El otro día me pegó un frisbi al melón y nada más salir de la estación de Shibuya me puse a andar de frente dejando atrás todo el jaleo ese de pantallas y gente a puntapala, así sin rumbo fijo, por lo segao.

Llegué a una calle grande, y me dió por torcer a la derecha y seguir andando. La verdad es que no había ni una tienda ni nada, y la calle estaba en obras... vamos que aquello era más feo que el ombligo de un manatí, y yo con más hambre que el que perdió el abrelatas en Lost (anda que no le caerían yoyas a ese).

Y hablando de Lost, estaba ya desmayao cuando levanto la vista y de repente aparecen ahí unas columnacas puestas en el medio de la nada, bastante más altas que las casas de alrededor y con una pinta más rara que ni sé.

A mi lo que me vino a la cabeza fue John Locke pegando patadas a una para intentar abrirla y ver si asoma Desmond o qué...

¡¡Nooo, no son hoteles cápsula en vertical!!

Conté por lo menos cuatro torres recóndito-enigmáticas, dos atrás y dos un puñao más para delante

Columnas para una autopista no puede ser, porque la altura es tremenda

Viviendas y así tampoco porque no tienen ventanas, y eso es más estrecho que la tripa Wall-e

Eso si, una vez acaben las obras (una carretera subterránea), ahí se siguen quedando...
Así que ya me diréis qué se está cociendo aquí, porque yo me quedé chato, sobrecogido, amedrentado y estremecido a partes iguales.

Eso sí, el hambre no se me quitó, y en cuanto llegué a Shinjuku y vi un poco de civilización, me zampé un perolo de Ramén que no se lo saltó un rocín percherón.

¡Marcho, que he quedao!

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Allur

Allur dijo

Kaixo!
¿No había por allí algún obrero que te puediese decir, su utilidad, o si son monolitos, obra de algún artista japones?
Gero arte!

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Sobre este blog

Nací de pequeño en Zalla, digno pueblo papelero donde los haya (aunque los folios los compremos en la librería como todo kiski). Después de hacer que estudiaba durante toda mi vida y engañar a todo el mundo, incluidos profesores, aparecí en Tokyo con un título de informático del Deusto con el Guggenheim a medio hacer, y aquí estoy haciendo que trabajo.

De mientras, os cuento mis historias por estos recovecos del mundo, pa que veáis que hay vida más allá del Athletic.

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