25 Ago 2008

"Necesita que los demás le quieran y le admiren; pero es crítico consigo mismo. Aunque tiene ciertas debilidades de carácter, generalmente es capaz de compensarlas. Posee considerables capacidades que no ha utilizado aún en su propio beneficio. La cuadratura del Sol con Neptuno muestra que suele desestimar su propia capacidad para triunfar y, por ello, a veces no hace realidad sus ideas. Es disciplinado y demuestra autocontrol exteriormente, pero tiene tendencia a ser inquieto e inseguro interiormente. En ocasiones, tiene serias dudas sobre si ha tomado la decisión correcta. Prefiere un poco de cambio y variedad, y no está satisfecho cuando se encuentra bloqueado por restricciones o limitaciones".

Esta descripción de la personalidad ha sido hecha por un astrólogo para un grupo determinado de lectores de este periódico, los de un signo del Zodiaco concreto que luego desvelaremos. Y continúa así: Marte hace que sea independiente, entusiasta y a menudo autodidacta. Se siente orgulloso de sí mismo como pensador independiente y no acepta las declaraciones de los demás sin pruebas suficientes. Necesita tiempo para aceptar ideas nuevas, aunque una pequeña vertiente bohemia y literaria hace que a veces actúe sin pensar y lamente después las consecuencias. A pesar de que sabe que no debe ser siempre así, no le gusta enfrentarse a los hechos de una forma fría y objetiva, y su sensibilidad le ocasiona dificultades de relación. Saturno eclipsa parcialmente las posibles tendencias científicas que pueda tener, aunque a veces surgen inesperadamente. Considera imprudente ser demasiado sincero, mostrándose a los demás tal como es."

Creencia extendida

¿Encaja con la visión que tiene usted de sí mismo? Lo comprobaremos más tarde. De momento, puntúe cómo se siente respecto a ella de 0 (nada identificado) a 10 (totalmente), y anótelo al margen. Todos hemos leído alguna vez el horóscopo. Suele publicarse en la sección de pasatiempos de los diarios y clasifica a los seres humanos en doce grupos según el momento del año en que han nacido: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer... Todo el mundo sabe cuál es su signo del Zodiaco y leer en el periódico lo que le depara el día es algo que hace mucha gente cada mañana.

El horóscopo es la manifestación más común de la idea de que el destino está escrito en las estrellas, el dogma de la astrología, una creencia muy extendida en nuestro país. Hace nueve años, un estudio dirigido por el sociólogo Javier Elzo estableció que el 41% de los jóvenes españoles cree en ella. Cuando en 2005 nació la infanta Leonor, una importante agencia de noticias destacó que era Escorpio y, el año pasado, que la recién llegada infanta Sofía había venido al mundo bajo el signo de Tauro, como Salvador Dalí, Juan Pablo II, William Shakespeare y Leonardo da Vinci. Hay que alabar el gusto a los astrólogos porque Tauro, como Sofía de Borbón, también fueron el pedófilo y caníbal Albert Hamilton Fish y Herman Webster Mudgett, autor de veintisiete asesinatos. Su hermana Leonor es del mismo signo que Charles Manson, el asesino de Sharon Tate, y Coral Eugene Watts, que mató a decenas de mujeres en Estados Unidos.

A pesar de los criminales con los que comparten signo, no hay que poner bajo vigilancia a las infantas Leonor y Sofía. Más o menos, una duodécima parte de los criminales es Tauro, otra Escorpio, otra Cáncer... Y pasa lo mismo con los futbolistas, los médicos, los cantantes, los informáticos... Por eso, es una tontería destacar a Dalí, Juan Pablo II, Shakespeare y Leonardo como ejemplos de lo que puede llegar a ser en la vida un bebé nacido bajo el mismo signo que esos personajes.

El efecto Forer

El horóscopo es un engaño. Da igual que lo redacte un astrólogo famoso -como en algunas revistas- o no; es igual de acertado. Veteranos periodistas reconocen en privado que, ante el extravío de la columna del horóscopo del día, ha habido tradicionalmente dos soluciones más efectivas y baratas que llamar a un astrólogo de guardia: recuperar una anterior cualquiera o inventarse el vaticinio de cada signo. Lo último está al alcance de cualquiera: sólo hay que hacer afirmaciones vagas, como comprobó el psicólogo Bertram Forer en 1948. Un día, dio a cada uno de sus alumnos universitarios una descripción supuestamente basada en un test de personalidad que habían hecho días antes, y les pidió que la puntuaran de 0 (totalmente incorrecta) a 5 (perfecta). La nota media fue un 4,26; a pesar de que todas las descripciones eran la misma, una sucesión de generalidades. El experimento se ha repetido desde entonces cientos de veces en todo el mundo y la nota media siempre ha superado el 4,2.

¿Qué nota ha dado usted a la descripción personal del principio? La verdad es que no ha sido hecha por un astrólogo para los lectores de un signo del Zodiaco concreto, sino por el autor de estas líneas con la idea de reunir una colección de vaguedades que se adapten a cualquiera. Si ha creído que encajaba bien con usted, no se avergüence. Es lo normal. Es lo que han hecho en los últimos años decenas de personas que se han sometido a esta prueba. Esa tendencia a asumir como dirigidas a uno descripciones tan generales que pueden casar con cualquiera es lo que se conoce en psicología como el efecto Forer, en honor del psicólogo que lo descubrió.

El efecto Forer es la clave del éxito del horóscopo; explica por qué la gente sigue cayendo en el engaño del Zodiaco. "Los astrólogos pueden presentar cualquier tontería y, con tal de que ésta sea lo suficientemente vaga y halagadora, la mayoría de la gente marcará el casillero altamente preciso", sentencia el psicólogo Richard Wiseman en su libro Rarología (2007). Puede experimentarlo en casa en la próxima reunión familiar. Coja el periódico, ábralo por el horóscopo y pida a sus parientes, uno a uno, que le digan cuál es su signo. Luego, lea a cada uno una predicción que no corresponda a su signo: a Aries la de Tauro, a Capricornio la de Leo... Ya verá como nadie se queja. Que se sepa, tampoco nadie lo ha hecho cuando en un periódico o revista se ha repetido una columna astrológica o las predicciones las han inventado los redactores.


El libro

Rarología (2007): Richard Wiseman investiga científicamente extravagancias como la creencia en la astrología y los fantasmas, y la diferencia entre una sonrisa sincera y una falsa.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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21 Ago 2008

Primer reportaje de 'Ideal' de Granada, en el que se ve a María Gómez Cámara vendiendo fotos de las caras. El gran fenómeno de la parapsicología española se repite desde hace casi cuarenta años en una humilde vivienda del pueblo jienense de Bélmez de la Moraleda. Se manifestó por primera vez el 23 de agosto de 1971, cuando María Gómez Cámara descubrió una cara en el suelo de cemento de su cocina. La mujer se asustó y alertó del hecho a sus paisanos. Durante los días siguientes, los vecinos de Bélmez y de los pueblos próximos peregrinaron hasta la casa para ver la imagen. Al final, la familia se hartó de tanto curioso y uno de los hijos destrozó la cara a golpes de pico. Pero la tranquilidad duró poco. El 9 de septiembre, apareció otro rostro, bautizado como La Pava y que aún se conserva empotrado en la pared y protegido por un cristal en la casa de las caras.

El enigma llegó a la prensa siete días después del descubrimiento de La Pava, cuando el diario granadino Ideal reveló la existencia en Bélmez de "un rostro que aparece y desaparece en un fogón". La familia de María Gómez Cámara y Juan Pereira ya había empezado a cobrar la voluntad por la entrada a su cocina y vendía fotos de la cara a 10 pesetas la unidad. El fenómeno alcanzó su clímax cuatro meses más tarde: el 31 de enero de 1972, el diario Pueblo sacaba las caras a su primera página. "Este caso lo monta realmente Emilio Romero (director de Pueblo ", explicaba recientemente Ramos Perera, presidente de la Sociedad Española de Parapsicología a comienzos de los años 70.

Voces del Más Allá

Portada de 'Enigmas' y primera paŽgina del reportaje firmado por Lorenzo Fernández e Iker Jiménez. Romero encomendó el seguimiento de la historia a un joven reportero, Antonio Casado. "Yo era entonces lo que llamamos un becario", recuerda el periodista. Con 24 años, aterrizó en Bélmez al mismo tiempo que quien con el tiempo se convertiría en la estrella del caso: Germán de Argumosa. Este parapsicólogo creía que las caras tenían su origen en el Más Allá e inmediatamente intentó grabar voces de ultratumba en la casa. Lo consiguió. Otro parapsicólogo, Joaquín Grau , defendía que el fenómeno se debía a una concentración de energía que canalizaba la dueña de la casa, idea que perduró hasta la muerte de la mujer en febrero de 2004. "Cualquier afirmación, por estrafalaria que fuera, merecía ser publicada", indican Javier Cavanilles y Francisco Máñez en su libro Los caras de Bélmez (2007).

El enigma elevó la tirada de Pueblo en 50.000 ejemplares y eso atrajo a otros medios. Después de tres semanas en las que la localidad se mutó en una especie de Roswell a la española, el diario de Romero y El Alcázar dejaron caer que todo era un engaño. Las altas esferas del régimen franquista se habían empezado a poner nerviosas por el entusiasta tratamiento del caso en Pueblo. "Me llamó Emilio Romero al despacho y me dijo: 'Antonio, me ha llamado el ministro y esto hay que pararlo'", recuerda Casado. El diario reveló entonces que las caras habían sido pintadas con nitrato de plata. A pesar de que no se presentaron pruebas concluyentes, el caso cayó en el olvido. Fue degradado de fenómeno extraordinario a anécdota folclórica de la España tardofranquista y ahí se habría quedado de no ser por Iker Jiménez .

"Transcurrido un cuarto de siglo, demostramos con documentos oficiales y en rigurosa exclusiva la autenticidad de esas caras sobrenaturales, un misterio que aún espera una explicación en el rincón más apartado de Andalucía", escribía Jiménez con su colega Lorenzo Fernández en 1997 en la revista Enigmas. Sorprendentemente, siete años después de haber mostrado al mundo "la prueba definitiva de que los rostros de Bélmez de la Moraleda no son un fraude", Iker Jiménez pedía a finales de 2004 en su web a sus colegas "pruebas físicas, científicas" del origen misterioso de las imágenes. ¿Qué había pasado con su "prueba definitiva" de la autenticidad de las caras? Lo mismo que con las de visitas extraterrestres, fantasmas, conspiraciones y otros misterios que cada semana presentan todas las revistas y programas esotéricos.

Caras a medida

En los últimos años, se han publicado varios libros sobre el fenómeno de Bélmez. El más vendido es Tumbas sin nombre (2003), en el cual el director de Cuarto Milenio y Luis Mariano Fernández defienden que algunos de los rostros corresponden a parientes de María Gómez Cámara muertos en 1936, en el ataque republicano al santuario de la Virgen de la Cabeza (Jaén). Para demostrarlo, manipulan las caras con un programa de tratamiento de imágenes hasta que encajan con lo deseado: así, para que La Pava se parezca al guardia civil Miguel Chamorro, cuñado de la mujer, cogen el bigote con las puntas hacia arriba del militar y le vuelven las puntas hacia abajo.

"Esas caras no son mi familia. ¡No pueden ser! Es como si mi cara la ponen comparándola con otra. Con esto de los ordenadores igual todo es posible", dijo María Gómez Cámara cuando los dos periodistas esotéricos le presentaron la comparativa. La chapuza es equiparable a la de las grabaciones de voces del Más Allá de Germán de Argumosa, que se hicieron en habitaciones llenas de gente hablando. ¿En qué queda entonces el gran fenómeno parapsicológico de Bélmez? "Es un misterio ridículo, divertido, curioso, cutre... Es todo muy loco. Son 37 años de tonterías", dice Cavanilles. "Es una típica trola de colegio", afirma Máñez.

En el origen hubo una mancha de grasa en el suelo en la que una mujer creyó ver una cara como podemos verla en una mesa de mármol o en las nubes. Después, surgieron otras a partir de manchas retocadas o directamente pintadas por diferentes personas a lo largo de la historia. Lo que seguramente nunca sospecharon quienes hicieron las primeras es que su broma iba a desembocar en el mayor misterio paranormal de España, un enigma que se reactivó tras la muerte de María Gómez Cámara en 2004. Oleadas de turistas llegaron entonces a Bélmez atraídos por programas esotéricos de radio y televisión. La alcaldesa, la socialista María Rodríguez, anunció que iba a convertir la casa de las caras en un centro de interpretación para atraer al turismo paranormal; pero el precio del inmueble se disparó. Oportunamente, empezaron a aparecer rostros en otra casa mucho más barata.


El libro

Los caras de Bélmez (2007): El periodista Javier Cavanilles y el parapsicólogo Francisco Máñez desmontan el mayor enigma de la parapsicología española.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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19 Ago 2008

El día de su 44 cumpleaños, un tío recordó a Elizabeth Loftus uno de los episodios más dramáticos de su vida: cómo a los 14 años encontró a su madre ahogada en una piscina. Ella no se acordaba de nada, pero los detalles afloraron durante los días siguientes hasta angustiarla. Loftus es psicóloga. Sabe cómo funciona la memoria: es una de las mayores expertas mundiales en la materia. Sus investigaciones han revelado que recordar algo no significa que haya sucedido, que la memoria puede manipularse hasta extremos increíbles, como ocurre en Blade runner (1982) y Desafío total (1990).

Hay quienes, entre nosotros, están convencidos de haber tenido vidas anteriores, haber sido secuestrados por extraterrestres y haber participado en rituales satánicos. ¿Qué pasa cuando no hay más prueba de un hecho traumático que el recuerdo sacado del olvido por un terapeuta? ¿Tener memoria de algo demuestra que pasó? No. Y creer lo contrario puede tener dramáticas consecuencias. "El mayor de los escándalos de la psiquiatría norteamericana del siglo XX es la creciente manía de miles de terapeutas ineptos, consejeros familiares y trabajadores sociales de provocar falsos recuerdos de abusos sexuales infantiles", sentenciaba en 1994 el divulgador científico Martin Gardner.

Tragedias olvidadas

Cientos de familias se rompieron en Estados Unidos y Canadá, en los años 80 y 90, tras convencer terapeutas y psiquiatras a muchos pacientes de que de niños habían sufrido abusos y reprimido los recuerdos, a modo de autoprotección. No existían más pruebas que los testimonios de unas víctimas que habían empezado a revivir sus dramas bajo hipnosis, los efectos del suero de la verdad y otras cuestionables técnicas de sugestión. Hubo casos que llegaron a los tribunales y se zanjaron con largas condenas de cárcel para unos padres o educadores hasta entonces modélicos. Se convirtieron en villanos de la noche a la mañana y, aunque al principio negaron las acusaciones, al final muchos acabaron por admitir la culpa.

Científicos como Loftus han probado, sin embargo, que la recuperación de recuerdos perdidos es poco fiable, que recreamos el pasado cada vez que lo revivimos, añadiendo nuevos detalles. "Los participantes (en un experimento) vieron un accidente de automóvil en un cruce con una señal de stop. Después, se sugirió a la mitad de ellos que se trataba de un ceda el paso. Cuando más tarde les preguntamos qué señal de tráfico había en la intersección, aquéllos que habían sido sugestionados tendieron a decir que un ceda el paso. Los que no recibieron información falsa fueron mucho más precisos en su recuerdo de la señal", explica la psicóloga.

Stephen Lindsay, de la Universidad de Victoria (Canadá), probó hace seis años que verse en una escena lleva a muchas personas a pensar que la han vivido. En un experimento, se enseñaron a veinte individuos fotos de su niñez procedentes del álbum familiar y una manipulada digitalmente con el protagonista montado en un globo aerostático, algo que nunca había pasado. Al ver la foto trucada, la mitad de los sujetos recordó la vivencia inventada. A finales del año pasado, un grupo de psicólogos liderado por Loftus demostró que fotos de sucesos históricos retocadas pueden alterar nuestro recuerdo de esos hechos: sólo con incluir un encapuchado y un antidisturbios en una imagen de una manifestación pacífica de la que tuvimos noticia en su día, se convierte en nuestra memoria en una protesta violenta y con heridos.

A gusto del hipnólogo

A diferencia de las abducciones, los abusos sexuales en la infancia son reales. El debate científico se centra en si bastan las rememoraciones obtenidas mediante hipnosis y otras técnicas de sugestión para condenar a alguien, como ha pasado en EE UU. ¿Por qué? Porque, como demuestran las pruebas de laboratorio, los recuerdos pueden tergiversarse. "La información errónea puede invadir nuestra memoria cuando hablamos con otros, somos interrogados o leemos o vemos en los medios información sobre algo que hemos experimentado", indica Loftus. Así se explica que haya quien recuerde, en la consulta del terapeuta, haber sido víctima de abusos y sufrido abortos a pesar de que un examen médico demuestra que es virgen, y que inocentes acaben confesando crímenes que nunca cometieron.

El suceso protagonista de los recuerdos del paciente depende de las inclinaciones del hipnólogo: los ufólogos tienden a descubrir abducciones; los parapsicólogos, experiencias de vidas pasadas; los clérigos, rituales satánicos; algunos psiquiatras y terapeutas, abusos sexuales infantiles... Es lo que cada uno de ellos busca y hacia lo que dirige sus tendenciosas preguntas. "La hipnosis es una mala herramienta para averiguar la verdad porque es un estado en el que uno es especialmente sugestionable y puede dar lugar a confusiones y a la creación de falsos recuerdos", asegura Susan Clancy, psicóloga de la Universidad de Harvard y autora del libro Abducted. How people come to believe they were kidnapped by aliens (Abducidos. Cómo llega la gente a creer que ha sido secuestrada por alienígenas. 2005).

Tras su 44 cumpleaños, Elizabeth Loftus recordó traumáticamente el hallazgo, cuando era una niña, de su madre muerta. Rememoró el descubrimiento del cuerpo flotando boca abajo en la piscina, el coche patrulla con sus luces, la camilla con el cadáver cubierto por una sábana blanca... Hasta que días después su hermano la sacó del error: su tío se había confundido; ella no había encontrado a su madre muerta. Un comentario inocente de un pariente había bastado para convencer a la psicóloga estudiosa de la memoria de que había vivido una experiencia que en realidad nunca vivió. "La idea más horripilante es que aquello que creemos con todo nuestro corazón no es necesariamente la verdad", advierte Loftus.


El libro

The myth of repressed memory: false memories and allegations of sexual abuse (1996): Una aproximación rigurosa al escándalo de la manipulación de la memoria y sus repercusiones.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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11 Ago 2008


Cientos de españoles se despertaron el primer domingo de septiembre de 1975 con habilidades paranormales. Horas antes, habían doblado cucharas y arreglado relojes con el poder de la mente siguiendo las indicaciones de Uri Geller. "Estábamos viendo la televisión cuando mis hijos decidieron participar en el número de los cubiertos. Todos lo intentamos, pero sólo yo logré el propósito. Mis hijos se reían; yo también. He tratado otra vez de conseguir los mismos efectos y siempre con resultados positivos", explicaba días después una mujer. Otros espectadores pusieron en marcha viejos relojes que hacía tiempo habían dejado de funcionar.

Más de 10 millones de españoles siguieron en la única cadena de entonces (TVE) la entrevista que José María Íñigo hizo a Geller en el magacín sabatino Directísimo el 6 de septiembre de 1975. El joven decía tener poderes sobrenaturales que le permitían romper cubiertos y reparar relojes mágicamente. Por si a alguien le cupiera duda, demostró ambas habilidades en vivo ante un asombrado Íñigo. El lunes siguiente, 10.000 personas hicieron cola en unos grandes almacenes de Madrid para conseguir una copia firmada de la autobiografía del dotado.

Habilidades esquivas

Geller es hoy multimillonario. Vive en Reino Unido, publica libros y kits de autoayuda sobre cómo desarrollar el poder mental, y de vez en cuando aparece en programas de televisión. A los 62 años continúa alardeando de su capacidad de doblar cucharas, de arreglar relojes frotándolos entre las manos, de adivinar lo que alguien ha dibujado y guardado en un sobre opaco, mover la aguja de una brújula con el pensamiento... Su biografía incluye, además, contactos con extraterrestres –que son quienes le otorgaron sus superpoderes cuando tenía 3 años–, el haber trabajado como psíquico para la CIA y el haber usado sus poderes para descubrir, por encargo de multinacionales, importantes reservas minerales. Y sigue teniendo un éxito desigual a la hora de demostrar sus habilidades: le funcionan con los parapsicólogos, pero se esfuman delante de los magos.

El más famoso doblador de cucharas evita a los ilusionistas desde que en 1973 hizo una demostración de sus dotes en la redacción de Time> sin saber que actuaba ante James Randi, un mago azote de todo tipo de charlatanes que reprodujo sus poderes, "demostrando –según el periodista científico Leon Jaroff– que sólo eran necesarias unas manos rápidas y psicología". Pero ni eso, ni que Geller empezara su carrera como prestidigitador en salas de fiesta israelíes, ni que en 1974 confesara que recurría al ilusionismo a veces "con objeto de aumentar la fama y el dinero", ni que su agente reconociera en 1978 que empleaba trucos y cómplices en sus actuaciones, mina la fe de sus fieles, quienes sostienen que recurre a trucos sólo cuando le fallan sus poderes extraordinarios.

Dos años antes de su primera aparición en TVE, su debut en la estadounidense fue un fiasco, como puede comprobar cualquiera en YouTube para desgracia del dotado. "Fallé delante de 40 millones de personas", admite. Lo hizo en el Tonight Show de Johnny Carson, por una razón muy simple: el presentador le sometió a un estricto control para evitar trampas. Ayudado por Randi, dio el cambiazo a las cucharas y los otros objetos que Geller había llevado al estudio, y éste no pudo ejecutar ninguno de sus prodigios. Lo mismo le pasó en España en ETB en 1986 cuando se dejó su cubertería en el hotel de San Sebastián donde se alojaba. Tampoco arreglará nunca un reloj digital. Tiene que ser mecánico y no estar averiado, sólo parado. El calor de las manos hace que se licúe el aceite solidificado y la maquinaria vuelva a funcionar, aunque sólo durante unos minutos. Por eso el dotado puso en Directísimo los relojes boca abajo poco después de que echaron a andar.

Poder de autopromoción

"Puedo repetir todos los efectos de Uri Geller", asegura el mago Jorge Blass. Hace treinta años, su colega José Luis Ballesteros viajó por toda España demostrando que simular habilidades paranormales está al alcance de cualquier mago y se dedicó durante un tiempo a la caza de ilusionistas camuflados de tipos con superpoderes, como asesor de la Sociedad Española de Parapsicología. El presidente de la entidad, Ramos Perera, publicó en 1975 un libro, Uri Geller al descubierto, en el que prueba que el psíquico no es tal. Pese a ello, ninguno de quienes desde entonces han compartido en nuestro país plató con él ha tomado las mínimas precauciones para evitar ser engañado, así que han seguido produciéndose milagros.

La carrera de Geller como asesor de gobiernos y empresas es tan real como sus poderes. "Recuerdo que hizo algún tipo de maniobra mental que dio como resultado una cuchara doblada. Sin embargo, que me leyera la mente y otras cosas que él dice que tuvieron lugar, simplemente, no es verdad", sentenciaba hace años Henry Kissinger. Al igual que el ex secretario de Estado norteamericano, la CIA y directivos de Pemex y de la sudafricana Anglovaal Corporation han negado cualquier relación con el psíquico. "Nadie puede dudar de los poderes sobrenaturales de Geller para la autopromoción", admite el periodista Matti Friedman.

El efecto Geller, sin duda, existe, aunque no consiste en la habilidad de doblar cucharas mediante poderes sobrenaturales –algo nunca demostrado ante quien mejor está preparado para detectar trampas, un prestidigitador–, sino en otra mucho más sorprendente destacada por Arthur C. Clarke. Para el recientemente fallecido autor de ciencia ficción, "la habilidad de un ilusionista capaz, pero quizá no excepcional (aunque sólo sus colegas pueden juzgarlo), de tener un impacto mundial tan extraordinario y de convencer a miles de personas inteligentes de su autenticidad merece una seria consideración".


El libro

Uri Geller al descubierto (1975): El parapsicólogo Ramos Perera desenmascara al psíquico poco después de su presentación en España.

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02 Ago 2008


El más famoso, y posiblemente más rico, de los mediums contacta con los espíritus ante las cámaras de la televisión, en estudios bien iluminados y con público. Se llama John Edward, tiene cara de buen chico y un programa en el Canal de Entretenimiento para Mujeres estadounidense. Antes, su Cruzando al Más Allá con John Edward estuvo en SciFi Channel entre 1999 y 2004, y en España se vio en Estilo (ahora People & Arts). Los muertos hablan con él en presencia de sus parientes vivos, a quienes Edward transmite mensajes que son recibidos con alborozo. Los diálogos son del estilo de:

"Hay una referencia en la familia a un payaso o a alguien vestido de payaso", dice Edward mirando al público, a la espera de que alguien se dé por aludido.

–"Tengo un sobrino que se vistió de payaso para Halloween y para su cumpleaños, y vino a enseñárselo a los niños", responde una mujer.

"¡Vale! ¿Aún está aquí? ¿Murió?"

–"Sí".

"¡Vale! Creo que esto es para usted –concluye el médium en referencia al mensaje que está recibiendo–. ¿Quién es la mujer que falleció por cáncer de pulmón o pecho?"

–"Mi hermana".

"¡Vale! ¿El marido también está aquí?"

–"No; era soltera".

"¿Su marido ha fallecido?"

–"Sí".

"Porque me dice que está con el marido. ¡Bien! Hay una conexión con el marido. Tengo que identificar a Frank o Fran..."

Hablando con el Más Allá

Los afortunados que logran entablar contacto con sus familiares fallecidos -un puñado del público que asiste en directo al show- ríen y lloran de alegría. Nunca olvidan la experiencia. El reencuentro con un padre, una madre, un hermano, un tío, una abuela, un hijo que creían haber perdido para siempre hace que se desborde la emoción. Edward no recurre a los trucos de los viejos espiritistas, quienes en la oscuridad y con cómplices hacían aparecer y moverse objetos. Él se comunica a plena luz con los muertos, que le cuentan cosas que sorprenden a sus parientes vivos. Quienes asisten al programa salen convencidos de que el médium les ha puesto en contacto con el mundo de ultratumba, pero ¿es así?

Relean el diálogo anterior. Es una transcripción literal de una escena de una de las entregas de Cruzando al Más Allá con John Edward. ¿Adivina algo el médium? Más bien, no. Su primera pregunta es el anzuelo. Ante un auditorio de más de un centenar de personas, lanza un comentario impreciso a la espera de que alguien se identifique con él. Nunca cosas concretas. Una vez que la víctima ha picado, sigue preguntando. Fíjense que, en el caso del payaso, lo primero que hace es interrogar sobre si está vivo o muerto. ¿Pero es que no lo sabe? ¿Acaso no habla con los muertos? Su interlocutora no se lo acaba de aclarar -el vale tanto para una u otra posibilidad-, así que el médium da un giro a la conversación.

Edward pregunta y pregunta, cubriendo todas las posibilidades -"¿Aún está aquí? ¿Murió?"-, pasa rápido sobre los errores -la soltería de la hermana-, se aprovecha de la información que le da su interlocutor cuando le pregunta directamente -"¿Su marido ha fallecido?"- y sigue sacando generalidades con las cuales cualquiera puede identificarse. Así, lanza al auditorio cuestiones tan concretas como si alguien conoce a una Ellen o le pregunta a una mujer si le dice algo una A como inicial de un conocido. Conocido quiere decir desde el marido hasta el portero de la finca de un tío abuelo, y puede estar en el estudio o no, vivo o muerto hace tiempo. Así, ¿quién puede fallar? Basta con ver uno de los episodios de Cruzando al Más Allá para detectar esas trampas, las mismas que practican todos los adivinos, desde el prestigioso que consultan reyes y empresarios hasta el de medio pelo de un canal de televisión local.

Oídos en este mundo

La técnica se conoce como lectura fría y permite hacer creer a un individuo que uno sabe de él algo que en realidad no sabe, a partir de lo que el mismo sujeto dice, de su aspecto y de generalizaciones que encajan como anillo al dedo en el 99% de la gente. Es lo que hacen todos los fabricantes de horóscopos con frases que se adaptan a cualquiera como prendas de talla universal: hace todo lo posible por llevarse bien con los demás, pero no puede evitar algunos arrebatos cuando le sacan de sus cabales; sus parientes y amigos le tienen en alta consideración y suelen pedirle ayuda, algo a lo que únicamente se niega por fuerza mayor...

En su libro The skeptic's guide to the paranormal (la guía escéptica de lo paranormal) (2004), Lynne Kelly resume en qué consiste: "Para tener éxito con la lectura fría, todo lo que necesita hacer es dos cosas fundamentalmente: contar a la gente que es humana –todos somos más iguales que diferentes– e incorporar lo que ellos le cuentan, verbal o no verbalmente, a su discurso como si fuera parte de la revelación". Si se fijan, es lo que hace Edward en el diálogo anterior. El divulgador científico Michael Shermer llegó a contar casi una aseveración por segundo durante el primer minuto de un episodio del show de SciFi Channel. "Piensen en ello: en un minuto Edward dispara sesenta nombres, colores, fechas, enfermedades, condiciones, situaciones, parientes y otros. Va tan rápido que tienes que parar la cinta, rebobinar y volver a escucharlo para poder seguirle".

Además, durante la espera -hasta de dos horas- antes de entrar en el estudio, los ayudantes del médium se mezclan con los invitados, conversan con ellos y les sonsacan información que luego transmiten a Edward a través de un auricular. El descaro llega a tal punto que, en una ocasión, un espectador facilitó información errónea a los asistentes del psíquico y, una vez en el plató, los espíritus se la transmitieron a Edward como si fuera cierta.


El libro

A skeptic's handbook of parapsychology (1985): El filósofo Paul Kurtz coordina una obra en la que destacados estudiosos examinan los temas clave de la parapsicología.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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30 Jul 2008

"La mayoría de nosotros empleamos solamente alrededor de un 10% de nuestro cerebro, si llega. El 90% restante rebosa un potencial inexplotado y un sinfín de habilidades por descubrir. Ello significa que nuestra mente opera de una manera muy limitada, y en modo alguno funciona a pleno rendimiento", explica Uri Geller en su libro El poder de tu mente (1996). La creencia no es nueva. Hay pistas que apuntan a que existe desde principios del siglo XX. Los parapsicólogos y quienes dicen tener poderes paranormales la suelen presentar como prueba de la existencia de habilidades extraordinarias agazapadas entre neuronas inactivas.

Geller sostiene que "hubo un tiempo en que gozamos de plenos poderes sobre nuestra mente", pero que, con las comodidades de la vida moderna, nos hemos vuelto cerebralmente holgazanes y "hemos ido olvidando muchas de las habilidades que teníamos. Por ejemplo, la telepatía, la levitación y la capacidad de vivir en plena sintonía con nuestro cuerpo han quedado en un segundo plano". Es lo que dice la propaganda de la Iglesia de la Cienciología: "Nosotros sólo usamos el 10% de nuestra potencia mental". Tom Cruise y sus correligionarios aseguran que podemos superar ese límite si seguimos las enseñanzas de su guía espiritual, el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard.

Como una oveja

Algunas series televisivas de ciencia ficción se han hecho eco últimamente de la idea de que la mayor parte del cerebro no nos sirve para nada. Así, en la comedia juvenil Kyle XY, centrada en un adolescente superdotado de enigmático origen -carece de ombligo-, la exploración del cerebro del protagonista revela que es mucho más activo que el del resto de los humanos. En Stargate, la serie de exploradores que viajan entre mundos cruzando puertas estelares, un escáner descubre que el poder mental de un malvado alienígena se basa en que utiliza bastante más que el 10% del cerebro. Y hay anuncios de discos duros de ordenador en los cuales se alaban las bondades del producto tecnológico diciendo que es mucho más eficiente que nuestro cerebro, que "sólo usa una fracción de su capacidad".

No es de extrañar, por tanto, que mucha gente crea que nos bastaría con una décima parte de la masa cerebral que tenemos para hacer lo que hacemos, aunque sea mentira. Párese a pensar unos segundos con ese órgano del que Geller y los cienciólogos dicen que sólo utilizamos un 10%. El cerebro humano pesa entre 1,3 y 1,5 kilos. ¿Conoce a alguien que lo tenga de 130 gramos, del tamaño del de una oveja? ¿Sabe de alguien a quien hayan extirpado el 90% de ese órgano y lleve una vida normal? ¿Ha oído a algún médico decir a un paciente cosas esperanzadoras como: "Ha tenido suerte, el tumor es inoperable y mortal, pero está en la parte del cerebro que no usamos"? Me imagino su respuesta a todas estas preguntas: no.

Nuestro cerebro tiene unos 100.000 millones de neuronas, con 100 billones de conexiones entre ellas. Es el centro de mando del organismo. Lo controla todo: desde el latido del corazón hasta nuestros odios y amores. Es una máquina extraordinariamente compleja y delicada. Basta con una pequeña lesión neurológica para que la vida dé un vuelco indeseado. "Golpes en el cráneo en zonas muy concretas producen a veces grandes daños funcionales en habilidades, aptitudes o conductas", destaca en su libro La parapsicología ¡vaya timo! (2007) el psicólogo Carlos J. Álvarez, quien añade que "los estudios neuropsicológicos demuestran que no existe ninguna zona del cerebro que pueda ser dañada sin que se produzca una pérdida de alguna función mental o conductual". Por eso, los neurocirujanos determinan milimétricamente el tejido a extirpar antes de cada intervención para no dañar áreas sanas.

Un órgano caro

Los sistemas de exploración por imagen -como la resonancia magnética y la tomografía computerizada- demuestran a diario que usamos todo el cerebro; aunque no a la vez, del mismo modo que no empleamos todos los músculos al mismo tiempo. "El hecho de que no seamos conscientes de muchas funciones cerebrales no significa que no estén ahí, realizando constantemente tareas. Pensemos, por ejemplo, en el hecho de que en estado de reposo, e incluso durante el sueño, la función de almacenamiento de la memoria no deja de trabajar", explica el neurólogo Francisco J. Rubia en su libro ¿Qué sabes del cerebro? (2006). Si los científicos lo tienen tan claro, si todas las pruebas indican lo contrario ¿a qué se debe el mito del 10% y cuándo nació?

El psicólogo Barry Beyerstein ha apuntado como posible creador involuntario a su colega William James (1842-1910), quien en sus artículos de divulgación decía que el ciudadano medio rara vez explota todo su potencial mental. Otros estudiosos achacan la idea a erróneas interpretaciones de resultados científicos, así como a los gurús de la autoayuda. Lo cierto es que nuestro cerebro es fruto de millones de años de evolución y resulta difícil creer que la selección natural haya permitido que un órgano tan complejo, grande y caro de mantener alcance el tamaño que tiene para resultar inútil en su mayor parte. Porque, aunque no supone más que el 2% del peso corporal, consume el 20% del oxígeno y el 25% de los nutrientes.

Geller -quien nunca ha podido engañar a un ilusionista con sus trucos de magia que simulan habilidades prodigiosas-, los parapsicólogos y los cienciólogos dicen que los poderes paranormales permanecen latentes en la parte del cerebro que no usamos; pero es que, en realidad, lo utilizamos todo. Además, aunque fuera verdad que no empleamos todo el cerebro, de eso nunca podría deducirse que en la parte silenciosa residan poderes extraordinarios, como la telepatía, la telequinesis y la precognición. Es como decir que en la oscuridad vive el Coco.


El libro

La parapsicología ¡vaya timo! (2007): El psicólogo Carlos J. Álvarez se adentra en el mundo de lo paranormal para poner en tela de juicio las falsas creencias sobre los poderes mentales y nuestro cerebro.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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24 Jul 2008

Tuesday Lobsang Rampa descubrió en 1956 el mundo de los lamas a millones de occidentales con su libro El tercer ojo. Decía ser un monje tibetano, "uno de los pocos que han llegado a este extraño mundo occidental", y advertía a los lectores de que algunas de sus afirmaciones podían provocar incredulidad. La obra narraba la vida de un niño nacido en Tíbet a principios del siglo XX, educado como lama, estudiante de Medicina en China y prisionero en campos de concentración rusos y japoneses. Alcanzaba el clímax cuando a los 8 años le abrían el tercer ojo.

La escena sobrecoge aún hoy. Un monje coloca la cabeza del novicio Rampa entre sus rodillas, el maestro le previene contra el sufrimiento -"Esto es muy doloroso"- y otro lama le perfora el centro de la frente con una lezna. "De pronto, hubo un ruido y el instrumento penetró en el hueso", recuerda. Después, le meten en el agujero una pequeña cuña de madera "con infinitas precauciones". Y su visión del mundo cambia. "Fue para mí una extraña experiencia ver a aquellos hombres como envueltos en una llama dorada. Hasta más adelante no supe que sus auras eran doradas a causa de la vida tan pura que llevaban y que las de la mayoría de la gente tenían un aspecto muy diferente". Según su maestro, con el tercer ojo ve "a las personas como son y no como pretenden ellas ser".

Prodigios en el Himalaya

La apertura de esa ventana a lo más íntimo del ser humano era sólo uno de los prodigios de la vida de Rampa, tal como descubrieron los lectores de la veintena de libros que publicó hasta 1980. Las aventuras del lama incluyen encuentros con el abominable hombre de las nieves -"he visto yetis y crías de yetis, y también esqueletos de estos seres casi fabulosos"- y otro, más turbador si cabe, con la momia de una de sus reencarnaciones anteriores. Sus millones de seguidores saben que los monjes tibetanos practican amputaciones sin anestesia, con hipnosis y enseñando a los pacientes a controlar la repiración; comen todos juntos escuchando las escrituras sagradas; son vegetarianos; y sólo montan caballos blancos.

Rampa les enseñó, además, que la cordillera del Himalaya se formó por el choque de otro planeta contra la Tierra y que hay lamas que practican viajes astrales -se trasladan en espíritu allá donde quieren-, se comunican telepáticamente y ven el futuro. "El tercer ojo ha sido considerado, incluso por los especialistas en cuestiones tibetanas, como el más impresionante testimonio de la vida y las raíces espirituales de aquel misterioso país", puede leerse en la contraportada de una de las últimas ediciones españolas del libro. Originalmente publicada en inglés, la obra fue inmediatamente traducida a otros idiomas y tuvo un gran éxito de público, pero no entre la crítica especializada.

"Las primeras dos páginas me convencieron de que el escritor no era tibetano; las diez siguientes, de que nunca había estado en Tíbet o India y de que no sabía absolutamente nada del budismo en cualquiera de sus variantes", escribía Agehananda Bharati en 1974 en el Tibet Society Bulletin. Bharati había sido uno de los orientalistas a quienes la editorial Secker & Warburg había mandado en 1956 el manuscrito de Rampa antes de su publicación. Otros expertos consultados fueron el alpinista Marco Pallis, Heinrich Harrer, autor de Siete años en el Tíbet, y Hugh Richardson, representante del Gobierno británico en Lhasa. En contra de lo que sostiene aún su editorial española, el dictamen de todos ellos fue concluyente ya hace cincuenta años: El tercer ojo es un fraude.

Encarnado en fontanero

En una crítica publicada en The Daily Telegraph and Morning Post en noviembre de 1956, Richardson destacó que el escritor jugaba con la ventaja de que poca gente tenía en Occidente los conocimientos necesarios para refutar sus afirmaciones. "Pero cualquiera que haya vivido en Tíbet sentirá después de leer unas pocas páginas de El tercer ojo que su autor, T. Lobsang Rampa, no es tibetano". Si llegaba el caso, el diplomático estaba dispuesto a presentar sus excusas al autor "en persona y en tibetano", idioma en el que el presunto monje budista no le habría entendido ni palabra.

Porque Rampa no sólo no era lama, sino que tampoco era tibetano. Un detective privado contratado por un grupo de orientalistas averiguó en enero de 1957 que El tercer ojo había sido escrito por un tal Cyril Henry Hoskin. Era hijo de un fontanero de Devon, Inglaterra, y nunca había visitado Tíbet ni hablado una palabra de tibetano. A pesar de que la prensa se hizo eco del engaño, ni las ventas de la ópera prima de Rampa ni las de sus secuelas se resintieron. Y es que Hoskin adaptó su ficticia aventura a la realidad de su vida con una maestría digna de un guionista de culebrones. Ya no se presentó más como un lama emigrado a Occidente, sino como un monje que se había apoderado del cuerpo de Hoskin. Lo hizo, decía, después de que su anfitrión se cayó de un árbol en su jardín de Surrey el 13 de junio de 1949. A partir de ese momento, el hijo del fontanero inglés olvidó su gris vida anterior y recordó las hazañas de un monje tibetano desde su nacimiento.

Una de las cosas que nunca recordó, sin embargo, fue su idioma natal y algunas de las que le vinieron a la cabeza eran ficticias, como el tercer ojo, las capacidades paranormales de los lamas, sus habilidades quirúrgicas, y sus costumbres ecuestres y alimenticias. Los orientalistas y los lamas auténticos saben que Lobsang Rampa era un mentiroso y que su historia es tan digna de crédito como la de Viviendo con un lama (1966), libro que le dictó telepáticamente su gata siamesa la Señorita Fifi Greywhiskers, y su predicción de la Tercera Guerra Mundial, que tenía que haber estallado en 1985. Menos mal que cuatro años antes Hoskin murió en Canadá, adonde había emigrado para pagar menos impuestos.


El libro

Prisoners of Shangri-La (1998): El orientalista Donald S. Lopez examina la visión mítica occidental de Tíbet, y analiza las razones que han llevado a la tergiversación de la realidad.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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23 Jul 2008

Una madre de familia inventó hace 160 años un código para comunicarse con los muertos. Se llamaba Margaret Fox y en diciembre de 1847 se había mudado con su esposo y sus dos hijas pequeñas, Kate y Maggie, desde Canadá a una casa de Hydesville, un pueblo del Estado de Nueva York. A mediados de marzo, ella y su marido empezaron a escuchar extraños ruidos que sólo se oían cuando las niñas estaban en la casa y que en la noche del día 30 llegaron a ser insoportables. "No pudimos descansar y concluí que la casa estaba encantada por un espíritu atormentado", dejó escrito la mujer en una declaración el 11 de abril de 1848.

A la noche siguiente, el fenómeno se repitió y las niñas intentaron interactuar con lo que fuera que lo ocasionaba. "Señor Splitfoot (nombre dado al Diablo en algunas zonas de Nueva Inglaterra), haz lo que hago", pidió Kate, de 6 años, mientras daba tres palmadas. Como respuesta, sonaron tres golpes. "Ahora, haz lo que hago yo", dijo Maggie, de 8 años, contando hasta cuatro al tiempo que daba otras tantas palmadas. Se escucharon cuatro golpes. Pasado el susto, la madre preguntó al ente las edades de sus hijas y, tras recibir las respuestas correctas, se interesó por la naturaleza de su interlocutor. "¿Eres un espíritu? Si lo eres, da dos golpes". Lo era.

Ruidoso diálogo

La familia contó a sus vecinos lo que pasaba, y el hogar de los Fox se llenó inmediatamente de gente que, siempre en presencia de Kate y Maggie, interrogaba al fantasma según un simple código: tres golpes significaban ; uno, no. Averiguaron que quien les hablaba de ese modo era un buhonero asesinado en la casa años antes, a quien pronto siquieron otras parlanchinas almas atormentadas. Los diálogos ganaron en contenido cuando David, uno de los dos hermanos mayores de las niñas que ya no vivían en el domicilio paterno, ideó un nuevo método de comunicación: recitaba el alfabeto y pedía al espíritu de turno que señalara con un golpe la letra apropiada, con lo que los espectros podían transmitir palabras y frases. Así fue como indicaron a Kate y Maggie que debían compartir su don y actuar como mediadoras entre vivos y muertos.

En cuanto supo del revuelo montado, Leah, treintañera hermana de las niñas que vivía en Rochester, se las llevó a su casa y empezó a organizar sesiones espiritistas abiertas al público, previo pago. Se celebraban en una habitación mal iluminada y el repertorio fantasmal incluía ya movimientos de la mesa alrededor de la que se sentaban los asistentes, materializaciones de objetos, apariciones de manos blancas... La recaudación oscilaba entre los 100 y 180 dólares por noche; traducido a dinero actual, entre 2.370 y 4.266 dólares por sesión. Las niñas tenían tanto tirón que se alquiló el salón de actos más grande de la ciudad, con capacidad para 400 personas, para tres sesiones de espiritismo en noviembre de 1849: la entrada costaba 25 centavos -5,9 dólares de hoy-, y el lleno fue total los tres días.

Los creyentes crecían rápidamente, y uno de ellos acabó de impulsar la carrera de Kate, Maggie y Leah. Horace Greeley dirigía el diario New York Tribune, el más influyente de Estados Unidos entre 1840 y 1870. Era uno de los periodistas más respetados del país cuando, en la primavera de 1850, invitó a las hermanas a trasladarse a Nueva York. Se instalaron en un hotel y por sus sesiones pasó lo más granado de la sociedad: novelistas, historiadores, jueces, físicos, senadores... Frente a quienes sospechaban que en el espiritismo había gato encerrado, Greeley confiaba en la "total integridad y buena fe" de las hermanas, destaca el filósofo Paul Kurtz en su artículo Spiritualists, mediums, and psychics: some evidence of fraud (Espiritistas, mediums y psíquicos: algunas pruebas de fraude. 1985).

Millones de fieles

Las Fox hicieron escuela y, a mediados de la década de 1850, había ya 40.000 mediums en EE UU. Satisfacían las necesidades de millones de creyentes a quienes, como Greeley, no cabía en la cabeza que todo fuera un engaño. Era lo que pensaba, sin embargo, el médico E.P. Langworthy, quien denunció en 1850 que los ruidos procedían de los pies de las niñas o de objetos con los que éstas estaban en contacto. A la misma conclusión llegó el reverendo John Austin, para quien los golpes eran crujidos de las articulaciones de los dedos de los pies de las pequeñas. Tres médicos de la Universidad de Buffalo, Austin Flint, Charles A. Lee y C.B. Coventry, coincidieron en el diagnóstico en febrero de 1851, tras ver a las niñas en acción y someterlas a una prueba controlada para que no pudieran hacer ningún ruido. Y una comisión de expertos de la Universidad de Harvard y otra de la de Pensilvania también apuntaron, en 1857 y 1884, al origen podal de los ruidos.

La bomba estalló en la Academia de Música de Nueva York el 21 de octubre de 1888. "Estoy aquí esta noche, como una de las fundadoras del espiritismo, para denunciarlo como un fraude de principio a fin, como la más enfermiza de las supersticiones y la blasfemia más malvada que ha conocido el mundo", confesó Maggie Fox en un repleto auditorio, antes de hacer una demostración pública de sus trucos. "Queríamos aterrorizar a nuestra querida madre, que era una mujer muy buena y muy impresionable". Todo había sido una broma infantil, convertida en negocio luego por Leah.

"¡Oh, mamá! Sé lo que pasa. Mañana es el April Fools Day (el Día de los Inocentes anglosajón; se celebra el 1 de abril) y alguien nos intenta engañar", había advertido Kate la noche del 31 de marzo de 1848. Su madre, quien recoge la infantil advertencia en su escrito de abril, no la creyó y nació una nueva religión. Las niñas llegaron a actuar en la Casa Blanca y ante la reina Victoria, en Londres, antes de caer en descrédito. Y la confesión de su engaño no desalentó a los fieles del espiritismo, que en 1897 eran 8 millones en EE UU.


El libro

Hablando con fantasmas (1998): Miguel Ángel Sabadell explora críticamente la historia de la comunicación con el Más Allá desde la época de las hermanas Fox.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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03 Jul 2008


Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico, participó ayer en un debate sobre los fenómenos paranormales, en El Programa de Ana Rosa, en Tele 5. El punto de vista crédulo -muy, muy crédulo- estuvo representado por Francisco Azorín, miembro de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP). Aquí tienen el vídeo.

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16 Jun 2008

Bilbao acogerá el 30 de junio la jornada Impactos extraterrestres: Tunguska, 100 años después, un acto organizado por el Círculo Escéptico (CE), la Universidad del País Vasco (UPV), el diario El Correo, el Center for Inquiry (CfI) y el Ayuntamiento de Bilbao. Josep Maria Trigo-Rodríguez, Xabier Orue-Etxebarria y Agustín Sánchez Lavega ofrecerán sendas conferencias y participarán en una mesa redonda en el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta (c/ Bidebarrieta, 4), entre las 18 y las 21 horas. El primero, astrofísico del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC), hablará sobre el peligro de cometas y asteroides; el segundo, paleontólogo de la UPV, acerca de las extinciones masivas por impactos; y el tercero, astrofísico de la UPV y miembro del CE, del suceso de Tunguska y qué puede hacerse ante este tipo de amenazas. La explosión de Tunguska arrasó unos 2.200 kilómetros cuadrados -el equivalente a Guipúzcoa- de bosque en Siberia el 30 de junio de 1908 y, según los últimos estudios, pudo haber sido causada por un asteroide de menos de 30 metros de diámetro.

La jornada Impactos extraterrestres: Tunguska, 100 años después cierra el segundo curso de divulgación del pensamiento crítico programado en la capital vizcaína por el CE, asociación nacida hace hoy tres años. Las seis actividades públicas organizadas hasta el momento en Bilbao han contado con más de un millar participantes, siendo especialmente destacable el éxito de las dos celebraciones del Día de Darwin, en las cuales el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta -con capacidad para más de 300 personas- se quedó pequeño. Además de otras dos jornadas de charlas enmarcadas en la Semana de la Ciencia en 2006 y 2007, el CE organizó una especial con motivo de los 60 años de platillos volantes y otra dedicada a la polémica de las antenas de telefonía. Casi una ventena de científicos y divulgadores ha intervenido ya en las actividades de promoción del pensamiento crítico celebradas en Bilbao desde noviembre de 2006, gracias al apoyo desinteresado de todas las instituciones participantes, que ya estan preparando los actos del próximo curso.

Pensamiento crítico en la calle

En las primeras jornadas de Misterios, a la luz de la ciencia, Eduardo Angulo, biólogo de la UPV y miembro del CE, nos acercó a la criptozoología en Me pareció haber visto un lindo monstruito. Nessie, el yeti y otros seres enigmáticos; Jon Sáenz, físico de la UPV, expuso algunos métodos populares de predicción meteorológica en ¿Sirven las témporas para predecir el tiempo del próximo invierno?; Agustín Sánchez Lavega examinó las posibilidades de vida en otros mundos en ¿Hay alguien ahí? La búsqueda de extraterrestres; Mauricio-José Schwarz, periodista científico y miembro del CE, denunció los engaños de lo paranormal en Ferraris a 1.000 euros. Las afirmaciones extravagantes y cómo someterlas a prueba; y Félix Goñi, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de lla UPV y director de la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, y Juan Ignacio Pérez, rector de la UPV, reflexionaron sobre los riesgos delpensamiento mágico. En la segunda edición de Misterios, a la luz de la ciencia, Carlos J. Álvarez, psicólogo de la Universidad de La Laguna, habló de Algunas creencias erróneas sobre nuestro cerebro; Javier Cavanilles, periodista del diario El Mundo, disertó sobre Las caras de Bélmez: ¿falsa ciencia o mal periodismo?; José Carlos Pérez Cobo, biólogo de la UPV, analizó el Agua depurativa y otros engaños de la nutrición y la cosmética; y Joseba Zubia, físico de la UPV, nos ilustró sobre Ondas electromagnéticas y salud.

En los actos del Día de Darwin de 2007, Enrique Cerdá-Olmedo, genetista de la Universidad de Sevilla, disertó sobre Evolución ciega y 'diseño inteligente'; Antonio Lazcano, biólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, nos llevó hasta El origen de la vida; y Ana Rallo, bióloga de la UPV, habló acerca de la llegada de las ideas evolucionistas a España en Darwin, imported from England. En el Día de Darwin 2008, Ricardo Amils, profesor de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador asociado al Centro de Astrobiología, reflexionó sobre la vida más primitiva en ¿Minerales o azúcares? ¿Qué prefirieron los primeros seres vivos?; Eustoquio Molina, catedrático de Paleontología de la Universidad de Zaragoza, dedicó su charla a Creacionismo contra evolución: la estrategia del 'diseño inteligente'; y José Carlos Pérez Cobo, biólogo de la UPV, disertó sobre la evolución del cerebro humano en ¿Somos listos porque comemos almejas? En las mesas redondas de ambas jornadas, intervinieron, además, Eduardo Angulo, Félix Goñi, Juan Ignacio Pérez y Agustín Sánchez Lavega.

Celebramos los 60 años de platillos volantes con conferencias de Eduardo Angulo, quien nos presentó a los extraterrestres de la ciencia ficción en ¡Marciano, ven a casa!; Ricardo Campo, filósofo de la Universidad de La Laguna, y miembro de la Fundación Anomalía y el CE, quien resumió la historia del mito ovni en La invasión que nunca llegó; Fernando L. Frías, abogado y presidente del CE, que provocó carcajadas con La chapuza galáctica: ufología a la española; y el autor de estas líneas, que dio su punto de vista sobre el origen del prototipo de extraterrestre en 40 años de hombrecillos grises. Además, Agustín Sánchez Lavega participó en la mesa redonda. La jornada Antenas y salud: verdades y mentiras contó, por su parte, con las inestimables aportaciones de Félix Goñi y Joseba Zubia.

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magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

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