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"Ya sólo hago lo que me apetece"

Hace unos años mi madre me hizo un regalo muy especial: entradas para el teatro. La obra era La Celestina, protagonizada por Nuria Espert. Era la primera vez que iba al teatro.

La semana pasada hice mi primera entrevista...

A sus espléndidos 73 años Nuria Espert puede presumir de lo que quiera, pero sobre todo de tener una de las carreras más prolíficas y completas de la escena española. Sin embargo no se resiste a dejar de seguir aprendiendo, y por eso se empeñó en que George Lavaudant la dirigiera en esta famosa obra de Feydeau, “Hay que purgar a Totó”; porque tenía “ganas de hacer comedia”. Hace unos días presentó la función en Bilbao, donde la Compañía del Teatro Español ha realizado tres representaciones antes de seguir con una gira que durará hasta diciembre.

- Repite con el director Georges Lauvaudant. ¿La experiencia ha sido tan satisfactoria?
- Trabajé con él en Play Strindberg, que también representamos en Bilbao, y causó un gran impacto en mí. Me di cuenta de que a estas alturas podía enseñarme tantas cosas... Así que le pedí que me dirigiera en esta obra, y lo cierto es que si no hubiera aceptado, yo no la habría hecho. Es uno de los mejores directores de Europa, con una gran sabiduría para los tempos y un gran director de actores.
- Muchos la califican como una reina del drama, ¿cómo le ha sentado la comedia?
- Lawrence Olivier decía que no se podía disfrutar haciendo tragedia o drama. Se sienten muchas cosas, pero no pueden ser descritas como disfrutar. También decía que sólo se disfruta de verdad en el teatro cómico, cuando tu partenaire es el público, es él el que te da la réplica. La verdad es que lamento haberme perdido tanto tiempo el placer de hacer comedia.
- Últimamente la hemos visto en papeles muy poco convencionales, ¿ha llegado a un punto en que puede arriesgarse al máximo?
- Tengo un poco esa impresión de que ya me lo puedo permitir todo, aunque me salga mal. Lo que tenía que ser, ya lo soy. Supongo que hace años tenía más miedo, aunque no recuerdo ser muy temerosa. Alguna vez he tenido temor de hacer algún trabajo que me parecía políticamente peligroso, en la etapa de Franco, y sin embargo otras veces he dudado en hacer algo por no parecerme suficientemente arriesgado para aquel momento. Ahora todo lo que me apetece lo hago, y sólo hago lo que me apetece. Es un privilegio que me he ganado con muchísimos años de esfuerzo y de trabajo, del que disfruto y del que presumo.
- La última vez que la vimos en el cine fue de la mano de Ventura Pons, y lo cierto es que era una cinta muy arriesgada. Ha hecho muy pocas películas, ¿le gusta hacer cine?
- No, rotundamente no. He hecho cuando me ha parecido que no se podia decir que no a algún proyecto. Nunca he tenido ninguna duda de que el teatro era lo que más me interesaba. Desde muy joven comprendí que el teatro era a lo que tenía que dedicarme, sin distraerme. En el cine, y en el cine de aquellos años, no me podían dar lo que yo misma me podía procurar. Esa fue mi decisión, aunque después de eso hice una película con Fernando Arrabal, que me gusta (“Viva la muerte”, 1971); mi marido dirgió “Maria Rosa”, que también me gusta, y ya muy tarde Ventura Pons ha venido con dos obras de teatro. Al venir del teatro y al saber yo como rueda Ventura, que rueda como si fuera teatro filmado he dicho que sí a ambas, pero no estoy nada interesada en el cine, para nada.

El personaje de su vida
Da la sensación de que la Espert siempre ha tenido las ideas muy claras. Encaja perfectamente en el papel de gran dama de la escena, y sin embargo en el trato personal demuestra una sencillez y una generosidad poco propias de una diva. Pero cuando mira a los ojos es Medea quien te mira, con una expresividad y una fuerza que las arrugas contribuyen a realzar. Son tantos los gestos que ha hecho suyos a lo largo de su carrera, que en su rostro estriado puede leerse la historia del teatro español.
- ¿Hay algún personaje que le haya marcado?
- Hay varios personajes que me han dejado muy buenos recuerdos, decir cuál es muy complicado. Cada uno de ellos estaba unido a la etapa que yo estaba viviendo en aquel momento. De pronto si estabas con apuros económicos y llegaba un papel que te ayudaba a salir de ellos le estabas profundamente agradecida aunque no fuera el mejor papel de tu vida. Sobre todo porque he hecho teatro muy arriesgado, muy vanguardista, los tropiezos económicos han sido una constante en mi vida. Así que cuando de pronto haces Yerma y funciona tan bien, te parece que es el papel de tu vida, pero el papel de tu vida no existe. Una vida son varios papeles, muchos, una carrera larga y que signifique algo son centenares de papeles, equivocaciones, aciertos...
- A estas alturas, ¿Se arrepiente de alguno de sus trabajos?
- No todos han tenido la misma calidad, claro. Algunos han tenido muchísima calidad y no han sido bien recibidos por el público, y en cambio algunos han tenido menos calidad y han sido grandes éxitos, así se van compensando unos con otros.
- ¿Está encaprichada con algún papel en especial?
- No, porque ya lo hubiera hecho. Es cierto que en esta obra me empeñé como una loca pero no era el papel lo que me hacía pedirlo, era el autor y el director. Hay muchos directores con los que me gustaría trabajar que no he tenido la suerte de trabajar, y hay grandes autores que no he representado y que sería fantástico encontrar el momento.
- ¿Por ejemplo?
- Ibsen, no he representado nunca a Ibsen, cuando tiene tantas mujeres que me vuelven loca y que me gustaría interpretar. Pero en una vida no cabe todo.
- De entre las jóvenes actrices españolas,¿ hay alguna a la que admire o en la que vea un talento especial? Mójese, por favor.
- Hay una actriz extraordinaria que ya no es para pasado mañana, es para este minuto, y es Blanca Portillo. Y hay otras séis o siete que me gustan mucho también...
- ¿En quién se fijaba cuando estaba empezando?
- Pues en nadie que estuviera a mi alcance. En Cataluña teníamos un mito que era Margarita Xirgu y en ella nos mirabamos todas sin haberla conocido. Ella se fue de España un año antes de que yo naciera y nunca la conocí, pero ella era un mito allí e hizo cosas mitológicas, como descubrir a Lorca, a Alberti, a Valle Inclán... Eso hace de ella una figura inmensa dentro de la cultura, no solo teatral, sino de la cultura española. Todas, todas las actrices catalanas la amamos y la veneramos.
-A pesar de sus enormes éxitos da la sensación de que su carrera no ha sido siempre un camino de rosas. ¿Cómo decidió dedicarse al teatro?
- Actuar es una profesión de riesgo, no en el sentido en que puede serlo la de escalador, pero es una profesión que desgasta mucho, y en la que tus experiencias privadas pueden enriquecer o empobrecer tu trabajo, y viceversa. Yo comencé a trabajar en esto, muy jovencita, como podía haberlo hecho en cualquier otra cosa, porque a los 14 años en aquella época había que trabajar. Fue al cabo de unos años cuando empecé a apasionarme, y a darme cuenta de que estaba hecha para el teatro.
- Esta gira dura hasta diciembre. Sigue trabajando a un ritmo vertiginoso y con una frescura envidiable, debe ser agotador...
- La verdad es que si, son muchas semanas, muchas ciudades, muchas representaciones. Pero para mí cada semana es un nuevo reto y la vivo con gran ilusión. La verdad es que estoy encantada de seguir trabajando a este ritmo y tengo la suerte de sentirme muy cómoda en esta Compañía.
- Con sus tres últimos montajes ha pasado por el teatro Arriaga ¿Qué le parece el público de Bilbao, que a veces ha tenido fama de poco efusivo?
- Puede sonar a un “viva Cartagena” o un “viva Bilbao”, pero lo cierto es que esperábamos con impaciencia llegar a Bilbao y recibir el calor de su público. Tiene un público espléndido, intelectual, generoso. Su respuesta marca mucho, y no es nada frío. Todos mis espectáculos, desde Gigi, los he traído a Bilbao y la respuesta del público siempre ha sido inmejorable.
- Y cuando acabe esta gira, tiene algún proyecto en mente...
- No, no. Prefiero concentrarme en lo que estoy haciendo, que ya es suficiente. Prefiero no pensar en lo que viene después.

La vida sexual de los objetos

El Guggenheim Bilbao ofrece esta semana, y coincidiendo con la muestra sobre el Surrealismo, un ciclo de cine de animación titulado "La Vida de los Objetos". Ayer tuvo lugar la primera proyección de una selección de cortos de animación en stop-motion, entre los que destacaban un par de obras del artista checo Jan Svankmajer, uno de los genios del medio, según explicó la comisaria del ciclo.

Aquí os dejo una muestra de lo que pudimos ver los pocos que disfrutamos ayer en el auditorio del Guggenheim de unas rarezas muy difíciles de encontrar en circuitos comerciales. El ciclo dura hasta el sábado, todavía estáis a tiempo de disfrutar de joyas como la versión de Alicia en el país de las Maravillas del propio Svankmajer, o el primer corto rodado por David Lynch cuando todavía era un estudiante.

Esta pieza, proyectada ayer, se llama Roof Sex, y está realizada por PES y Sarah Phelps en 2002.

A mil kilómetros al sur de París

Nunca un solo edificio había supuesto para la ciudad que lo acoge una revolución tan grande. Bilbao ha pasado de ser una gris ciudad posindustrial a ofrecer al visitante uno de los paisajes urbanos más modernos y vanguardistas de Europa. Todo empezó en la Campa de los Ingleses, un solar lleno de contenedores y detritus industriales, donde hasta los años 60 había incluso chabolas, que es hoy el epicentro del Bilbao del siglo XXI.

En 1991 empezó a tomar cuerpo entre las instituciones vascas un proyecto de regeneración de la capital vizcaína, basado en la recuperación de la ría como arteria principal de Bilbao. La Fundación Guggenheim ofrecía en aquellos momentos su franquicia a la ciudad europea que estuviese dispuesta a construir un edificio singular e ir adquiriendo fondos para llenarlo. Ambos proyectos confluyeron, y tras una dura pugna con Salzburgo, que también aspiraba a tener un Guggenheim, Bilbao se llevó el gato al agua. En ello tuvo bastante que ver el artista californiano de origen mallorquín Richard Serra, que tras una visita a Bilbao, habló a sus amigos, entre ellos Frank Ghery, de una potente e interesante ciudad “a 1000 kilómetros al sur de París”.

Una vez elegido el solar y formado un consorcio que se encargara de la construcción, en febrero del 93 se presenta el primer proyecto esquemático de Frank Ghery para el Guggenheim Bilbao. Las obras transcurrieron a gran velocidad, mientras la Fundación Guggenheim y las instituciones firmaban un acuerdo en el que se establecían los términos de colaboración entre el museo de Bilbao y el resto de pinacotecas de la fundación.

En el 97 se inauguraba por todo lo alto, con quince días de celebraciones, la llegada del mesías hecho titanio, que venía a sacar a Bilbao de la decadencia en que se hallaba desde los años 80. El museo se inauguró con una exposición histórica, que recogía lo mejor del arte del siglo XX en los museos Guggenheim. Un éxito rotundo que hizo que en menos de un año el museo recibiera 1.300.000 visitantes. El impacto sobre la ciudad se hizo patente desde el primer día y superó todas las expectativas.

Al año siguiente una impresionante exposición de más de 5000 años de historia del arte en China, volvió a atraer a Bilbao a visitantes de todo el mundo: gente que viaja para ver arte, generalmente extranjeros, suponen un turismo culto, sibarita y con recursos, que estimula a los propios bilbainos para ofrecer su cara más cosmopolita. La ciudad recupera pronto su orgullo perdido.

Mientras tanto el Museo se va haciendo con una colección propia en la que destacan obras de Chillida, Klein, Kooning, Rosenquist, Tapiès o Warhol entre otros, a la vez que gracias al convenio con la Fundación puede exhibir en sus salas fondos de la colección Guggenheim de otros museos. A China siguieron otras grandes exposiciones, como la dedicada a Rusia o a la motocicleta como metáfora del siglo XX, que volvió a batir todos los récords y acercó al gran público al arte contemporáneo.

En estos diez años de historia el Guggenheim se ha posicionado como un museo de referencia no sólo en España sino en Europa, ha generado una industria turística impensable hace dos décadas, ha contribuido a una regeneración urbanística sin precedentes y ha enriquecido enormemente la vida cultural de la Villa. Parece como si entre Bilbao y Paris ya no hubiera mil kilómetros.

Agua de Bilbao

Bilbao tiene rincones encantadores y otros no tanto. Uno de mis favoritos es esta fuente en el Museo de Bellas Artes. La escultura es un monumento que la Villa dedicó a Arriaga, y representa a la Música elevando al cielo su llanto por la prematura muerte del compositor. Es obra de Paco Durrio, artista vallisoletano pero criado y formado en Bilbao, que murió en París en la más absoluta miseria. Esta fuente, naturalista y clásica, de una elegancia contenida, es el mejor legado que pudo dejar a Bilbao. Sin embargo durante muchos años la estatua estuvo escondida por impúdica: la mojigatería franquista la sustituyó por una copia en piedra, por supuesto vestida.

Nada que ver con la ostentosa, grandilocuente y nada elegante fuente que "corona" la nueva plaza de Jado. Una bilbainada en el peor sentido de la palabra.
Desconozco quién ha perpetrado el monumento, pero se ha cargado lo que era uno de los rincones más románticos del Ensanche.

Sobre este blog

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El Año del Gato

Me llamo Guillermo Elejabeitia, tengo 25 años, soy licenciado en Historia y estudiante del master de Periodismo en EL CORREO. Este blog está dedicado sobre todo al cine, aunque también hablo de libros, arte, música, fotos o noticias de actualidad. Espero que resulte interesante y que os animeis a comentar lo que querais.

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