31 Oct 2008

Recreación de la emisión de La guerra de los mundos de Orson Welles dirigida ayer por Gregorio Parra en el Teatro Mira de Pozuelo de Alarcón (Madrid), para Radio Nacional de España.

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Adamsky

Adamsky dijo

Dios pitufo, explícate un poco chico

Anónimo

Anónimo dijo

perdón por meterme en la conversación pero eso ha sido coña no?

Web Messenger

Web Messenger dijo

Esta muy bien la retransmision, pero nada como la original, aquella si que fue buena! :D

Un saludo.

Alberto

Alberto dijo

ayer se me olvido oirla, ahora la oire que al tengo muchas ganas.

Rafa

Rafa dijo

¿como puedo descargarmela al ordenador?

Alberto

Alberto dijo

En RNE tienes el link, yo llevo 10min y esta chulisimo

Wells

Wells dijo

A mi me gustó mucho más la presentación que hicieron en algunas emisoras, como en Punto Radio con la banda sonora de Jeff Wayne.

La retransmisión fue bastante floja, deberían haberle echado un "poquito" de imaginación y hacer algo más acorde a los tiempos.

Muy floja.

Si la hubiese oido el mismisimo Orson Wells les da con el guión detrás de la oreja.

Alberto

Alberto dijo

se trata de realizar la misma que en su día, si le cambian el guion ¿que gracia tiene?

Etherian dijo

Acabo de escucharla y me parece muy flojita, sin emoción. Se ve que la gente que habla no son actores sino locutores de radio y eso no le da credibilidad. Es mucho mejor la versión que se hizo de la novela hace ya años, en la que sale la música de Jeff Wayne.

indignado

indignado dijo

LAG SIGUES CON TU CAMPAÑA DE SENRURA DE LOS POSTS QUE NO QUERES LEER NI QUE LEAN

ERES POCO DEMOCRATICO LO SABIAS?

Irakasle

Irakasle dijo

Me lo perdí en radio 3, que bien. Te acabo de votar en el concurso de 20 minutos. si quieres ver mi blog: www.valledetrapaga.es
gracia spor lo de la guerra de los mundos

Irakasle

Irakasle dijo

si puedo pondre la guerra de los mundos en mi blog

vistoyoido

vistoyoido dijo

El que ha votado este blog inquisitorial y lleno d efalacias pierde el tiempo, su voto y su razón.

AMS

AMS dijo

Una versión muy "politicamente correcta". Si se trataba de reproducir lo hecho por Wells el exceso de reporteras y locutoras es, desde luego, muy poco verosímil ya que todos los orriginales actores eran varones, que yo recuerde. Decepcionante es la palabra.

gpl dijo

Aunque Orson Welles advirtiera antes, durante y después de su programa que aquello era una representación, se hizo lo más verosímil posible para su momento. Actores y efectos sonoros intentando resultar creíbles.

La recreación de RNE me pareció muy bien solo como homenaje.

Como representación me pareció un espanto. Los actores pésimos (para mí solo se salva la que hace de reportera que muere aunque no se quién es); los efectos sonoros de chiste y -por seguir fielmente el original- chirriaba hasta lo ridículo oirse llamar entre ellos con nombres ingleses.

Es verdad que hay que oirlo como un documento singular, un homenaje pero tampoco vale hacerlo tan mal, coño.

pilar

pilar dijo

A mi también me ha parecido muy malo. Malos actores, aburrido. Nada q ver con el original que Gámez nos regaló hace poco. La entonación al gusto d la época y del país es imposible de reproducir hoy en día y en español, creo yo.

Anónimo

Anónimo dijo

Los actores pésimos, pero si se trata de una reconstrucción más o menos fiel, entonces sí tiene algún valor, como documento curioso más que nada.

Alberto

Alberto dijo

He estado escuchando la de Orson Wells y en general es inferior en todo (algo normal teniendo en cuenta los años pasados), a nivel tecnico sobre todo en la escena de la batalla donde el eco se nota a km. Por lo que si sabéis hacerlo mejor hacerlo, pero si no ir a haceros los expertos a algún foro de creídos. No me comparéis al actor que hace de reportero del original con la perfecta interpretación de la nueva versión. Es cierto que es una mujer, pero su actuación le da 100 vueltas a la original.

Que ya sabemos que aquí la mitad van de expertos en absolutamente todos los temas, pero aquí os tendréis que joder con una cosa muy clara. Y es que cuando Wells hizo su actuación en su día no sabia que iba a suceder, que se convertiria en una leyenda, los actores hicieron simplemente de actores de novela radiofonica. Aqui todos los actores sabian que tenian que dar todo lo que pudieran para simular la obra que tanta fama tuvo, por eso se esfuerzan tanto y sale tan bien. Claramente chirria la misma historia ahora, pero si quereis una nueva adaptación os vais a ver independence day...

gpl dijo

Mi querido y encantador Alberto:

Me produce cierta vergüenza ajena tu empeño en quedar tan mal con tu tan desafortunado comentario.

1- Tu agresividad resulta ciertamente sospechosa. ¿Por qué tanta virulencia en tu comentario? (Da que pensar...)

2- Deberías haberte dado cuenta de que los que han representado esta versión para RNE no son actores: son locutores y lo notamos a la legua. ¿Tú no?

3- Si yo voy a ver una representación de ballet y veo a un bailarín tropezar constantemente, sé que estoy perfectamente capacitado para poder decir "¡qué mal baila ese chico!" aunque yo no lo sepa hacer mejor. ¿Lo entiendes ahora con este ejemplito? Lo que quiero decir, querido Alberto, es que para distinguir a alguien bueno de alguien malo no tengo que demostrar que yo soy capaz de hacerlo mejor que el malo. Lo mismo ocurre en otras profesiones: futbolista, cocinero, etc.

4- Para tu alegría y orgullo yo te concedo el honor de estar de acuerdo contigo en que -como ya digo en mi comentario anterior- solo se salva la reportera... (¿ves como no soy creído?)

5- Relájate Alberto, no te pongas nerviosito (que los marcianos no van a venir) y disfruta de la vida, encanto.

Violeta

Violeta dijo

¿Cómo puedo descargarme los audios (me refiero tanto a la original de Welles como a la versión de RNE a mi ordenador?

Protestante

Protestante dijo

El 30 de octubre de 1938 estalló el pánico en Nueva Jersey. La cadena estadounidense CBS emitía por la radio en la voz de Orson Welles, la noticia de la llegada de los marcianos a la Tierra. La histeria se apoderó de los oyentes, que salían a las calles gritando. Muchos huían, pero otros temblando, no se atrevían a salir de casa. Mujeres se desmayaron y alguno hasta intentó suicidarse, mientras la Cruz Roja y la Guardia Nacional se movilizaba por el este del país. Setenta años después las principales emisoras españolas recuperan el impactante programa que destapó los temores más secretos de una sociedad turbada.

Los sucesos producidos a raíz de la emisión de Welles, han alimentado desde entonces todo tipo de reflexiones sobre la influencia de los medios de comunicación en la sociedad moderna. Ya que bajo la forma y lenguaje de un informativo, los actores de la CBS, convertidos en locutores de noticias, anunciaron la llegada de una avalancha de platillos volantes, con conexiones a hipotéticas unidades móviles, que narraban el aterrizaje de las naves y describían aquellos temibles extraterrestres. Se calcula que casi dos millones de oyentes creyeron que la invasión era cierta...

En la narración de Welles, seres con los ojos espigados como una serpiente, salían de una flota de extrañas naves, que atacaban Nueva York. El libro en el que se basa, presenta a los marcianos como aguerridos invasores, que no dudan en freír con sus rayos a cualquier ser humano que se encuentren. Son “intelectos poderosos, fríos y crueles”, que toman carne y sangre de otras criaturas, para inyectarla en sus cuerpos frágiles, que “no tenían un sistema muscular desarrollado”. Aunque si la visión que nos da La guerra de los mundos de los extraterrestres es la de seres terribles que “devoran y conquistan sin razón”, su perspectiva de los humanos no es mucho mejor...

Masas enloquecidas, egoístas e insensibles al sufrimiento del individuo, son capaces de aplastar a cualquier niño que tropieza, como bien refleja la película protagonizada por Tom Cruise. Ya que en su lucha por la supervivencia, el hombre aparece dominado por una avaricia desmedida, que hace que uno muera por no ser capaz de soltar unas monedas de oro. Por lo que su huida de esta amenaza no demuestra más que la bajeza de la condición humana. La tierra se presenta así como un territorio desolado, y el personaje del vicario anglicano no muestra más que la desesperación de una religión incapaz de enfrentarse a lo desconocido.

El terror de la ciencia-ficción se basa desde las leyendas del judaísmo de Praga sobre el Golem, en la soberbia humana que llega a crear un ser artificial como un homúnculo, carente de alma e incapaz de amar. Este producto de laboratorio se convierte en un Mesías siniestro y tiránico, que busca vengarse de la humanidad, dispuesto a encabezar las más violentas revoluciones. Tal pesadilla suele ser resultado de un doctor loco, que trasplanta el cerebro y las manos de asesinos como en Orlac, o por medio de una fecundación artificial como en La Mandrágora, una popular novela adaptada muchas veces al cine, a principios del siglo XX.

En el caso de El doctor Mabuse de Lang (1922), el científico no utiliza sin embargo su maligno poder para su provecho personal, sino que su móvil es el puro placer de convertirse en motor del caos. Esa tragedia adquiere mayor complejidad en otro clásico de Lang llamado Metrópolis (1927), donde los hombres-máquina viven esclavizados en una ciudad industrial, reciben el mensaje de María sobre el futuro advenimiento de un Salvador. Pero el científico aliado al capital, construye una réplica robótica de María, que provoca una oleada de destrucción. Así también en El fin del mundo de Abel Gance (1930), dos hermanos intentan salvar a la humanidad, ante la inminente colisión de un cometa sobre la Tierra, pero uno lo hace desde la fe, y el otro desde la ciencia.

No es extraño también que sea en la década de los treinta, cuando la Universal resucita el moderno Prometeo de Mary Shelley en las sucesivas adaptaciones de Frankenstein, ilustrando la locura de la criatura que quiere imitar al Creador. Así como el doctor Moreau de Wells intenta acelerar el proceso evolutivo a través de la transformación de los animales de su isla en hombres.

A raíz de la transmisión de Welles, las historietas de cómic de Buck Rogers (1939) son eclipsadas por la popularidad de la serie de Flash Gordon de Alex Raymond, en la que Marte ataca la Tierra. En los años cuarenta aparecen por eso las viñetas de superhéroes como el Capitán Maravillas, Batman, Superman, o el Capitán América. Aunque será en la década de los cincuenta cuando la ciencia-ficción se haga inmensamente popular a través del cine.

A la hora de analizar el sentimiento de paranoia que invadió aquella época, es importante entender que no todos los extraterrestres de estas historias son metáforas del llamado terror rojo, por el que la sociedad americana se enfrenta al comunismo; ni todos los monstruos fueron alimentados por el miedo a la bomba atómica. A veces los ovnis son simplemente ovnis. Ya que en 1947 fue cuando comienzan los llamados avistamientos, a raíz del mal entendido sobre la supuesta visión de unos platillos volantes sobre el monte Rainier de Washington por un piloto llamado Kenneth Arnold, que describió así sus movimientos a la prensa, no los objetos en sí.

Nace así una nueva generación de escritores, como Isaac Asimov. Aparecen antologías de relatos en editoriales de prestigio, y se lanzan nuevas revistas especializadas. En Cuando los mundos chocan (1951) de George Pal, la única salvación es una nueva arca de Noé. Abundan en estas historias las referencias religiosas, en un ambiente catastrofista de claras resonancias bíblicas. Aunque hay una película que anuncia ya un cambio de rumbo. Se trata de Ultimátum a la Tierra (1951) de Robert Wise, que presenta una manifestación espiritual de bondad extraterrestre, aunque sea todavía incomprendida.

Esta película, que acaba de hacer de nuevo el director de ese curiosa mezcla de cine de terror, películas de juicios y reflexión teológica, que es El exorcismo de Emily Rose - Scott Derrickson -, la protagoniza ahora Keanu Reeves. En ella el personaje de Klaatu se presenta como un Jesús capaz de morir y resucitar, al estilo del E.T. que escribió Melissa Mathison para Spielberg a principios de los años ochenta. La historia de Edmund North estaba basada en un relato publicado en las páginas de la revista Astounding en 1940, con la interesante diferencia de que el robot que acompañaba a Klaatu, no era en realidad su criado, sino su amo. Por lo que el nuevo orden que se propone a los humanos, no era otro originalmente, que hacerlos esclavos de una civilización extraterrestre.

En 1958 el psicólogo suizo Carl Gustav Jung publicó un libro sobre los “platillos volantes”, como “un mito moderno de cosas que se ven en el cielo”. Su tesis es que estos “rumores visionarios” tenían un profundo significado religioso que muestra una nueva forma de ocultismo místico. Las modernas historias de “contactados” utilizan por eso la misma metodología que los médiums espiritistas. Ya que los extraterrestres parecen haber sustituido a los antiguos dioses, ángeles y almas de difuntos.

Lo cierto es que a partir de Encuentros en la tercera fase (1977), el alienígena se va divinizando, aunque todavía destroza la casa del pequeño Barry o aterroriza a su madre, alterando la vida y la mente de Neary. Aunque esta figura ha pasado ya de ser una amenaza, a verse como una influencia salvífica, por la que podemos entrar en contacto con un poder superior, lleno de amor y bondad.

Hace mucho ví con mis hijos una de esas películas horrorosas que suele hacer Disney cuando deja de hacer lo suyo, o sea la animación. Se llamaba Mi marciano favorito (1999). Se trata de una de esas insulsas parodias en las que el extraterrestre se convierte en divertida mascota del ser humano, mostrando hasta qué punto hemos domesticado cualquier amenaza exterior. Si millares de americanos aterrorizados convirtieron aquella transmisión en un acontecimiento social, al caer presos del caos y el terror, hoy en día pensarían que estamos ante un espectáculo infantil.

El extraterrestre, como el Dios de la antigüedad, ha dejado de darnos miedo. Si nuestros antepasados temblaban ante la posibilidad del juicio de Dios, hoy ya no piensan en él así ni los viejos. Por eso cuando decimos que Dios es amor, no nos engañemos, lo que la gente piensa es que si realmente existe, será alguien totalmente inofensivo. Alguien a quien no podemos temer, porque no haría daño ni a una mosca. Es como un muñeco de peluche, suave y entrañable, que da valor y confianza en la vida, pero que no supone ningún peligro.

Si no conocemos a Dios, no podemos saber a quién hemos ofendido. No es extraño por lo tanto que no veamos ya a Dios como una amenaza. Es por eso que nadie entiende de qué hablamos, cuando decimos que necesitamos ser salvos… En la emisión de Welles, un hombre preguntó a una de las chicas de la centralita de la CBS si se iba a acabar el mundo. Ella le contestó: “Lo siento, aquí no tenemos esa información”…

Spielberg hace bien en creer que hay una presencia benefactora más allá de las estrellas, y que hace falta fe, curiosidad y aventura, para entrar en relación con ella. Hay una vida extraterrestre que se muestra a aquellos que son como niños, tras morir y resucitar, volviendo después a su casa. Pero no nos confundamos, Cristo no es E.T. Él no está simplemente en el corazón de todos aquellos que le conocen.

Jesús no es un muñeco de peluche que podamos guardar en el armario, como hace Elliot con E.T., sin que su madre siquiera lo distinga. Vemos amor en su brazo extendido, pero también la amenaza de su ira, para todo aquel que lo ignore. Aunque el abrazo de Sus brazos colgados de la Cruz, nos puede salvar eternamente.

Samhain

Samhain dijo

"Vemos amor en su brazo extendido, pero también la amenaza de su ira, para todo aquel que lo ignore."

Es como un niño pequeño, que te dice que te quiere si le das mimos pero si no le haces caso se cabrea y te la lía. Los cristianos modelan a su mesías de acuerdo con su edad mental, supongo.

kalavera

kalavera dijo

¿Han desaparecido los ultimos post?. Donde esta lo de la presentación del libro?

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Sobre este blog

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Luis Alfonso Gámez es periodista de EL CORREO, donde ha cubierto la información de ciencia durante ocho años. Fundador del Círculo Escéptico, es consultor del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario.

Para contactar con el autor:
lagamez@gmail.com

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