07 Oct 2006
Si le interesa la evolución de la creciente marejada creacionista, debería tener entre sus lecturas habituales la bitácora Proyecto Darwin, del escéptico argentino Juan de Gennaro, responsable también de Argentina Skeptics. Proyecto Darwin acaba de cumplir su primer año de vida, 365 días en los que De Gennaro ha publicado un centenar de anotaciones, lo que no está nada mal. Este blog permite estar al correinte de lo que sucede en ese campo de batalla en el que combaten el oscurantismo y el iluminismo, el creacionismo y el evolucionismo, la superstición y la razón. Los textos suelen ser breves y servir de enlace a artículos, reportajes y entrevistas publicados en todo el mundo, aunque también hay algunas anotaciones extensas. Una de estas últimas es la dedicada el 28 de septiembre a la presentación en Buenos Aires de Qué es (y qué no es) la evolución. El círculo de Darwin, libro de María Susana Rossi y Luciano Levin. La obra está dirigida al público juvenil y, según De Gennaro, es "una herramienta de trabajo ideal para internarse en el complejo tema de la evolución, que aún hoy es materia de debate sobre todo en lo que respecta a su enseñanza en las escuelas públicas". Pues, eso, que felicidades a Proyecto Darwin y que cumpla muchos más.15 Ago 2006
El caso de Turquía, un país con un pujante creacionismo islámico y atrasado culturalmente respecto al resto de Occidente, no resulta sorprendente; pero sí el de EE UU, la primera potencia económica y científica mundial. Al otro lado del grupo de 34 países estudiados, destacan Islandia, Dinamarca, Suecia y Francia, donde el 80% de la población acepta la teoría formulada por Charles Darwin en 1859 y probada desde entonces en innumerables ocasiones en el laboratorio y el registro fósil. España es el noveno país donde el evolucionismo cuenta con mayor apoyo, con casi un 70% de la población que lo considera cierto.
La pregunta que, con ligeras variaciones, se hizo en todos los casos fue la misma: "¿Los seres humanos, como los conocemos, se han desarrollado a partir de otros animales anteriores?". Miller y sus colaboradores -Eugene C. Scott, del Centro Nacional para la Educación Científica, y Shinji Okamoto, de la universidad japonesa de Kobe- han comparado una serie de encuestas realizadas en EE UU desde 1985 con un sondeo nacional hecho en Japón en 2001, el estudio de la Fundación BBVA de 2002 y el Eurobarómetro de 2005. "Un tercio de los americanos adultos rechaza firmemente la evolución, y sólo un 14% cree que la evolución es definitivamente cierta", escriben los autores, quienes destacan que "aceptan el concepto de evolución más adultos japoneses y de 32 países europeos que americanos".
El peso fundamentalista
Miller, Scott y Okimoto sostienen que hay tres factores que explicarían las diferencias entre ambos lados del Atlántico y Pacífico frente la teoría de la evolución. El primero es el religioso y se basa en el arraigo que tiene en EE UU el fundamentalismo protestante, una corriente integrista alejada del protestantismo general y del catolicismo. El fundamentalismo lee el Génesis y otros libros del Antiguo Testamento como si fueran textos históricos que describen tal como ocurrieron la creación del mundo y del hombre, entre otras cosas. A diferencia de esto, la mayoría de los protestantes y católicos europeos no considera la historia de Adán y Eva, por ejemplo, un hecho real y no tiene problemas para congeniar sus creencias religiosas con el hecho evolutivo.
Los autores señalan que, además, en el caso estadounidense la teoría de la evolución se ha incorporado al debate partidista, algo que no ha ocurrido en Europa ni Japón. George Bush hijo y Ronald Reagan, ambos republicanos, han sido dos de los últimos presidentes del país que han mostrado abiertamente su apoyo a las ideas creacionistas, cuya última versión es el llamado diseño inteligente, que parte del supuesto de que la gran diversidad biológica no puede ser fruto del azar, sino que tiene que haber un diseñador.
El tercer factor que, dicen, coadyuva al antievolucionismo en EEUU es el analfabetismo científico, en especial en lo que a la genética se refiere. Los sondeos demuestran que los adultos que entienden las bases de la genética moderna suelen aceptar teoría de la evolución. La realidad es, sin embargo, que sólo un tercio de los estadounidenses admite, por ejemplo, que los humanos compartimos la mitad de nuestros genes con los ratones.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
25 Jul 2006
"Lo que encontramos en dichas cavernas -unas pinturas rupestres realizadas no sólo por la mano del hombre, sino por la mano de un verdadero artista- rebate esas hipótesis evolucionistas que lo enmarañan y complican todo para que no podamos comprender la verdad, la sencilla y escueta verdad. Aunque hubiésemos sido adoctrinados en las más ortodoxas teorías evolutivas, llegaríamos a la conclusión de que esas mismas pinturas nunca las habría podido concebir ni realizar un animal", sostiene. Estas dos frases son tergiversadoras de principio a fin. Afirmar que la existencia de las pinturas prehistóricas "rebate" el escenario de la evolución humana es no tener ni idea de lo que se habla. Las primeras pinturas rupestres son de anteayer, de hace sólo unos 40.000 años, y obra de nosotros mismos, aunque entonces no tuviérmos ni ordenadores ni santuarios marianos a los que peregrinar. Pero el arte -una obra específicamente humana- es mucho más antiguo. Las primeras muestras que se conocen datan de hace unos 100.000 años y son unas conchas de molusco perforadas halladas en Israel y Argelia. También son obra de nuestra especie, porque el Homo sapiens apareció hace unos 200.000 años. Antes, hubo otros Homo que empezaron a fabricar herramientas hace 2 millones de años y, antes de éstos, otros homínidos más primitivos cuanto más atrás vamos en el tiempo. Nuestros orígenes se sitúan en África hace entre 6 y 7 millones de años, cuando nuestro linaje -el de los homínidos- y el del chimpancé se separaron. Así que la aparición del arte es un paso más; importante, pero un paso más en una larga historia.
La siguiente argumentación de Prada es tan burda que da vergüenza ajena. Dice que las hipótesis evolucionistas "lo enmarañan y complican todo para que no podamos comprender la verdad, la sencilla y escueta verdad". ¿Dónde lo enmarañan?. ¿cómo?, ¿cuál es esa verdad "sencilla y escueta"? La teoría de la evolución da, contrariamente a lo que mantiene el novelista, una magnífica explicación a la biodiversidad y a la historia de la vida en la Tierra, incluida la de nuestra especie. Claro que si la verdad de Prada es un remedo de soplo divino, apaga y vámonos. No hay más que hablar. Bueno, sí: ¿quién creó a ese dios que insufló la inteligencia a los homínidos?, ¿cuándo nació?, ¿dónde?, ¿qué había antes?, ¿fue creado por otro dios?, ¿por qué dejo pasar más de 10.000 millones años desde el nacimiento del Universo hasta la aparición de la vida en la Tierra?, ¿por qué permitió que se extinguieran creaciones suyas como el inteligente hombre de Neandertal y otros?, ¿por qué nos hizo tan frágiles y vulnerables a las enfermedades?, ¿por qué mira para otro lado cuando tantos niños nacen con deformidades o enfermedades incapacitantes?, ¿dónde está?...
No sé lo que se considera el escritor, pero yo sé que soy un animal. Y también sé que estoy emparentado, en mayor o menor grado, con el resto de los animales porque llevo en mi ADN escrita mi historia evolutiva. Así que, cuando dice que "esas mismas pinturas (las rupestres) nunca las habría podido concebir ni realizar un animal", Prada está confundiendo conceptos: no las pudo hacer otro animal; pero sí las hizo un animal, el humano. En su artículo 'La firma del hombre', el escritor intenta una y otra vez confundir al lector y venderle su creacionismo camuflado: ¿por qué no se atreve a hablar de una divinidad creadora abiertamente?, ¿acaso con eso de "misterio" no se refiere al dios cristiano?
"Tampoco me sirve -sostiene- esa hipótesis que afirma que el hombre llegó a dibujar al final de un proceso evolutivo: las pinturas rupestres no fueron comenzadas por monos y terminadas por hombres. Los animales no dibujan mejor a medida que se produce su evolución: el rudo chimpancé prehistórico no pintaba de forma más rudimentaria que el refinado chimpancé contemporáneo. El hombre no puede ser considerado sino como una criatura absolutamente independiente y singular respecto a las demás criaturas". Bonito intento de engañar al personal para llevarle al huerto. Las pinturas rupestres fueron hechas por hombres -es cierto-, pero hubo muchas generaciones de hombres con anterioridad que no pintaron en las paredes de las cuevas. Y los hubo antes que no tuvieron arte. Hoy, un número creciente de paleontólogos cree que el comportamiento humano moderno -que se caracteriza por el pensamiento abstracto y el simbolismo, la talla de huesos por razones religiosas, las herramientas del tipo de arpones...- emergió gradualmente en nuestra especie durante decenas de miles de años. No, Altamira no la empezó un mono y la acabó un hombre. La acabó el mismo primate que la empezó a pintar, un hombre descendiente de otros homínidos que habían vivido en África hace millones de años y que nos costaría identificar como algo más que chimpancés bípedos. Somos diferentes a las demás criaturas, pero no somos el fin de un camino. Si hoy cayera un asteroide de gran tamaño -¿por qué fue la divinidad tan cruel de crear a los dinosaurios y luego exterminarlos en masa?-, con el tiempo la vida resurgiría y la historia del hombre no habría sido nada más que un pequeño intermedio en la de la Tierra.
Prada es antievolucionista y lo deja claro, sobre todo, al final del artículo. "Sostener que una criatura se convierte repentinamente en creador mediante un puro proceso de agregaciones y síntesis químicas se me antoja reduccionista. Lo cierto es que la inteligencia humana no existía; y que comenzó a existir. No sabemos en qué momento o en qué infinidad de años. Algo misterioso sucedió, y tiene toda la apariencia de una acción que trasciende los límites del tiempo, quizá también los límites de nuestra comprensión. Explicarlo como un mero continuo no me parece, sinceramente, una hipótesis satisfactoria", afirma. ¿Decir que un ser superior tocó con su omnipotente dedo a un homínido para insuflarle la inteligencia es un hipótesis satisfactoria? No, ni siquiera es una hipótesis; es un cuento como el de Caperucita Roja. No hay pruebas de algo así -una especie de código secreto escondido en el ADN y que podamos traducir por un made in God- y sí de que, durante miles de millones de años, la vida ha evolucionado en la Tierra condicionada por mutaciones aleatorias y la selección natural. Prada cierra los ojos a las toneladas de pruebas que paleontólogos y biólogos han acumulado en los últimos 150 años y presenta como alternativa su creencia; es decir, nada. ¿Querrá convertirse en el intelectual de cabecera del movimiento creacionista español?
21 Jul 2006
El creacionismo ¡vaya timo! es decepcionante no por su contenido, sino por su forma. Es una lástima que el biólogo Ernesto Carmena haya desperdiciado la oportunidad de poner al alcance de mucha gente una crítica razonada del creacionismo. Porque este libro es un alegato en el que los buenos argumentos -que los hay, y muy buenos- quedan sepultados bajo el insulto y el desprecio continuado que muestra el autor hacia sus destinatarios. No entiendo que una obra lleve el subtítulo de Carta a un crédulo y esté salpicada de insultos a ese crédulo. El discurso de Carmena remonta el vuelo, y tiene momentos brillantes, cuando deja de lado el lenguaje tabernario o de discusión característico de los grupos de noticias de Internet, pero se desploma durante gran parte del ensayo porque el autor escribe desde la superioridad y califica a los creyentes creacionistas, entre otras lindezas, de "palurdos", "zoquetes", "merluzos", "zoquetes ignorantes", "cenutrios", "IDiots" y "listillos".
Llamarle a alguien palurdo y merluzo no es la mejor manera de atraerlo hacia el bando de uno. Lo más triste es que Carmena sabe que ese discurso abiertamente hostil y despectivo no lleva a ninguna parte. Así, cuando habla de Duane Gish, un creacionista acostumbrado a los debates públicos, el autor dice: "Gish es un vendedor nato. El tipo sube al estrado seguro de sí mismo, sonríe, habla relajadamente y hace simpáticos chistes a costa de su rival (sólo los justos: la humillación resulta contraproducente)". Entonces, ¿por qué recurre él a la humillación como estrategia? Ese grave error hiere a mi juicio de muerte la obra y, a ojos de algunos lectores, convertirá a los creacionistas en unos tipos simpáticos víctimas de un escéptico faltón. Estos nuevos libros escépticos tienen como público objetivo "ese crédulo que llevamos dentro", según Javier Armentia, director de la colección ¡Vaya Timo! La duda que me queda tras leer el trabajo de Carmena es si el autor ha entendido que lo que se pretende con la colección es que ese crédulo dé el salto a razonar y no el salto al cuello del autor que corresponda.
Una obra desfasada
Tampoco el libro de Félix Ares, ex director del museo de la ciencia de San Sebastián, responde a mis expectativas. Como en el caso anterior, me había hecho a la idea de que iba a encontrarme con una obra sobre el sudario de Turín imprescindible en la biblioteca de alguien interesado por el tema. No es así. Casi todo en La sábana santa ¡vaya timo! es viejo, sabido. Lo que, por ejemplo, se cuenta respecto al análisis del carbono 14 y los polénes de Max Frei ya lo explicaron hace tiempo muy bien Lynn Picknett y Clive Prince en El enigma de la sábana santa (1994). Eso no sería un factor en contra del libro, si no fuera porque pasa por alto inexplicablemente algunos de los más recientes hallazgos en torno al sudario de Turín y la fiebre novelesca que rodea a la reliquia, que ha dado lugar a grandes éxitos de ventas como La hermandad de la sábana santa (2004), de Julia Navarro. No busquen en la obra de Ares explicaciones al descubrimiento en la tela de una segunda cara por parte de Giulio Fanti y Roberto Maggiolo, ni a la afirmación de Ray Rogers de que las muestras analizadas por el radiocarbono no eran representativas de la reliquia -desmontada por Joe Nickell-; ni siquiera a la idea de que Leonardo fabricó el sudario de Turín.
La mayor parte de La sábana santa ¡vaya timo! fue redactada hace más de un decenio y hay fragmentos que se remontan a la segunda mitad de los años 80, cuando Ares, Jesús Martínez y quien esto escribe perpetramos un manuscrito, titulado El fraude lo paranormal, al que el tiempo ha hecho justicia sumiéndolo en el olvido. Aquel libro contenía información interesante, pero, entre otros defectos, la redacción y el enfoque dejaban bastante que desear. En 1995, Ares firmó con el pseudónimo de Dr. Fabián Respighi una obra corta titulada La sábana santa para torpes, escrita por un torpe, deudora en gran parte de la anterior y que distribuyó gratis. Lo que ha publicado ahora Laetoli es poco más que una revisión de ambos textos, con capítulos enteros copiados de ellos. Y eso es un lastre para La sábana santa ¡vaya timo! porque ninguno de los dos trabajos anteriores tenía la suficiente entidad como para convertirse en libro y hace tiempo se habían quedado anticuados. Ares podía haber aprovechado la información útil contenida en El fraude lo paranormal y La sábana santa para torpes... para emprender la redacción de una obra desde el folio en blanco -libre de ataduras- y prestar una mayor atención a las noticias ocurridas en los últimos años. No lo ha hecho y, de ahí, mi decepción. Echo en falta todo eso, fotografías de la reliquia que faciliten la lectura y la comprensión de lo que el autor explica y también una referencia en las recomendaciones bibliográficas: la de Inquest on the shroud of Turin (1983), de Joe Nickell, el mejor libro sobre este enigma.
Viaje a Ovnilandia
El mejor de los tres primeros títulos de la colección ¡Vaya Timo! es el que menos me esperaba, el dedicado al mito de los platillos volantes. Mi desconfianza no era hacia el autor, de cuyo carácter concienzudo a la hora de redactar y examinar un original puedo dar fe, sino hacia la posibilidad de leer algo que aportara alguna novedad respecto al fenómeno ovni. Campo ha conseguido lo segundo. Ha escrito un texto intelectualmente sólido que no se entretiene innecesariamente en el recorrido habitual por la casuística, sino que rasca en los pilares del mito y le enseña al lector que son de barro. Filósofo interesado en los platillos volantes desde hace casi veinte años, ha concebido su trabajo como una carta a su hijo después de haber detectado, entre sus lecturas, "revistas sobre asuntos extraños, misteriosos, enigmáticos". Es una misiva escrita desde la tranquilidad y con una capacidad pedagógica enviadiable, en la que el autor hace una magnífica disección de todos los actores que intervienen en el hecho ufológico.
Un buen amigo me ha dicho que echa en falta en el libro de Campo la casuística clásica. Es cierto. Si usted busca el típico libro que comience con la observación de Kenneth Arnold en junio de 1947 y acabe con los ovnis de México de hace un año, no es ésta la obra que quiere. En Los ovnis ¡vaya timo!, los casos son los ejemplos utilizados por el autor para ilustrar usos, abusos, costumbres y vicios de Ovnilandia. No es la única obra que puede escribirse sobre el mito -el propio Campo tiene otra: Luces en los cielos-, pero ofrece las claves para entender una creencia que ha sido para algunos un gran negocio: habla del secreto oficial, de las alertas ovni, de la falacia del residuo, de la lógica que manejan los ufólogos de feria, de sus trampas... Y, cuando la acaba de leer, uno concluye que realmente ha merecido la pena hacerlo.
Los libros de ¡Vaya Timo! son baratos -cuestan 10 euros cada uno-, con buena encuadernación y diseño, y portadas atractivas. Si leen el dedicado a los ovnis, les aseguro que no les defraudará. Sobre el centrado en el creacionismo, la abundancia de insultos resulta molesta y me lleva a compartir el juicio formulado en El blog de evolutionibus: "Éste era un libro necesario en español en nuestras librerías, pero no creo que sea el que todos esperábamos". Y el de la sábana santa es un ensayo viejo que se deja demasiadas cosas en el tintero, además de que en el apartado histórico es conveniente tener en cuenta las puntualizaciones del historiador José Luis Calvo. Mi recomendación personal es que los lean y lleguen a sus propias conclusiones, que es lo que siempre hay que intentar hacer. Además, si compran estos títulos estarán contribuyendo económicamente al sostenimiento del movimiento escéptico, porque la colección está editada por Laetoli en colaboración con ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, entidad a la que en las portadas y dentro de estos libros se le ha caído el ARP del nombre. ¡Y eso sí que es un misterio! ¿O no?
Los libros
Carmena, Ernesto [2006]: El creacionismo ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. "¡Vaya Timo!", Nº 1). Pamplona. 152 páginas.
Campo, Ricardo [2006]: Los ovnis ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. "¡Vaya Timo!", Nº 2). Pamplona. 135 páginas.
Ares, Félix [2006]: La sábana santa ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. "¡Vaya Timo!", Nº 3). Pamplona. 135 páginas.
22 Mar 2006
"El creacionismo es, en cierto sentido, un error categórico, porque considera la Biblia una teoría como cualquier otra teoría. Sea lo que sea el relato bíblico de la Creación, no es una teoría comparable con otras teorías. No es como si el autor del Génesis o quien fuera se hubiera sentado y dicho: 'Bueno, ¿cómo explico todo esto? Ya lo sé. En el principio, Dios creo los cielos y la tierra...'", ha declarado Rowan Williams, arzobispo de Canterbury, al diario británico The Guardian.
El primado de la Iglesia de Inglaterra admite, en la primera entrevista en profundidad concedida a la prensa, su disgusto con el avance fundamentalista en el sistema educativo británico. "¿Está cómodo con la enseñanza del creacionismo?", le pregunta el periodista. "Ah, no mucho, no mucho", responde el arzobispo, que cree que no debe enseñarse en la escuela. El prelado matiza, no obstante, que oponerse a la entrada del creacionismo en las aulas "no es lo mismo que decir que el darwinismo es la única cosa que debe enseñarse".
La creación bíblica del mundo se enseña en Inglaterra en, al menos, tres centros de la Fundación de Escuelas Emmanuel, dependiente de sir Peter Vardy, un hombre de negocios evangélico. En Estados Unidos, George W. Bush defiende la entrada del creacionismo en la escuela en igualdad de condiciones que la teoría de la evolución, y el debate ha llegado a los tribunales en varios Estados. Un juez federal de Pensilvania dictaminó en diciembre que es inconstitucional enseñar en la escuela pública estadounidense el diseño inteligente, que parte de la premisa de que el mundo es demasiado complejo como para que no haya habido un Dios arquitecto, un diseñador que haya dirigido todo el proceso evolutivo. La élite científica mundial salió en defensa de la teoría de la evolución hace un mes, durante la asamblea anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) en San Luis.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
21 Feb 2006
Publicado originalmente en el diario El Correo.
20 Feb 2006
Cada uno puede creer en el dios que quiera. Ésa es la base de la libertad religiosa, que tiene su mayor enemigo en la religión cuando abraza el poder, en las teocracias y los regímenes confesionales. Por fortuna, en casi todo Occidente impera la libertad religiosa, incluido el derecho a no creer en ninguno de los dioses del panteón -Zeus, Alá, Dios, Buda, Júpiter, Vishnu, Ra, Viracocha...- ni en sus deidades subalternas ni en sus profetas. Muchos creyentes consideran, sin embargo, que deben imponer su particular punto de vista de la realidad al resto de la gente, incluso disfrazando sus creencias de ciencia para intentar colarlas en las clases de Biología. Es lo que están haciendo en Estados Unidos los fundamentalistas protestantes con el denominado diseño inteligente y lo que parece que quieren hacer en España los grupos católicos más integristas. Tres muestras recientes de ello son un dossier en favor del diseño inteligente publicado el 5 de enero en Alfa y Omega, semanario del Arzobispado de Madrid que se distribuye con el diario Abc; un artículo de José Ignacio Munilla, cura párroco de Zumarraga (Guipúzcoa), aparecido en las páginas de El Diario Vasco el 1 de febrero; y otro, de siete días más tarde, publicado por Sara Martín en las páginas de La Razón. Los tres textos defienden lo mismo: que la teoría de la evolución está confundida y no ha sido probada, y que la mejor alternativa es la idea de que detrás de todo hay un arquitecto, un diseñador que ha controlado el proceso evolutivo.
El azar es, dicen los defensores del diseño inteligente, insuficiente a la hora de explicar cómo han podido formarse ciertas estructuras complejas y la gran diversidad de seres vivos, que serían en última instancia obras de un diseñador, de Dios. La idea no es nueva. Es lo que sostienen quienes buscan a la divinidad en la evolución desde que Charles Darwin formuló las bases de la teoría en El origen de las especies en 1859. Sin embargo, en contra de lo que mantienen los creacionistas -eso son los partidarios del diseño inteligente-, las pruebas de la teoría de la evolución son numerosas y apabullantes: van desde la cosmología hasta la genética. Desde el nacimiento del Universo hasta los últimos avances en biología molecular, todo encaja y en ningún sitio han encontrado los científicos la huella de la divinidad. Y eso que bastaría con algo tan sencillo, para un ser omnipotente, como un mensaje escrito en el genoma al estilo de un made in Japan. Sin embargo, ¿qué resolvería encontrar la firma del Creador en su obra? Pues, sinceramente, nada, ya que entonces quedaría por responder cuál es el origen del Creador.
Lo explica de maravilla Carl Sagan en la serie de televisión Cosmos y en el libro homónimo: "Si el cuadro general de un Universo en expansión y de un Big Bang es correcto, tenemos que enfrentamos con preguntas aún más difíciles. ¿Cómo eran las condiciones en la época del Big Bang? ¿Qué sucedió antes? ¿Había un diminuto universo carente de toda materia y luego la materia se creó repentinamente de la nada? ¿Cómo sucede una cosa así? Es corriente en muchas culturas responder que Dios creó el Universo de la nada. Pero esto no hace más que aplazar la cuestión. Si queremos continuar valientemente con el tema, la pregunta siguiente que debemos formular es evidentemente de dónde viene Dios. Y, si decidimos que esta respuesta no tiene contestación, ¿por qué no nos ahorramos un paso y decidimos que el origen del Universo tampoco tiene respuesta? O, si decimos que Dios siempre ha existido, ¿por qué no nos ahorramos un paso y concluimos diciendo que el Universo ha existido siempre?". Escuché por primera vez este razonamiento cuando TVE emitió Cosmos a principios de los años 80 y me impactó. ¿Para que nos hace falta Dios si queda sin explicar de dónde viene? Es lo que no se preguntan, claro, los defensores del diseño inteligente: ¿de dónde viene el diseñador? Tampoco explican qué pintan, en el plan divino que conduce hasta nosotros, los dinosaurios, las extinciones masivas y todos los seres vivos extinguidos -incluidos, otros homínidos-, así como la mayor parte de la historia del Universo. Porque nuestra especie, el Homo sapiens, sólo existe desde hace unos 200.000 años, mientras que el Universo tiene unos 14.000 millones de años vacíos desde la perspectiva creacionista.
Munilla dice en El Diario Vasco que "el gran logro del diseño inteligente ha sido el de resistirse ante uno de los mitos de nuestro tiempo: la teoría darwinista. La casualidad no existe. La casualidad es el nombre que damos a nuestra ignorancia". La verdad es que en nuestro ADN hay pruebas de la validez de la teoría de la evolución y que la divinidad ha sido a lo que el hombre ha recurrido tradicionalmente para explicar mágicamente aquello que no entendía en un momento dado y que fue la ignorancia la que atribuyó la paternidad de ello a los dioses. La religión se ha alimentado tradicionalmente del miedo y de la ignorancia, y ahora, al verla arrinconada por los avances de la ciencia, algunos de sus seguidores intentan meter lo sobrenatural como sea en el escenario de la evolución. Parece difícil, para quienes creen en un ser superior, admitir que no somos algo especial, sino un producto más del azar que está aquí porque, entre otras cosas, una asteroide acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años y eso dejó el camino libre a los pequeños mamíferos, que evolucionaron y se convirtieron en el grupo dominante sobre la superficie de la Tierra.
Nada en la biología actual, suele recordar Francisco J. Ayala, tiene sentido sin la teoría de la evolución: es la base de la que parten, por ejemplo, los biomédicos cuando hacen en animales de laboratorio los primeros ensayos de terapias que, si tienen éxito, luego se aplicarán a humanos, incluidos los creacionistas que quieren que el diseño inteligente se enseñe en la escuelas como alternativa a la evolución. Que haya cosas que el ser humano todavía no entienda no es prueba de que exista una mano oculta detrás de ellas. La fe es el único cimiento del diseño inteligente, idea que pertenece al terreno de la creencias y para la que no puede ni debe haber hueco en las clases de Biología. Su lugar está en la catequesis y en las clases de Religión. Es lo que en Estados Unidos, país de origen de este creacionismo de nuevo cuño, dicen los científicos y lo que sentenció, en Pensilvania en diciembre, el juez federal John E. Jones III, para quien "enseñar el diseño inteligente como alternativa a la teoría de la evolución en una clase de la escuela pública es inconstitucional", ya que se trata de "una alternativa religiosa enmascarada de teoría científica". EE UU es un país contradictorio en muchos aspectos; pero la separación de Iglesia y Estado en su sistema educativo es un bien intocable, garantizado por la Constitución. En España -donde el Estado no sólo ofrece a los credos mayoritarios la escuela pública como foro de adoctrinamiento, sino que además financia la enseñanza religiosa privada-, nuestra primera y última línea de defensa ante el avance del diseño inteligente son los biólogos. Su labor divulgativa es necesaria para evitar que la opinión pública resulte engañada por los católicos integristas que intentan vender una superstición como un hecho comprobado.
26 Ene 2006
Más de la mitad de los británicos rechaza la teoría de la evolución como explicación al origen y desarrollo de la vida en la Tierra, según una encuesta de la BBC en la que han participado 2.000 personas. El sondeo, hecho por Ipsos MORI para la serie Horizon, revela que sólo el 48% de la población considera la teoría de Charles Darwin como la que mejor describe los hechos, mientras que el 22% opta por el creacionismo clásico -la interpretación literal de la Biblia-, el 11% por el llamado diseño inteligente -una versión disfrazada de las ideas creacionistas- y el resto dice no saberlo. Además, aunque el 69% de la gente dice que la evolución tiene que enseñarse en las escuelas, el 44% se inclina por el creacionismo clásico y el 41% por el diseño inteligente.
Impresiona que en la tierra de Darwin, 150 años después de la publicación de El origen de las especies y a pesar de que la evolución cuenta con pruebas de todo tipo a su favor, las ideas creacionistas tengan tanta fuerza. Como deja caer el editor de la serie Horizon, Andrew Cohen, la realidad de la calle pone sobre el tapete cómo se está enseñando la ciencia en las escuelas británicas. Lo que me temo es que, si se hiciera una encuesta parecida en España, también nos llevaríamos una desagradable sorpresa.
21 Dic 2005
El diseño inteligente, la argucia a la que han recurrido los cristianos fundamentalistas en Estados Unidos para introducir el creacionismo en el sistema educativo, no podrá enseñarse en la escuelas públicas de Pensilvania como alternativa a la teoría de la evolución. "Es una alternativa religiosa enmascarada de teoría científica" y no podrá mencionarse en las clases de Biología, establece una sentencia dictada ayer por el juez federal John E. Jones III. El documento, de 139 páginas, supone una victoria clara de la ciencia frente a una visión integrista del origen y la evolución de la vida que tiene en George W. Bush a uno de sus principales valedores.
El diseño inteligente es la última de las armas inventadas por los fundamentalistas en la guerra que libran contra la teoría de la evolución desde que Charles Darwin publicó El origen de la especies en 1859. Los partidarios del diseño inteligente parten de la premisa de que el mundo es demasiado complejo como para que no haya habido un Dios arquitecto, un diseñador que haya dirigido todo el proceso evolutivo. Desde que empezó esta batalla, los creacionistas -que hacen una interpretación literal de la Biblia- han logrado imponer su criterio en Kansas. El Consejo Escolar del Estado sureño aprobó en noviembre unos nuevos estándares según los cuales en las escuelas públicas se tendrá que enseñar el creacionismo como alternativa a la evolución. En Pensilvania, lo hicieron hace un año y les ha acabado saliendo el tiro por la culata.
"Nuestra conclusión hoy es que enseñar el diseño inteligente como alternativa a la teoría de la evolución en una clase de la escuela pública es inconstitucional", sentencia el juez Jones, quien critica con dureza al Consejo Escolar del Área de Dover, a cuyos miembros acusa de haber "servido mal" a los ciudadanos. "Los propósitos laicos argumentados por el Consejo son un pretexto para los propósitos reales del Consejo, que son promover la religión en la escuela pública", dice el magistrado. Y añade: "Es irónico que varios de estos individuos, que exhiben de una forma tan abierta y orgullosa sus convicciones religiosas, recurrieran una y otra vez a la mentira para encubrir sus intenciones y disfrazar el propósito real de la política del diseño inteligente".
Primer revés
Dover, en Pensilvania, fue el primer lugar de EE UU donde el diseño inteligente entró en clase. Ocurrió en octubre del año pasado y los creacionistas aprovecharon la oportunidad para incluir una sentencia en la que se advertía a los estudiantes de Biología de noveno curso de que la teoría de la evolución "no es un hecho" y tiene lagunas.
El juicio de Pensilvania, que ha durado seis semanas, es una dura derrota no sólo para los creacionistas de Dover, sino también para los de otros Estados en los que se pretenden impulsar iniciativas parecidas. El Consejo Escolar fue denunciado ante la Justicia por once padres que alegaban que la enseñanza del diseño inteligente es inconstitucional, lo que ahora ha sentenciado el juez John J. Jones III. La separación de Iglesia y Estado es uno de los pilares de la Constitución estadounidense y ha estado en el origen de otros sonoros reveses para los creacionistas desde principios de los años 80.
Publicado originalmente en el diario El Correo.
23 Nov 2005
Uno ha leído muchas tonterías en lo que lleva de vida. La mayoría de ellas en las llamadas revistas esotéricas, ésas que llegan cada mes al quiosco repletitas de misterios inventados. Pero lo del último número de Año Cero, la publicación que dirige Enrique de Vicente -el mismo que intenta hacerse pasar por un tipo riguroso en ese esperpento que es el programa TNT, en Telecinco-, supera lo que me podía esperar. En un reportaje titulado "Darwin, al servicio de los masones", el ufólogo Josep Guijarro siembra la duda sobre la solidez científica de la teoría de evolución, presentándola como el fruto de la gran conspiración masónica para dominar el mundo. Ahí queda eso.
"La ciencia darwinista representó desde su aparición una gran amenaza para las afirmaciones teológicas y para la función social de la religión, que confiere propósito y sentido a la existencia", dice Guijarro. Esta afirmación, con un tufillo retrógrado indudable, da por sentado que es imprescindible creer en algún dios de los muchos que pueblan el cielo para disfrutar de la vida. A partir de ahí, el periodista catalán se empeña en hablar la teoría de la evolución como un producto creado principalmente contra el cristianismo. Recuerda Guijarro que Charles Darwin "había estudiado teología en Cambridge y en su histórico viaje a bordo del HMS Beagle llevó consigo dos libros: la Biblia y Principios de Geología, de Charles Lyell. Se diría, pues, que nuestro protagonista estaba más preparado para la religión que para la biología". Lamentablemente, partir de premisas falsas es un billete seguro a conclusiones erróneas.
Pasemos por alto que el padre del autor de El origen de las especies (1859) fue médico y el abuelo, médico y naturalista. Dejemos a un lado que el joven Darwin no mostró en Cambridge mucho interés por la Teología, a pesar de estudiarla, y que se volcó, sin embargo, en la botánica. Y olvidémonos, claro, de las pruebas acumuladas durante su viaje en el Beagle. Son todo pequeños detalles sin importancia que nos molestan si queremos presentar la teoría de la evolución como algo diferente a lo que es. "¿Cuál fue entonces el factor que inclinó la balanza por las ideas antirreligiosas?", se pregunta Guijarro antes de iluminarnos: "Harum Yahya, autor de El engaño del evolucionismo no duda en atribuirlo a la masonería". Y, seguidamente, nos dice que el abuelo de Darwin era masón, que había introducido al padre del naturalista en tal saber y que "es lógico pensar, por tanto, que Charles recibiera una influencia masónica tanto de su padre como de su abuelo". A partir de esa presunción no demostrada, Guijarro monta una película basándose en los delirios de un autor creacionista y presenta la teoría de la evolución como producto de un complot, y no como una idea científica sólidamente fundada.
Porque Harun Yahya, la fuente turca de la que bebe el periodista y cuyo discurso asume como propio, es un reconocido antievolucionista, aunque a Guijarro se le pase advertirlo a sus lectores. Como se le olvida también decir que muy probablemente no existe ningún Harun Yahya y que ese nombre es un pseudónimo de un colectivo de carácter reaccionario. "Yahya es el autor de tantos libros, artículos, libros y webs, que resulta difícil creer que se trate de la obra de un solo hombre", explica en un artículo el físico Taner Edis, quien sospecha de "Yahya no es relamente una persona, sino la bandera bajo la que navegan las actividades de los más prominentes creacionistas turcos". Edis, que es asesor del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), añade en ese texto que Yahya es proclive a ver complots masónicos por todos lados y que, en un libro reciente, ha atribuido el origen del terrorismo y de los atentados del 11-S al evolucionismo. "Para acabar con el terrorismo hay que poner fin a la educación materialista-darwinista, para educar a los jóvenes de acuerdo con un currículo basado en los auténticos hallazgos científicos e infundirles el temor a Dios y el deseo de actuar sabia y escrupulosamente", ha escrito en el libro Islam denounces terrorism.
Es en los desvaríos de los fanáticos creacionistas que parecen ocultarse tras el nombre de Harum Yahya en los que Guijarro cimenta un reportaje donde presenta la teoría evolución como un invento al servicio de la conspiración masónica -¡ay, si Franco levantara la cabeza!-, acusa a Darwin de racista y dice que "la selección natural justifica el exterminio del débil". Ya hizo algo parecido su colega Bruno Cardeñosa con su libro El código secreto, en el que también se inspiró en fuentes creacionistas para argumentar que "los mecanismos primigenios que dieron origen a la vida estuvieron regidos por unas leyes ajenas a la evolución" y "aquellas primitivas formas de vida tenían en su soporte interno algo parecido a una orden: evolucionar hacia formas más complejas. Disponían, en suma, de un código secreto que señala que el objetivo último de la evolución es el Homo sapiens".
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Luis Alfonso Gámez
Una ventana crítica al mundo del misterio
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