10 May 2007
Joe Nickell no se siente fielmente retratado en el papel que interpreta Hilary Swank en La cosecha. La razón no es que él sea hombre y ella, mujer. En este caso, el sexo es lo de menos. El problema es la evolución de Katherine Winter, el personaje interpretado por Swank. Es una misionera que ha perdido la fe, que se dedica a investigar milagros y que al final vuelve al redil tras toparse con lo que parece una serie de plagas bíblicas. Esa evolucióm está en las antípodas de lo vivido por Nickell. Como sabe cualquiera que haya leído sus libros o le conozca, investiga lo paranormal desde hace muchos años y nunca ha dado con pruebas de que exista algo más allá. Además, es un tipo divertido -sus bromas y chistes forman parte del programa oficioso de todo congreso escéptico- que no encaja con esos protagonistas atormentados, como al que da vida Swank, tan habituales en la pantalla grande.
"Me gustaron los primeros diez o quince minutos [de la película], cuando el personaje parecía estar haciendo lo que yo hago", ha dicho el veterano miembro del Comité para la Investigación Escéptica (CSI) en una entrevista publicada por la revista Fortean Times (FT). Luego, a la misionera le empiezan a pasar esas cosas asombrosas que nunca le suceden a Nickell -ni suceden en la vida real a nadie, seamos serios-, pero de las que están plagadas películas como La cosecha. Alistair Strachan pregunta en FT a Nickell si el enfoque escéptico es anticinematográfico, y éste responde, acertadamente, que no. Obviamente, el punto de vista crítico acaba con el misterio, pero todo lo que rodea la investigación puede ser lo suficientemente apasionante como para mantener a alguien pegado a la pantalla durante un par de horas. Voy a poner un ejemplo basado en hechos reales, que dirían en Hollywood.
Imagínese que un grupo de personas, liderado por un personaje que asegura estar en contacto con seres de otros mundos, empieza a recibir cartas supuestamente firmadas por extraterrestres. Los autores de las misivas dicen que viven entre nosotros y que apenas se diferencian físicamente, y empiezan a transmitir información científica avanzada a los elegidos, algunos de los cuales llegan a recibir llamadas telefónicas de seres con voz gutural. Ante las dudas de sus recién captados seguidores, los alienígenas ofrecen una prueba: un platillo volante con su emblema en la panza sobrevolará una zona habitada un día determinado. Así ocurre y hay quien fotografía la nave. Poco a poco, hay ufólogos que comienzan a escribir libros sobre la historia, un enigma incuestionable para ellos. Pasan los años y, treinta después, el autor del engaño confiesa tras ser sometido a chantaje por un joven reportero esotérico. Todo es falso, dice el bromista, pero casi nadie le cree en la comunidad ovni. ¿No me dirán que no hay buena materia prima? Pues algo parecido a esto -me he tomado algunas licencias- ocurrió en España entre mediados de los años 60 y principios de los 90 del siglo pasado. Como dice Nickell en FT, los asuntos que él investiga, y de los que yo suelo hablar en esta web, pueden tener mucha carga dramática.
Cuando Swank visitó España, para promocionar La cosecha, dijo que ella es "más creyente que escéptica" y que, para preparar su personaje, había leído "libros de desmitificadores que buscan razones científicas en los fenómenos sobrenaturales". Libros y revistas, porque entre el material del que se nutrió estaba The Skeptical Inquirer, tal como cuenta Nickell en un artículo recientemente publicado por el CSI, en el que dice que la actriz le causó una buena impresión durante la conversación que mantuvo con ella en un momento del rodaje. Además, recuerda como, en una entrevista concedida por Swank a un medio, habló de él como un hombre que "desmonta milagros. Para cada milagro que le traigas, él encontrará una razón científica por la cual no lo es". Dicho así parece una buena idea para una serie. Y original porque lo habitual es que los investigadores paranormales de la televisión, de dar con una explicación, sea sobrenatural.
20 Abr 2007
14 Abr 2007
Por fin ha llegado a las librerías la versión española de The God delusion, la obra de Richard Dawkins que está levantando ampollas en el mundo creyente anglosajón hasta el punto de haberse publicado ya réplicas como The Dawkins delusion?, de Alister McGrath, subtitulada Atheist fundamentalism and the denial of the divine (el fundamentalismo ateo y la negación de lo divino). Como tengo bastante avanzada la lectura del original -seguiré leyéndolo en la traducción española, que tiene el descafeinado título de El espejismo de Dios (Espasa)- y disfruté en su día de los documentales que pueden ver subtitulados aquí, sé que la obra del biólogo británico merece la pena y que está llena de argumentos interesantes, así que les animo a que se hagan con ella. Sobre todo porque rompe con el tabú de que la religión es intocable, de que desde la ciencia se pueden criticar las creencias mágicas, pero hay que excluir de esa crítica la fe en un dios creador que rige nuestros destinos porque es otra cosa y su reino no es de este mundo.
Dawkins no tiene pelos en la lengua, y se agradece. Como se agradece otro libro que acabo de leer y el ¿último? testamento vital de Carl Sagan. El primero es La vida eterna (Ariel), un ensayo en el que Fernando Savater reflexiona sobre las creencias religiosas y, en especial, acerca del cristianismo y de la jerarquía católica. El filósofo guipuzcoano no se deja en su análisis nada en el tintero y reivindica, entre otras cosas, la necesidad de una educación laica y de que las religiones no invadan terrenos que no les corresponden en las sociedades democráticas, algo habitual en España. La segunda obra es The varieties of scientific experience: a personal view of the search for God (Penguin), de Sagan, un volumen editado por Ann Druyan que recoge las intervenciones del astrónomo estadounidense en las conferencias Gifford que dictó en octubre de 1985. Druyan es, por cierto, objeto de una interesante entrevista a cargo de Michael Shermer en el último número de la revista Skeptic, dedicado al divulgador científico con motivo de los diez años de su muerte. La viuda del astrónomo revela a Shermer que Sagan no se consideraba ateo, sino agnóstico, algo que espero entender mejor cuando me lea el libro y que me sorprende tras afirmaciones sobre la divinidad como las que hizo en su serie Cosmos.
01 Abr 2007
"Les invito a unirse conmigo, a unirse con otros colegas, científicos, escritores y educadores. Únanse con los hombres y mujeres de la calle para que ellos sean jardineros de sus mentes y de la mente pública por medio de la razón y de la discusión. Decir la verdad aplicando la razón requiere valentía y también desafiar a los que repiten mitos por malicia o ignorancia. separados, somos voces solitarias gritando contra una avalancha de desinformación y misticismo. Pero juntos nuestras voces se pueden unir en un grito, en un clamor. Un clamor que espantará a aquéllos que abusan de nuestra fragilidad intelectual, estafadores televisivos con amplias sonrisas, tramposos gobernantes y pasquines horoscoperos, y a aquéllos que se engañan a sí mismos", dice mi buen amigo el psicólogo estadounidense Benjamin Radford en su artículo 'La importancia de la investigación y la amenaza de los mitos', publicado en el último número de Pensar, la revista en español del Comité para la Investigación Escéptica (CSI).
Viene el decimotercer número de Pensar cargado de interesantes textos, gracias a la labor de Alejandro J. Borgo, su director, al que gusta que la revista sea lo más variada posible, como es lógico. Así, Jorge Alfonso Ramírez reflexiona acerca de la postura del actual Papa frente a la teoría de la evolución, un asunto del que seguro que volveremos a hablar aquí; el historiador José Luis Calvo, uno de los escépticos más cultos que conozco, comenta dos ejemplos de mentiras históricas que, a fuerza de repetirse, son aceptadas por casi todos nosotros; Diego Zúñiga, que acaba de alumbrar la bitácora de La Nave de los Locos, entrevista a Ronnie Johanson, autor de El libro marrón de Dios; y todo eso se completa con las habituales secciones de crítica de libros, noticias cortas y locales.
Radford atina cuando dice que, "cuando se permite que prospere la superstición, cuando el rumor tiene el mismo valor que la verdad, cuando la opinión sustituye a la evidencia, nos perjudicamos todos". El análisis y la crítica de lo paranormal son fundamentales si queremos mantener encendida la vela de la razón y animar a la gente a pensar por sí misma, sin echarse en brazos de predicadores religiosos y políticos. Es lo que pensaban famosos divulgadores ya fallecidos como Isaac Asimov y Carl Sagan, miembros activos del CSI -se llamaba entonces CSICOP- hasta su muerte. Es lo que piensan ahora pensadores como Richard Dawkins, John Allen Paulos y Steven Pinker, también integrantes de ese club racionalista.
Porque juntos podemos ser más fuertes, les animo a unirse a proyectos como la publicación en español del CSI, la única revista en su género de ámbito iberoamericano, y al Círculo Escéptico, asociación española que trabaja en coordinación con el CSI, y con otras entidades del mundo hispanohablante y del resto de Europa. No importa dónde vivan ni cuáles sean sus medios económicos ni conocimientos (nadie ha nacido aprendido). Seguro que pueden poner su granito de arena a la hora de sacar el racionalismo a la calle como hemos hecho en Bilbao con la celebración de los dos actos de divulgación del pensamiento crítico más importantes que se han celebrado en España en el último año, la jornada Misterios, a la luz de la ciencia y el Día de Darwin 2007, de los que ahora pueden disfrutar en vídeo por cortesía de la Universidad del País Vasco.
Pensar es una revista trimestral del CSI, tiene 28 páginas y cuesta 12 dólares por un año y 20 por dos para Iberoamérica, y 15,5 dólares por un año y 26,5 por dos para Europa, EE UU y Canadá. Pueden suscribirse a la revista directamente a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo, además, el giro postal. Los residentes en España pueden hacerlo ahora en euros a través de PayPal en la web del Círculo Escéptico y también mediante un ingreso bancario previa consulta. Los números atrasados pueden conseguirse por los mismos medios.
31 Mar 2007
Varias cosas han quedado claras para mí:
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1. Que Yahoo! tenía razón en lo que se
refiere a la existencia en el foro ateo de material que violaba las Condiciones de Servicio, al margen de lo que uno piense sobre la calidad artística de la obra de Montoya y de las convicciones religiosas de cada uno. 2. Que Yahoo! se precipitó a la hora de borrar la lista sin atender antes a las explicaciones de sus gestores. Esa política -no hay que olvidarlo- deja a los responsables de foros indefensos ante posibles usuarios malintencionados. 3. Que, vistas las pruebas y la actitud de Yahoo!, achacar a la compañía censura ideológica en el cierre de lista de correo de la Unión de Cyberateos parece fuera de lugar. 4. Que, si la historia no hubiera recibido el eco que ha recibido y Grima no hubiera contado con el asesoramiento legal pertinente, Yahoo! no habría dado explicaciones de ningún tipo más allá de su primer comunicado. 5.
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22 Mar 2007
Ibon Areso, primer teniente de alcalde de Bilbao, lee un fragmento de El origen de las especies y abre oficialmente los actos del Día de Darwin en la capital vizcaína.