peritos ni que luego haya quien diga que no son las mismas fotos, me interesaría contar con archivos procedentes de ti", le expliqué en un mensaje que acababa diciendo: "Imagínate que los expertos consultados por los malvados escépticos, descartan el fraude, ¿no sería todo un aval para este misterio? Naturalmente, si consigo algún peritaje, daré a conocer los resultados del mismo sean cuales sean". Jiménez ha dado la callada por respuesta a esta petición, como hizo antes con la cursada por Schwarz en diciembre.

La oportuna 'aparición' de las niñas

El pasado sábado, Jiménez anunció en su web el hallazgo de la foto de la que se habrían recortado las niñas y que no habían contado nunca con los originales porque la cámara y la tarjeta original se habían averiado. ¿Por qué el director de Cuarto milenio ha tardado casi un año en contarnos que las fotos originales no existen? A mí, me suena a la típica justificación para encubrir un fraude. Además, no es casual que Jiménez revele ahora la existencia de la foto antigua de la que se recortaron las niñas. Estudiosos honrados de lo paranormal buscan desde hace meses esa imagen en Internet y en libros, y hace nueve días Lois López Vilas publicó un anuncio al respecto en El Ojo Crítico, un fanzine publicado por el misteriólogo gallego Manuel Carballal, que tiene de escéptico lo mismo que Jiménez, pero con el que no puede ni verse. ¿No es mucha casualidad que Jiménez haya dado con esa foto un par de días después de ese anuncio? Para mí, sí. Tras la sistemática manipulación y ocultación de información por parte de los equipos de Milenio 3 y Cuarto Milenio -los programas que dirige y presenta en la Cadena SER y Cuatro, respectivamente-, resulta difícil de creer que estemos ante una simple coincidencia.

La presunta foto original de las niñas fantasma, según Iker Jiménez, y las pequeñas oscurecidas, recortadas, bajadas de resolución y pegadas en el cementerio de Navalperal de Pinares.Jiménez sostiene en la actualidad que la foto de las niñas fantasma de Navalperal es lo que ya concluyeron hace meses en sus análisis López Vilas, Schwarz, Macías Pajas, Gerardo García-Trío y Rafael Cabello: un fraude. Da así la razón a quienes desde el principio sospecharon de la autenticidad de la foto. Y eso que él hace un año decía: "El estudio exhaustivo de éstas tomas nos demuestran que estamos a un 99% de posibilidades de admitir que eso efectivamente estaba allí". ¿Dónde está ese "estudio exhaustivo"?, ¿cómo justifica el haberse inventado un análisis de la Guardia Civil que nunca existió?, ¿pensó en serio alguna vez que nadie iba a darse cuenta de que había escamoteado información vital a Pagès y Picón? ¿desde cuándo tiene en su poder la foto antigua de las niñas?, ¿quién pegó a las pequeñas en la instantánea del cementerio de Navalperal de Pinares?, ¿ha visto y examinado alguien la cámara averiada o tenemos que seguir creyendo en su poco fiable palabra? Éstas son algunas de las preguntas que quedan todavía por responder de lo que se vendió hasta hace unos días como un gran enigma y que, en realidad, se sustentaba en una chapucera -en el mejor de los casos- investigación, en la ocultación a los expertos de información que demostraba el engaño, en la mentira y en la tergiversación. Todo, con el único objetivo de que los ingenuos pasen por caja, como ha hecho nuestro protagonista en el caso de la leyenda de Ochate y la de las caras cambiantes de Bélmez. ¡Es el negocio de lo paranormal y una nueva muesca en el extenso historial de Iker Jiménez como vendedor de falsos misterios!





214 comentarios | Enlace permanente

19 Mar 2006

Los aviones del 'Vuelo 19' vuelven a volar sobre el Atlántico en 'The triangle'.El misterio del triángulo de las Bermudas se ha reanimado esta semana con el estreno en Canal Plus de The triangle, una teleserie ideada por Bryan Singer, el director de X Men, y Dean Devlin, coproductor de Stargate e Independence Day. The triangle es un producto bien hecho y divertido, aunque, para los aficionados a la ciencia ficción, la explicación al enigma elegida por los guionistas resulte obvia casi desde el principio.

El punto de partida de la historia concebida por Singer y Devlin es un clásico paranormal contemporáneo: que en aguas del Atlántico -en la región delimitada por Puerto Rico, Florida y Bermudas- se han esfumado cientos de barcos y aviones misteriosamente. Hay en la serie referencias a las desapariciones del Cyclops y del famoso Vuelo 19, enigmáticas sólo en la mente de Charles Berlitz y compañía, porque el bibliotecario Lawrence David Kusche hace tiempo que las explicó en sus obras El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado (1975) y The disappearance of Flight 19 (1980). En el segundo libro, demostró que fue un cúmulo de infortunios lo que llevó a la muerte, el 5 de diciembre de 1945, a la tripulación de una patrulla de aviones torpederos mientras volaba sobre el mar para adiestrarse en la orientación sin instrumental ni referencias.

"Es ficción", dirán algunos sobre The triangle. Tendrán razón; pero no está de más recordar que lo que se presenta en la serie como verdad histórica no lo es, que la leyenda del triángulo de las Bermudas es un invento y que lo que sostiene, por ejemplo, Iker Jiménez en la revista de Digital + es, simple y llanamente, mentira. Recuerda el director de Cuarto milenio en la guía mensual de la plataforma de televisión de pago que el mito alcanzó su clímax con la publicación de El triángulo de las Bermudas, obra que dice que Charles Berlitz escribió en 1975, algo prodigioso porque el libro se publicó en 1974. "Ahí comienza todo, con una recopilación de las desapariciones, hundimientos y, sobre todo, la falta de datos en torno a aviones y barcos que se habían esfumado sin dejar rastro", dice.

Lo que no cuenta Jiménez es que, un año después de ponerse a la venta el libro de Berlitz, Kusche -entonces bibliotecario de la Universidad de Arizona- dio carpetazo al asunto. El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado es un catálogo de las trapacerías de Berlitz, que incluyen barcos inventados -como el inexistente Stavenger al que hace desaparecer en 1931-, otros cuyo naufragio situó cerca las Bermudas cuando sucedió en el Pacífico -como el Freya en 1902- o en el Atlántico Norte -como el Raifuku Maru en 1925-, navíos que en realidad fueron hundidos en acciones de guerra -como el Proteus y el Nereus en 1941-, algunos víctimas de tormentas -como el Cotopaxi en 1925 y el Sandra en 1950-...

"La leyenda del triángulo de las Bermudas es un misterio manufacturado. Empezó a causa de una investigación descuidada y fue elaborada y perpetuada por escritores que, consciente o inconscientemente, se sirvieron de errores, razonamientos incorrectos o simple sensacionalismo. Y tantas veces se repitió el relato que éste empezó a ser envuelto por un aura de verdad", concluyó Kusche en una obra cuya vigencia es la misma que hace más de tres decenios. Jiménez, sin embargo, no les dice nada esto a los lectores de la revista de Digital +. Sería desmontar un enigma y eso no es propio de quien vive desde hace años de explotar misterios inexistentes. Por eso, el director de Cuarto milenio sentencia que "la falta de respuesta hundió al propio tema (se refiere al enigma del triángulo de las Bermudas). Pero, sin embargo, hay que reconocer que nadie pudo poner en claro lo que sucedió realmente. Descubrirlo, tanto tiempo después, sigue siendo el gran desafío".

En la misma onda, está su colega Bruno Cardeñosa, ufólogo reconvertido a conspiranoico después de los atentados del 11-S. Este periodista es autor de una antología del disparate paleoantropológico, titulada El código secreto (2001), en la que sostiene que "los mecanismos primigenios que dieron origen a la vida estuvieron regidos por unas leyes ajenas a la evolución" y "aquellas primitivas formas de vida tenían en su soporte interno algo parecido a una orden: evolucionar hacia formas más complejas. Disponían, en suma, de un código secreto que señala que el objetivo último de la evolución es el Homo sapiens". Puro diseño inteligente, vamos. Cardeñosa es capaz de ver un fantasma en donde hay una figura de cartón en la película Tres hombres y un bebé (1987) y mantiene que "el enigma del triángulo de las Bermudas está vivo, diría que más vivo que nunca. Todas las explicaciones que han propuesto algunos escépticos se han demostrado como vulgares cuando no sencillamente estúpidas". No es que desconozca el libro de Kusche, es que, sencillamente, tampoco está por la labor de matar la gallina de los huevos de oro en un negocio de lo paranormal en el que el prestigio se labra a golpe de tontería.

Descubrir lo que no pasa ni ha pasado nunca en esa zona del Atlántico es tan difícil -diga lo que digan los misteriólogos- como abrir el libro de Kusche y pararse a pensar unos minutos en que la región maldita registra un gran tráfico aéreo y marítimo. ¿De la desaparición de cuántos aviones de línea, de los cientos que vuelan sobre el triángulo de las Bermudas a diario, tiene usted, lector, un recuerdo directo? Quizá de ninguno, a pesar de la gran atención que prestan los medios a los accidentes aéreos y naufragios. Ése es el auténtico misterio, cómo mucha gente bien informada que nunca ha tenido noticia por la prensa, la radio y la televisión de algo terrible ocurrido en esa región es, sin embargo, seducida por las patrañas del charlatán de turno.

A mí me encantaría navegar por el triángulo de las Bermudas. Si pudiera, lo haría este próximo verano en un minicrucero programado por James Randi, el ilusionista que desenmascaró a Uri Geller. El mago emitirá a cada participante en el viaje turístico un certificado en el que quedará constancia de que el intrépido viajero ha atravesado el triángulo de las Bermudas y no le ha pasado nada. Es lo que hacen cada día miles de personas; lo que ocurre es que no son conscientes de ello. Recuérdelo la próxima vez que le inviten a subirse a la nave del misterio.

43 comentarios | Enlace permanente

Sobre este blog

magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

ver otros blogs »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):