09 Jul 2006

Ratzinger observa el cáliz que se venera en Valencia como el Santo Grial. Foto:Efe.

Benedicto XVI vio ayer, en la catedral de Valencia, la copa que, según la tradición local, utilizó Jesús en la Última Cena. El Santo Cáliz valenciano, que está en la capital del Turia desde 1414, fue examinado en 1960 por el arqueólogo Antonio Beltrán (1916-2006). El experto concluyó que está formado por tres piezas diferentes: la copa superior, de piedra ágata cornalina, está datada entre el siglo II antes de Cristo (aC) y el I de nuestra era, y fue labrada en Egipto, Siria o Palestina; el pie es un vaso egipcio o califal del siglo X u XI, que tiene con una inscripción en árabe; y las asas, la unión, las piedras preciosas y las perlas se habrían añadido en el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca), de donde salió la pieza en 1399 hacia Zaragoza.

Beltrán aseguró hace 46 años que la ciencia no podía pronunciarse en contra de la autenticidad de la reliquia; no dijo que tampoco podría hacerlo a favor. Que la copa superior se hiciera entre el siglo II aC y el I de nuestra era no prueba que esa pieza del Santo Cáliz sea el Santo Grial, al igual que el hallazgo de una barca de hace dos milenios en el mar de Galilea no demuestra que Jesús navegara en ella. La mayoría de los historiadores considera en la actualidad el Santo Grial una leyenda de origen celta, vinculada a los míticos recipientes que proporcionaban alimentos en abundancia y asimilada por el cristianismo  en la Edad Media.

El Santo Cáliz que se venera en Valencia. Foto: Efe.El recipiente sagrado apareció por primera vez en el siglo XII en el poema de Perceval, de Chretién de Troyes, donde no queda claro qué es el Grial. Posiblemente poco después, el cuerno de la abundancia se transmutó en el cáliz de la Última Cena y el recipiente en el que José de Arimatea habría recogido la sangre de Jesús de la herida abierta por el lanzazo del soldado romano. Así habría empezado la actual leyenda, la que vincula la copa a Jesús de Nazaret y dio lugar a la multiplicación de griales en una Edad Media en la que la fabricación de reliquias fue una muy rentable industria.

Más allá de la cortesía, Ratzinger no prestó ayer especial atención a la falsa reliquia, que le fue presentada con todo el boato posible en la catedral de Valencia, delante de la Conferencia Episcopal en pleno. Quienes sí se entusiasmaron con el Santo Cáliz fueron los comentaristas y periodistas televisivos -tanto durante la retransmisión en directo como en los informativos-, dejando claro una vez más que el espíritu crítico permanece enjaulado cuando anda de por medio el Espíritu Santo. Hay, ciertamente, una historia de la copa desde la muerte de Jesús hasta su llegada a Valencia; pero, al igual que en el caso de otras reliquias famosas -como la sábana santa-, estamos ante un relato de ficción creado con el fin de proporcionar un pedigrí a la pieza.

Está por ver si el Papa usa hoy el Santo Cáliz en la eucaristía que cierra el V Encuentro Mundial de las Familias. "Benedicto XVI podría utilizar el Santo Grial en la misa del domingo", anunciaba ayer El Mundo, diario para el que tampoco parece haber dudas sobre la autenticidad de la pieza. Juan Pablo II ya tomó en sus manos la falsa reliquia para la consagración en Valencia 1982; pero es que también se postró ante la sábana santa años después del análisis del carbono 14, que dictaminó que fue fabricada en el siglo XIV.



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07 Jul 2006

Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), criticó ayer en Valencia con dureza lo que él considera un intento de apropiación de los Evangelios "por parte de personas y grupos extraños", y reivindicó a la Iglesia como única legítima custodia de "la memoria de Jesús". "Sólo a la Iglesia confió Jesús su Evangelio", dijo en el Congreso de Teología que se celebra en Valencia dentro del V Encuentro Mundial de las Familias. El obispo de Bilbao censuró la publicación del Evangelio de Judas en coincidencia con la Semana Santa y a quienes dijeron que "obliga a revisar todo lo que sabemos sobre Jesús", y añadió que existe una predisposición "a admitir que el cristianismo transmitido por la Iglesia ha ocultado cosas importantes y que la historia se ha deformado" en asuntos sustanciales, en clara alusión a El código Da Vinci y sus innumerables secuelas.

Ricardo Blázquez.El mensaje de Blázquez es mucho más que una pataleta en vísperas de una visita papal, en un momento en el que la jerarquía de la Iglesia española se siente con respaldo suficiente como para sostener disparates como que en los dos últimos años en este país se "ha sufrido un gravísimo deterioro en el tema de la familia". El obispo parece querer profundizar con su discurso en la línea marcada por la instrucción pastoral emitida el 30 de marzo por el organismo que preside, bajo el título de Teología y secularización en españa. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II. Este documento rechaza que los textos bíblicos puedan ser objeto de estudio por parte de las ciencias humanas, al tratarse de verdades reveladas por la divinidad.

"En algunas ocasiones los textos bíblicos se estudian e interpretan como si se tratara de meros textos de la Antigüedad. Incluso se emplean métodos en los que se excluye sistemáticamente la posibilidad de la Revelación, del milagro o de la intervención de Dios. En lugar de integrar las aportaciones de la historia, de la filología y de otros instrumentos científicos con la fe y la Tradición de la Iglesia, frecuentemente se presenta como problemática la interpretación eclesial y se la considera ajena, cuando no opuesta, a la exégesis científica. El olvido de la inspiración y del canon de la Sagrada Escritura, como si se tratara de principios irrelevantes para la auténtica comprensión del texto sagrado, no deja de constituir una grave preocupación. El problema no radica en la utilización de los recursos de la filología o de todos los datos que la investigación nos ofrece, sino de aquellos presupuestos filosóficos e ideológicos de los métodos, que resultan incompatibles con la confesión de Cristo, centro de las Escrituras. Dichos métodos son muy útiles y necesarios dentro de su ámbito, pero no pueden tener, por su propia naturaleza, la última palabra en la comprensión de un texto bíblico cuyo elemento determinante es la inspiración. Sería algo semejante a querer comprender la persona e identidad de Cristo prescindiendo de su carácter divino, y, además, presentar tal comprensión como una conclusión científica. La consecuencia de una errónea exégesis es que la Escritura deja de ser el alma de la teología, y no puede fundamentar ni la catequesis, ni la liturgia, ni la predicación, ni la vida moral cristiana, ni la piedad de los fieles", dice el punto 19 de la instrucción pastoral.

Nuestra herencia cultural

Lo que preocupa a la Iglesia es que la gente se aproxime a los textos bíblicos como a otro escrito histórico más. Ése es el quid de la cuestión. La institución que ha monopolizado durante siglos la interpretación de las Sagradas Escrituras se encuentra ahora con que un grupo creciente de eruditos hace públicas interpretaciones de la Biblia que están a años-luz de la fe infantil basada en una sucesión de milagros y prodigios. Los estudiosos analizan los textos con las herramientas de la ciencias humanas y eso acaba con muchos de los mitos que trufan la Biblia. La Iglesia, sin embargo, parece considerar que sus fieles no son lo suficientemente adultos como para admitir, por ejemplo, que los episodios de la Navidad son ficción, aderezada con elementos históricos y culturales propios de la época y la sociedad en la que fueron redactados; que fueron escritos después de la muerte de Jesús y que no hubo nadie el día de autos en el portal de Belén levantando acta de la lista de adoradores porque, entre otras cosas, nadie sabía en aquel momento la relevancia histórica que alcanzaría con el tiempo aquel niño. Es sólo un ejemplo, pero hay muchos más.

Florence Darbre, conservadora del manuscrito, trabaja con el especialista en copto Gregor Wurst para unir los múltiples fragmentos. Foto: Kenneth Garrett-NGS.

Dice Blázquez que "sólo a la Iglesia confió Jesús su Evangelio". Sin embargo, la verdad es que Jesús no fundó la institución que ahora habla en su nombre, que los Evangelios son más que los cuatro incluidos en el Nuevo Testamento, que fueron redactados a lo largo de más de un siglo, que sus autores no fueron aquéllos a quienes la tradición atribuye los textos... Es más, los Evangelios y el resto de los textos del Nuevo testamento ni siquiera son la memoria de Jesús, sino la memoria de los primeros cristianos. Todo eso y mucho más lo sabemos gracias a los investigadores que estudian las Escrituras "como si se tratara de meros textos de la Antigüedad", ninguno de los cuales dijo, a raíz de la publicación del Evangelio de Judas, que hubiera que "revisar todo lo que sabemos sobre Jesús", ni apoya visiones fantásticas y disparatadas como las contenidas en la obra de Dan Brown. Los expertos a los que critica la CEE sostienen, por ejemplo, que el Evangelio de Judas mina una de las agarraderas del antisemitismo -la de la traición por unas monedas- y, sobre todo, demuestra la riqueza y diversidad del cristianismo primitivo. El cristianismo fue durante más de un siglo muy diferente a lo que es  hoy en día porque, entre otras cosas, no existía nada parecido a la Iglesia y cada predicador o grupo de predicadores podía seguir unos textos distintos del conjunto formado por los biblicos, los apócrifos y otros.

Aunque no seamos creyentes, los Evangelios -todos- forman parte de nuestra herencia cultural, al igual que las pirámides de Egipto y la escritura cuneiforme. Por eso, es deber de los historiadores acercarse a ellos con espíritu crítico para discernir lo que es realidad y lo que es ficción, y para esclarecer cómo fueron los orígenes reales de un movimiento religioso al que hoy pertenece un tercio de la Humanidad. Que el obispo de Bilbao quiera apropiarse de los textos bíblicos para la Iglesia y blindarlos ante los estudios científicos, es un sinsentido imposible.


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06 Jun 2006

Escena de la nueva versión de 'La profecía.Cuando Ronald y Nancy Reagan abandonaron la Casa Blanca en 1989 y se instalaron en el 666 de St. Cloud Road, en el lujoso barrio angelino de Bel Air, la ex primera dama pidió inmediatamente que se cambiara el número de la casa, que pasó a ser el 668. Fundamentalistas protestantes -el ex actor impulsó el creacionismo durante su presidencia- y creyentes en la astrología hasta el extremo de modificar su agenda oficial según el designio de las estrellas, los Reagan no querían que su hogar estuviese marcado por el número de la Bestia. Porque el triple seis identifica al Mal encarnado y por eso Hollywood ha elegido hoy -día 6 del sexto mes de 2006- para estrenar la nueva versión de La profecía (1976), en la que el Anticristo vuelve a las andadas después de la oleada de fines del mundo diabólicos de finales del siglo XX.

"¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666", dice el versículo 18 del capítulo 13 del Apocalipsis. Lo que, según los estudiosos de la Biblia, pretendió con el número el autor el Libro de la Revelación, como también se conoce el texto, fue que sus lectores identificaran al enemigo, pero que éste no se diera cuenta y no tomara represalias, porque la Bestia era muy poderosa. "El Apocalipsis es un libro escrito en lenguaje cifrado, un ataque frontal al Imperio romano, y el público al que iba dirigido conocía las claves, estaba en el secreto", explica Rafael Aguirre, profesor de Nuevo Testamento de la Universidad de Deusto.

Un mensaje cifrado

Los hebreos cultivaban una variante de la numerología, que se conoce como gematría, en la que a cada letra de una palabra corresponde una cifra y la suma de todas las cifras es el número de la palabra. El 666 es "la cifra de un hombre", escribe el autor del Apocalipsis, a quien se identifica como Juan el Presbítero y que, a finales del siglo I, se dirigía a las comunidades cristianas de Asia Menor. La Bestia oculta tras el 666 era el emperador romano Domiciano, una especie de Nerón redivivo que persiguió con crueldad a los cristianos, indica Aguirre. Además, en la numerología apocalíptica, el 7 significa la perfección -sería el número de Jesús-; el 6, la imperfección; y el 666, la imperfección absoluta, incapaz de llegar al 7 por mucho que se divinice, como hace el emperador.

No hay en el Libro de la Revelación ninguna fecha del fin del mundo ni se cita al Anticristo. "El Apocalipsis hay que interpretarlo en relación con la situación histórica de la comunidad en la que surge. Es el reflejo de lo que piensa una corriente cristiana que en Asia Menor resiste al Imperio. Se usan un lenguaje cifrado y una imaginería determinada para llamar a la resistencia", apunta el teólogo. No es una postura, la oposición a Roma, que compartan todos los cristianos de la época: algunos mantienen una actitud contemporizadora.

Escena de la nueva versión de 'La profecía'. El Anticristo sólo aparece indirectamente en un lugar del Nuevo Testamento, en la Segunda Carta a los Tesalonicenses, atribuida a Pablo y que los biblistas contemporáneos creen que no escribió él. Es después de la destrucción de Jerusalén, en el año 70, cuando prolifera la literatura apocalíptica y se dan todo tipo de especulaciones, explica Aguirre. Más recientemente, las sectas fundamentalistas se han entusiasmado por un texto lleno de símbolos, lo han interpretado -y tergiversado- a su gusto y el 666, el número de la Bestia originalmente identificada con el Imperio romano, se ha convertido en el del Diablo y el día del fin del mundo.

La cultura popular identifica ahora el triple 6 con Satanás y, por extensión, a éste con una larga lista de personajes, incluido Reagan, cuyo nombre completo -Ronald Wilson Reagan- se divide en tres conjuntos de seis letras (666). También se ha visto al Anticristo en Bill Gates. La traslación a código informático ASCII de su nombre -incluido el III que le corresponde por ser el tercero que así se llama- y la suma de sus componentes da como resultado 666. Y es que sólo hay que dar con la fórmula idónea en cada caso para que cualquiera sea la encarnación del Mal. Así, si A=100, B=101, C=102..., Hitler es igual a 666.

A pesar de que la Iglesia católica y la ortodoxa rusa, entre otras, han repetido que hoy es un día como otro cualquiera, la seguridad de las iglesias se ha reforzado en Noruega ante el riesgo de ataques de vándalos que se autodenominan satanistas y que están vinculados con la extrema derecha. Su próxima cita con la diabólica cifra será el 6 de junio de 2016, cuando tampoco llegará el fin del mundo ni nacerá el Anticristo.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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11 May 2006

¿UNA MUJER A LA DIESTRA DE JESÚS? Leonardo capta en 'La Última Cena'  (1495-97) el momento en el que Jesús revela a sus discípulos que uno de ellos le va a traicionar. La apariencia femenina de Juan, que lleva a Dan Brown a defender que se trata de María Magdalena, es una característica compartida por Felipe, el cuarto apóstol por la derecha.

Dan Brown afirma, en el preámbulo de El código Da Vinci, que "todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces". Sus críticos dicen que no es así. En febrero de 2004, Laura Miller sentenció en La burla Da Vinci, un artículo publicado en The New York Times, que "el material de no ficción" de la obra tiene "aversión a la autenticidad". La periodista francesa Marie-France Etchegoin y el filósofo y sociólogo Frédéric Lenoir acusan a Brown, en El código Da Vinci: la investigación (RBA, 2005), de "mencionar hechos reales, pero deformar su sentido, retorcerlos en cierto modo, para ajustarlos a la trama novelesca" y, encima, presentarlos en la nota previa como ciertos. Michael y Veronica Haag sentencian, en El código Da Vinci al descubierto (Ediciones B, 2005), que la obra "no contiene más verdad que la que se encuentra en las ficciones de Tom Clancy o Terry Pratchett, o en las de J.K. Rowling y su mundo de Hogwarts". ¿Es para tanto?

Más de 40 millones de ejemplares de El código Da Vinci se han vendido desde que en marzo de 2003 llegó a las librerías. A partir del 19 de mayo, a buen seguro que se sumarán a los seguidores de Brown muchos de los que vayan a ver la película homónima protagonizada por Tom Hanks y Audrey Tautou, que interpretan a Robert Langdon, experto en simbología de Harvard, y a la policía criptóloga Sophie Neveu. La pareja se conoce después de que un monje albino miembro del Opus Dei asesina en el Louvre al conservador del museo, Jacques Saunière, que dedica su agonía a dejar pistas relacionadas con las obras de Leonardo da Vinci para que los protagonistas descubran el más grande de los secretos: que el Santo Grial existió y que donde Jesús vertió simbólicamente su sangre no fue en una copa, sino en el vientre de María Magdalena. El linaje fundado por la pareja bíblica habría dado origen a los merovingios -dinastía que gobernó Francia entre los siglos V y VIII- y llegado hasta nuestros días.

El primer enigma reivindicado por Brown no forma parte directa de la trama. El apellido del conservador del Louvre remite al llamado misterio de Rennes-le-Château, un pueblo del sur de Francia donde, a caballo entre los siglos XIX y XX, un cura se gastó una fortuna en la restauración de una iglesia. Se llamaba Bérenger Saunière, llegó a la localidad en 1885 sin un céntimo, sus ataques a la república le hicieron pronto merecedor de una donación de 3.000 francos de María Teresa de Módena, viuda del pretendiente al trono francés Enrique V, e invirtió ese dinero en obras en el altar mayor. Según la leyenda, el sacerdote encontró en el pilar hueco del altar unos misteriosos pergaminos y, en el suelo, una losa que daba entrada a una cripta donde halló el tesoro de los cátaros, el Arca de la Alianza, las Tablas de la Ley, el tesoro del templo de Jerusalén o unos documentos en los que se revelaba un turbador secreto, depende de la versión de la historia que se prefiera.

¿JUAN O MARÍA MAGDALENA? Todo el montaje de Dan Brown descansa sobre la idea de que el Juan de 'La Última Cena' de Leonardo es una mujer.Hasta 1915, los gastos de Saunière -que incluyen obras en el templo, la compra de terrenos y la edificación de una villa y una torre- "rozan, sin alcanzarlos, los 200.000 francos", sostiene Massimo Introvigne en Los Illuminati y el Priorato de Sión (Rialp, 2005). ¿De dónde sacó un cura de pueblo tanto dinero? Los vendedores de misterios dicen que de un tesoro o de la venta de alguno de los valiosos objetos bíblicos que presuntamente encontró en el subsuelo de la iglesia de Rennes-le-Château; la realidad es mucho más terrenal. En las cuentas del sacerdote consta que, entre 1893 y 1915, se embolsó dinero por más de 100.000 misas encargadas por particulares, que nunca llegó a celebrar. El tráfico de misas fue la fuente de financiación de las inversiones inmobiliarias de Sauniére, que puso desde el principio todas sus propiedades a nombre de Marie Denardaud, su fiel ama de llaves y quizás algo más. Así que, de misterio, nada. ¿Y los pergaminos del pilar? Según Gérard de Sède, autor de El oro de Rennes (1967), un clásico moderno del esoterismo, los documentos probarían que el linaje merovingio no se extinguió y que su último representante, y legítimo heredero del trono francés, sería un tal Pierre Plantard de Saint-Clair, gran maestre del Priorato de Sión.

Leonardo y el Priorato de Sión

Ya tenemos dos puntos de conexión más entre el misterio de Rennes-le-Château y El código Da Vinci: el Priorato de Sión y los apellidos Plantard de Saint-Clair, que en la novela corresponden a uno de los protagonistas, descendiente de Jesús y María Magdalena. Brown nos cuenta, en la nota previa titulada Los hechos, que "el Priorato de Sión -sociedad secreta europea fundada en 1099- es una organización real. En 1975, en la Biblioteca Nacional de París se descubrieron unos pergaminos conocidos como Les Dossiers Secrets, en los que se identificaba a numerosos miembros del Priorato de Sión, entre los que destacaban Isaac Newton, Sandro Boticelli, Victor Hugo y Leonardo da Vinci". Esos personajes son los grandes maestres antecesores de Saunière, guardianes del secreto de la estirpe de Jesús.

SÍMBOLO. La pirámide del Louvre, que no está construida con 666 paneles de cristal, como dice Brown. Foto: Sony PicturesEl eje de la trama es el Priorato de Sión. La muerte de un gran maestre, Sauniére, enciende la mecha de la acción y la mayoría de las claves que llevan hasta el desenlace están vinculadas a Leonardo en su calidad de dirigente de la sociedad y, por tanto, conocedor del secreto. Brown argumenta, por boca de Robert Langdon, que el Priorato de Sión lo fundó el duque Godofredo de Bouillon en Jerusalén en 1099, por temor a que a su muerte se perdiera "un secreto que había estado en conocimiento de su familia desde los tiempos de Jesús". La sociedad transmitiría de generación en generación una verdad que confirmaban unos documentos enterrados en los restos del templo de Jerusalén, que fueron recuperados años después por el brazo militar del Priorato de Sión, los templarios.

Las pruebas de la existencia del Priorato de Sión no se remontan, sin embargo, más allá del 25 de junio de 1956. Aquel día, el antisemita, ultraderechista y filonazi Pierre Plantard de Saint-Clair inscribió la entidad en la subprefectura de Saint-Julien-en-Genevois, en la Alta Saboya, han constatado Etchegoin y Lenoir. El objetivo de la sociedad era, según sus estatutos, "la constitución de un orden católico destinado a restituir, de forma moderna pero manteniendo su carácter tradicional, la antigua caballería". El Priorato de Sión y la estirpe de Jesús y María Magdalena se unen por primera vez en el mundo real en El enigma sagrado (1982), obra de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, cuyas ideas son el poso del libro de Brown. Años después, en El legado mesiánico (1986), los tres escritores desenmascararon a Plantard como el artífice de Les Dossiers Secrets, papeles que contienen la lista de grandes maestres del Priorato de Sión y la genealogía sagrada. En Comprendiendo El código Da Vinci. La historia completa (2006), documental de National Geographic, Lincoln dice que Plantard le confesó el engaño y añade que él no se cree nada de lo que ha escrito con Baigent y Leigh acerca de Jesús y sus descendientes.

Si los documentos de la Biblioteca Nacional de París son falsos y el Priorato de Sión no existió antes de 1956, esa organización ni pudo estar en el origen de los templarios, ni guardar un secreto desde hace casi un milenio, ni tener a Leonardo entre sus grandes maestres. El código Da Vinci carece, pues, de fundamento histórico. ¿Qué pasa entonces con las claves contenidas en las obras de Leonardo que apuntan al matrimonio de Jesús y María Magdalena, con la leyenda de que ésta llegó embarazada al sur de Francia y con los textos cristianos que se citan?

El linaje de Jesús

FEMENINO. 'San Juan Bautista' (1513-16), de Leonardo.Brown sostiene que, en La Última Cena de Leonardo, el personaje sentado a la derecha de Jesús no es Juan, sino María Magdalena, que ocupa ese lugar por ser la esposa del Mesías. El problema es que, de ser así, las cuentas fallan. A la mesa hay trece personajes, incluido Jesús. Si Juan es María Magdalena, ¿dónde está el auténtico Juan? La explicación es muy sencilla: Juan es Juan. Leonardo pintaba a los jóvenes bellos con rasgos andróginos, como los del ángel Uriel de La Virgen de las rocas y un Juan Bautista con pelo rojo ensortijado que se le atribuye.

El historiador palentino José Luis Calvo ha descubierto, además, que algunos párrafos de la parte de la novela dedicada al misterio de La Última Cena tienen un sospechoso parecido con otros de La revelación de los templarios (1997), obra de pseudohistoria de Lynn Picknett y Clive Prince que, como El enigma sagrado, Brown cita entre los volúmenes de la biblioteca de historiador Leigh Teabing, personaje con el que el novelista homenajea a Richard Leigh y Michael Baigent.

TERGIVERSACIÓN. 'La Virgen de las rocas' (1483-86), de Leonardo.Otra pintura de Leonardo en la que, según El código Da Vinci, hay un mensaje oculto es La Virgen de las rocas, un óleo de dos metros de altura que está en Louvre. Brown reduce su tamaño hasta el metro y medio para que la joven criptóloga pueda, en una escena clave, asomar la cabeza por detrás del cuadro y amenazar con romperlo de un rodillazo. Más adelante, Langdon explica a Neveu que la pintura es enigmática porque Juan Bautista niño, a la derecha, bendice a Jesús niño, a la izquierda, al tiempo que la Virgen tiene su mano izquierda sobre la cabeza del segundo, amenazadoramente. La realidad es que Brown cambia de sitio a los dos niños y la mano de la Virgen se iza protectora sobre la cabeza de Jesús, que está junto al ángel Uriel. En este mismo error, ¡qué casualidad!, incurrieron años antes los autores de La revelación de los templarios. ¿Es eso una descripción veraz?

¿Pero tuvieron o no hijos María Magdalena y Jesús? No hay ninguna prueba de que así fuera, ni siquiera de que estuvieran casados. Hay fragmentos en los evangelios que apuntan a una relación particularmente estrecha entre ambos, como que la primera persona a la que se aparezca Jesús resucitado sea María Magdalena; pero nada más. Existen en los textos del cristianismo primitivo las suficientes contradicciones como para no poder dar muchas cosas por buenas ni por malas, incluido el matrimonio de Jesús con una mujer a la que el papa Gregorio I (540-604) identificó erróneamente con una prostituta en 591. El Vaticano admitió en 1969 que el Pontífice se había equivocado y que la pecadora y María Magdalena son dos personajes diferentes del Evangelio de Lucas.

"Nada en el cristianismo es original", sentencia el historiador Leigh Teabing en El código Da Vinci, una novela que peca de ese mismo defecto. Porque Brown deforma la Historia y el Arte para que encajen con la pretensión de que el Santo Grial fue María Magdalena, idea que tampoco es suya, sino de autores como Baigent, Leigh, Lincoln y otros.


A rebufo de Dan Brown

Las estanterías están a reventar de obras que desentrañan las claves de la novela de Dan Brown. Tres destacan por su interés: El código Da Vinci: la investigación, de Marie-France Etchegoin y Frédéric Lenoir; El código Da Vinci al descubierto, de Michael y Veronica Haag; y Los Illuminati y el Priorato de Sión, de Massimo Introvigne.

'MARKETING'. Portada con la que salió al mercado el libro 'Sindonem', de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, y versión posterior al éxito de la novela de Dan Brown.El resto de lo editado corresponde en su mayoría a autores que engordan misterios inexistentes. También hay quien ha cambiado el título y la portada de una novela para jugar a la confusión y aprovecharse de ella. Es el caso de Sindonem (2000), de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, en la que se relaciona a Leonardo con la sábana santa, reliquia fabricada un siglo antes que el genio renacentista. Esta novela no vendió prácticamente nada hasta un cambio de portada y un rebautizo como El último secreto de Da Vinci (2004). Después del lavado de cara, va por la decimoquinta edición.

Publicado originalmente en el suplemento Territorios de la Cultura del diario El Correo.


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09 May 2006

Fredric Brown (1906-1972) es uno de los grandes maestros del misterio y la ciencia ficción. Me acordé de él cuando Iker Jiménez engatusó el domingo en Cuatro a su audiencia con la idea de que sería posible clonar a Jesús a partir de los restos de ADN contenidos en la sábana santa y el sudario de Oviedo. Contó, para ello, con la complicidad de un médico forense y la de los siempre dispuestos miembros del Centro Español de Sindonología (CES), una organización de creyentes para la que la reliquia de Turín envolvió el cuerpo de Jesús, aunque date del siglo XIV. Brown tiene un magnífico cuento breve titulado "J.C." -incluido en Lo mejor de Fredric Brown (1977), antología dirigida por Robert Bloch-, en el que un individuo concebido por partenogénesis -fecundación de un óvulo sin intervención de una célula masculina- empieza a actuar de forma extraña cuando llega a la veintena, convirtiendo agua en ginebra para martinis y haciendo esquí acuático sin esquís porque con fe no los necesita. El problema es que el peculiar personaje es sólo el primer humano creado por ese sistema y, cuando empieza a obrar portentos, ya hay muchos hijos de la partenogénesis por el mundo. "En la historia sólo había habido un nacimiento virginal antes de entonces -recuerda el narrador-. Ahora, cincuenta millones de niños nacidos virginalmente estaban creciendo. Al cabo de otros diez años serían cincuenta milones de... J.C.".

El cuento de Brown es divertido, como todos los suyos, y es ficción; pero Jiménez y la tripulación de su nave del misterio -en la que hay desde plagiarios hasta quienes atribuyen a científicos cosas que nunca han dicho- quieren que nos traguemos como una realidad la posible clonación de Jesús, para lo cual insisten, sin mostrar ninguna prueba que invalide el concluyente análisis del carbono 14, en la autenticidad de la falsa reliquia de Turín. La tela Oviedo nunca ha sido objeto de un examen científico y merece tanto crédito como los varios santos prepucios de Jesús que no ascendieron con él al Cielo tras la Resurrección. Ésa es la realidad y el rigor que impera en Cuarto milenio. Lo que se hace en ese programa de Cuatro -la cadena de televisión que iba a ser diferente y para ello ha recuperado el estilo de Fernando Jiménez del Oso- es mentir y tergiversar sistemáticamente, porque ésa es la esencia del negocio esotérico.

Hoy leo en la columna diaria del crítico de televisión José Javier Esparza, colaborador de El Correo y de otros diarios, que le ha molestado la última tontería de Jiménez, pero no porque suponga una nueva muestra de desvergüenza charlatanesca, sino porque "con las cosas de comer no se juega". Entiendo que la cosa de comer a la que se refiere es la religión, que supongo que para él debe estar libre de toda crítica, aunque para mí no sea así. Reivindica Esparza que no se frivolice con "este tipo de asuntos, sobre materias especialmente sensibles", ya que, a su juicio, "es una forma como cualquier otra de tocar las narices del respetable". No dice nada, sino todo lo contrario, acerca de la soberana tocada de narices que supone hacer colar como auténtica una reliquia que hasta la Iglesia admite que se manufacturó en el siglo XIV. Al contrario, Esparza sostiene que "las investigaciones más recientes rectifican las penúltimas pruebas del carbono 14 y vuelven a datar la pieza en el siglo I" y añade que él lo contó hace un mes en el programa La buena vida de Punto Radio. ¿En qué revista científica se han publicado esos sorprendentes resultados? En Nature, donde se dieron a conocer los del análisis del carbono 14, no ha sido; ni tampoco en Science ni en ninguna otra publicación de referencia.

El sindonólogo José Javier Esparza no dice dónde se ha hecho artículo esa revelación, aunque a buen seguro que se tratará de una publicación tan rigurosa como ésas en las que colabora habitualmente Iker Jiménez. A eso añade el crítico, en un insuperable ejercicio de candidez, que en Cuarto milenio participó anteayer el "muy serio equipo de investigación del Centro Español de Sindonología". Tan serio es ese grupo que en 1989 su entonces presidente, Celestino Cano, desacreditó públicamente los resultados del análisis del radiocarbono aludiendo a unas declaraciones que  e inventó y atribuyó al descubridor del método del carbono 14. ¿Que por qué sabemos que fueron inventadas? Porque Willard F. Libby (1908-1980), el químico que desarrolló esa prueba y recibió por ello el Nobel, murió en 1980 y, por tanto, es imposible que nueve años después pudiera pronunciarse sobre cómo se había aplicado su test a la sábana santa. O eso o estamos ante un milagro de los que tanto gustan a los sindonólogos y que les llevan a lanzar hipótesis descabelladas en cuanto les ponen un micrófono por delante o les dejan escribir cuatro líneas.

Y es que la fe es ciega y ante ella las pruebas no valen. En el caso de la sábana santa, ya lo adelantó el microanalista forense Walter McCrone, quien analizó hace más de veinte añosel sudario de Turín como miembro del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP) y no encontró ni una gota de sangre. "Tengo buenas y malas noticias -dijo en el congreso en el que presentó su trabajo-. Las malas son que el sudario es una pintura. Las buenas, que nadie me cree". La reacción fue inmediata por parte del STURP: se expulsó del grupo a McCrone, el científico más prestigioso en su campo. Otros especialistas que han examinado después la reliquia han llegado a la misma conclusión: no hay ningún rastro de sangre. Al final, el STURP admitió que las manchas de sangre de la sábana están formadas por óxido de hierro, un componente de pigmentos artísticos, aunque últimamente ha vuelto a apostar por la sangre y, por lo leído, ha cautivado a un crítico de televisión, José Javier Esparza. Lástima que los científicos no se hayan dado cuenta todavía de lo errados que están y que en las redacciones de las revistas importantes sigan en la inopia. ¿Para cuándo el milagro?

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30 Abr 2006

Como el turrón a la mesa en Navidad, todos los años por estas fechas vuelve la sábana santa a hacerse un hueco en los medios de comunicación. Durante la pasada Semana Santa, José Manuel Fernández-Figares, catedrático de Biología Celular de la Universidad de Málaga y miembro del Centro Español de Sindonología (CES), decía que el reto al que ahora se enfrenta la ciencia es explicar cómo se formó la imagen del lienzo y afirmaba que se sabe que "surgió del cuerpo un tipo de energía que no se conoce, de muy alta intensidad, pero muy corta duración". Hoy, un grupo de destacados sindonólogos está reunido en Valencia para "analizar los últimos descubrimientos en torno a la reliquia", según un despacho de la agencia Europa Press. El encuentro se celebra en la Universidad Católica de Valencia y la información a los medios de comunicación la ha facilitado el Arzobispado, por si alguien tuviera alguna duda acerca de quién está detrás de todo.

La prueba del carbono 14 dejó claro, hace dieciocho años, que el sudario de Turín data en del siglo XIV, así que difícilmente pudo envolver el cuerpo de Jesús en su sepulcro. Los análisis hechos en tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza dataron "el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%". Ese resultado se publicó en la revista Nature en febrero de 1989 y hasta hoy nadie ha demostrado que sea erróneo. Pero eso da igual a los sindonólogos y a los vendedores de misterios. Los primeros han llegado a inventarse declaraciones de un premio Nobel para desacreditar las pruebas de 1988; las afirmaciones de los segundos se cuentan por mentiras.

Celestino Cano, presidente del CES en 1989, dijo entonces que la prueba del radiocarbono no se había hecho bien, "como más tarde ratificó el propio inventor del sistema". Willard F. Libby, Nobel de Química en 1960 por el descubrimiento de este sistema de fechación, quería -según Cano y sus colegas- comprobar la metodología seguida por los laboratorios que realizaron la medición, lamentaba que toda la tela a analizar procediera de un mismo lugar y sospechaba que la muestra podía estar contaminada. El problema, ay, es que Libby había muerto nueve años antes, cuando nadie contemplaba la posibilidad de que la Iglesia permitiera ese tipo de prueba destructiva. A no ser, claro, que los miembros del CES supieran de la opinión del científico gracias a una sesión de espiritismo.

A primeros de abril pasado, Fernández-Figares, también del CES, le vendió a la agencia Efe la idea de que "no hay absolutamente ningún trabajo científico serio en el que se pueda uno apoyar para decir que es falsa" y de que "todos los estudios actuales indican que la sábana es del siglo I". ¿Acaso el de Nature y los trabajos del microanalista forense Walter McCrone, que descartó la presencia de sangre en la tela, no fueron serios? No, lo que pasa es que no dieron los resultados deseados por la comunidad de creyentes, que sigue dejando caer cada dos por tres la mentira de que hace treinta años la NASA examinó la presunta reliquia, patraña que explotó durante años Juan José Benítez.

La verdad es que, aunque tanta mentira cansa, no hay que dejar pasar ni una. Porque el timo de la sábana santa es tan evidente como el del Lignum Crucis y otras reliquias que están ahí y forman parte del cristianismo folclórico tan del gusto de algunos. Por cierto, si quieren ver varios trozos de madera de la cruz de Jesús -que debió de ser la más grande del mundo, dada la cantidad de astillas que quedan- pueden contemplarlos en el Santuario de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca, adonde llegó recientemente un pedazo procedente de Jerusalén. Al acto de entrega de la reliquia en Jerusalén por parte del custodio de los Santos Lugares, Perbattista Pizzabala, acudió nada más y nada menos que el cónsul de España en la ciudad. Una prueba más de lo serio del asunto.

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19 Abr 2006

Sony Pictures niega, en la información para la prensa sobre la película El código Da Vinci, la existencia del Priorato de Sión como una organización constituida hace casi mil años para guardar el secreto del Santo Grial. "El Priorato de Sión -sociedad secreta europea fundada en 1099- es una organización real. En 1975, en la Biblioteca Nacional de París se descubrieron unos pergaminos conocidos como Les Dossiers Secrets, en los que se identificaba a numerosos miembros del Priorato de Sión, entre los que destacaban Isaac Newton, Sandro Boticelli, Víctor Hugo y Leonardo da Vinci", dice Dan Brown en la nota de advertencia que figura al principio de la novela. Los responsables de la productora marcan distancias con el escritor y dejan claro, en el pressbook de la cinta, que el thriller policiaco que se estrena el 19 de mayo en todo el mundo carece de fundamento real, que una cosa es la ficción y otra la realidad.

"En la novela, Dan Brown sostiene que el Priorato de Sión es una organización real fundada en 1099, y que una serie de pergaminos que se encuentran en la Biblioteca Nacional de París revelan que entre sus miembros se hallaban destacadas figuras de la literatura, el arte y las ciencias. Sin embargo, los documentos de la Biblioteca Nacional han resultado ser modernas falsificaciones depositadas allí por Pierre Plantard, que admitió haber fundado el Priorato junto con tres amigos en 1956, para reírse un rato. Él fue nombrado Gran Maestre del Priorato en 1981. En los falsos documentos y manuscritos, que han llegado a ser conocidos como Dossiers Secrets, se afirma que la organización secreta fue fundada en 1099 por Godefroy de Bouillon, que guió el primer ejército que partió hacia Jerusalén en la Primera Cruzada y fue el primer soberano de la reconquistada Tierra Santa. También se dice que fue obra del Priorato la creación de los Caballeros Templarios, de los que, al parecer, se separaron unos cien años más tarde", sostiene la documentación que Sony Pictures ha enviado hace unas horas a la prensa.

La productora no ha descubierto nada nuevo, pero es significativo que admita que no hay que dar crédito a lo que el autor de la novela presenta como hechos veraces, como realidades demostradas. Resulta obvio que, sin Priorato de Sión milenario, hay que olvidarse, entre otras cosas, de la lista de grandes maestres citada por Brown, lo que nos lleva a descartar a Leonardo de Vinci como guardián de ningún secreto sobre Jesús y María Magdalena, y, por tanto, convierte toda la trama de El código Da Vinci en un simple juego de adivinanzas cuyo parecido con cualquier situación real es mera coincidencia, como ocurre con la mayoría de las películas.



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17 Abr 2006

Un solo milagro y tres versiones distintas. Es lo que se encuentra quien lee, en los evangelios de Mateo, Marcos y Juan, el episodio en el que Jesús anda sobre las aguas en el mar de Galilea. Según el primero (Mt 14, 22-33), había tormenta cuando los apóstoles vieron desde la barca a Jesús "caminar sobre el mar", el maestro animó a Pedro a que saliera a su encuentro y el discípulo empezó a hundirse porque dudó. En el segundo (Mc 6, 45-52), había viento fuerte cuando Jesús anduvo sobre el mar hasta la barca de sus seguidores y, una vez en ella, hizo que el viento amainara. Y, en el tercero (Jn 6, 16-21), las aguas habían comenzado a encresparse cuando los apóstoles vieron a Jesús "que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca", pero no llegaron a recogerle porque la embarcación "tomó tierra en el lugar a donde se dirigían".

Jesús caminando sobre las aguas del mar de Galilea, según Gustave Doré.Supongamos -y es mucho suponer- que este episodio está inspirado en un hecho real. ¿Habría alguna explicación racional posible? Doron Nof, profesor de Oceanografía en la Universidad del Estado de Florida, cree que sí y lo defiende en un artículado titulado "Is there a paleolimnological explanation for walking on water in the Sea of Galilee?" (¿Existe una explicación paleolimnológica para caminar sobre el agua en el mar de Galilea?), publicado en el último número del Journal of Paleolimnology. La paleolimnología es la rama de la ciencia que estudia la evolución histórica de los lagos a partir del análisis de los sedimentos.

El mar de Galilea, también conocido como lago de Genesaret y lago Tiberíades, es una masa de agua dulce situada entre Israel y Siria, tiene 148 kilómetros cuadrados y una profundidad media de 20 metros. Noron sostiene que, si ocurrió hace 2.000 años algo parecido a lo que narran los tres evangelios citados, podría explicarse gracias a una peculiaridad del lago que facilita que se formen gruesas capas de hielo en zonas determinadas en épocas climáticas más frías que la actual. El oceanógrafo reconoce que, en principio, "es difícil imaginar" que una masa de agua sobre la que la atmósfera registra temperaturas superiores a 10º C durante el invierno pueda enfriarse hasta el punto de comenzar el proceso de congelación, que requiere para empezar que la temperatura del agua de todo el lago esté por debajo de los 4º C. Sin embargo, hay una particularidad que hace "único" el mar de Galilea e innecesario ese paso previo: que se enfríe toda el agua hasta los 4º C.

A lo largo de la orilla occidental del lago, desembocan bajo la superficie manantiales de agua templada y salada, que queda al fondo y hace de barrera a la convección, proceso por el que, dada su diferente densidad, en un lago normal, el agua fría baja y la caliente sube a la superficie, donde se enfría por su contacto con el aire. Por eso, para que empiece la congelación de la superficie en el mar de Galilea, sólo hace falta que se enfríe la capa superior de agua fría a esa lengua de agua caliente. Aún así, hoy en día, la probabilidad de que el enfriamiento tenga como consecuencia una placa de hielo capaz de soportar el peso de un hombre "es virtualmente cero (una vez en más de 10.000 años)".

Norf y sus colaboradores -Ian McKeague, de la Universidad de Columbia, y Nathan Paldor, de la Universidad Hebrea de Jerusalén- estiman que durante el periodo climático frío conocido como Dryass Joven, que empezó hace 12.700 años y duró 1.500, las temperaturas fueron en la región al menos 7º C inferiores a las actuales, lo que supuso que se pudieron formar gruesas placas de hielo en el mar de Galilea una vez cada 17 años. "Durante los episodios fríos de hace 1.500 y 2.500 años (cuando la temperatura atmosférica fue 3ºC o más baja que hoy), el hielo apareció una vez cada 160 años o menos", escriben en el Journal of Paleomnology. Han encontrado un conjunto de esos afloramientos de agua salada y templada en Tabgha, zona en la que Jesús pasó parte de su vida, y proponen que el milagro bíblico pudo deberse a que Jesús caminó sobre una de esas placas de hielo, que se adentrarían en el lago hasta 30 metros como máximo, dando la apariencia desde la distancia y especialmente si llovía -dos de los evangelios hablan de tempestad- de que andaba sobre el agua.

Los autores dicen que es una posible explicación; pero dejan el juicio final sobre si ocurrió así a "arqueólogos, estudiosos de la religión, antropólogos y creyentes". Para mí, el punto de partida de Norf y su equipo es erróneo, aunque la conclusión a la que llegan suponga un avance en el conocimiento del mar de Galilea. El error es presuponer que éste y otros milagros de Jesús tuvieron una base real, que fueron algo más que una creación de los redactores de los evangelios. Mientras no se demuestre lo contrario, los hechos milagrosos de la Biblia me los tomo como aportaciones de los narradores para engrandecer a los protagonistas de sus relatos, sean los profetas y patriarcas inexistentes del Antiguo Testamento, sea el Jesús del Nuevo Testamento. Por eso, no creo que haya que preocuparse de buscar una explicación científica a la multiplicación de los panes y los peces, la separación de las aguas del mar Rojo y la resurrección de Lázaro. Son leyendas.


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07 Abr 2006

Judas Iscariote ha pasado a la Historia como el villano por antonomasia, el discípulo que vende a su maestro con un beso por treinta monedas de plata y que, luego, llevado por la desesperación se ahorca. Es lo que cuentan los evangelios de Mateo, Lucas, Juan y Marcos. Sin embargo, un manuscrito copto de hace 1.700 años presenta un Judas muy diferente, que hace la voluntad de Jesús. El texto fue descubierto en los años 70 del siglo pasado, se conoce como el Evangelio de Judas y su contenido se hizo público ayer. "Aquí Judas no es el seguidor de Jesús malvado, corrupto e inspirado por el Diablo que traiciona a su maestro. Es el amigo más íntimo, el que entiende a Jesús mejor que ningún otro, el que le entrega a las autoridades porque Jesús se lo pide", afirma Bart Ehrman, experto en el Nuevo Testamento de la Universidad de Carolina del Norte (EE UU).

Una de las páginas del Evangelio de Judas. Foto: Kenneth Garrett-NGS.Los estudiosos sabían de la existencia del Evangelio de Judas por referencias en otros textos, el más antiguo de los cuales es Contra las herejías, obra del obispo Ireneo de Lyon y escrito en 180. El Evangelio de Judas estuvo perdido, sin embargo, hasta que en los años 70 del siglo pasado cuando se encontró un códice de papiro en el desierto egipcio, cerca de El Minya. En 1978, lo compró un anticuario de El Cairo, que intentó venderlo en EE UU sin lograrlo. Seis años después, el manuscrito fue depositado en una caja de seguridad de Long Island (Nueva York), donde permaneció hasta que lo adquirió en 2000 la anticuaria suiza Frieda Nussberger-Tchacos, quien un año más tarde, alarmada por el deterioro del códice, lo donó a la Fundación Mecenas del Arte Antiguo de Basilea. Entonces, la fundación suiza, el Instituto Waitt para Descubrimientos Históricos y la National Geographic Society pusieron en marcha un proyecto de traducción y conservación cuyos primeros resultados se dieron a conocer ayer.

"El relato secreto"

El códice Tchacos -como se conoce entre los estudiosos el conjunto de documentos- incluye el Evangelio de Judas, el Primer Apocalipsis de Santiago, la Carta de Pedro a Felipe y un fragmento de un texto que ha sido bautizado, provisionalmente, como el Libro de Allogenes. El nuevo evangelio tiene veintiséis páginas, se desconoce su autor y es una traducción al copto de un original griego escrito hacia 180. La copia al copto dataría del año 300, según la datación por radiocarbono, el análisis paleográfico y el de la tinta, el contexto y otras pruebas experimentales. Cuando los estudios acaben, se integrará en la colección del Museo Copto de El Cairo.

Florence Darbre, conservadora del manuscrito, trabaja con el especialista en copto Gregor Wurst para unir los múltiples fragmentos. Foto: Kenneth Garrett-NGS.Los expertos han reconstruido y traducido el 80% del texto en cinco años, un tiempo récord si lo comparamos con los cincuenta que pasaron entre el hallazgo y la publicación de los manuscritos del Mar Muerto. Y se han encontrado con una relación entre Jesús y Judas que tiene poco que ver con la bíblica. "Jesús dice que es necesario que alguien le libere del cuerpo humano y que prefiere que lo haga un amigo a un enemigo. Y le pide a Judas, que es su amigo, que le venda, que le traicione. Se trata de una traición de cara al público, pero no entre Jesús y Judas. Aunque los teólogos habíamos especulado sobre ello, es la primera vez que un documento antiguo defiende la idea", explica Rodolphe Kasser, sacerdote experto en copto, profesor retirado de la Universidad de Ginebra y líder del grupo que ha traducido el manuscrito.

El texto comienza diciendo: "El relato secreto de la revelación que Jesús le participó a Judas Iscariote durante una semana, tres días antes de celebrar la Pascua". Más adelante, Jesús anuncia a Judas: "Tú los superarás a todos, porque tú sacrificarás el cuerpo en el que vivo". El maestro advierte a su pupilo que sufrirá por lo que va a hacer: "Serás maldito por las otras generaciones, y mandarás sobre ellas". Y Judas tiene una visión de lo que le espera: "En la visión me vi mientras los doce discípulos me lapidaban y me acusaban gravemente". El evangelio acaba con la entrega de Jesús por "algún dinero", sin mención alguna ni de la Crucifixión ni de la Resurrección.

"El Evangelio de Judas nos muestra que los primeros seguidores de Jesús no se sentían constreñidos por los materiales canónicos", señala Amy-Jill Levine, profesora de Estudios Neotestamentarios de la Universidad de Vanderbilt. De la misma opinión es Elaine Pagels, profesora de Religión de la Universidad de Princeton, para quien este y otros hallazgos recientes prueban que el cristianismo primitivo no era una religión monolítica. "Este texto no sólo cuestiona seriamente una de las más firmemente enraizadas creencias de la tradición cristiana, sino que también reduce a nada uno de los temas favoritos del antisemitismo", sentencia, por su parte, François Gaudard, investigador de la Universidad de Chicago.


Para saber más:

Televisión: El evangelio perdido de Judas se estrena el domingo, a las 22 horas, en National Geographic Channel (canal 61 de Digital +).

Revistas: National Geographic incluirá en el número que saldrá a la venta el 19 de abril un amplio reportaje y el DVD del documental.

Libros: En junio se presentarán en España los libros El evangelio perdido. La búsqueda del Evangelio de Judas Iscariote, de Herbert Krosney, y El Evangelio de Judas, de R. Kasser, M. Meyer y G. Wurst.

Internet: The Lost Gospel of Judas.

Publicado originalmente en el diario El Correo


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31 Dic 2005

"Es muy pertinente recuperar el verdadero sentido de los relatos navideños de los evangelios, contra lecturas historizantes y fundamentalistas, insostenibles en nuestra cultura y sus exigencias críticas; contra lecturas manipuladas por una religión que funciona como lubrificante de una sociedad injusta; contra lecturas sensibleras e infantiloides que alientan la superficialidad de una cultura intermitentemente seudocristiana", escribe hoy en El Correo el historiador y teólogo Rafael Aguirre. El artículo ahonda en las ideas que apuntó en "Los enigmas de la Navidad" este experto, que defiende que en los pasajes del nacimiento de Jesús de los evangelios de Mateo y Lucas nos encontramos, ante todo, con una mistificación de los orígenes del cristianismo, aunque los autores introdujeran también elementos  históricos. Aguirre, profesor de Teología de la Universidad de Deusto, aboga por una "lectura seria y crítica de los textos que hablan de los orígenes de Jesús"."Cuando un niño descubre que los Reyes Magos son los padres parece que se acaba con su inocencia, pero cuando muchos padres se entera de que los Magos mencionados nunca existieron se tambalea su fe, si la tienen, o se confirma su escepticismo religioso. Sin embargo, eso no es nada", dice en el arranque de un artículo que se hace corto y que sorprenderá a muchos.

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magonia

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