Por César Coca, Óscar Beltrán de Otalora e Iñaki Esteban
31 Ene 2007

«Somos una pandilla de farsantes que trabajamos para distraer a 'snobs' y estamos vendidos a la puta pela».
¡Qué frase! Desde que la leí me parece uno de los mejores epigramas de
la modernidad que he podido leer en mucho tiempo. Es una de esas
sentencias que se podría aplicar a algunos pintores, escultores,
videoartistas, performancistas, etc...que de vez en cuando aparecen en
los periódicos.
Su autor es el cocinero Santi Santamaría, un provocador nato que conmocionó el certamen de alta cocina Madrid Fusión
con su autocrítica feroz sobre el mundo de la nueva gastronomía. No se
puede ser más radical con un mundo que a veces tiene más de montaje que
de fundamento. Entre lo sublime y lo ridículo hay una frontera tan fina
como el pelo de un bebé.
Hay un libro recomendable que también intenta desmontar esa nueva mitología gastronómica. Se titula «Confesiones de un chef» y su autor es el cocinero norteamericano y estrella de la televisión Anthony Bourdain.
Se dedica a destripar lo que sucede en los camerinos de las grandes
cocinas antes de que el autor salga a escena. Todo ello salpicado con
algunos consejos y unas cuantas anécdotas morbosas. En cierta forma, es
una especia de película de Scorsese pero en el mundo de los fogones.
Bourdain le sacudía bien a Adriá - por ejemplo, por hacer un sorbete de
agua de mar-....pero con el tiempo, Bourdain acabó haciendo un DVD
sobre El Bulli. Como dice Santamaría, «la puta pela».
P.D: A quién interese. Recuerde que le presté «Confesiones de un chef» y no me lo ha devuelto.
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Otra manera de enterarse de lo que pasa en el brillante, competitivo y no siempre noble mundo de la cultura, con opiniones heterodoxas y análisis con bisturí sobre la creación en todos sus ámbitos
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9 comentarios · Escribe aquí tu comentario
obsidiana dijo
Que quiere que le diga, la altísima cocina tiene la magia de los sueños inalcanzables, del glamour y el lujo, el 'charme' de lo exclusivo. Esperar un año y pico para comer en el Bulli y gastarse un riñón es lo mismo que ponerte en lista de espera para el último bolso 'must' de Prada. Una frivolidad... maravillosa.
paco dijo
Se dice performer, no performancionosequé.
Lucía dijo
Leo el comentario de paco y me doy cuenta de que hay gente que da lecciones de inglés en puro castellano.
A lo que interesa: No frecuento los grandísimos restaurantes, pero en la única ocasión en que he comido en casa de Arzak, me pareció que aquello se parecía bastante a la idea que tengo del paraíso. Nunca he salido tan contenta de ningún otro restaurante. Claro, debo añadir que no pagué yo ni tuve que reservar con meses de antelación.
Obo dijo
Entonces el placer está en la compañía, Lucía.
Lucía dijo
Te confundes, Obo. El placer está en la comida.
Náufrago dijo
Estos debates culinarios me irritan el diodenor. ¿Qué se pensaba este cocinero, qué la gastronomía se iba salvar del marketing, del mercado, de las tendencias, de los gustos? Acaso uno puede cociner lo que dé la puta gana (usemos su estilo) y sentarse a recibir euros a espuertas? No sé da cuenta este hombre que los periódicos, los trajes, los coches, y hasta los cuadros y los libros siempre están obligados (en mayor o menor grado) a pensar en el otro? Si no fuera tan reduccionista como él diría que es un perfecto gilipollas, como esos que caen en los tópicos de meterse con Adriá y los suflés de marisco volatizado. Por favor, hay un exceso de alubias con chorizo, no pasa nada porque haya cuatro filigranistas del fogón. Y si no le gusta a ese hombre, pues que monte una casa de comidas en Otxarkoaga.
ali dijo
Madre mía, naufrago, pues sí que te irrita el duodeno sí.
En fin sin menospreciar un ápice las alubias con chorizo coincido contigo en que la innovación y experimentación en la cocina son de agredecer. Ahora, si me das a elegir entre una espuma de agua de mar o un soufflé de marisco volatilizado y una docena de ostras o unos buenos percebes lo tengo claro. Normalmente lo más sencillo se acerca más a lo perfecto.
Y Adría es un caradura.
Fernando dijo
Chapeau, Lucía!
Es que Arzak no te endosa aromas de no se qué ni sorbetes de agua de mar. Y no tienes que esperar meses para conseguir una mesa.
Me pareció genial la parodia que ideó Boadella del bueno de Adriá en "El retablo de las maravillas".
ali dijo
Es que comparar a Arzak y a Adriá es como comparar a Dios con un gitano. Qué poco políticamente correcto es el refranero español.
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