01 Nov 2009

Hace un tiempo escribí sobre la marihuana y allí aclaré lo que son los cannabinoides, esas sustancias que nos relajan y nos dejan tan contentos. Y, unos días después, escribí sobre los receptores de los cannabinoides, situados en la membrana de las células, y que son quienes nos transmiten la información de que allí están, por fin y para alivio de todos, los cannabinoides. Bueno, pues tengo alguna información más sobre cannabinoides, receptores y su acción sobre nuestro cuerpo y nuestro comportamiento.

Por ejemplo, Carlos Goicoechea e Isabel Martín, de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, revisan la acción de cannabinoides (del cannabis) y opiodes (del opio) sobre el dolor. El del opio y su derivado más habitual, la morfina, ya es bastante conocido. Pues los cannabinoides de la marihuana tienen una actuación parecida: se unen a los receptores CB1 y CB2 en muchas neuronas del sistema nervioso central e inhiben el funcionamiento del sistema de llegada de la información sobre el dolor al cerebro o provocan la liberación de endorfinas, no queda claro en este trabajo. Y, en consecuencia, dolor que no conoce el cerebro, dolor que no se siente (Ojos que no ven, corazón que no siente, aunque el que manda es el cerebro). Esta es la razón de la administración, a menudo ilegal pero práctica, de marihuana a los enfermos de cáncer. Aunque no es la única razón, como veremos ahora.

Una de las características obvias de padecer una enfermedad desagradable y dolorosa y, para ser realista, de la vida en general, son los recuerdos desagradables. Tienden a olvidarse con el tiempo; no hay quien aguante toda su vida recordando lo malo. Es mejor centrarse en lo bueno que nos ha pasado, y que nos pasa. Pero, los recuerdos desagradables tienen un valor evolutivo esencial: nos obligan a evitar situaciones peligrosas. Por eso se olvidan con el tiempo, si no se repite la situación peligrosa. Pero, si se padece una enfermedad, se repiten, vaya que sí, y durante todo el proceso de la enfermedad. Y, llegados aquí, se preguntarán que tiene que ver esto con el sistema de los cannabinoides. Pues porque Giovanni Marsicano y sus colaboradores, del Instituto Max Planck de Psiquiatría de Munich, han descubierto en ratones que el receptor CB1, el de los cannabinoides, interviene en la pérdida de la memoria de los recuerdos desagradables. Esto explica que una de las características más alegres de los fumadores de porros es que son unos felices. Es obvio, están olvidando todo lo malo que les ha ocurrido a marchas forzadas, con cada porro que se fuman. Y también podemos entender la utilidad de la marihuana para los enfermos de cáncer, y no sólo en cuanto al alivio del dolor.

Y, para terminar y muy brevemente, la marihuana, es decir, el sistema de recetores de los cannbinoides de la marihuana, también interviene en el aumento de apetito, sobre todo de alimentos dulces y sabrosos. Ha sido el mismo grupo de Giovanni Marsicano que he mencionado en el párrafo anterior, quien ha revisado los datos concidos hasta ahora y han encontrado una relación enstadística entre los porros y la obesidad y una relación en las neuronas entre los famosos CB1 y CB2, los receptores de los cannabinoides, y los derivados de la marihuana. Según Marsicano, parece que es el CB1 quien interviene con más eficacia en este proceso.

En resumen, fumar porros alivia el dolor, nos evita recordar lo malo, lo que implica que nos da más tiempo para ocuparnos de lo bueno y, finalmente, nos mantiene algo más gorditos, aunque sin exagerar.

*Cota, D., G. Marsicano, B. Lutz, V. Vicennati, G.K. Stalla, R. Pasquali & U. Pagotto. 2003. Endogeous cannabinoid system as a modulator of food intake. International Journal of Obesity 27: 289-301.

*Goicoechea García, C. & M.I. Martín Fontelles. 2009. Sistemas cannabinoide y opiode en los mecanismos y el control del dolor. Reumatología Clínica 5: 5-8.

*Marsicano, G., C.T. Wotjak, S.C. Azad, T. Bisogno, G. Rammes, M.G. Caszio, H. Hermann, J. Tang, C. Hofmann, W. Zieglgänsberger, V. Di Marzo & B. Lutz. 2002. The endogenous cannabinoid system controls extinction of aversive memories. Nature 418: 530-534.

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Rackham the Red dijo

¡Anda! Eso es genial, sobre todo para gente depresiva, que siempre tienen vivencias horrorosas que contar. Les das un porro, y les borra los recuerdos malos, además de llenarles la boca con comida, con lo cual eliminas a los petardos.
Voy a tener que agenciarme un poco de marihuana para esas visitas indeseadas que te amargan la tarde; además les haces un favor y les alegras la vida. :-)

Ireul

Ireul dijo

Con el último párrafo de la entrada parece que estuvieras haciendo apología al consumo de marihuana, omitiendo el efecto negativo de la misma sobre la memoria.

camilo

camilo dijo

pues les digo el porro ademas de ser relajante y aliviador del estado de animo es muy bueno en los momentos de tener relaciones sexuales .

Eduardo

Eduardo dijo

Ireul, hasta ahora todo lo escrito ha sido bueno respecto a la marihuana; hoy o, si no tengo tiempo, mañana, empieza lo malo, que es mucho y, sobre todo, si es sin control. Hablaremos más de todo esto.

Ireul

Ireul dijo

Está bien Eduardo, estaré a la espera. Excelente blog.

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Sobre este blog

La biología estupenda

Eduardo Angulo es doctor en Biología y profesor de la Universidad del País Vasco. Su área de investigación es el estudio microscópico de células y tejidos, y su relación con los cambios ambientales. Ha publicado más de cien artículos de investigación en revistas científicas y es autor de los libros 'Julio Verne y la cocina: la vuelta al mundo en 80 recetas' y 'Monstruos'. Es miembro del Círculo Escéptico.

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