02 Jul 2008
27 Jun 2008
30 May 2008
Esta investigación ha sido la primera en la cual se han sometido a la prueba del carbono 14 restos desenterrados en las inmediaciones del monumento megalítico británico. Los más antiguos -una pequeña pila de huesos y dientes- datan de entre 3030 aC y 2880 aC; los más recientes corresponden a una mujer de unos 25 años, incinerada y sepultada entre 2570 aC y 2340 aC, época cuando se cree que se colocaron las primeras grandes piedras. "Stonehenge fue utilizado como cementerio desde su construcción hasta su abandono final, alrededor de la mitad del tercer milenio aC. Los restos de cremaciones de la época en la que se construyó son sólo una parte de los encontrados y pertenecerían a este periodo tardío, demostrando que el lugar fue un sitio reservado a los muertos mucho más tiempo del que se creía", ha explicado Parker Pearson.
Los investigadores calculan que unos 240 cuerpos fueron incinerados y enterrados en el lugar durante los 500 años que se usó como cementerio, y creen que no se trataba de personas cualquiera. El antropólogo Andrew Chamberlain, también de la Universidad de Sheffield, ha asegurado que el equipo tiene pruebas de que los restos corresponden a una única familia perteneciente a la élite de la época y a sus descendientes, un linaje de gobernantes prehistóricos. "Es muy difícil pensar que la gente corriente fuese enterrada en Stonehenge. Más bien todo apunta a la existencia de una élite. Así, los jefes de una tribu del Neolítico no sólo serían los responsables de erigir el monumento, sino que también fueron enterrados allí", apostilla Parker Pearson. Habrá que ver las pruebas que presentan los autores de los hallazgos en apoyo de esta afirmación.
National Geographic Channel estrenará el domingo a las 21.00 horas el documental Las claves de Stonehenge, que da cuenta de éstos y otros hallazgos.
25 May 2008
24 May 2008
22 May 2008
La última aventura de Indiana Jones arranca donde acabó la búsqueda del Arca perdida, en un almacén lleno de cajas. Estamos en 1957 en Nevada, en la base secreta conocida como Área 51. Según la subcultura ufológica, Estados Unidos esconde en esas instalaciones los restos de los alienígenas que en julio de 1947 se estrellaron con su nave en Roswell, Nuevo México. Hacerse con uno de los cuerpos es el objetivo de la agente soviética Irina Spalko, quien a las puertas del hangar -en cuyo interior está pintado un revelador 51, por si hubiera dudas- intenta leer la mente al héroe, que se ríe de sus facultades sobrenaturales.
Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, que se estrena hoy, trasplanta al universo del arqueólogo del látigo la fantasía en la que viven quienes creen en las visitas extraterrestres y los poderes paranormales. No sólo el Arca de la Alianza -que volvemos a ver fugazmente dentro una caja medio rota en el Área 51- es un arma de destrucción masiva, sino que, además, seres de otros mundos enseñaron a nuestros antepasados desde la agricultura hasta la construcción de pirámides, la telepatía existe y en Roswell cayó un platillo volante.
Cráneos de cristal
La acción gira alrededor de un cráneo de cuarzo. Queda claro desde las primeras escenas que no es el descubierto en Belice en 1924 por el aventurero británico F.A. Mitchell-Hedges. Esa calavera se presenta en la literatura esotérica como un objeto mágico de origen maya, aunque en realidad fue tallada en Alemania en el siglo XIX. Aun así, inspiró a George Lucas y Jeff Nathanson a la hora de idear una trama a la altura de Indiana Jones y, por eso, Mitchell-Hedges es citado varias veces por el arqueólogo preferido de medio mundo, quien reconoce que su famosa reliquia le obsesionaba ya en la universidad.
El cráneo de cristal cinematográfico es otra cosa: es parte del esqueleto de un extraterrestre, como los de Roswell, y habría sido encontrado por Francisco de Orellana en la mítica ciudad de El Dorado. Según Spalko, "potencia los poderes mentales". Claro que la agente soviética no parece muy en sus cabales. "Es la científica favorita de Stalin. Científica... si consideras ciencia la parapsicología", cuentan a Indy. "Nos encontramos en plena Guerra Fría, con la amenaza de una guerra nuclear y la Amenaza Roja. A la hora de escoger a los malos para esta aventura, no quedaba duda de que debían ser los rusos", ha explicado Steven Spielberg.
La incredulidad sobre la parapsicología es hoy en día compartida por las grandes potencias, pero hubo un tiempo en el que pensaban lo contrario en los pasillos de la Casa Blanca y el Kremlin. Desde los años 50 y durante décadas, Estados Unidos y la Unión Soviética invirtieron dinero en experimentos parapsicológicos. Soñaban, entre otras cosas, con la posibilidad de la mente de viajar hasta posiciones enemigas y ver lo que allí pasaba, lo que se denomina espionaje psíquico. La malvada Irina Spalko cree que el cráneo de cristal es el arma definitiva, una fuente de saber y de poder.
Indy sospecha que el cráneo está en la tumba de Orellana y, en su búsqueda de los restos del conquistador español, sobrevolará las figuras de Nazca, uno de los enclaves mágicos para los fanáticos de lo oculto. El doctor Jones no presenta los geoglifos del altiplano peruano como pistas de aterrizaje para naves de otros mundos, como hizo el suizo Erich von Däniken en su libro Recuerdos del futuro (1968), aunque sí apunta a un posible origen alienígena. "Sólo los dioses pueden ver las líneas de Nazca", dice. No séra la última vez que aparezcan en escena los dioses-astronautas, los extraterrestres que según algunos influyeron en todas las grandes culturas del pasado y que resultan omnipresentes en la película del año.
Spielberg y Lucas mezclan en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal elementos de la moderna conspiranoia con otros propios de la pseudohistoria y, como El Dorado, de la leyenda sin más. Y modifican el único elemento real del cóctel -el Área 51 como base secreta- para hacer casar la Historia con la ficción. Las instalaciones militares de Nevada entraron en servicio en 1950, y desde entonces han sido el lugar en el que Estados Unidos ha probado sus ingenios miltares más avanzados. Sin embargo, el cofre de los Diez Mandamientos está allí desde 1936 -cuando transcurre la acción de En busca del Arca perdida- y, once años después, van a parar a ella los restos de Roswell, del "fiasco de las Fuerzas Aéreas del 47", como lo llama el arqueólogo antes de descubrir la verdad. Porque Indy formó parte del equipo que examinó los restos de Roswell. Pero ésa es otra historia...
Publicado originalmente en el diario El Correo.
19 May 2008
"Indiana Jones es el riesgo, la aventura y el conocimiento; por ese orden", indica Eudald Carbonell, arqueólogo de la Universidad Rovira i Virgili cuya escala de principios "es la inversa". El codirector de las excavaciones de Atapuerca recuerda cómo el protagonista queda definido en las primeras escenas de En busca del Arca perdida: después de salir de un templo peruano con un ídolo de oro, a la carrera delante de una inmensa bola de piedra, le vemos en clase en la Universidad de Marshall. "Es el sabio que viaja, que se mueve".
No todos los académicos son tan generosos con el héroe. "La arqueología de la trilogía de Indy es pseudoarqueología", afirma Bettina Arnold, antropóloga de la Universidad de Wisconsin, en su ensayo Pseudoarchaeology and nationalism. Destaca que la docencia apenas absorbe tiempo al doctor Jones: su actividad principal es saquear antigüedades a diestro y siniestro al margen de la legislación internacional y siempre entre puñetazos, disparos, latigazos y duelos. Es arqueológicamente incorrecto, pero funciona desde un punto de vista cinematográfico.
Cazador de reliquias
El día a día en un yacimiento consiste en rascar pacientemente el suelo con un cuchillo a la busca de piezas que, antes de trasladar al laboratorio, hay que situar milimétricamente en un plano y catalogar. Sobre el terreno, un trozo de cerámica o una concha perforada pueden causar entre los especialistas un revuelo inexplicable para el lego. "Una pieza humilde que nunca se expondrá en un museo puede darnos la solución a un problema histórico. Buscamos respuestas, no tesoros", explica el asiriólogo Juan Luis Montero Fenollós, profesor de la Universidad de La Coruña.
El trabajo de campo es el más conocido de los arqueólogos, pero es mucho más el que se hace antes entre libros, piezas y documentos, y después, cuando hay que ir más allá de la pieza propiamente dicha. Montero Fenollós anda desde hace cuatro años en Siria tras los restos de la ciudad de Dur-Yahdum-Lim. "Sabemos por textos cuneiformes que existía hacia 1800 antes de Cristo y que fue destruida por Hammurabi alrededor de 1700 aC". Los arqueólogos siguen el rastro del asentamiento desde hace 70 años y, ahora, Montero Fenollós cree haber dado con su posible emplazamiento en el valle del Éufrates. El área a excavar tiene 10 hectáreas y sólo podrá confirmar que los restos corresponden a Dur-Yahdum-Lim si topa con un texto alusivo. Puede que pasen años o que la respuesta no llegue nunca.
Frente a eso, Indiana Jones resuelve enigmas milenarios en segundos y recupera artefactos portentosos. Persigue el Arca de la Alianza, el cofre que habría guardado las Tablas de la Ley entregadas por Yahvé a Moisés, y el Santo Grial. Ningún arqueólogo de carne y hueso busca esas piezas, porque hay tantas pruebas de su existencia como de la del martillo de Thor, la espada Excalibur del rey Arturo y la caja de Pandora que ansía Lara Croft en Tomb raider: la cuna de la vida. Sin embargo, la existencia de esas reliquias en el universo de Indy favorece la creación de tramas trepidantes y la presencia de unos malos temibles y unánimemente despreciados.
"¡Nazis! ¡Odio a esos tipos!", admite el héroe en la aventura que compartió con su padre. Se enfrentó por primera vez a ellos en 1936, durante la búsqueda del Arca de la Alianza. Heinrich Himmler, comandante en jefe de las temibles SS, creó en el mundo real en 1935 una institución para, además de experimentar con humanos, desenterrar la superioridad histórica de la raza aria y darla a conocer. Se llamaba la Ahnenerbe y se dice que intentó dar con el Santo Grial y otras reliquias bíblicas, aunque hay historiadores que consideran esto último una ficción. Entre los aficionados españoles al esoterismo, corre la leyenda de que Himmler visitó Montserrat en busca de la copa de la Última Cena, pero es algo que no dan por cierto ni los monjes del monasterio catalán. Como tampoco ningún estudioso cree que el cajón de los Diez Mandamientos fuera una arma terrorífica, como comprueban, para su desgracia, los odiados enemigos de Indiana Jones.
"Soñador universal"
Fue el antisemita francés Robert Charroux quien, en su libro Cien mil años de historia desconocida (1963), habló del Arca de la Alianza como "un condensador eléctrico", citando una obra de 1948 en la cual Maurice Denis-Papin decía que se trataba de "una especie de cofre eléctrico capaz de producir poderosas descargas, del orden de los 500 a 700 voltios". Sin embargo, suele atribuirse el descubrimiento a Erich von Däniken, el hostelero suizo metido a perseguidor de extraterrestres que saltó a la fama con el libro Recuerdos del futuro (1968), en el cual se apropia de muchos de los postulados de Charroux y otros visionarios anteriores para llenar el pasado de extraterrestres. El pasado de los salvajes no europeos, claro.
Indiana Jones es un arqueólogo académico en un mundo de ficción en el que los delirios de Charroux, Däniken y su larga lista de imitadores se entremezclan con la realidad. Pero eso no impide a expertos de carne y hueso simpatizar con el personaje. "Es el arqueólogo más famoso del mundo, aunque nunca haya existido", dice Montero Fenollós. Como millones de espectadores, considera las aventuras de Indy "muy seductoras. Te atrapan del primer al último minuto". "Representa a un tipo de soñador universal. Persigue quimeras", puntualiza Carbonell, para quien estas películas "pueden haber influido en algunas personas para que se inclinen por la arqueología, pero la gente que luego continúa tiene algo más". Nadie sabe cuántos arqueólogos se han criado a los sones de la marcha de John Williams.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
11 May 2008
09 May 2008
Repitan conmigo: los personajes legendarios no existen en el mundo real; es imposible encontrar restos arqueológicos vinculados a ellos porque su reino es el de la imaginación. Debería saberlo cualquier bachiller, ¿no? Pues parece que en el siglo XXI lo ignoran bastantes profesionales del periodismo. Son quienes dan por buena la existencia de un personaje, la reina de Saba, cuya realidad sólo está avalada por un texto bíblico tan histórico como el resto del Antiguo Testamento y, encima, dicen que su "mayor tesoro" era el Arca de la Alianza -de existencia tan comprobada como el Anillo Único-, la cual había guardado la versión de los Diez Mandamientos entregada en el Sinaí por Dios a Moisés, suceso tan probado como el nacimiento de Superman en Krypton.
Por dejar algunas cosas claras: si existieron, David y Salomón fueron líderes tribales, no los esplendoros reyes bíblicos; no hay más pruebas de la existencia de la reina de Saba que las de la Biblia; tampoco las hay de que ocurriera algo parecido al Éxodo, ni de la existencia de Moisés, ni del episodio del monte Sinaí y las Tablas de la Ley. Y no sirve escudarse en que un comunicado de la Universidad de Hamburgo asegura que "un grupo de científicos bajo la dirección del profesor Helmut Ziegert ha encontrado durante una investigación de campo llevada a cabo esta primavera el palacio de la reina de Saba, datado en el siglo X antes de nuestra era, en Axum-Dungur", ni en que el arqueólogo de marras haya citado el Arca de la Alianza.
Si un comunicado universitario apuntara que quedaba suspendida temporalmente la ley de la gravedad, ¿saltaríamos por la ventana? Si un comunicado universitario asegurara que se había localizado dónde estuvo el Paraíso, ¿nos lo creeríamos? Pues es lo que han hecho algunos periodistas en el caso de la reina de Saba. Han caído en la trampa tendida por los poco escrupuloso arqueólogos de la Universidad de Hamburgo para conseguir publicidad gratuita al calor de Indiana Jones. Algunos medios habrán picado por ignorancia y otros por querer vender una sensacional historia a sus lectores a cualquier coste, aunque sea el de la verdad.
Escribo de madrugada y me pica la curiosidad por comprobar a cuántos diarios deja en ridículo la reina de Saba en sus versiones de papel, porque lo de las ediciones digitales ha sido un casi unánime patinazo.

05 May 2008
Westerman, Frank [2007]: Ararat. Tras el arca de Noé, un viaje entre el mito y la ciencia [Ararat]. Trad. de Goedele de Sterck. Ediciones Siruela (Col. "El Ojo del Tiempo", Nº 26). Madrid 2008. 296 páginas.
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