25 Nov 2008

El día después

"Es la primera vez que me ponen suero" le decía a la enfermera mientras ella contestaba "hai hai" y me acariciaba el pelo. Entonces supe que la cosa no iba muy bien.

Pero dejadme que os cuente la historia desde el principio: en el verano del 2001 estábamos Bea y yo viviendo en Nakano, a más o menos cuarenta minutos de donde vivo yo ahora y a unos cinco de Shinjuku. Hacía un par de días que tenía una tos que cada vez sonaba peor, pero aquél viernes en la oficina noté que tenía fiebre. Yo tengo mis teorías sobre mi mismo, que nadie se toma en serio pero que yo sé que son verdad, así que me da igual. Como la de que ya no me duele la cabeza de vez en cuando porque he dejado de beber café, o que ya no me duele el estómago porque he dejado de beber leche. No se si tendrán su base científica o no, pero a mi me funcionan y ya procuro no contarlas porque nadie se las cree y todo el mundo me vacila. En fin, seguro que a Edison le cayeron unas cuantas cuando contó de la bombilla esa.

Bueno, pues ese viernes que estaba delante del ordenador decidí levantarme y le dije a Natsuyo que tenía fiebre y que me iba a casa. Ella no dijo nada, aún sin ver termómetro alguno, pero bastante raro era el gaijin spanish este que le habían puesto al lado como para preguntar. Mi teoría se confirmó con el que compré en el combini, y esa misma tarde Takeshi, mi jefe, me acompañó al médico que decía que lo que tenía era una infección de garganta y que por eso tenía fiebre, que nada, que unas pastillacas y a dormir el fin de semana.

El caso es que era ya martes y la fiebre estaba más alta que nunca, con tiritonas y, según Bea, hasta delirios de los que yo no me acuerdo. Ahora que si me acordase tampoco serían delirios, digo yo... por lo visto le hablaba a mi madre y toda la pesca. Yo me moría de frío aún sudando, no era capaz de comer nada, pero esto era en pleno verano y Bea se asaba porque no le dejaba poner el aire acondicionado, aunque lo ponía a veces porque si no la que se iba a morir iba a ser ella, pero asada.

Así que nos fuimos al hospital de Nakano, directamente, y allí lo primero que hicieron fue ponerme suero. Y recuerdo especialmente ese momento, el de decirle a la enfermera, una señora japonesa de unos cincuenta y pico años, que nunca me habían puesto suero y ella me decía que si que si, que vale. La cosa es que yo hablaba en castellano, como si me fuese a entender, y ella me acariciaba el pelo dándome la razón y, con ella, la impresión de que estaba yo mucho peor de lo que pensaba, que ya era bastante.

Recuerdo estar sentado en una sala de espera, agarrando el chisme ese que sujeta el suero con mi mano derecha, como en las películas. Había un tío al lado mío que estaba peor que yo, o eso quería yo creer, que me hablaba en italiano y al que yo no entendía ni pepperoni. Me acuerdo de querer ir al baño, levantarme, andar dos o tres pasos y caerme al suelo mareado. Creo recordar que me sacaron sangre, aunque esto no lo tengo nada claro, y que Bea dice que me salvó la vida cuando se acabó el suero y cerró el gotero ese porque si no entraba aire en la vena o no se qué (gracias Bea, por si acaso).

El caso es que al de un par de días me empezaron a salir granos, y entonces fuimos otra vez al hospital y el espabilado del médico me diagnóstico "measles" que a mi me daba igual lo que significase, pero que por favor, que me curase. Y me dio más medicinas, ni se cuantas, creo que en cada toma me metía unas cinco pastillas de distintos colores: la de la fiebre, la que protegía el estómago, la que me protegía de mi mismo... vete tu a saber. Y cuando llegué y leí en el diccionario que tenía sarampión, ya es cuando me quedé flipao. Mi madre por fin dudó en que lo hubiese pasado de pequeño, que ya estaba claro que no, y fue extrañísimo ver mi cuerpo serrano de casi 25 años lleno de granos.

Bea me trajo una casita como de bricolaje, de esas que te vienen todo palitos y los tienes que ir pegando hasta montarla entera. Me salió un experimento bastante curioso, aunque estoy seguro que sin fiebre hubiese quedado igual de mal... aunque es la excusa que puse. Y entre pegar y despegar, por fin se me quitaron la fiebre, los granos y tenía hasta hambre, aunque tengo que reconocer que de vez en cuando sigo delirando en voz alta, no os asustéis, si eso decidme "hai hai" y acariciadme el pelo, que se me pasarán.

Así que llegó el lunes, pero yo decidí que no iba a ir a la oficina, sino que me escaqueaba y me fui a dar una vuelta por Shinjuku. Iba con una sonrisa en la boca, porque las había pasado muy chungas las dos semanas anteriores, y de verdad que era muy feliz de poder salir a la calle otra vez. Andaba muy rápido, como queriendo ver todo antes, adelanté a unos extranjeros y cuando les llevaba un par de metros de ventaja me pareció oirles hablar en castellano. Frené un poco, dejando que me alcanzasen, y entonces uno me habló:

- Excuse me, do you know how to go to the metropolitan building? (acentazo)
- ¿Vosotros de donde sois chatos?
- Coño!!, de España
- Jaja, yo también, anda que no se os nota. Yo soy de Zalla, un pueblo de cerca de Bilbao
- Jodé, nosotros somos de Bilbao también!! Y de Zalla conocemos a Fernando Caldera, ¿le conoces?
- Claro que le conozco, fuimos al instituto juntos, que juega super bien al tenis
- Si si, jodé que casualidad! pues es que te hemos visto que llevabas una bolsa, y hemos pensado "este tío controla de aquí, que ya se atreve a hacer compras y todo"
- Jajaja, pues llevo unos cinco meses viviendo. Mira, estamos super cerca del edificio al que queréis subir, os acompaño a la entrada. Con el día que hace hoy, igual hasta podéis ver el Fuji y todo.

Después nos despedimos, y muchos meses después me encontré con Fernando en un bar en Zalla y le conté la anécdota. Curiosamente uno de los chicos estaba esa noche allí y aunque no me acordaba de su cara, nos estuvimos echando unas risas acordándonos de todo el lío, pobres, tuvieron que aguantar la aventura del abuelo cebolleta y su sarampión en Tokyo.

Todo esto viene a que desde el viernes he estado albardado en el futón con fiebre, pasando una gripe asquerosísima. Llevo cuatro días mareado, sin ganas de comer, tosiendo... en fin, para qué entrar en detalles. Y hoy me he levantado fresco, curado, así que he decidido que tampoco voy a la oficina y me voy a ir en un rato a Shibuya a dar una vuelta y a disfrutar de este día tan bonito que ha salido. Y si hoy también me encuentro a algún paisano, entonces ya podéis iros preparando, porque publicaré el libro con mis teorías que revolucionarán al mundo.

No tengo claro si esto es fiebre o no, pero yo me encuentro mucho mejor. Así que hasta luego!
Fernando, donde quiera que estés, un abrazo enorme.
8 comentarios | Enlace permanente

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Miriam

Miriam dijo

Mi ama te diría que no es fiebre, para mi si. Espero que te mejores prontito...si ya estás de paseo es buena senyal. Es duro estar enfermo cuando vives fuera y no tienes esos mimos.Así que alguien te acaricie el pelo y te diga ayay es la mejor cura de todas.
Para mi tus teorías sobre el cafe y la leche son válidas ;-) yo soy peor que digo que toda enfermedad es una enfermedad del alma...e imagínate cuando suelto esto.....la gente se parte. Pero me da lo mismo.
un besote y un abrazote bien gordo

jorbasmar dijo

Oskar me alegro que ya estes casi recuperado.

Tus teorias del cafe y la leche "de momento" a mi no me afectan, tomo cafe en jarras de cuarto litro bien cargado y no me duele la pelota, la lactosa no afecta a mi amado tripon.....eso si, el abuso de cerveza por las noches si que le le afecta... asi que toca controlarla que a veces te pegas la sentada cascando con los amigotes y cerveza va, cerveza viene......entonces mi cerveza es como tu cafe.

A cuidarse.

jorge.

Moran

Moran dijo

Pues hasta con fiebre escribes de puta madre, da gusto leerte... cuidate, que tengo ganas de seguir leyendo tus aventuritas por los Japones.

Besarkada bat

Anasan

Anasan dijo

hola Oscar, gracias por el post, no sé si será la fiebre o no pero te veo ya como para publicar libro¡¡¡¡¡¡¡ muy biennn
a partir de ahora, a los pacientes que vengan a la urgencia, les tocaré el pelo y hai hai............ espero no me echen del trabajo......no sé si por aquí entenderan esos afectos¡¡¡¡
un abrazoooo de osoooo

Trabajo

Trabajo dijo

Que envidia más malsana me das!

Saludos

Allur

Allur dijo

Kaixo Oscar!, si es que el mundo es un pañuelo y te encuentras con conoci-
dos cuando menos te lo esperas. Cuidate mucho y como te dirá tu amatxu toma zumos de naranja que vienen muy bien y abrigate. Salud y saludos

agueda dijo

con eso ya me dejan dar un antipiretico en las residencias,osea que sí,es fiebre,un abrazo

ANMIJI

ANMIJI dijo

¡¡Hola amigo!!.

Bueno primero que te mejores, segundo en lo que dices que piensas que al hacer esto o aquello mejoras o notas mejoría.

Bueno esto es extensible a todos aquellos que lo lean y pudan hacer la prueba.

Hace ya muchos años, yo era niño, un niño chico de cinco años. Vivíamos en un pueblo de los que más altura tienen de Castilla-La Mancha. Cogí un gripón, la fiebre no bajaba ni teníamos un medico a mano. ¡¡Os va a parecer muy raro!!. Pero mi padre, mi santo padre cogió de un frasco de la lacena, una camisa de culebra, la metió en un cazo le hecho leche y la puso a hervir junto con un poco de miel, le daba vueltas, después en un baso grande de esos de tuvo, tipo cubata y con dos dedos de coñac.

Me acostaron y me pusieron tres mantas, yo nada más beber aquella “pócima”, me puse a sudar, las mantas me dieron más calor y sudaba, hasta cansarme y dormirme en la sudor. Al día siguiente estaba como si no me hubiese pasado nada.

Así que cuando tengo fiebre, por que coger frío, me meto en la cama y me hecho todas las mantas que puedo al día siguiente y tras la sudad estoy como nuevo. Ahora sé que los que sufren malaria hacen lo mismo…

Podéis probarlo (lo de la camisa ce culebra, como que no…).

UN ABRAZO.

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Sobre este blog

Nací de pequeño en Zalla, digno pueblo papelero donde los haya (aunque los folios los compremos en la librería como todo kiski). Después de hacer que estudiaba durante toda mi vida y engañar a todo el mundo, incluidos profesores, aparecí en Tokyo con un título de informático del Deusto con el Guggenheim a medio hacer, y aquí estoy haciendo que trabajo.

De mientras, os cuento mis historias por estos recovecos del mundo, pa que veáis que hay vida más allá del Athletic.

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