01 Sep 2008

Todavía no salgo de mi asombro. Un grupo de ufólogos brasileños ha fundado una entidad dedicada al estudio de los platillos volantes y la ha llamado Instituto Carl Sagan (ICS). Mezclando churras con merinas, y demostrando muy poca vergüenza, se han apropiado del nombre y la imagen del científico y divulgador para la promoción de una de las pseudociencias que denunció en sus libros. Argumenta A.J. Gevaerd, director de la revista Ufo y líder del proyecto, que Carl Sagan no sólo "se dedicó incansablemente a la búsqueda por otras formas de vida en el universo", sino que además "tenía profundo conocimiento de la presencia alienígena en la Tierra". Podía haber dicho, con el mismo fundamento, que el astrofísico estadounidense visitó la Atlántida, tuvo experiencias extracorpores, fue exorcizado.... Sagan era un firme partidario de la búsqueda de inteligencia extraterrestre, pero no se tragaba las patrañas de los ufólogos. ¡Qué la desfachatez de los impulsores de esta iniciativa!: se apropian de la imagen de un divulgador científico que plantó cara a los charlatanes para dar su nombre a una organización dedicada a la promoción de la irracionalidad. "Lo que está implícito en los objetivos del ICS es que será preciso emplear métodos tanto científicos cuanto no ortodoxos, de manera armoniosa y concatenada, para que se obtengan los resultados deseados", anuncia Gevaerd, quien mantiene que los extraterrestres están actuando en la Tierra desde hace milenios. Vamos, que no hay que descartar -todo lo contrario- que el ICS haga sesiones de escritura automática y psicofonías en círculos del cereal. Si Sagan levantara la cabeza... Esperemos que sus herederos pongan freno a este atropello.

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01 Sep 2008

Se acabó. La sección veraniega La cara oculta del misterio ya es historia. Han sido casi tres meses de dedicación a ella, sin abandonar totalmente otras obligaciones, pero centrado en escribir las 42 entregas que se han publicado en El Correo a diario desde el 21 de julio. Ha habido mucha gente sin la cual esto no hubiera sido posible: mis jefes, que aceptaron la propuesta; mis compañeros de sección, quienes no sólo han revisado cuidadosamente los originales, sino que además han dado ideas de posibles temas a tratar; el equipo de diseño del periódico, que me ha aguantado y resuelto las páginas de un modo fantástico; Iker Ayestarán, cuyas ilustraciones me han encantado; la periodista Luisa Idoate, quien leyó todos los textos en bruto e hizo sugerencias y correcciones imprescindibles; el historiador José Luis Calvo, quien me ha aclarado muchas dudas y corregido numerosos errores; también han hecho interesantes sugerencias Fernando L. Frías, Julio Arrieta, Ricardo Campo y Luis R. González; y Mikel Iturralde, director de El Correo Digital, se leyó un par de textos que me preocupaban e hizo oportunas puntualizaciones.

Quedan muchos temas todavía ahí fuera. Al principio, temí que no ba a haber material para seleccionar con comodidad y variedad. Al final, surgían ideas según iba escribiendo. Muchas han quedado en el cajón. No exagero si digo que, a vuela pluma, se me ocurre otra cuarentena de misterios si me siento a pensar un poco. ¿Cuáles? Permítanme que me los reserve por si en un futuro vuelvo a la carga. De momento, les dejo con las miniaturas de las 42 páginas de la sección para que vean cómo quedaron en el periódico, cómo las vieron los más de 500.000 lectores diarios de El Correo en papel. Cada miniatura enlaza con el texto correspondiente publicado en esta bitácora. Todas juntas impresionan; por lo menos, a mí.

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31 Ago 2008

Si está leyendo estas líneas, es que ha sobrevivido a varios fines del mundo. Pero no se confíe. El próximo está cerca. Ocurrirá, según algunos, cuando entre en funcionamiento en las próximas semanas un nuevo acelerador de partículas. La máquina del Juicio Final ha costado ya más de 4.000 millones de euros. Se llama Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y es el instrumento científico más grande del mundo: su principal elemento es un túnel circular de 27 kilómetros, excavado a entre 50 y 175 metros de profundidad cerca de Ginebra. Los físicos esperan recrear en él, en miniatura, las condiciones del Universo billonésimas de segundo después del Big Bang. Los agoreros de turno temen que se desencadenen fuerzas incontrolables -como un agujero negro-, y aquí paz y después nada.

El temor al fin del mundo resurge cada pocos años. La más reciente oleada apocalíptica la vivimos poco antes del cambio de centuria. Paco Rabanne anunció que la estación espacial rusa Mir iba a caer sobre París el 11 de agosto de 1999, en coincidencia con el último eclipse total de Sol del milenio, que -según una peculiar lectura de las Centurias de Nostradamus- iba a suponer la aparición del Gran Rey del Terror. La tragedia de la capital francesa -"ciertos barrios recordarán Hiroshima"- iba a marcar, dijo el diseñador, el principio del fin. "No podía guardar un secreto tan terrible. He cumplido mi deber. Estoy aquí para avisar a los humanos", advertía un mes antes. Pasó el 11 de agosto de 1999 sin que sucediera nada. Así que, cuando después alguien le ha preguntado por su profecía, Rabanne ha respondido que nunca habló del fin del mundo, sino del de una era, signifique eso lo que signifique y digan lo que digan las hemerotecas.

Clérigos y astrólogos

La historia se repite desde hace siglos. En la Edad Media se sucedieron las predicciones del fin del mundo a partir de la interpretación de los textos bíblicos. Julián de Toledo, el desconocido autor de la Crónica mozárabe, y el Beato de Liébana, en su Comentario al Apocalipsis, coincidieron en señalar el año 800 como el del fin de los tiempos. Pasó la fecha y también 992, año fatídico para el eremita Bernardo de Turingia. La noche del 31 de diciembre de 999 tampoco ocurrió nada, y, a partir de ese momento, los ocultistas se sumaron en masa a los intérpretes de la Biblia.

Una conjunción -coincidencia en una región del cielo- de los planetas entonces conocidos en la constelación de Libra llevó a algunos a temer lo peor en 1186. Los religiosos Arnaldo de Vilanova y Vicente Ferrer demostraron sus dotes profetizando el fin del mundo para 1370 y 1412, respectivamente. El astrólogo Johannes Stöfler lo vaticinó para el 20 de febrero de 1524, basándose en la cercanía en el cielo de Marte y Júpiter. Como falló, su discípulo Johann Carion rehizo los cálculos y apuntó al 15 de julio de 1525. Y así de éxito en éxito... hasta Paco Rabanne.

En el siglo XIX, se incorporaron al club de los visionarios apocalípticos los líderes de algunas recién nacidas confesiones cristianas. Demostraron que a los creyentes no les importa mucho que sus profetas fallen en sus predicciones una y otra vez. William Miller, fundador de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, calculó un primer fin del mundo, según la Biblia, para el 21 de marzo de 1843 y, como no llegó, un segundo para el 22 de octubre de 1844. Pero quienes se han llevado la palma apocalíptica son los Testigos de Jehová, organización nacida en 1870: Charles Russell, su fundador, predijo el fin de los tiempos para 1874 y 1914; su sucesor, Joseph Rutherford, para 1918, 1925 y la década de 1940; y el sucesor de Rutherford, Nathan Knorr, para 1975.

Del espacio exterior

Los nuevos dioses llegados del espacio a mediados del siglo pasado han aportado en las últimas décadas varias fechas al imaginario apocalíptico. Sixto Paz, un peruano que dice tener encuentros personales con extraterrestres, anunció en 1975 que los visitantes le habían revelado que "la constante amenaza de una guerra atómica pasará pronto a convertirse en un holocausto vertiginoso y sangriento. Todo ello, además, coincidirá con el paso del cometa Halley". En 1986, el cometa pasó cerca de la Tierra, y aquí estamos.

Tampoco ocurrió una catástrofe planetaria en septiembre de 1991, cuando, según el estigmatizado italiano Giorgio Bongiovanni, un meteorito iba a chocar contra nuestro planeta. Discípulo del contactado Eugenio Siragusa, decía que se lo habían confirmado nada menos que Jesucristo y la Virgen. Seis años después, 39 miembros la secta de La Puerta del Cielo se suicidaron en California para ser recogidos en espíritu por una nave extraterrestre y eludir las desgracias que se iban a abatir sobre la Humanidad, según sus guías alienígenas. "Una de las principales fuentes generadoras de profecías apocalípticas durante el siglo XX es la mitología de los platillos volantes", sentencia el filósofo canario Ricardo Campo, quien recuerda que el anuncio de desastres planetarios se remonta a los contactados de los años 50 y que grupos como los raelianos consideran que estamos viviendo "la edad del Apocalipsis" desde las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

Los que ahora advierten del peligro del LHC también lo hicieron a finales de los 90 respecto al Colisionador Relativista de Iones Pesados del Laboratorio Nacional de Brookhaven (Nueva York), en funcionamiento desde 2000. Como ya ocurrió con el acelerador de partículas estadounidense, sus temores sobre el LHC han sido desmentidos en sesudos informes científicos. ¿Cuál será la próxima fecha apocalíptica? Vaya preparándose para el 21 de diciembre de 2012, cuando se acabará el mundo según predicciones mayas tan dignas de crédito como el resto de las citadas en estas líneas. Predecir el fin del mundo es, en el fondo, una estupidez: si fallas, vas a ser el hazmerreír por los siglos de los siglos; si aciertas, no va quedar nadie para reconocerte el mérito. Así que, una vez pasados los quince minutos de gloria warholianos, llevas todas las de perder.


La revista

Pensar: Revista cuyo objetivo es fomentar el pensamiento crítico respecto al mundo del misterio, desde la existencia del alma hasta las visitas extraterrestres y los poderes paranormales.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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30 Ago 2008

El Universo es muy grande. Hay cientos de miles de millones de galaxias, cada una de ellas formada por cientos de miles de millones de estrellas. En un hipotético reparto de la Vía Láctea -una de esas muchas galaxias, aunque especial porque es la nuestra- entre los 6.500 millones de seres humanos, tocaríamos a más de 15 estrellas por cabeza. Hay muchos soles y, seguramente, muchos tienen planetas alrededor, algunos de ellos como la Tierra. Así pues, ¿por qué no puede haber miles, si no millones, de civilizaciones avanzadas únicamente en nuestra galaxia?

Lo mismo que nosotros estamos aquí, es posible que haya otra gente ahí fuera; aunque de momento carezcamos de pruebas. Estamos a la expectativa de que un día aparezcan en el cielo -como en la película Independence day y en la serie V, aunque esperemos que con mejores pulgas- o de captar sus señales de televisión -confiemos en que sus programadores tengan mejor gusto que los terrícolas-. Nosotros dimos ya el primer paso en esa dirección hace más de 70 años, con la transmisión televisiva de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. La inauguración de las Olimpiadas del nazismo fue la primera emisión con suficiente potencia como para traspasar la atmósfera terrestre y es, nos guste o no, nuestra tarjeta de visita ante posibles telespectadores de otros mundos, como refleja el fallecido Carl Sagan en su novela Contacto (1985).

Falsas alarmas

Las estrellas están tan alejadas unas de otras que la unidad de medida utilizada es el año luz, la distancia que recorre la luz en un año a 300.000 kilómetros por segundo: unos apabullantes 10 billones de kilómetros. La estrella más cercana al Sol es Próxima Centauri; está a sólo 4,2 años luz. De ir en esa dirección, las sondas Voyager, que viajan a unos 60.000 kilómetros por hora, tardarían 76.000 años en llegar allí. Frente a esa lentitud, las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz. Por eso, ya en 1928 se intentaba conectar por radio con los habitantes de Marte, planeta que en aquel entonces se consideraba hogar de una avanzada civilización. La exploración espacial ha descartado, sin embargo, la existencia de vida inteligente en otros mundos del Sistema Solar, por lo que desde hace décadas la búsqueda de otras civilizaciones apunta a otras estrellas.

El primer rastreo del cielo a la escucha de señales alienígenas fue el proyecto Ozma, llamado así en honor a la princesa del país de Oz. Lo puso en marcha el astrónomo estadounidense Frank Drake el 8 de abril de 1960, cuando apuntó la antena del radiotelescopio de Green Bank a Epsilon Eridani y Tau Ceti, estrellas como el Sol distantes 10,5 y 12 años luz, respectivamente. Ozma duró 200 horas y no captó ninguna señal de otro mundo. Medio siglo y cientos de miles de horas de escucha después, el silencio sigue siendo total, aunque haya habido falsas alarmas, presuntas emisiones inteligentes que luego no han sido tales.

Dos astrónomos soviéticos anunciaron en 1963 la detección de una rara señal procedente de CTA-102. Sospechaban que había sido enviada por una inteligencia alienígena. Al final, CTA-102 resultó ser un cuásar, un objeto que emite enormes cantidades de energía. Cuatro años después, científicos británicos captaron otra señal que bautizaron como LGM-1, de Little Green Men (pequeños hombres verdes). LGM-1 era un púlsar, los restos de una estrella colapsada.

Recién llegados

La más famosa de todas las emisiones recibidas es la señal Wow!. La captó el 15 de agosto de 1977 un radiotelescopio de la Universidad del Estado de Ohio. Cuando Jerry Ehman, investigador del proyecto de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI), revisaba los registros en papel de impresora de lo captado aquel día descubrió una señal anormalmente intensa, la enmarcó con el bolígrafo y escribió al margen una sola palabra: Wow! (¡vaya!). Duró sólo 72 segundos, llegó a ser 30 veces más intensa que el ruido de fondo, no parecía de origen terrestre y no ha vuelto a escucharse.

El primer saludo humano dirigido a las estrellas es el llamado mensaje de Arecibo. Contiene información sobre la química de la vida, la estructura del ADN, nuestra especie y nuestra situación en el Sistema Solar. Fue enviado en 1974 desde el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico) hacia M13, un cúmulo de estrellas situado a 25.000 años luz en lo que se trató más de una demostración de capacidad tecnológica que de un intento de comunicación con extraterrestres. Porque el cúmulo M13 ya no estará dentro de 25.000 años en el lugar del cielo hacia donde se dirige nuestro mensaje. Nadie sabe cuándo puede producirse el primer contacto, si es que ocurre alguna vez. El Universo es inmenso; pero eso, por sí solo, no es una razón a favor de la existencia de otras civilizaciones. Puede que la vida inteligente no sea rara, pero esté condenada a la autodestrucción, amenaza que pende sobre el ser humano desde la bomba atómica de Hiroshima. O puede ser que llevemos aquí demasiado poco tiempo.

La historia humana es una mínima fracción de la del Universo, que nació hace unos 13.700 millones de años. Los primeros homínidos aparecieron en África hace sólo entre 6 y 7 millones de años. Si reducimos toda la vida del Cosmos a un año y situamos el Big Bang en el primer segundo del 1 de enero, los homínidos no habrían aparecido hasta entre las siete y las ocho de la tarde del 31 de diciembre, y en el último segundo del año habría pasado todo lo ocurrido en los últimos cuatro siglos. Hace menos de cincuenta años que empezamos a mirar al cielo y un poco más que comenzamos a enviar señales de televisión. Quizás nuestras emisiones involuntarias, como la de los Juegos Olímpicos de 1936, hayan llegado a alguien y no se haya dado cuenta, las esté descifrando, las respuestas estén en camino o tengamos sintonizado el canal equivocado. Nadie lo sabe. Pero merece la pena seguir escuchando porque igual no estamos solos.


El libro

Misterios a la luz de la ciencia (2008): El astrofísico Agustín Sánchez Lavega explora la posibilidad de vida extraterrestre en un volumen en el que científicos y divulgadores hablan con rigor de monstruos, témporas y pensamiento mágico en general.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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29 Ago 2008


La videocámara de un coche patrulla grabó hace tres semanas al chupacabras a la carrera por un camino de tierra de Texas. Ha sido, de momento, la última aparición de un monstruo desconocido para el ser humano hasta marzo de 1995, cuando debutó en Puerto Rico: mató a ocho ovejas, una vaca y un toro en Orocovis, en el centro de la isla. Los cuerpos de los animales presentaban mordeduras en cuello y patas. La Policía y las autoridades sospechaban que los ataques habían sido obra de perros asilvestrados; pero algunos lugareños decían haber visto algo raro. En agosto, la matanza de 150 animales de granja en Canóvanas, al nordeste de la isla, desató la histeria. Los cadáveres no tenían, según los ganaderos, ni gota de sangre: aparentemente, había sido extraída por unos pequeños orificios. Medio país se lanzó entonces a la caza de un animal que, por su inclinación por las cabras y sus tendencias vampíricas, fue bautizado como chupacabras.

El monstruo de origen portorriqueño sigue siendo hoy en día un enigma. Poco se sabe de él, más allá de sus gustos gastronómicos. No está claro si es bípedo o cuadrúpedo; si es un cánido o una mezcla de canguro y gris -el extraterrestre cabezón típico-; si tiene manos palmeadas o garras; si es peludo o de piel de reptil; si mide 60 centímetros o 1,5 metros; si chupa la sangre al estilo de Drácula o usa para ello una lengua aguijón... A pesar de las numerosas batidas organizadas tras los ataques de Canóvanas, nunca se ha capturado un ejemplar ni se ha dado con restos de él. Ni siquiera hay una foto decente del monstruo. Y eso que pronto traspasó los límites de la pequeña isla caribeña y se expuso abiertamente al mundo.

Salto trasatlántico

Jorge Martín era un ufólogo prácticamente desconocido fuera de Puerto Rico hasta que se cruzó en su camino el chupacabras en noviembre de 1995. Fue quien primero habló de él como de una mascota de los tripulantes de los platillos volantes o el producto de experimentos genéticos terrestres o extraterrestres. Gracias a Martín, el monstruo dejó de ser una superstición campesina y se convirtió en un personaje que protagonizaba camisetas, llaveros y portadas de revistas. Menos de dos años después de su primer ataque, Fox Mulder y Dana Scully se enfrentaban al chupacabras en El mundo gira, episodio de Expediente X estrenado en Estados Unidos el 12 de enero de 1997. Para entonces, la bestia ya hacía de las suyas fuera de Puerto Rico.

El monstruo saltó a México, Costa Rica y Estados Unidos (Florida) a principios de 1996. Su primera víctima humana fue Teodora Ayala Reyes, una mujer de 25 años del Estado mexicano de Sinaloa que mostró a todo el país por televisión unas marcas en el rostro y el cuello que parecían quemaduras. Lo había predicho el alcalde de Canóvanas, José Soto, cuando organizó las primeras batidas en octubre de 1995: "Hoy ataca animales, pero mañana podría atacar a la gente". Los dictámenes científicos apuntaban en México a que los causantes de los ataques eran coyotes, felinos o perros asilvestrados; pero el terror se apoderó de las comunidades campesinas cuyo ganado aparecía muerto de la noche a la mañana.

La llegada del indeseado visitante a España no se demoró. Entró en la Península por el País Vasco durante el verano de 1996, según revelaron en las revistas Año Cero y Más Allá los periodistas esotéricos Bruno Cardeñosa y Javier Sierra. La prueba era medio centenar de ovejas muertas en la comarca vizcaína de Las Encartaciones. Año y medio después, su colega Iker Jiménez achacaba a la bestia la muerte de decenas de ovejas en Valle de Tabladillo, Segovia.

Un monstruo hispano

Con la excepción de los ataques registrados en Brasil, el chupacabras actúa sólo en comunidades donde se habla español, incluso en Estados Unidos. Es un monstruo genuinamente hispano, un producto de la superstición campesina portorriqueña. "Parece ser un fenómeno caribeño, especialmente de las islas hispanas. Es parte de nuestro folclore. Es interesante que no se encuentre en las islas angloparlantes, y que sólo migre a lugares donde la población hable español", dice Marvette Pérez, conservadora del Museo Nacional de Historia Americana de la Institución Smithsoniana, y de origen portorriqueño.

No se trata del primer ser misterioso que sale de las selvas de Puerto Rico. Al contrario. El chupacabras es el último de una larga estirpe. Todo comenzó con el vampiro de Moca, que en los años 70 chupaba la sangre a animales de granja y a quien salió un hijo vegetariano, el comecogollos, que devoraba plataneros. El tercer miembro del linaje fue conocido como comepanties, por ser un insaciable consumidor de las medias que las mujeres ponían a secar en los colgadores. Lo del comepanties parece demasiado hasta para quienes creen en los poderes de Rappel, ¿pero a qué se debe el éxito del chupacabras cuando, a fin de cuentas, hace lo mismo que su bisabuelo?

A que en su momento su existencia vino bien en unos países -Puerto Rico y México- a los políticos para desviar la atención sobre asuntos realmente graves. "Desde que apareció la fiebre del chupacabras, los sufridos mexicanos tuvieron otro tema de plática diaria, y luego, cuando se le restó gravedad, lo transformaron en un factor x, un recurso para el albur facilón y el chiste bobo, como representar a Carlos Salinas, que absorbe mucho del descontento popular", apuntaba en 1996 el sociólogo mexicano Roger Bartra. Quienes viven de escribir sobre fantasmas y hombrecillos verdes vieron en vulgares ataques de alimañas acciones de seres misteriosos. En España, por ejemplo, las muertes de ovejas registradas en Vizcaya y Segovia se debieron a perros asilvestrados o a lobos; pero llevaron al monstruo a la portada de las revistas esotéricas. Y en América ha pasado lo mismo. El chupacabras grabado por la Policía en Texas parece ser un ejemplar de un raro tipo de coyote que ya ha sido tomado otras veces por el monstruo de hábitos vampíricos.


El libro

Fortean Times: La más divertida revista sobre lo paranormal. Todo tiene cabida en ella, con el mérito de que acoge en sus páginas trabajos serios que desmontan presuntos misterios, algo a lo que son alérgicas las publicaciones esotéricas españolas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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28 Ago 2008

"Una astronave sobrevuela El Cairo y orienta el objetivo de su cámara hacia abajo, verticalmente. Una vez revelado el negativo, se nos ofrece el siguiente cuadro: todo cuanto se encuentra en un radio de 8.000 kilómetros, más o menos, bajo el objetivo fotográfico aparece reproducido correctamente, pues se halla en los planos verticales de la lente. Cuanto más se aleja nuestra mirada del punto central, tanto más desfigurados vemos los países y continentes". La escena, descrita por Erich von Däniken en su libro Recuerdos del futuro (1968), habría sucedido hace miles o millones de años. La prueba de ello sería el mapa del almirante turco Piri Ibn Haji Mehmed, una cartografía del siglo XVI en la cual se ven la Península Ibérica, la Bretaña francesa, el abombamiento de África Occidental, el océano Atlántico, la costa oriental americana y numerosas islas.

El documento fue descubierto en el palacio de Topkapi de Estambul en 1929, cuando estaba siendo convertido en museo. Es parte de un mapamundi desaparecido en dos terceras partes. El fragmento que queda es lo que se conoce como mapa de Piri Reis (reis significa almirante). Está dibujado sobre piel de gacela, mide 90 centímetros de largo y 65 de ancho, y esta centrado en el Atlántico. Lo más llamativo es que la costa americana se conecta al Sur con unas tierras que parecen corresponder a la Antártida, continente que no fue descubierto hasta 1819. Las inscripciones informan de que el autor es el almirante Piri y lo hizo en el año 919 después de la Hégira, nuestro 1513, a partir de cartografías anteriores.

Conocimiento imposible

El mapa de Piri Reis es uno de los primeros en incluir América. Su fama actual se debe al cartógrafo Arlington H. Mallery y al historiador estadounidense Charles H. Hapgood, quienes se interesaron por él a mediados de los años 50 del siglo pasado. Mallery dictaminó que la posición de África y Sudamérica eran extraordinariamente precisas para la época y creía que las tierras del Sur eran la Antártida antes de que se cubriera de hielo hace 14 millones de años. Casi al mismo tiempo, Hapgood, profesor de la Universidad Estatal de Keene (New Hampshire), llegó a las mismas conclusiones después de un examen del mapa "sin ideas preconcebidas" y llamó la atención sobre una cordillera que identificó como los Andes. ¿Pero cómo podían figurar los Andes en una cartografía de 1513, cuando Pizarro no los avistó hasta 1527?

Para Hapgood, la respuesta a esa pregunta y a la presencia de la costa antártica libre de hielo era que Piri Reis había bebido para su mapa de otros muy anteriores, levantados por alguien capaz de volar. La idea fue popularizada por Louis Pauwels y Jacques Bergier en su libro El retorno de los brujos (1960). "¿Será copia de mapas todavía más antiguos? ¿Habrá sido trazado partiendo de observaciones hechas a bordo de una nave volante o espacial? ¿O serán notas tomadas por visitantes venidos de Fuera?", se preguntaban hace casi cincuenta años quienes pusieron de moda la búsqueda de visitantes de otros mundos en el pasado.

Los defensores de su origen extraordinario argumentan que el mapa de Piri Reis es de una exactitud increíble. Von Däniken dice que para su elaboración se usó tecnología espacial, las máquinas voladoras de los extraterrestres que, según él, se ocultan tras los dioses de las antiguas tradiciones. Sólo eso explica, a su juicio, la inclusión de la Antártida y que tanto las costas como el interior de los continentes estén reflejados con "singular precisión; las cadenas de montañas, los picos, ríos, lagos y altiplanicies están diseñados con absoluta exactitud".

El continente perdido

Los historiadores ven en el documento algo muy distinto, detalles que pasan desapercibidos a los lectores de obras en las que nuestro pasado no se entiende sin la benéfica intervención de alienígenas. "No es necesario apelar a los astronautas o navegantes de una civilización desconocida anterior a la era glaciar para explicar el mapa de Piri Reis", indica en su libro Astronautas en la Antigüedad (1984) el historiador William Stiebing. Para este experto, la cartografía del navegante turco es lo que dice su autor en una nota al margen, una recopilación basada en mapas anteriores. De la misma opinión es el cartógrafo Gregory C. McIntosh en su libro The Piri Reis map of 1513 (2000). ¿Y la Antártida sin hielo, los Andes, la extraordinaria precisión geográfica...?

Una mirada desapasionada, que no busque extraterrestres ni avanzadísimas civilizaciones desaparecidas -como propuso Hapgood en su libro Maps of the ancient sea kings (Los mapas de los antiguos reyes del mar, 1966)-, ve muchas cosas que no casan con la exactitud atribuida al mapa de Piri Reis: faltan el estrecho de Magallanes y el océano Pacífico; no hay nada parecido al istmo de Panamá, el golfo de México y la península de Florida; el Caribe no existe y las islas de la región están desplazadas; los Andes discurren por mitad de Amazonas y llegan hasta el Sur no más allá de la latitud de La Paz; faltan casi 1.500 kilómetros de la costa sudamericana...

Tampoco la Antártida se ve en el mapa. La costa que Hapgood identifica con la del continente helado es la de Sudamérica doblaba por el dibujante hacia el Este por debajo del Río de la Plata. Y los Andes mal colocados no son los Andes: corresponden a las montañas que dibujan a veces los cartógrafos medievales y del Renacimiento en el interior de los continentes al tuntún. Si se suma a eso la presencia de animales imaginarios, queda claro que el mapa de Piri Reis -cuyo autor atribuye a Colón el descubrimiento de América- presenta errores propios del siglo XVI y de las cartografías anteriores en las que se inspiró el dibujante. O eso o los tripulantes de la astronave que, según Von Däniken, sobrevoló El Cairo en un pasado remoto para hacer un mapa de la Tierra eran unos chapuceros de tomo y lomo.


El libro

The Piri Reis map of 1513 (2000): El cartógrafo estadounidense Gregory C. McIntosh firma una monografía que responde a todas las preguntas sobre la cartografía del almirante turco.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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27 Ago 2008

La reliquia más estudiada volverá a exhibirse dentro de dos años, pero no es previsible que se someta a nuevos exámenes científicos en mucho tiempo. Y es que la última vez que el Vaticano autorizó un análisis de la sábana santa, lienzo que supuestamente envolvió el cuerpo de Jesús, los resultados distaron de ser satisfactorios para la Iglesia. Hace veinte años, tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza concluyeron que la tela de lino había sido confeccionada entre mediados del siglo XIII y finales del XIV, así que difícilmente podía ser el sudario de Jesús. El 13 de octubre de 1988, el cardenal Anastasio Ballestrero anunció el resultado del análisis del carbono 14 -que luego se publicó en la revista Nature-, pero la polémica sigue abierta por parte de quienes defienden que es más que una obra de arte.

En la tela -de 4,32 metros de largo y 1,10 de ancho- se ven las improntas frontal y dorsal del cuerpo de un hombre barbado que parece presentar las heridas que, según los Evangelios, sufrió Jesús durante su martirio. Conocida desde hace más de seis siglos, fue presentada a finales de los años 70 como la prueba del principal dogma católico. "Científicos y técnicos de la NASA -después de tres años de estudio- han aportado datos suficientes como para deducir que Cristo resucitó", escribió Juan José Benítez en la revista Mundo Desconocido en 1978. Era un notición: la misma agencia espacial que había puesto al hombre en la Luna avalaba una de las verdades fundamentales del cristianismo.

La verdadera historia

La sábana santa apareció a mediados del siglo XIV en la localidad francesa de Lirey. Se exhibía en una colegiata fundada por un caballero, Geoffroy de Charny, que supuestamente había donado la reliquia al templo, aunque lo más probable es que fuera una donación de su viuda. Era un objeto sagrado más en una Europa rebosante de ellos desde que el Segundo Concilio de Nicea decretó, en 787, que no podía consagrarse un templo sin reliquias. Tres décadas después de la aparición de la tela, Pierre d'Arcis, obispo de Troyes, alerta a Clemente VII, papa de Avignon, del origen fraudulento del sudario. D'Arcis escribe en 1389 al antipapa una carta en la que le explica que su antecesor, el obispo Henri de Poitiers, había descubierto quién había pintado la sábana, además de cómo los canónigos de Lirey simulaban milagros de lo que presentaban como la mortaja de Cristo.

Una bula de Clemente VII autoriza en enero de 1390 la exhibición de la tela con, entre otras condiciones, la de que se advierta de que "la figura o representación no es el verdadero Sudario de Nuestro Señor, sino que se trata de una pintura o un cuadro de la Sábana Santa". A mediados del siglo XV, Marguerite de Charny, nieta de Geoffroy de Charny, vuelve a hacer circular el rumor de que el lienzo envolvió el cuerpo de Jesús. La jugada le acabará saliendo bien. Arruinada, dona la sábana a los Saboya, quienes se lo agradecen regalándole dos castillos y solucionándole la vida.

Los Saboya rodean la tela de un halo milagroso -la llevan en sus viajes a modo de protección contra los ataques de bandidos- y la acaban depositando en la catedral de San Juan Bautista de Turín en 1578. Allí es donde el abogado Secondo Pía la fotografía en 1898: dirá que se trata de un negativo fotográfico. Pía fue incapaz de darse cuenta de que las manchas de sangre de la imagen son rojas -¿desde cuándo lo son en un negativo?- y la barba del personaje negra, lo que implicaría que el cuerpo original era de un anciano de barba blanca. La idea del negativo ganó, sin embargo, adeptos durante el siglo XX y se convirtió, para muchos, en una verdad científica cuando un ordenador utilizado en la exploración espacial determinó que la imagen es tridimensional.

Auténticos milagros

Los exámenes de la sábana santa hechos por la NASA en los años 70 sólo tienen un problema: nunca se realizaron. En contra de lo que se sostiene en la mayoría de los libros dedicados al sudario, éste jamás ha merecido la mínima atención por parte de la agencia espacial estadounidense. Quienes la estudiaron hace treinta años fueron miembros de la Hermandad del Santo Sudario, un grupo de creyentes entre los que había dos que habían trabajado para la NASA y que emplearon equipo informático de la agencia en su estudio. Partían del presupuesto de que la imagen se había imprimido durante la Resurrección y tenía que ser tridimensional. Lógicamente, ésa fue la conclusión a la que llegaron. Pasaron por alto, entre otras cosas, que las manchas de sangre son de pintura, según determinó el microanalista forense Walter McCrone antes de que le expulsaran del equipo. Y optaron por una explicación milagrosa nunca confirmada por la ciencia.

McCrone, científico de prestigio mundial, auguró en 1980 que, si se realizaba, la prueba del carbono 14 -que permite conocer la edad de restos orgánicos de menos de 60.000 años- dataría la tela "el 14 de agosto de 1356, diez años más o menos". Cuando ocho años después se hizo el análisis, se fechó "entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%". Era lo previsible. La estética de la imagen se corresponde con la iconografía de la época y, además, no hay ninguna prueba de que la tela existiera antes de su aparición en Lirey. Que es de manufactura humana no sólo lo admitieron en su época obispos y altos mandatarios de la Iglesia, sino que también resulta evidente: los genitales están convenientemente tapados por las manos -imposible en un cadáver estirado-; la melena no cae hacia la nuca como en cualquiera tumbado, sino que flota mágicamente; las piernas están estiradas en la imagen frontal, pero se ve la planta del pie izquierdo en la dorsal...

Las críticas y los trabajos de los sindonólogos -como se autodenominan los expertos en la reliquia- nunca han superado el filtro de la ciencia, a pesar de que el sudario hace auténticos milagros. Poco después de la publicación de los resultados del carbono 14, Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología, destacó en 1989 que el físico Willard Libby, que ganó el Nobel en 1960 por la invención de ese método de datación, decía que la prueba no se había hecho bien en el caso de tela de Turín. Libby llevaba muerto nueve años: la sábana santa lo había resucitado.


El libro

Inquest on the shroud of Turin (1987): El libro de Joe Nickell sigue siendo, veinte años después, el mejor sobre este enigma.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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26 Ago 2008

Llovió a mares durante cuarenta días y cuarenta noches. "Subió el nivel de las aguas mucho, muchísimo sobre la tierra, y quedaron cubiertos los montes más altos que hay debajo del cielo" (Génesis 7, 19). No se recuerda una tragedia igual; las aguas tardaron 150 días en retirarse. "Yahvé exterminó todo ser que había sobre la faz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, hasta los reptiles y hasta las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca" (Gén. 7, 23). El dios del Antiguo Testamento inundó el mundo para castigar al ser humano por su maldad, pero antes avisó a un hombre con la antelación necesaria para que pusiera a salvo a su familia y gran número de animales. Para quienes creen en la literalidad de la Biblia, el Diluvio Universal es un suceso histórico.

Según el Génesis, poco después de la Creación, la corrupción se generalizó entre los hombres hasta tal punto que Yahvé se arrepintió de su obra y decidió acabar con todos los seres vivos. Sin embargo, mostró piedad hacia Noé -"el varón más justo y cabal de su tiempo" (Gén. 6, 9)- y le dio instrucciones para que construyera una embarcación de tres cubiertas en la que encontraran refugio él, su mujer, sus tres hijos y las esposas de éstos. Además, le pidió que metiera en ella una pareja "de todo ser viviente" (Gén. 6, 19) -posteriormente, le dijo que fueran siete parejas de cada ave y animal puro, y una de cada impuro-, después de lo cual empezó a diluviar. Cuando bajaron las aguas, el arca encalló "sobre los montes de Ararat" (Gén. 8, 4), desde donde los supervivientes -animales y seres humanos- partieron para repoblar la Tierra. Hasta aquí, el relato bíblico; pero ¿hubo un Diluvio Universal?

Un barco inmenso

Quienes consideran la Biblia un libro de historia dicen que sí. Son millones de personas en Occidente. Otros muchos millones creen que la narración del Antiguo Testamento se refiere a lo ocurrido durante una inundación en Mesopotamia, la región del Tigris y el Éufrates, y también hay quien piensa que todo es un mito: que nunca hubo un arca, ni un Noé, ni nada parecido. La idea de una inundación universal se ve aparentemente respaldada porque existen en el mundo más de 250 relatos de esta naturaleza, desde Mesopotamia hasta los pueblos indígenas americanos, pasando por India y China. Así, pues, examinemos si fue posible.

No se conoce ningún mecanismo natural por el cual pueda quedar sumergido todo el planeta, hasta las montañas más altas. Además, ¿dónde fue a parar después toda esa agua? Cabe aducir que cayó de la nada y fue a parar a la nada gracias a sendos milagros divinos; pero la historia y la ciencia no entienden de milagros, fenómenos que, por cierto, han ido desapareciendo según ha ido avanzando el conocimiento humano. Desde el punto de vista logístico, tampoco resulta factible que Noé y los suyos -cuatro hombres y cuatro mujeres- afrontaran con éxito la tarea que Yahvé encargó al primero.

El dios del Antiguo Testamento pide a Noé que construya un arca de madera de 140 metros de largo, 23 de ancho y 14 de alto. Un navío grande; pero no lo suficiente como para meter en él a una pareja de cada especie viviente. Porque, en 2005, había identificadas en la Tierra 1.085.000 especies de insectos, 400.000 de bacterias, 270.000 de plantas, 72.000 de hongos, 19.000 de peces, 9.700 de aves, 6.300 de reptiles, 5.000 de virus, 4.300 de mamíferos, 4.200 de anfibios, según el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas. Y se cree que hay muchas más que no conocemos.

Los problemas de Noé

"Noé contaba 600 años cuando acaeció el diluvio" (Gén. 7, 6) y, aun ayudado por su mujer, sus hijos y sus nueras, nunca pudo construir una embarcación capaz de acoger una pareja de todo bicho viviente. Nadie podría hacerlo. Además, había que disponer a los animales estratégicamente -el león lejos de la gacela o cualquier otra sabrosa presa; las aves, de los insectos...- y disponer de miles de metros cúbicos para almacenar el alimento para que subsistieran todos hasta la retirada de las aguas. Eso por no hablar de cómo llegaron hasta el arca los pingüinos, los dragones de Komodo, los canguros, los pandas...; y de cómo repoblaron luego el mundo de tal manera que, nada más salir, el lobo no se merendara al conejo o éste no se comiera la zanahoria recién brotada.

Los geólogos no han encontrado ni rastro de una inundación planetaria hace miles o millones de años. Las pruebas contra la veracidad histórica del relato bíblico son tan sólidas, que mucha gente se inclina por un fenómeno local ocurrido en Mesopotamia para explicar lo vivido por Noé. ¿Pero cómo va a acabar Yahvé con todos los seres vivos de la Tierra inundando sólo una región? ¿Por qué Noé construye un arca cuando podía, simplemente, haberse ido con los suyos caminando a otra parte? ¿Por qué tiene que coger una pareja de cada especie, incluidas aves que podían salir volando más allá de la zona anegada?... Demasiadas preguntas sin respuesta. La que lo tiene es la de por qué existen múltiples tradiciones diluviales.

La narración más antigua del un Diluvio Universal está en el Poema de Gilgamesh, un relato mítico mesopotámico -posiblemente inspirado en una gran inundación- que adaptaron los autores del Génesis a sus necesidades. Con el paso de los siglos, como apunta el geólogo Xabier Pereda Suberbiola, el relato de Upnapishtim, el Noé sumerio, pasó de pueblo en pueblo y, ya transformado en su versión bíblica, fue divulgado por los misioneros cristianos, hasta que acabó siendo asimilado y adaptado a su realidad por distantes culturas. Así pudo universalizarse una historia poco ejemplarizante, en la cual un padre omnipotente decide ahogar a todos sus hijos porque uno de ellos -el hombre- no se porta como es debido.


El libro

Ararat. Tras el arca de Noé, un viaje entre el mito y la ciencia (2007): El periodista Frank Westerman protagoniza un viaje con la historia bíblica del Diluvio como leitmotif.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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25 Ago 2008

"Necesita que los demás le quieran y le admiren; pero es crítico consigo mismo. Aunque tiene ciertas debilidades de carácter, generalmente es capaz de compensarlas. Posee considerables capacidades que no ha utilizado aún en su propio beneficio. La cuadratura del Sol con Neptuno muestra que suele desestimar su propia capacidad para triunfar y, por ello, a veces no hace realidad sus ideas. Es disciplinado y demuestra autocontrol exteriormente, pero tiene tendencia a ser inquieto e inseguro interiormente. En ocasiones, tiene serias dudas sobre si ha tomado la decisión correcta. Prefiere un poco de cambio y variedad, y no está satisfecho cuando se encuentra bloqueado por restricciones o limitaciones".

Esta descripción de la personalidad ha sido hecha por un astrólogo para un grupo determinado de lectores de este periódico, los de un signo del Zodiaco concreto que luego desvelaremos. Y continúa así: Marte hace que sea independiente, entusiasta y a menudo autodidacta. Se siente orgulloso de sí mismo como pensador independiente y no acepta las declaraciones de los demás sin pruebas suficientes. Necesita tiempo para aceptar ideas nuevas, aunque una pequeña vertiente bohemia y literaria hace que a veces actúe sin pensar y lamente después las consecuencias. A pesar de que sabe que no debe ser siempre así, no le gusta enfrentarse a los hechos de una forma fría y objetiva, y su sensibilidad le ocasiona dificultades de relación. Saturno eclipsa parcialmente las posibles tendencias científicas que pueda tener, aunque a veces surgen inesperadamente. Considera imprudente ser demasiado sincero, mostrándose a los demás tal como es."

Creencia extendida

¿Encaja con la visión que tiene usted de sí mismo? Lo comprobaremos más tarde. De momento, puntúe cómo se siente respecto a ella de 0 (nada identificado) a 10 (totalmente), y anótelo al margen. Todos hemos leído alguna vez el horóscopo. Suele publicarse en la sección de pasatiempos de los diarios y clasifica a los seres humanos en doce grupos según el momento del año en que han nacido: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer... Todo el mundo sabe cuál es su signo del Zodiaco y leer en el periódico lo que le depara el día es algo que hace mucha gente cada mañana.

El horóscopo es la manifestación más común de la idea de que el destino está escrito en las estrellas, el dogma de la astrología, una creencia muy extendida en nuestro país. Hace nueve años, un estudio dirigido por el sociólogo Javier Elzo estableció que el 41% de los jóvenes españoles cree en ella. Cuando en 2005 nació la infanta Leonor, una importante agencia de noticias destacó que era Escorpio y, el año pasado, que la recién llegada infanta Sofía había venido al mundo bajo el signo de Tauro, como Salvador Dalí, Juan Pablo II, William Shakespeare y Leonardo da Vinci. Hay que alabar el gusto a los astrólogos porque Tauro, como Sofía de Borbón, también fueron el pedófilo y caníbal Albert Hamilton Fish y Herman Webster Mudgett, autor de veintisiete asesinatos. Su hermana Leonor es del mismo signo que Charles Manson, el asesino de Sharon Tate, y Coral Eugene Watts, que mató a decenas de mujeres en Estados Unidos.

A pesar de los criminales con los que comparten signo, no hay que poner bajo vigilancia a las infantas Leonor y Sofía. Más o menos, una duodécima parte de los criminales es Tauro, otra Escorpio, otra Cáncer... Y pasa lo mismo con los futbolistas, los médicos, los cantantes, los informáticos... Por eso, es una tontería destacar a Dalí, Juan Pablo II, Shakespeare y Leonardo como ejemplos de lo que puede llegar a ser en la vida un bebé nacido bajo el mismo signo que esos personajes.

El efecto Forer

El horóscopo es un engaño. Da igual que lo redacte un astrólogo famoso -como en algunas revistas- o no; es igual de acertado. Veteranos periodistas reconocen en privado que, ante el extravío de la columna del horóscopo del día, ha habido tradicionalmente dos soluciones más efectivas y baratas que llamar a un astrólogo de guardia: recuperar una anterior cualquiera o inventarse el vaticinio de cada signo. Lo último está al alcance de cualquiera: sólo hay que hacer afirmaciones vagas, como comprobó el psicólogo Bertram Forer en 1948. Un día, dio a cada uno de sus alumnos universitarios una descripción supuestamente basada en un test de personalidad que habían hecho días antes, y les pidió que la puntuaran de 0 (totalmente incorrecta) a 5 (perfecta). La nota media fue un 4,26; a pesar de que todas las descripciones eran la misma, una sucesión de generalidades. El experimento se ha repetido desde entonces cientos de veces en todo el mundo y la nota media siempre ha superado el 4,2.

¿Qué nota ha dado usted a la descripción personal del principio? La verdad es que no ha sido hecha por un astrólogo para los lectores de un signo del Zodiaco concreto, sino por el autor de estas líneas con la idea de reunir una colección de vaguedades que se adapten a cualquiera. Si ha creído que encajaba bien con usted, no se avergüence. Es lo normal. Es lo que han hecho en los últimos años decenas de personas que se han sometido a esta prueba. Esa tendencia a asumir como dirigidas a uno descripciones tan generales que pueden casar con cualquiera es lo que se conoce en psicología como el efecto Forer, en honor del psicólogo que lo descubrió.

El efecto Forer es la clave del éxito del horóscopo; explica por qué la gente sigue cayendo en el engaño del Zodiaco. "Los astrólogos pueden presentar cualquier tontería y, con tal de que ésta sea lo suficientemente vaga y halagadora, la mayoría de la gente marcará el casillero altamente preciso", sentencia el psicólogo Richard Wiseman en su libro Rarología (2007). Puede experimentarlo en casa en la próxima reunión familiar. Coja el periódico, ábralo por el horóscopo y pida a sus parientes, uno a uno, que le digan cuál es su signo. Luego, lea a cada uno una predicción que no corresponda a su signo: a Aries la de Tauro, a Capricornio la de Leo... Ya verá como nadie se queja. Que se sepa, tampoco nadie lo ha hecho cuando en un periódico o revista se ha repetido una columna astrológica o las predicciones las han inventado los redactores.


El libro

Rarología (2007): Richard Wiseman investiga científicamente extravagancias como la creencia en la astrología y los fantasmas, y la diferencia entre una sonrisa sincera y una falsa.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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24 Ago 2008

Antes de ponerse a secuestrar humanos para experimentar con ellos, los tripulantes de los platillos volantes ya se aprovechaban sexualmente de los terrícolas. Sabían -no pregunten cómo- que el mono desnudo del tercer planeta de un sistema solar situado en los arrabales de la Vía Láctea era apto para procrear con ellos y, en vez de fecundar en el laboratorio óvulos extraterrestres o terrestres con esperma terrestre o extraterrestre, respectivamente, optaron a finales de los años 50 por la directa, las relaciones sexuales a pelo. El primer elegido fue un joven macho humano, al que con el tiempo siguieron varias hembras. Una de ellas se quedó embarazada de un alienígena y dio a luz al hijo de ambos, el Adán o la Eva de una nueva Humanidad.

El granjero brasileño Antonio Villas Boas tenía 23 años en 1957 cuando gozó de su encuentro sexual interplanetario. Ocurrió el 15 de octubre, cuando araba de noche con su tractor un terreno familiar en São Francisco de Sales, en el estado de Minas Gerais, para evitar laborear bajo el Sol. Hacia la medianoche, llamó su atención una extraña luz que cruzaba el cielo. El ovni llegó hasta la vertical del campo de labranza y empezó a descender cerca de donde estaba él. Intentó huir, pero el motor del tractor se paró y presenció el aterrizaje de un aparato, "en forma de ave", de 10,5 metros de largo y 7 de ancho, que desprendía una luz cegadora. Varios seres vestidos con monos grises y escafandras bajaron de la nave, capturaron al agricultor cuando escapaba a la carrera y lo metieron por la fuerza en la nave.

La mujer más hermosa

Los visitantes, de alrededor de metro y medio de altura, llevaron al hombre a una pequeña estancia circular de unos 2 metros de diámetro y algo menos de altura, desde la que luego lo condujeron a otra en la que sólo había un diván. Le desnudaron, le extrajeron sangre de la barbilla y le lavaron con una esponja húmeda antes de dejarle solo durante unos veinte minutos. Tras el preámbulo, y después de que la habitación fuera inundada con gas, entró en ella una mujer desnuda, de ojos azules rasgados. Era rubia, aunque pelirroja en el pubis y las axilas. Tenía, según el hombre, el cuerpo más hermoso que nunca había visto.

"La mujer se acercó a mí en silencio... y de pronto se apretó contra mí y empezó a frotar su cabeza contra la mía. Al mismo tiempo, noté su cuerpo pegado al mío como una ventosa... y me sentí incontrolablemente excitado, como nunca lo había estado en mi vida... Terminamos sobre el diván, donde nos acostamos por primera vez. Fue un acto sexual normal y ella reaccionaba como lo hubiera hecho cualquier mujer. Después nos acariciamos un poco mutuamente y volvimos a hacerlo, pero ahora había empezado a mostrarse más esquiva, deseosa de acabar pronto", recordaría el joven.

Tras el doble coito, la mujer abandonó la habitación, no sin antes señalar su vientre y luego al cielo. Los ufólogos interpretaron después ese gesto como una alusión a que la visitante que tendría en su planeta al hijo producto de aquella noche de sexo. Villas Boas contó días más tarde lo ocurrido a un periodista de la revista O Cruzeiro que escribía sobre platillos volantes y se convirtió así en el primer ser humano en confesar sus relaciones sexuales con un extraterrestre, algo de lo que no se retractó ni siquiera cuando a finales de los años 70 era ya un respetable abogado y feliz padre de familia.

Violadas en platillos

Del hijo alienígena del agricultor de Minas Gerais nunca más se ha sabido, como tampoco del que gestó la australiana Marlene Travers. "Créame o no, ¡fui retenida cautiva en un platillo volante, violada y fecundada por un hombre del espacio exterior!", declaró la mujer a The New York Chronicle el 21 de noviembre de 1966. La joven, de 24 años, decía haber sido llevada a bordo de un ovni y forzada por "un hombre alto y apuesto vestido con una especie de guerrera verde metálica, no rígida". El embarazo fue confirmado después por un médico, aunque del niño se perdió el rastro. Es lógico porque hoy en día algunos expertos en platillos volantes sospechan que este caso fue una invención periodística, aunque otros nunca han descartado que puedan haberse producido casos similares.

Antonio Ribera, el padre de la ufología española, creía que la historia de Shane Kurz, joven de 26 años que decía haber sido violada por un extraterrestre el 2 de mayo de 1968 en Westmoreland (Nueva York), tenía "todos los visos de ser cierta". Dudaba, sin embargo, de la autenticidad del vis-à-vis de Elizabeth Klarer, una sudafricana que aseguraba haber tenido en 1957 un hijo con Akon, vecino de un planeta del sistema de Alfa Centauri. En todos estos casos, incluido el de Villas Boas, los terrícolas nunca se hacen con una prueba de su excepcional encuentro, ni denuncian los hechos a las autoridades y se someten a un reconocimiento médico inmediato.

Los visitantes se arriesgan, por su parte, a contraer o propagar una enfermedad sexual por no recurrir a la fecundación in vitro para su programa de hibridación. Esa técnica y otras sólo las empiezan a usar en los años 80, y no todos. Quizá sea porque, como ironiza el estudioso escéptico Luis R. González, "algunas razas alienígenas parecen disfrutar con el procedimiento clásico y resultan ser amantes mejores que los humanos". O eso o están tan atrasadas como nosotros hace unas décadas a pesar de sus portentosas naves. Los frutos de esas relaciones interespecies se van a veces con su progenitor alienígena al espacio; otras, se quedan aquí. Pero nunca vuelve a saberse de ellos. Como se pregunta Carl Sagan en El mundo y sus demonios (1995): "Se habla de números ingentes de casos de este tipo. ¿No es raro que no se haya visto nunca nada anómalo en las ecografías habituales de estos fetos, o en la amniocentesis, y que nunca haya habido un aborto que fuera un híbrido extraterrestre? ¿O es que los médicos son tan idiotas que echan una ojeada al feto, ven que es medio humano y medio extraterrestre y pasan al siguiente paciente?". Tampoco se ha detectado un aumento significativo de niños con antenas o tres ojos en las guarderías durante el último medio siglo.


El libro

Las abducciones ¡vaya timo! (2008): Luis R. González recorre la historia de los secuestros por extraterrestres, que considera vinculados al folclore y a la psicología, y no a alienígenas.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

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magonia

Una ventana crítica al mundo del misterio

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