29 Oct 2009

Todos saben lo que es la testosterona; incluso a veces se utiliza casi como un adjetivo para los hombres de musculatura desmesurada. Es una hormona producida por los testículos y que, entre otras funciones, induce el desarrollo de la masa muscular. También las mujeres tienen testosterona, sintetizada en los ovarios,en una concentración menor que los hombres. Su función biológica principal, en los hombres, es animar a la lucha y la confrontación; allí donde hay follón, sube la concentración de testosterona, y lo que era un grupo de personas se convierte en una masa peleona y escandalosa. Sin embargo, y es llamativo, no es necesario ser protagonista para cargarse de testosterona. Por ejemplo, en 1994 se celebró el Campeonato del Mundo de Fútbol en Estados Unidos; la final la jugaron Brasil e Italia, y Paul Bernhardt y su grupo, de la Universidad de Utah en Salt Lake City, midieron la concentración de testosterona en la saliva de hinchas de ambos equipos, hinchas que, por supuesto no jugaron el partido, sólo lo vieron. Al acabar el partido, la testosterona subió en los brasileños y cayó a niveles históricos en los italianos. Adivinen quién ganó.

Por tanto, no es necesario pegarse para tener altos niveles de testosterona; sólo se necesita creer con firmeza que uno se está pegando. Ahora miren la gráfica que aparece más arriba. Pertenece a un trabajo firmado por Steven Stanton y su grupo, de la Universidad Duke de Durham, en Carolina del Norte, y representa la concentración de testosterona en la saliva de los votantes de los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos en las elecciones del año pasado. Las muestras se tomaron antes de saber el vencedor (todos con igual concentración), cuando se anuncia el ganador y 20 y 40 minutos después. Seguro que es fácil adivinar quien es el actual Presidente de los Estados Unidos. Un apunte curioso: los perdedores son John McCain, del Partido Republicano y Robert Barr, del Partido Libertario, y los votantes de ambos tienen parecida concentración de testosterona a pesar de que los libertarios sabían con total seguridad que no iban a ganar. Pero, por lo visto, nuestra especie es así de soñadora y se carga de testosterona a la menor provocación. Y otro dato más: las mujeres tienen una concentración de testosterona en saliva casi cuatro veces menor que los hombres y, voten a quien voten, esa concentración casi no cambia gane su candidato o no.

*Bernhardt, P.C., J.M. Dabbs, Jr., J.A. Fielden & C.D. Lutter. 1998. Testosterone changes during vivarious experiences of winning and losing among fans at sporting events. Physiology & Behavior 65: 59-62.

*Stanton, S.J., J.C. Beehner, E.K. Saini, C.M. Kuhn & K.S. LaBar. 2009. Dominance, politics, and physiology: Voters' testosterone changes on the night of the 2008 United States Presidential Election. PLoS ONE 4: e7543

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swap

swap dijo

Qué interesante, y qué inculta puede ser una; y yo que creía que la testosterona sólo concernía a las mujeres. Siempre me suena esa palabreja en labios del ginecólogo al entregarte una análitica. Durante años la he venido escuchando, pero sin interesarme mucho por lo que significaba, aunque siempre queda ese resquicio de..¿qué será exactamente? Y la consiguiente negligencia de no molestarte en buscarlo. Pues gracias Eduardo, ahora he podido comprender uno de esos mini misterios que te persiguen, y es cierto que, a través de estas entradas de blog, se aprende muchísimo. Pero a parte de la hormona en cuestión y de dónde procede y quien la tiene en mayor o menor medida, lo que más me sorprende siempre es que existan este tipo de estudios, lo último que hubiera pensado, por ejemplo, en Obana, de cómo estaba la salivita de sus votantes el día definitivo de las elecciones.

Eduardo

Eduardo dijo

Eso de tener tanta testosterona en la saliva sin haber hecho nada directamente, demuestra cómo hemos aprendido a pelear por delegación. Nosotros no sufrimos daño y sólo asistimos, sin peligro. Es lo que ocurre con el fútbol: todos los espectadores con testosterona hasta arriba, pegando gritos, insultando y demás, y al acabar el partido, de vuelta a casa tan panchos.

swap

swap dijo

Eso, algo piripis, pero tan panchos. Pero lo que olvidé comentar el otro día y, que me sorprendió bastante, es el hecho de que las mujeres generen una concentración de testosterona en saliva, casi cuatro veces menor que los hombres, y ésto no será porque no nos alteremos. Me da pié a pensar que ya que la naturaleza lo compensa todo, otra hormona andará por ahí pululando para regular el ecosistema. Cuando nosotras sufrimos ese tipo de "alteraciones" llamemosles ¿emocionales?. Un ejemplo práctico, y mea culpa, que ninguna se de por aludida, pero, ¿y cuando estamos, sobre todo en casa, con esa "certeza" de que somos nosotras las que tiramos del carro, chillamos, hablamos más de la cuenta, nos movemos a velocidades de vértigo para terminar con todo y, como consecuencia aparecen otros síndromes, cuya solución, nos la ofrecen los facultativos en forma de fármacos (los famosos ansiolíticos). ¿Podría ser ésto únicamente inherente a la mujer? Para mi gusto y modo de ver percibo que el hombre, en general, tiene esa -inteligencia emocional-, mucho más equilibrada. ¿Consistirá todo ello en el funcioamiento hormonal?.

Eduardo

Eduardo dijo

Amiga swap, cada vez estoy más convencido de que, en gran parte, somos unos verdaderos sacos de hormonas que nos llevan de aquí para allá según les da la gana. Esto, viéndolo a través de la evolución, seguro que funcionó muy bien; la reacción es más rápida, casi instantánea y permite evitar mejor los peligros o reaccionar con más eficacia ante algo beneficioso para nuestros genes (por ejemplo, ante una posible pareja atractiva). Pero, en la actualidad, deberíamos ser más conscientes de nuestras hormonas y controlarnos. Es eso tan antiguo de primero contar hasta cien (o hasta mil, según lka concentración de hormonas) y después, quizá, actuar...

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Sobre este blog

La biología estupenda

Eduardo Angulo es doctor en Biología y profesor de la Universidad del País Vasco. Su área de investigación es el estudio microscópico de células y tejidos, y su relación con los cambios ambientales. Ha publicado más de cien artículos de investigación en revistas científicas y es autor de los libros 'Julio Verne y la cocina: la vuelta al mundo en 80 recetas' y 'Monstruos'. Es miembro del Círculo Escéptico.

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