26 Sep 2009

El jurado de la XXII edición de los Prismas Casa de las Ciencias a la Divulgación ha otorgado el galardón al mejor libro editado en España en 2008 a Por qué creemos en cosas raras. Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo, de Michael Shermer y publicado por Alba Editorial, "porque traslada a la sociedad la necesidad de adoptar posturas analíticas y críticas frente a la pseudociencia y la irracionalidad". Me alegra que una obra como la de Shermer haya merecido este reconocimiento, que el año pasado fue para el también imprescindible Darwin y el 'diseño inteligente': creacionismo, cristianismo y evolución, de Francisco J. Ayala y publicado por Alianza Editorial. Pero, a la vez, me entristece que el jurado no haya considerado digno ni de mención a Misterios a la luz de la ciencia, editado por la Universidad del País Vasco y fruto de una iniciativa única en nuestro país de impulso del pensamiento critico y la divulgacion científica desde una institución académica. Como coordinador de la obra, soy parte interesada, aunque menos de lo que algunos creen: el premio es para la editorial y simbólico, sin dotación en metálico. Creo que Misterios a la luz de la ciencia podría haber sido, al menos, objeto de una mención honorífica como las otorgadas en este mismo concurso en ediciones anteriores. Más que nada para incentivar la divulgación escéptica made in Spain por científicos de primera línea.

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10 Sep 2009

He visto cosas increíbles: desaparecer un elefante en un escenario, encenderse un cigarrillo al acercarlo a un cenicero vacío, adivinar el resultado un número de una suma antes de conocer los sumandos. Aunque parecen milagros, no lo son. Sé que detrás de cada uno de esos prodigios hay una explicación racional, pero nunca me ha importado ignorarla. Cada vez que veo un espectáculo de magia, disfruto de la ilusión de lo increíble, de lo para mí inexplicado, que no inexplicable. No busco el truco, como no lo hago ante los efectos especiales de una película.

Entre el ilusionista y su público existe siempre un pacto: el artista se compromete a simular prodigios; el espectador, a seguirle el juego. Los ilusionistas viven de hacernos creer en lo increíble, pero están en las antípodas de los psíquicos y los investigadores de lo paranormal. Mientras que los primeros nos advierten de que lo suyo tiene truco, los segundos quieren hacernos creer que vivimos en un mundo lleno de prodigios. Hay gente que admite que el ilusionista David Copperfield nunca ha hecho desaparecer la Estatua de la Libertad, aunque parezca que así ha sido, y cree, sin embargo, que Uri Geller dobla cucharas sólo con el poder de la mente. Si el mago estadounidense se dedicará a romper cuberterías, dirían que hay gato encerrado; pero como lo hace Geller…

El mundo de lo paranormal es un mundo de engaños donde se vende lo inexplicado como inexplicable. Todos los dotados -desde las hermanas Fox, fundadoras del espiritismo a mediados del siglo XIX- han tenido su principal enemigo en los ilusionistas, por una razón muy simple: éstos viven de engañar a la gente y saben cómo hacerlo. El famoso Harry Houdini fue hace un siglo la bestia negra de los psíquicos, como hoy lo es James Randi, mago capaz de duplicar todos los fenómenos paranormales que han hecho famoso a Geller, desde doblar cucharas hasta adivinar qué ha dibujado alguien a sus espaldas. Cuando lo hace Randi, tampoco nadie habla de poderes extraordinarios.

Ray Hyman, profesor de psicología de la Universidad de Oregon, se hizo pasar una vez por echador de cartas en un programa de radio y abrió los micrófonos a los oyentes para que le preguntaran qué les iba a deparar el futuro. El resultado fue extraordinario: todos le dieron un sobresaliente en sus predicciones. Hyman, en realidad, sólo había puesto en práctica lo que se conoce como lectura fría, una técnica que consiste en sonsacar información al consultante para devolvérsela como si fuera un hallazgo nuestro. Es lo que hacen los adivinos en la tele, la radio y sus gabinetes, preguntar al cliente y deducir cosas de sus respuestas, apariencia, gestos… Fíjense la próxima vez que vean a un brujo en acción en un medio de comunicación cómo necesita que el pagano le facilite información, cómo no puede deducir por sí mismo ni siquiera la edad de su interlocutor.

No hay nada paranormal en la lectura fría. Cualquiera puede aprender sus principios y vivir de la ingenuidad del prójimo. En España, lo hacen miles de personas que echan el tarot, leen la bola de cristal o hacen cartas astrales. Y hay quien cree en sus poderes, pero niega que un ilusionista sea capaz de hacer desaparecer de verdad la Estatua de la Libertad, cuando en el fondo hablamos de lo mismo, de la ilusión de lo increíble. A mí me gusta que me asombren, no que me engañen. ¿Y a usted?

Publicado originalmente en A Ciencia Cierta.

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03 Sep 2009

"La barrera para convertirse en experto se sitúa tan abajo que el único requisito real es el talento para la autopromoción", dice Damian Thompson sobre los vendedores de dietas milagrosas en Los nuevos charlatanes. La sentencia puede ampliarse a cualquier campo del contraconocimiento, desde la pseudohistoria hasta la medicina alternativa, pasando por el conspiracionismo, los ovnis y los peligros de la telefonía móvil. Periodista y sociólogo de la religión, Thompson es el niño que alerta en el cuento de que el emperador está desnudo. Nos avisa en este ameno ensayo del peligroso auge de una industria que explota la pseudociencia en su beneficio, en contra del conocimiento científico, y a veces con riesgo para nuestras vidas y la democracia.

Supe de esta obra gracias al historiador José Luis Calvo. Me la recomendó diciéndome que se trata de uno de los pocos libros escépticos publicados en España en los últimos años que ha encontrado interesantes. Destacaba, entre los argumentos a favor de Los nuevos charlatanes, que el autor le hincaba el diente a la pseudohistoria y, en particular, a Graham Hancock y al libro 1421: el año en que China descubrió el mundo, de Gavin Menzies. Sinceramente, Hancock siempre me ha parecido un plomazo y las lucubraciones de Menzies, sinsentidos, pero Thompson se ha molestado en desmontar tanto los artificios del primero y otros pseudoarqueólogos como los del segundo. A pesar de esto, para mí el principal logro del autor es otro, poner en el objetivo a los auténticos culpables del auge del contraconocimiento: los empresarios de la comunicación y la edición. Sin ellos, el charlatán más avispado sería un don nadie; con ellos, un experto acaba convirtiéndose en la referencia para miles e incluso millones de personas.

La guerrilla de las bitácoras

El papanatismo que nos rodea tiene en este libro un magnífico antídoto con una salvedad, la de la religión como me advirtió Calvo en su momento. Thompson, editor en jefe del Catholic Herald, considera que las creencias religiosas no han de juzgarse con las herramientas de la razón, como el resto de pensamiento mágico. "Si uno cree que el Espíritu Santo existe, nadie puede demostrar que se equivoque. Eso no es contraconocimiento. Si uno afirma que el Espíritu Santo le ha curado un cáncer, eso tampoco es contrastable; nadie puede demostrar que Dios no estuviera detrás de los procesos naturales o médicos que llevaron a su curación", dice, invirtiendo tramposamente la carga de la prueba. Porque, cuando alguien sostiene que algo existe, es ese alguien quien debe demostrarlo, no el resto quien tiene que demostrar que ese algo no existe. Y lo mismo vale respecto a la mano de Dios en cualquier proceso natural o artificial. Es el borrón en un libro recomendable.

Thompson hace, además, en el último capítulo una llamada a la acción en Internet, un campo en el que también los anglosajones sacan años luz de ventaja a los escépticos hispanohablantes. "En el último par de años el contraconocimiento ha demostrado ser sorprendentemente vulnerable a los ataques de guerrilla de la bitacosfera. Los defensores independientes de la verdad empírica, armados hasta los dientes de datos sólidos, han organizado emboscadas devastadoras contra los curanderos y embaucadores que han penetrado demasiado en el dominio público", indica. Y cita cuatro sitios de Internet que, a su juicio, "han hecho absolutamente miserables las vidas de las celebridades de la pseudociencia" porque "las reputaciones son fáciles de dañar en un mercado ferozmente competitivo, y la gente tiende a disfrutar del espectáculo de la humillación de opulentos y altivos gurús de la salud".

Damian Thompson [2008]: Los nuevos charlatanes [Counterknowledge. How we surrendered to conspiracy theories, quack medicine, bogus science and fake history]. Traducción de Joan Lluís Riera. Ares y Mares. Barcelona 2009. 223 páginas. 18,5 €.

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01 Sep 2009

Crónicas de Magonia, la sección agosteña de misterios que ha publicado el diario El Correo, ya es historia. Por segundo año consecutivo, he tenido el privilegio de escribir una serie de reportajes veraniegos sobre enigmas desde un punto de vista crítico, una iniciativa única en la prensa española y posible gracias a mis jefes, que aceptaron la idea; los compañeros de la sección de Vivir del periódico de papel que revisaron los textos y se preocuparon porque no se colara ninguna errata; y los de diseño, que lograron que las páginas tuvieran un aspecto atractivo. Como ya dije el año pasado respecto a la sección La cara oculta del misterio -de la que ésta es heredera-, he tenido la fortuna de contar como ilustrador con Iker Ayestarán y como revisores de todos los originales con la periodista María Luisa Idoate y el historiador José Luis Calvo, que me han evitado un buen montón de meteduras de pata. Además, los periodistas Alejandro C. Agostinelli y Julio Arrieta, buenos conocedores de Misteriolandia, leyeron algunos originales, al igual que hizo Mikel Iturralde, director de información de El Correo Digital. A todos ellos, y a los compañeros y lectores de Magonia que me han sugerido temas a tocar, muchas gracias. Si hay algún error, es exclusiva responsabilidad mía.

Cuando acabé la serie del año pasado, creí que iba a resultar complicado tener material para otra entrega de misterios veraniegos. No ha sido así. Dos cosas han contribuido indirectamente a ello: la reducción de 42 a 31 reportajes, que se ha debido a que El Correo ha limitado este año sus páginas estivales a agosto, y la de líneas, que decidimos por independiente -"casualidad, ¿lo dudo?", diría el charlatán de turno- Óscar Villasante, jefe del área de Vivir, y yo. Además, concebí la sección desde el principio como una recopilación de historias curiosas, más que de grandes temas, lo que ha hecho que se hayan quedado en la recámara más reportajes que los publicados. ¿Quiere decir eso que hay material para una tercera entrega de enigmas veraniegos? Sí, y hasta para una cuarta. Lo que no implica, de momento, que vaya a escribirlas; aunque ya tengo más de una cuarentena de anécdotas susceptibles de ser contadas, sin haberme sentado a pensar en serio, sólo con las notas tomadas mientras viajo en metro, leo o veo la tele. De momento, les dejo con las miniaturas de las 31 páginas de las Crónicas de Magonia. Cada una enlaza con el texto correspondiente publicado en esta bitácora.

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05 Ago 2009

James S. McDonnell, fundador y presidente de la compañía aeronáutica McDonnell Douglas, donó hace treinta años 500.000 dólares -unos 33 millones de pesetas de entonces, el cuádruple de lo que costaba un piso de 200 metros en la Gran Vía bilbaína- a la Universidad de Washington para que investigara los fenómenos paranormales. El físico Peter Phillips asumió la dirección del llamado Laboratorio McDonnell para la Investigación Psíquica, que reclutó a los sujetos a estudiar mediante anuncios en la prensa. Dos fueron los elegidos entre trescientos candidatos que decían tener poderes psíquicos: Michael Edwards y Steve Shaw, de 17 y 18 años, respectivamente.

Phillips estaba particularmente interesado en el doblamiento psicoquinético de metal -lo que hacía Uri Geller con cucharas y llaves-, y disfrutó de eso y mucho más. Durante veintiún meses, Edwards y Shaw realizaron ante los ojos de los investigadores y las cámaras del proyecto un sinfín de maravillas: doblaron cubiertos, adivinaron dibujos metidos en sobres, fundieron fusibles, hicieron girar molinillos de papel dentro de recipientes estancos... Parecía que, por fin, la parapsicología iba a entrar a formar parte de las disciplinas científicas cuando empezaron a circular inquietantes rumores.

Los lanzó el ilusionista James Randi en un congreso de magos celebrado en Pittsburgh en julio de 1981. Se jactó de que Edwards y Shaw eran discípulos suyos, y de que lo que Phillips y su equipo consideraban fenómenos paranormales eran sencillos trucos de prestidigitación. "Once días después, me enteré de que los rumores habían llegado hasta el Laboratorio McDonnell. Era un intento de alertar a los parapsicólogos. En vez de eso, se los contaron a Banachek (nombre artístico de Shaw) y Edwards como bromas. No les preguntaron si había algo de verdad en ellos", recordaba Randi en 1983.

Adiós a los prodigios

Si en algún momento los parapsicólogos hubieran preguntado a los jóvenes si recurrían a trucos, éstos habrían respondido: "Sí, y nos ha enviado James Randi". Era una de las premisas con las que el ilusionista había puesto en marcha tan peculiar iniciativa, llamada Proyecto Alfa, después de que Phillips desoyera sus consejos previos para evitar engaños. El ilusionista había recomendado a los parapsicólogos adoptar protocolos experimentales estrictos e inmutables, no admitir sugerencias de los sujetos que dieran pie a trampas y, sobre todo, que hubiera siempre un mago alerta ante posibles trucos.

Phillips empezó a sospechar del engaño después de que Randi le mandó un vídeo con explicaciones de algunos trucos paranormales. Se estrecharon los controles, como había pedido desde el principio el ilusionista, y se acabaron los prodigios. Edwards y Shaw ya no podían, por ejemplo, adivinar los dibujos dentro de sobres cerrados con grapas por el simple procedimiento de quitar algunas con las uñas, echar una ojeada y luego volver a meter las grapas por los mismos agujeros.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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30 Jul 2009

La Fundación Educativa James Randi (JREF) no suspenderá en 2010 el reto que premia con un millón de dólares a quien demuestre tener poderes paranormales, como anunció a principios del año pasado. "Después de mucho debate, hemos decidido no dar por terminado el desafío", anunció ayer Phil Plait, presidente de la JREF. La organización va a modificar el proceso de examen de los candidatos, que consume demasiado tiempo y dinero, y espera que el nuevo sea una realidad en marzo del año que viene. "Vamos a seguir poniendo a prueba las afirmaciones y examinando las evidencias", promete Plait. Ningún dotado ha demostrado sus poderes ante Randi en más de diez años.

¡Es una magnífica noticia! Conozco el premio de Randi desde su nacimiento y, además, me involucré personalmente en una versión anterior en la que gente de todo el mundo nos comprometíamos por escrito a aportar cada uno un mínimo de 1.000 dólares a un fondo común, gestionado por el ilusionista. En enero del año pasado, el anuncio de la suspensión del reto me dejó un amargo sabor de boca. No íbamos a poder seguir diciendo al charlatán de turno: ¡demuéstrelo o cállese! Por fortuna, al final, podremos seguir invitando al zahorí, vidente o lo que sea a que pruebe sus poderes en condiciones controladas y como compensación, además del reconocimiento mundial, gane un dinero que, si quiere, podrá donar a una ONG.

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26 Jul 2009

Un año después de la publicación de 42 reportajes sobre enigmas paranormales dentro de la oferta veraniega del diario El Correo, vuelvo a la carga el sábado con una sección similar que ilustrará, otra vez y por fortuna, Iker Ayestarán, lo que ya es una garantía de que va a resultar, por lo menos, estéticamente atractiva. Las Crónicas de Magonia se centrarán en asuntos habituales para los lectores de este blog, como ya pasó con La cara oculta del misterio. Al igual que en 2008, habrá textos dedicados a temas que ya he tratado aquí, escritos pensando en el público en general, y habrá enigmas de los cuales nunca he hablado -me parece increíble después de seis años y casi un millar de anotaciones- quizá porque no he encontrado perchas de la actualidad de las que colgarlos. Como ya cuentan hoy en el periódico -donde mis compañeros me llaman hiperescéptico (?)-, exploraré el mundo de las conspiraciones, los milagros, los monstruos, los ovnis... Varios amigos -algunos expertos en los asuntos tratados y otros no- han leído los originales en aras de que sean lo más rigurosos y comprensibles posible, pero la responsabilidad final si algo está mal o resulta farragoso es exclusivamente mía porque no siempre he seguido sus consejos.

Espero que disfruten con las Crónicas de Magonia, cuya versión digital tendrá el añadido habitual de vídeos y enlaces. Como bonus track, les ofrezco hoy un montaje con las ilustraciones de Iker Ayestarán del año pasado:

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14 Jul 2009

Woody Allen y su esposa Soon-Yi Previn están educando a sus dos hijas, Manzie y Bechet, de tal manera que cuando sean adultas puedan elegir libremente sus creencias. "Les estamos formando no en una religión determinada, sino en lo que llamamos humanismo secular: les enseñamos a ser honestas y amables, y a respetar la dignidad humana y los derechos de los demás", confesaba el cineasta hace unos días en The Daily Mail. El matrimonio quiere que sus pequeñas, que tienen menos de 10 años, mantengan "la mente lo más abierta posible" y asimilen cuanta información puedan para que, cuando sean mayores, decidan conscientemente en qué quieren creer.

"No es así como yo me eduqué. Tuve una infancia feliz, pero más o menos me enseñaron una cosa sobre religión y una cosa sobre política. Me dijeron: «Esto es lo que crees sobre esto y esto es lo que crees sobre esto otro». No tuve oportunidad de elegir", recuerda el artista en una interesante información de la que me enteré a través de D.J. Grothe, director de programas del Center for Inquiry (CfI). Con el tiempo, como nos ha pasado a muchos, el Allen adulto y racional se quedó con algo de lo que le enseñaron de niño, pero rechazó gran parte de las creencias que le inculcaron cuando era propenso a creer cualquier cosa, desde el cuento de Adán , Eva y la manzana hasta el del Paraíso musulmán con sus huríes, pasando por las reencarnaciones hinduistas y, ¿por qué no?, el mesianismo extraterrestre.

Si tuviera menores a mi cargo, optaría por la alternativa de Woody Allen: educarles en la libertad y el conocimiento para que, cuando tuvieran capacidad racional de elegir, lo hicieran sin los lastres del adoctrinamiento religioso o político. De ser ésta una corriente mayoritaria, creo que las religiones perderían mucha de la fuerza que tienen, ya que el virus de la fe es oportunista y arraiga mejor cuanto más débil desde el punto de vista racional es su objetivo. ¿Y qué hay más vulnerable que un niño, que un ser humano que todavía es incapaz de pensar por sí mismo en un sentido pleno?

Lo saben bien los mandamases de todos los credos y, por eso, siempre han querido estar presentes en el sistema educativo para moldear las mentes de los pequeños a su gusto cuando todavía carecen de defensas frente al virus de la fe. En España, por desgracia, los sucesivos Gobiernos democráticos -incluidos los autodenominados progresistas- han optado no por crear una sólido sistema educativo público que forme ciudadanos libres, sino por insertar en el existente a los centros religiosos, facilitando a los credos que sigan adoctrinando a las nuevas generaciones muchas veces en principios que van contra la igualdad, la dignidad de las personas y la verdad.

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22 Jun 2009

"Debemos respetar la religión de los demás, pero sólo en el sentido y la medida en que respetamos su teoría de que su esposa es hermosa y sus hijos inteligentes", escribió Henry Louis Mencken (1880-1956), colocándonos en una situación respecto a lo sagrado equiparable a ésas por las cuales casi todos hemos pasado ante amigos enamorados y padres devotos. En el peor de los casos, hemos emprendido una huida cortés cuando, dada la falta de belleza o de inteligencia de los admirados, nos ha resultado imposible secundar a nuestro interlocutor. Con la religión, quienes no creemos nos vemos obligados siempre a esto último, aunque, por tradición cultural, aguantemos mejor que alguien nos diga que cree en la divinidad de Jesús a que confiese que sigue las enseñanzas de L. Ron Hubbard, cuando la verdad es que, en el fondo, los principios doctrinales de cualquier religión son tan irracionales como los de la más disparatada de ellas.

El matemático John Allen Paulos sigue la máxima del gran periodista estadounidense de la primera mitad del siglo XX en su libro Elogio de la irreligión (2008), en el cual desmonta lógicamente los argumentos a favor de la existencia de Dios con un punto de irreverencia, pero sin cebarse en los creyentes. "Me repele que los ateos o agnósticos dirijan ataques personales y agresivos contra la fe de otros o la tilden de bobada propia de ignorantes o algo peor. Los que así actúan merecen la etiqueta de arrogantes y déspotas", advierte Paulos. Coincido con él. Los creyentes sinceros no fanáticos tienen todo mi respeto; entiendo que haya gente que necesite creer en algo para consolarse ante la finitud de la vida, aunque me sea imposible compartir esa necesidad. Lo que resulta intolerable es que haya quienes intenten imponernos a los demás sus credos o principios, como trata de hacer la Iglesia católica española cada dos por tres y ante lo cual mi propuesta es no darle un céntimo en la declaración de Hacienda, con la esperanza de que alguna vez haya un Gobierno en Madrid que ponga fin a la injusticia que supone que los católicos detraigan dinero del fondo común de todos para pagar su credo, en vez de abonar un suplemento

Me parece sano discutir abiertamente la veracidad de las afirmaciones religiosas, desde la existencia de Dios, Alá, Zeus y Odín hasta la divinidad de Jesucristo, pasando por el Diluvio Universal y la sucesión de milagros que a casi todos los que crecimos en la España franquista nos inculcaron como verdades históricas incuestionables. Paulos se centra en este magnífico libro en demostrar, entre otras cosas, que poner a Dios al principio de todo no soluciona nada -¿quién creó a la divinidad?, ¿qué había antes?- y que los principios morales que parecen universales no lo son porque emanen de un ser supremo, del mismo modo que a nadie se le pasa por la cabeza atribuir la universalidad de las matemáticas a un origen divino. Y hace un llamamiento al activismo irreligioso que sirva para romper el matrimonio entre Iglesia y Estado en su país, algo que tambén sería de desear por estos lares.

Joan Allen Paulos [2008]: Elogio de la irreligión. Un matemático explica por qué los argumentos a favor de la existencia de Dios, sencillamente, no se sostienen [Irreligion. A mathematician explains why the arguments for God just don't add up]. Traducción de Ambrosio García Leal. Tusquets Editores (Col. "Metatemas", Nº 106). Barcelona 2009. 165 páginas.

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21 Jun 2009

Seis años hace hoy que nació Magonia. Así que es día de recapitulación y ombliguismo. Hay en esta web a su disposición 936 anotaciones: en 2003 (sólo seis meses), publiqué 70; en 2004, 83; en 2005, 92; en 2006, 131; en 2007, 197; en 2008, 228; y en lo que llevamos de año, he colgado ya 135. Hay 120 vídeos -incluidas una treintena de conferencias-, 93 archivos sonoros -de una duración media de unos 20 minutos cada uno- y mucho, mucho texto. Y les advierto de que este verano intentaré seguir al mismo ritmo de publicación que en los últimos meses si es que no ocurre algún contratiempo, porque cosas que contar y que comentar sobre el mundo del misterio hay de sobra.

Ha sido el curso 2008-9 denso en la organización de actos públicos en Bilbao. Empezó con la celebración del centenario de la explosión de Tunguska, con Xabier Orue-Etxebarria, Agustín Sánchez Lavega y Josep Maria Trigo-Rodríguez; continuó con la tercera edición de la jornada Misterios, a la luz de la ciencia, con Ignacio García-Valiño, Luis R. González y Mauricio-José Schwarz; y acabó con la celebración del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, con conferenciantes de la talla de Juan Luis Arsuaga, Francisco J. Ayala, Pilar Carbonero y José Manuel Sánchez Ron. A todos ellos y a quienes hicieron posible estos actos desde las diversas instituciones participantes, muchas gracias.

Por mi parte, hablé en enero de Marte, la obsesión roja, en la segunda de las conferencias programadas por AlhondigaBilbao con motivo del Año Internacional de la Astronomía; y, en los últimos meses, han experimentado y buscado explicaciones a lo paranormal guiados por mí alumnos de la Ikastola Aranzadi de Bergara (Guipúzcoa) y del Colegio Presentación de María de Vitoria, además de los veteranos de las Aulas de la Experiencia de la Universidad del País Vasco (UPV) en Bilbao. Me hubiera gustado prodigarme más, pero mis obligaciones laborales son otras. Estoy muy satisfecho, por último, de la publicación del libro Misterios a la luz de la ciencia, en una edición cuidadísima de la UPV, y de la serie La cara oculta del misterio, 42 reportajes sobre otros tantos enigmas publicados en El Correo durante el verano de 2008. Que ambos proyectos llegaran a buen puerto es un acicate para seguir haciendo cosas.

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Misterios a la luz de la ciencia
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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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