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    <message>Eres un fantasma y todos los de tu grupo  lo vuestro es no creer en nada llevar la contraria en todo no creeis en nada Ochate OVNIS Fantasmas en eso si ceereis por que sois unos FANTASMAS</message>
    <name>Juan Carlos martinez Trevi&#241;o Fernandez</name>
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    <message>Eres un fantasma y todos los de tu grupo  lo vuestro es no creer en nada llevar la contraria en todo no creeis en nada Ochate OVNIS Fantasmas en eso si ceereis por que sois unos FANTASMAS</message>
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    <message>Hola Luis Alfonso G&#225;mez :&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me parece bueno tu comentario,me parece bien que quieras aclarar las cosas a la gente,pero no puedes cambiar la aptitud ni la manera de pensar de mucha gente,hay gente que se puede dejar llevar por estos temas,pero lo hacemos por la simple y llana sentacion del misterio,aprender cosas nuevas y siempre respetando a la gente,bien es cierto que quien tiene la sabiduria tiene el poder,tu querras tenerla para mofarte de gente normal q no nos dejamos creer muchas cosas,para eso estamos cada uno de nosotros y nuestro sentido comun,las "Romerias Ufologicas" de las que hablas solo sirven de entretenimiento,para pasar una noche en el campo y observar el cielo,aprender un poco y mantener contacto con gentes de otras ciudades,nuestros amigos y gente que se unen en un mismo circulo para intercambiar conocimientos,en resumen,es una gran experiencia de comunicacion,todo el mundo tiene derecho a hacer lo que quiera,como si quieren montar 50 alertas al a&#241;o,ok?,de estas "tonterias" (como dices subjetivamente en tus continuos articulos publicados por varias paginas web), he aprendido de muchas disciplinas cientificas que seguramente nunca me habria interesado,y es gracias a ello que si la ciencia hoy en dia se quiere mantener en un aspecto rigido,la mayoria de la gente ni se interesaria por ellas porque les aburriria,he de decir con ello que la ciencia tiene muchos misterios,(que se algun dia se resolveran),que son los que realmente les motivan a los investigadores a seguir investigando,el misterio y lo oculto que hay en cada disciplina cientifica e historica,tu estas en tu derecho de sabotear una alerta ovni,por supuesto,pero no te das cuenta de lo bien que se lo pasa la gente con tu sabotaje con el cual pretendes reirte de unos cuantos,Luis Alfonso,te creia mas coherente a la hora de hacer cosas pero lo que acabas de comentar en tu articulo deja mucho que desear de ti y de tu grupo,un cordial saludo para ti y para tu equipo de "racionalistas"</message>
    <name>carlos cantera rodelgo</name>
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    <message>Antes del boom tur&#237;stico, s&#243;lo los ricos pod&#237;an viajar; para comprobarlo, basta leer cualquier novela de Henry James, cuyos protagonistas cruzan el charco para tirarse meses en otro continente, explorando a sus gentes y dej&#225;ndose sorprender por sus insospechadas costumbres. Desde que inventaran esa variante del transporte agropecuario designada eufem&#237;sticamente "vuelos low-cost", el gozo de viajar ha quedado reservado a los pobres de solemnidad. Y es que lo que el com&#250;n de las gentes entendemos actualmente por "viaje" constituye, en realidad, un "desplazamiento" que nos deposita como fardos en el lugar de destino, para despu&#233;s convertirnos en zascandiles programados que se hospedan en hoteles id&#233;nticos y emplean sus horas en excursiones gregarias, regidas por un horario siempre apremiante y por la visita obligatoria a lugares que la propaganda ha desgastado hasta convertir en emblemas pest&#237;feros del imaginario kitsch. Lo que antes distingu&#237;a el viaje era su demorada inmersi&#243;n en las costumbres y en los ritos de un lugar que nos era ajeno; al suprimirse esta condici&#243;n esencial, al despojar el viaje de su naturaleza exploratoria, apenas nos queda un suced&#225;neo o remedo de viaje, en el que los lugares ajenos se reducen a escaparates m&#243;viles que se suceden ante nuestros hastiados ojos, como l&#225;minas de un prospecto tur&#237;stico. E incluso se da la paradoja de que si, por un raro azar, ese viaje programado introduce alg&#250;n sobresalto que infringe la rutina, enseguida queremos interrumpirlo o poner una reclamaci&#243;n.

As&#237; que para viajar en nuestros d&#237;as hace falta ser pobre de solemnidad, o actuar como si lo fu&#233;semos. S&#243;lo el viajero a salto de mata que sigue frecuentando las carreteras comarcales y las l&#237;neas de ferrocarril menos concurridas, el vagabundo que se hospeda en pensiones descatalogadas y mata el hambre en tabernas refractarias a los men&#250;s pol&#237;glotas, puede presumir de aprovechar los beneficios del viaje. Porque lo otro, que es lo que usted y yo hacemos, apenas merece la designaci&#243;n de simulacro; un simulacro tan c&#243;modo y recurrente como un sue&#241;o de morfina. Si la misi&#243;n del viaje consiste en zambullirnos en la extra&#241;eza, a trav&#233;s de geograf&#237;as que nos van despojando de las lega&#241;as que entorpecen nuestros sentidos y nuestra inteligencia (y as&#237;, zambullidos en esa extra&#241;eza, llegar a incorporar esas geograf&#237;as a nuestro atlas vital), convendremos que hemos suplantado el viaje por el desplazamiento. Y es que esa zambullida en la extra&#241;eza se lograba, sobre todo, a trav&#233;s de la interiorizaci&#243;n de otro tiempo y la conquista de otro espacio que pod&#237;a resultar hospitalario o inh&#243;spito, pero que en cualquier caso nos hac&#237;a sentir forasteros. El boom tur&#237;stico asesin&#243; la posibilidad del verdadero viaje, aboliendo tiempo y espacio, suplant&#225;ndolos por una &#8216;reconstrucci&#243;n&#8217; de nuestro mundo habitual que imbuye al turista la creencia de que, pese al desplazamiento, sigue inmerso en un &#225;mbito familiar. Las lentas traves&#237;as transatl&#225;nticas, los viajes nocturnos en trenes por los que circulaba la tumultuosa vida (con su cortejo de azares risue&#241;os o infaustos) han sido sustituidos por vuelos veloc&#237;simos en los que queda borrado todo apunte de improvisaci&#243;n; o en los que, si acaso, podemos disfrutar de un retraso "por razones t&#233;cnicas" que nos deja empantanados en cualquier aeropuerto con olor a tigre. El turista de nuestro tiempo, hacinado en aviones en los que apenas puede rebullirse, acata las penurias de esta nueva forma de transporte a cambio de la inmediatez en el traslado, olvidando que no existe viaje si no hay conciencia del paso del tiempo. Lo otro es mero transporte de ganado.

Pero esta conversi&#243;n del viaje en devaluado desplazamiento no ser&#237;a completa si no se contase con la complicidad de los hoteles, cuya misi&#243;n no es otra que transmitir al cliente una sensaci&#243;n de as&#233;ptica y repetida familiaridad. Las habitaciones de los hoteles &#8211;no importa el pa&#237;s o continente al que hayamos sido "desplazados"&#8211; son siempre id&#233;nticas: id&#233;nticos materiales acr&#237;licos, id&#233;nticos aparatos televisivos con tropecientos canales, id&#233;nticos minibares con botellas liliputienses, id&#233;nticos potingues en el lavabo. Tanta premeditada uniformidad, que convierte a los hoteles en una especie de refugio transnacional protegido contra los efluvios exteriores, obedece a un af&#225;n de mantener al turista ajeno al flujo abigarrado de la vida que discurre tras las ventanas. Abolidos tiempo y espacio, &#191;qu&#233; demonios queda del viaje? Bienvenidos a la era de los grandes desplazamientos.</message>
    <name>Juan Manuel de Prada</name>
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