16 Ago 2008

Miles de espectadores de TVE vieron el 11 de enero de 2004 a Neil Armstrong y Buzz Aldrin explorando edificios en ruinas en el Mar de la Tranquilidad, en la Luna. Imágenes inéditas, se leía sobreimpresionado. Y Juan José Benítez decía: "Ésta fue la verdad, la única y secreta verdad. Aquel 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin se alejaron escasos metros del módulo, filmando esta increíble construcción. Esta película, de 14 minutos, jamás fue difundida por la NASA". Numerosas copias del fragmento de la filmación emitido por TVE pueden verse en la actualidad en YouTube, bajo títulos como Vídeo censurado del viaje a la Luna y Construcciones en la Luna ocultadas por la NASA.


El ufólogo navarro sostiene que hace 39 años "el mundo, una vez más, fue engañado", que nos ocultaron el hallazgo de ruinas alienígenas en el satélite terrestre. A él se lo contó "un alto militar norteamericano", ya fallecido, cuya identidad nunca ha revelado y que consiguió hacerse con una copia de la película rodada en el Mar de la Tranquilidad, la que muchos creen todavía que se vio en TVE hace cuatro años. Un documento único porque los vestigios extraterrestres ya no existen: Washington los destruyó con bombas atómicas. Pero el militar desconocido no es el único que afirma que los astronautas encontraron construcciones en la Luna.

Un espía inexistente

Quien primero habló a Benítez de las ruinas lunares fue Carlos Paz Wells, un peruano que en los años 70 decía estar en contacto con seres de otros mundos. "Tenemos constancia de que los norteamericanos también conocen la existencia de las antiguas instalaciones de la Confederación (una unión planetaria al estilo de Star Trek). Y, según los guías, los lanzamientos realizados por los distintos Apollos de pequeñas bombas nucleares contra la superficie de la Luna no tenían la única finalidad de medir los posibles movimientos telúricos del satélite. Muy al contrario. La verdadera intención de los norteamericanos era destruir dichas instalaciones, cuyas posiciones conocían de antemano", afirmaba Paz en Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), la obra de Benítez dedicada a las andanzas del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI).

Otra fuente, terrestre, confirmó poco después a Benítez la pasada presencia alienígena en la Luna. En 1979 llegó a las librerías españolas la obra Bases de ovnis en la Tierra. Su autor, Douglas O'Brien, decía ser un espía de la CIA arrepentido afincado en nuestro país. El libro era en realidad una novela firmada con pseudónimo por Javier Esteban, entonces un joven de veintiún años. "Para escribir la novela era preciso crear historias con fechas, lugares, etcétera. Para evitar la tarea de inventar miles de datos, acudí a las hemerotecas y tomé nota de miles de diversas fuentes: periódicos, revistas... De esta forma, incluía datos auténticos de sucesos ocurridos, tales como accidentes de aviones militares, expulsiones de diplomáticos, detenciones de espías, etcétera".

Esteban salpicó su relato del espía arrepentido de accidentes de ovnis y asesinatos. Varios ufólogos contactaron con él creyendo que hablaban con un ex agente de la CIA, y el joven les siguió el juego. Algunas de sus historias acabaron publicadas en periódicos, revistas esotéricas y libros de platillos volantes como hechos reales. Revelaba en su libro, entre otras cosas, que, tras descubrirse "cinco bases o lugares de estacionamiento distintos de ovnis en la Luna", EE UU las había destruido con bombas atómicas. "Lo gracioso del asunto es imaginar a personas en su sano juicio investigando la verosimilitud de tales disparates", recuerda el autor de Bases de ovnis en la Tierra.

De Guipúzcoa a la Luna

Como en toda conspiración que se precie, en ésta también hay de por medio un presunto empleado de la NASA. Se llamaba Alan Davis y murió en Sevilla hace unos años. Decía ser ingeniero de telecomunicaciones y que, en la noche de la llegada del hombre a la Luna, había visto en la estación de la NASA de isla de Antigua unas imágenes que ocultó al resto del mundo. Según varios ufólogos, era el encargado en la base caribeña de cortar la señal de televisión si sucedía algo inconveniente, y es lo que hizo cuando los astronautas del Apollo 11 se dieron de bruces con los edificios extraterrestres. "Es mentira. Nadie podía cortar la señal. Todo eso de las ruinas en la Luna no son nada más que tonterías", sentencia Luis Ruiz de Gopegui, director de la Estación de Seguimiento de Fresnedillas de la NASA en tiempos del proyecto Apollo.

La instalación madrileña era una de las tres estaciones claves en las comunicaciones con los astronautas, junto con las de California (EE UU) y Canberra (Australia). "En el momento del alunizaje, correspondió a Fresnedillas estar en contacto con la nave. Cuando Armstrong y Aldrin abandonaron el módulo lunar, era California", indica Ruiz de Gopegui. Los conspiranoicos argumentan que la NASA ocultó -¿para qué?- la existencia de los edificios y que hay que creer a Alan Davis. "¿Por qué se va a dudar de una persona que tiene esa valentía?", dice uno de sus amigos. Por una razón muy simple, porque ni él ni nadie ha presentado nunca una sola prueba que respalde sus extraordinarias afirmaciones, equiparables a las de quienes sostienen que ningún avión se estrelló contra el Pentágono el 11-S.

Y es que la película que mostró Benítez en la penúltima entrega de la serie Planeta encantado no es una documento grabado en la Luna, a pesar de que apareciera sobreimpresionada la leyenda Imágenes inéditas. La filmación es una recreación, un encargo del ufólogo a Dibulitoon Studio, una firma de animación radicada en Irún. Los astronautas que recorrían edificios en la Luna eran guipuzcoanos. Ésa es la verdad, la única y pública verdad.


El libro

Bad astronomy (2002): El astrónomo Phil Plait habla sobre algunas falsas ideas populares vinculadas con las astronomía y la astronáutica. Es una obra viva que se actualiza en su blog.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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31 Jul 2008

"El Gobierno niega todo conocimiento". Ésta era una de las máximas de la serie Expediente X. Fue acuñada, con otras palabras, por Donald E. Keyhoe comandante retirado de la Infantería de Marina de Estados Unidos y autor, en 1950, del primer libro sobre ovnis, The flying saucers are real (los platillos volantes son reales). El ex militar publicó aquel año en la revista True un artículo que sentó los dos pilares básicos de la ufología: el origen alienígena de los platillos volantes y el secretismo oficial. Han sido pocos los seguidores de los ovnis que desde entonces no han sucumbido a la obsesión por el encubrimiento gubernamental, en parte, con razón.

La CIA se interesó por los platillos volantes poco después de verse los primeros, en 1947. Temía que supusieran un riesgo para la seguridad de EE UU. Controló de cerca los proyectos militares de investigación del fenómeno y, en 1949, vio cómo la Fuerza Aérea descartó que tras los ovnis hubiera una potencia extranjera. Aún así, siguió en el ajo por si la amenaza era alienígena. Mientras en el cine Klaatu nos traía la paz interplanetaria en Ultimátum a la Tierra (1951), los militares concluyeron que los platillos volantes no venían de otros mundos, y la CIA les encontró una utilidad.

La Tierra de los Sueños

EE UU vivió los años 50 con el miedo a un ataque atómico soviético y a la infiltración comunista. Fueron los años de los simulacros nucleares en las escuelas y de la caza de brujas del senador Joseph McCarthy. La CIA empezó en aquella época a disponer de la más alta tecnología para el espionaje con la entrada en servicio del avión U-2. Capaz de volar a 805 kilómetros por hora y alcanzar los 21.000 metros de altura, despegó por primera vez el 1 de agosto de 1955 del recién creado campo de pruebas del lago Groom, en Nevada. Estrenó las instalaciones que hoy conocemos popularmente como el Área 51, donde EE UU ha probado aviones como el SR-71 y el F-117, y donde, según algunos ufólogos, se guardan restos de platillos volantes accidentados y hasta de alienígenas.

Washington reconoció oficialmente la existencia del complejo militar de Nevada cuando no le quedó más remedio, cuando una compañía estadounidense publicó en abril de 2000 en Internet imágenes de la base tomadas por satélite. En las fotos se veían hangares, pistas de aterrizaje, carreteras y canchas deportivas; el corazón de un complejo militar de 20.000 kilómetros cuadrados. "Tenemos ahí un centro de operaciones; pero el trabajo es materia clasificada", admitió Gloria Gales, portavoz de la Fuerza Aérea. "Mucha gente de mi Administración estaba convencida de que Roswell era un fraude, pero creía que lo de ese lugar de Nevada (el Área 51) iba en serio, que había allí un artefacto alienígena. Así que mandé a alguien a que lo averiguara. Y se trataba realmente de una instalación de Defensa en la que se hacían cosas aburridas que no queríamos que nadie más viera", explicaba Bill Clinton hace tres años a la revista FinanceAsia.

Durante la Guerra Fría, la creencia en extraterrestres fue aprovechada por la CIA para encubrir los vuelos de sus aviones espía desde el lago Groom y otras bases. Un informe titulado El papel de la CIA en el estudio de los ovnis 1947-1990, obra del historiador Gerald K. Haines, desveló en 1997 que en los años 50 y 60 "cerca de la mitad" de los avistamientos de objetos extraños en los cielos estadounidenses correspondieron a misiones del U-2 y del SR-71. La agencia de espionaje estadounidense prefería que el público creyera en visitantes de otros mundos a destapar la existencia de sus más sofisticadas herramientas. Al otro lado del Telón de Acero, la Unión Soviética hacía lo propio.

Un ovni-medusa

Algunos insomnes vecinos de Petrozavodsk, ciudad situada a orillas del lago Onega, vieron en 1977 una medusa brillante que sobrevolaba la urbe antes del amanecer. "La bola ígnea que cruzó precipitadamente el cielo de Sur a Norte sobre el distrito de Leningrado y Karelia a primeras horas del 20 de septiembre también fue observada por los astrónomos de Pulkovo. En estos momentos es todavía difícil determinar definitivamente su origen, ya que continúan llegando informes de testigos y observadores", declaró tres días después Vladimir Krat, director del Observatorio de Pulkovo. En las semanas siguientes, se cruzaron en la prensa declaraciones de científicos con explicaciones inverosímiles y de ufólogos que defendían la naturaleza extraterrestre del fenómeno.

Fue James Oberg, un ingeniero de la NASA quien resolvió el enigma desde Houston. Se puso en contacto con el Centro Goddard de Vuelos Espaciales, donde le informaron de que la URSS había lanzado aquel día un satélite desde el cosmódromo secreto de Plesetsk, a 330 kilómetros al Este de Petrozavodsk. El Comando de Defensa Aeroespacial Norteamericano (NORAD), cuyo cuartel general está en la montaña Cheyenne -como sabe todo seguidor de la serie de televisión Stargate-, confirmó a Oberg que el despegue del satélite espía Cosmos-955 había ocurrido minutos antes de la aparición del ovni, que parecía una medusa por el brillo de los gases de escape de las toberas del cohete.

"Moscú sabe de dónde vienen los ovnis, quién los lanza, cómo se propulsan y por qué viajan por el cielo de la URSS. Lo sabe todo y no quiere admitirlo públicamente. Es probablemente la mayor operación de encubrimiento ovni de la historia", escribía Oberg en 1982 en un artículo que demostraba el vínculo entre las más famosas oleadas de ovnis tras el Telón de Acero y las actividades militares secretas. Lo que no sospechaba entonces el ingeniero de la NASA es que años después la CIA iba a reconocer que había hecho lo mismo: aprovecharse de los platillos volantes para camuflar operaciones de espionaje.


La serie

Expediente X (1993-2002): Nueve temporadas de la mejor televisión y dos largometrajes centrados en la conspiración. Las tramas urdidas por Chris Carter hunden sus raíces en las paranoias de la sociedad estadounidense, que él amplifica.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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28 Jul 2008

La opinión pública mundial creía hace cuarenta años que Washington y Moscú competían en una carrera por la conquista de la Luna. La verdad, sin embargo, era que colaboraban en el proyecto espacial más grande jamás montado. Dejó de ser un secreto el 20 de junio de 1977, cuando la ITV inglesa emitió Alternativa 3, un documental de la serie Science report (informe científico) presentado por Tim Brinton, veterano de los informativos de la BBC. Al día siguiente, toda la prensa británica hablaba del reportaje, según el cual la vida en la Tierra tenía los días contados.

TVE emitió Alternativa 3 seis años después dentro del programa La Puerta del Misterio. Fernando Jiménez del Oso alertó en su presentación de que todo lo que se dice en el documental de Anglia TV "merece ser escuchado con atención". Advirtió, además, de que en Reino Unido los periódicos habían dedicado al espacio "todo tipo de comentarios" y la centralita telefónica de la emisora había estado bloqueada varios días por llamadas de gente indignada, alarmada y que preguntaba si aquello era una broma. Y dio por hecho que el programa sacaba a la luz una inquietante verdad, algo a lo que él achacaba que no se hubiera permitido su emisión en Estados Unidos y la Unión Soviética.


Cambio climático

Alternativa 3 empieza con unos periodistas que preparan un reportaje sobre la fuga de cerebros en Reino Unido y descubren que algunos científicos han desaparecido del país sin dejar rastro y otros han muerto en extrañas circunstancias. Uno de estos últimos es el astrofísico William Ballantine, quien, antes de fallecer, había enviado una cinta de vídeo codificada a un amigo. Simultáneamente, el documental se hace eco de que las sequías son las mayores de la Historia. "No ha cundido el pánico; sólo la sensación de que lo que estamos viviendo no es natural, de que el clima está sufriendo un cambio radical", dice Brinton, antes de recordar que los últimos terremotos de China y Oriente Próximo "han matado a más gente que un ataque nuclear" y llamar la atención sobre las erupciones volcánicas del Caribe.

El físico Carl Gerstein, de la Universidad de Cambridge, confirma ante la cámara que el mundo camina hacia un cambio climático fatal para la vida humana debido al efecto invernadero provocado por la contaminación. Y explica que las superpotencias consideraron al principio tres posibilidades: dos de ellas, abrir agujeros en la atmósfera a bombazo atómico limpio para dejar escapar la polución y excavar refugios para una élite, fueron descartadas y prefiere no hablar de la tercera. Los reporteros de Alternativa 3 sólo sabrán la verdad después de que Bob Grodin, astronauta del proyecto Apollo, les cuenta que, cuando pisó la Luna en 1972, estaba llena de gente y de ver la cinta del desaparecido Ballantine gracias a un circuito electrónico que la descodifica.

La película del astrofísico es la del primer aterrizaje de una nave humana en Marte ¡el 22 de mayo de 1962!, sólo cinco años después del lanzamiento del Sputnik. Según los informantes de Brinton, la tercera alternativa, en la que soviéticos y estadounidenses trabajan en secreto desde los años 50 y de la que Gerstein no quiere hablar, es crear una colonia en el planeta rojo como refugio de lo mejor de la Humanidad. Para eso, las personas que desaparecen en la Tierra son de dos tipos: los sabios y el ganado, los esclavos que construyen en la cara oculta de la Luna la estación de tránsito desde la que partirán los elegidos hacia el planeta rojo. "Es posible que ya se haya establecido en Marte una colonia humana o que todavía se estén haciendo los preparativos para su traslado desde la Luna", sentencia antes de los créditos finales Brinton, quien lamenta que "las perspectivas sean tan poco halagüeñas respecto al futuro de la vida en la Tierra".

La verdad oculta

Treinta años después de su estreno, Alternativa 3 salió a la venta en DVD en Reino Unido a finales de 2007. Quien quiera puede ya revisar al detalle una producción sólo accesible hasta ahora en grabaciones de mala calidad y comprobar lo que estaba claro desde el principio: fue una broma que, además, contenía las pistas necesarias para que uno se diera cuenta de ello. Así, en los títulos de crédito, figuraban los actores -sólo Brinton era quien decía ser- que interpretaban a los personajes, desde los periodistas hasta Bob Grodin, ya que no hay ningún astronauta con ese nombre. Es cierto, no obstante, que el actor que da vida al astronauta, Shane Rimmer, tiene experiencia espacial, aunque es en series de televisión como Ufo (1970) y Espacio 1999 (1975), y en películas como La guerra de las galaxias (1977).


El plan inicial de los bromistas, encabezados por el director Christopher Miles y el guionista David Ambrose, era emitir Alternativa 3 el 1 de abril -Día de los Inocentes en el mundo anglosajón y fecha que aparece sobreimpresionada en la última escena-, pero tuvo que posponerse al 20 de junio de 1977. Al día siguiente, la prensa británica comentó extensamente el programa, pero sin discrepancias sobre su naturaleza: todos los medios coincidieron en que era un remedo de la emisión radiofónica de La guerra de los mundos dirigida por Orson Welles en 1938, algo que Jiménez del Oso no advirtió a sus espectadores españoles años más tarde.

David Ambrose, Christopher Miles y Tim Brinton, en 'The Making of Alternative 3'."Por supuesto, Alternativa 3 -el documental de televisión y el libro- fue una broma, una farsa. Nadie en sus cabales puede haberlo visto como otra cosa", escribía hace nueve años Nick Austin, responsable de la editorial que contrató en 1977 la edición del libro homónimo, firmado por David Ambrose, Christopher Miles y Leslie Watkins. Todos los implicados en el montaje siguen sorprendiéndose de la credulidad de quienes vieron en el docudrama la revelación de una conspiración de alcance planetario.


El DVD

Alternativa 3 (1977): Puesto a la venta el año pasado, incluye el docudrama, una entrevista con el equipo y los recortes de prensa de la época. Sólo en inglés, hay una versión en español disponible en Google Video.



Publicado originalmente en el diario El Correo.

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27 Jul 2008

"Bienvenidos a Roswell. Actualmente no es famoso por nada". Así reza el cartel gracias al que se enteran de dónde están los extraterrestres de la nave Júpiter 42 al estrellarse en julio de 1947 en el desierto de Nuevo México, en la irreverente serie de animación para adultos Tropiezos estelares. Sesenta años después, es mucha la gente que ha oído hablar de Roswell y recientemente hemos sabido que hasta Indiana Jones, el aventurero por antonomasia, participó en el examen de los restos de lo que cayó allí.

Roswell tiene hoy unos 49.000 habitantes, casi el doble que el 8 de julio de 1947. Aquel día, el diario local dio en su portada la noticia de la recuperación de un platillo volante en un rancho de la región por parte de los militares. Dos semanas antes, Kenneth Arnold, un hombre de negocios que pilotaba su avioneta, había visto sobre las montañas Cascada nueve objetos extraños que "volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua". Tenían forma de bumerán; pero el periodista que cubrió la historia confundió la forma de los objetos con la del vuelo y los bautizó como platillos volantes. La denominación hizo fortuna y pronto las observaciones de discos se multiplicaron por Estados Unidos.

30 años de silencio

La noticia del ovni estrellado que dio The Roswell Daily Record se basaba en un comunicado de prensa dictado por el teniente Walter Haut. "Los muchos rumores sobre platillos volantes se hicieron realidad ayer cuando la oficina de Inteligencia del Grupo de Bombarderos 509 de la Octava Fuera Aérea, Aeródromo de la Armada de Roswell (RAAF), tuvo la suerte de obtener un disco gracias a la cooperación de uno de los granjeros locales y de la oficina del sheriff del condado de Chávez", dijo Haut. Según el periódico, el objeto había sido visto antes de estrellarse por Dan Willmot y su esposa. Él, "uno de los más respetados y fiables" vecinos de Roswell, había calculado que tenía unos 7 metros de diámetro, volaba a 500 metros de altura e iba a entre 600 y 800 kilómetros por hora. Tenía forma de dos platos unidos por su parte cóncava y desapareció detrás de una colina.

Los militares rectificaron al día siguiente. Dijeron que lo recuperado no era un platillo volante, sino piezas de un globo meteorológico, y mostraron a la Prensa los trozos de madera de barco y papel de aluminio encontrados por el ranchero Marc Brazel, materiales que en principio parecen poco apropiados para una nave interplanetaria. El caso del platillo volante estrellado en Roswell se hizo añicos, y los ufólogos olvidaron la historia durante décadas. Hasta que Charles Berlitz y William Moore la resucitaron en 1980 con su libro El incidente. El ufólogo Leo Stringfield había publicado una serie de artículos sobre accidentes de ovnis y autopsias a alienígenas en la Flying Saucer Review un año antes; pero es a Berlitz, autor de El triángulo de las Bermudas (1974), a quien Roswell debe su fama.

Él y Moore dieron con nuevos testigos -y con viejos que contaban cosas que habían callado durante décadas- de un suceso que ya no se limitaba al hallazgo de restos de una nave de otro mundo: resultaba que los militares habían rescatado los cuerpos de los pequeños tripulantes del platillo. Fue sólo el principio. Otros ufólogos volvieron la mirada a Roswell y salieron de debajo de las piedras vecinos que se habían visto involucrados en el incidente y conservaban recuerdos extraordinariamente vívidos. Desde 1990, no hay año sin un nuevo libro sobre el caso que incluya sorprendentes revelaciones. A estas alturas, son tantas las versiones de los hechos que no existe consenso sobre el día de autos -va desde el 14 de junio hasta el 4 de julio- y media docena de lugares compiten por ser el del tortazo.

Bombas y espías

Roswell es una Disneylandia paranormal cuyo Mickey es un extraterrestre cabezón de grandes ojos almendrados. Cuenta desde 1992 con un Centro de Investigación y Museo Internacional Ovni que ha recibido más de 2,5 millones de visitantes. Uno de sus fundadores es Glenn Dennis, joven trabajador de la funeraria local en 1947. Tras cuarenta años de silencio, en 1989 se descolgó con que en su día recibió una llamada telefónica de la base militar preguntándole cuál era el ataúd más pequeño que tenía y sobre técnicas de embalsamamiento. Dennis ha presentado las mismas pruebas de sus afirmaciones que los demás testigos resucitados por Berlitz, Moore y otros ufólogos: ninguna.

Desde 1996, Roswell celebra a principios de julio un Festival Ovni en el que conviven ufólogos y turistas disfrazados de extraterrestres. Es otro mundo en el que no importa que nadie se creyera la historia de la nave espacial estrellada cuando ocurrió. Ni siquiera se la tragó Raymond Palmer, un editor de ciencia ficción que fue el primero en explotar en los años 30 el potencial mediático de las creencias paranormales. Es otro mundo en el que los militares han guardado un secreto durante casi cincuenta años; aunque no el que creen los aficionados a los platillos volantes.

Porque la de Roswell no era a finales de los años 40 una base militar cualquiera. Allí estaba estacionado el primer escuadrón atómico del mundo, el Grupo de Bombarderos 509. Y lo que cayó en las cercanías en 1947 no fue un globo meteorológico, ni tampoco una nave de otro mundo. Se trató, según la información desclasificada en 1994 por la Fuerza Aérea, del globo número 4 del proyecto ultrasecreto Mogul, lanzado el 4 de junio desde Alamogordo, a 150 kilómetros de Roswell. El objetivo del ingenio estratosférico era detectar las ondas sonoras provocadas por las esperadas pruebas nucleares soviéticas: EE UU quería saber cuándo la URSS se hacía con la bomba atómica, algo que ocurrió el 29 de agosto de 1949 con la detonación de Joe 1. Los restos recuperados por Marc Brazel en su rancho eran los de un globo espía.


El libro

Roswell. Inconvenient facts and the will to believe (2001): Karl T. Pflock estaba convencido de que hemos sido visitados por extraterrestres; pero en este libro desmonta el caso Roswell.


Publicado originalmente en el diario El Correo.

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22 Jul 2008

Millones de personas no se creen que Neil Armstrong, Buzz Aldrin y otros diez hombres pisaron la Luna entre 1969 y 1972. El ingeniero espacial y escritor James E. Oberg calcula que en Estados Unidos hay un 10% de incrédulos y, hace dos años, una encuesta entre universitarios del país revelaba que el 27% duda seriamente de que las cosas ocurrieran como las cuenta la NASA. Para toda esa gente, los alunizajes se rodaron en un estudio de cine porque las imágenes son demasiado nítidas, no se ven las estrellas, las banderas ondean y, si de verdad el hombre hubiera llegado a la Luna, habría seguido viajando al satélite.

Resulta chocante, ciertamente, que hoy tengamos problemas para que un puñado de hombres vuelvan sanos y salvos de la Estación Espacial Internacional, cuando se encuentra a sólo 400 kilómetros de altura, una milésima parte de la distancia de la Tierra a la Luna. ¿Cómo se explica que el transbordador espacial corra peligro de desintegrarse durante la reentrada en la atmósfera y que con ninguna cápsula Apollo pasara algo parecido? Muy sencillamente, responden los incrédulos: el proyecto Apollo fue un montaje, y las naves caían al Pacífico, en realidad, desde un avión.

Cielo sin estrellas

La bandera no ondea; cuelga de una varilla bajo la Tierra. Las estrellas, al igual que en una noche terrestre, no brillan lo suficiente como para impresionar el negativo.La teoría de la conspiración fue formulada en 1974 por Bill Kaysing en su libro We never went to the Moon (Nunca fuimos a la Luna). Empleado de Rocketdyne, la firma que desarrolló los motores del cohete Saturno 5, decía que la farsa empezó a urdirse cuando la NASA se convenció de que no iba a poder poner a un hombre en el satélite antes de que acabara la década de los 60, en contra de lo anunciado por John F. Kennedy ante el Congreso de EE UU el 25 de mayo de 1961. El engaño había culminado con la simulación de los seis alunizajes en unas instalaciones cercanas a Las Vegas. El autor de We never went to the Moon sostiene que hubo quien intentó contar la verdad y lo pagó con la vida, como Virgil Grissom.

Cuando el astronauta a quien debe su nombre el más popular de los forenses descubrió lo que se tramaba en los pasillos de Washington, decidió hacerlo público. Por eso murió, junto a Edward White y Roger Chaffee, en el incendio del Apollo 1 en la torre de despegue el 27 de enero de 1967. Otros siete astronautas que fallecieron en accidentes de tráfico y aviación entran también dentro del grupo de víctimas mortales de la conspiración. Para Kaysing y sus partidarios, las pruebas de que todo fue un montaje están en los miles de fotos tomadas en el satélite, en cuyo cielo no se ve ni una estrella -"¿Estrellas? ¿Dónde están las estrellas?", se pregunta en su libro una y otra vez- y en donde la bandera estadounidense ondea, algo imposible en un mundo sin atmósfera.

Santiago Camacho, uno de los miembros del equipo de Cuarto milenio, ha sido uno de los principales promotores en España del fraude de los alunizajes. En su libro 20 grandes conspiraciones de la Historia (2003), sostiene que Maria Blyzinsky, astrónoma del Observatorio de Greenwich (Reino Unido), no se traga la historia de la NASA por la falta de estrellas en las fotos. En Greenwich dicen lo contrario. "La cita es falsa. Maria no sabe de dónde ha salido; pero no representa de ningún modo la postura oficial del observatorio ni su punto de vista personal. El personal del Real Observatorio de Greenwich dedica mucho tiempo a refutar afirmaciones de los promotores del fraude lunar y de otros pseudocientíficos", indicó a este periódico hace tres años Robert Massey, astrónomo jefe del centro.

Silencio en masa

La conspiración lunar es fácil de desmontar. Para empezar, hay un par de argumentos demoledores que nada tienen que ver con la ciencia: el del silencio ruso y el de la falta de pruebas. ¿Cómo es que los soviéticos no denunciaron el engaño? ¿Es posible que el departamento de efectos especiales de la Casa Blanca engañara al Kremlin y en Moscú optaran por callarse y no denunciar las malas artes de los capitalistas? Además, en pleno apogeo del programa Apollo, la NASA tuvo en nómina a 35.000 personas, y otras 400.000 trabajaban en empresas y universidades contratadas, demasiada gente a mantener callada en un país donde sale a la luz hasta lo que el presidente hace con una becaria en el Despacho Oval.

Armstrong y Aldrin, con la bandera. La sombra del primero es mucho más corta que la del segundo. Quienes afirman que la NASA falsificó los alunizajes ven aquí una prueba del engaño. Sin embargo, la sombra de Aldrin es más larga porque está en lo alto de una pequeña elevación y su compañero, más abajo.Aunque en las fotos parezca lo contrario, ninguna bandera ondea en la Luna: todas cuelgan de una varilla horizontal que parte del extremo superior del mástil. Que el cielo no esté salpicado de estrellas se debe a lo mismo por lo cual no se ven durante la transmisión nocturna de un partido de fútbol. Las cámaras estaban programadas con un tiempo de exposición muy corto para que las fotos no se velaran debido a la intensa luz del Sol y su reflejo en la superficie lunar; el brillo de las estrellas era, por el contrario, demasiado débil para impresionar la película. No se ven, de hecho, estrellas en las imágenes de ninguna misión tripulada de la Historia.

Los astronautas trajeron 382 kilos de piedras lunares que geólogos de todo el mundo han autentificado como tales, y dejaron en el satélite espejos láser que se han utilizado para medir la distancia entre los dos mundos mediante rayos láser. Por si eso no fuera bastante, a pesar de cómo lo presentan algunos autores, Kaysing no sólo nunca fue empleado de la NASA, sino que tampoco tuvo nada que ver con el proyecto Apollo. Es cierto que trabajó en la compañía Rocketdyne, pero como bibliotecario, porque era licenciado en Filología Inglesa. Además, dejó la empresa en 1963, antes de que se implicara en la conquista de la Luna, que fue una costosa carrera militar que se abandonó una vez que hubo un ganador y el perdedor admitió el resultado. Las cápsulas Apollo eran de un solo uso y por eso, aunque más primitivas, eran más seguras a la hora de la reentrada que los actuales transbordadores, y algunos astronautas murieron en los años 60 en accidentes de aviación porque eran pilotos de pruebas.


El docudrama

Operation Lune (2002): Película con formato de documental en la que Henry Kissinger, Christiane Kubrick -viuda del cineasta- y Donald Rumsfeld afirman que los alunizajes fueron un montaje. Es una broma del canal Arte francés. A la venta, en inglés y francés.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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12 Jun 2008

Irantzu Ibáñez y yo hablamos el 4 de junio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de ovnis y secretos gubernamentales, a raíz de la apertura de los archivos ovni británicos, en la trigésimo segunda entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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04 Jun 2008

Ya saben que, según los conspiranoicos, contra el Pentágono no se estrelló ningún avión de pasajeros el 11-S. Si no lo saben es porque son unos ignorantes que no leen las obras de Bruno Cardeñosa, para quien lo que destruyó parcialmente el cuartel general estadounidense fue un misil en un autoatentado. "Creo que hace falta más atrevimiento para que se denuncien ciertas cosas, pero quienes mandan son conscientes de que es imposible que los grandes medios, por poner un ejemplo, vayan a negar que el 11-S se estrellara un avión en el Pentágono. Aquello no sucedió, así me lo confirman informes científicos, aeronáuticos, testigos…", declaraba hace tres años en una de las múltiples entrevistas de promoción de su peculiar -seamos caritativos- visión de la realidad. Hacía tiempo que no me acordaba de los disparates de Cardeñosa sobre los atentados de septiembre de 2001. Hace unas horas me los ha recordado una anotación de los siempre recomendables Microsiervos en la que Alvy llama la atención sobre una recopilación de diez fotografías que "echan prácticamente por tierra algunas de las teorías conspirativas del 11-S". Resulta que la primera imagen corresponde a parte del tren de aterrizaje del Vuelo 77 de American Airlines entre los restos del edificio. O eso o es que ahora resulta que los misiles tienen trenes de aterrizaje, vayan ustedes a saber por qué capricho de nuestros conspiranoicos.

Cardeñosa es el mismo ufólogo que decía hace siete años que en la película Tres hombres y un bebé (1987) se veía un fantasma. Por si no se acuerdan, esto último lo hizo en Antena 3 TV -perdonen la pésima calidad del vídeo, pero es lo que he encontrado-, donde dio por cierta la presencia de un espectro en una secuencia del filme protagonizado por Tom Selleck, Steve Guttenberg y Ted Danson. "Esta escena de Tres solteros y un biberón (sic) es la clara demostración de que, gracias a una cámara de cine, pueden registrarse presencias y manifestaciones que el ojo humano no está capacitado para detectar", sentenciaba el ufólogo al atragantarse con la vieja leyenda urbana, tal como denunció Zenón Sanz en un artículo titulado "Tres hombres, un biberón y el fantasma de Bruno Cardeñosa", publicado en la revista La Nave de los Locos.

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21 May 2008

Luis Ruiz de Gopegui, director de la Estación de Seguimiento de Fresnedillas de la NASA en tiempos del proyecto Apollo, Almudena Cacho y yo hablamos el 14 de mayo en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de las mentiras de los alunizajes, en la trigésima entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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14 May 2008

El Ministerio de Defensa (MoD) de Reino Unido depositó ayer en los Archivos Nacionales ocho informes sobre ovnis, hasta ahora secretos, relativos a observaciones registradas entre 1978 y 1987. La documentación desclasificada podrá descargarse gratuitamente de la web del MoD hasta dentro de un mes -luego habrá que pagar- y es la primera de los 160 documentos, acerca de 8.000 avistamientos, que va a hacer públicos el Gobierno británico en los próximos cuatro años.

La lectura de las reacciones en la prensa demuestra lo que era previsible: los archivos secretos británicos, al igual que los de otros países -incluida España-, no ocultan ninguna prueba de visitas alienígenas, en contra de lo mantenido durante décadas por algunos ufólogos. "La gran mayoría de avistamientos puede explicarse fácilmente", indicaba en la BBC hace unas horas David Clarke, de la Universidad de Sheffield Hallam. "No hay extraterrestres en estos informes", ha escrito en The Times el ufólogo Nick Pope, quien entre 1991 y 1994 trabajó para el MoD como analista de la información sobre observaciones de ovnis por si éstos suponían algún riesgo para la seguridad nacional. "¿Por qué, desde que empezaron las investigaciones, el MoD ha gastado tiempo y dinero en los ovnis? La respuesta tiene más que ver con los rusos que con los marcianos", dice.

Hay en la información hecha pública ayer casos achacables a fraudes y alucinaciones, además de los consabidos planetas, estrellas, satélites... Y también hay entre un 5% y un 10% de sucesos inexplicados, según Clarke, algunos de ellos, posiblemente, por los escasos recursos destinados a investigarlos. La falta de interés se justificaba en el hecho de que a los responsables de Defensa sólo les interesaban los ovnis por si podían suponer una amenaza para el país y, a menos que existieran pruebas en ese sentido, no se hacía el trabajo adicional de intentar identificarlos. "Durante la Guerra Fría, la principal amenaza procedía del otro lado del Telón de Acero, no del espacio exterior", recuerda el autor del recomendable Phantoms of the sky (1990).

Cabe esperar que los conspiranoicos de turno, personajes que viven de explotar la credulidad ajena, digan ahora que todo es un montaje para ocultar la verdad, como ha pasado siempre que la realidad, tozuda ella, les ha desautorizado.

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14 Mar 2008

Almudena Cacho y yo hablamos el 12 de marzo en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de Indiana Jones y la calavera extraterrestre, la actriz Marion Cotillard se suma a la teoría de la conspiración del 11-S, Robbie Williams y los extraterrestres y la Virgen que gotea aceite en Egipto, en la vigesimosegunda entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.

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magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

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