Más de un idioma en el fútbol
Conduciendo por una carretera catalana, de vuelta a casa, sintonizaba la emisión deportiva de una cadena con cobertura nacional, Punto Radio, concretamente. La manecilla pequeña del reloj avanzaba hacia las nueve y la retransmisión y los comentarios me trasladaban a un San Mamés en calma chicha tras el cambio de Orbaiz, aletargado, esperando el pitido final. Un empate, que sabía a poco, pero que no disgustaba a nadie.
El penalti, el rugido de las gradas y una marea de banderas rojiblancas al final del partido trajeron elogios y más elogios a nuestra afición, a nuestra historia y a San Mamés. Oí frases del calado de “San Mamés es el mejor campo del mundo”. Periodistas deportivos, que normalmente pecan de merengues o rinden pleitesía a la magia culé, no pudieron por menos que reconocer en público la grandeza de nuestros colores.
El programa deportivo siguió su curso y, en un momento dado, conectó con la sala de prensa de San Mamés para escuchar al entrenador ché. Unai Emeri estaba contestando alguna pregunta en euskera. La reacción de parte del elenco de periodistas fue un cúmulo de despropósitos. Pero lo que es peor, eran reflexiones que venían de muy dentro, de la aversión al nacionalismo vasco.
No sólo cortaron la conexión con San Mamés, sino que calificaron de impresentable que en nuestra liga, en un acto oficial, se hablara en una lengua autonómica. Los argumentos que usaron me los callo. No sólo carecen de un razonamiento solvente, sino que son las frases manidas y vacías que utilizan siempre desde el centralismo más arcaico.
Eso sí, nunca ningunearon exclusivamente el euskera. Su ataque se camuflaba refiriéndose a las lenguas autonómicas, en general.
Pero me hace gracia, que desde el mundo del fútbol, “monten este circo” cuando es común que la plantilla culé haga declaraciones en catalán. El mismísimo Guardiola, desde que es entrenador de élite, ha aparecido en los medios de comunicación más hablando en su idioma materno que en cualquier otro. ¡Y quién no ha escuchado a extranjeros luchando por chapurrear la lengua mediterránea delante de un micrófono!
Y si vamos un poco más allá, lo que es inaceptable es que más de la mitad de los periodistas deportivos de medios de comunicación nacional sigan diciendo “Chabi” Alonso sin ningún pudor. ¡Es algo que me indigna! Mientras pronuncian perfectamente nombres y apellidos de jugadores catalanes con acento casi autóctono, aún taladra mis recuerdos algún que otro periodista que nos hablaba de un tal Julen (pronunciado con una jota seca y agresiva) Guerrero.
El abrazo de mundo del fútbol con el nacionalismo catalán es evidente. Su rechazo a lo vasco también.
¡Qué pena que el fanatismo político se instale en los púlpitos deportivos del micrófono o de la pluma con esa hipocresía!
Carlos Benito CBC
«Mochila al hombro»…, la secuela
No era mi intención abrir la caja de los truenos con el post de ayer. Pero para aclaraciones y por alusiones entraré al trapo, a pesar de que no tengo mucho que ganar tocando este tema.
He de aclarar que las cosas son lo que son, no lo que transmiten los políticos y sus acólitos. Por lo tanto la realidad que se vive en Cataluña es bien distinta a la que se vende en los medios de comunicación.
Quiero ofrecer mi realidad, que por supuesto no lo es en su plenitud. Me basaré en anécdotas y hechos, en primera persona.
En Cataluña no se puede estudiar con el castellano como lengua vehicular en la enseñanza pública. Sólo la enseñanza privada ofrece estudios bilingües. Cuando vine de México, para evitar a mi hija una transición traumática –nuevo país, nueva cultura, nuevo colegio y nuevo idioma- escogí durante un par de años un colegio concertado bilingüe, el más barato en Barcelona. La factura anual es de cinco mil quinientos euros.
Mi hija es feliz en su actual colegio público con el catalán como lengua vehicular. Y yo por lo tanto, también lo estoy. En su colegio ella está en la parte alta de una hipotética tabla clasificatoria. Lo que significa que el modelo de integración que elegí fue el correcto. ¡Pero mi esfuerzo me costó!
Un caso curioso es el de una compañera de mi hija, que llegó a principio de curso desde Brasil, quien, tanto dentro como fuera de clase, no sabe comunicarse en castellano y sí en catalán.
Los hijos de un amigo, catalán de primera generación, aprendieron a hablar castellano a los diez años, en casa, por el interés de sus padres de ofrecerles un puente a la cultura de sus abuelos. Para ubicarnos temporalmente, estos muchachos ahora mismo tienen veintidós años el mayor.
Incluso los estudios no escolares ni universitarios –educación para adultos, formación ocupacional…- se imparten en catalán. He de reconocer, que en este punto, es el profesor, por iniciativa e interés propios, quien puede saltarse las reglas y pasarse al castellano en el aula.
Laboralmente el mercado ha sufrido una profunda transformación en apenas dos años. Hasta entonces, sólo en las administraciones se exigía el idioma como requisito. Era raro ver una oferta de trabajo en una empresa privada que estuviera escrita en catalán y que pidiera el conocimiento del idioma. Ahora, el entramado empresarial Pyme añade a los requisitos habituales de la posición el conocimiento del catalán.
¡Es lo que hay!
Dos normas que encorsetan un negocio de cara al público son, por una parte, la obligatoriedad de escribir toda la información visible en las fachadas y escaparates del mismo -principalmente el rótulo- en catalán y por, otra parte, la prohibición de no ser capaz de atender al público en catalán –es decir, si te habla el cliente en catalán estás obligado a atenderle en ese idioma-.
Últimamente, algunos dependientes de negocios, llamémosles importantes, como bancos, entidades de suministros e incluso supermercados interpretan las normas a su manera y sólo te hablan en catalán. Tengo la impresión de que es política de los consejos de dirección.
Como se hartan de decir algunos, en la calle no hay problema. El ciudadano medio utiliza indistintamente ambos idiomas y sólo unos pocos los utilizan como arma arrojadiza. Sin embargo, yo soy de ese tipo de personas que espera no vivir nunca en
Además, y contradictoriamente, el ciudadano catalano-parlante adopta una postura discriminatoria ante el idioma. Una vez se ha asegurado de que sí hablas su idioma, te empieza a hablar en castellano si eres catalán de primera generación. No te considera digno de compartir su idioma si no eres catalán de segunda o más lejana generación. Curiosamente, aquel que nació en Cataluña y cuyo ámbito familiar se desarrolla en castellano siempre tiene un acento que le delata y hace que los autóctonos de «pata negra» le consideren un advenedizo.
Llegó el momento de las reflexiones.
«Las lenguas no deberían ser vistas como fronteras sino como puentes». Hermoso comentario que desde luego no puede aplicarse al ámbito nacional, donde el único puente de unión, el castellano –carecemos del sentido de la bandera y de la patria, y yo el primero-, lo estamos dinamitando.
¿Emigrante yo en Cataluña? Quien lo piense así, está ideológicamente muy cerca del fanatismo de Al-Qaeda. En Bombay en uno de los hoteles pedían a los clientes que capturaban que rezaran el Sagrado Corán. Quien no lo sabía era declarado «inmigrante religioso». Y ya sabemos el veredicto.
La integración es el objetivo final. Pero es cada individuo quien debe poner sus prioridades y su ritmo.
El viernes oí en la radio a una representante de CIU que abogaba por el no intervencionismo en el caso REPSOL y LUKOIL. Al momento me vino a la cabeza la ironía de que quien hacía esa propuesta llevaba años apostando e implantando el intervencionismo lingüístico.
Finalmente soy yo quien ha decidido aprender el idioma, porque estoy en mi derecho de aprenderlo, no en mi obligación.
Carlos Benito CBC
Comiéndome los marrones de los demás… Vía crucis de un parado. 2ª estación
No es mi intención meterme en un berenjenal. Sé que el tema es espinoso y susceptible de reacciones ideológicas. Por ello dejaré a un lado las valoraciones. Y ya que el asunto puede desarrollarse en decenas de ramificaciones, yo me concretaré a aportar varias experiencias personales.
Para centrar al lector diré que llevo varios días en el paro. Este es un momento adecuado para echar una mirada atrás y valorar la trayectoria personal. Con la vista en el futuro se ha de hacer autocrítica y ver aquello en lo que uno se siente insatisfecho. En la mayoría de los aspectos no habrá más remedio que aceptar lo conseguido o bien porque no se tienen los medios al alcance o bien porque no se tiene el coraje suficiente para afrontar un cambio. Pero aún quedarán esos pequeños o grandes detalles en los que sintamos que no tenemos nada que perder si damos un giro de ciento ochenta grados. Es el momento de las decisiones que marcarán el resto de mis días.
Y en este proceso las ideas vienen y se van. Algunas se quedan como bocetos de proyectos tan sólo minutos o tal vez semanas. Otras crecen adquiriendo el tamaño de la ilusión hasta que se desinflan.
Hace semanas cuando ya trabajaba en mi futuro me planteé dedicarme a
Hablo con la familia y amigos y todos alaban mi iniciativa y el que no me amilane. Sin embargo alguien me dice que para ser profesor es necesario hacer un curso, el CAP o Certificado de Aptitud Pedagógica. Me meto en Internet e investigo. Es un curso exclusivamente universitario de un año escolar de duración. Busco un curso a distancia y no encuentro nada. En Barcelona el curso se da en tres universidades públicas. Los tres cursos son íntegramente en catalán, tanto la parte teórica como
Ésta fue una salida profesional que he tenido que abandonar por no ser catalano-parlante.
El domingo pasado en la prensa salieron unas ofertas de trabajo de la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) que se cubrirán mediante oposición. Los requisitos exigidos para los participantes son del todo lógicos: titulación y experiencia acordes al puesto y en varios puestos el idioma inglés. De todas las posiciones ofertadas dos tendrán como destino la Bolsa de Barcelona. Para estos puestos se exige el catalán.
No lo entiendo. Que conste que me he comprometido a dejar a un lado las valoraciones. Pero esto es una constatación. No lo entiendo. Estoy perplejo. Las funciones del puesto al que podría presentarme son las siguientes: “Analizar y revisar in situ la situación económica de las entidades sometidas a supervisión prudencial de la CNMV así como asegurar el cumplimiento de las normas contables y de conducta que les son de aplicación. Desarrollar procedimientos, manuales y programas de trabajo”. El uso del catalán para desenvolverse en este puesto es nulo. Además se puede entender que la política de inmersión lingüística se expanda desde la Generalitat hacia fuera dentro del territorio catalán. ¡Pero que desde Madrid se discrimine a los no catalano-parlantes! No lo entiendo.
Otra salida profesional truncada.
Si ya de por sí es difícil dejar de ser desempleado en cualquier punto del planeta…
Carlos Benito CBC
Sobre este blog
jARRILLEROrOJIBLANCO... sin palabras
jarrillerorojiblanco... desde los 27 que no vivo en Portu, hace ya casi dos décadas. Me convertí en un nómada, nómada laboral, en pos de un plato de garbanzos. Primero Castilla y León, más tarde Madrid... a pesar de no haber salido de la península me sentía extranjero en esas tierras -mi Portu es mucho Portu-. Más tarde viví casi diez años en México -ellos agradecen que utilicemos la x y a nosotros no nos cuesta nada- y curiosamente allí nunca me sentí extranjero. Ahora me toca vivir en Cataluña... y soy doblemente extranjero... porque añoro más que nunca mi Euskadi y porque me obligan a utilizar un idioma que me cuesta horrores aprender -yo lo siento más que nadie pero lo de los idiomas no es mi fuerte y a estas alturas de mi vida...-.
… desde la adolescencia me ha acompañado un utópico pensamiento: “Libertad… hermosa bandera, desgarrada pero erguida… que se abre paso como el trueno, contra el viento…” Que nadie se equivoque… cualquier cosa menos pretensiones políticas.
Carlos Benito CBC
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