05 May 2007
Los reporteros de lo paranormal relacionan todavía hoy el episodio de Orocovis con el monstruo que en agosto del mismo año volvió a las andadas en la localidad portorriqueña de Canovanas, donde murieron 150 animales de granja. Una matanza cuyas peculiaridades y dimensiones traspasaron pronto los límites de la pequeña isla caribeña. No era para menos. Los cuerpos estaban, según sus propietarios, totalmente secos: no tenían ni una gota de sangre. Aparentemente, se había escapado por unos pequeños orificios practicados, a juicio de los campesinos, por un animal desconocido de comportamiento vampírico. Un ser esquivo que eludió el ojo humano hasta septiembre de 1995, cuando los lugareños lo bautizaron como chupacabras, vista su predilección por estos mamíferos, y empezaron a dar las primeras descripciones del predador que supuestamente diezmaba sus rebaños.

¿Cuál es la apariencia del chupacabras? A pesar de lo mucho que se ha escrito, de decenas de artículos en revistas esotéricas y miles de referencias en Internet, no existe un consenso sobre la fisonomía del monstruo: ha sido descrito como un ser de alrededor de un metro de altura, bípedo, "con la piel como de un dinosaurio", los ojos "del tamaño de huevos de gallina" y crestas espinosas en el cráneo y la espalda; como un monstruo "de apariencia extraterrestre" -ignoro qué apariencia tienen los extraterrestres, si es que existen- y canguroide, con poderosas patas traseras y que despide un "fuerte olor sulfuroso"; como una criatura con "cráneo de mono", grandes ojos rojos, boca sin labios, lengua de serpiente, manos palmeadas y terminadas en tres garras curvas, y con espinas dorsales iridiscentes; como un "murciélago gigante, peludo y de ojos muy brillantes"; como un humanoide de 60 centímetros de altura, sin un solo pelo en el cuerpo y de tacto gelatinoso. En fin, que, si hay algo claro, es que es un monstruo.
Pero la fisonomía del supuesto predadorera algo secundario, y así lo entendió el alcaldede Canovanas, José Soto Rivera, que organizó varias batidas en busca del animal, infructuosas, aunque en algunas llegaron a participar hasta doscientos cazadores. Todo hay que decirlo: al alcalde los ataques del chupacabras y la histeria latente le fueron de perlas para, a pocos meses de las elecciones locales, desviar la atención de la opinión pública de los graves problemas del municipio, con varias zonas sin agua desde semanas antes. Al igual que en Orocovis, los científicos achacaron los ataques de Canovanas a perros asilvestrados o animales exóticos, como panteras, introducidos ilegalmente en la isla. Y es que los exámenes de los cuerpos revelaron que las muertes de ganado no seguían un único patrón, sino que se debían a mordeduras, traumatismos, infecciones... Héctor García, director de la división de Veterinaria del Departamento de Agricultura de Puerto Rico, consideraba que no había nada extraordinario tras las muertes de los animales de granja [Carroll, fecha desconocida]; pero, una vez más, la realidad quedó relegada por la ficción gracias a Jorge Martín, hasta noviembre de 1995 un oscuro ufólogo portorriqueño y desde entonces el principal abanderado del chupacabras, la autoridad mundial sobre el misterioso ser.
Martín fue el primero en hablar del chupacabras como una mascota de los tripulantes de los ovnis o un producto de experimentos genéticos terrestres o extraterrestres. Sus exóticas teorías -mantiene que los alienígenas visitan Puerto Rico atraídos por el radiotelescopio de Arecibo- incluyen, ¡cómo no!, una conspiración gubernamental, la captura de varios ejemplares de chupacabras y las consiguientes autopsias. Unos exámenes post mortem cuyos resultados serían secretos, pero, curiosamente, conoce Martín, que mantiene que los análisis de la sangre del misterioso animal arrojan unos resultados incompatibles con todo lo conocido. ¡Lástima que nadie más tenga constancia de lo que sostiene el ufólogo!
De monstruo a negocio
La entrada en escena de este imaginativo autor marcó un punto de inflexión en la historia del chupacabras: pasó de producto más del pensamiento supersticioso campesino a negocio para fabricantes de misterios, prensa, vendedores de camisetas y llaveros, y organizadores de visitas a los lugares donde la mascota de ET -como la llamaron en Miami- había perpetrado sus más sangrientos ataques. El chupacabras multiplicó su actividad a partir de noviembre de 1995, y sus fechorías ocuparon páginas enteras en los diarios portorriqueños y decenas de horas de radio y televisión. Un camino hacia el estrellato para el que la isla caribeña se quedó pronto pequeña, y así, a principios de 1996, el fenómeno saltó a México, Miami y Costa Rica. Y en agosto de ese año, tras entrar a España por el País Vasco, llegó hasta Yocavén, una pequeña localidad situada a 140 kilómetros al sudoeste de Santiago de Chile.
El alcalde de Canovanas había justificado sus batidas diciendo del chupacabras: "Hoy ataca animales, pero mañana podría atacar a la gente". Una vez en México, la fama del monstruo se disparó tras cumplirse el vaticinio de Soto Rivera. Teodora Ayala Reyes aseguró haber sido víctima de la criatura en el estado de Sinaloa y mostró a todo el país a través de la televisión unas marcas en la piel que parecían, más que mordiscos de un misterioso ser, desgarrones de la piel o quemaduras. Como otros campesinos de la región, la mujer creía que, tras las muertes de ganado que habían comenzado a registrarse, se ocultaba el chupacabras. Y la histeria se adueñó de México hasta tal punto que algunos autores han comparado las escenas vividas en el país con las de las masas enfervorecidas en busca del monstruo de películas como Frankenstein y Drácula. A pesar de que también en México el Departamento de Agricultura achacó los ataques a coyotes o felinos, la psicosis llegó a límites preocupantes y la Universidad Autónoma Metropolitana reunió a veterinarios, biólogos y antropólogos para que estudiaran el asunto. Los científicos, en un extenso informe de 113 páginas, quitaron todo el misterio a los ataques a ganado, al recordar que en las zonas rurales afectadas había muchos perros abandonados.

Veraneo en Euskadi
Pero eso no impidió la expansión del chupacabras, que llegó a España en el verano de 1996, según Bruno Cardeñosa y Javier Sierra, que escribieron sendos artículos sobre ataques del extraño ser registrados en el País Vasco en Año Cero y Más Allá, dos revistas que dan pábulo a todo tipo de disparates. Para que se hagan una idea, la segunda de ellas tuvo durante más de un año como colaborador a un presunto extraterrestre llamado Geenom, que, cual señorita Francis intergaláctica, respondía a las más delirantes consultas de los lectores. Cardeñosa publicó en Año Cero un artículo titulado 'El chupacabras ataca en el País Vasco'. Tres páginas dedicadas a la odisea vasca de un extraño ser que, según el autor, había acabado con "cien ovejas, desangradas a través de un orificio en el cuello". "Las primeras noticias sobre el caso llegaron a la redacción de Año Cero el 21 de agosto", explicaba el ufólogo antes de preguntarse si estábamos ante "un nuevo ataque" del monstruo surgido en lo más profundo de Puerto Rico a principios de 1995 [Cardeñosa, 1996].
Los periodistas esotéricos basaban sus reportajes en dos pilares: la información facilitada por la Policía autónoma vasca y los, para ellos, mucho más fiables testimonios de los afectados. "La Ertzaintza -escribía Cardeñosa- aseguró que, desde el pasado 13 de junio, se habían formalizado cinco denuncias en sus dependencias, confirmando oficialmente la muerte de 16 ovejas y la desaparición de otras 22. Sin embargo, las cifras reales rondan el centenar de reses". Seguidamente, advertía de que "éste no ha sido el único punto oscuro en las investigaciones orquestadas por el Departamento de Interior del Gobierno vasco. El informe que la Ertzaintza ha facilitado a esta revista está plagado de errores y, en algunos aspectos, falta a la verdad". ¿Qué llevaba a Cardeñosa a hacer tan graves acusaciones?

El propio autor desvelaba las causas de su despecho. El parte de la Ertzaintza no sólo hablaba de un número de ovejas muertas muy inferior al centenar, sino que apuntaba la presencia de "cánidos asilvestrados o no controlados", y de dos tipos de heridas en las ovejas, "mordeduras de cánidos en cuello y patas, y heridas punzantes en cuello, según las manifestaciones de los propietarios, ya que al presentar las denuncias los animales ya habían sido comidos por los buitres". El informe oficial añadía, asimismo, que un ganadero había visto "un perro grande y oscuro", y que los veterinarios que habían examinado algunos cuerpos no habían podido precisar las causas de las heridas.
Inquieto y desconfiado, Cardeñosa había viajado hasta Las Encartaciones para hablar con Ricardo Bárcena, uno de los ganaderos afectados. "Desde junio -apuntaba- ya ha perdido a una veintena de ovejas y a una yegua. Una mañana encontró a algunas de sus ovejas muertas y a otras heridas. Según las declaraciones del ganadero, las ovejas «tenían un pinchazo en el cuello, limpio y de unos cinco centímetros de profundidad, sin sangre apenas, pero las había destrozado por dentro»". Y, lo que es particularmente grave, "al contrario de lo que asegura la Ertzaintza, en ninguna de estas muertes se han detectado mordeduras de cánidos. Ni las heridas del cuello -siempre un orificio perfecto y profundo- ni las de las piernas -cortes limpios y superficiales- responden a las características de las producidas por ningún animal". Es decir, que de perros, nada.
Por si fuera poco, el misterioso escenario se completaba con la muerte de una yegua, hecho que el reportero esotérico calificaba de "inquietante". "En su vientre -señalaba- se distinguía un corte limpio, meticuloso y profundo, cuya trayectoria de entrada tenía forma triangular". Que la Policía autónoma hubiera considerado la muerte del caballo "un hecho aislado", un posible accidente, poco importaba al colaborador de Año Cero, que dedicaba la parte final de su reportaje a señalar que el análisis veterinario de uno de los cuerpos no había servido para precisar la causa de las heridas. Sin embargo, él había conseguido hablar con el veterinario que había examinado el cuerpo y descartaba el origen animal de la lesión, que, en su opinión, "tampoco tenía las características de un arma blanca".
"Estas declaraciones eliminaban cualquier atisbo de duda: las autoridades policiales habían mentido", concluía Cardeñosa, que anunciaba que el misterio continuaba. "El 5 de septiembre -decía-, una veintena de ovejas era atacada en la aldea portuguesa de Touloes, cerca de la frontera española por la zona de Beira Baja". Y hasta allí fue, ¡cómo no!, Javier Sierra por encargo de Más Allá, que también le costeó unos días en Las Encartaciones para que escribiera el reportaje de rigor.

La conspiración
Sierra habló con las mismas personas que Cardeñosa y llegó a diferentes conclusiones; aunque también misteriosas. "Según pude comprobar durante mi rastreo a lo largo de la sierra de Las Encartaciones -escenario natural entre Burgos y Vizcaya donde se ha concentrado el mayor número de agresiones-, durante estos meses se han mezclado al menos dos clases bien diferentes de agresiones: las ya tradicionales atribuibles a perros asilvestrados y las muertes con agujeros. En estas últimas -reconocía el enviado especial de la revista dirigida entonces por José Antonio Campoy-, y a diferencia de lo que sucede con el chupacabras caribeño, el agresor no desangra totalmente a sus víctimas" [Sierra, 1996]. Es decir, que la variante vasca del chupacabras no chupaba la sangre. Sierra añadía que un portavoz de la Ertzaintza le había informado que la mayoría de los casos se referían a "mordeduras de perros", que sólo uno de los animales había fallecido por un pinchazo en el cuello y que, en ningún caso, había aparecido el cuerpo seco, sin sangre. Lo más curioso no era esto, sino que este autor asumiera como propias las tesis policiales, las mismas que Cardeñosa tildaba de falsas. ¿A qué se debía?
No dudaba Sierra en su reportaje de que cien ovejas hubieran aparecido muertas en Las Encartaciones, pero llegaba a diferente puerto que su colega. "A diferencia del chupacabras
americano no hay testigos que describan ningún ser bípedo con características extrañas -concluía-, ni sus víctimas han sido desangradas por completo. El único nexo de unión sólido entre el chupacabras americano y el pretendido espécimen ibérico es el método empleado en sus agresiones... que, más que hacernos sospechar de alguna extraña clase de animal, nos obliga a pensar en actividades humanas que se desarrollan al margen de la ley y de la ciencia". Como siempre, este periodista -para quien el invento del transistor se basa en tecnología alienígena de un ovni estrellado en Roswell en 1947- rechazaba una fantasiosa hipótesis para asirse con sensacionalista desesperación a otra aún más rocambolesca.
Nada más leer ambos artículos, recordé haber visto en agosto una noticia acerca de muertes de ovejas en la zona de la que hablaban Cardeñosa y Sierra, así que llamé al delegado del periódico El Correo en Las Encartaciones para preguntarle por los hechos. "Me parece recordar que se dijo que las muertes podían deberse a rencillas entre ganaderos", me advirtió. Tras pedirle una copia de la información publicada en la edición de la comarca, telefoneé al gabinete de prensa del Departamento de Interior para que me dieran su versión de los hechos. El agente de la Ertzaintza que me atendió me prometió que tendría la información solicitada en unos días; pero mis sospechas se empezaron a hacer realidad en cuanto llegó a mis manos una copia de la noticia publicada en el periódico en el que trabajo el 25 de agosto.

El título hablaba de "medio centenar de ataques al ganado", la mitad que los censados por Sierra y Cardeñosa; el subtítulo llamaba la atención sobre un importante detalle: "Los afectados atribuyen las muertes a rencillas con ganaderos de otras provincias" [Domínguez, 1996]. José Antonio Bárcena, hermano del ganadero citado por Cardeñosa en Año Cero, decía haber perdido de mayo a agosto "más de 50 ejemplares", a los que sumaba 30 de su hermano y otras 12 de los demás vecinos. El autor de la información, José Domínguez, no tomaba el testimonio del campesino como palabra de Dios, sino que lo ponía en cuarentena y prefería llevar al titular no las especulaciones numéricas de uno de los afectados, sino los casos denunciados ante la Policía vasca. El afectado, por su parte, estaba convencido de que las muertes de ovejas tenían su origen en "rencillas con los ganaderos de Burgos". "El problema -apuntaba el periodista- radica en la ausencia de límites claros que marquen la frontera entre los pastizales de Burgos, Álava y Vizcaya".
Cosas de perros
Cada vez más seguro de que estaba persiguiendo fantasmas, aproveché un rato libre para rebuscar en la biblioteca, entre los periódicos de la segunda quincena de agosto, la noticia que había alertado a Cardeñosa y Sierra. Cuando di con la información de El Mundo que les había atraído hasta Vizcaya, lo entendí todo: "Cien ovejas aparecen muertas en Vizcaya con un pinchazo en el cuello". Allí estaba la mágica cifra, el número que ambos ufólogos habían dado por bueno, a pesar de que la Ertzaintza tenía constancia de menos de la mitad de casos, entre fallecimientos y desapariciones. "La gran parte de los pinchazos parecen ser de un animal con un solo colmillo, pero lo que está claro es que tiene que estar mandado por alguna persona que actúa por la noche", indicaba Ricardo Bárcena al rotativo madrileño [Zaballa, 1996]. En la información, los afectados achacaban los hechos a un psicópata acompañado de un animal, y se hablaba de que medio centenar de ovejas de José Antonio Bárcena habían "resultado muertas de un pinchazo en el cuello y una de ellas degollada con un cuchillo", y la yegua de su hermano -cuya muerte tanto había inquietado a Cardeñosa- "había aparecido muerta de un hachazo en el vientre".
Lo que parecía evidente, según iba completando el rompecabezas, es que las misteriosas muertes -que no eran cien- estaban causadas tanto por mordeduras de cánidos como por pinchazos en el cuello. ¿En qué proporción? Tuve que esperar al informe policial para saber si los ensacionalistas titulares de Más Allá y Año Cero se correspondían a la realidad. Y ocurrió lo previsible: toda la historia de Cardeñosa y Sierra se fue abajo. No había misterio por ningún lado. Las muertes se debían, en su mayoría, a la acción de perros incontrolados -algunos de los dueños de los canes habían reconocido su responsabilidad-; sólo una había sido causada por un pinchazo en el cuello, y los periodistas esotéricos la habían multiplicado por cien.
Ni Cardeñosa ni Sierra destacaban en sus reportajes el carácter eminentemente rural de la comarca de Las Encartaciones, que linda con Burgos, Cantabria y Alava, y el problema que suponen el lobo y los canes asilvestrados para los ganaderos de la zona. De hecho, a principios de octubre de 1996, el entonces diputado de Agricultura de Vizcaya, Patxi Sierra-Sesumaga anunció un plan especial para acabar con los ataques del lobo a los rebaños en la zona occidental de la provincia y, en el año y medio siguiente, los ataques del lobo en la comarca se cobraron más de una veintena de ovejas, tres carneros y varios potros. De todo esto, obviamente, no se dijo nada ni en Año Cero ni en Más Allá, revistas para las que el único problema de Las Encartaciones era el chupacabras, un ser del que los ganaderos no sabían nada hasta que los expertos de turno llegaron a la zona dispuestos a convertir la muerte de una oveja en un ataque con cien lanudas víctimas y del que nunca después han vuelto a hablar. ¡Pura filfa, vamos!
Sierra iba más allá en su artículo y, basándose en las especulaciones de un tal Ramón Oroz, a quien presenta como investigador -en realidad, se trata de un aficionado a lo paranormal-, extendía los supuestos ataques del chupacabras hasta la localidad navarra de Falces, aunque advertía de que "los casos de muertes por agujero no se han prodigado demasiado en Navarra, donde incluso han surgido testigos que creen haber visto merodear a lobos por sus tierras". Fíjense en la sutileza de la construcción sintáctica: el fenómeno extraordinario en Navarra es el lobo. Una tergiversación más, como puede comprobar cualquiera que esté al corriente de la realidad de la comunidad foral, donde el lobo dista de ser un desconocido. Pero es que, además, en abril de 1997 se constató la existencia de esporádicos ataques de buitres leonados a ganado vivo; un oso diezmó algunos rebaños en el Valle de Roncal durante la primavera de 1998; y los lobos multiplicaron meses después sus ataques a ovejas en la zona de Lerín. Algo que, cuando ocurrió en
el Valle de Arán en 1997, se atribuyó a la osa Giva, reintroducida en el Pirineo por la Generalitat de Cataluña.
Un 'asesino' hispano
Lo que está claro, tras este somero recorrido por la vida y milagros del chupacabras, es que este ser existe en la imaginación popular y en las revistas pseudocientíficas, pero no en la realidad. "El chupacabras -según el veterinario Ramiro Ramírez, director del estudio realizado por la Universidad Autónoma Metropolitana de México- no es más que otro digno producto del pensamiento populachero [Bazán, 1996]. "Desde que apareció la fiebre del chupacabras -apuntó en 1996 el sociólogo Roger Bartra-, los sufridos mexicanos tuvieron otro tema de plática diaria, y luego, cuando se le restó gravedad, lo transformaron en un factor x, un recurso para el albur facilón y el chiste bobo, como representar a Carlos Salinas, que absorbe mucho del descontento popular". En la actualidad, el mito ha remitido en México hasta tal extremo que la mayor parte de la ciudadanía cree que el vampiro extraterrestre es un invento del Gobierno o de Televisa para desviar la atención de los graves problemas del país. Todo esto, obviamente, ha sido sistemáticamente silenciado por las revistas esotéricas españolas, que, sin embargo, importaron el chupacabras en cuanto tuvieron la mínima oportunidad.

Que el salto trasatlántico del chupacabras haya sido uno de tantos engaños urdidos por los espabilados de turno, a partir de hechos más o menos ciertos y más o menos tergiversados, es totalmente compatible con la corta historia de este ser indudablemente hispano. Porque el chupacabras es un monstruo muy singular: actúe en Puerto Rico, México, Estados Unidos o España, sólo ataca a animales de ganaderos hispanos. Curioso, ¿no? Marvette Pérez, conservadora del Museo de Historia Americana de la Institución Smithsoniana, y de origen portorriqueño, no duda de que el chupacabras "parece ser un fenómeno caribeño, especialmente de las islas hispanas. Es parte de nuestro folclore. Es interesante que el chupacabras no se encuentre en las islas angloparlantes, y que sólo migre a lugares donde la población hable español" [Friedman, 1996].
Sus preferencias idiomáticas. Ése es el verdadero atractivo de este ser de leyenda nacido en Puerto Rico y cuya expansión hay que atribuir a la superstición campesina, los intereses políticos por desviar la atención de asuntos realmente graves, los lucrativos de los negociantes de lo oculto e Internet. Por primera vez, nos encontramos con un monstruo hispanoparlante, aunque, paradójicamente, no haya entrado todavía en el diccionario de la Real Academia Española.
El chupacabras, no obstante, no es el primer ser que surge en lo más profundo de Puerto Rico, sino que es el último -y el más famoso gracias a Internet- eslabón de una ya larga dinastía, que comenzó con el vampiro de Moca, que en los años 70 hizo de las suyas en el extremo oriental de la isla. Años después, el abuelo del chupacabras -al que el pueblo bautizó como comecogollos- se dedicó a devorar y dejar totalmente agostados los plataneros, mientras que su hijo -comepanties, lo llamaron- fue conocido como un insaciable consumidor de las medias que las mujeres ponían a secar en los colgadores. Con el chupacabras ya en la España de la posmodernidad, sólo nos queda una esperanza, que la especie continúe su evolución hasta el chupacaraduras y se extienda rápidamente por todo el mundo hispano.
Referencias
Bazán, Mercedes G. [1996]: 'La fiebre del chupacabras'. El Correo (Bilbao), 8 de septiembre.
Cardeñosa, Bruno [1996]: 'El chupacabras ataca en el País Vasco'. Año Cero (Madrid), Nº 75 (octubre), 40-42.
Carroll, Robert Todd [Fecha desconocida]: 'Chupacabra'. En Carroll, Robert Todd: The skeptic's dictionary.
Domínguez, José [1996]: 'La Ertzaintza investiga medio centenar de ataques al ganado en Las Encartaciones'. El Correo (Bilbao), 25 de agosto.
Friedman, Robert [1996]: 'The chupacabra becomes a recurring legend'. The San Juan Star (San Juan), 6 de mayo.
Matos, Claudio [1995]: 'Descartan seres extraños sean autores muerte de ganado'. Efe (Puerto Rico), 31 de marzo.
Sierra, Javier [1996]: '¿Ha llegado el chupacabras a la Península Ibérica?'. Más Allá (Madrid), Nº 92 (octubre), 50-56.
Zaballa, Carlos [1996]: 'Cien ovejas aparecen muertas en Vizcaya con un pinchazo en el cuello'. El Mundo (Madrid), 21 de agosto.
Texto de la charla ofrecida en noviembre de 1998 en el Instituto de América de Santa Fe (Granada), dentro del ciclo La America irracional.
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Luis Alfonso Gámez
Una ventana crítica al mundo del misterio
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30 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Raqueto dijo
Muy bueno, completito con sus fuentes y referencias como se debe hacer. UN placer leer tus artículos.
abebe dijo
Acabo de descubrir este blog. Este artículo es excelente.
Bien documentado y mejor redactado. Pero ¡cuánto esfuerzo cuesta desfacer los entuertos que con tremenda facilidad perjeñan unos pocos caraduras!
DeMolay dijo
[OT]
Luis Alfonso, este se que te va a gustar, si no lo conoces ya:
http://www.ghoststudy.com/detectors.html
Lo encontré buscando información acerca de la maldición de los cuadros del niño llorón (o algo así dijo el señor este de cuatro).
Saludos
Eduardo dijo
Realmente donde esté el comepantis que se quite el chupacabras.
¡Eso sí que es misterioso!
Habría que vigilar por si cambia de dieta y se dedica a los sujetadores. En ese caso estamos ante un clarísimo fenómeno de fetichismo por parte del misterioso animal.
Por otra parte el hecho de que el chupacabras sólo ataque en zonas hispanohablantes, da mucha más importancia al misterioso animal de Las Encartaciones. Sería el primer caso de ataque en zona bilingüe.
La actitud antipática y escéptica de Luis Alfonso podría ser interpretada como un ataque a la normalización lingüística.
Athanasius Pernath dijo
Como bien comenta, creo que es Eduardo, en el hilo paralelo a este: que calladito está el maguferio y el trollerio cuando se ponen encima de la mesa referencias... ¿dond eestan vuestras evidencias irrefutables? ¿podeis escribirlas con la misma claridad, y citando hasta el ultimo detalle? ¿sois capaces de plantear hechos sin andaros por las ramas?
La respuesta... es NO (al menos, hasta ahora no lo habeis hecho ni una sola vez... o, mejor dicho, habeis dado 4 pinceladas hasta que os han respondido y habeis empezado el "troll mode")
Rosamel Fierro dijo
el pato es gay
alexandra dijo
que miedo da me quede traumada
nelia dijo
eso no axisteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee
luis manuel dijo
xk no chupas mis mecos?
Reynhold Onell Rodriguez Rivas dijo
hola un saludo a todos los que creen en las cosas del otro mundo soy de venezuela de un pueblo llamado higuerote estado miranda y para serles sicero yo tengo un tio que trabaja en el ivi en venezuela pero en si el comentario que yo quiero aser es el chupacabras un animal geneticamente ligado con varias especies y en si yo pienso que el chupacabras fue un experimento que se les fue de las manos a los cientificos clasificados de la nasa y lo que se es que hasta el sol de hoy no an podido resolver el misterio
BUDA dijo
Hola reynhold
El Chupacabras no existe. Lo que sí existen son extraterrestres de diversas categorías que vienen a abducir personas y animales. Te lo explico de otra manera: existen los leones, los tigres, las panteras, los lobos, pero no existe el "Chupacabras".
No hay ningún animal, ni terrestre ni extraterrestre, que pueda ser tal. Te vuelvo a repetir que lo que existen son extraterrestres, algunos parecidos a animales, pero no un animal que sea el "Chupacabras".
Suponte que en el futuro atrapen a un extraterrestre similar a un animal cuando estaba llevándose una vaca... ¿Es el Chupacabras? No, no es el Chupacabras, sino uno de los tantos extraterrestres que vienen a nuestro planeta a experimentar con nuestros animales... ¡o con nosotros!
Sinceramente no sé cómo explicártelo de forma más sencilla.
Saludos
fafo dijo
basuraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa el chupacabras no exsisteeeeeeeeeeeeeeeee
fernando dijo
hoooooooola saben que en verdad me quedo con la duda por que nadie sabe nada solo nunca lo vieron y existen muchas historias sobre el chupa cabras bueno chauuuuuuuu O_O ????????
Anónimo dijo
trtrtywqerts,ds,dhsahgwfvtgsafcdsaaabsauidayghsdasqra6 5aqtdwq6w
Anónimo dijo
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sela dijo
fac shet vich
tercero de putas dijo
yo digo que si existe y no se llama chupacabras a mi me parece que le queda mejor JUAN ataca por la noche sin piedad el que se deja se lo mama dicen que ahora es mas chingon ataca en camioneta {king ranch} com una cara de matador o joto ustedes digan.
brayan dijo
aygan ami me gustan de eso me pueden mandar a mi msn torito-2000@hotmail.com
grasias
jose dijo
oygan ami me paresen q son lo chupacabras por q no son moustro o no___________l
chupaculos dijo
q bn q creo q es chupaculos jajaja
Anónimo dijo
jaja que gran paja de babosada pero que pienzan que somos estupidos para creer esa gran paja
lolillo dijo
bua que ganas de ver a un chupacabras
joe dejemonos de tonterias e investiguemos
yulianamarie dijo
that is scary
KIKIRIKI dijo
el viaje transa tlantico del ratoncito perez me muero de la risa jajajajajjajajajajajajaa
KIKIRIKI dijo
como es posible que el ratoncito o chupa ovejas viaje a gran distancia
KIKIRIKI dijo
ni que tuviera gps ese ratoncito blanco o chupaovejas que se le dice llamar
k dijo
el misterio del ratoncito blanco ovejas que vuelan garzas que comen rocas sabanas que vuelan por si solas que es esto el regreso atlantis jajajajaja
jose pompilio dijo
el chupa cabras es un hijo de puta que vino de atro planeta y devemos de chingarlo alsarnos un fusil darles a cada ovni que viene en su platillo volador
Anónimo dijo
holis boboatlante
brahian dijo
xaaaaa ta weno el xiwawa me lo yebaria pala casa total pa q asust el weon
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