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Los ojos de Bette Davis

El sonido de un disparo perturba la noche en algún lugar de la selva. La cámara avanza entre el follaje, y se detiene ante la puerta de una mansión. Se oyen más disparos. Un hombre se arrastra moribundo por las escaleras de la casa. Detrás sale una mujer, que vacía el cargador de su revólver en los huesos del pobre desgraciado, mientras clava en él sus ojos penetrantes. Unos ojos cautivadores, atractivos, crueles, intensos, vivos... Unos ojos que convirtieron a Ruth Elisabeth Davies, una joven flacucha y desgarbada de Massachussetts, en una de las más grandes estrellas de Hollywood. Hace cien años esos ojos vieron la luz por primera vez.

Desde su primer gran éxito, donde arrastraba por el lodo al melifluo Leslie Howard en Cautivo del deseo, hasta que, ya entrada en años, Darryl F. Zanuck le ofreció el papel de su vida, la Margo Channing de Eva al Desnudo, su carrera estuvo plagada de mujeres fuertes, independientes, neuróticas, crueles, posesivas e irremediablemente faltas de amor. Cualquier aparición de Davis en la pantalla es difícil de olvidar, como su entrada en el baile de Jezabel, con un vestido rojo, de un rojo que quema (a pesar de que la película sea en blanco y negro), deshonrándose a sí misma con tal de ultrajar al hombre al que amaba sin ser correspondida.

Sus interpretaciones fueron siempre intensas, pero nunca dejaba de ser Bette Davis. Esa el la diferencia entre una gran actriz y una estrella de Hollywood. La Davis fue ambas cosas de manera brillante. Nunca perdió ese aire de arpía, fumadora empedernida y mujer fatal, que no se sabe muy bien si era parte de su personalidad o de su personaje. A los ochenta años, cuando visitó San Sebastián para recibir el premio Donostia, en el que sería el último viaje de su vida, la gente se volvía a su paso susurrando: “es la Loba...”

El poder del escarabajo

Las tropas del rey de Egipto atraviesan el desierto. La comitiva va encabezada por el jóven hijo del faraón y el sumo sacerdote. Una pareja de escarabajos se cruza en su camino. El escarabajo es un animal sagrado, símbolo de Ra, y el sacerdote obliga a todo el ejército a varíar el rumbo para no aplastar a los insectos. En su nuevo camino las tropas encuentran una acequia en la que un viejo condenado lleva diez años trabajando para pagar su libertad. Los soldados, por orden del sacerdote, rellenan la zanja para poder cruzar.

Asi comienza una de las mejores películas sobre el Egipto de los faraones, que descubrí gracias a la influencia de una muy buena profesora de Historia Antigua. Se trata de Faraón, del director polaco Jerzy Kawalerowicz. Una cinta rodada en los años sesenta, que va mucho más allá que las películas históricas al uso y propone una reflexión profunda sobre el poder, a través del papel de los faraones y de la religión en el sistema político del antiguo Egipto.

La historia nos sitúa en el comienzo del reinado de un jóven Ramsés XIII (que nunca existió), que intenta poner en marcha una campaña militar para mantener el prestigio de Egipto. Las arcas del Estado están vacías, mientras los sacerdotes, que intentar dominar al joven faraón, acumulan un enorme tesoro. En medio, el pueblo es utilizado como arma arrojadiza.

La cinta está rodada sin la grandilocuencia de las superproducciones de Hollywood, y sin embargo resulta mucho más efectiva. Su estupenda fotografía aprovecha al máximo los escenarios reales y las posibilidades del desierto. La película es larga, y puede resultar algo lenta por la densidad del guión, pero una ambientación increíblemente fiel deja al espectador pegado a la pantalla hasta el final.

Por tratarse de un director de la Europa del Este y estar filmada en plena Guerra Fría, muchos quisieron ver en este filme un alegato anticomunista; pero tal análisis resulta superficial, y no sería justo con la obra de Kawalerowicz, que trasciende lo concreto para tratar de entender profundamente no sólo el Egipto faraónico, sino los mecanismos del poder a lo largo de la Historia.

La vida sexual de los objetos

El Guggenheim Bilbao ofrece esta semana, y coincidiendo con la muestra sobre el Surrealismo, un ciclo de cine de animación titulado "La Vida de los Objetos". Ayer tuvo lugar la primera proyección de una selección de cortos de animación en stop-motion, entre los que destacaban un par de obras del artista checo Jan Svankmajer, uno de los genios del medio, según explicó la comisaria del ciclo.

Aquí os dejo una muestra de lo que pudimos ver los pocos que disfrutamos ayer en el auditorio del Guggenheim de unas rarezas muy difíciles de encontrar en circuitos comerciales. El ciclo dura hasta el sábado, todavía estáis a tiempo de disfrutar de joyas como la versión de Alicia en el país de las Maravillas del propio Svankmajer, o el primer corto rodado por David Lynch cuando todavía era un estudiante.

Esta pieza, proyectada ayer, se llama Roof Sex, y está realizada por PES y Sarah Phelps en 2002.

Méliès o la magia del cine

El Museo de Bellas Artes de Bilbao homenajeó el miércoles al cineasta francés George Méliès, en un acto en el que estuvo presente su biznieta Marie Helenne. Se proyectó una selección de los mejores cortos del francés, filmados a principios del siglo XX, entre los que destacaron "La morada del diablo", "Juana de Arco" y la más conocida "Viaje a la luna". También resultó muy interesante ver algunas piezas cómicas, auténticos números de prestidigitación, que recordaron que el cine era todavía entonces casi una atracción de feria.

La proyección estuvo acompañada al piano por el tataranieto del propio Méliès y su biznieta leyó los comentarios originales que el cineasta había redactado hace cien años para ser leídos durante la película. Un auténtico privilegio para los muchos cinéfilos que se congregaron en la Cinemateca del museo para homenajear a este gran mago del séptimo arte. Si los hermanos Lumiére inventaron la tecnología que hizo posible el cine, fue George Méliès uno de los primeros que supo ver las posibilidades que ofrecía el cinematógrafo.

Méliès no sólo ideaba la historia y la filmaba, sino que construía sus propios decorados e interpretaba los papeles principales. En un principio aprovechó el invento para filmar meros números de prestidigitación, convirtiéndose en pionero en el uso de efectos especiales. Pero, con gran sentido del espectáculo, sus filmes fueron evolucionando hasta contar historias cada vez más complejas, y hoy podemos considerarle como el auténtico padre del cine como entretenimiento.

Pozos de Ambición

There will be blood, titulada en España con mucho acierto Pozos de Ambición, cuenta la historia de un hombre que crea un imperio petrolífero en la América de principios del siglo XX. Dirigida por Paul Thomas Anderson, autor de Magnolia o Boogie Nights, la cinta ha estado nominada a todos los premios importantes de la temporada. La protagoniza Daniel Day-Lewis, en un papel por el que acaba de recibir un merecido Oscar.

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La trama está basada libremente en la novela de Upton Sinclair Oil! publicada en 1927. Daniel Plainview es un buscavidas que, a finales del XIX, perfora las rocas del desierto en la más absoluta soledad. Busca un futuro y lo encuentra. Petróleo, la savia de la civilización occidental.

Luchando contra la naturaleza, y contra los hombres que le rodean, Daniel conseguirá amasar una enorme fortuna, fruto de su ambición desmesurada. Pero el crecimiento de su riqueza es proporcional a la degradación moral de su persona.

La primera parte de la película tiene un tono épico majestuoso y crudo, que acompañado por una magnífica banda sonora, hace recordar en ocasiones a las películas de D.W. Griffith sobre el nacimiento de América.

La segunda es la historia de la degradación personal de Plainview. La ambición que le ha hecho conseguir todo lo que tiene, va comiéndose literalmente su alma hasta que no queda en ella más que odio.

La película esta excelentemente filmada por Robert Elswit, que ha colaborado también en otras obras de Anderson, además de en películas en las que la fotografía tenía un papel muy importante, como la reciente "Buenas noches y buena suerte" (en la sala de cine podia olerse el humo de los cigarrillos que fumaba David Strathairn). No en vano ha recibido el Oscar a la mejor fotografía, o como lo llaman los americanos, con más propiedad: mejor cinematografía.

Es también impresionante la música original que ha compuesto Johnny Greenwood, de Radiohead. A veces parece la tierra palpitando llena de petróleo. Combinada con piezas clásicas hábilmente escogidas (como el concierto para violin de Brahms que cierra el filme), contribuye a crear esa atmósfera asfixiante que recorre toda la película.

Monumental es la actuación de Daniel Day-Lewis, que ha dibujado en Pozos de Ambición uno de esos personajes que perduran en la historia del cine. Su interpretación de Daniel Plainview, enérgico y tenaz, a la vez que ambicioso y desalmado, pone los pelos de punta. Casi es lo de menos que le hayan dado el Oscar.

El diablo es una mujer

En 1930 una germana impúdica sedujo al mundo en el papel de Lola Lola, una mujer que lleva a un respetable profesor hasta el infierno de la depravación al ritmo de canciones de cabaret en El Angel Azul.

Marlene Dietrich y Josef von Sternberg hicieron juntos media docena de películas en Hollywood tras el enorme éxito de El Angel Azul. En ellas fue perfilandose el mito de la Dietrich, y Sternberg llevó hasta las ultimas consecuencias sus manierismos y tics cinematográficos.

El resultado es un ciclo de filmes espectaculares en las que el grado de estravagancia y artificio va in crescendo, hasta alcanzar niveles delirantes en su ultima colaboración: "The devil is a woman". Una fantasía ambientada en España que cumplía con todos los tópicos, y en la que Marlene es una vampiresa que esclaviza a los hombres.

Antes vinieron "Morocco", "Fatalidad", "El Expreso de Sanghai", "La Venus rubia" y "The Scarlett Empress". En todas ellas Marlene hace papeles de mujer fatal, en escenarios exóticos y con una estética demencial. El tema es siempre amoroso, aunque el verdadero tema de aquellas películas es el rostro de la Dietrich visto desde todos los ángulos e iluminado primorosamente por el propio Sternberg, que sabía sacar el máximo partido de su musa.

La que en El Ángel Azul era una teutona regordeta, de una sensualidad un tanto soez, acabo convertida en una artificiosa diva, misteriosa e inaccesible. Sus primeras películas tuvieron gran éxito, pero Sternberg fue dejando que el fetichismo inundara hasta tal punto su cine que ensombrecía el argumento y hasta a la propia Dietrich. El público no aguantó tanta extravagancia y "The Devil is a Woman" fue un rotundo fracaso que acabó con la colaboración entre la actriz y su descubridor.

A Marlene le esperaba una dilatadísima carrera en el cine, con papeles memorables como el que interpretó en "Testigo de cargo" (en la imagen) a sus cincuenta y muchos; y reconvertida en diva del music hall recorrió los teatros del mundo con su voz dura, su pose arrogante y el mismo repertorio que la había hecho famosa. Sin embargo Sternberg nunca fue el mismo sin ella.

El Goya de Maribel

Fue el momento más emocionante de la noche: cuando todos pensabamos que Belén Rueda iba a subir a recoger su Goya por el Orfanato, va Coronado y suelta un ¡Maribel! que sonó a aquel glorioso ¡Pedrooooo! de Penélope. La actriz estaba sorprendida y se notaba, pero tomó aliento e hizo su papel dedicando el premio a sus contrincantes, a Gracia Querejeta, y a todos los que en casa nos alegramos de que ganara. Encantadora.

La 22ª edición de los Goya ha sido un poco menos aburrida, y un poco más equitativa que otras veces. El Orfanato no fue finalmente la gran triunfadora y La Soledad fue premiada como mejor pelicula del año. Maribel Verdú se llevó por fin el Goya a mejor actriz tras su quinta nominación, y Alberto San Juan fue el mejor actor. Corbacho como maestro de ceremonias resultó ágil y menos cargante de lo habitual, a pesar de sus continuas salidas de tono.

Parecía que iba a ser la noche de Alfredo Landa, que llegó dispuesto a llevarse el premio al mejor actor, además del Goya de Honor que ya tenía asegurado. Sin embargo llegado el momento del homenaje se quedó sin habla, precisamente cuando más cosas quería decir, después de 50 años de verborrea cinematográfica. Tras varios intentos fallidos de articular un discurso coherente, pidió a su familia que subiera a arroparle. Se notaba que estaba pasando un mal rato. Cuando más tarde Alberto San Juan le arrebataba el premio, respiró aliviado por no tener que volver al estrado.

El Goya a la mejor película fue para La Soledad, de Jaime Rosales, que también se llevó el premio al mejor director, en un doblete que suele ser habitual. Sin embargo el propio equipo estaba sorprendido de ganar por una película ya premiada con la nominación. No digamos el público, que respondió con tibios aplausos el nombre de la ganadora. No quiero restar ningún mérito al filme de Rosales, pero me pregunto si es lo mejor que el cine español ha hecho en 2007. Cierto que éste era un año difícil.

El Orfanato, que partía como la gran favorita porque ha servido para cuadrar las cuentas de la industria, se quedó con siete premios que le supieron a poco. Entre ellos un inmerecido Goya al Mejor Guión Original, que disputaba con historias como "Siete mesas de billar francés" de Gracia Querejeta o "Las 13 rosas" de Martínez de Pisón.

Entre las que se fueron sin premio "Mataharis" de Icíar Bollaín y la deliciosa comedia de Gonzalo Suárez "Oviedo Express", poco valorada por crítica y público.

No puedo resistirme a finalizar sin hablar de los trapos que lució el star system patrio en una alfombra que por no ser, no fue ni roja. Haciendo caso a quienes dicen que El Orfanato es una mala copia de Los Otros, Belén Rueda se presentó emulando a Nicole Kidman vestida de rojo por Carolina Herrera. Cursi Silvia Abascal, y extremadamente vulgar Najwa Nimri con un escote que dejaba muy poco a la imaginación.

Arriesgado pero elegante el vestido carcelario de Blanca Portillo; y no estaba mal Manuela Velasco, que recogió un premio a la actriz revelación que se merecía mucho más Bárbara Goenaga. Goya Toledo, que se crece en ausencia de Penélope, estuvo radiante; nada que ver con una cada vez más artificial Elsa Pataky.

La Verdú no suele acertar en estos eventos y sin embargo ayer estaba guapísima, incluso con ese rollo de papel albal que llevaba puesto. Definitivamente fue su noche.

Sobre este blog

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El Año del Gato

Me llamo Guillermo Elejabeitia, tengo 25 años, soy licenciado en Historia y estudiante del master de Periodismo en EL CORREO. Este blog está dedicado sobre todo al cine, aunque también hablo de libros, arte, música, fotos o noticias de actualidad. Espero que resulte interesante y que os animeis a comentar lo que querais.

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