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    <body>La felicidad es uno de los objetivos fundamentales en la vida de auqellos que formamos parte de la especie humana; incluso la Organizaci&#243;n Mundial de la Salud cada vez pone m&#225;s &#233;nfasis en la felicidad como uno de los componentes esenciales de la salud. La felicidad depende de multitud de factores, algunos voluntarios y muchos no deseados. Y hay uno de esos factores muy poco estudiado y, seguramente, muy importante o, incluso, esencial: la felicidad de otros y m&#225;s cuanto m&#225;s cercanos a nosotros sean esos otros. James Fowler y Nicholas Christakis, de la Universidad de California en San Diego y de la Universidad de Harvard, respectivamente, se han propuesto aclarar como la felicidad pasa de un individuo a otro hasta formar, seg&#250;n la hip&#243;tesis de partida, una verdadera (feliz) red social. Para ello, con los datos del Estudio del Coraz&#243;n de Framingham, Massachusetts, que comenz&#243; en 1948 con el seguimiento de 5209 personas, Fowler y Christakis revisaron los datos de 4739 personas entre 1983 y 2003. Los autores estudiaron las conexiones entre cada uno de los individuos y los dem&#225;s; la conexi&#243;n pod&#237;a ser por amistad, familia, pareja, vecindad y compa&#241;ero de trabajo. Despu&#233;s de meter los datos al ordenador y dibujar las gr&#225;ficas que conectan unos individuos con otros, el resultado final fueron 53228 lazos sociales entre todos ellos. 

 La gr&#225;fica revela agrupaciones de personas tanto felices como desgraciadas. La relaci&#243;n entre la gente feliz se extiende hasta el tercer grado, es decir, hasta los amigos de los amigos de los amigos. Aquellas personas que est&#225;n rodeadas de gente feliz por todas partes, es muy posible que sigan siendo felices en el futuro. Y, muy importante, esas agrupaciones de felices no aparecen porque los que lo son se juntan por afinidad, sino porque la felicidad, dentro del grupo, pasa de una persona a otra como si fuera una infecci&#243;n: por ejemplo, si un amigo que vive a menos de kil&#243;metro y medio se vuelve feliz, es muy probable (hasta un 25%) que usted tambi&#233;n se convierta. El mismo efecto producen las esposas felices, los hijos felices que viven a menos de un kil&#243;metro y medio, y el vecino feliz de la puerta de al lado. Por el contrario, los compa&#241;eros de trabajo felices no producen el mismo efecto; por lo menos en Framingham, los compa&#241;eros de trabajo no hacen felices a sus compa&#241;eros de trabajo. Por otra parte, el efecto de contagio de la felicidad disminuye con el tiempo y la distancia.

 Pero, no s&#243;lo nuestra felicidad puede depender de otros, tambi&#233;n ocurre con nuestra desgracia. El mismo equipo de Fowler y Christakis, junto con John Cacioppo, de la Universidad de Chicago, estudiaron la extensi&#243;n y la dispersi&#243;n de la soledad en el mismo estudio y con los mismos sujetos de Framingham que intervinieron en el trabajo anterior. Curiosamente los resultados son muy parecidos: los solitarios se agrupan, el contagio llega al tercer grado y est&#225; sobrerrepresentado en la periferia del grupo, lo que parece l&#243;gico (&#191;puede ser que se nos aparezcan como solitarios aquellos que pertenecen a una agrupaci&#243;n distinta pero adyacente?). El contagio de la soledad es, desgraciadamente, m&#225;s fuerte que el contagio de las relaciones sociales; adem&#225;s, el contagio es mayor entre amigos que entre los miembros de una familia y tambi&#233;n es m&#225;s fuerte para las mujeres que para los hombres.

  

 *Cacioppo, J.T., J.H. Fowler &amp;amp; N.A. Christakis. 2009. Alone in the crowd: The structure and spread of loneliness in a large social network. &lt;EM&gt;Journal of Personality and Social Psychology&lt;/EM&gt;, en prensa.

 *Fowler, J.H. &amp;amp; N.A. Christakis. 2008. Dynamic spread of happiness in a large social network: longitudinal analysis over 20 uears in the Framingham Heart Study. &lt;EM&gt;British Medical Journal &lt;/EM&gt;337: doi:10.1136/bmj.a 2328.

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    <body>Bien, vamos a hablar de m&#243;viles y ya, de entrada, aviso que este post no va a tratar de las antenas para m&#243;viles; este asunto queda para otro d&#237;a. De todas maneras, mencionar la palabra m&#243;vil y que la gente se haga un l&#237;o, es todo uno: que si los megapixels de la c&#225;mara, que si la pantalla t&#225;ctil, el MP3, la conexi&#243;n a internet, el bluetooth (que funciona cuando quiere; es la demostraci&#243;n pr&#225;ctica de la teor&#237;a de la relatividad); y que s&#233; yo cu&#225;ntas cosas m&#225;s. Y esto distrae al usuario, lo arrastra a lo que se llama la "&lt;A id=link_0 title=http://snakesdreamer.spaces.live.com/blog/cns!FFB0713CED428276!2374.entry href="http://snakesdreamer.spaces.live.com/blog/cns!FFB0713CED428276!2374.entry"&gt;ceguera por falta de atenci&#243;n&lt;/A&gt;". Ira Hyman y su grupo, de la Universidad del Oeste de Washington en Bellingham, demostraron esta ceguera en un experimento que tuvo un trabajo previo. Primero observaron el comportamiento de 317 personas que paseaban hablando por el m&#243;vil o escuchando el MP3 o sin m&#225;s o con un acompa&#241;ante. Ya de primeras los que iban hablando con el m&#243;vil paseaban lentamente, cambiaban de direcci&#243;n con frecuencia y sin sentido y ni reconoc&#237;an ni saludaban a los amigos y conocidos con los que se cruzaban. 

 En su segundo experimento, Hyman y sus colegas observaron el comportamiento de 151 universitarios en c&#233;ntrico lugar de encuentro peatonal del campus llamado la Plaza Roja. De esas 151 personas, 78 no llevan nada &lt;EM&gt;hightech&lt;/EM&gt;, 24 usan el m&#243;vil, 28 escuchan su MP3 y 21 pasean acompa&#241;ados de otra persona. 

 Un d&#237;a cualquiera, por la tarde, con buen tiempo y durante 1 hora, un payaso montado en un monociclo, vestido de p&#250;rpura y amarillo, con enormes zapatos y la t&#237;pica nariz roja, se divierte dando vueltas y m&#225;s vueltas por la Plaza Roja. A continuaci&#243;n, los investigadores interrogan a los 151 sujetos con dos preguntas. La primera es si al pasear por la Plaza Roja han visto algo raro: s&#243;lo el 8,3% de los usuarios de m&#243;vil han notado algo extra&#241;o. Precisemos m&#225;s, se dicen Hyman y colegas: la segunda pregunta es si han visto, en concreto, a un payaso montado en un monociclo A esta cuesti&#243;n tan directa, los usuarios de m&#243;vil responden que s&#237; en un 25%. Primero, no se enteran de nada y, segundo, si se enteran, un payaso montado en un monociclo no le parece algo inusual a quien est&#225; hablando por un m&#243;vil. Los que m&#225;s miran y, adem&#225;s, ven, son los que pasean con un amigo (quiz&#225; les ayude el amigo; entre dos parece m&#225;s f&#225;cil) pues, a la primera pregunta (&#191;Ha visto algo raro?), el 57% dice que s&#237;, y a la segunda pregunta (&#191;han visto al payaso?), el 71% contesta afirmativamente. Realmente, este estudio desanima bastante sobre la atenci&#243;n que prestamos a nuestro entorno cuando paseamos, sea cual sea el tipo de paseo.

 En realidad, saber que, a la menor distracci&#243;n, no nos enteramos de nada, es algo ya demostrado hace unos a&#241;os con aquel famoso experimento del juego de baloncesto y el gorila que por all&#237; pasaba. Fueron Daniel Simons y Christopher Chabris, de la Universidad de Harvard, quienes publicaron su estudio en 1999. Grabaron unos videos con estudiantes jugando al baloncesto delante de las puertas de tres ascensores; en un momento dado, pasa entre los jugadores un joven con un paraguas de se&#241;ora o un actor disfrazado de gorila. A continuaci&#243;n, se proyectan los videos ante 192 observadores y se les pide que cuenten los pases de bal&#243;n que se dan entre los jugadores en los 75 segundos que dura el video. En un resumen general de los resultados, Simons y Chabris afirman que el 46% de los observadores, distraidos por la cuenta de los pases, no ven ni al joven del paraguas ni al gorila. Otra vez la ceguera por falta de atenci&#243;n, como ocurr&#237;a con el m&#243;vil. En consecuencia, en este momento no recuerdo si lo dec&#237;an de los hombres o de las mujeres aquello de que son incapaces de hacer dos cosas a la vez, pero da igual; es cierto, pero est&#225; claro que no importa el sexo, todos lo hacen igual de mal. 

  

 *Hyman, Jr., I.E., S.M. Boss, B.M. Wise, K.E. Mckenzie &amp;amp;J.M. Caggiano. 2009. Did you see the unicycling clown? Inattentional blindness while walking and talking on a cell phone. &lt;EM&gt;Applied Cognitive Psychology &lt;/EM&gt;DOI:10.1002/acp.1638

 Simons, D.J. &amp;amp; C.F. Chabris. 1999. Gorillas in our midst: sustained inattentional blindness for dynamic events. &lt;EM&gt;Perception &lt;/EM&gt;28: 1059-1074.

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    <body>Qui&#233;n lo iba a decir, pero resulta que, cuando los cient&#237;ficos nos ponemos a ello y hablamos en serio, historias de terror aparte contadas entre colegas a la hora del caf&#233;, hasta nos llevamos bien con los periodistas. As&#237; nos lo cuentan Hans Peter Peters y su grupo, del Centro de Investigaci&#243;n de J&#252;lich, en Alemania. Para llegar a este resultado tan satisfactorio, Peters y sus colegas han enviado encuestas por correo a 1354 investigadores de perfil alto, que trabajan en epidemiolog&#237;a y en c&#233;lulas madre en los cinco pa&#237;ses que, en los a&#241;os 2005 y 2006, cuando se llev&#243; a cabo la investigaci&#243;n, eran los primeros del mundo en esas l&#237;neas de investigaci&#243;n: Estados Unidos, Jap&#243;n, Alemania, Reino Unido y Francia.

 En los resultados se revela que el 57% de los investigadores est&#225;, en general, satisfecho de su relaci&#243;n con los periodistas y que s&#243;lo el 6% est&#225; insatisfecho. Curiosamente y a pesar de las apariencias, la relaci&#243;n con los medios no es una actividad centrada en unas pocas estrellas cient&#237;fico-medi&#225;ticas sino que est&#225; bien enraizada en la comunidad investigadora. Cerca de dos tercios de los investigadores consultados han sido entrevistados por periodistas al menos una vez en los &#250;ltimos tres a&#241;os. Y, adem&#225;s, el 46% de los cient&#237;ficos considera que su trato con los periodistas es beneficioso para su carrera (s&#243;lo el 3% considera que es negativo).

 Seg&#250;n los cient&#237;ficos, el trato con los medios permite que el p&#250;blico conozca mejor los beneficios de la ciencia y, para el 93% de ellos, este fue el principal incentivo para tratar con los periodistas. Sin embargo, nueve de cada diez recuerdan el temor que sintieron en las entrevistas a ser mal entendidos o a que sus palabras fueran citadas fuera de contexto; ocho de cada diez temen la "impredecibilidad de los periodistas". En consecuencia, cuando los cient&#237;ficos juzgan, en general, la calidad de las noticias cient&#237;ficas en los medios, se quedan en un punto medio en el que ni s&#237; ni no es de calidad el trabajo de los periodistas.

 Todav&#237;a queda por superar un &#250;ltimo obst&#225;culo, quiz&#225; el m&#225;s dif&#237;cil: llegar a la comprensi&#243;n y confianza entre ambos grupos de profesionales, cient&#237;ficos y periodistas, cuando, en realidad, de lo que estamos tratando es de que provienen de culturas profesionales diferentes. S&#243;lo el contacto y el roce frecuente suavizan las aristas que provoca el desconocimiento mutuo; poco a poco llegaremos a confiar los unos en los otros. Yo soy cient&#237;fico y les puedo asegurar que los periodistas no se meriendan un par de cient&#237;ficos cada d&#237;a; o eso creo. Intentan hacer su trabajo y, a menudo, nuestro susceptible comportamiento y nuestro ex&#243;tico lenguaje se lo impide. Pero, como declaran los autores al final de su texto, la necesidad de que funcione eficazmente la comunicaci&#243;n entre el p&#250;blico y los cient&#237;ficos debe ser un fen&#243;meno global en las sociedades democr&#225;ticas del conocimiento.

  

 *Peters, H.P., D. Brossard, S. de Cheveign&#233;, S. Dunwoody, M. Kallfass, S. Miller &amp;amp; S. Tsuchida. 2008. Interactions with the mass media. &lt;EM&gt;Science &lt;/EM&gt;321: 204-205. 

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    <body>Hoy algo suave, que se me hace tarde; una especie de aperitivo con frutos secos que, a ello vamos, no engordan a pesar de la mala fama que tienen. Maira Bes-Rastrollo y su equipo, de la Universidad de Navarra y de la Escuela de Salud P&#250;blica de Harvard, lo han demostrado tras estudiar el historial de 51188 enfermeras norteamericanas, de 20 a 45 a&#241;os, sin enfermedades cardiovasculares, diabetes o c&#225;ncer. En particular, estudiaron su ingesta de frutos secos as&#237; como sus cambios de peso entre 1991 y 1999. Y descubrieron que las mujeres que confesaban (&#191;por qu&#233; me saldr&#225; este verbo en esta frase, como sin querer?) comer frutos m&#225;s de dos veces por semana engordaban algo menos (engordaban en esos 8 a&#241;os unos 5 kilos) que aquellas que casi nunca los com&#237;an (engordaban unos 5,5 kilos). Da igual el tipo de fruto seco ingerido: cacahuetes, almendras, nueces, avellanas,... Y los resultados no est&#225;n influidos por la situaci&#243;n de partida, es decir, porque la enfermera, al comienzo del estudio, tuviera peso normal, sobrepeso u obesidad. Cuando se hizo un examen estad&#237;stico que inclu&#237;a m&#225;s datos del estilo de vida de las enfermeras, el consumo de frutos secos m&#225;s de dos veces por semana vuelve a estar asociado con un peque&#241;o descenso del riesgo de obesidad. Resultados muy parecidos ha obtenido el equipo de la Universidad de Navarra dirigido por Maira Bes-Rastrollo, con 8865 universitarios graduados en su universidad; las cifras son extraordinariamente similares entre las enfermeras americanas y los universitarios navarros, lo que implica que las posibles diferencias en el resto de sus modos de vida no influyen en la acci&#243;n de los frutos secos.

 En conclusi&#243;n, los frutos secos no engordan y, por lo menos en mujeres de mediana edad y en j&#243;venes de la Universidad de Navarra, incluso protegen contra la obesidad. Seg&#250;n los autores, las prote&#237;nas y fibras de los frutos secos dan sensaci&#243;n de saciedad, sus grasas aumentan la producci&#243;n de calor (o sea, se queman m&#225;s calor&#237;as) y crece el gasto de energ&#237;a en reposo. Y, esto es obvio, los frutos secos deben entrar en la dieta sustituyendo a otros alimentos energ&#233;ticos; si se a&#241;aden a la dieta, sin m&#225;s, es inevitable que acaben a quien los coma.

  

 *Bes-Rastrollo, M., J. Sabat&#233;, E. G&#243;mez-Gracia, A. Alonso, J.A. Mart&#237;nez &amp;amp; M.A. Mart&#237;nez-Gonz&#225;lez. 2007. Nut consumption and weigh gain in a Mediterranean cohort: The SUN Study. &lt;EM&gt;Obesity &lt;/EM&gt;15: 107-116.

 *Bes-Rastrollo, M., N.M. Wedick, M.A. Mart&#237;nez-Gonz&#225;lez, T.Y. Li, L. Sampson &amp;amp; F.B. Hu. 2009. Prospective study of nut consumption, long-term weight change, and obesity risk in women. &lt;EM&gt;American Journal of Clinical Nutrition &lt;/EM&gt;89: 1913-1919.

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    <body>Hace un tiempo escrib&#237; sobre la &lt;A id=link_0 title=http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2009/10/8/marihuana href="http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2009/10/8/marihuana"&gt;marihuana &lt;/A&gt;y all&#237; aclar&#233; lo que son los cannabinoides, esas sustancias que nos relajan y nos dejan tan contentos. Y, unos d&#237;as despu&#233;s, escrib&#237; sobre los &lt;A id=link_1 title=http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2009/10/10/receptores href="http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2009/10/10/receptores"&gt;receptores de los cannabinoides&lt;/A&gt;, situados en la membrana de las c&#233;lulas, y que son quienes nos transmiten la informaci&#243;n de que all&#237; est&#225;n, por fin y para alivio de todos, los cannabinoides. Bueno, pues tengo alguna informaci&#243;n m&#225;s sobre cannabinoides, receptores y su acci&#243;n sobre nuestro cuerpo y nuestro comportamiento.

 Por ejemplo, Carlos Goicoechea e Isabel Mart&#237;n, de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, revisan la acci&#243;n de cannabinoides (del cannabis) y opiodes (del opio) sobre el dolor. El del opio y su derivado m&#225;s habitual, la morfina, ya es bastante conocido. Pues los cannabinoides de la marihuana tienen una actuaci&#243;n parecida: se unen a los receptores CB1 y CB2 en muchas neuronas del sistema nervioso central e inhiben el funcionamiento del sistema de llegada de la informaci&#243;n sobre el dolor al cerebro o provocan la liberaci&#243;n de endorfinas, no queda claro en este trabajo. Y, en consecuencia, dolor que no conoce el cerebro, dolor que no se siente (&lt;EM&gt;Ojos que no ven, coraz&#243;n que no siente&lt;/EM&gt;, aunque el que manda es el cerebro). Esta es la raz&#243;n de la administraci&#243;n, a menudo ilegal pero pr&#225;ctica, de marihuana a los enfermos de c&#225;ncer. Aunque no es la &#250;nica raz&#243;n, como veremos ahora.

 Una de las caracter&#237;sticas obvias de padecer una enfermedad desagradable y dolorosa y, para ser realista, de la vida en general, son los recuerdos desagradables. Tienden a olvidarse con el tiempo; no hay quien aguante toda su vida recordando lo malo. Es mejor centrarse en lo bueno que nos ha pasado, y que nos pasa. Pero, los recuerdos desagradables tienen un valor evolutivo esencial: nos obligan a evitar situaciones peligrosas. Por eso se olvidan con el tiempo, si no se repite la situaci&#243;n peligrosa. Pero, si se padece una enfermedad, se repiten, vaya que s&#237;, y durante todo el proceso de la enfermedad. Y, llegados aqu&#237;, se preguntar&#225;n que tiene que ver esto con el sistema de los cannabinoides. Pues porque Giovanni Marsicano y sus colaboradores, del Instituto Max Planck de Psiquiatr&#237;a de Munich, han descubierto en ratones que el receptor CB1, el de los cannabinoides, interviene en la p&#233;rdida de la memoria de los recuerdos desagradables. Esto explica que una de las caracter&#237;sticas m&#225;s alegres de los fumadores de porros es que son unos felices. Es obvio, est&#225;n olvidando todo lo malo que les ha ocurrido a marchas forzadas, con cada porro que se fuman. Y tambi&#233;n podemos entender la utilidad de la marihuana para los enfermos de c&#225;ncer, y no s&#243;lo en cuanto al alivio del dolor.

 Y, para terminar y muy brevemente, la marihuana, es decir, el sistema de recetores de los cannbinoides de la marihuana, tambi&#233;n interviene en el aumento de apetito, sobre todo de alimentos dulces y sabrosos. Ha sido el mismo grupo de Giovanni Marsicano que he mencionado en el p&#225;rrafo anterior, quien ha revisado los datos concidos hasta ahora y han encontrado una relaci&#243;n enstad&#237;stica entre los porros y la obesidad y una relaci&#243;n en las neuronas entre los famosos CB1 y CB2, los receptores de los cannabinoides, y los derivados de la marihuana. Seg&#250;n Marsicano, parece que es el CB1 quien interviene con m&#225;s eficacia en este proceso. 

 En resumen, fumar porros alivia el dolor, nos evita recordar lo malo, lo que implica que nos da m&#225;s tiempo para ocuparnos de lo bueno y, finalmente, nos mantiene algo m&#225;s gorditos, aunque sin exagerar.

  

 *Cota, D., G. Marsicano, B. Lutz, V. Vicennati, G.K. Stalla, R. Pasquali &amp;amp; U. Pagotto. 2003. Endogeous cannabinoid system as a modulator of food intake. &lt;EM&gt;International Journal of Obesity &lt;/EM&gt;27: 289-301.

 *Goicoechea Garc&#237;a, C. &amp;amp; M.I. Mart&#237;n Fontelles. 2009. Sistemas cannabinoide y opiode en los mecanismos y el control del dolor. &lt;EM&gt;Reumatolog&#237;a Cl&#237;nica &lt;/EM&gt;5: 5-8.

 *Marsicano, G., C.T. Wotjak, S.C. Azad, T. Bisogno, G. Rammes, M.G. Caszio, H. Hermann, J. Tang, C. Hofmann, W. Zieglg&#228;nsberger, V. Di Marzo &amp;amp; B. Lutz. 2002. The endogenous cannabinoid system controls extinction of aversive memories. &lt;EM&gt;Nature &lt;/EM&gt;418: 530-534.

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    <body>Hay dichos que resultan ser verdad a pesar de que los creamos met&#225;foras del lenguaje. Por ejemplo, "me hierve el coraz&#243;n", "mirada de hielo",... Como ven, todos unen temperatura y sentimiento. Para dilucidar si existe esta relaci&#243;n, Chen-Bo Zhong y Geoffrey Leonardelli, de la Universidad de Toronto, colocaron a 65 universitarios en cub&#237;culos cuya temperatura iba de 12 a 40&#186;C y les sometieron a diversos cuestionarios para evaluar su grado de aceptaci&#243;n o rechazo social. Cuando, despu&#233;s del experimento, se les ped&#237;a una estimaci&#243;n de la temperatura del cuarto en el que hab&#237;an estado, los excluidos, sistem&#225;ticamente, daban una temperatura menor que la real, a diferencia de los aceptados socialmente, que se acercaban m&#225;s a la temperatura real. 

 En un segundo experimento, esta vez con 52 universitarios, los autores crean una situaci&#243;n real de exclusi&#243;n social por medio de 30 lanzamientos de una pelota; los excluidos la lanzan las dos primeras veces y despu&#233;s no se les deja ni intentarlo. En la segunda parte del experimento, sin aparente relaci&#243;n con la primera, se da a los universitarios a elegir entre varias bebidas calientes o fr&#237;as. Y, de nuevo, sistem&#225;ticamente, los excluidos prefieren las bebidas m&#225;s calientes. En resumen, la exclusi&#243;n da fr&#237;o. &#191;Recuerdan aquello de "&lt;EM&gt;Pero los hijos del reino ser&#225;n arrojados a las tinieblas de afuera; all&#237; ser&#225; el llanto y crujir de dientes&lt;/EM&gt;" (Mateo, 8, 12)?

 Y todo esto &#191;produce el efecto contrario? Es decir, &#191;el fr&#237;o nos excluye y el calor nos une? Algo as&#237; se pregunt&#243; Brittany Horth, de la Universidad de California en Los Angeles. Plante&#243; un estudio con 65 estudiantes a los que visti&#243; con ropas calurosas, neutras o frescas. A continuaci&#243;n les di&#243; elegir palabras que, en unos casos, significaban aceptaci&#243;n (amor, abrazo) y en otros, exclusi&#243;n (rechazo, abandono). Y los resultados apoyan la hip&#243;tesis de partida: los vestidos con ropas frescas eleg&#237;an con m&#225;s rapidez las palabras que excluyen mientras que los que llevan ropas c&#225;lidas eligen los t&#233;rminos que significan aceptaci&#243;n.

 Ya saben, no s&#243;lo de la moda dependen las prendas que vistamos, tambi&#233;n de nuestros sentimientos e, incluso, pueden provocarlos.

  

 *Horth, B. 2009. Determining the link between temperature perception mechanisms and feelings on social connection. &lt;EM&gt;UCLA Undergraduate Psychology Journal &lt;/EM&gt;7: 47-56.

 *Zhong, C.-B. &amp;amp; G.J. Leonardelli. 2008. Cold and lonely. Does social exclusion literally feel cold? &lt;EM&gt;Psychological Science &lt;/EM&gt;19: 838-842. 

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    <title>Fr&#237;o</title>
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    <body>Todos saben lo que es la testosterona; incluso a veces se utiliza casi como un adjetivo para los hombres de musculatura desmesurada. Es una hormona producida por los test&#237;culos y que, entre otras funciones, induce el desarrollo de la masa muscular. Tambi&#233;n las mujeres tienen testosterona, sintetizada en los ovarios,&lt;IMG id=img_0 class=imgcen src="http://blogs.elcorreodigital.com/blogfiles/labiologiaestupenda/177860_testosteronepresidential.jpg"&gt;en una concentraci&#243;n menor que los hombres. Su funci&#243;n biol&#243;gica principal, en los hombres, es animar a la lucha y la confrontaci&#243;n; all&#237; donde hay foll&#243;n, sube la concentraci&#243;n de testosterona, y lo que era un grupo de personas se convierte en una masa peleona y escandalosa. Sin embargo, y es llamativo, no es necesario ser protagonista para cargarse de testosterona. Por ejemplo, en 1994 se celebr&#243; el Campeonato del Mundo de F&#250;tbol en Estados Unidos; la final la jugaron Brasil e Italia, y Paul Bernhardt y su grupo, de la Universidad de Utah en Salt Lake City, midieron la concentraci&#243;n de testosterona en la saliva de hinchas de ambos equipos, hinchas que, por supuesto no jugaron el partido, s&#243;lo lo vieron. Al acabar el partido, la testosterona subi&#243; en los brasile&#241;os y cay&#243; a niveles hist&#243;ricos en los italianos. Adivinen qui&#233;n gan&#243;.

 Por tanto, no es necesario pegarse para tener altos niveles de testosterona; s&#243;lo se necesita creer con firmeza que uno se est&#225; pegando. Ahora miren la gr&#225;fica que aparece m&#225;s arriba. Pertenece a un trabajo firmado por Steven Stanton y su grupo, de la Universidad Duke de Durham, en Carolina del Norte, y representa la concentraci&#243;n de testosterona en la saliva de los votantes de los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos en las elecciones del a&#241;o pasado. Las muestras se tomaron antes de saber el vencedor (todos con igual concentraci&#243;n), cuando se anuncia el ganador y 20 y 40 minutos despu&#233;s. Seguro que es f&#225;cil adivinar quien es el actual Presidente de los Estados Unidos. Un apunte curioso: los perdedores son John McCain, del Partido Republicano y Robert Barr, del Partido Libertario, y los votantes de ambos tienen parecida concentraci&#243;n de testosterona a pesar de que los libertarios sab&#237;an con total seguridad que no iban a ganar. Pero, por lo visto, nuestra especie es as&#237; de so&#241;adora y se carga de testosterona a la menor provocaci&#243;n. Y otro dato m&#225;s: las mujeres tienen una concentraci&#243;n de testosterona en saliva casi cuatro veces menor que los hombres y, voten a quien voten, esa concentraci&#243;n casi no cambia gane su candidato o no.

  

 *Bernhardt, P.C., J.M. Dabbs, Jr., J.A. Fielden &amp;amp; C.D. Lutter. 1998. Testosterone changes during vivarious experiences of winning and losing among fans at sporting events. &lt;EM&gt;Physiology &amp;amp; Behavior &lt;/EM&gt;65: 59-62.

 *Stanton, S.J., J.C. Beehner, E.K. Saini, C.M. Kuhn &amp;amp; K.S. LaBar. 2009. Dominance, politics, and physiology: Voters' testosterone changes on the night of the 2008 United States Presidential Election.&lt;EM&gt; PLoS ONE &lt;/EM&gt;4: e7543

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    <body>De nuevo m&#225;s ajo; est&#225; claro que vuelvo sobre el ajo &lt;A id=link_1 title=http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2008/11/12/ajo-i- href="http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2008/11/12/ajo-i-"&gt;una &lt;/A&gt;y &lt;A id=link_0 title=http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2008/11/12/ajo-ii- href="http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2008/11/12/ajo-ii-"&gt;otra vez&lt;/A&gt;. Esta planta es eficaz contra las enfermedades cardiovasculares y, seg&#250;n Tariq Abdullah y su grupo, de la Fundaci&#243;n Cl&#237;nica y de Investigaci&#243;n Akbar, de Panama City en Florida, el ajo actua en &lt;A id=link_2 title=http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000396.htm href="http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000396.htm"&gt;hiperlipidemia&lt;/A&gt;, c&#225;ncer, intoxicaci&#243;n con metales pesados, hipertensi&#243;n, da&#241;o por radicales libres y estados de inmunodeficiencia. Todo esto en 1988, pero, en el 2001, Khalid Rahman revisa los estudios publicados en los &#250;ltimos a&#241;os que se centran en la relaci&#243;n entre el ajo y, en concreto, las enfermedades cardiovasculares. Estas enfermedades son causadas por varios factores, algunos de ellos poco conocidos, como nivel alto de colesterol, hipertensi&#243;n, &lt;A id=link_3 title=http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000577.htm href="http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000577.htm"&gt;fibrinolisis &lt;/A&gt;(es decir, desaparici&#243;n de co&#225;gulos de sangre) reducida, aumento de la rapidez en la formaci&#243;n de co&#225;gulos y aumento de la agregaci&#243;n de &lt;A id=link_4 title=http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003647.htm href="http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003647.htm"&gt;plaquetas &lt;/A&gt;(part&#237;culas de la sangre que intervienen en la formaci&#243;n de co&#225;gulos). Como ven, algunos de estos procesos, que intervienen en las enfermedades cardiovasculares seg&#250;n Rahman, son los mismos que aten&#250;a el ajo seg&#250;n Abdullah y sus colaboradores. Es f&#225;cil plantear la hip&#243;tesis de que el ajo puede ayudar contra estas dolencias.

Seg&#250;n la revisi&#243;n de Rahman, est&#225; demostrado que el ajo normaliza la concentraci&#243;n de l&#237;pidos en sangre, la fibrinolisis, la agregaci&#243;n de plaquetas y la bajada de la tensi&#243;n sangu&#237;nea. Sin embargo, los trabajos publicados no lo acaban de demostrar sin ninguna duda pues son muy diferentes en cuanto a los m&#233;todos y, en consecuencia, no son f&#225;ciles de comparar. 

Adem&#225;s, queda por dilucidar c&#243;mo preparar el ajo para que sea m&#225;s eficaz: crudo, picado, cocinado, seco,... Hace unos d&#237;as, Subhendu Mukherjee y sus colaboradores, de la Universidad de Connecticut en Farmington, han publicado un estudio, hecho en ratas, que prueba que es el ajo crudo el m&#225;s eficaz sobre los par&#225;metros de la sangre. Los autores utilizan tres grupos de ratas; a uno lo alimentan con ajo crudo, a otro con ajo seco y al &#250;ltimo, sin ajo. A los 30 d&#237;as las ratas son sacrificadas, se les extrae el coraz&#243;n y se les provoca un infarto coloncando los corazones en atm&#243;sfera sin ox&#237;geno. Las ratas alimentadas con ajo responden mucho mejor a la terapia. El ajo crudo libera sulfuro de hidr&#243;geno, de ah&#237; su olor carater&#237;stico, y este compuesto es relajante de las arterias y venas, permitiendo que aumente su di&#225;metro y, en consecuencia, la cantidad de sangre (y ox&#237;geno) que pueden conducir. En las ratas, el ajo acelera la recuperaci&#243;n de la corriente sangu&#237;nea en la aorta y aumenta la tensi&#243;n sangu&#237;nea en el ventr&#237;culo izquierdo del coraz&#243;n.



*Abdullah, T.H., O. Kandil, A. Elkadi &amp;amp; J. Carter. 1988. Garlic revisited: Therapeutic for the major diseases of our times? &lt;EM&gt;Journal of National Medical Association &lt;/EM&gt;80: 439-445.

*Mukherjee, S., I. Lekli, S. Goswami &amp;amp; D.K. Das. 2009. Freshly crushed garlic is a superior cardioprotective agent than processed garlic. &lt;EM&gt;Journal of Agricultural and Food Chemistry&lt;/EM&gt; 57: 7137-7144.

*Rahman, K. 2001. Historical perspective on garlic and cardiovascular disease. &lt;EM&gt;Journal of Nutrition &lt;/EM&gt;131: 977S-979S.

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    <title>Ajo (III)</title>
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    <body>La m&#250;sica est&#225; presente en todas las culturas y es evidente que la sensibilidad a la m&#250;sica aparece muy temprano en los ni&#241;os. Istv&#225;n Winkler y su grupo, de la Academia H&#250;ngara de las Ciencias, han estudiado y publicado en febrero de este a&#241;o un art&#237;culo que demuestra que los ni&#241;os reci&#233;n nacidos ya son capaces de detectar el ritmo en la m&#250;sica. Trabajaron con 14 ni&#241;os neonatos a los 2-3 d&#237;as del parto, que, durmiendo escuchan esto que voy a transcribir en ingl&#233;s pues no s&#233; c&#243;mo traducirlo exactamente y, seguro, entre los lectores habr&#225; m&#225;s de uno que me puede ayudar: &lt;EM&gt;sound sequences based on a typical 2-measure rock drum accompaniment pattern composed of snare, bass and hi-hat spanning 8 equally spaced (isochronous) positions&lt;/EM&gt;. A partir de estas secuencias b&#225;sicas, se crean otras en las que se omiten sonidos en diferentes posiciones. Los ni&#241;os escuchan 5 secuencias de sonido que comprenden 276 sonidos est&#225;ndar como los descritos y 30 con parte de la secuencia. A la vez que escuchan la m&#250;sica, se obtiene su encefalograma. 

En los encefalogramas se observa c&#243;mo los ni&#241;os detectan la secuencia b&#225;sica de sonidos as&#237; como si falta algunos de los pasos; cuando faltan dos pasos, el ni&#241;o lo detecta como la falta de dos pasos separados y no de una parte completa de la secuencia. Es como si segregara los sonidos y creara expectativas distintas para cada uno de ellos y, si uno no suena, su cerebro revela que le ha fallado algo que esperaba. Todo ello parece indicar que la detecci&#243;n del ritmo podr&#237;a ser innata; hay que recordar que el oido es parcialmente funcional desde tres meses antes del nacimiento.

Brevemente, sigamos la historia de los ni&#241;os hasta los ocho a&#241;os. Sylvain Moreno y sus colaboradores, de la Universidad de Marsella, han estudiado, con 32 ni&#241;os que no practican ning&#250;n tipo de m&#250;sica, y durante 9 meses, si el aprendizaje musical tiene alguna relaci&#243;n con las habilidades ling&#252;&#237;sticas. Se asigna a los chavales, al azar, a cursos de m&#250;sica y de pintura durante seis meses. Y despu&#233;s de las clases de m&#250;sica, pero no de las de pintura, los ni&#241;os leen mejor y son capaces de una mejor discriminicaci&#243;n de vocabulario al hablar. Y en s&#243;lo seis meses, a los ocho a&#241;os de edad. Est&#225; claro que hay una relaci&#243;n (es el mismo sentido: el o&#237;do) en el cerebro entre la m&#250;sica y el lenguaje. Parece l&#243;gico.

Y sigamos a nuestros ni&#241;os hasta la adolescencia. Darby Southgate y Vincent Roscigno, de la Universidad Estatal de Ohio en Columbus, han revisado trabajos ya publicados, en los que interven&#237;an unos 20000 ni&#241;os y 25000 adolescentes, sobre la influencia de la m&#250;sica en el rendimiento escolar. En los trabajos se ten&#237;a en cuenta la m&#250;sica en el centro de ense&#241;anza, fuera del centro y la participaci&#243;n de los padres en la asistencia a conciertos. Sin entrar en detalles, que si no esto se alarga, la participaci&#243;n en actividades musicales, sea dentro o fuera del centro de ense&#241;anza, se asocia con las medidads de aprovechamiento acad&#233;mico.

En resumen, que si alg&#250;n d&#237;a encuentro algo de bibliograf&#237;a en contra de la m&#250;sica (dejando de lado el ya varias mencionado&lt;EM&gt; heavy metal&lt;/EM&gt;), eso s&#237; que ser&#225; noticia y ya os lo contar&#233;.


*Moreno, S., C. Marques, A. Santos, M. Santos, S.L. Castro &amp;amp; M. Besson. 2009. Musical training influences linguistic abilities in 8-year-old children: more evidence for brain plasticity. &lt;EM&gt;Cerebral Cortex &lt;/EM&gt;19: 712-723.

*Southgate, D.E. &amp;amp; V.J. Roscigno. 2009. The impact of music on childhood and adolescent achievement. &lt;EM&gt;Social Science Quarterly &lt;/EM&gt;90: 4-20.
*Winkler, I., G.P. H&#225;den, O. Ladinig, I. Sziller &amp;amp; H. Honing. 2009. Newborn infants detect the beat in music. &lt;EM&gt;Proceedings of the National Academy of Sciences USA &lt;/EM&gt;106: 2468-2471.











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    <title>M&#225;s m&#250;sica</title>
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    <body>Hace un tiempo publiqu&#233; un post sobre la influencia positiva de las &lt;A id=link_0 title=http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2009/9/24/flores#comments href="http://blogs.elcorreodigital.com/labiologiaestupenda/2009/9/24/flores#comments"&gt;flores &lt;/A&gt;en la recuperaci&#243;n de pacientes operados en hospitales. Entre los comentarios, un an&#243;nimo me interrogaba sobre si hab&#237;a estudios parecidos para la televisi&#243;n. En el post de las flores, los pacientes respond&#237;an que eran lo m&#225;s importante que ten&#237;an en su habitaci&#243;n pero, si no hab&#237;a flores, lo m&#225;s importante (para m&#225;s de un 90% de los pacientes) era la televisi&#243;n. Pues bien, despu&#233;s de buscar bibliograf&#237;a sobre la televisi&#243;n en las habitaciones de los hospitales, las conclusi&#243;n es que los estudios no son nada claros en sus resultados, tendiendo m&#225;s que nada hacia el lado oscuro. Por ejemplo y para empezar, nada menos que ya en 1992, un hospital psiqui&#225;trico de Middleton, en Connecticut, tuvo que retirar los videos musicales de la MTV de las salas del hospital porque induc&#237;an a la violencia en los pacientes. El trabajo, firmado por Bradley Waite y su grupo, de la Universidad Central del Estado de Connecticut en New Britain, lo realizaron por medio de un seguimiento de la conducta de 222 pacientes, de 18 a 67 a&#241;os, durante 55 semanas. Utilizaron una escala que mide las conductas agresivas; esta escala baj&#243; de 44, con MTV, a 28, despu&#233;s de retirar la televisi&#243;n.

A&#241;os m&#225;s tarde, Roger Ulrich y sus colaboradores, de la Universidad A&amp;amp;M de Texas en College Station, publicaron un estudio m&#225;s detallado sobre la presencia de la televisi&#243;n en los hospitales. Lo hicieron con 872 donantes, con una edad media de 44 a&#241;os, a los que se extrajo sangre en condiciones ambientales diferentes: sin televisi&#243;n (pantalla en negro) y con televisi&#243;n proyectando un documental sobre la naturaleza, im&#225;genes de un entorno urbano o la programaci&#243;n diaria. Los autores miden el pulso y la tensi&#243;n sangu&#237;nea de los donantes. Primer resultado: los donantes est&#225;n m&#225;s estresados con televisi&#243;n que sin ella. Segundo resultado: los donantes est&#225;n m&#225;s estresados con las im&#225;genes urbanas que con las de la naturaleza. La programaci&#243;n diaria es casi peor pues es incontrolable y se puede pasar del relajo al agobio en unos minutos, seg&#250;n lo que ofrezca la programaci&#243;n. El jefe de este grupo de investigaci&#243;n, el mencionado Roger Ulrich, en la actualidad asesora en la creaci&#243;n de entornos no estresantes en la construcci&#243;n de hospitales.

En 2006, Karin Dijkstra y su grupo, de la Universidad de Twente, en Enschede, Holanda, revisaron 4075 art&#237;culos que trataban sobre el entorno f&#237;sico de todo tipo existente en los hospitales. De todo este ingente mont&#243;n de art&#237;culos, s&#243;lo 30 cumpl&#237;an las exigentes condiciones de dise&#241;o y estudio estad&#237;stico de los resultados que plantearon los autores. Y, en cuanto a la televisi&#243;n en concreto, s&#243;lo dos de los 30 art&#237;culos la trataban en profundidad: el de Roger Ulrich, que ya conocemos, y otro que estudia la presencia o no de televisi&#243;n en las salas de espera de un hospital. La conclusi&#243;n es clara: da igual que haya o no televisi&#243;n en la sala de espera; no modifica la experiencia de la espera ni para pacientes ni para familiares.

 Y, para terminar, hay un grupo de enfermeras de varios hospitales de Estados Unidos que, lideradas por Kimberly Montague, llevan a&#241;os estudiando y proyectando un hospital que sea mucho m&#225;s tranquilo y silencioso de lo que ahora son, habitualmente, estos edificios: parientes, visitas de m&#233;dicos y enfermeras, muchos aparatos con escandalosos sistemas de alarma, entornos urbanos con tr&#225;fico, sirenas de ambulancia, ruido blanco de tanto chisme electr&#243;nico,... Y, entre ellos, la televisi&#243;n en habitaciones y, como hemos visto, salas de espera. Proponen, como mejor sistema eliminar la televisi&#243;n, pero, si no es posible, utilizarla de una manera m&#225;s adecuada. Por ejemplo, acercar los altavoces al paciente lo que permitir&#237;a escucharla sin subir mucho el volumen.

 En conclusi&#243;n, uniendo los resultados del post Flores y lo que acabo de escribir, est&#225; claro, son mejor las flores que la televisi&#243;n.


*Dijkstra, K., M. Pieterse &amp;amp; A. Pruyn. 2006. Physical environmental stimuli that turn healthcare facilities into healing environments through psychologically mediated effects: systematic review. &lt;EM&gt;Journal of Advanced Nursing &lt;/EM&gt;56: 166-181.

 *Montague, K.N., C.M. Blietz &amp;amp; M. Kachur. 2009. Ensuring quieter hospital environments. &lt;EM&gt;American Journal of Nursing &lt;/EM&gt;109: 65-67.

 *Ulrich, R.S., R.F. Simons &amp;amp; M.A. Miles. 2003. Effects of environmental simulations and television on blood donor stress. &lt;EM&gt;Journal of Architectural and Planning Research &lt;/EM&gt;20: 38-47.
*Waite, B.M., M. Hillbrand &amp;amp; H.G. Foster. 1992. Reduction of aggressive behavior after removal of Music Television. &lt;EM&gt;Hospital and Community Psychiatry &lt;/EM&gt;43: 173-175.



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