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  <title>La tira &#xBB; "LA MIRADA DEL PEAT&#xD3;N" por Carlos Perez  Uralde </title>
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    <title>El sal&#xF3;n vac&#xED;o</title>
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    <updated>2009-05-31T18:40:29+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T11:15:24+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt;&lt;small&gt;POR CARLOS PEREZ URALDE&lt;/small&gt;&lt;/span&gt;  &lt;small&gt;5/10/2003&lt;/small&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;small&gt;La plaza de Euskalherria, en Lakua, es como una gran habitaci&#xF3;n sin muebles&lt;/small&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No hay nada tan desolado y a la vez esperanzador como una habitaci&#xF3;n sin muebles, a lo sumo habitada por una ara&#xF1;a pr&#xF3;fuga que trepa por la pared en busca de una esquina en la que colgarse. Quien contempla ese espacio vac&#xED;o no tiene otro remedio que imaginar c&#xF3;mo ser&#xED;a si estuviera decorado, con su mobiliario id&#xF3;neo, sus cuadros, sus l&#xE1;mparas y su alfombra aproximadamente barroca: un sal&#xF3;n no merece esa soledad si se puede hacer algo para remediarla. Algo as&#xED; le ocurre a la plaza de Euskalherria, en el barrio de Lakua: es un enorme espacio que durante la mayor parte del d&#xED;a permanece casi vac&#xED;o, habitado apenas por unas cuantas mam&#xE1;s con sus ni&#xF1;os y algunos parroquianos con el tiempo para tomarse algo en La Fragua de Vulcano o en la cafeter&#xED;a Dam.&lt;br /&gt;
Pero el visitante ya se imagina c&#xF3;mo ser&#xE1; este lugar cuando el barrio crezca y se llene de paisanos bulliciosos que ocupen las terrazas y den sentido a este territorio urbano. A las siete de la tarde de un d&#xED;a cualquiera entre semana, la plaza enorme s&#xF3;lo re&#xFA;ne a las mam&#xE1;s y sus cr&#xED;os, esta vez asombrosamente pac&#xED;ficos, a los clientes de la Fragua y a un tipo impaciente dotado de una carpeta en una mano y un m&#xF3;vil en la otra que mira una y otra vez al reloj controlando los accesos, en la actitud del que espera sin desesperar todav&#xED;a. Cada dos o tres minutos, el sujeto se apoya en una de las extra&#xF1;as farolas con forma de escalera que decoran el sitio, toca el tambor de su pierna con la carpeta amarilla y consulta de nuevo el reloj resoplando como un toro a punto de embestir al enemigo sin clar&#xED;n que anuncie el trance.&lt;br /&gt;
En los soportales hay una papeler&#xED;a, una tienda de cosm&#xE9;tica, un comercio de chucher&#xED;as, una peluquer&#xED;a, una tienda de muebles, una herborister&#xED;a o un v&#xED;deo club desde el que Hugh Grant nos mira con cara de cr&#xE1;pula. El silencio es ins&#xF3;lito para una ciudad como &#xE9;sta en la que cualquier actividad por trivial que sea requiere un estruendo de casa de locos. En cuanto al tipo que espera, sus gestos apuntan a que la paciencia se le est&#xE1; acabando cada segundo que pasa y que de un momento a otro va a proceder a emitir airadas blasfemias o gru&#xF1;idos monstruosos. Al pobre hombre le han dado evidente plant&#xF3;n, y semejante desaire es uno de los peores que puede soportar un ser humano de cualquier estirpe o familia.&lt;br /&gt;
Dentro de un tiempo la plaza de Euskalherria ser&#xE1; un multitudinario lugar de encuentro, cuando la zona est&#xE9; atiborrada de ciudadanos y el barrio ya no parezca el decorado vac&#xED;o de una pel&#xED;cula que no se ha empezado a rodar. A esta hora de la tarde no se escucha el motor de los coches, un avi&#xF3;n cruza el cielo limpio dejando su larga estela blanca y un paisano ya desesperado echa un vistazo a su reloj, pulsa sin resultado las teclas de su tel&#xE9;fono m&#xF3;vil y abandona la plaza a la carrera con la intenci&#xF3;n de repartir unas cuantas bofetadas por ah&#xED;. El d&#xED;a en que el sal&#xF3;n se llene de muebles ser&#xE1; muy acogedor y la ara&#xF1;a furtiva no tendr&#xE1; oportunidad de trepar por la pared por culpa de la presencia de hombres, mujeres y tiernos ni&#xF1;os berreantes en cada metro cuadrado.&lt;/span&gt;&lt;img style="width: 428px; height: 330px;" src="http://blogs.elcorreodigital.com/blogfiles/inakicerrajeria/150230_pzablog.JPG" id="img_0" class="imgdcha"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;Ahora hay que dejar planteado el dilema sobre si la afluencia masiva de gentes a la plaza mejorar&#xE1; las cosas o convertir&#xE1; la zona en un hormiguero desordenado comparable a los que se producen en el centro. Estoy seguro de que en este sentido se dividir&#xE1;n las opiniones en el barrio: unos preferir&#xE1;n la pl&#xE1;cida soledad de la plaza vac&#xED;a y otros la masa humana sin la que tanta gente no puede vivir. Lo que permanecer&#xE1; suceda lo que suceda es la figura de un hombre solo que espera la llegada de quien no va a llegar, precariamente armado con un m&#xF3;vil.&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
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    <title> De todos los colores</title>
    <id>http://blogs.elcorreodigital.com/inakicerrajeria/2009/5/20/todos-colores</id>
    <updated>2009-05-20T11:23:43+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T11:23:43+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;small&gt; &lt;span style="color:#999999"&gt;POR &lt;/span&gt;&lt;/small&gt;&lt;small&gt;&lt;span style="color:#999999"&gt;CARLOS PEREZ URALDE&lt;/span&gt;&lt;/small&gt;&lt;span style="color:#999999"&gt;&lt;big&gt; &lt;/big&gt; &lt;/span&gt;  &lt;small&gt;12/10/2003&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;small&gt; &lt;span style="color:#333333"&gt;La plazuela de Santo Domingo es uno de los espacios de Vitoria que ser&#xED;a irreconocible para nuestros ancestros&lt;/span&gt;&lt;/small&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si cualquiera de nuestros venerables ancestros pudiera volver a la vida para darse un paseo espectral por ciertas zonas de su ciudad, seguramente sospechar&#xED;an que la m&#xE1;quina del tiempo les estaba gastando una broma. Imaginemos aquella Vitoria en la que toda o casi toda la poblaci&#xF3;n vasca era blanca, vest&#xED;a de manera acorde a la clase social de cada cual, se recog&#xED;a en casa a la misma hora y s&#xF3;lo hab&#xED;a visto extranjeros ex&#xF3;ticos en las pel&#xED;culas. Una vez trasladados aqu&#xED; por la m&#xE1;quina de marras, asistir&#xED;an al espect&#xE1;culo asombroso de un paisanaje incomprensible para ellos: hombres y mujeres con la piel del color del &#xE9;bano, se&#xF1;oras con chador y vestimenta hasta los pies o caballeros tocados con un gorro de fieltro rojo con forma de cubilete de timba.&lt;br /&gt;
Y tambi&#xE9;n encontrar&#xED;an en su paseo las iglesias cat&#xF3;licas de toda la vida a pocos metros de mezquitas musulmanas, las carnicer&#xED;as especializadas en los gustos de moros y cristianos, los locutorios telef&#xF3;nicos en los que se dan cita cada d&#xED;a las gentes que han venido aqu&#xED; a encontrar esa vida mejor que se les niega en su tierra y que les sirven de hilo casi umbilical con lo que dejaron tan lejos. He visto llorar con l&#xE1;grimas oce&#xE1;nicas a un tipo enorme con piel muy oscura aferrado a un tel&#xE9;fono y estoy seguro de que jam&#xE1;s expresar&#xED;a los dolores de su alma en ninguna situaci&#xF3;n salvo en la de acordarse de sus seres queridos.&lt;br /&gt;
Todo esto sucede cada ma&#xF1;ana, cada tarde y cada noche, y si sus ancestros venerables o usted mismo recorren los aleda&#xF1;os de la plazuela de Santo Domingo, se dan una vuelta por la Herrer&#xED;a, Barrancal, Portal de Arriaga, Zapater&#xED;a o los cantones que las comunican se dar&#xE1;n cuenta de que la cara de la ciudad ser&#xED;a ya irreconocible para quienes nos precedieron en el tiempo. Perm&#xED;tanme anotar que me alegro mucho de que as&#xED; sea. Ver siempre las mismas caras es un ejercicio &#xF3;ptico harto fatigoso y mortalmente aburrido: la llegada de gentes diversas, ataviadas de modo extravagante para nosotros, con costumbres diferentes y por lo general respetuosas con las que seguimos, nos ha ventilado el ombligo antes de que la borra lo tape del todo.&lt;img src="../blogfiles/inakicerrajeria/santodomingoblog.jpg" id="img_0" class="imgizqda" width="564" height="432"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Son las 11.30 de la ma&#xF1;ana de un viernes milagrosamente soleado y en la plazuela de Santo Domingo parlotean en lenguas extra&#xF1;as ciudadanos de or&#xED;genes m&#xE1;s o menos remotos, sentados en los bancos. El &#xFA;nico inconveniente para el peat&#xF3;n consiste en aplicar t&#xE9;cnicas de supervivencia para no ser arrollado por las furgonetas de reparto y los coches que saturan la anchura min&#xFA;scula de las calles medievales. Es desesperante c&#xF3;mo una de las zonas que deber&#xED;an ser m&#xE1;s apacibles de la ciudad se convierte en un tormento para card&#xED;acos por la proliferaci&#xF3;n demente de monstruos mec&#xE1;nicos. En los bancos de Santo Domingo, los paisanos fuman, hablan de sus cosas en idiomas raros y esperan la hora del tr&#xE1;nsito por la mezquita, la carnicer&#xED;a especial o el locutorio en el que recuperar el trozo m&#xE1;s valioso del cord&#xF3;n umbilical, aunque sea en forma de hilo telef&#xF3;nico.&lt;br /&gt;
Volviendo a nuestros venerables ancestros y concluida esta visita guiada al nuevo paisaje urbano que ellos no hubieran concebido nunca, no ser&#xED;a descartable la imagen de uno de esos viajeros del tiempo abriendo una sonrisa solar ante lo que ve. A las comunidades cerradas hay que darles oportunidad de airearse, porque si no corren el riesgo de creer que su peque&#xF1;o mundo es el &#xFA;nico que vale la pena. No es imprescindible que usted, vitoriano de toda la vida, cambie de dieta y compre su carne en una tienda &#xE1;rabe. Basta con que acepte que exista.
&lt;/p&gt;
</content>
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    <title>Melancol&#xED;a dominical                                        </title>
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    <updated>2009-05-20T11:48:18+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T11:48:18+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span style="color:#666666"&gt;POR CARLOS PEREZ URALDE  &lt;/span&gt;     16/11/2003&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un paseo por el centro de Vitoria cuando oscurece el domingo revela que la procesi&#xF3;n laica tiene mucho de penitencial&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si usted tiene tendencia al masoquismo emocional y se lo pasa en grande sufriendo episodios de intensa melancol&#xED;a que pueden llevarle incluso a vaciar los lacrimales en cantidades caudalosas, podemos proporcionarle un m&#xE9;todo infalible para gozar de su problema. Basta con que cuando llegue el anochecer de un domingo oto&#xF1;al o de invierno salga de sus aposentos protectores y se d&#xE9; una vuelta por la calle Dato y aleda&#xF1;os.&lt;br /&gt;
Es imprescindible que cumpla el ritual sagrado de recorrer el terreno de arriba abajo o de abajo arriba, el orden de los factores no suele alterar el deprimente producto, fielmente acompa&#xF1;ado por su se&#xF1;ora o su se&#xF1;or, por sus ni&#xF1;os si los hubiere, por suegros, suegras, cu&#xF1;ados o cu&#xF1;adas y bajo la custodia tutelar de cientos de paisanos tan aburridos como usted y con las mismas ganas urgentes de que llegue el lunes de una santa vez.&lt;br /&gt;
Procure no olvidar su aparato de radio para estar en todo momento al corriente de lo que ocurre en los campos de f&#xFA;tbol: el tama&#xF1;o del artefacto es cosa suya, pero le aseguro que he visto mamotretos enormes al hombro de ciudadanos aparentemente en sus cabales. Es de buena nota seguir la norma de que los varones vayan por delante de las damas, a unos dos o tres metros de distancia m&#xE1;s o menos, aunque tambi&#xE9;n puede suceder que sean ellas las que preceden a sus c&#xF3;nyuges: de lo que se trata es de que nunca vayan del todo juntos las unas y los otros o las otras y los unos. Tienen intereses diferentes, maneras de ver el mundo diversas, concepciones de la vida a veces incompatibles. El puede estar discutiendo sobre el p&#xE9;simo juego del Alav&#xE9;s y ella debatiendo acerca de lo bien que le sienta la gomina al conde Lequio o de las razones por las cu&#xE1;les la prometida del Pr&#xED;ncipe escribe su nombre con zeta.&lt;br /&gt;
Una vez ejecutado este ejercicio de autoflagelaci&#xF3;n psicol&#xF3;gica ya esta usted listo para incurrir en depresi&#xF3;n profunda, sentir deseos difusos de cortarse las venas o ponerse hasta el hipocondrio de barbit&#xFA;ricos fulminantes. S&#xF3;lo le salvar&#xE1; de esas inclinaciones presuicidas la esperanza iluminada de que ma&#xF1;ana es lunes y usted ver&#xE1; ese d&#xED;a de la semana como los conquistadores ve&#xED;an El Dorado o los cruzados el Santo Grial.&lt;br /&gt;
&lt;img src="../blogfiles/inakicerrajeria/tardededomingoblog.jpg" width="587" height="451"&gt;&lt;br /&gt;
Es falso que los seres humanos odien la llegada del lunes: un paseo por el centro de Vitoria cuando oscurece el domingo revela que la multitud paseante compone una procesi&#xF3;n laica de Norte a Sur o de Sur a Norte que tiene mucho de penitencial. S&#xF3;lo falta el sumo sacerdote.&lt;br /&gt;
Para quienes no estamos interesados en los juegos masoquistas emocionales o f&#xED;sicos, la &#xFA;nica opci&#xF3;n consiste en huir hacia otras zonas de la ciudad durante el trance dominical. As&#xED; nos evitamos el tr&#xE1;mite de llegar a casa desolados, al borde del llanto tonto, sin ganas de cenar y con el &#xFA;nico prop&#xF3;sito de meternos en la cama escuchando el 'Requiem' de Berlioz con cara de funeral prematuro.&lt;br /&gt;
Tergiversando bastante los versos de Gil de Biedma, benditos sean a veces los d&#xED;as laborales. Comparado con el tr&#xE1;nsito de zombis de la calle Dato una tarde de domingo, comparecer en el tajo es un regalo de los dioses. Y si adem&#xE1;s uno detesta el f&#xFA;tbol, el regalo es ya suficiente para seguir viviendo una semana m&#xE1;s.
&lt;/p&gt;
</content>
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    <title> El Casco Viejo en autob&#xFA;s</title>
    <id>http://blogs.elcorreodigital.com/inakicerrajeria/2009/5/20/casco-viejo-autobus</id>
    <updated>2009-05-20T11:34:24+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T11:32:40+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;POR CARLOS PEREZ URALDE &lt;/span&gt;  02/11/2003&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La traves&#xED;a es apacible y segura y s&#xF3;lo encuentra obst&#xE1;culos en una furgoneta&lt;br /&gt;
mal aparcada o unos cuantos coches en desafiante doble fila&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por la m&#xF3;dica cifra de 65 c&#xE9;ntimos de euro cualquier ciudadano puede recorrer la casi totalidad del Casco Viejo montado en un autob&#xFA;s urbano, adoptando la precauci&#xF3;n de no tomar asiento sobre las ruedas del veh&#xED;culo. El traqueteo es tal que el viajero puede perder la dentadura, expulsar las lentillas, centrifugar el almuerzo en el est&#xF3;mago o transformar su cabeza en una batidora loca.&lt;br /&gt;
Salvado este escollo, la traves&#xED;a es apacible y segura y cruza calles y callejuelas, cantones y cuestas sin encontrar m&#xE1;s obst&#xE1;culos que el de una furgoneta mal aparcada o unos cuantos coches en desafiante doble fila. Es entonces cuando el conductor ha de hacer gala de una paciencia tibetana que resuelve tocando la bocina hasta que el transgresor de las normas de tr&#xE1;fico aparece para quitar su trasto de en medio.&lt;br /&gt;
No siempre la tarea es f&#xE1;cil. Algunos propietarios de furgones o autom&#xF3;viles d&#xED;scolos desaparecen sin dejar rastro, se volatilizan y s&#xF3;lo regresan al lugar del crimen cuando les da la gana pese a escuchar con nitidez los bocinazos del autob&#xFA;s. No es descartable que el sujeto desaparecido en combate se encuentre en cualquier tasca devorando pinchos de tortilla, ceremonia para &#xE9;l de rango superior a la de molestarse en apartar el coche para dejar paso al transporte p&#xFA;blico. Tampoco es descartable que en caso de reprimenda por parte del empleado de Tuvisa, el gandul de turno responda con airada chuler&#xED;a y alg&#xFA;n corte de mangas escasamente versallesco. Esta gente es as&#xED; y no ser&#xED;a de otra manera ni siquiera si se le practicara una lobotom&#xED;a. Como dice Brassens en su canci&#xF3;n, cuando uno es gilipollas, es gilipollas.&lt;br /&gt;
A las 12.30 de un d&#xED;a de tiempo incierto, el autob&#xFA;s del Casco Viejo se detiene en su lugar de la calle Francia a la espera de clientes. Eliminados de la lista de viajeros, y por razones inobjetables, un se&#xF1;or empe&#xF1;ado en ir a Sansomendi y una se&#xF1;ora cuyo &#xFA;nico destino vital parec&#xED;a ser el llegar a Txagorritxu por tierra, mar o aire, nos quedamos cuatro personas en el bus. El trayecto transcurre sin incidencias graves que anotar, salvo las ya enunciadas del terremoto interior causado por la mala idea de sentarse sobre las ruedas y la presencia impasible de una furgoneta que nos impide el paso en alg&#xFA;n tramo.&lt;br /&gt;
Es un mediod&#xED;a tranquilo cuya &#xFA;nica v&#xED;ctima es un chaval con pelo a lo Bob Marley que camina pensando en sus sue&#xF1;os o no pensando en nada y que de repente recibe el estruendo de la bocina del autob&#xFA;s. Por lo que se refiere a nuestros dos acompa&#xF1;antes, un evidente matrimonio de jubilados, se bajan tras pulsar el bot&#xF3;n rojo de las paradas solicitadas. No se han puesto de acuerdo en nada durante todo el viaje, pero m&#xE1;s que acritud hay en sus disputas una larga rutina de desencuentros sin que tengan mayor importancia.&lt;br /&gt;
&lt;img src="http://blogs.elcorreodigital.com/blogfiles/inakicerrajeria/buscascoviejoblog.jpg" id="img_0" class="imgizqda" width="579" height="446"&gt;&lt;br /&gt;
La traves&#xED;a no ha sido desde luego tan ca&#xF3;tica como la que emprendieron los Beatles en aquel autob&#xFA;s de 'Magical mistery tour', pero resulta agradable. No ha habido que soportar grandes atascos ni tumultos hist&#xE9;ricos. No es poco comparado con lo que sucede a esas horas en otras zonas de esta ciudad tan desmadrada para lo malo y tan pacata para lo interesante.&lt;br /&gt;
Tambi&#xE9;n es cierto que si uno posee cierta cultura literaria puede sentir inquietud cuando se queda solo en el bus con el conductor. Entonces evoca aquel cuento de Cort&#xE1;zar titulado 'Omnibus' y sonr&#xED;e por admitir la analog&#xED;a entre lo que sucede en el relato y lo que est&#xE1; viviendo. No tiene nada que ver, y eso lo sabe despu&#xE9;s cuando desciende del veh&#xED;culo frente a El Corte Ingl&#xE9;s.
&lt;/p&gt;
</content>
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    <title>La plaza del arte</title>
    <id>http://blogs.elcorreodigital.com/inakicerrajeria/2009/5/20/la-plaza-del-arte</id>
    <updated>2009-05-20T12:08:25+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T12:07:19+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;POR CARLOS PEREZ URALDE  &lt;/span&gt; 23/11/2003&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Acceder al espacio que ocupa el museo Artium tiene su dificultad: zanjas, vallas, obras y motos a mil por hora&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La &#xFA;nica dificultad real para acceder a la plaza del Artium y al museo en s&#xED; mismo consiste en la traves&#xED;a: si usted consigue sortear zanjas y vallas, motos a mil por hora que han convertido la zona en una pista de carreras para descerebrados y otros inconvenientes casi siempre provocados por la pertinaz pol&#xED;tica de obras p&#xFA;blicas emprendida por nuestro Ayuntamiento, llegar&#xE1; a la plaza, podr&#xE1; sentarse en un banco, disfrutar de la escultura de Miquel Navarro con mucho cuidado de que no se le caiga encima e incluso tomarse un vino en alguno de los bares del lugar. Si usted pertenece a la estirpe de los ilustrados o de los curiosos incluso puede ingresar en el museo a las horas adecuadas para salir de &#xE9;l un poco m&#xE1;s sabio o un poco m&#xE1;s at&#xF3;nito.&lt;br /&gt;
A las 13.25 horas del mediod&#xED;a la plaza que acoge al Artium est&#xE1; tan desierta como un solar vac&#xED;o, pero no por ello dejan de deambular ancianos, se&#xF1;oras con la cesta de la compra y un evidente chino que acude a su trabajo en el Pabell&#xF3;n Celestial, restaurante oriental cuyo escaparate est&#xE1; decorado por unos inm&#xF3;viles ositos de peluche. El gent&#xED;o se re&#xFA;ne en La Bilba&#xED;na, hist&#xF3;rico local siempre repleto de paisanos, llueve o truene, en la salud y en la enfermedad y hasta que el camarero les atienda. En la puerta hay un vendedor de boletos de la ONCE con gran capacidad de persuasi&#xF3;n que alivia los rigores de su trabajo practicando las artes infatigables de la charla con los perseguidores de la buena suerte. A esta virtud hay que a&#xF1;adirle la de soportar con estoico hero&#xED;smo el ruido del tr&#xE1;fico infernal que sacude la calle.&lt;br /&gt;
&lt;img src="../blogfiles/inakicerrajeria/laplazadelarteblog.jpg" width="578" height="444"&gt;&lt;br /&gt;
En este mediod&#xED;a de oto&#xF1;o, el peat&#xF3;n se fija sin poder remediarlo en una se&#xF1;ora de pelo amarillo, labios rojos como la sangre y un paraguas incongruente que no va a servirle ni para cubrirse en caso de lluvia ni para guarecerse de los ataques del sol. A la dama tambi&#xE9;n oto&#xF1;al la acompa&#xF1;a un perro diminuto dotado de barba canina y con ojos de p&#xED;caro perpetuamente cabreado, uno de esos ejemplares de caniche que si se les cruza el cable pueden llegar a ser m&#xE1;s peligrosos que un rotweiller.&lt;br /&gt;
El microsc&#xF3;pico perro ladra a cuanto se le pone por delante, y lo hace con el tono agresivo de un mat&#xF3;n de taberna que parece buscar a toda costa que alguien m&#xE1;s grande que &#xE9;l le rompa la cara o, en este caso, se lo coma sin salsa, de un bocado certero. Su due&#xF1;a asiste a estas exhibiciones provocadoras de su mascota con la indiferencia de una sorda, pero lo m&#xE1;s curioso es que un par de perros enormes se limita a mirar con desd&#xE9;n aristocr&#xE1;tico al chucho y le perdonan la vida como si para ellos devolver la afrenta del enemigo tan menguado fuera un desdoro personal.&lt;br /&gt;
La que fuera estaci&#xF3;n de autobuses, escombrera, ruina urbana donde la hubiese y para&#xED;so de ratas contiene hoy un museo de arte contempor&#xE1;neo y una plaza imaginativamente decorada con bancos de dise&#xF1;o y esculturas de vanguardia. En cuanto a la se&#xF1;ora de cabellera dorada y labios de rub&#xED;, ya se ha perdido hacia el Casco Viejo con su fiero animal de compa&#xF1;&#xED;a. Tal vez haya visitado alguna vez el museo o tal vez no, pero lo que est&#xE1; claro es que se encuentra tan acostumbrada a los ladridos atiplados del animalito que le importa un r&#xE1;bano controlarlos. Un d&#xED;a de estos, y que me disculpen los partidarios de la bondad innata de los irracionales, alg&#xFA;n doberman con un mal d&#xED;a responder&#xE1; al desaf&#xED;o del enano y se lo zampar&#xE1; sin remordimientos. Y la se&#xF1;ora llorar&#xE1; tan inolvidable p&#xE9;rdida hasta que el Se&#xF1;or la convoque a su seno.
&lt;/p&gt;
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    <title>Calzados por el parque</title>
    <id>http://blogs.elcorreodigital.com/inakicerrajeria/2009/5/20/calzados-el-parque</id>
    <updated>2009-05-20T12:36:13+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T12:34:40+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span style="color:#333333"&gt;POR CARLOS PEREZ URALDE&lt;/span&gt;  07/12/2003&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando llegan estas fechas navide&#xF1;as, La Florida se convierte en un parque tem&#xE1;tico&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El parque de La Florida es por lo general un lugar apacible por el que deambulan ciudadanos de toda &#xED;ndole, pol&#xED;ticos que vienen de agotadoras sesiones parlamentarias, mendigos que duermen sobre la hierba y bajo los &#xE1;rboles centenarios, alg&#xFA;n navajero con escasas dotes para el asalto a mano armada y perros bulliciosos, agresivos, indolentes, ladradores o anor&#xE9;xicos, dependiendo del nivel financiero y del talante c&#xED;vico de sus due&#xF1;os. Tambi&#xE9;n hay una monta&#xF1;a misteriosa con su cueva correspondiente y otras alegr&#xED;as para la vista, incluida la estampa imp&#xE1;vida de unos cuantos reyes godos alrededor de un kiosco de m&#xFA;sica.&lt;br /&gt;
Pero cuando llegan estas fechas navide&#xF1;as el parque se convierte en tem&#xE1;tico. Se instala una pista de hielo que rodea el kiosco, m&#xFA;ltiples casetas de madera que parecen sacadas de un western, una gran jaima calefactada que a las 13.00 horas del mi&#xE9;rcoles, 3 de diciembre del a&#xF1;o en curso, los operarios proceden a levantar con la disciplina que debieron utilizar los constructores de las pir&#xE1;mides y, quiz&#xE1; lo m&#xE1;s importante, una feria de tiovivos y carruseles que al peat&#xF3;n le conduce sin necesidad de m&#xE1;quina del tiempo a la infancia. La mejor canci&#xF3;n sobre estos prodigios modestos la escribi&#xF3; Serrat y se titula 'El carrusel del Furo', aunque don Joan Manuel no pod&#xED;a adivinar cuando la compuso que tan s&#xF3;lo un par de d&#xE9;cadas despu&#xE9;s resultar&#xED;a por completo inveros&#xED;mil la venta de dos boletos por un duro. Y no s&#xF3;lo porque ya no hay duros.&lt;br /&gt;
&lt;img src="http://blogs.elcorreodigital.com/blogfiles/inakicerrajeria/calparqueblog.jpg"&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Seg&#xFA;n cuentan los pap&#xE1;s, los ni&#xF1;os que regresan de sus patinazos a casa lo hacen empapados y ruego que no vean en lo anterior un juego de palabras. Tambi&#xE9;n es sabido que un considerable n&#xFA;mero de practicantes de las artes del patinaje tienden a romperse la fr&#xE1;gil crisma durante sus evoluciones coreogr&#xE1;ficas, supongo que para dar trabajo a los desocupados traumat&#xF3;logos.&lt;br /&gt;
En estos tiempos tontos en los que romperse algo es s&#xED;ntoma de excelente salud y gran fervor deportivo, qu&#xE9; absurda paradoja, cualquier aprendiz de patinador puede descalabrarse sin mayores esfuerzos en la pista de hielo y alardear despu&#xE9;s ante sus amistades de andar con los huesos quebrantados por esquiar en las pistas de Candanch&#xFA;. O en las de Baqueira Beret, que es donde recala la gente principal.&lt;br /&gt;
De todas maneras, yo me quedo con los tiovivos, esos artefactos m&#xE1;gicos que consiguen hacer del eterno retorno una aventura &#xE9;pica. Si me permiten citar de nuevo a Joan Manuel Serrat, es dif&#xED;cil comprobar en otro sitio c&#xF3;mo alucina un ni&#xF1;o. Salir de paseo forrado como un astronauta con abrigos y bufandas y sentarse a los mandos de un coche de bomberos o a lomos de un tordillo de madera es una de esas experiencias que no se olvidan nunca. Y si se olvidan, peor para el amn&#xE9;sico.&lt;br /&gt;
Conoc&#xED; a un tipo muy serio, tan serio como un cad&#xE1;ver con vida, que una noche de borrachera terminal se mont&#xF3; en un tiovivo, en concreto en la silla de un corcel de cart&#xF3;n y gast&#xF3; una fortuna dando vueltas y vueltas en el carrusel hasta que el tinglado se cerr&#xF3; hasta el d&#xED;a siguiente. Cuando me lo encontr&#xE9; algunos d&#xED;as despu&#xE9;s me confes&#xF3; con una sonrisa que si hubiera viajado antes a ninguna parte como lo hizo aquella noche ahora ser&#xED;a feliz como un ni&#xF1;o alelado.&lt;br /&gt;
El parque de La Florida es durante estos d&#xED;as un escenario distinto al habitual. Procure no mojarse, no desbaratar su sistema &#xF3;seo y no abusar de los churros. Pero si tiene un momento, celebre la vida viendo c&#xF3;mo los cr&#xED;os recorren en c&#xED;rculo el mundo a bordo de un cami&#xF3;n de bomberos.
&lt;/p&gt;
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    <title>Un paseo rom&#xE1;ntico</title>
    <id>http://blogs.elcorreodigital.com/inakicerrajeria/2009/5/20/un-paseo-romantico</id>
    <updated>2009-05-20T12:18:48+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T12:16:24+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;POR CARLOS PEREZ URALDE &lt;/span&gt;  30/11/2003&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cementerio de Santa Isabel, repleto de tumbas y mausoleos, es un remanso de paz frente al caos de tr&#xE1;fico&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Conozco a un tipo que resuelve sus quebrantos sentimentales, que son muchos, y sus desastres financieros, que son m&#xE1;s, por el procedimiento aterrador de dirigirse el cementerio de Santa Isabel y recorrer con parsimonia desesperada la ruta de las tumbas. Despu&#xE9;s de un buen paseo por mausoleos, palacios l&#xFA;gubres de los que podr&#xED;a emerger el conde Dr&#xE1;cula con ganas de beber y tumbas humildes, nuestro hombre se siente renovado y vuelve al reino de los vivos con la intenci&#xF3;n imbatible de seguir sufriendo quebrantos amorosos y desastres contables, combinaci&#xF3;n de inconvenientes que como todo el mundo sabe componen lo esencial de la existencia humana. Ning&#xFA;n psiquiatra ha tratado su caso, pero podr&#xED;a dar para un simposio fascinante.&lt;br /&gt;
Este sujeto tan peculiar paseaba un d&#xED;a de oto&#xF1;o cruel por las calles de la ciudad de los muertos cuando top&#xF3; con otro individuo de cara alegre, fumador inmune al acecho de la nicotina, hablador y muy laborioso, a juzgar por el cuidado que pon&#xED;a en enderezar ramos de flores, barrer hojas secas y podar arbustos. El tal menda se identific&#xF3; como sepulturero titulado y cont&#xF3; a nuestro h&#xE9;roe sus historias de cada jornada f&#xFA;nebre como quien relata lo que le ocurre a un oficinista en su oficina. Ofreci&#xF3; detalles sumamente escabrosos con tal naturalidad que el visitante del camposanto empez&#xF3; a irritarse, como si su para&#xED;so de las desgracias irremediables se hubiera convertido por obra del enterrador en una mera residencia de fiambres sin mayor valor t&#xE9;trico. Era como si acudiera a un congreso de espectros y tan intimidantes personajes aparecieran sosteniendo portafolios y tarjetas de identificaci&#xF3;n en s&#xE1;banas mortuorias.&lt;br /&gt;
&lt;img src="../blogfiles/inakicerrajeria/cementeriomblog.JPG" width="563" height="433"&gt;&lt;br /&gt;
Desde aquel encontro inolvidable, mi amigo no es el que era. Sus perturbaciones er&#xF3;ticas las resuelve sin ninguna grandeza y sus descalabrofinancieros los paga como puede sin que le ayuden en nada los pobres difuntos ni los difuntos pobres. Las lecciones magistrales del enterrador sobre el oficio de sepultar a los muertos y adecentar sus aposentos definitivos le han quitado todo inter&#xE9;s a sus incursiones a Santa Isabel. El, que se cre&#xED;a el &#xFA;ltimo disc&#xED;pulo de aquel poeta que escribi&#xF3; sobre lo solos que se quedan los que han pasado a la otra vida, ahora se enfrenta a sus cuitas poni&#xE9;ndose hasta lo m&#xE1;s profundo del est&#xF3;mago de raciales callos y de orujo de hierbas. Y su existencia es menos emocionante, menos literaria, mucho menos propia para el estudio. El digno enterrador municipal, que por cierto tiene la man&#xED;a de relatar las incidencias del d&#xED;a a su embelesada se&#xF1;ora durante la cena logrando as&#xED; que &#xE9;sta olvide mirar 'El gran hermano', ha acabado con un poeta que nunca ha escrito un verso.&lt;br /&gt;
De cualquier forma, la duda que tenemos quienes conocemos a uno y a otro es la de, si sucediese un paseo de ambos por el camposanto y un cad&#xE1;ver se levantara de su tumba para ver mundo, cu&#xE1;l de los dos sufrir&#xED;a el infarto. A las 10.25 de la ma&#xF1;ana de un d&#xED;a de noviembre nublado, el cementerio de Santa Isabel, ubicado en pleno Zaramaga, es un remanso de paz comparado con el caos de tr&#xE1;fico y comparado en general con todo lo que circunda. Un caf&#xE9; con leche en un bar cercano te recuerda que por ahora est&#xE1;s vivo y no necesitas los servicios del sepulturero.&lt;br /&gt;
El protagonista de esta historia cierta aunque no lo parezca est&#xE1; deshaciendo una vez m&#xE1;s alguna relaci&#xF3;n amorosa con resultados traum&#xE1;ticos y su amigo el funcionario, que pudo ser vigilante de piscinas municipales y prefiri&#xF3; su actual destino, andar&#xE1; remediando el da&#xF1;o que las hojas muertas hacen a los muertos.
&lt;/p&gt;
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    <title>Teor&#xED;a del apag&#xF3;n</title>
    <id>http://blogs.elcorreodigital.com/inakicerrajeria/2009/5/20/teoria-del-apagon</id>
    <updated>2009-05-20T13:28:05+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T12:42:55+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);"&gt;POR CARLOS PEREZ URALDE&lt;/span&gt;   14/12/2003&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De todos los desastres que ocasiona la falta de electricidad, uno produce p&#xE1;nico: quedarse en el ascensor&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De vez en cuando, y cada vez m&#xE1;s a menudo, la compa&#xF1;&#xED;a el&#xE9;ctrica de turno obsequia a sus clientes con fulminantes cortes de luz que dejan a oscuras barrios enteros. Las &#xFA;nicas explicaciones sobre ese variado surtido de apagones consisten en tres o cuatro melonadas que no se traga nadie, pero el mal est&#xE1; hecho. Miles de ciudadanos se quedan de pronto sin calefacci&#xF3;n, sin tele, sin ducha caliente, sin microondas, sin cocina en la que plantearse un plato de superviviencia, sin ordenador, y sin ganas de vivir sometidos a la triste dictadura de la oscuridad completa. La suministradora del fluido puede condenarnos a las tinieblas sin que cuando se recupera la luz tenga el detalle m&#xED;nimo de pedirnos disculpas por carta o reducirnos el importe de la factura bimensual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;img src="http://blogs.elcorreodigital.com/blogfiles/inakicerrajeria/apagonblog.jpg" id="img_0" class="imgdcha" width="323" height="542"&gt;Pero de todos los desastres que puede ocasionar un apag&#xF3;n hay uno que produce un p&#xE1;nico especial s&#xF3;lo con imaginarlo: se trata de viajar en ascensor y que en un momento dado el aparato se quede varado en cualquier piso durante horas. Los claustrof&#xF3;bicos sufren terribles ataques de ansiedad, los hist&#xE9;ricos gritan como pose&#xED;dos por todos los diablos con Satan&#xE1;s al frente, los calmados se aburren porque no han adoptado la precauci&#xF3;n previsora de traerse un libro o un peri&#xF3;dico, los tipos con secreta vocaci&#xF3;n antrop&#xF3;faga distraen su mente pensando en un asado cuyo ingrediente principal es ese vecino gordito que comparte el encierro, los salidos se montan en la mente una t&#xF3;rrida escena pornogr&#xE1;fica con la chica de enfrente y la se&#xF1;ora que viene de la compra se va comiendo la barra de pan y el jam&#xF3;n de york sin ninguna intenci&#xF3;n de compartir el refrigerio con sus colegas de infortunio. Se han dado casos de asalto brutal a la se&#xF1;ora, desprovista de sus viandas a mordiscos mientras dura el accidente.&lt;br /&gt;
Sin embargo hay una entre las desgracias que pueden sucedernos en un ascenso durante un corte de energ&#xED;a el&#xE9;ctrica que no se la desear&#xED;a ni a mi peor enemigo. Usted se encuentra en ese trance ag&#xF3;nico compartiendo el exiguo espacio del cub&#xED;culo y junto a usted s&#xF3;lo hay un tipo que fuma un puro apestoso de segunda mano, cuyo aler&#xF3;n le canta con efectos estupefacientes y que lleva el 'Marca' bajo el arom&#xE1;tico sobaco.&lt;br /&gt;
Este sujeto, de &#xED;ndole cabalmente celtib&#xE9;rica, proceder&#xE1; a proporcionarle todo tipo de datos acerca de los avatares de la Liga sin darle tiempo a preguntarle si le importan un r&#xE1;bano las haza&#xF1;as de Beckham o los tropezones del Alav&#xE9;s. No cesar&#xE1; su perorata hasta que los bomberos acudan en ayuda de usted, que exhausto y menoscabo, pedir&#xE1; a sus salvadores que utilicen las hachas de salvamento para partir en dos al comentarista deportivo. Cuando por fin se abran las puertas del ascensor, usted saldr&#xE1; de estampida, y no tanto por el miedo y la angustia que ha pasado como por huir de un psic&#xF3;pata peligroso.&lt;br /&gt;
Tengo un buen amigo al que le pas&#xF3; algo muy parecido durante un apag&#xF3;n de los que le gusta organizar a Iberdrola para animar un poco el tedio de sus clientes. Desde entonces no ha vuelto a subirse en ascensor, ni siquiera el de su casa. Menos mal que vive en un segundo y se mantiene en buena forma. Otro d&#xED;a les contar&#xE9; la aventura padecida por una chica que conozco tambi&#xE9;n y que profesa una fobia incurable hacia los perros. Se qued&#xF3; encerrada en un elevador con una emperifollada matrona que adornaba su presencia invasora con un caniche feroz que no dej&#xF3; de ladrar ni en un instante de tregua para tomar aliento.&lt;br /&gt;
Mi amiga se gast&#xF3; despu&#xE9;s una fortuna en valium y desde entonces sufre extra&#xF1;os espasmos musculares que podr&#xED;an explicarse como el gesto inconsciente de patear a un chucho. O a su due&#xF1;a.    &lt;/p&gt;
</content>
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    <title>Suma teol&#xF3;gica</title>
    <id>http://blogs.elcorreodigital.com/inakicerrajeria/2009/5/20/suma-teologica</id>
    <updated>2009-05-20T12:52:58+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T12:52:58+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span style="color:#666666"&gt;POR CARLOS PEREZ URALDE &lt;/span&gt; 04/01/2004&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Descartes dej&#xF3; escrito &#xAB;si piensas es que existes&#xBB;, pero ahora parece que s&#xF3;lo existes si consumes&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los tiempos que corren la &#xFA;nica religi&#xF3;n verdadera es el consumo pertinaz y su liturgia m&#xE1;s o menos solemne consiste en ir de compras. Millones de ciudadanos recorren los grandes almacenes, las tiendas, los complejos, las plazas p&#xFA;blicas en las que se vende algo y se dejan asesorar espiritualmente por los sacerdotes del nuevo culto, que en vez de vestir con alzacuellos y sotana lo hacen con vistoso chaleco o chaqueta, minifalda persuasiva en el caso de las chicas o elegante terno en el de los caballeros.&lt;br /&gt;
Usted entra en el templo del sagrado consumo y una legi&#xF3;n de cl&#xE9;rigos laicos con uniforme ceremonial le atiende para que no se vaya al infierno de los r&#xE1;canos por haber cometido el pecado de no gastar lo suficiente. Descartes, que no tuvo un duro en su vida, dej&#xF3; escrito aquello de que si piensas es que existes, pero ahora de lo que se trata es de demostrar que existes si compras.&lt;br /&gt;
Este peat&#xF3;n perplejo tantas veces ante la visi&#xF3;n del comportamiento ajeno visita tambi&#xE9;n los grandes centros comerciales y tiende a sentir una controlada angustia pese a su condici&#xF3;n de hombre tranquilo. Cientos de sujetos presos de gran agitaci&#xF3;n deambulan hist&#xE9;ricos por todas partes, los ni&#xF1;os chillan, los abuelos, que han ido al lugar para disfrutar de la calefacci&#xF3;n y sin el menor inter&#xE9;s en comprar algo, se obstinan en hacer de tapones humanos en mitad de los pasillos gracias a un talento para la inmovilidad borde realmente digna de premio, las se&#xF1;oras proceden a arrasar cuanto pillan con sus carritos homicidas poniendo esa cara de psic&#xF3;patas que ponen las se&#xF1;oras en circunstancias como las que comento, y todo es caos y a uno le dan ganas de salir de ah&#xED; aunque sea rescatado por los geos.&lt;br /&gt;
&lt;img src="../blogfiles/inakicerrajeria/teologicablog.jpg" id="img_0" class="imgizqda"&gt;No soy el &#xFA;nico que piensa as&#xED;: conozco hombres y mujeres de entera confianza que me han contado sus experiencias en d&#xED;a de compras como si estuvieran relatando 'Apocalypsis now'. Y doy entero cr&#xE9;dito a sus testimonios bas&#xE1;ndome en la experiencia propia.&lt;br /&gt;
Hace tiempo le&#xED; un art&#xED;culo de Gabriel Garc&#xED;a M&#xE1;rquez en el que contaba lo que ocurri&#xF3; en unos grandes almacenes de Londres, creo. Estaba permitida la entrada de animales de compa&#xF1;&#xED;a, medida muy t&#xED;pica en un pa&#xED;s que adora a sus bestias hasta el extremo de nombrarles de vez en cuando primeros ministros, y he aqu&#xED; que una se&#xF1;ora bajaba con su caniche querido por las escaleras mec&#xE1;nicas. De pronto el chucho se solt&#xF3; de la mano de su due&#xF1;a y fue despe&#xF1;&#xE1;ndose por la imparable escalera hasta terminar destrozado por los pelda&#xF1;os y convertido en un inerte amasijo de carne sobre un charco de sangre.&lt;br /&gt;
Les cuento este triste episodio porque desde que lo relat&#xF3; el maestro de los maestros no puedo subir unas escaleras mec&#xE1;nicas sin temer la aparici&#xF3;n del cad&#xE1;ver triturado de un caniche familiar, pisoteado con sa&#xF1;a involuntaria por un ej&#xE9;rcito de consumidores compulsivos que han ido al templo a cumplir con el rito de la verdadera religi&#xF3;n y se han topado con el sacrificio sangriento de un ser vivo a mayor gloria del mercado omnipotente.&lt;br /&gt;
Ac&#xF3;litos de grado o por fuerza de la teolog&#xED;a del consumo, poco podemos hacer por practicar al ate&#xED;smo radical frente al Dios de la compra. S&#xF3;lo nos queda resistir de la mejor manera que sepamos, colocarnos bolitas de cera en los o&#xED;dos para no escuchar los cantos del coro celestial que nos abruma por los altavoces y refrescarnos con una cerveza sanitaria despu&#xE9;s del trance.&lt;br /&gt;
Y menos mal que en nuestro pa&#xED;s no se permite la entrada de los perros en los grandes almacenes. Tiene que ser espantoso contemplar c&#xF3;mo un lindo caniche es despanzurrado sin piedad por un artilugio mec&#xE1;nico y no poder hacer nada para salvarlo.
&lt;/p&gt;
</content>
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    <title>Un jard&#xED;n sin duendes</title>
    <id>http://blogs.elcorreodigital.com/inakicerrajeria/2009/5/20/un-jardin-sin-duendes</id>
    <updated>2009-05-20T13:01:54+02:00</updated>
    <published>2009-05-20T13:01:54+02:00</published>
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    <content type="html">&lt;p&gt;&lt;span style="color:#666666"&gt;POR CARLOS PEREZ URALDE&lt;/span&gt;   11/01/2004&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El parque del paseo de La Senda, con horario fijo, tiene un delicado aroma indescifrabl&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay momentos a lo largo del d&#xED;a en los cuales uno siente un peso abrumador, un amago de dolor de cabeza ingobernable, una tristeza difusa sin causa concreta o con causa demasiado concreta y el presentimiento de que lo que hasta ahora ha ido muy mal es muy probable que vaya a&#xFA;n peor. A esta n&#xF3;mina de calamidades emocionales los m&#xE9;dicos le llaman estr&#xE9;s, pero antes le llamaban surmenage o melancol&#xED;a, y los galenos recomiendan para su curaci&#xF3;n o mero alivio Prozac, Valium o complejos antidepresivos de variada &#xED;ndole.&lt;br /&gt;
Vivimos tiempos duros en los que cualquier inconveniente cotidiano se convierte en causa de dolencia mental. Eche usted un vistazo a la cara de la gente por la calle en un d&#xED;a gris con amenaza de lluvia y se dar&#xE1; cuenta inmediata de lo mal que funciona la serotonina colectiva, ese compuesto qu&#xED;mico que todos llevamos encima y cuyo control es fundamental para no incurrir en estados lamentables de desasosiego.&lt;br /&gt;
&lt;img src="../blogfiles/inakicerrajeria/11-1-04blog.jpg" id="img_0" class="imgdcha" width="339" height="555"&gt;&lt;br /&gt;
Sin embargo, hay procedimientos distintos a los farmacol&#xF3;gicos para enfrentarse a los problemas del d&#xED;a. Hay uno sin m&#xE1;s componentes qu&#xED;micos que los que desprende la madre naturaleza en sus funciones rutinarias y que no necesita receta: basta con dar un paseo e ingresar en un jard&#xED;n solitario en cuyo espacio verde no puede ocurrir nada peor de lo que sucede a apenas unos metros. En el paseo de La Senda, y alrededor del edificio que alberga la Fundaci&#xF3;n Sancho el Sabio, hay un jard&#xED;n p&#xFA;blico que parece privado y en el que casi nunca hay nadie. Usted penetra en &#xE9;l, respira hondo, se da una vuelta, intenta sentarse, aunque lo va a tener dif&#xED;cil en ese aspecto, toma contacto con las hojas muertas del invierno, dedica un saludo conmovido a los &#xE1;rboles desollados por la estaci&#xF3;n que en primavera y verano estar&#xE1;n espl&#xE9;ndidamente vestidos y trata de relajarse sin recurrir al Prozac. Seguro que la operaci&#xF3;n se salda con un enorme &#xE9;xito del &#xE1;nimo, tan maltrecho cuando usted atravesaba la verja del peque&#xF1;o para&#xED;so.&lt;br /&gt;
Este peat&#xF3;n no suele necesitar reconfortantes espirituales que no sean un buen libro, una buena m&#xFA;sica y la actividad por excelencia que ustedes supondr&#xE1;n, pero reconoce que este jard&#xED;n p&#xFA;blico tiene una eficacia calmente muy especial. Por eso le extra&#xF1;a que casi nadie acuda al lugar, quiz&#xE1; porque carece de unos imprescindibles bancos en los que sentarse y por estos lares si no te puedes sentar no eres feliz del todo. Con las aglomeraciones del centro, con el tr&#xE1;fico demente que hay que soportar, con el tedio parad&#xF3;jicamente esp&#xED;dico que causa la espera a que las luces del sem&#xE1;foro cambien de color para los peatones, es inexplicable por qu&#xE9; ese remanso de paz rom&#xE1;ntica est&#xE1; siempre tan vac&#xED;o.&lt;br /&gt;
Una vez dicho esto, atiendo al comentario que me susurra al o&#xED;do alguien que mira lo que escribo: si el jard&#xED;n se volviera territorio popular y populoso, su encanto habr&#xED;a desaparecido. Imaginen la parcela verde con sus &#xE1;rboles gigantes saturada por una muchedumbre impertinente como lo son todas las muchedumbres. El estr&#xE9;s volver&#xED;a a apoderarse del esp&#xED;ritu, las tensiones provocar&#xED;an calambres morales de alto voltaje, el espacio quedar&#xED;a hecho un muladar por culpa de la intervenci&#xF3;n masiva de seres humanos y el jard&#xED;n de las delicias &#xED;ntimas pasar&#xED;a a ser territorio comanche.&lt;br /&gt;
Mejor que la cosa siga as&#xED;, con su soledad t&#xED;mida, su condici&#xF3;n de oasis urbano y su modesta belleza. No es el de los Finzi-Contini, por fortuna si me mira bien, ni el del Bosco, pero el jard&#xED;n de La Senda tiene un delicado aroma indescifrable. El de las cosas que a uno le gusta oler sin saber exactamente d&#xF3;nde est&#xE1; el motivo de esa fascinaci&#xF3;n sensorial. Vis&#xED;tenlo, pero no se amontonen. Lo estropear&#xED;an todo.
&lt;/p&gt;
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