Pumas

Escrito por: Eduardo Angulo

18 May 2009

En Anthrozoos, en la misma revista y número en que se bautizaba a las vacas con la sana intención de que dieran más leche, Richard Coss y su grupo, de la Universidad de California en Davis, escriben sobre el comportamiento de la especie humana cuando alguno de sus miembros es atacado por un puma (Puma concolor). Para ello, Coss y sus colegas estudian 185 ataques de pumas documentados en Estados Unidos y Canadá entre 1890 y 2000. Al analizar los datos, destaca que los pumas hacen más o menos daño según el comportamiento del humano atacado. Los autores relacionan los ataques con resultado de muerte, con heridas graves, con heridas leves y sin heridas, con la edad, el número de personas del grupo atacado, la postura del cuerpo y la acción emprendida, que puede ser hacer ruido, correr o disparar.

La edad y el número de individuos (aunque parece que es mejor ser dos o más) no influyen en los resultados del ataque. La velocidad a la que el atacado escape parece que no influye aunque, si se queda inmóvil, aumenta la probabilidad de ser herido gravemente (43%) y baja la probabilidad de escapar ileso (26%). Más o menos, la mitad de los que corren, sea rápido o lento, consiguen escaparse y, en general, correr es buena idea pues los ataques con resultado de muerte aumentan sólo un poco (hasta el 28%) en comparación con los que se quedan quietos (el 23%). Es evidente que la mitad de los que corren, escapan, y por ello, los autores del artículo suponen que los pumas, al notar que la persona atacada permanece inmóvil, piensan que no se ha enterado de su presencia y que, por lo tanto, es presa fácil.

Existe una teoría sobre la evolución del miedo que afirma las ventajas del terror que nos mantiene inmóviles ante la presencia del depredador, suponiendo que éste nos cree otra cosa, quizá un árbol, se confunde y se va a por otra presa. Está claro que esto no ocurre con los pumas; si se encuentra con alguno, corra lo más rápido posible. Lo dicen los científicos. Y quizá se salve, sólo quizá.

*Coss, R.G., L.E. Fitzhugh, S. Schmid-Holmes, M.W. Kenyon & K. Etling. 2009. The effects of human age, group composition, and behavior on the likelihood of being injured by attacking pumas. Anthropos 22: 77-87.

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mlandas dijo

Entre que abro el bolso, saco las gafas-nunca camino con ellas- me las coloco e identifico al animal para decidir si correr o estarme quieta...ya me ha matado.

Rezo para que no haya más excepciones.

Eduardo Angulo

Eduardo Angulo dijo

En un caso así, hay que aplicar el plan B: estarse quieto y rezar en silencio para que el puma piense que eres el tronco de un árbol. Y que haya suerte.

mlandas dijo

Acabas de matarme tú, no hace falta que me devore el puma.

Con la atención que he puesto yo en leer este post...¿No se supone que si me quedo quieta el animalico va a pensar que soy cortica de visión, que no lo he visto y que soy presa fácil?

Eduardo Angulo

Eduardo Angulo dijo

Ya, ya, es cierto, pero cuando no hay más remedio no queda más que hacer el tancredo, es decir, quieto y a esperar que sea el puma más tonto de la manada. Entre los expertos, se discute con mucha pasión cuál es el valor adaptativo del miedo y terror que tanto nos gusta sufrir (películas, libros, bromas, sustos,...), y todos están de acuerdo en que tiene que ver con la defensa de los depredadores. En lo que ya no están de acuerdo es en el comportamiento adecuado, si es el tancredo o es el Carl Lewis, inmovilidad o correr como locos. Por ejemplo, hace unos días Eduard Punset, en el programa de Buenafuente, se declaró partidario de la inmovilidad. Sin embargo, estos datos de los ataques de los pumas parecen demostrar lo contrario. En la duda, y si uno es un torpe como yo, no hay más remedio que el tancredo. Y si te encuentras con un puma, que haya suerte.

mlandas dijo

Yo, sin duda, me quedaría paralizada al menos cinco segundos y creo que, sin duda también, después me echaría a tierra y comenzaría a gritar como una loca.

La verdad es que, bromas aparte, me gustó el post, que lo sepas.

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Sobre este blog

La biología estupenda

Eduardo Angulo es doctor en Biología y profesor de la Universidad del País Vasco. Su área de investigación es el estudio microscópico de células y tejidos, y su relación con los cambios ambientales. Ha publicado más de cien artículos de investigación en revistas científicas y es autor de los libros 'Julio Verne y la cocina: la vuelta al mundo en 80 recetas' y 'Monstruos'. Es miembro del Círculo Escéptico.

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