04 Jun 2008
Ya saben que, según los conspiranoicos, contra el Pentágono no se estrelló ningún avión de pasajeros el 11-S. Si no lo saben es porque son unos ignorantes que no leen las obras de Bruno Cardeñosa, para quien lo que destruyó parcialmente el cuartel general estadounidense fue un misil en un autoatentado. "Creo que hace falta más atrevimiento para que se denuncien ciertas cosas, pero quienes mandan son conscientes de que es imposible que los grandes medios, por poner un ejemplo, vayan a negar que el 11-S se estrellara un avión en el Pentágono. Aquello no sucedió, así me lo confirman informes científicos, aeronáuticos, testigos…", declaraba hace tres años en una de las múltiples entrevistas de promoción de su peculiar -seamos caritativos- visión de la realidad. Hacía tiempo que no me acordaba de los disparates de Cardeñosa sobre los atentados de septiembre de 2001. Hace unas horas me los ha recordado una anotación de los siempre recomendables Microsiervos en la que Alvy llama la atención sobre una recopilación de diez fotografías que "echan prácticamente por tierra algunas de las teorías conspirativas del 11-S". Resulta que la primera imagen corresponde a parte del tren de aterrizaje del Vuelo 77 de American Airlines entre los restos del edificio. O eso o es que ahora resulta que los misiles tienen trenes de aterrizaje, vayan ustedes a saber por qué capricho de nuestros conspiranoicos.
05 Jun 2007

06 May 2007
05 May 2007
Los reporteros de lo paranormal relacionan todavía hoy el episodio de Orocovis con el monstruo que en agosto del mismo año volvió a las andadas en la localidad portorriqueña de Canovanas, donde murieron 150 animales de granja. Una matanza cuyas peculiaridades y dimensiones traspasaron pronto los límites de la pequeña isla caribeña. No era para menos. Los cuerpos estaban, según sus propietarios, totalmente secos: no tenían ni una gota de sangre. Aparentemente, se había escapado por unos pequeños orificios practicados, a juicio de los campesinos, por un animal desconocido de comportamiento vampírico. Un ser esquivo que eludió el ojo humano hasta septiembre de 1995, cuando los lugareños lo bautizaron como chupacabras, vista su predilección por estos mamíferos, y empezaron a dar las primeras descripciones del predador que supuestamente diezmaba sus rebaños.

¿Cuál es la apariencia del chupacabras? A pesar de lo mucho que se ha escrito, de decenas de artículos en revistas esotéricas y miles de referencias en Internet, no existe un consenso sobre la fisonomía del monstruo: ha sido descrito como un ser de alrededor de un metro de altura, bípedo, "con la piel como de un dinosaurio", los ojos "del tamaño de huevos de gallina" y crestas espinosas en el cráneo y la espalda; como un monstruo "de apariencia extraterrestre" -ignoro qué apariencia tienen los extraterrestres, si es que existen- y canguroide, con poderosas patas traseras y que despide un "fuerte olor sulfuroso"; como una criatura con "cráneo de mono", grandes ojos rojos, boca sin labios, lengua de serpiente, manos palmeadas y terminadas en tres garras curvas, y con espinas dorsales iridiscentes; como un "murciélago gigante, peludo y de ojos muy brillantes"; como un humanoide de 60 centímetros de altura, sin un solo pelo en el cuerpo y de tacto gelatinoso. En fin, que, si hay algo claro, es que es un monstruo.
Pero la fisonomía del supuesto predadorera algo secundario, y así lo entendió el alcaldede Canovanas, José Soto Rivera, que organizó varias batidas en busca del animal, infructuosas, aunque en algunas llegaron a participar hasta doscientos cazadores. Todo hay que decirlo: al alcalde los ataques del chupacabras y la histeria latente le fueron de perlas para, a pocos meses de las elecciones locales, desviar la atención de la opinión pública de los graves problemas del municipio, con varias zonas sin agua desde semanas antes. Al igual que en Orocovis, los científicos achacaron los ataques de Canovanas a perros asilvestrados o animales exóticos, como panteras, introducidos ilegalmente en la isla. Y es que los exámenes de los cuerpos revelaron que las muertes de ganado no seguían un único patrón, sino que se debían a mordeduras, traumatismos, infecciones... Héctor García, director de la división de Veterinaria del Departamento de Agricultura de Puerto Rico, consideraba que no había nada extraordinario tras las muertes de los animales de granja [Carroll, fecha desconocida]; pero, una vez más, la realidad quedó relegada por la ficción gracias a Jorge Martín, hasta noviembre de 1995 un oscuro ufólogo portorriqueño y desde entonces el principal abanderado del chupacabras, la autoridad mundial sobre el misterioso ser.
Martín fue el primero en hablar del chupacabras como una mascota de los tripulantes de los ovnis o un producto de experimentos genéticos terrestres o extraterrestres. Sus exóticas teorías -mantiene que los alienígenas visitan Puerto Rico atraídos por el radiotelescopio de Arecibo- incluyen, ¡cómo no!, una conspiración gubernamental, la captura de varios ejemplares de chupacabras y las consiguientes autopsias. Unos exámenes post mortem cuyos resultados serían secretos, pero, curiosamente, conoce Martín, que mantiene que los análisis de la sangre del misterioso animal arrojan unos resultados incompatibles con todo lo conocido. ¡Lástima que nadie más tenga constancia de lo que sostiene el ufólogo!
De monstruo a negocio
La entrada en escena de este imaginativo autor marcó un punto de inflexión en la historia del chupacabras: pasó de producto más del pensamiento supersticioso campesino a negocio para fabricantes de misterios, prensa, vendedores de camisetas y llaveros, y organizadores de visitas a los lugares donde la mascota de ET -como la llamaron en Miami- había perpetrado sus más sangrientos ataques. El chupacabras multiplicó su actividad a partir de noviembre de 1995, y sus fechorías ocuparon páginas enteras en los diarios portorriqueños y decenas de horas de radio y televisión. Un camino hacia el estrellato para el que la isla caribeña se quedó pronto pequeña, y así, a principios de 1996, el fenómeno saltó a México, Miami y Costa Rica. Y en agosto de ese año, tras entrar a España por el País Vasco, llegó hasta Yocavén, una pequeña localidad situada a 140 kilómetros al sudoeste de Santiago de Chile.
El alcalde de Canovanas había justificado sus batidas diciendo del chupacabras: "Hoy ataca animales, pero mañana podría atacar a la gente". Una vez en México, la fama del monstruo se disparó tras cumplirse el vaticinio de Soto Rivera. Teodora Ayala Reyes aseguró haber sido víctima de la criatura en el estado de Sinaloa y mostró a todo el país a través de la televisión unas marcas en la piel que parecían, más que mordiscos de un misterioso ser, desgarrones de la piel o quemaduras. Como otros campesinos de la región, la mujer creía que, tras las muertes de ganado que habían comenzado a registrarse, se ocultaba el chupacabras. Y la histeria se adueñó de México hasta tal punto que algunos autores han comparado las escenas vividas en el país con las de las masas enfervorecidas en busca del monstruo de películas como Frankenstein y Drácula. A pesar de que también en México el Departamento de Agricultura achacó los ataques a coyotes o felinos, la psicosis llegó a límites preocupantes y la Universidad Autónoma Metropolitana reunió a veterinarios, biólogos y antropólogos para que estudiaran el asunto. Los científicos, en un extenso informe de 113 páginas, quitaron todo el misterio a los ataques a ganado, al recordar que en las zonas rurales afectadas había muchos perros abandonados.

Veraneo en Euskadi
Pero eso no impidió la expansión del chupacabras, que llegó a España en el verano de 1996, según Bruno Cardeñosa y Javier Sierra, que escribieron sendos artículos sobre ataques del extraño ser registrados en el País Vasco en Año Cero y Más Allá, dos revistas que dan pábulo a todo tipo de disparates. Para que se hagan una idea, la segunda de ellas tuvo durante más de un año como colaborador a un presunto extraterrestre llamado Geenom, que, cual señorita Francis intergaláctica, respondía a las más delirantes consultas de los lectores. Cardeñosa publicó en Año Cero un artículo titulado 'El chupacabras ataca en el País Vasco'. Tres páginas dedicadas a la odisea vasca de un extraño ser que, según el autor, había acabado con "cien ovejas, desangradas a través de un orificio en el cuello". "Las primeras noticias sobre el caso llegaron a la redacción de Año Cero el 21 de agosto", explicaba el ufólogo antes de preguntarse si estábamos ante "un nuevo ataque" del monstruo surgido en lo más profundo de Puerto Rico a principios de 1995 [Cardeñosa, 1996].
Los periodistas esotéricos basaban sus reportajes en dos pilares: la información facilitada por la Policía autónoma vasca y los, para ellos, mucho más fiables testimonios de los afectados. "La Ertzaintza -escribía Cardeñosa- aseguró que, desde el pasado 13 de junio, se habían formalizado cinco denuncias en sus dependencias, confirmando oficialmente la muerte de 16 ovejas y la desaparición de otras 22. Sin embargo, las cifras reales rondan el centenar de reses". Seguidamente, advertía de que "éste no ha sido el único punto oscuro en las investigaciones orquestadas por el Departamento de Interior del Gobierno vasco. El informe que la Ertzaintza ha facilitado a esta revista está plagado de errores y, en algunos aspectos, falta a la verdad". ¿Qué llevaba a Cardeñosa a hacer tan graves acusaciones?

El propio autor desvelaba las causas de su despecho. El parte de la Ertzaintza no sólo hablaba de un número de ovejas muertas muy inferior al centenar, sino que apuntaba la presencia de "cánidos asilvestrados o no controlados", y de dos tipos de heridas en las ovejas, "mordeduras de cánidos en cuello y patas, y heridas punzantes en cuello, según las manifestaciones de los propietarios, ya que al presentar las denuncias los animales ya habían sido comidos por los buitres". El informe oficial añadía, asimismo, que un ganadero había visto "un perro grande y oscuro", y que los veterinarios que habían examinado algunos cuerpos no habían podido precisar las causas de las heridas.
Inquieto y desconfiado, Cardeñosa había viajado hasta Las Encartaciones para hablar con Ricardo Bárcena, uno de los ganaderos afectados. "Desde junio -apuntaba- ya ha perdido a una veintena de ovejas y a una yegua. Una mañana encontró a algunas de sus ovejas muertas y a otras heridas. Según las declaraciones del ganadero, las ovejas «tenían un pinchazo en el cuello, limpio y de unos cinco centímetros de profundidad, sin sangre apenas, pero las había destrozado por dentro»". Y, lo que es particularmente grave, "al contrario de lo que asegura la Ertzaintza, en ninguna de estas muertes se han detectado mordeduras de cánidos. Ni las heridas del cuello -siempre un orificio perfecto y profundo- ni las de las piernas -cortes limpios y superficiales- responden a las características de las producidas por ningún animal". Es decir, que de perros, nada.
Por si fuera poco, el misterioso escenario se completaba con la muerte de una yegua, hecho que el reportero esotérico calificaba de "inquietante". "En su vientre -señalaba- se distinguía un corte limpio, meticuloso y profundo, cuya trayectoria de entrada tenía forma triangular". Que la Policía autónoma hubiera considerado la muerte del caballo "un hecho aislado", un posible accidente, poco importaba al colaborador de Año Cero, que dedicaba la parte final de su reportaje a señalar que el análisis veterinario de uno de los cuerpos no había servido para precisar la causa de las heridas. Sin embargo, él había conseguido hablar con el veterinario que había examinado el cuerpo y descartaba el origen animal de la lesión, que, en su opinión, "tampoco tenía las características de un arma blanca".
"Estas declaraciones eliminaban cualquier atisbo de duda: las autoridades policiales habían mentido", concluía Cardeñosa, que anunciaba que el misterio continuaba. "El 5 de septiembre -decía-, una veintena de ovejas era atacada en la aldea portuguesa de Touloes, cerca de la frontera española por la zona de Beira Baja". Y hasta allí fue, ¡cómo no!, Javier Sierra por encargo de Más Allá, que también le costeó unos días en Las Encartaciones para que escribiera el reportaje de rigor.

La conspiración
Sierra habló con las mismas personas que Cardeñosa y llegó a diferentes conclusiones; aunque también misteriosas. "Según pude comprobar durante mi rastreo a lo largo de la sierra de Las Encartaciones -escenario natural entre Burgos y Vizcaya donde se ha concentrado el mayor número de agresiones-, durante estos meses se han mezclado al menos dos clases bien diferentes de agresiones: las ya tradicionales atribuibles a perros asilvestrados y las muertes con agujeros. En estas últimas -reconocía el enviado especial de la revista dirigida entonces por José Antonio Campoy-, y a diferencia de lo que sucede con el chupacabras caribeño, el agresor no desangra totalmente a sus víctimas" [Sierra, 1996]. Es decir, que la variante vasca del chupacabras no chupaba la sangre. Sierra añadía que un portavoz de la Ertzaintza le había informado que la mayoría de los casos se referían a "mordeduras de perros", que sólo uno de los animales había fallecido por un pinchazo en el cuello y que, en ningún caso, había aparecido el cuerpo seco, sin sangre. Lo más curioso no era esto, sino que este autor asumiera como propias las tesis policiales, las mismas que Cardeñosa tildaba de falsas. ¿A qué se debía?
No dudaba Sierra en su reportaje de que cien ovejas hubieran aparecido muertas en Las Encartaciones, pero llegaba a diferente puerto que su colega. "A diferencia del chupacabras
americano no hay testigos que describan ningún ser bípedo con características extrañas -concluía-, ni sus víctimas han sido desangradas por completo. El único nexo de unión sólido entre el chupacabras americano y el pretendido espécimen ibérico es el método empleado en sus agresiones... que, más que hacernos sospechar de alguna extraña clase de animal, nos obliga a pensar en actividades humanas que se desarrollan al margen de la ley y de la ciencia". Como siempre, este periodista -para quien el invento del transistor se basa en tecnología alienígena de un ovni estrellado en Roswell en 1947- rechazaba una fantasiosa hipótesis para asirse con sensacionalista desesperación a otra aún más rocambolesca.
Nada más leer ambos artículos, recordé haber visto en agosto una noticia acerca de muertes de ovejas en la zona de la que hablaban Cardeñosa y Sierra, así que llamé al delegado del periódico El Correo en Las Encartaciones para preguntarle por los hechos. "Me parece recordar que se dijo que las muertes podían deberse a rencillas entre ganaderos", me advirtió. Tras pedirle una copia de la información publicada en la edición de la comarca, telefoneé al gabinete de prensa del Departamento de Interior para que me dieran su versión de los hechos. El agente de la Ertzaintza que me atendió me prometió que tendría la información solicitada en unos días; pero mis sospechas se empezaron a hacer realidad en cuanto llegó a mis manos una copia de la noticia publicada en el periódico en el que trabajo el 25 de agosto.

El título hablaba de "medio centenar de ataques al ganado", la mitad que los censados por Sierra y Cardeñosa; el subtítulo llamaba la atención sobre un importante detalle: "Los afectados atribuyen las muertes a rencillas con ganaderos de otras provincias" [Domínguez, 1996]. José Antonio Bárcena, hermano del ganadero citado por Cardeñosa en Año Cero, decía haber perdido de mayo a agosto "más de 50 ejemplares", a los que sumaba 30 de su hermano y otras 12 de los demás vecinos. El autor de la información, José Domínguez, no tomaba el testimonio del campesino como palabra de Dios, sino que lo ponía en cuarentena y prefería llevar al titular no las especulaciones numéricas de uno de los afectados, sino los casos denunciados ante la Policía vasca. El afectado, por su parte, estaba convencido de que las muertes de ovejas tenían su origen en "rencillas con los ganaderos de Burgos". "El problema -apuntaba el periodista- radica en la ausencia de límites claros que marquen la frontera entre los pastizales de Burgos, Álava y Vizcaya".
Cosas de perros
Cada vez más seguro de que estaba persiguiendo fantasmas, aproveché un rato libre para rebuscar en la biblioteca, entre los periódicos de la segunda quincena de agosto, la noticia que había alertado a Cardeñosa y Sierra. Cuando di con la información de El Mundo que les había atraído hasta Vizcaya, lo entendí todo: "Cien ovejas aparecen muertas en Vizcaya con un pinchazo en el cuello". Allí estaba la mágica cifra, el número que ambos ufólogos habían dado por bueno, a pesar de que la Ertzaintza tenía constancia de menos de la mitad de casos, entre fallecimientos y desapariciones. "La gran parte de los pinchazos parecen ser de un animal con un solo colmillo, pero lo que está claro es que tiene que estar mandado por alguna persona que actúa por la noche", indicaba Ricardo Bárcena al rotativo madrileño [Zaballa, 1996]. En la información, los afectados achacaban los hechos a un psicópata acompañado de un animal, y se hablaba de que medio centenar de ovejas de José Antonio Bárcena habían "resultado muertas de un pinchazo en el cuello y una de ellas degollada con un cuchillo", y la yegua de su hermano -cuya muerte tanto había inquietado a Cardeñosa- "había aparecido muerta de un hachazo en el vientre".
Lo que parecía evidente, según iba completando el rompecabezas, es que las misteriosas muertes -que no eran cien- estaban causadas tanto por mordeduras de cánidos como por pinchazos en el cuello. ¿En qué proporción? Tuve que esperar al informe policial para saber si los ensacionalistas titulares de Más Allá y Año Cero se correspondían a la realidad. Y ocurrió lo previsible: toda la historia de Cardeñosa y Sierra se fue abajo. No había misterio por ningún lado. Las muertes se debían, en su mayoría, a la acción de perros incontrolados -algunos de los dueños de los canes habían reconocido su responsabilidad-; sólo una había sido causada por un pinchazo en el cuello, y los periodistas esotéricos la habían multiplicado por cien.
Ni Cardeñosa ni Sierra destacaban en sus reportajes el carácter eminentemente rural de la comarca de Las Encartaciones, que linda con Burgos, Cantabria y Alava, y el problema que suponen el lobo y los canes asilvestrados para los ganaderos de la zona. De hecho, a principios de octubre de 1996, el entonces diputado de Agricultura de Vizcaya, Patxi Sierra-Sesumaga anunció un plan especial para acabar con los ataques del lobo a los rebaños en la zona occidental de la provincia y, en el año y medio siguiente, los ataques del lobo en la comarca se cobraron más de una veintena de ovejas, tres carneros y varios potros. De todo esto, obviamente, no se dijo nada ni en Año Cero ni en Más Allá, revistas para las que el único problema de Las Encartaciones era el chupacabras, un ser del que los ganaderos no sabían nada hasta que los expertos de turno llegaron a la zona dispuestos a convertir la muerte de una oveja en un ataque con cien lanudas víctimas y del que nunca después han vuelto a hablar. ¡Pura filfa, vamos!
Sierra iba más allá en su artículo y, basándose en las especulaciones de un tal Ramón Oroz, a quien presenta como investigador -en realidad, se trata de un aficionado a lo paranormal-, extendía los supuestos ataques del chupacabras hasta la localidad navarra de Falces, aunque advertía de que "los casos de muertes por agujero no se han prodigado demasiado en Navarra, donde incluso han surgido testigos que creen haber visto merodear a lobos por sus tierras". Fíjense en la sutileza de la construcción sintáctica: el fenómeno extraordinario en Navarra es el lobo. Una tergiversación más, como puede comprobar cualquiera que esté al corriente de la realidad de la comunidad foral, donde el lobo dista de ser un desconocido. Pero es que, además, en abril de 1997 se constató la existencia de esporádicos ataques de buitres leonados a ganado vivo; un oso diezmó algunos rebaños en el Valle de Roncal durante la primavera de 1998; y los lobos multiplicaron meses después sus ataques a ovejas en la zona de Lerín. Algo que, cuando ocurrió en
el Valle de Arán en 1997, se atribuyó a la osa Giva, reintroducida en el Pirineo por la Generalitat de Cataluña.
Un 'asesino' hispano
Lo que está claro, tras este somero recorrido por la vida y milagros del chupacabras, es que este ser existe en la imaginación popular y en las revistas pseudocientíficas, pero no en la realidad. "El chupacabras -según el veterinario Ramiro Ramírez, director del estudio realizado por la Universidad Autónoma Metropolitana de México- no es más que otro digno producto del pensamiento populachero [Bazán, 1996]. "Desde que apareció la fiebre del chupacabras -apuntó en 1996 el sociólogo Roger Bartra-, los sufridos mexicanos tuvieron otro tema de plática diaria, y luego, cuando se le restó gravedad, lo transformaron en un factor x, un recurso para el albur facilón y el chiste bobo, como representar a Carlos Salinas, que absorbe mucho del descontento popular". En la actualidad, el mito ha remitido en México hasta tal extremo que la mayor parte de la ciudadanía cree que el vampiro extraterrestre es un invento del Gobierno o de Televisa para desviar la atención de los graves problemas del país. Todo esto, obviamente, ha sido sistemáticamente silenciado por las revistas esotéricas españolas, que, sin embargo, importaron el chupacabras en cuanto tuvieron la mínima oportunidad.

Que el salto trasatlántico del chupacabras haya sido uno de tantos engaños urdidos por los espabilados de turno, a partir de hechos más o menos ciertos y más o menos tergiversados, es totalmente compatible con la corta historia de este ser indudablemente hispano. Porque el chupacabras es un monstruo muy singular: actúe en Puerto Rico, México, Estados Unidos o España, sólo ataca a animales de ganaderos hispanos. Curioso, ¿no? Marvette Pérez, conservadora del Museo de Historia Americana de la Institución Smithsoniana, y de origen portorriqueño, no duda de que el chupacabras "parece ser un fenómeno caribeño, especialmente de las islas hispanas. Es parte de nuestro folclore. Es interesante que el chupacabras no se encuentre en las islas angloparlantes, y que sólo migre a lugares donde la población hable español" [Friedman, 1996].
Sus preferencias idiomáticas. Ése es el verdadero atractivo de este ser de leyenda nacido en Puerto Rico y cuya expansión hay que atribuir a la superstición campesina, los intereses políticos por desviar la atención de asuntos realmente graves, los lucrativos de los negociantes de lo oculto e Internet. Por primera vez, nos encontramos con un monstruo hispanoparlante, aunque, paradójicamente, no haya entrado todavía en el diccionario de la Real Academia Española.
El chupacabras, no obstante, no es el primer ser que surge en lo más profundo de Puerto Rico, sino que es el último -y el más famoso gracias a Internet- eslabón de una ya larga dinastía, que comenzó con el vampiro de Moca, que en los años 70 hizo de las suyas en el extremo oriental de la isla. Años después, el abuelo del chupacabras -al que el pueblo bautizó como comecogollos- se dedicó a devorar y dejar totalmente agostados los plataneros, mientras que su hijo -comepanties, lo llamaron- fue conocido como un insaciable consumidor de las medias que las mujeres ponían a secar en los colgadores. Con el chupacabras ya en la España de la posmodernidad, sólo nos queda una esperanza, que la especie continúe su evolución hasta el chupacaraduras y se extienda rápidamente por todo el mundo hispano.
Referencias
Bazán, Mercedes G. [1996]: 'La fiebre del chupacabras'. El Correo (Bilbao), 8 de septiembre.
Cardeñosa, Bruno [1996]: 'El chupacabras ataca en el País Vasco'. Año Cero (Madrid), Nº 75 (octubre), 40-42.
Carroll, Robert Todd [Fecha desconocida]: 'Chupacabra'. En Carroll, Robert Todd: The skeptic's dictionary.
Domínguez, José [1996]: 'La Ertzaintza investiga medio centenar de ataques al ganado en Las Encartaciones'. El Correo (Bilbao), 25 de agosto.
Friedman, Robert [1996]: 'The chupacabra becomes a recurring legend'. The San Juan Star (San Juan), 6 de mayo.
Matos, Claudio [1995]: 'Descartan seres extraños sean autores muerte de ganado'. Efe (Puerto Rico), 31 de marzo.
Sierra, Javier [1996]: '¿Ha llegado el chupacabras a la Península Ibérica?'. Más Allá (Madrid), Nº 92 (octubre), 50-56.
Zaballa, Carlos [1996]: 'Cien ovejas aparecen muertas en Vizcaya con un pinchazo en el cuello'. El Mundo (Madrid), 21 de agosto.
Texto de la charla ofrecida en noviembre de 1998 en el Instituto de América de Santa Fe (Granada), dentro del ciclo La America irracional.
10 Ene 2007
03 Dic 2006
"A muchos científicos les cuesta aceptar que en aquellos tiempos hubiera hombres capaces de calcular todos estos movimientos (se refiere a los del Sol, la Luna, los planetas...). Sin embargo, el enigma de Antiquitera les deja en evidencia. Por ello, aún no se han enfrentado en condiciones al reto que plantea", escribía hace tres años. Y añadía: "La máquina de Antiquitera es un ejemplo perfecto que viene a quebrar una verdad impuesta: hace 2.000 años no existía la tecnología para confeccionarlo y aún no se habían alcanzado los conocimientos que se derivan de su perfección a la hora de calcular movimientos de astros. Pero la historia -menos la que se impone a golpe de verdad científica- no siempre sabe de lógica". ¿Es cierta esa conspiración contra el ingenio de los griegos a la que apunta Cardeñosa?, ¿quiénes están detrás?
El autor de 100 enigmas del mundo no identifica a quienes desde la ortodoxia han tratado, a su juicio, de imponer la idea de que los griegos no pudieron fabricar la máquina de Antiquitera. A mí, sólo me vienen a la mente nombres como el de Erich von Däniken, que de científico no tiene nada y que atribuye a extraterrestres casi todo lo que se cruza en su camino. Al contrario de lo que sostiene Cardeñosa, una rápida búsqueda bibliográfica demuestra que la ciencia oficial siempre ha considerado el mecanismo un producto del saber de los antiguos griegos, si bien sólo la tecnología de exploración no destructiva del siglo XXI ha revelado finalmente para qué se usaba.
La ciencia y la máquina
Para cuando Von Däniken dijo en 1973, en El mensaje de los dioses, que el aparato fue un regalo de "benévolos astronautas" a nuestros antepasados, la ciencia llevaba décadas estudiando los restos de Antiquitera como los de un mecanismo sorprendente. El descubrimiento del aparato, entre los restos de un barco romano naufragado, fue obra en 1902 del arqueólogo Valerios Stais, entonces director del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Algunos expertos dijeron pronto que se trataba de una especie de astrolabio; otros rechazaron esa posibilidad.
Quien empezó a revelar su auténtica naturaleza fue el físico e historiador de la ciencia Derek J. de Solla Price, quien publicó en la revista Scientific American en junio de 1959 un artículo en el que presentaba la máquina como algo único, como una calculadora astronómica de la Antigüedad. El novelista y divulgador científico Arthur C. Clarke recuerda, en Arthur C. Clarke's mysterious world, que fue él quien puso en contacto a finales de los años 50 del siglo pasado a De Solla Price con Dennis Flanagan, entonces director de Scientific American. "Durante años, acosé al doctor Price para que completara su investigación, que fue finalmente publicada en 1974 ("Gears from the Greeks", en las Transactions of the American Philosophical Society)", escribe el autor de 2001: una odisea espacial. Poco antes, Von Däniken convirtió el aparato en un enigma alienígena en Recuerdos del futuro y recibió la consiguiente respuesta de la ciencia oficial.
"La importancia de la computadora de Antiquitera estriba en que arroja luz sobre los conocimientos mecánicos y astronómicos, y las habilidades, de los griegos", escribía Phillip Grouse, profesor de Informática en la Universidad del Nueva Gales del Sur (Australia), en 1972 en la obra colectiva Some trust in chariots. Sixteen views on Erich von Däniken's 'Chariots of the gods?'. Todavía no había obtenido De Solla Price las primeras imágenes de rayos X y rayos gamma de los restos. La ola danikeniana que llenó de alienígenas el pasado en los años 70 se plasmó en varios libros de científicos y divulgadores que respondían a las tonterías escritas por el hostelero suizo. Ronald D. Story recordaba en 1980, en Guardians of the Universe, que Von Däniken citaba en su primera obra la máquina de Antiquitera "como si fuera un artefacto extraterrestre". "Por supuesto -indicaba Story- fue un soberbio logro de los antiguos griegos, pero está muy lejos de lo que sería razonablemente esperado de una especie de viajeros interplanetarios". Cuatro años después, William Stiebing, historiador de la Universidad de Nueva Orleans, dedicaba un breve -pero concluyente- comentario al aparato en su libro Astronautas de la antigüedad. Colisiones cósmicas y otras teorías populares sobre el pasado del hombre:
Crononautas y misterios inexistentes
No ha habido, por tanto, ninguna conspiración por parte de los científicos, que siempre han considerado la máquina de Antiquitera un resto de época helenística. Tiene tanto fundamento lo que Cardeñosa dice sobre esta pieza como lo que afirma respecto a las presuntas huellas humanas junto a huellas de dinosaurio en el lecho río Paluxy (Texas, EE UU), historia en la que afirma, en 100 enigmas del mundo, que los paleontólogos han pecado de ser "unos cabeza cuadrada". "Sólo se me ocurre pensar -dice- que, o bien existió una Humanidad anterior a la nuestra que convivió con los grandes saurios, o bien los primeros homínidos aparecieron mucho antes de lo que se cree o, puestos a aventurarnos, que un hombre del futuro viajó cuan crononauta a un tiempo pasado y pisó donde no debía hacerlo. Qué quieren que les diga... Desconozco qué respuesta es la válida". No hace falta que confiese su ignorancia.
La verdad es que no hay huellas humanas junto a otras de dinosaurios. Los paleontólogos demostraron hace mucho que los pies humanos del río Paluxy son en realidad la parte del talón del pie de un dinosaurio, como ya explicamos en Magonia hace tres años. Pero, bueno, qué se va a esperar de un experto que dice que contra el Pentágono no se estrelló ningún avión, que es capaz de ver un fantasma en donde hay una figura de cartón en la película Tres hombres y un bebé (1987), y que sostiene -en su libro El código secreto (2001)- que el Yeti y sus parientes son neandertales, Homo erectus, Australopithecus y Gigantopithecus que han sobrevivido hasta la actualidad. Al lado de esos hallazgos, sacarse de la manga una conspiración científica inexistente en el caso de la máquina de Antiquitera no parece gran cosa. ¡Es una brunada más!
Para saber más:
Stiebing, William H. [1984]: Astronautas de la antigüedad. Colisiones cósmicas y otras teorías populares sobre el pasado del hombre [Ancient astronauts, cosmic collisions and other popular theories about man's past]. Trad. de Alberto Coscarelli. Tikal Ediciones (Col. "Eleusis"). Gerona 1994. 198 páginas.
Story, Ronald D. [1980]: Guardians of the Universe? Book Club Associates. Londres. 207 páginas.
Thiering, Barry; y Castle, Edgar (Ed.) [1972]: Some trust in chariots. Sixteen views on Erich von Däniken's 'Chariots of the gods?'. Popular Library. Toronto. 128 páginas.
Welfare, Simon; y Fairley, John [1980]: Arthur C. Clarke's mysterious world. Prologado por Arthur C. Clarke. Collins. Londres. 217 páginas.
01 Oct 2006
La Justicia se pronunció el 11 de septiembre sobre la demanda del parapsicólogo Pedro Amorós contra el periodista Javier Cavanilles y el diario El Mundo, negó la razón al primero y le condenó a pagar las costas del juicio, que sumarían más de 14.000 euros. El parapsicólogo reclamaba a Cavanilles una indemnización de 60.000 euros por los reportajes publicados en el periódico madrileño acerca de las famosas caras de Bélmez, y había pedido además medidas cautelares: que, por protección a su honor, su intimidad y su imagen, se prohibiera al periodista y al diario publicar informaciones sobre él y su participación en el caso de Bélmez hasta que hubiera sentencia firme. Un auto desestimó las medidas cautelares en marzo y ahora la sentencia da la razón al periodista. Todo mortal con dos dedos de frente consideraría que el parapsicólogo ha sufrido una derrota judicial en toda regla. Sin embargo, para el divulgador pseudocientífico Bruno Cardeñosa, no es así. "Se trata además de una resolución judicial que significa el triunfo final de Amorós", ha escrito en la lista de correo Mundo Misterioso. Con retraso por motivos ajenos a mi voluntad -la sentencia se hizo pública cuando me encontraba a 7.000 kilómetros de España y sin posibilidades de conexión a Internet-, creo que merece la pena hacer una reflexión sobre lo que este texto supone. (Para quien quiera un análisis profesional, recomiendo el hecho por el abogado Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico y buen conocedor del montaje de Bélmez.)
El juicio ahora resuelto tiene su origen en una serie de reportajes publicados por Javier Cavanilles en El Mundo a raíz de la oportuna aparición de nuevas caras en Bélmez de La Moraleda (Jaén) en 2004, poco después de la muerte de María Gómez Cámara, la propietaria de la casa en la que se había iniciado el presunto fenómeno paranormal en 1971. Cavanilles sostenía en sus textos que las nuevas caras habían sido hechas por el Ayuntamiento y unos cazafantasmas, que el currículo de Pedro Amorós es más falso que una moneda de tres euros y que la entidad que decía presidir -la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP)- no existía legalmente. "Hasta ahora, el Consistorio estaba interesado en comprar el hogar en el que vivió Gómez Cámara y donde aparecieron originariamente las (y los) caras de Bélmez, pero el precio era prohibitivo: 600.000 euros (100 millones de las antiguas pesetas). Así, Amorós y varios miembros de la SEIP crearon y dieron autencidad a las nuevas teleplastias descubiertas por la sobrina de la difunta en un lugar cuya adquisición resultaba mucho más barata: 84.000 euros, según aseguró a El Mundo Amorós. El engaño cuenta con la colaboración entusiasta del Consistorio, que no ha querido renunciar a lo que quiere que se convierta en su principal fuente de ingresos del lugar: el turismo", escribía el periodista hace dos años.
Una asociación inexistente
La sentencia confirma que la SEIP no existía hasta hace unos meses. "De la valoración conjunta de la prueba practicada resulta que la SEIP, al tiempo de la presentación de la demanda objeto de estos autos, carecía de existencia legal. Es significativa la prueba aportada el pasado 2 de junio de 2006, con carácter previo a la celebración del juicio ordinario, consistente en un certificado de fecha 22 de mayo del año en curso emitido por el Ministerio del Interior, donde consta que dicha asociación ha sido inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones en fecha 21 de abril de 2006, fecha posterior a las publicaciones a las que se refieren los presentes autos, y curiosamente posterior a la fecha de presentación de la demanda. Todos estos indicios nos llevan necesariamente a concluir que la información vertida en su día por el periodista hoy demandado NO ES INVERAZ [en mayúsculas, en el original]". Eso, a no ser -claro- que admitamos el absurdo de que una asociación existe legalmente, aunque no esté escrita en el registro correspondiente.
La resolución judicial destaca que la organización inexistente presidida por Amorós comercializaba en su web unos cursos y titulaciones que, "tal y como debidamente contrastó el periodista, con la diligencia que le era exigible, ni están reconocidas por el Ministerio de Educación ni tampoco se imparten en universidades, no siendo cierta la afirmación efectuada por el hoy demandante de interés demostrado por la Universidad de Cambridge para convalidarlos. El demandante declaró que esos cursos dejaron de impartirse debido a los pocos alumnos con los que contaban, aunque lo cierto es que en la actualidad aparecen contenidos en la página web del demandante, donde se recoge el temario, evaluaciones, así como el correspondiente boletín de inscripción con las cuotas a pagar de dichos cursos". La juez concluye, en este apartado, que "es veraz la noticia vertida al respecto [por Javier Cavanilles en El Mundo], ya que dichos títulos han resultado carecer de cobertura legal y el interés público justificaba la emisión de dichas noticias, en las que su emisor cumplió sobrada y diligentemente su deber de contraste". Éste es uno de los dos puntos clave de una sentencia que, para Cardeñosa, "significa el triunfo final de Amorós". Es lo que tiene que las cosas de uno no sean de este mundo y que sólo esté en la realidad de visita.
La juez, como es lógico, no se pronuncia sobre la falsedad o autenticidad de las caras de Bélmez, pero destaca que lo apuntado por Cavanilles en sus reportajes no vulnera el derecho al honor del parapsicólogo: "Ni el demandante es en modo alguno el legitimado para ejercitar la defensa absoluta de un fenómeno discutido, ni el demandado puede ser acallado en su deber de información, máxime en una materia tan sensible como la que nos ocupa, frente a la cual la sociedad es vulnerable y susceptible de ser engañada". Para la titular del Juzgado de Primera Instancia número 3 de San Vicente del Raspeig (Alicante), "de todos los indicios que rodean el fenómeno de las caras de Bélmez, debidamente contrastados y acreditados (la muerte de la dueña de la casa, las conversaciones con el Ayuntamiento de Bélmez para hacerse cargo de la casa y comercializar el fenómeno con el fin de fomentar el turismo en la zona, la negativa de los hijos de la dueña a vender la casa, etc.), era fácil extraer las conclusiones que efectuó el periodista hoy demandado, que serán las correctas o no, pero en cualquier caso constituyen una posibilidad que no comporta vulneración ninguna al derecho al honor". Tras lo cual, absuelve a los demandados "de las pretensiones en su contra con toda suerte de pronunciamientos favorables, y todo ello con expresa imposición de las costas del presente procedimiento a la parte actora [Pedro Amorós], de conformidad con lo dispuesto en el Fundamento de Derecho Séptimo de la presente resolución que se da aquí por reproducido". Para Cardeñosa, estamos ante "el triunfo final de Amorós".
Ataques a la juez
Bruno Cardeñosa es uno de esos periodistas que han hecho fortuna con la venta de misterios prefabricados. Ante la proliferación de reporteros de lo paranormal, en los últimos años él ha dejado un tanto de lado su tradicional inclinación por la ufología para centrarse en la explotación de todo tipo de conspiraciones, haciendo especial énfasis en las vinculadas con los atentados terroristas del 11-S y del 11-M. Cardeñosa mantiene, por ejemplo, que contra el Pentágono no se estrelló en septiembre de 2001 ningún avión de pasajeros. Pero no ha abandonado del todo el mercadeo de supersticiones, como demuestra el hecho de que, en un programa de Antena 3 TV, defendió la presencia de un fantasma en una secuencia de la película Tres hombres y un bebé (1987), una vieja leyenda urbana que él vende como hecho real, y mantiene que "el enigma del triángulo de las Bermudas está vivo, diría que más vivo que nunca. Todas las explicaciones que han propuesto algunos escépticos se han demostrado como vulgares cuando no sencillamente estúpidas". Lo cierto es que de casta le viene al galgo. Hace más de tres lustros, Cardeñosa se basó en los desvaríos de Licerio Moreno, astrólogo y líder de la Asociación Adonai para la Fraternidad Cósmica, para apuntar la posibilidad de que los ovnis del 2 de febrero de 1988 -en realidad, un bólido que cruzó la Península- fueran una señal de la Segunda Venida de Jesús.
La de profeta es una faceta para la que este periodista está tan cualificado como para la de analista de sentencias judiciales. Lo ha demostrado con el caso del juicio de Bélmez, en el que desde el principio se alineó con Amorós. "Voy a jugar a ser profeta -decía en noviembre de 2004-: el Cavanilles va a financiar durante años la investigación de la SEIP". Y añadía un mes después que la "parapsicología está de enhorabuena" porque iba a tener en Cavanilles a una fuente de dinero vía indemnización judicial y "que todo esto va a suponer el final como asociación de ARP. Sin lugar a dudas, no tendrán otro remedio más que disolver la asociación para no hacer frente a la que se les vendrá encima". Por de pronto, la Justicia ha condenado a Amorós a pagar las costas del juicio, aunque ahora tiene en sus manos presentar un recurso que, muy posiblemente, sólo se traduzca en que tenga que desembolsar más dinero. ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico ha sido, junto al Círculo Escéptico, una de las entidades cuyos socios han denunciado el fraude y que no están implicadas directamente en este juicio, aunque algunos pretendan lo contrario. No me cabe duda de que es su rigor y profesionalidad la que le ha llevado a Cardeñosa a convertirse en uno de los colaboradores fijos del magacín Channel nº 4, programa de Cuatro, cadena de televisión cuya imagen está ligada a la de su colega Iker Jiménez, quien está convencido de que "las caras de Bélmez son auténticas".
¿A qué achaca Cardeñosa la sentencia condenatoria del juicio de Bélmez? Pues a una de sus conspiraciones, como no podía ser menos. Para él, "la jueza deberá explicarse en su negación de los derechos democráticos". "El proceso sigue, la sentencia es provisional como dice la propia sentencia y se trata además de una resolución judicial que significa el triunfo final de Amorós, que será en segunda instancia, como se esperaba y como por otra parte siempre hacen los jueces en casos de derechos del honor. Pero en este caso, la cosa es incluso más curiosa porque parece que la jueza ha puesto las cosas muy claras para que el recurso sea coser y cantar en el Tribunal Supremo, porque para justificar que no quiere meterse en líos y esquivar situaciones que no deseaba, ha dicho directamente que como el tema Bélmez es polémico entonces es lícito insultar".
Para empezar, como apunta Fernado L. Frías -no se pierdan su examen de los disparates jurídicos del misteriólogo-, el recurso no se presentará ante el Supremo, sino ante la Audiencia Provincial de Alicante. Además, en opinión de Cardeñosa, "afortunadamente, el Tribunal Supremo no se dejará intimidar". Frías lo tiene claro: de estas frases se deduce que la juez se ha dejado intimidar, entre otras "acusaciones todas ellas gravísimas y que incluso podrían llevar a Cardeñosa a aprender por fin, y de primera mano, los entresijos de un procedimiento judicial. que en este caso sí que sería penal". Pase lo que pase, habrá que esperar. Lo primero será ver si el parapsicólogo recurre y se arriesga a perder más dinero. Aunque, ¿para qué hacerlo?, ¿es que esta resolución judicial acaso no "significa el triunfo final de Amorós", como argumenta Cardeñosa? A mí, me parece que estos dos vendedores de misterios han perdido un juicio por el que apostaron muy fuerte, aunque sólo el primero vaya a pagar las consecuencias de una aventura a la que el segundo le animó desde la comodidad de la barrera.
A estas alturas, quizás a alguien le quede la duda de qué ha pasado con el acuerdo que tomó en un pleno, el 4 de enero de 2005, el Ayuntamiento de Bélmez de emprender acciones judiciales contra Cavanilles por "acusar públicamente al Ayuntamiento de encubrir una trama fraudulenta en torno al fenómeno paranormal de las caras de Bélmez". A mí, no. Las amenazas de la alcaldesa, María Rodríguez, se han desvanecido, al igual que antes lo hicieron las querellas anunciadas por Amorós contra el escritor Mauricio-José Schwarz, miembro del Círculo Escéptico que descubrió que, en contra de lo que dice el parapsicólogo, que no es ni ha sido nunca miembro del Instituto SETI, ni ha colaborado con la BBC, ni la CNN sabe nada de él.
31 Mar 2006
Aunque el caso no se dirimirá judicialmente hasta abril, ya hay auto sobre las medidas cautelares. El Juzgado de Primera Instancia Número 3 de San Vicente del Raspeig (Alicante) las ha rechazado
29 Mar 2006
"El sida es para los jóvenes de hoy un gran desconocido", me decía hace unos días Fermín Apezteguia, compañero de El Correo -compartimos mesa desde hace un lustro- y autor de Ahora que te tengo, un libro sobre la historia de la enfermedad en nuestro país que ha editado la Fundación Wellcome España. Se trata de un gran reportaje en el que Fermín nos acerca a la pandemia a través de los ojos de 65 afectados, familiares, médicos e investigadores, y en el que conjuga perfectamente las historias humanas con la información científica. El libro fue el lunes elogiado en Bilbao por la secretaria del Plan Nacional sobre el Sida, Lourdes Chamorro, y el consejero de Sanidad del Gobierno vasco, Gabriel Inclán, quienes destacaron su rigor científico y alabaron, al mismo tiempo, su "claridad" y "cercanía" a los protagonistas de la ya larga historia del sida. Inclán y Ángel Arnedo, director de El Correo, hicieron hincapié, además, en el papel desempeñado por los medios de comunicación a la hora de hacer frente a la pandemia. "Los medios han luchado contra el sida de una forma directa", sentenció el consejero.
Ahora que te tengo recuerda un pasado reciente en el que ser seropositivo era estar condenado a muerte, refleja un presente en el que el virus del sida provoca ya en Occidente sólo una enfermedad crónica y mira hacia el futuro con optimismo. "¿Hay motivos para la esperanza?", le preguntaba a Fermín en su casa. "Hay muchísimos motivos para la esperanza -me respondía-. El sida es la enfermedad que en menos tiempo ha contado con más recursos terapéuticos. Los profesionales de la salud han visto cómo nace una enfermedad, cómo se desarrolla, cómo se convierte en una amenaza mundial y, en sólo quince años, cómo pasa a ser una dolencia crónica". Fermín, como otros periodistas que cubren en España la información de salud, se indigna ante las promesas de curanderos y charlatanes, así como cuando la Iglesia católica predica falsedades sobre el sida. "Creo que la Iglesia ha contribuido a la expansión del VIH", me decía durante la entrevista antes de añadir que hay que pedir a esa institución que "deje de transmitir ideas falsas, como que la abstinencia sexual previene el sida, que el virus se cuela por los poros de los preservativos...".
Mentiras peligrosas
La divulgación de falsedades sobre el sida ha sido un buen negocio para publicaciones como Más Allá, que durante unos años abanderó en España el movimiento de los autodenominados disidentes del sida, individuos que sostienen que no es el VIH el causante de la enfermedad. Esa revista esotérica fue la portavoz de ese movimiento cuando la dirigía José Antonio Campoy, autor de un libro de conversaciones con un extraterrestre y al frente hoy de Discovery Salud, publicación mensual que respalda todo tipo de tonterías en el ámbito médico. El mal que pueden hacer los disidentes del sida y sus seguidores está claro: extender la creencia de que el VIH no está en el origen del sida implica animar a la gente a relajar las medidas de protección que tan eficaces han sido a la hora de poner freno a la pandemia. ¿Por qué usar condones para evitar la transmisión sexual del VIH si éste no está detrás del sida?, ¿para qué buscar el virus en la sangre a transfundir?, ¿para qué...? Creía que esta disidencia era algo del pasado, propio hoy de grupos marginales; pero hete aquí que no. Leyendo El día de mañana, libro recién publicado del periodista Bruno Cardeñosa, me he encontrado con un capítulo dedicado al sida en el que el autor intenta sembrar dudas sobre la versión oficial, como ya hizo sobre la de la evolución de los homínidos y el 11-M. Es decir, desde la ignorancia y la desvergüenza.
"¿Por qué no se plantean qué es el sida realmente? Si acudimos a las fuentes médicas y oficiales, el virus VIH es el detonante de la enfermedad. ¿y cómo se determina que en realidad alguien es portador del mortal bichito? Pues realmente no hay una forma efectiva de afrontar la incógnita, porque para la OMS son una serie de factores externos ("pérdida de peso corporal de más del 10 por ciento, diarreas, fiebres, hongos laringáricos, prurito, herpes, etc.") que si se dan en conjunto en una persona son sintomáticos del sida. En realidad, la famosa prueba del sida no hace más que medir si existen dichas enfermedades en conjunto porque, hasta el momento, en revistas científicas como el Journal of Virology nadie ha presentado las fotografías necesarias en el modo que se hace con todos los otros virus. Incluso existen agrupaciones críticas y disidentes que ofrecen una poderosa recompensa a quien atrape las pruebas gráficas necesarias del VIH. Nadie lo ha hecho aún; el premio está desierto", escribe Cardeñosa en El día de mañana.
Este párrafo es un disparate, se mire por donde se mire. Para empezar, el autor confunde portar el "mortal bichito" con estar enfermo de sida. Ser seropositivo -haber sido infectado por el VIH- no es lo mismo que sufrir el sida. De hecho, pueden pasar años desde que uno resulta contagiado hasta que padece la enfermedad y cabe la posibilidad de que ésta nunca se declare si el paciente vive en un país desarrollado y toma la medicación prescrita por los médicos, no por los disidentes ni otros charlatanes. La prueba del sida - como se la conoce popularmente- no mide, como dice Cardeñosa, si existe algún tipo de enfermedad, sino si el VIH está o no en el cuerpo del paciente. Si la prueba detecta el virus, el paciente es seropositivo y podría llegar a desarrollar el sida; si no, no tiene que preocuparse, en lo que esta enfermedad se refiere. Cardeñosa no conoce ninguna foto del VIH porque ni se ha molestado en buscarla en Google: el virus del sida se fotografió por primera vez en 1985 y existen muchas imágenes de él. Claro que el periodismo responsable está en las antípodas de lo que practican este ufólogo reconvertido en conspiranoico y sus colegas. Sólo una cosa diferencia a individuos como Cardeñosa del espiritista que anuncia que va a contactar con John Lennon o de Levon Kennedy diciendo tonterías en El castillo de las mentes prodigiosas, que los primeros son mucho más peligrosos.
Las insensateces sobre el sida que alimenta el autor de El día de mañana y antes han propalado otros vendedores de misterios pueden llevar a mucha gente a bajar la guardia ante el virus por creerse la patraña de que el sida no está causado por el VIH. A ver, entonces, ¿qué lo causa?, ¿dónde están los artículos científicos que demuestran que miles de investigadores de todo el mundo están confundidos, que lo que ven en el laboratorio es mentira?, ¿cómo explican Cardeñosa y sus amigos que el VIH no cause el sida y que los fármacos diseñados para frenar el virus impidan, sin embargo, que se desate la enfermedad?
19 Mar 2006
El misterio del triángulo de las Bermudas se ha reanimado esta semana con el estreno en Canal Plus de The triangle, una teleserie ideada por Bryan Singer, el director de X Men, y Dean Devlin, coproductor de Stargate e Independence Day. The triangle es un producto bien hecho y divertido, aunque, para los aficionados a la ciencia ficción, la explicación al enigma elegida por los guionistas resulte obvia casi desde el principio.
El punto de partida de la historia concebida por Singer y Devlin es un clásico paranormal contemporáneo: que en aguas del Atlántico -en la región delimitada por Puerto Rico, Florida y Bermudas- se han esfumado cientos de barcos y aviones misteriosamente. Hay en la serie referencias a las desapariciones del Cyclops y del famoso Vuelo 19, enigmáticas sólo en la mente de Charles Berlitz y compañía, porque el bibliotecario Lawrence David Kusche hace tiempo que las explicó en sus obras El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado (1975) y The disappearance of Flight 19 (1980). En el segundo libro, demostró que fue un cúmulo de infortunios lo que llevó a la muerte, el 5 de diciembre de 1945, a la tripulación de una patrulla de aviones torpederos mientras volaba sobre el mar para adiestrarse en la orientación sin instrumental ni referencias.
"Es ficción", dirán algunos sobre The triangle. Tendrán razón; pero no está de más recordar que lo que se presenta en la serie como verdad histórica no lo es, que la leyenda del triángulo de las Bermudas es un invento y que lo que sostiene, por ejemplo, Iker Jiménez en la revista de Digital + es, simple y llanamente, mentira. Recuerda el director de Cuarto milenio en la guía mensual de la plataforma de televisión de pago que el mito alcanzó su clímax con la publicación de El triángulo de las Bermudas, obra que dice que Charles Berlitz escribió en 1975, algo prodigioso porque el libro se publicó en 1974. "Ahí comienza todo, con una recopilación de las desapariciones, hundimientos y, sobre todo, la falta de datos en torno a aviones y barcos que se habían esfumado sin dejar rastro", dice.
Lo que no cuenta Jiménez es que, un año después de ponerse a la venta el libro de Berlitz, Kusche -entonces bibliotecario de la Universidad de Arizona- dio carpetazo al asunto. El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado es un catálogo de las trapacerías de Berlitz, que incluyen barcos inventados -como el inexistente Stavenger al que hace desaparecer en 1931-, otros cuyo naufragio situó cerca las Bermudas cuando sucedió en el Pacífico -como el Freya en 1902- o en el Atlántico Norte -como el Raifuku Maru en 1925-, navíos que en realidad fueron hundidos en acciones de guerra -como el Proteus y el Nereus en 1941-, algunos víctimas de tormentas -como el Cotopaxi en 1925 y el Sandra en 1950-...
"La leyenda del triángulo de las Bermudas es un misterio manufacturado. Empezó a causa de una investigación descuidada y fue elaborada y perpetuada por escritores que, consciente o inconscientemente, se sirvieron de errores, razonamientos incorrectos o simple sensacionalismo. Y tantas veces se repitió el relato que éste empezó a ser envuelto por un aura de verdad", concluyó Kusche en una obra cuya vigencia es la misma que hace más de tres decenios. Jiménez, sin embargo, no les dice nada esto a los lectores de la revista de Digital +. Sería desmontar un enigma y eso no es propio de quien vive desde hace años de explotar misterios inexistentes. Por eso, el director de Cuarto milenio sentencia que "la falta de respuesta hundió al propio tema (se refiere al enigma del triángulo de las Bermudas). Pero, sin embargo, hay que reconocer que nadie pudo poner en claro lo que sucedió realmente. Descubrirlo, tanto tiempo después, sigue siendo el gran desafío".
En la misma onda, está su colega Bruno Cardeñosa, ufólogo reconvertido a conspiranoico después de los atentados del 11-S. Este periodista es autor de una antología del disparate paleoantropológico, titulada El código secreto (2001), en la que sostiene que "los mecanismos primigenios que dieron origen a la vida estuvieron regidos por unas leyes ajenas a la evolución" y "aquellas primitivas formas de vida tenían en su soporte interno algo parecido a una orden: evolucionar hacia formas más complejas. Disponían, en suma, de un código secreto que señala que el objetivo último de la evolución es el Homo sapiens". Puro diseño inteligente, vamos. Cardeñosa es capaz de ver un fantasma en donde hay una figura de cartón en la película Tres hombres y un bebé (1987) y mantiene que "el enigma del triángulo de las Bermudas está vivo, diría que más vivo que nunca. Todas las explicaciones que han propuesto algunos escépticos se han demostrado como vulgares cuando no sencillamente estúpidas". No es que desconozca el libro de Kusche, es que, sencillamente, tampoco está por la labor de matar la gallina de los huevos de oro en un negocio de lo paranormal en el que el prestigio se labra a golpe de tontería.
Descubrir lo que no pasa ni ha pasado nunca en esa zona del Atlántico es tan difícil -diga lo que digan los misteriólogos- como abrir el libro de Kusche y pararse a pensar unos minutos en que la región maldita registra un gran tráfico aéreo y marítimo. ¿De la desaparición de cuántos aviones de línea, de los cientos que vuelan sobre el triángulo de las Bermudas a diario, tiene usted, lector, un recuerdo directo? Quizá de ninguno, a pesar de la gran atención que prestan los medios a los accidentes aéreos y naufragios. Ése es el auténtico misterio, cómo mucha gente bien informada que nunca ha tenido noticia por la prensa, la radio y la televisión de algo terrible ocurrido en esa región es, sin embargo, seducida por las patrañas del charlatán de turno.
A mí me encantaría navegar por el triángulo de las Bermudas. Si pudiera, lo haría este próximo verano en un minicrucero programado por James Randi, el ilusionista que desenmascaró a Uri Geller. El mago emitirá a cada participante en el viaje turístico un certificado en el que quedará constancia de que el intrépido viajero ha atravesado el triángulo de las Bermudas y no le ha pasado nada. Es lo que hacen cada día miles de personas; lo que ocurre es que no son conscientes de ello. Recuérdelo la próxima vez que le inviten a subirse a la nave del misterio.
Sobre este blog
magonia
Luis Alfonso Gámez
Una ventana crítica al mundo del misterio
Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com
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