19 Sep 2007
Ronda Magazine, la publicación de Iberia para sus clientes, tiene una sección dedicada al horóscopo. Supongo que existe desde hace mucho tiempo, pero nunca me había fijado en ella -siempre llevo algo interesante que leer- hasta que hoy, de vuelta de vacaciones, no pegaba ojo en el avión y me he puesto a hojear la revista para ver si había suerte y dormía un poco. Así me he dado de bruces con una sección astrológica firmada por Karin Silveyra y protagonizada en septiembre por la actriz Salma Hayek, de la que se dicen las obviedades de rigor. Resulta vergonzoso que una empresa totalmente dependiente de la tecnología se preste a este tipo de compadreos con la anticiencia, con la ignorancia, con la superstición. Alguien debería hacérselo mirar en la compañía que preside Fernando Conte porque otorgar a la astrología un mínimo de crédito, que es lo que hacen dándole publicidad de este modo, es lo mismo que confiar la seguridad de los aviones en la bendición eclesiástica de turno, en vez de en mecánicos, pilotos y controladores aéreos.31 Ago 2007
Cualquier cosa tiene cabida en Año Cero, la revista esotérica de Enrique de Vicente. Así, en el número de agosto, Miguel Seguí da una exclusiva astronómica: 'No pertenecemos a la Vía Láctea'. Cuando la leí, no me lo podía creer. No que la Tierra no forme parte de la Vía Láctea, sino que la tontería se siguiera publicando un mes después de haber sido desmentida por los implicados. Porque se trata de una muestra más de periodismo de imbestigación, como el ya famoso caso del astronauta fantasma de Iker Jiménez y el fantasma de Tres solteros y un biberón de Bruno Cardeñosa.
La noticia apareció en ViewZone, una revista digital sobre lo paranormal, a finales de junio. Citaba los resultados de una investigación publicada en la prestigiosa Astrophysical Journal por Michael Skrutskie y Steven Majewski, astrónomos de la Universidad de Virginia, en colaboración con colegas de Massachusetts. El autor indicaba que los científicos habían llegado a la conclusión de que el Sistema Solar no formaba parte originariamente de la Vía Láctea, sino que nació en otra, la galaxia enana de Sagitario, que está siendo devorada por la nuestra. La historia se publicó tal cual en El Universal mexicano y otros diarios, y fue inmediatamente desmentida por uno de los astrónomos: Majewski advierte desde entonces en su web a los potenciales lectores que no crean todo lo que leen y les anima a aclarar sus dudas en el artículo publicado por Philip Plait en Bad Astronomy el 27 de junio.
"Somos nativos de la Vía Lactea", sentencia una y otra vez en su texto Plait. Seguí, sin embargo, intenta convencer a sus lectores de lo contrario, vendiéndoles la moto de un artículo científico y unas declaraciones inexistentes. Y no vale decir que los responsables de Año Cero supieron del desmentido cuando la revista ya estaba en máquinas porque en el
mismo número dan cuenta de los últimos hallazgos sobre el disco de Nebra, hechos públicos el 26 de junio en Antiquity. Claro que tampoco Enrique de Vicente y sus chicos debieron de creerse en el fondo lo que contaba Seguí porque, si no, la noticia tendría que haber salido en portada y recibido una mayor atención y no aparecer perdida en la página 49, debajo de una información sobre 'Orgasmos altruistas' ilustrada con una bella modelo. Es lo que algunos llaman periodismo de vanguardia.
23 Ago 2007
Los vecinos de la pedanía granadina de Los Villares votan hoy por iniciativa del Ayuntamiento de La Peza, al que pertenecen, si se coloca o no en la aldea una antena de telefonía móvil. No es un triunfo de la democracia, como algunos lo han querido presentar. La mera celebración del referéndum, al margen de quién gane, es ya una victoria de la irracionalidad, de las ondas de histeria que inundan la geografía española. Que quede claro: no hay ninguna prueba de que las antenas de telefonía afecten a la salud humana. Pueden comprobarlo en los sitios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Después de lo que he visto y oído en los informativos, me da cada vez más miedo que se sometan al dictamen del pueblo llano decisiones para las que hay que tener un mínimo de instrucción, me da miedo que mi posible bienestar y progreso estén en manos de ignorantes.22 Ago 2007


Siempre de riguroso blanco y negro, el Weekly World News ha dado en los últimos veintiocho años las noticias que ningún otro medio se ha atrevido a cubrir. Si Elvis está vivo para algunos, es gracias al empeño de esta publicación por probar que no murió hace 30 años, a base, por ejemplo, de fotos en las que se le ve canoso. Otro de los fetiches de la revista ha sido el niño murciélago, encontrado en una cueva en 1992, que ayudó a las tropas estadounidenses a cazar a Saddam Hussein y hasta ha viajado al espacio.
El semanario nació en 1979 para rentabilizar la rotativa en blanco y negro en la que American Media había imprimido hasta entonces The National Enquirer, que saltaba al color. Y se convirtió pronto en la más popular revista de supermercado, con portadas impactantes que la llevaron en los años 80 a alcanzar los 1,2 millones de ejemplares. Los tiempos, sin embargo, cambian y en 2006 su tirada se desplomó hasta los 83.000 ejemplares y perdió 160 millones de dólares. Y eso que seguía fiel a sus orígenes.

Los redactores del Weekly World News, siempre a la que salta, han dado exclusivas como el hallazgo del Paraíso y de los restos de Adán y Eva, han descubierto que el Ku Klux Klan fue el responsable del hundimiento del Titanic y que terroristas diminutos recurren al disfraz de enanos de jardín, han identificado varios híbridos de humanos y animales, y han mostrado las imágenes del Cielo bíblico tomadas por el telescopio Hubble. Con Bill Clinton en la Casa Blanca, publicaron la foto oficial de Hillary con su bebé extraterrestre adoptado en brazos y, en 2000, revelaron al mundo que los alienígenas respaldaban a George W. Bush en la carrera presidencial, quizá porque la primera dama demócrata les había decepcionado como madre.
La boda del Bigfoot
Los autores de esas historias son periodistas hechos y derechos, que en muchos casos proceden de la prensa seria y usan técnicas propias de la profesión para hacer sus relatos creíbles. "Cada noticia se escribía como si fuera real. Así, cuando, por ejemplo, el Bigfoot se casaba, lanzaba su carrera artística y se interesaba por la Kabbalah, cada historia llevaba su firma y data, citas de las fuentes y expertos, y tenía una estructura típica de los despachos de la agencia Associated Press", explicaba hace unos días en un artículo en Los Angeles Times el guionista cómico Mark Miller, que durante cinco años escribió para la publicación.

Entre las exclusivas de Miller, destacan que EE UU ha pagado a los extraterrestres para que maten a Bin Laden y la clave del plan de Bush para proteger la Casa Blanca: pintarla de negro. Su director le contó una vez que la mitad de los lectores se tragaba las bolas que se inventaban él y sus compañeros. "El Photoshop -programa de retoque de fotos- era el mejor amigo del departamento gráfico", recuerda el guionista, que cree que hacer cola en la caja del supermercado será a partir de ahora más aburrido.
Fue Noticias del Mundo, la versión española de Weekly World News que sobrevivió en el mercado 41 semanas, la publicación que en 1994 resolvió uno de los enigmas que entonces intrigaban a la sociedad española: "Luis Roldán desapareció en el triángulo de las Bermudas". El resto de los medios no se enteró de esa historia ni del hallazgo de la calavera de Drácula, la aparición de Chiquito de la Calzada en un jamón serrano y la demostración del poder curativo de las esponjas de baño. Hechos todos reales, como se destacaba en la portada de ambos semanarios. ¿O no?
Publicado originalmente en el diario El Correo.
09 Ago 2007
31 Jul 2007
10 Jul 2007
La Iglesia española está que se sale en su afán de entrometerse en la vida civil. El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, se ha descolgado hoy con una de esas declaraciones digna de una antología del disparate si no estuviera hecha desde la fe, desde la mala fe. Cuando le he escuchado por la tele, no me lo podía creer. Dudo de que un científico sea el profesional más adecuado para gestionar un departamento gubernamental, aunque sea Bernat Soria y el ministerio el de Sanidad y Consumo, y dudo de la oportunidad de una elección presidencial que parece más bien dictada por la visión en el horizonte de las elecciones generales. Pero sé lo que piensan sus colegas del trabajo del investigador valenciano y no es lo que predica Martínez Camino. El portavoz de la jerarquía eclesiástica española sostiene, según he comprobado después en el correspondiente teletipo de Efe, que las posiciones de Soria "no son compartidas por el mundo de la ciencia". ¡Mentira!
Las posiciones científicas polémicas -para la Iglesia- del actual ministro de Sanidad son las que se refieren a la experimentación con células madre embrionarias y, ahí, el consenso científico es casi total: hay que usarlas para investigar con ellas. El consenso no es total porque algunos científicos católicos -una minoría ultraconservadora- se oponen a esa práctica por razones exclusivamente religiosas. Martínez Camino no ha dicho la verdad. Y para añadir más confusión al guiso ha sentenciado: "La ciencia sin conciencia no es ciencia". ¿Y quién dice que la única conciencia válida es la regida por los principios dictados desde el Vaticano? Ya está bien de mentir y confundir a la ciudadanía. Soria es un científico de prestigio que no tiene pelos en la lengua y eso puede molestar a algunos, pero su posición respecto a la investigación con embriones es compartida por la mayoría de la comunidad científica y por gran parte de sus conciudadanos, por gente cristiana y gente con otros principios éticos diferentes, que los hay y los ha habido siempre. ¿O es que carecen de ética todos los seres humanos que vivieron antes de la creación de la religión cristiana y los que profesan hoy otras creencias o ninguna?
04 Jul 2007
03 Jul 2007
La mesa redonda sobre Antenas y salud: verdades y mentiras, celebrada ayer en la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao, resultó para mí impactante. Confiaba en que las explicaciones de Félix Goñi, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad del País Vasco (UPV) y director de la Unidad de Biofísica de la UPV y el CSIC, y Joseba Zubia, catedrático de Comunicaciones Ópticas de la UPV, hicieran que algunos de los asistentes al encuentro opuestos a este tipo de instalaciones entraran en razón o al menos dejaran de lado algunos conceptos erróneos; pero el desarrollo del debate demostró que a bastantes -por fortuna, no a todas- de las 160 personas presentes lo que diga la ciencia, lo que apunten los datos, les importa un bledo. Eso por no hablar de la mala educación de varios participantes que insultaron a los ponentes y sostuvieron repetidamente que la comunidad científica no es de fiar porque todos sus miembros están a sueldo de las multinacionales. Esas personas sólo querían que Goñi y Zubia dijeran que las antenas son malas, que reafirmaran sus creencias, y, cuando vieron que no iban a hacerlo, pasaron a métodos de protesta impropios de un debate civilizado. No tenían la fuerza de la razón y recurrieron a la razón de la fuerza, del insulto, del pataleo, del grito...Es curioso cómo algunos de nuestros conciudadanos desprecian el trabajo de los mismos que han hecho posible que vivan mejor que lo que lo hicieron sus antepasados, de una ciencia que, como apuntó Goñi en un momento, ha conseguido que muchos de los que estaban en la sala estuvieran vivos cuando hace un par de siglos hubieran muerto hace tiempo. Fueron dos horas de tenso debate en las que los ponentes sufrieron lo indecible, no perdieron en ningún momento las formas y respondieron a los insultos con el silencio o argumentos basados en datos científico. Goñi y Zubia se portaron como dos valientes. De eso tiene que quedar constancia. Y quiero darles las gracias por hacerlo, por dar la cara y salir a la calle a intentar explicar a la gente las dimensiones reales de un problema que tiene su origen en el miedo a la tecnología, el mismo miedo en el que se basó la oposición al ferrocarril y a la electrificación de las ciudades, por poner sólo dos ejemplos. Quienes creemos en la necesidad de una sociedad informada -como Goñi y Zubia creen-, capaz de tomar sus decisiones según criterios racionales, no podemos permanecer impasibles ante situaciones como ésta.
Al acto, organizado por El Correo, la UPV, la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV, el Círculo Escéptico, el Center for Inquiry y el Ayuntamiento de Bilbao, fueron invitados expresamente los miembros de todos los partidos políticos con representación en el Consistorio bilbaíno. Hasta donde pude ver -¡ojalá me confunda!- sólo asistieron Sabin Anuzita, del PNV y concejal delegado del área municipal de Salud y Consumo, y Javier Orduna, director de la misma.
02 Jul 2007
Aumann es un judío ortodoxo de 77 años, hablar pausado y cordial, que fue laureado por sus investigaciones sobre la Teoría de Juegos y la resolución de conflictos, asunto sobre el que se centró nuestra conversación. Después de 40 minutos, le recordé la frase que abre esta anotación y las duras críticas que investigadores como Barry Simon, profesor de Matemáticas y Fítica Teórica del Instituto Tecnológico de California (Caltech), han hecho sobre el llamado código de la Biblia, que la mayoría de los científicos considera una patraña pseudocientífica. Y le pregunté:
-Ja, ja, ja... Creo que Barry reaccionó ante la posibilidad de que el
-¿Qué piensa usted del código de la Biblia?
código de la Biblia fuera real de una manera inusual en un científico
porque, simplemente, no le gustaba la idea. De hecho, el código es algo
que provoca intensas respuestas emocionales en los científicos. Hay
quienes están a favor por razones no científicas y quienes están en
contra por razones no científicas. Sólo hay dos personas en el mundo
que han estudiado el asunto sobre bases puramente científicas. Sólo
dos. Una es el profesor Hillel Furstenberg, de la Universidad Hebrea de
Jerusalén y la otra, este humilde servidor. ¿Se lo explico?
-Sí, claro.
-Somos los únicos que hemos buscado pruebas científicas del código de
la Biblia y no desde un punto de vista emocional por estar a favor o en
contra de la religión.
-Pero rechazar el código de la Biblia no implica, necesariamente, ir contra la religión.
-No, no, no... Pero mucha gente lo ha hecho por eso. Al principio, lo
estudié y me pareció que las pruebas de la existencia del código eran
muy sólidas. Y lo dije. Después, poco a poco, algunos expertos
encontraron agujeros en las pruebas, errores. Entonces, cinco
investigadores -dos que estaban a favor y uno en contra por cuestiones
emocionales, Furstenberg y yo- formamos un comité para estudiarlo,
hicimos un experimento y el resultado fue negativo. Ahora entiendo los
errores en que incurrí en mi razonamiento inicial y puedo decir que no
hay pruebas científicas de la existencia del código de la Biblia.
-Supongo que estará de acuerdo conmigo en que es muy difícil de creer
que un libro, por mucho que sea la Biblia, contenga codificados hechos
futuros.
-Sí. Pero a mí no me importa lo que es difícil de creer o no. Yo sólo
me fijo en las pruebas. Y las pruebas me indicaron al principio que no
se trataba de simple azar y tampoco encontraba ningún error en mi
trabajo. Ahora, sí. Ahora, sé lo que estaba mal. Por eso, aunque
comparto su opinión de que se trata de algo difícil de creer, y siempre
la he compartido, eso no es ciencia. Y yo soy un científico. Puede que
algo no me guste, pero que sea lo que indican las pruebas, Mi estudio
original data de hace diez años y publicamos el que explicaba que no
habíamos encontrado nada hace tres o cuatro. Lo puede leer en mi web.
Hay dos páginas en las que explicó cuál es mi opinión: no he encontrado
ninguna prueba a favor del código de la Biblia. A diferencia de otros,
con la excepción de Furstenberg, mis juicios se han basado sólo en las
pruebas.
-Pero ha habido científicos como Brendan Mckay, de la Universidad Nacional Australiana, que han hecho estudios concienzudos.
-Sí; pero McKay estuvo siempre en contra del código de la Biblia. A
McKay no le importaba lo que dijeran las pruebas. Si encontraba muchas
en apoyo a su idea, las aceptaba; si encontraba una en contra, la
descartaba. Nunca iban a creer en ellas, aunque las encontrara. McKay y
Maya Bar-Hillel, psicóloga de la Universidad Hebrea de Jerusalén, han
escrito un libro sobre el código que no se ha publicado todavía. Una vez que hablé con
Bar-Hillel me dijo respecto al código: "Bob, no me importa lo que
demuestres, nunca lo creeré". Eso no es ciencia. Un científico decide
según las pruebas.
En sus dos folios de reflexiones personales a raíz del informe de 2004, Aumann no deja ciertamente espacio a la duda. Reconoce, por ejemplo, que ha estudiado la posible realidad de los códigos de la Biblia durante cerca de veinte años y que ha invertido en la tarea "una tremenda cantidad de tiempo y energía". Eso, para mí, podría explicar esa obsesión suya por decir que sólo Furstenberg y él han actuado como auténticos científicos y el resto, incluidos los que acertaron desde el principio, no. Destaca que el comité que formó en 1996 con Dror Bar-Natan, Isaak Lapides, Eliyahu Rips y Furstenberg no encontró pruebas que confirmen "la existencia del supuesto código". Y recuerda que sólo se puede demostrar que algo existe y no que algo no existe, pero añade que, "cuando se pregunta si un fenómeno o no existe, un hallazgo negativo tal como el del comité debe ser considerado como una prueba en contra de la existencia del fenómeno". Más claro, agua. Lástima que éstas y otras frases de Aumann no hayan tenido ni una centésima parte del eco que sus declaraciones a favor de los códigos.
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Luis Alfonso Gámez
Una ventana crítica al mundo del misterio
Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com
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