23 Nov 2005

Uno ha leído muchas tonterías en lo que lleva de vida. La mayoría de ellas en las llamadas revistas esotéricas, ésas que llegan cada mes al quiosco repletitas de misterios inventados. Pero lo del último número de Año Cero, la publicación que dirige Enrique de Vicente -el mismo que intenta hacerse pasar por un tipo riguroso en ese esperpento que es el programa TNT, en Telecinco-, supera lo que me podía esperar. En un reportaje titulado "Darwin, al servicio de los masones", el ufólogo Josep Guijarro siembra la duda sobre la solidez científica de la teoría de evolución, presentándola como el fruto de la gran conspiración masónica para dominar el mundo. Ahí queda eso.

"La ciencia darwinista representó desde su aparición una gran amenaza para las afirmaciones teológicas y para la función social de la religión, que confiere propósito y sentido a la existencia", dice Guijarro. Esta afirmación, con un tufillo retrógrado indudable, da por sentado que es imprescindible creer en algún dios de los muchos que pueblan el cielo para disfrutar de la vida. A partir de ahí, el periodista catalán se empeña en hablar la teoría de la evolución como un producto creado principalmente contra el cristianismo. Recuerda Guijarro que Charles Darwin "había estudiado teología en Cambridge y en su histórico viaje a bordo del HMS Beagle llevó consigo dos libros: la Biblia y Principios de Geología, de Charles Lyell. Se diría, pues, que nuestro protagonista estaba más preparado para la religión que para la biología". Lamentablemente, partir de premisas falsas es un billete seguro a conclusiones erróneas.

Pasemos por alto que el padre del autor de El origen de las  especies (1859) fue médico y el abuelo, médico y naturalista. Dejemos a un lado que el joven Darwin no mostró en Cambridge mucho interés por la Teología, a pesar de estudiarla, y que se volcó, sin embargo, en la botánica. Y olvidémonos, claro, de las pruebas acumuladas durante su viaje en el Beagle. Son todo pequeños detalles sin importancia que nos molestan si queremos presentar la teoría de la evolución como algo diferente a lo que es. "¿Cuál fue entonces el factor que inclinó la balanza por las ideas antirreligiosas?", se pregunta Guijarro antes de iluminarnos: "Harum Yahya, autor de El engaño del evolucionismo no duda en atribuirlo a la masonería". Y, seguidamente, nos dice que el abuelo de Darwin era masón, que había introducido al padre del naturalista en tal saber y que "es lógico pensar, por tanto, que Charles recibiera una influencia masónica tanto de su padre como de su abuelo". A partir de esa presunción no demostrada, Guijarro monta una película basándose en los delirios de un autor creacionista y presenta la teoría de la evolución como producto de un complot, y no como una idea científica sólidamente fundada.

Porque Harun Yahya, la fuente turca de la que bebe el periodista y cuyo discurso asume como propio, es un reconocido antievolucionista, aunque a Guijarro se le pase advertirlo a sus lectores. Como se le olvida también decir que muy probablemente no existe ningún Harun Yahya y que ese nombre es un pseudónimo de un colectivo de carácter reaccionario. "Yahya es el autor de tantos libros, artículos, libros y webs, que resulta difícil creer que se trate de la obra de un solo hombre", explica en un artículo el físico Taner Edis, quien sospecha de "Yahya no es relamente una persona, sino la bandera bajo la que navegan las actividades de los más prominentes creacionistas turcos". Edis, que es asesor del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), añade en ese texto que Yahya es proclive a ver complots masónicos por todos lados y que, en un libro reciente, ha atribuido el origen del terrorismo y de los atentados del 11-S al evolucionismo. "Para acabar con el terrorismo hay que poner fin a la educación materialista-darwinista, para educar a los jóvenes  de acuerdo con un currículo basado en los auténticos hallazgos científicos e infundirles el temor a Dios y el deseo de actuar sabia y escrupulosamente", ha escrito en el libro Islam denounces terrorism.

Es en  los desvaríos de los fanáticos creacionistas que parecen ocultarse tras el nombre de Harum Yahya en los que Guijarro  cimenta un reportaje donde presenta la teoría evolución como un invento al servicio de la conspiración masónica -¡ay, si Franco levantara la cabeza!-, acusa a Darwin de racista y dice que "la selección natural justifica el exterminio del débil". Ya hizo algo parecido su colega Bruno Cardeñosa con su libro El código secreto, en el que también se inspiró en fuentes creacionistas para argumentar que "los mecanismos primigenios que dieron origen a la vida estuvieron regidos por unas leyes ajenas a la evolución" y "aquellas primitivas formas de vida tenían en su soporte interno algo parecido a una orden: evolucionar hacia formas más complejas. Disponían, en suma, de un código secreto que señala que el objetivo último de la evolución es el Homo sapiens".

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10 Nov 2005

Lo han vuelto a hacer. Los integristas religiosos han vuelto a imponer en las escuelas de Kansas su disparatada visión de un mundo creado en seis días por la divinidad. Seis votos contra cuatro han sacado adelante en el Consejo de Educación de Kansas unos nuevos estándares, según los cuales en las escuelas públicas se deberá enseñar en la clase de Biología el creacionismo como alternativa a la Teoría de la Evolución. Me acabo de enterar por Proyecto Darwin, la bitácora de Juan de Gennaro, responsable de Argentina Skeptics.

Hace unos meses, cuando supe del nuevo ataque a la razón que se estaba gestando en Kansas, hablé con el abogado Pedro Luis Irigonegaray, un luchador por los derechos civiles de Topeka que iba a defender a Charles Darwin ante un sucomité del organismo regulador de la enseñanza. El letrado sembró en mi una cierta esperanza y fue claro respecto a los orígenes de la iniciativa fundamentalista: "En 2004, fueron elegidos para el Consejo de Educación de Kansas individuos cuyo objetivo final es convertir Estados Unidos en un país confesional, basado en el fundamentalismo cristiano. La estrategia incluye abrir la puerta de la escuela al diseño inteligente". El diseño inteligente se basa en la creencia en que el mundo es demasiado complejo como para que no haya habido un diseñador, un Dios arquitecto de la vida.

Los nuevos estándares educativos entrarán en vigor en 2007. Aunque los 300 consejos escolares locales tienen a la postre libertad para decidir lo que se enseñe en las escuelas, serán los criterios impuestos por los integristas los que se usarán a la hora de los exámenes y de evaluar la calidad de la enseñanza de la ciencia en el Estado. El panorama resulta desolador. El único consuelo es que, de una vez por todas, los científicos dejen de mirar a otro lado ante el avance de la superstición y asuman su responsabilidad ciudadana. Si el desastre de Kansas sirve por lo menos para eso, no todo estará perdido.

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15 Jun 2005

Científicos y creacionistas luchan en EE UU desde hace semanas en un campo de batalla inesperado: el Museo Nacional de Historia Natural, en Washington. ¿La razón? Que el centro de la Institución Smithsoniana acogerá el jueves de la próxima semana el estreno de un documental antievolucionista, algo que los responsables de la Unión Geofísica Americana (AGU) consideran "inaceptable".

La película se titula El planeta privilegiado: la búsqueda de un propósito en el Universo y propugna el diseño inteligente, idea según la cual Dios -y no el azar- dirige todo el proceso evolutivo. La cinta se basa en un libro de Guillermo Gonzalez y Jay W. Richards, dos destacados miembros del Instituto Descubrimiento, el grupo creacionista que la ha producido.

A cambio del uso del auditorio del Museo Nacional de Historia Natural para el estreno del documental, el Instituto Descubrimiento se comprometió a hacer una donación de 16.000 dólares al centro. Pero la noticia saltó el 28 de mayo a las páginas de The New York Times y entonces los directivos del museo dijeron que se lo tenían que pensar.

"Es inaceptable".

El ilusionista James Randi, que desenmascaró a Uri Geller hace treinta años y preside una fundación dedicada a la lucha contra la pseudociencia y la superstición, hizo inmediatamente una oferta. "La Fundación Educativa James Randi (JREF) está dispuesta a donar 20.000 dólares a la Institución Smithsoniana si devuelve los 16.000 del Instituto Descubrimiento y deja de patrocinar la proyección de la película. Y la JREF no pedirá a la Institución Smithsoniana que proyecte ningún filme ni haga propaganda de nuestro punto de vista...", prometió..

La dirección del museo ha reintegrado ya el dinero a la organización creacionista; pero no se ha echado atrás en cuanto al estreno la película, lo que ha animado al director de la AGU a escribir un duro artículo en el boletín que reciben los 43.000 socios de la sociedad científica. "Asociándose con el Instituto Descubrimiento, la Institución Smithsoniana unirá ciencia con creacionismo y dañará su credibilidad", advierte Spilhaus.

La película promueve la idea de que la ciencia debería incluir lo sobrenatural. Eso es inaceptable", afirma el director de la AGU, antes de recordar que "el creacionismo no es ciencia". Y destaca que el filme vende la idea de que "el Universo fue diseñado para seres inteligentes como los humanos", alerta del riesgo de que la PBS -la televisión pública- lo emita y anima a sus colegas a permanecer vigilantes y no dejar pasar una. "Es importante que los científicos defendamos la integridad de la ciencia"..

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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05 May 2005

Charles Darwin se sentará hoy en Kansas en el banquillo, en una reedición del famoso juicio del mono. En 1925, un profesor, John Scopes, fue juzgado y condenado a una multa de 100 dólares en Tennesse por enseñar la teoría de la evolución. Hollywood contó la historia en La herencia del viento, (1960), película en la que Spencer Tracy interpreta al abogado defensor de Scopes, Gene Kelly da vida al gran periodista americano Henry Louis Mencken y los creacionistas de entonces -que mantenían que Dios creó al hombre tal cual es- salen bastante malparados. Ochenta años después, los fundamentalistas quieren imponer en Kansas sus creencias religiosas como parte de la educación científica.

Un subcomité del Consejo de Educación de Kansas, un organismo formado por ciudadanos, examinará hasta el sábado de la próxima semana las pruebas a favor y en contra de Darwin, para decidir cómo tiene que enseñarse la evolución en las escuelas y si debe presentarse a los alumnos como alternativa la idea de que Dios -y no el azar- dirigió todo el proceso y así se explica la complejidad del mundo. En las audiencias, presididas por un tribunal compuesto por tres antievolucionistas, testificarán partidarios del creacionismo, pero no biólogos: las universidades y las sociedades científicas del país se han negado a enviar representantes que legitimen un debate que consideran fuera de lugar.

Mito y ciencia

"Presentar el diseño inteligente como una teoría pareja a la evolución degrada la evolución de ciencia a mito o eleva el diseño inteligente de mito a ciencia", sentenciaba un editorial de The Daytona Beah News-Journal, diario de Florida, en marzo de 2002 cuando arreciaba un temporal creacionista. Es la tesis que ha llevado al abogado Pedro Luis Irigonegaray, un luchador por los derechos civiles, a defender la causa de Darwin sin testigos a su favor. "La ciencia no está basada en opiniones, y mucho menos en la fe. Que yo llevara a científicos a testificar sería algo absurdo. Sería dar un trato de igual a igual al diseño inteligente y a la teoría de la evolución", explica desde Topeka el letrado.

El conflicto tiene su origen en el Consejo de Educación de Kansas, un organismo formado por diez ciudadanos que establece cuáles son los conocimientos básicos a los que deben acceder los escolares. El Consejo se renueva cada cuatro años en unas elecciones que coinciden con las presidenciales y en 1999, dominado por los fundamentalistas, sacó a Darwin de la escuela. "Fue un terrible desastre", lamenta Irigonegaray. Un año después, en los comicios que llevaron a George W. Bush a la Casa Blanca, los representantes republicanos en el organismo dieron marcha atrás en la decisión que habían tomado sus colegas y la evolución volvió a clase. La situación ahora es diferente.

"En 2004, fueron elegidos para el Consejo de Educación de Kansas individuos cuyo objetivo final es convertir Estados Unidos en un país confesional, basado en el fundamentalismo cristiano. La estrategia incluye abrir la puerta de la escuela al diseño inteligente", explica el abogado. Lo primero que hizo el renovado organismo fue pedir un informe a un comité de científicos y educadores. El texto final no proponía cambios en la enseñanza de la evolución, pero una minoría de los expertos, que había visto rechazadas sus pretensiones, quería que se diera luz verde a la enseñanza del diseño inteligente, una interpretación religiosa de la evolución.

Esa minoría de científicos animó a los miembros fundamentalistas del Consejo a buscar un último recurso para intentar cambiar las normas curriculares. En febrero, el organismo tomó "la inconcebible decisión de dar una nueva oportunidad a esta minoría" y convocar audiencias públicas para que un subcomité escuchara a evolucionistas y antievolucionistas. Irigonegaray, que ha renunciado a sus honorarios "porque sería un derroche de dinero para el Estado", representa desde hoy en las vistas "a científicos del mundo entero. Tengo miles de firmas de apoyo. La comunidad científica se ha unido como una piña. Pero yo no voy a presentar ningún testigo porque sería equiparar una creencia a una verdad científica".

Las seis universidades de Kansas y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) son algunas de las instituciones científicas que se han negado a participar en un espectáculo que puede acabar con el diseño inteligente en la escuela. Irigonegaray argumentará que sería inconsitucional, porque violaría la separación entre religión y Estado, uno de los pilares de la sociedad estadounidense. "Si este grupo tuviera estudios científicos y pruebas de lo que dice los presentarían en las revistas e instituciones científicas y no en el Consejo de Educación de Kansas", concluye el abogado.


'Nature', contra el 'diseño inteligente'

Los científicos tienden a desconectar cuando oyen las palabras diseño inteligente". Así empieza el editorial principal del número de Nature de la semana pasada. Los autores del texto alertan del peligroso avance en Estados Unidos y Europa de un concepto que "se esfuerza en mostrar la mano de Dios dirigiendo el curso de la evolución". Y animan a los biólogos a enfrentarse a una ola oscurantista que "amenaza al núcleo de la razón científica".

El diseño inteligente está ganando popularidad en las universidades estadounidenses como vía de reconciliación entre la ciencia y la fe. Para sus partidarios -fundamentalistas cristianos, mayoritariamente-, la vida es demasiado compleja como para haber sido fruto del azar, por lo que una inteligencia ha tenido que guiar la evolución.

¡PELIGRO, EVOLUCIÓN! La paródica portada del número de la revista 'Nature' del 28 de abril..Los responsables de Nature recuerdan, sin embargo, que "los científicos saben que la selección natural puede explicar la impresionante complejidad de los organismos". Por eso, abogan por que los biólogos enseñen en sus clases los mecanismos de la evolución y por que los científicos dejen claro que una cosa es la ciencia y otra la religión. Los estudiantes creyentes verían así que su fe no choca con la ciencia, y no tendrían que recurrir a una idea que, como la alquimia, mezcla lo sobrenatural con la ciencia.

"El ridículo en que se ha caído en EE UU se plasma en la portada de Nature, donde puede leerse a modo de nota pegada: "Esta revista contiene material sobre la evolución. La evolución por selección natural es una teoría, no un hecho. Este material debe ser leído con una mente abierta, estudiado cuidadosamente y considerado críticamente. Aprobado por el Consejo de Gobierno de las Universidades, 2006". Advertencias como ésta aparecen en las portadas de los libros de Biología en EE UU, allí donde los fundamentalistas han impuesto sus creencias en los consejos escolares.


"Los fundamentalistas ven la ciencia como una amenaza", dice el abogado de la evolución

Pedro Luis Irigonegaray nació en La Habana hace casi 57 años. Abandonó Cuba con 12 de la mano de su madre, y la familia acabó instalándose en Topeka (Kansas). Con el paso de los años, sus padres y hermanos se trasladaron a Florida, pero él se quedó en un Estado que ama y en el que se ha convertido en un abanderado de los derechos civiles, luchando por la igualdad de los hispanos y de los homosexuales. Desde hoy, representará a los científicos de todo el mundo ante el Consejo de Educación de Kansas.

-¿Cómo ha llegado usted a ser el abogado defensor de la evolución?

-En 1999, Jerry Farley, presidente de la Universidad de Washburn, y yo organizamos una mesa redonda sobre la polémica de la evolución en las escuelas, que fue transmitida por Internet y tuvo mucho eco. Entonces, me involucré en esta empresa por la importancia de la educación científica para el futuro de nuestros niños. Hace unos meses, hubo unas audiencias públicas para que la gente diera su opinión sobre lo que estaba pasando. Yo participé y dije que los cambios que estaban siendo considerados, primero, violaban la Constitución y, segundo, eran un abuso intelectual de nuestros hijos. Cuando se decidió celebrar estas audiencias de ahora, el Departamento de Educación de Kansas, sabiendo que tengo cierto conocimiento de ciencia, me llamó para ver si estaba interesado en representar a la mayoría.

-¿A qué se refiere como "cierto conocimiento científico"?

-Yo leo mucha ciencia. A mí me interesa la ciencia no sólo por razones profesionales, sino también por conocer lo que es el mundo y el universo en el cual vivimos. Leer ciencia es para mí un entretenimiento.

-Los fundamentalistas cristianos no tienen esa visión de la ciencia.

-Creo que ellos ven la ciencia con miedo, como una amenaza, porque quiza la ciencia les haga pensar. Y ese miedo les lleva a reaccionar de la manera en que lo están haciendo.

-¿Tienen miedo a la ciencia porque sus respuestas les obligarían a replantearse algunas cosas?

-Sí. Pero ese miedo no tiene razón de ser. Conozco muchos científicos que tienen su fe y al mismo tiempo entienden la ciencia como algo diferente, algo que no choca con sus creencias.

-Usted es consciente de que polémicas como ésta hacen que se vea a Kansas como un Estado atrasado y fundamentalista.

-Sí, y me da una pena inmensa. Éste es un gran Estado. Antes de que se formara Estados Unidos, Kansas fue el primer territorio que dijo no a la esclavitud. También fue el escenario del caso de Brown contra el Consejo de Educación, que hizo que la Corte Suprema decidiera que la separación de los blancos y a los negros en las escuelas era ilegal, y el sistema educativo cambio.

-Sin embargo, la imagen de Kansas en Europa es mala.

-Me encantaría que los europeos tuvieran otra opinión de un Estado avanzado y con magníficas universidades; pero mal representado por unas pocas personas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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12 Feb 2005

Muchos maestros estadounidenses eluden la enseñanza de la teoría de la evolución en la escuela. Sobre todo, en el sur, en el llamado Cinturón de la Biblia. "Entiendo por qué lo hacen: tienen miedo a ser perseguidos, a perder el empleo o a no ascender, temen ser blanco de ataques de los padres o sufrir presiones de otros maestros. Enseñar la evolución en algunas zonas de Estados Unidos exige valentía y hay que elogiar a aquéllos que lo hacen", dice Michael Shermer, director de la Skeptic Magazine y columnista de Scientific American.

La teoría de la evolución enfrenta desde hace siglo y medio con la ciencia a quienes interpretan la Biblia al pie de la letra. Cuando Charles Darwin (1809-1882) publicó El origen de las especies en 1859, echó del Paraíso a Adán y Eva. Acabó con el hombre como un ser creado a imagen y semejanza de Dios, y lo convirtió en un producto más de la selección natural. La idea, pilar de la biología moderna, chocó contra la visión bíblica de nuestros orígenes y se abrió en Occidente un debate entre ciencia y religión que en EE UU no se ha cerrado.

El biólogo Richard Dawkins, de la Universidad de Oxford, cree que la razón es que "la separación constitucional entre Iglesia y Estado ha derivado en EE UU en un mercado de la religión con hábiles vendedores que compiten por el cliente como en el campo de los detergentes", con técnicas agresivas innecesarias en los países europeos, "donde normalmente hay una religión dominante, oficial". El autor de El gen egoísta indica, además, que "la religión es considerada en Europa algo aburrido, relegado a un segundo plano", mientras que en EE UU es "constantemente invocada por los políticos".

Desde California, Shermer coincide en que "los estadounidenses son mucho más religiosos que los europeos y aquéllos que perciben la evolución como una amenaza para la religión tiene mucho más peso político que el resto". Además, añade, la separación entre Iglesia y Estado y la inexistencia de ayudas gubernamentales han forzado a los diferentes credos a "convertirse en expertos en mercadotecnia", porque "compiten por una clientela y recursos limitados".

El episodio más famoso de esta guerra es el juicio del mono, en el que John Scopes fue juzgado en Tennessee en 1925 por enseñar la teoría de la evolución y condenado a una multa de 100 dólares. En los años 80 del siglo pasado, los fundamentalistas consiguieron que varios Estados legislaran para que la creación bíblica se enseñara en la escuela pública como alternativa a la evolución. Sin embargo, el Tribunal Supremo de EE UU concluyó en 1987 que esas leyes eran anticonstitucionales, ya que suponían que el Estado impulsara una creencia. Desde finales de los años 90, los creacionistas se han concentrado en sacar a Darwin de la escuela y, ahora, centran sus esfuerzos en que entre en clase como alternativa el llamado diseño inteligente, que sostiene que la complejidad humana exige que haya en su origen un arquitecto.

Un día para Darwin

"La Iglesia católica nunca ha sido una entusiasta de la lectura literal de la Biblia. El literalismo es una tradición protestante", puntualiza Dawkins a la hora de explicar por qué el antievolucionismo es tan fuerte al otro lado del Atlántico y no en países tradicionalmente católicos como España. Para él, los maestros que en EE UU no enseñan la evolución por miedo "son unos cobardes y unos traidores de la enseñanza, de la ciencia y de la verdad". "La evolución ocurrió", sentencia Shermer. "No hay ninguna duda sobre su veracidad. Es un hecho", dice Dawkins.

Charles Darwin nació el 12 de febrero de 1809 y, el mismo día cincuenta años después, publicó su obra clave, El origen de las especies. En ella, estableció las bases de la teoría de la evolución por selección natural, que los biólogos del siglo XXI ven en nuestro genoma. Desde 1995, un grupo creciente de pensadores celebra el Día de Darwin el 12 de febrero. Pretenden promocionar la educación científica y el conocimiento de la obra del naturalista inglés.

"El Día de Darwin es una excusa no sólo para celebrar la grandeza del hombre, sino también la fuerza y el impacto de su idea. La teoría de la evolución es una de la media docena de ideas más importantes en la historia de la Humanidad y debería ser objeto de celebración", apunta Shermer. Dawkins va más lejos: "La de Darwin es, sin duda, una de las mentes más grandes que han existido. Es de justicia conmemorar su nacimiento, mucho más que los natalicios de políticos, de generales e, incluso, de Jesús".

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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10 Jul 2003

Adán y Eva no fueron expulsados del Paraíso por un ángel espada de fuego en ristre, sino por los científicos. Sucedió en 1847, cuando el francés Jacques Boucher de Perthes (1788-1868), considerado el padre de la Prehistoria, publicó Antigüedades célticas y antediluvianas, un libro en el que demostraba la coexistencia del hombre primitivo con animales extinguidos. "Hasta entonces, nadie se planteaba que hubiera un pasado más allá de la Biblia. Quien dijera algo de eso era un osado", explica Carmen de las Heras, comisaria de la exposición Venus y Caín, nacimiento y tribulaciones de la Prehistoria en el siglo XIX, que se inaugura hoy en Santillana del Mar.

Imperaba en la cultura decimonónica la visión del arzobispo anglicano James Ussher, quien en el siglo XVII había calculado a partir del Génesis que Dios creó el Universo a las nueve de la mañana del 23 de octubre de 4004 antes de nuestra era. "Éramos descendientes de Adán y Eva. Nadie lo discutía, nadie lo ponía en duda, porque la propia ciencia parecía dar la razón a la Biblia", indica De las Heras. En 1859, Charles Darwin publicó El origen de las especies y, a la historia prediluviana de Boucher de Perthes -con el tiempo, el Diluvio universal pasó de hecho a mito-, se sumó la evolución: Dios no había modelado al hombre tal cual, sino que éste era fruto de la evolución.

El descubrimiento de que "nuestro origen está en el reino animal y no en el Paraíso" provocó una gran convulsión social, y el hombre prehistórico fascinó a la gente de la época, incluidos pintores y escultores para los cuales "constituyó una inapreciable fuente de inspiración". Ante la escasez de datos científicos, los artistas del siglo XIX "desarrollan una iconografía tomada del neoclásico, con un héroe musculoso al que visten con pieles y colocan en la Prehistoria".

Superhombres

Nuestros antepasados del Paleolítico Superior -entre hace 40.000 y 13.000 años- aparecen como "hombres físicamente perfectos, con extraordinarias musculaturas y expresiones de fiereza", en permanente lucha por la supervivencia. Las mujeres tienen, a su vez, el aspecto de Venus griegas. "Se reproduce el modelo social de la familia nuclear, con el hombre como cabeza de familia y protagonista, y la mujer representando el papel de ama de casa que le recibe complaciente cuando llega agotado de la caza. Los roles sociales se transmiten del siglo XIX a la Prehistoria", dice la investigadora del Museo de Altamira.

Paul Jamin, Léon Maxime Faivre, Louis Mascré y otros retratan escenas de asesinatos, de caza, de lucha, de amor..., en las que la falta de datos se suple con imaginación. "La escasez de restos, el estudio de pueblos primitivos contemporáneos, la creatividad artística y las condiciones sociales, culturales y religiosas de la época -explica De las Heras- hacen que las imágenes transmitan una excesiva bestialidad y, al mismo tiempo, una notable idealización romántica".

Pintores y escultores asumen, en las obras que pueden verse en el palacio de Caja Cantabria en Santillana del Mar, los avances en el conocimiento de nuestro pasado; pero no plasman en sus obras el choque entre ciencia y religión. Al contrario. "Suprimen los elementos de conflicto e incluso dotan a veces a sus personajes de actitudes religiosas, de un sentimiento de piedad", afirma la prehistoriadora. Siglo y medio después de la desaparición de Adán y Eva de nuestro árbol genealógico, ciertas sectas protestantes luchan en Estados Unidos por imponer una visión de los orígenes basada en la literalidad de la Biblia, en la idea de que Dios creó el mundo en seis días y, el séptimo, descansó.

Ciencia recién nacida

Las 170 piezas que se exponen desde hoy en Santillana del Mar son objetos arqueológicos, pinturas, esculturas y documentos que proceden de museos y colecciones privadas de Europa y Estados Unidos. "Resumen la evolución humana tal como se veía en el siglo XIX". La Prehistoria era entonces una ciencia recién nacida, "básicamente francesa" y cultivada por aficionados, que poco tenía que ver con una disciplina que en la actualidad emplea las técnicas más avanzadas: los métodos de datación basados en la desintegración de isótopos radiactivos, la genética, el estudio de los pólenes, los análisis geológicos...

>Aunque antediluvianos, nuestros orígenes no se suponían en el siglo XIX tan remotos como ahora se sabe: los homínidos aparecieron en África hace más de 6 millones de años y los primeros representantes de nuestra especie caminaban por lo que hoy es Etiopía hace más de 160.000 años. La Prehistoria -la época sin escritura- ha sido el periodo más largo de la historia humana. Se prolongó desde la aparición de los homínidos hasta hace menos de 5.000 años, pero sólo se estudia desde hace unos 150, desde que el hombre abandonó definitivamente el Paraíso.


El arte más antiguo del mundo

La más valiosa de las piezas de la muestra -"la joya", en palabras de Carmen de las Heras- es la Venus de Laussel, un bajorrelieve descubierto en 1911 en un abrigo al aire libre de la Dordoña francesa. Con la fisionomía típica de las esculturas femeninas paleolíticas -formas abultadas que se han relacionado tradicionalmente con la fecundidad-, la figura mide 46 centímetros, fue tallada en un bloque de piedra caliza hace unos 20.000 años y porta en la mano derecha un cuerno de bisonte. Es una obra de arte de un periodo sin arte hasta que Marcelino Sanz de Sautuola descubrió Altamira en 1879.

El hallazgo de las pinturas de Santillana del Mar marca mucho más que el inicio de la ciencia prehistórica en España. "Altamira fue la primera cueva con arte rupestre descubierta en el mundo", recuerda la comisaria de la exposición 'Venus y Caín, nacimiento y tribulaciones de la Prehistoria en el siglo XIX', la cual dedica una atención especial a la gruta cántabra y sus pinturas de hace 14.000 años. El descubrimiento de Sanz de Sautuola fue recibido con incredulidad por una comunidad científica dominada por los franceses, quienes no dieron hasta 1902 el visto bueno a unos dibujos de bisontes, ciervos y caballos de espectacular belleza.

Cerrada la cueva a las visitas masivas desde 1977 y completamente desde septiembre de 2002 para frenar su deterioro, quienes quieran hacerse una idea de la magnificencia de los frescos pueden hacerlo en la llamada neocueva. La reproducción de la gruta y de sus frescos resulta de una fidelidad impactante y es la estrella de un Museo de Altamira que tiene una atractiva y didáctica exposición permanente sobre la vida de los artistas de hace 140 siglos.


De Adán y Eva a Venus y Caín

Destronados Adán y Eva, los responsables de la muestra del Museo de Altamira apuestan por una nueva pareja, Venus y Caín, que "encarna principios antagónicos y complementarios" de cuyo equilibrio o desequilibrio "dependerá la civilización y la barbarie".

Venus -diosa romana del amor- es el nombre que reciben las figuras femeninas paleolíticas, representaciones de la fertilidad. Caín, el primogénito de Adán y Eva, es el primer humano, "el primer ser nacido de una mujer y un hombre, pero también el primer criminal, el primer cultivador, el primer errante y el primer constructor de ciudades. Encarna la responsabilidad humana".


La exposición

Título: Venus y Caín, nacimiento y tribulaciones de la Prehistoria en el siglo XIX.

Lugar: Palacio de Caja Cantabria, Santillana del Mar (Cantabria).

Horario: De 10.30 a 14 horas y de 16 a 20 horas. Cerrado los lunes.

Precio: 2,5 euros (1,5 euros para los clientes de Caja Cantabria).

Calendario: Del 10 de julio al 7 de septiembre.

Organizadores: Museo de Altamira, Museo de Aquitania y Museo de Quebec.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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magonia

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