04 Jul 2008
30 Jun 2008
Segundos antes, a cientos de kilómetros del epicentro, algunas personas habían presenciado la llegada de una bola de fuego desde el Sureste. "Vi un objeto llameante alargado volando a través del cielo. La parte frontal era mucho más ancha que la cola y su color era como de fuego a la luz del día. Su tamaño era varias veces mayor que el del Sol, pero su brillo mucho más débil, de modo que se podía mirar sin cubrirse los ojos. Detrás de las llamas había una estela como de polvo. Iba envuelto en pequeñas humaredas dispersas y las llamas iban dejando detrás otras llamitas azules. Cuando desapareció la llama, se oyeron estallidos más fuertes que el disparo de una escopeta, podía sentirse temblar el suelo, y saltaron los vidrios de las ventanas de la cabaña", recordaba un testigo veinte años después. "El viento era tan fuerte que arrancaba la tierra del suelo", rememoraba otro.
La explosión fue detectada por estaciones sísmicas de Europa y Asia: se calcula que el terremoto alcanzó los 5 grados en la escala de Richter. Durante los siguientes días, la gente pudo leer el periódico en plena calle en Londres a medianoche, gracias al polvo en suspensión, que redujo la transparencia de la atmósfera durante meses, según el Observatorio Smithsoniano de Astrofísica y el de Monte Wilson. No hay constancia de víctimas humanas; pero, si el objeto de Tunguska hubiera chocado contra la Tierra cuatro horas más tarde, su blanco habría sido San Petersburgo.
La búsqueda del cráter
Lo aislado del lugar y unos tiempos turbulentos, marcados por la Primera Guerra Mundial y la Revolución de Octubre, hicieron que la primera expedición científica no llegara a la región hasta 1927. La dirigió el geólogo Leonid Kulik y la financió la Academia de Ciencias de la recién nacida Unión Soviética. Kulik esperaba descubrir restos del meteorito y el inmenso cráter abierto por éste al chocar contra la Tierra. No fue así. En vez de un agujero, se encontró una zona de 50 kilómetros de diámetro de árboles abrasados y derribados radialmente, con sus raíces apuntando en la misma dirección, hacia el lugar de la explosión.
El geólogo buscó durante más de una década un cráter que nunca apareció –ni siquiera en una serie de fotografías aéreas tomadas en 1938– y que los científicos periguen todavía hoy en día. Un grupo de investigadores del Instituto de Ciencia Marina italiano anunció hace un año en la revista de geología Terra Nova, que el lago Cheko –distante 8 kilómetros del epicentro de la explosión– llena el cráter abierto por el objeto de 1908; pero existen fuertes discrepancias dentro de la comunidad científica. La existencia o no de un cráter es clave para resolver el enigma de Tunguska: si lo que tumbó 80 millones de árboles en Siberia Central hace cien años fue un fragmento de un cometa, y no un asteroide, la explosión pudo haberse registrado en el aire y no habría, por tanto, cráter alguno. También hay otras teorías más exóticas.
Un escritor soviético de ciencia ficción, Alexander Kazantsev, publicó en 1946 un cuento en el cual se achacaba el incidente a la explosión del reactor nuclear de una nave marciana. La idea fue retomada años después por autores pseudocientíficos como Jacques Bergier y Erich von Däniken, quienes la presentaron en Occidente como formulada por un prestigioso científico del otro lado del Telón de Acero, no por un autor de ciencia ficción. El físico estadounidense Vladimir Rojansky propuso en 1940 que el objeto de Tunguska pudo ser un trozo de antimateria y, en 1973, los también físicos Albert Jackson y Michael Ryan argumentaron que pudo tratarse de un pequeño agujero negro que atravesó la Tierra. La teoría de la antimateria no casa con los restos encontrados y, respecto a la del agujero negro, no hay constancia de un suceso equiparable en las antípodas de Tunguska, por donde tendría que haber salido,
Amenaza real
Fuera causada por un asteroide o un cometa –el debate científico continúa cien años después–, los efectos de la explosión de Tunguska demuestran que el peligro está ahí fuera. En su novela Cita con Rama (1973), el recientemente fallecido Arthur C. Clarke plantea los devastadores efectos de un incidente similar en el norte de Italia, donde mata a cientos de miles de personas. "Tunguska es el arquetipo de lo que puede ser un impacto catastrófico a escala local", apunta Sánchez Lavega.
Simulaciones hechas por ordenador recientemente en los Laboratorios Nacionales Sandia, en EE UU, han apuntado a que la roca que destruyó una superficie de bosque siberiano equivalente a Guipúzcoa pudo medir sólo 20 metros de diámetro, frente a los más de 30 que se calculaban antes. Y esto no es bueno: se calcula que un destructor total, un objeto como el que mató a los dinosaurios choca contra la Tierra una vez cada 100 millones de años; uno de 50 metros lo hace una vez cada 1.500 años; y uno de sólo 20 metros lo hace una vez cada 500 años. La reducción de tamaño del objeto de Tunguska aumenta las probabilidades de próximos impactos catastróficos a escala regional como el augurado por Clarke.
Las grandes amenazas, los monstruos de más de un kilómetros de diámetro están mas o menos controlados. "Hoy en día es bastante improbable que llegue uno sin ser detectado", asegura Josep Maria Trigo-Rodríguez, del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC), quien destaca la importancia de los programas de búsqueda y seguimiento de Asteroides Cercanos a la Tierra (NEO) –se llaman así los que cruzan la órbita de nuestro planeta– puestos en marcha en los años 90. En la actualidad, hay 742 objetos de más de un kilómetro bajo vigilancia, lo que viene a suponer un 79% del total estimado.
El problema son los más pequeños, los del tamaño del que provocó el suceso de Tunguska, que pueden matar a decenas de millones de personas si caen en una región densamente poblada. De hecho, aunque parezca mentira, la probabilidad de morir en una explosión como la de hace cien años, una entre 6 millones, es mayor que las de hacerlo a causa de un ataque de tiburón, que es una entre 8 millones.
Extinciones masivas a golpe de asteroide
"Los astrónomos deberían dejar a los astrólogos la tarea de buscar las causas de los acontecimientos terrenales en las estrellas", decía el 2 de abril de 1985 The New York Times respecto a una hipótesis que empezaba a ganar terreno en la comunidad científica: que un asteroide había acabado con los dinosaurios hace 65 millones de años. Veintitrés años después, prácticamente nadie duda de la teoría propuesta en 1980 por el físico Luis Álvarez y su hijo Walter, geólogo, y los asteroides y cometas se consideran culpables de varias extinciones masivas.
"Aunque ya antes algunos autores habían vinculado impactos y extinciones, los Álvarez fueron los primeros en presentar pruebas", indica Xabier Orue-Etxebarria, paleontólogo de la UPV. Padre e hijo descubrieron una capa de iridio que, en todo el mundo, aparecía entre las rocas cretácicas, con restos de dinosaurios, y las terciarias, ya sin rastro de esos animales. Como el iridio es un metal muy raro en la Tierra, pero abundante en meteoritos, propusieron que el choque de un asteroide había lanzado a la atmósfera una gran cantidad de ese material que, después, se había precipitado a la superficie y dado lugar a la capa de iridio. Con el paso de los años, se ha descubierto el cráter, en la península de Yucatán.
El hallazgo de los Álvarez lanzó a los geólogos a buscar cráteres de impacto y datarlos por si temporalmente coincidían con algunas otras extinciones. "Hay pruebas de impactos en las cinco grandes extinciones en que murieron más de la mitad de las especies, y también en otras menores en las que desaparecieron entre el 20% y el 30%", dice Orue-Etxebarria. Josep Maria Trigo-Rodríguez cree que Estados Unidos está invirtiendo lo necesario en el control de asteroides, que es una especie de seguro planetario, pero Europa no, y que lo que hace falta es "un esfuerzo común".
Catástrofe en 2077
"A las 9.46 (meridiano Greenwich) de la mañana del 11 de septiembre, en el verano excepcionalmente hermoso del año 2077, la mayor parte de los habitantes de Europa vieron aparecer en el cielo oriental una deslumbrante bola ígnea. En cuestión de segundos se tornó más brillante que el Sol y al desplazarse en el cielo -al principio en completo silencio– iba dejando detrás una ondulante columna de polvo y humo.
En algún punto sobre Austria comenzó a desintegrarse produciendo una serie de explosiones, tan violentas que más de un millón de personas quedaron con los oídos dañados para siempre. Fueron las afortunadas.
Desplazándose a cincuenta kilómetros por segundo, un millón de toneladas de roca y metal cayó sobre las llanuras del norte de Italia y destruyó con una llamarada de segundos la labor de siglos. Las ciudades de Padua y Verona fueron barridas de la faz de la Tierra; y las últimas glorias de Venecia se hundieron para siempre en el mar cuando las aguas del Adriático avanzaron atronadoras hacia tierra después de aquel golpe fulminante venido del cielo.
Seiscientas mil personas murieron, y el daño material se calculó en más de un trillón de dólares."
Arthur C. Clarke (1973): Cita con Rama.
Impacto extraterrestre en Bilbao
La Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao acoge hoy, entre las 18 y 21 horas, la jornada Impactos extraterrestres: Tunguska, 100 años después, organizada por el diario El Correo, Universidad del País Vasco (UPV), el Círculo Escéptico (CE), el Ayuntamiento de Bilbao y el Center for Inquiry.
Josep Maria Trigo-Rodríguez, astrofísico del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC), hablará sobre el peligro de cometas y asteroides (18.00). Xabier Orue-Etxebarria, paleontólogo de la UPV, disertará acerca de los impactos de cuerpos espaciales y las extinciones masivas (18.45), la más conocida de las cuales es la de los dinosaurios hace 65 millones de años. Y Agustín Sánchez Lavega, catedrático de Física y director del Grupo de Ciencias Planetarias de la UPV, centrará su intervención en lo que se sabe e ignora todavía del suceso de Tunguska y qué puede hacerse ante este tipo de amenazas (19.45). El acto se cerrará con una mesa redonda (20.30).
Publicado originalmente en el diario El Correo.
25 Jun 2008
18.00 horas: El peligro de impacto por asteroides y cometas, por Josep Maria Trigo-Rodríguez, astrofísico del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC)
18.45 horas: Impactos y extinciones: el fin de los dinosaurios, por Xabier Orue-Etxebarria
19.45 horas: Tunguska y otros impactos ¿Qué podemos hacer?, por Agustín Sánchez Lavega
20.30 horas: Mesa redonda: Impactos extraterrestres. Tunguska, 100 años después, con los conferenciantes.
16 Jun 2008
La jornada Impactos extraterrestres: Tunguska, 100 años después cierra el segundo curso de divulgación del pensamiento crítico programado en la capital vizcaína por el CE, asociación nacida hace hoy tres años. Las seis actividades públicas organizadas hasta el momento en Bilbao han contado con más de un millar participantes, siendo especialmente destacable el éxito de las dos celebraciones del Día de Darwin, en las cuales el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta -con capacidad para más de 300 personas- se quedó pequeño. Además de otras dos jornadas de charlas enmarcadas en la Semana de la Ciencia en 2006 y 2007, el CE organizó una especial con motivo de los 60 años de platillos volantes y otra dedicada a la polémica de las antenas de telefonía. Casi una ventena de científicos y divulgadores ha intervenido ya en las actividades de promoción del pensamiento crítico celebradas en Bilbao desde noviembre de 2006, gracias al apoyo desinteresado de todas las instituciones participantes, que ya estan preparando los actos del próximo curso.
Pensamiento crítico en la calle
En las primeras jornadas de Misterios, a la luz de la ciencia, Eduardo Angulo, biólogo de la UPV y miembro del CE, nos acercó a la criptozoología en Me pareció haber visto un lindo monstruito. Nessie, el yeti y otros seres enigmáticos; Jon Sáenz, físico de la UPV, expuso algunos métodos populares de predicción meteorológica en ¿Sirven las témporas para predecir el tiempo del próximo invierno?; Agustín Sánchez Lavega examinó las posibilidades de vida en otros mundos en ¿Hay alguien ahí? La búsqueda de extraterrestres; Mauricio-José Schwarz, periodista científico y miembro del CE, denunció los engaños de lo paranormal en Ferraris a 1.000 euros. Las afirmaciones extravagantes y cómo someterlas a prueba; y Félix Goñi, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de lla UPV y director de la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, y Juan Ignacio Pérez, rector de la UPV, reflexionaron sobre los riesgos delpensamiento mágico. En la segunda edición de Misterios, a la luz de la ciencia, Carlos J. Álvarez, psicólogo de la Universidad de La Laguna, habló de Algunas creencias erróneas sobre nuestro cerebro; Javier Cavanilles, periodista del diario El Mundo, disertó sobre Las caras de Bélmez: ¿falsa ciencia o mal periodismo?; José Carlos Pérez Cobo, biólogo de la UPV, analizó el Agua depurativa y otros engaños de la nutrición y la cosmética; y Joseba Zubia, físico de la UPV, nos ilustró sobre Ondas electromagnéticas y salud.
En los actos del Día de Darwin de 2007, Enrique Cerdá-Olmedo, genetista de la Universidad de Sevilla, disertó sobre Evolución ciega y 'diseño inteligente'; Antonio Lazcano, biólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México, nos llevó hasta El origen de la vida; y Ana Rallo, bióloga de la UPV, habló acerca de la llegada de las ideas evolucionistas a España en Darwin, imported from England. En el Día de Darwin 2008, Ricardo Amils, profesor de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador asociado al Centro de Astrobiología, reflexionó sobre la vida más primitiva en ¿Minerales o azúcares? ¿Qué prefirieron los primeros seres vivos?; Eustoquio Molina, catedrático de Paleontología de la Universidad de Zaragoza, dedicó su charla a Creacionismo contra evolución: la estrategia del 'diseño inteligente'; y José Carlos Pérez Cobo, biólogo de la UPV, disertó sobre la evolución del cerebro humano en ¿Somos listos porque comemos almejas? En las mesas redondas de ambas jornadas, intervinieron, además, Eduardo Angulo, Félix Goñi, Juan Ignacio Pérez y Agustín Sánchez Lavega.
Celebramos los 60 años de platillos volantes con conferencias de Eduardo Angulo, quien nos presentó a los extraterrestres de la ciencia ficción en ¡Marciano, ven a casa!; Ricardo Campo, filósofo de la Universidad de La Laguna, y miembro de la Fundación Anomalía y el CE, quien resumió la historia del mito ovni en La invasión que nunca llegó; Fernando L. Frías, abogado y presidente del CE, que provocó carcajadas con La chapuza galáctica: ufología a la española; y el autor de estas líneas, que dio su punto de vista sobre el origen del prototipo de extraterrestre en 40 años de hombrecillos grises. Además, Agustín Sánchez Lavega participó en la mesa redonda. La jornada Antenas y salud: verdades y mentiras contó, por su parte, con las inestimables aportaciones de Félix Goñi y Joseba Zubia.
22 May 2008
La última aventura de Indiana Jones arranca donde acabó la búsqueda del Arca perdida, en un almacén lleno de cajas. Estamos en 1957 en Nevada, en la base secreta conocida como Área 51. Según la subcultura ufológica, Estados Unidos esconde en esas instalaciones los restos de los alienígenas que en julio de 1947 se estrellaron con su nave en Roswell, Nuevo México. Hacerse con uno de los cuerpos es el objetivo de la agente soviética Irina Spalko, quien a las puertas del hangar -en cuyo interior está pintado un revelador 51, por si hubiera dudas- intenta leer la mente al héroe, que se ríe de sus facultades sobrenaturales.
Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, que se estrena hoy, trasplanta al universo del arqueólogo del látigo la fantasía en la que viven quienes creen en las visitas extraterrestres y los poderes paranormales. No sólo el Arca de la Alianza -que volvemos a ver fugazmente dentro una caja medio rota en el Área 51- es un arma de destrucción masiva, sino que, además, seres de otros mundos enseñaron a nuestros antepasados desde la agricultura hasta la construcción de pirámides, la telepatía existe y en Roswell cayó un platillo volante.
Cráneos de cristal
La acción gira alrededor de un cráneo de cuarzo. Queda claro desde las primeras escenas que no es el descubierto en Belice en 1924 por el aventurero británico F.A. Mitchell-Hedges. Esa calavera se presenta en la literatura esotérica como un objeto mágico de origen maya, aunque en realidad fue tallada en Alemania en el siglo XIX. Aun así, inspiró a George Lucas y Jeff Nathanson a la hora de idear una trama a la altura de Indiana Jones y, por eso, Mitchell-Hedges es citado varias veces por el arqueólogo preferido de medio mundo, quien reconoce que su famosa reliquia le obsesionaba ya en la universidad.
El cráneo de cristal cinematográfico es otra cosa: es parte del esqueleto de un extraterrestre, como los de Roswell, y habría sido encontrado por Francisco de Orellana en la mítica ciudad de El Dorado. Según Spalko, "potencia los poderes mentales". Claro que la agente soviética no parece muy en sus cabales. "Es la científica favorita de Stalin. Científica... si consideras ciencia la parapsicología", cuentan a Indy. "Nos encontramos en plena Guerra Fría, con la amenaza de una guerra nuclear y la Amenaza Roja. A la hora de escoger a los malos para esta aventura, no quedaba duda de que debían ser los rusos", ha explicado Steven Spielberg.
La incredulidad sobre la parapsicología es hoy en día compartida por las grandes potencias, pero hubo un tiempo en el que pensaban lo contrario en los pasillos de la Casa Blanca y el Kremlin. Desde los años 50 y durante décadas, Estados Unidos y la Unión Soviética invirtieron dinero en experimentos parapsicológicos. Soñaban, entre otras cosas, con la posibilidad de la mente de viajar hasta posiciones enemigas y ver lo que allí pasaba, lo que se denomina espionaje psíquico. La malvada Irina Spalko cree que el cráneo de cristal es el arma definitiva, una fuente de saber y de poder.
Indy sospecha que el cráneo está en la tumba de Orellana y, en su búsqueda de los restos del conquistador español, sobrevolará las figuras de Nazca, uno de los enclaves mágicos para los fanáticos de lo oculto. El doctor Jones no presenta los geoglifos del altiplano peruano como pistas de aterrizaje para naves de otros mundos, como hizo el suizo Erich von Däniken en su libro Recuerdos del futuro (1968), aunque sí apunta a un posible origen alienígena. "Sólo los dioses pueden ver las líneas de Nazca", dice. No séra la última vez que aparezcan en escena los dioses-astronautas, los extraterrestres que según algunos influyeron en todas las grandes culturas del pasado y que resultan omnipresentes en la película del año.
Spielberg y Lucas mezclan en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal elementos de la moderna conspiranoia con otros propios de la pseudohistoria y, como El Dorado, de la leyenda sin más. Y modifican el único elemento real del cóctel -el Área 51 como base secreta- para hacer casar la Historia con la ficción. Las instalaciones militares de Nevada entraron en servicio en 1950, y desde entonces han sido el lugar en el que Estados Unidos ha probado sus ingenios miltares más avanzados. Sin embargo, el cofre de los Diez Mandamientos está allí desde 1936 -cuando transcurre la acción de En busca del Arca perdida- y, once años después, van a parar a ella los restos de Roswell, del "fiasco de las Fuerzas Aéreas del 47", como lo llama el arqueólogo antes de descubrir la verdad. Porque Indy formó parte del equipo que examinó los restos de Roswell. Pero ésa es otra historia...
Publicado originalmente en el diario El Correo.
21 May 2008
16 May 2008
La Iglesia católica no acaba de romper ningún tabú al admitir la posible existencia de extraterrestres y hacerla compatible con la creencia en Dios. Las declaraciones que ha hecho en esa línea el jesuita José Gabriel Funes, del Observatorio Astronómico del Vaticano, tienen tanto de noticia actual como la caída del Muro de Berlín. Es tan vieja la historia que me ha costado encontrar los recortes de prensa en mi archivo, a pesar de que sabía dónde tenían que estar. Pero ya se sabe que, cuando uno busca una carpeta concreta entre cientos, corre el riesgo de que cobre vida y no se dé con ella a las primeras de cambio.
George Coyne, el jesuita que dirigió hasta 2006 el Observatorio Astronómico del Vaticano, ya dijo lo que ahora ha sorprendido tanto hace más de quince años. La NASA lanzó el programa de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre por radio (SETI), en coincidencia con el quinto centenario del Descubrimiento. Y Coyne destacó entonces -tengo delante un recorte de Ya (arriba) y otro de El Diario Vasco, del 18 octubre de 1992- lo interesante de la iniciativa y que la existencia de seres inteligentes en otros mundos no supondría ningún problema teológico. E ironizó sobre la posibilidad de convertirse en misionero estelar: "La Iglesia, por ahora, no tienen ninguna intención de mandarme a evangelizar a los extraterrestres del planeta X en la galaxia Y".
El astrónomo jefe vaticano volvió a pronunciarse en términos parecidos hace seis años, cuando sentenció que "el Universo es tan grande que sería una locura pensar que nosotros somos una excepción". En un teletipo de Efe fechado el 7 de enero de 2002, advertía, frente a lo dicho años antes, que la existencia de civilizaciones extraterrestres supondría "un gran desafío" para los creyentes, pero añadía que no tendría por qué ser algo "dramático". Es muy posible que Coyne hablara abiertamente de la existencia de extraterrestres antes de 1992, pero mis recortes llegan hasta donde llegan. Cualquier día leemos en la primera de los principales diarios españoles que Cristóbal Colón ha descubierto América.
17 Abr 2008
19 Mar 2008
"Me gustaría señalar que las recientes misiones Mariner y Viking han establecido más allá de toda duda razonable la existencia de una civilización marciana con un alto nivel tecnológico. La habilidad para camuflar completamente, en unos pocos años, su sistema planetario de canales es un extraordinario logro de la ingeniería. Pero es sobrepasado por la proeza científica de (a) predecir los lugares de aterrizaje de las Viking y (b) descontaminarlos tan a fondo que se eliminó todo rastro de materia orgánica. Entiendo que destacados expertos como Erich von Däniken y Charles Berlitz están ahora compitiendo entre sí por presentar estas sensacionales conclusiones al mundo. Arthur C. Clarke.
Colombo, Sri Lanka."
17 Mar 2008
Francisco Anguita es el hombre de Marte en España, el científico que más sabe del planeta rojo. Geólogo planetario, ha hablado en Bilbao sobre lo que el hombre del siglo XXI busca en el mundo vecino y lo que ha encontrado hasta ahora, en un acto organizado por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.
-¿Por qué nos obsesiona Marte?
-Viene de lejos. Viene de que es el mundo vecino y de que, claramente, no es una estrella. Venus está más cerca y, sin embargo, siempre ha sido considerado una estrella por lo brillante que es. Marte es otra cosa. Además, el color ayuda mucho.
-¿Que sea rojo?
-A los antiguos les tuvo que llamar muchísimo la atención. Es el color de la sangre, del hierro...
-La actual obsesión marciana arranca a finales del siglo XIX, ¿no?
-Sí. Algunos astrónomos creyeron ver canales, veían cosas reales junto con otras que se imaginaban, como los canales artificiales. Y se empezó a hablar de marcianos. La fiebre de los canales prendió en la imaginación popular porque, mientras aquí habíamos construido el de Suez, había gente por ahí que hacía cosas de envergadura planetaria. Desde entonces, los marcianos, esos bichos verdes y con trompetilla, han reinado en el imaginario popular.
Expectación y desilusión
-En cuanto lo sobrevolaron las primeras naves humanas, Marte pasó, sin embargo, de ser un mundo vivo a ser un mundo muerto.
-Durante 40 años, Marte ha estado fluctuando entre la desilusión y la expectación. Con la Mariner 4, que en 1965 no fotografió más que cráteres, parecía que era otra Luna. Las expectativas de décadas se derrumbaron. Pero, luego, en las siguientes misiones se descubrieron los volcanes gigantes y Valles Marineris -un sistema de cañones que tiene 4.500 kilómetros de longitud-, se vio que hay cauces secos que fueron excavados por el agua...
-¿Sin ninguna duda?
-Eso no lo discute ya nadie e implica que Marte es un mundo cuyo clima fluctúa entre dos extremos: uno ultrafrío y seco, como el actual, y otro fresco y húmedo. Nuestro planeta también tiene dos climas básicos -el de glaciación y el de invernadero- entre los que fluctúa.
-Desaparecieron los canales artificales, pero el hombre de finales del siglo XX volvió a ver en Marte lo que deseaba, una esfinge en una foto tomada por la Viking 1 en 1976.
-Sí, pero, mientras que quienes vieron los canales eran generalmente astrónomos profesionales, los que vieron la cara eran vividores, oportunistas que querían hacer dinero con la credulidad de la gente. Se trata de algo mucho más moderno y...
-Menos ingenuo.
-Claro. Ya no es que los científicos se engañen sobre lo que creen ver, sino que el oportunista -una criatura que ha existido siempre y está en alza en esta sociedad- hace negocio con la credulidad de la gente. La cara y las pirámides de Marte son inventos. En realidad, son lo que los geólogos llamamos montes isla.
-¿Testigos?
-Cerros testigos. Son restos de una superficie plana que se erosionó, que quedaron ahí con formas diversas y en los que, según la iluminación, uno puede ver cualquier cosa. Y eso fue convertido por algunos en negocio. La NASA volvió a hacer fotografías de la cara con la Mars Global Surveyor> en 2001...
-Y la esfinge y las pirámides se esfumaron.
-Sí, pero surgió otro mito, según el cual ocho puntos alineados entre los mil que hay allí delimitan un polígono imposible por azar. El reducto de lo irracional siempre va a estar ahí y hay que combatirlo, aunque no podamos acabar con él.
-Bajando al Marte real y hablando de microorganismos, ¿hay vida?
-Si hablamos de vida actual, la probabilidad podría ser del 1%; si hablamos de vida fósil, la elevaría hasta el 10%. No estoy seguro, pero es razonable esperar la existencia de vida fósil. ¿Por qué? Pues, porque en el momento en que surge la vida en la Tierra, la condiciones de Marte son muy parecidas.
-Está hablando de hace unos...
-Por redondear, entre 3.500 y 4.000 millones de años. En Marte corrían entonces los ríos que daba gusto verlos, había muy probablemente un pequeño océano en el que desembocaban y un campo magnético que hacía de paraguas contra las radiaciones inonizadas. Nos podemos plantear: si la vida apareció en la Tierra, ¿por qué no en Marte? La verdad es que no sabemos si basta con que se den unas condiciones determinadas para que surja la vida o si ésta es un fenómeno muy improbable.
-Que además necesita tiempo.
-Sí. El problema para la vida actual en Marte es que ese clima favorable ha durado poco, aunque se haya repetido en el tiempo. En cualquier caso, seguro que un microbiólogo que se dedica a la astrobiología, a la búsqueda de vida en otros mundos, dirá que los extremófilos -microorganismos que viven en ambientes extremos- van a aguantar 1.000 millones de años de un clima imposible bajo el suelo. En Marte hay volcanes que, si no están activos, lo han estado hasta hace sólo 5 ó 10 millones de años y, por tanto, seguro que hay regiones calientes en la corteza en las que el agua puede estar líquida y puede haber ahí vida. ¡Por qué no!
Misión tripulada
-¿Cuándo se resolverá el enigma de la vida en Marte?
-¡Pronto! A mediados de la década próxima, podríamos saber si hay o ha habido vida. La fecha clave será alrededor de 2015, cuando muy probablemente se envíe una misión que traerá muestras a la Tierra. Esto significará contar con 90 ó 100 rocas bien seleccionadas que nos cuenten la historia del clima y, si la hubo, de la vida. Lo que pasa es que, si no aparecen rastros de vida en esas piedras, no podremos descartar que exista o haya existido.
-Para eso, habría que explorar hasta el último rincón del planeta, ¿no?
-Efectivamente. De hecho, si hay vida actual, será subterránea y para un sondeo en profundidad hay que mandar seres humanos.
-¿Cuándo pisaremos Marte?
-Yo no sé si lo veré. Una misión tripulada tiene que ser, por su coste, una iniciativa multinacional. Precisa de un cierto clima político y que definamos prioridades. Hay gente que dice que sería un disparate económico porque absorbería tantos recursos que nos impediría arreglar un poquito este planeta, cosa que hace mucha falta. Creen que es algo que se debería hacer después de resolver los problemas perentorios y, por eso, igual no se puede hacer nunca.
-¿No hay dinero para hacerlo todo?
-Es que el desembolso es tremendo. No sólo es que una misión tripulada costaría lo mismo que cien robóticas, es que no tiene sentido ir a Marte una vez y dejarlo. Hay que establecer una base permanente, como se ha hecho en la Antártida. La cuestión tecnológica no es un gran problema, pero la económica...
EL PERSONAJE
Francisco Anguita (Madrid, 1944) es doctor en Ciencias Geológicas y profesor de Geología Planetaria de la Universidad Complutense de Madrid. Ha participado en dos misiones científicas a la Antártida para estudiar la actividad volcánica y recuperar meteoritos, y es autor de dos libros fundamentales para entender dos mundos: Historia de Marte. Mito, exploración, futuro (1998) y Biografía de la Tierra: historia de un planeta singular (2002).
Publicado originalmente en el diario El Correo.
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Luis Alfonso GámezUna ventana crítica al mundo del misterio
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