04 Nov 2008

Richard Wiseman es un tipo raro y divertido. La foto de la contraportada de Rarología lo dice todo: ataviado con una bata de laboratorio, toma notas en la calle mientras un tipo disfrazado de pollo cruza la calzada. Psicólogo de la Universidad de Hertfordshire, Wiseman es un rarólogo, emplea la metodología científica "para estudiar los aspectos más curiosos de la vida diaria". Son asuntos que, a priori, casi nadie consideraría dignos de una investigación seria fuera de los círculos especializados, pero que resultan muy atractivas para cualquiera.

¿En qué se distingue una sonrisa sincera de otra simulada?, ¿se ríen los hombres y las mujeres de cosas diferentes?, ¿cuál es la mejor frase para ligar?, ¿por qué vemos fantasmas?, ¿en qué ciudad del mundo se vive más deprisa?, ¿es posible descubrir al próximo presidente de EE UU por los gestos de los candidatos durante un cara a cara? Éstas son algunas de las preguntas que Wiseman y otros psicólogos se han hecho desde hace décadas y que han puesto a prueba mediante ingeniosos experimentos. Rarología es un libro para disfrutar, que de paso nos enseña cómo somos y nos ayuda a entender mejor el mundo en que vivimos.

Richard Wiseman [2008]: Rarología. La curiosa ciencia de la vida cotidiana [Quirkology]. Trad. de Santiago Feely. Ediciones Temas de Hoy. Madrid. 320 páginas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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02 Nov 2008


"Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida". Este eslogan podrá leerse a partir de enero en muchos autobuses urbanos de Londres y, posiblemente, de otras ciudades de Reino Unido. La iniciativa pretende, en principio, contrarrestar los anuncios religiosos en el transporte público británico. Es una idea de la periodista Ariane Sherine, y cuenta con el apoyo de la Asociación Humanista Británica y del biólogo Richard Dawkins, el más firme defensor actual de la Teoría de la Evolución.

Sherine iba andando al trabajo el 19 de junio pasado cuando se cruzaron en su camino dos autobuses urbanos con un mismo mensaje publicitario: "Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la Tierra? (Lucas 18, 8)"- y una dirección de Internet. Cuando visitó la web, no se encontró con la respuesta, sino con otra cita bíblica que amenaza a quienes no sigan la palabra de Jesús con un tormento eterno. La periodista se quejó ante las autoridades locales y, como no consiguió nada, se interesó por las tarifas publicitarias. Al día siguiente, lanzó en su blog de The Guardian la idea de poner en los autobuses un anuncio amable en favor del ateísmo y el 21 de octubre empezó la recogida de fondos.

Su objetivo era recaudar 6.860 euros con los que encartelar 30 autocares durante cuatro semanas en enero, pero los ateos británicos han desbordado las previsiones más optimistas: el jueves pasado se habían recaudado ya más de 143.000 euros. Así que los anuncios invadirán otros medios de transporte y otras ciudades. "Nuestro mensaje es divertido, pero tiene un fondo serio: los ateos queremos un país, una escuela y un gobierno laicos. El importante apoyo que ha recibido nuestra campaña demuestra que muchas personas están de acuerdo con estas ideas", ha indicado Sherine. Dawkins también lo tiene claro: "Esta campaña de mensajes alternativos en los autobuses de Londres hará a la gente pensar, y pensar es anatema para la religión".

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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30 Oct 2008

Un hombre desenroscaba lentamente la tapa de un tarro dentro de un inodoro en los estudios de radio de la CBS en Nueva York a las 20.15 horas del domingo 30 de octubre de 1938. Otro captaba el sonido con un micrófono. "Señoras y señores: ¡es asombroso! ¡El extremo de la cosa ha empezado a moverse! ¡La parte superior está girando como un tornillo! ¡El objeto parece estar hueco!", contaba el reportero Carl Phillips desde Grovers Mill (Nueva Jersey), donde poco antes había aterrizado un ingenio extraterrestre. Pegadas a sus receptores de radio, miles de personas escuchaban cómo se abría la nave. "¡Dios mío, algo acaba de salir reptando de la sombra! ¡Es como una serpiente gris! Ahora aparece otra, y otra...", informaba el reportero entre gritos de terror de la multitud. Había empezado la invasión.

Quien quiera meterse en la piel de los millones de personas que vivieron en directo, hace setenta años, la invasión marciana urdida por Orson Welles y el Mercury Theatre podrá hacerlo esta noche en Radio 3. A partir de las 21 horas, un grupo de profesionales de las principales cadenas recreará, en los estudios de Radio Nacional de España en Prado del Rey, un montaje que no acababa de convencer a un Welles de 23 años en los días previos a su emisión. Creía que los oyentes de sus dramatizaciones radiofónicas dominicales iban a encontrar aburrida una "historia tan improbable". Se confundió. Por eso, los extraterrestres volverán a atacar la Tierra hoy y sólo los microbios nos salvarán de seguir los pasos de los dinosaurios.

La guerra de los mundos de Welles trasladó a Estados Unidos de 1938 un ataque extraterrestre situado en la Inglaterra victoriana por Herbert George Wells, uno de los padres de la ciencia ficción. Decidir el lugar del desembarco fue sencillo. Howard Koch -que años después fue guionista de Casablanca- cogió el martes anterior un mapa de Nueva Jersey, cerró los ojos y marcó un punto con un lápiz. Los problemas llegaron cuando hubo que dar forma a la historia como una sucesión de boletines informativos y conexiones telefónicas que interrumpían un concierto de una big band. Fueron seis días de pesadilla, en los que no paraban de reescribirse escenas y cundió el desánimo en el equipo. "Estos marcianos son un sinsentido. ¡Es todo demasiado estúpido! ¡Vamos a quedar como idiotas, absolutamente idiotas!", sentenció en un momento determinado la secretaria del grupo.

Terror en las calles

Todo cambió a partir de las 20 horas del domingo, cuando Orson Welles se puso ante el micrófono y dijo: "Hoy sabemos que en los primeros años del siglo XX nuestro mundo estaba siendo observado por unos seres más inteligentes que el hombre y, sin embargo, igual de letales". Durante la siguiente hora, un concierto de Ramón Raquello y su orquesta fue interrumpido por conexiones en directo con periodistas, militares, científicos y hasta el secretario de Estado, apesadumbrado por la imposibilidad de detener al invasor. Los marcianos desintegraban con su rayo de la muerte a todo aquél que se cruzaba en su camino. "Una llamarada ha brotado del espejo y se dirige a los hombres que avanzan. ¡Los ha alcanzado! ¡Dios mío, los ha fulminado!", había contado el reportero Carl Phillips antes de morir en el frente de batalla.


De nada sirvieron a muchos oyentes los anuncios que antes, durante y después del relato advirtieron de que se trataba de una dramatización. "Radioyentes aterrorizados toman una obra de teatro bélica como algo real", decía al día siguiente el titular principal de la primera página de The New York Times. Ni Welles ni su equipo habían intentado engañar a nadie. Sólo habían hecho una recreación realista de una obra de ciencia ficción. Eso salvó a la CBS de una sanción por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones. Dos años después, el psicólogo Hadley Cantril, de la Universidad de Princeton, publicaba un trabajo en el que calculaba que 1,2 millones de personas habían vivido la invasión como real. Él y su equipo habían recogido testimonios sobrecogedores: "Me asomé por la ventana y vi una luz verdosa que creí que procedía del monstruo"; "Saqué la cabeza por la ventana. Creí sentir olor a gas y oleadas de calor"; "Estaba seguro de que mucha gente rezaba mientras esperaba la muerte". Y así se convirtió La guerra de los mundos de Orson Welles en un ejemplo del pánico generalizado, aunque no fue para tanto.

Sociólogos que han examinado en los últimos años el trabajo de Cantril consideran sus cifras muy exageradas. La guerra de los mundos no aterrorizó a más de un millón de oyentes, aunque sí a decenas de miles. Un estudio metodológicamente cuestionable y la reacción entusiasta de los medios crearon el mito de la gente huyendo en masa de los marcianos y colapsando los servicios de urgencias y las comisarias, algo que no ocurrió. Aún así, Welles y el Mercury Theatre demostraron, nueve años antes de la aparición de los primeros platillos volantes, que no hacía falta que los extraterrestres existieran para que mucha gente los viera aquel otoño en que la amenaza nazi crecía en Europa y parecía que EE UU empezaba a salir del túnel de la Gran Depresión.


Alarma de ataque con asteroides

La CBS volvió a sembrar la alarma 56 años después de la recreación radiofónica de La guerra de los mundos con un programa que simulaba una apocalíptica lluvia de asteroides, a consecuencia de un fallido primer contacto con visitantes extraterrestres. Without warning (Sin previo aviso) se emitió a las 21 horas del 30 de octubre de 1994, también domingo, como el día en que los marcianos invadieron la Tierra.

Estaba presentado por Sander Vanocur -una de las estrellas del periodismo televisivo estadounidense-, quien se interpretaba a sí mismo. Simulaba ser un especial informativo que interrumpía la programación habitual para dar cuenta de choques de grandes meteoritos en Wyoming (EE UU), Francia y China. Poco después, aviones estadounidenses destruían una nave extraterrestre que se dirigía al Polo Norte y los visitantes -¡que habían enviado las tres rocas contra la Tierra a modo de saludo!- declaraban la guerra a la Humanidad y lanzaban una lluvia de cientos de asteroides contra nuestro planeta. Dos horas más tarde, el fin del mundo llegaba con la pantalla fundiéndose en negro.

Without warning fue un éxito. Dos días después, se hablaba del telefilme en todo el mundo. "Broma de la CBS provoca el pánico", tituló este periódico una información el 1 de noviembre. Y es que, a pesar de las advertencias que intercaló la emisora -en las cuales se decía que se trataba de una representación realista de una ficción" y que nada de lo que se veía en pantalla estaba sucediendo "en realidad"-, miles de personas bloquearon las centralitas de sus estaciones afiliadas en ciudades como Los Ángeles y Las Vegas. Además, en otros medios de comunicación algunos periodistas creyeron en un principio que se estaba transmitiendo en directo el Juicio Final.

En septiembre de 1996, Telecinco insertó en su programación un anuncio de la película Independence day que también simulaba ser un especial informativo. En este caso, una locutora informaba de la aparición de gigantescas naves extraterrestres sobre varias grandes ciudades de EE UU, relato que apoyaba con espectaculares imágenes del filme. Muchos españoles pasaron por alto la sobreimpresión de la palabra telepromoción y llamaron a periódicos, emisoras de radio y televisión para preguntar si la invasión era real. Como en los tiempos de Orson Welles.


PARA DISFRUTAR DE LA INVASIÓN

El primer ataque de otros mundos
Con uno de esos inicios memorables -"a través de los abismos del espacio, espíritus que son a los nuestros lo que nuestros espíritus son a los de las bestias de alma perecedera; inteligencias vastas, frías e implacables, contemplaban esta tierra con ojos envidiosos y trazaban con lentitud y seguridad sus planes de conquista"-, la novela de H.G. Wells es una de las obras maestras de la ciencia ficción.

Un estudio sobre la psicología del pánico
Esta investigación del psicólogo Hadley Cantril, de la Universidad de Princeton, está detrás de la extendida creencia de que Orson Welles aterrorizó a Estados Unidos. Publicado originalmente en 1940, La invasión desde Marte llegó a España en 1942 de la mano de Revista de Occidente y fue recuperado por Abada Editores en 2005, con motivo del estreno de la versión protagonizada por Tom Cruise.

Las mantas volantes atacan Estados Unidos
Dirigida por Byron Haskin y producida por George Pal, La guerra de los mundos se convirtió en 1953 en la primera gran producción cinematográfica de ciencia ficción. La acción se sitúa en California después de la Segunda Guerra Mundial y las máquinas marcianas son una especie de mantas volantes. A pesar de su antigüedad, es muy superior a la película de Steven Spielberg.

Un ataque extraterrestre a ritmo de ópera rock
La versión a ritmo de ópera rock de Jeff Wayne siguió en 1978 el original de H.G. Wells y contó con Richard Burton como narrador. Fue un gran éxito de crítica y público allí donde salió a la venta. Existen dos versiones en español, sólo disponibles en el mercado de segunda mano, la mejor de ellas una en la cual la narración corre a cargo de Teófilo Martínez.

El patrón de la invasión alienígena
La invasión es un clásico de la ciencia ficción, como el viaje en el tiempo, la nave generacional y el escenario postapocalíptico. El periodista argentino Carlos Scolari hace en No pasarán (Páginas de Espuma, 2005) un recorrido por la historia de los ataques extraterrestres. "Todas las invasiones alienígenas conducen a H.G. Wells", advierte.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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28 Oct 2008

Mientras la mayoría veía ante sí un horizonte de eterno crecimiento económico, había quien hace tres años ya alertaba de la inminencia de una crisis de dimensiones equiparables a la Gran Depresión, con el consiguiente colapso del sistema bancario estadounidense. El Weekly World News no suele ser una fuente que nadie se tome en serio, pero alguna vez tenía que acertar. Sucede como con esos futurólogos que todos los años anuncian la muerte de Fidel Castro. Erró el más freak de los semanarios el 6 de junio de 2005 en que sólo faltaban unas semanas para el estallido de la crisis económica, pero es que nadie es perfecto. Me enteré de la anécdota a través de una lista de correo de la que no puedo revelar más -ya saben, de conspiradores- y pensé inmediatamente en que algunas de las afirmaciones de nuestros políticos publicadas en la prensa durante los últimos meses no son ni siquiera dignas de un tabloide de supermercado. Lo triste es que se les toma en serio cuando hoy dicen que, por ejemplo, estamos mejor preparados que nadie para afrontar la crisis a pesar de los despidos generalizados o cuando quien hoy se encuentra en la oposición y ayer tenía mando en plaza se queja de lo mal que lo hace el Gobierno de turno, cuando él hizo lo mismo. En fin, es mejor reírse con Weekly World News y la gira electoral del niño murciélago con Barack Obama.

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06 Oct 2008

El abogado Alan Shore, al que da vida James Spader en la serie Boston Legal, suele defender causas aparentemente perdidas con argumentos políticamente muy incorrectos. Acostumbra a decir las cosas con toda su crudeza. Así, cuando en el episodio 'Whose god is it anyway?' (¿De quién es ese dios?) representa a un colega que ha despedido de su firma a un abogado por ser cienciólogo, Shore deja a las claras lo ridículo de los principios del credo inventado por el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard.


Reducidos a la literalidad, los principios de cualquier religión son tan poco defendibles desde la razón como los de la cienciología, ya se trate de reencarnaciones, inundaciones planetarias, concepciones virginales, gigantescos harenes en el Más Allá... En el alegato final del caso citado, Shore aboga por la desacralización de la religión en Estados Unidos, por defender que cada uno sea libre de creer en lo que quiera, de adorar al dios que le dé la gana; pero que nadie tenga derecho ni a imponer a los demás su divinidad ni a causarles daño alguno en su nombre.


Mientras tanto, en nuestro querido país, los funerales de Estado siguen imponiendo el dios cristiano a todos -recuerden el accidente de aviación de Barajas y el 11-M- y en algunos tanatorios -no sé si en todos- la sala para despedir públicamente al difunto no sólo se llama capilla, sino que además los símbolos cristianos forman parte de su decoración permanente, aunque la ceremonia sea laica. ¡Viva la imposición religiosa!

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24 Sep 2008

Stephen Fry y Hugh Laurie -ahora conocido como el doctor House-, en A Bit of Fry & Laurie, en el episodio 'Doblando cucharas con el señor Nude', emitido por la BBC en 1989. Sobra decir que el señor Nude es una caricatura de Uri Geller. Lo he subtitulado ayudado por un guión encontrado en Internet que los actores no siempre siguen al pie de la letra, pero sin el cual no habría entendido nada de lo que dicen al final simultáneamente. Espero que pasen un buen rato. Yo me he reído mucho. La serie está a la venta en España en DVD desde junio, con doblaje y subtítulos.

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22 Ago 2008

Las hadas abandonaron nuestros bosques hace décadas. Pero antes, entre 1917 y 1920, dos adolescentes se fotografiaron con varias de ellas en una zona boscosa del norte de Inglaterra. Las imágenes cautivaron a Arthur Conan Doyle, quien dedicó al fenómeno su obra El misterio de las hadas (1921). "Es posible que los hechos que vamos a contar en este libro saquen a la luz la estafa más fabulosa jamás hecha al público, pero tal vez el futuro, por el contrario, muestre que estos hechos constituyen un hito de la historia de la Humanidad", indicaba al comienzo del ensayo el padre de Sherlock Holmes.

Doyle creía que las instantáneas correspondían a un fenómeno real, ya que, "antes incluso del descubrimiento de las fotografías de hadas, se habían recogido gran número de testimonios irrefutables sobre la vida de estas pequeñas criaturas". Espiritista confeso, investigó el caso junto al teósofo Edward Gardner. Para el novelista, era cuestión de tiempo que la existencia de los seres del bosque, como la de los espíritus, fuera admitida por la ciencia. "Habrá cada vez más cámaras fotográficas. Aparecerán otros casos bien autentificados. Estos pequeños seres que parecen vivir a nuestro lado, que no se distinguen de nosotros más que por una ligera diferencia de vibración, nos resultarán familiares", auguraba.

Jugando en el bosque

Elsie Wright y Frances Griffiths tenían 16 y 10 años, respectivamente, cuando se encontraron con las hadas en el bosque de Cottingley, cerca de casa de los padres de la primera. Frances acababa de llegar a Reino Unido desde Sudáfrica, donde se había criado, y le estaba costando adaptarse a la vida en las islas. Por fortuna, tenía a su prima Elsie, con quien en julio de 1917 pasaba horas jugando en el arroyo próximo a la residencia familiar. Un día, después de decir a sus madres que les gustaba ir al bosque porque allí se encontraban con las hadas, ante la incredulidad de las mujeres, Elsie cogió prestada la cámara de fotos de su padre, Arthur Wright, para demostrar que era verdad. Cuando las niñas regresaron, en el cuarto oscuro apareció la imagen de Frances con cuatro pequeñas hadas aladas bailando en primer plano sobre la maleza.

Arthur Wright, ingeniero eléctrico y fotógrafo aficionado, no se dejó llevar por el entusiasmo de las pequeñas y achacó la presencia de las hadas a la habilidad artística de su hija. Creía que todo era una broma, que las hadas las había dibujado ella y luego habían puesto las siluetas recortadas delante de su prima. No le faltaban razones para sospechar. Elsie llevaba años dibujando hadas -le apasionaban-, iba desde los 13 a la Escuela de Bellas Artes de Bradford y trabajaba en un laboratorio fotográfico haciendo montajes para las familias de los soldados caídos en las trincheras europeas. Las madres de las niñas no lo tenían tan claro. Y lo tuvieron mucho menos cuando en septiembre las niñas consiguieron la segunda imagen de un ser del bosque.

Los protagonistas, en esta ocasión, eran la mayor de las primas, sentada en la hierba, y un duende. "Elsie jugaba con el gnomo y lo invitaba a que subiese sobre sus rodillas. El gnomo saltaba en el preciso momento en que Frances, que tenía la cámara fotográfica, apretó el disparador. Se describe al gnomo con leotardos, jersey marrón tirando a rojo y gorro rojo puntiagudo. Las alas, suaves y cubiertas de plumón, de color neutro, se parecen más a las de los coleópteros que a las de las hadas. Cuando no hay ruido, se oye de cuando en cuando la música de la flauta de Pan que tiene en su mano izquierda, poco más que un tintineo", explica Doyle. A partir de ese momento, Wright no volvió a dejar la cámara a las chicas.

Seres de libro

La historia de las hadas de Cottingley habría acabado ahí de no ser porque Polly Wright, la madre de Elsie, era aficionada al ocultismo. En 1919, en una conferencia de la Sociedad Teosófica, organización esotérica fundada por Helena Blavatsky, Polly Wright comentó al conferenciante que había visto fotos de hadas reales. La noticia llegó al líder teósofo Edward Gardner y de éste a Doyle en mayo de 1920. El escritor estaba preparando entonces un artículo sobre las hadas para el número de Navidad de The Strand Magazine. Cuando la revista salió a la venta, las hadas del bosque de Cottingley se convirtieron en una atracción periodística.

Tras consultar a varios especialistas, Doyle y Gardner concluyeron que las fotos eran auténticas. Querían ver confirmadas sus creencias en seres extrarodinarios. Por eso, restaron importancia a los testimonios de quienes sospechaban que las imágenes eran trucajes. Así, en el prefacio de El misterio de las hadas, el novelista advertía: "A los escépticos les pido que no se dejen engañar por el sofisma consistente en decir que, puesto que un profesional del fraude que sea diestro en el arte de la falsificación puede reproducir un objeto semejante al original, también éste, por consiguiente, se ha conseguido de manera fraudulenta".

Doyle prefería creer que dos adolescentes habían fotografiado hadas a seguir las pistas que apuntaban a una de las niñas como autora del engaño, que tuvo una segunda parte con tres fotos más obtenidas en 1920. Porque fue Elsie quien dio vida a los seres del bosque de Cottingely. La composición formada por las cuatro hadas que bailan frente a Frances es una copia de una ilustración de un libro infantil de 1915: dibujó las hadas, les puso unas alas, recortó las siluetas y las sujetó delante de su prima con alfileres de sombrero. A los 80 años, Elsie confesó a la revista The Unexplained que las cinco fotos eran montajes; Frances puntualizó que sólo lo eran las cuatro primeras. Como había adelantado el 5 de enero de 1921 el diario australiano The Truth, y antes Arthur Wright, "para explicar estas fotografías de hadas lo que se requiere no es un conocimiento de los fenómenos ocultos, sino de los niños". Gardner y Doyle demostraron que carecían de ese conocimiento; aunque andaban sobrados de fe.


El libro

El misterio de las hadas (1921): Nada mejor que leer el original de Arthur Conan Doyle para comprobar hasta dónde llegaba la credulidad del escritor.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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18 Jul 2008


La NASA acaba de hacer público un vídeo en el que se ve a la Luna pasar por delante del disco terrestre. Según el comunicado de la agencia espacial, la película está hecha a partir de imágenes tomadas por la nave Deep Impact cada 15 minutos desde una distancia de 57 millones de kilómetros, 140 veces la que separa a nuestro planeta de su satélite. "Hacer un vídeo de la Tierra desde tan lejos nos ayuda en la búsqueda de otros planetas aptos para la vida, dándonos una idea cómo veríamos un distante mundo alienígena del tipo de la Tierra", ha explicado el astrónomo Michael A'Hearn, de la Universidad de Maryland. "Para ver la Tierra de este modo, una civilización extraterretre necesitaría una tecnología mucho más avanzada que lo que podemos soñar en tener", ha dicho Sara Seager, planetóloga del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

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08 Jul 2008

"Tu blog ha sido el que nos ha obligado a reconocer que todo es una campaña de publicidad del ron Seven Tiki", acaba de reconocer por teléfono un portavoz de Bacardi, respecto a los círculos del cereal que han aparecido en las últimas semanas en prados y campos de cultivo de Bilbao, Madrid, Málaga y Barcelona. Bacardi me acaba de enviar una nota de prensa en la que asume la autoría de los pictogramas, tal como adelanté ayer. Los responsables de la compañía no han querido revelar aún quién los ha confeccionado; pero estoy en condiciones de adelantar que los autores son británicos y que seguramente se trata de Rob Irving y John Lundberg, conocidos como los Circlemakers y que desde hace años se dedican a la realización de pictogramas en los campos de medio mundo con fines publicitarios.

Bacardi se enteró ayer por mí de que Eduardo Martínez, un lector de Magonia, había resuelto el enigma que se ocultaba tras los círculos hechos en los alrededores de varias ciudades españolas. "Nos quedamos de piedra cuando vimos el cuenco en Magonia". Es falso que, como han dicho algunos presuntos expertos en lo paranormal tras enterarse por este blog de la historia, Bacardi enviara hace días una nota a varios medios de comunicación explicando todo el asunto. "No, no lo hemos hecho. Era un secreto", sentencia un portavoz de la compañía.

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07 Jul 2008

Los misteriosos círculos del cereal aparecidos desde principios de junio en Bilbao -en el monte Banderas-, Madrid y Barcelona forman parte de una campaña publicitaria del ron Seven Tiki, marca propiedad de Bacardi. En cuanto tuve conocimiento del pictograma bibaíno, hace casi un mes gracias a un mensaje de correo y unas fotos de Goiatz Nuñez, lector de Magonia, sospeché que se trataba de un reclamo publicitario. No me pregunten por qué. Fue intuición: hace años que la publicidad emplea pictogramas en el campo en otros países y alguna vez tenía que llegar esta modalidad de anuncios a España.

Al día siguiente de enterarme del fenómeno, Deia habló del "enigma del Banderas"; veinticuatro horas después, Metro hacía lo propio; y, hace una semana, La Vanguardia informaba del hallazgo de un círculo similar en Vacarisses (Barcelona). Europa Press mandó ayer un largo despacho sobre el asunto, en el que decía que "una serie de símbolos parecidos a los que aparecen en la película de extraterrestres Señales han aparecido con menos de una semana de diferencia en distintos campos agrícolas de Madrid, Bilbao, Málaga y Barcelona". Hoy publican la historia Abc, Periodista Digital, 20 Minutos, Deia -otra vez-, La Vanguardia -otra vez-, El Faro... En Bacardi tiene que estar felices con tanta publicidad gratuita.

Poco después de tener la primera noticia, supe, gracias a otra lectora de Magonia, que habían aparecido círculos similares a las afueras de Madrid y Barcelona. Era evidente que se trataba de una campaña publicitaria, pero ¿de qué? Hace unos días, recibimos en El Correo varias fotos aéreas de la formacion bilbaína junto a un mensaje que nos conminaba a publicar la noticia, como había hecho el gratutito madrileño. Nos resistimos, por eso de no hacer el papel de tontos útiles y que alguien se aprovechara de nosotros para hacerse publicidad gratis. Y yo empecé a preguntar a amigos si el dibujo les sonaba al logotipo de algo. Entre tanto, la historia llegó a una de las páginas de referencia de los fanáticos de los círculos, y un tercer lector de este blog -usa el pseudónimo de Mel Gibson- fotografiaba a los fabricantes del pictograma bilbaíno mientras lo retocaban.

Sólo faltaba dar con la prueba definitiva. Lo hizo el escéptico Eduardo Martínez cuando cenaba en familia el sábado: se topó en la mesa con varios cuencos negros de plástico con el símbolo del monte Banderas y las palabras Seven Tiki. Tocado y hundido.

Lo que más me agrada de esta historia es que vuelve a demostrar que gente interesada en averiguar la verdad, en no dejarse llevar por explicaciones sobrenaturales, puede acabar dando con la causa de un fenómeno para otros enigmático. Porque aquí han colaborado un montón de personas: desde quien mandó las primeras fotos hasta quien identificó el logotipo. A todos, muchas gracias. ¿Se imaginan lo que un grupo organizado, numeroso y con algunos medios podría hacer en España a la hora de aclarar los misterios presuntamente paranormales con que trafican algunos programas de radio y televisión? A mí me gustaría que ese equipo existiera.

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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