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12 May 2008

El cerebro tiene túneles oscuros, húmedos y peligrosos, a través de los que se establecen conexiones inesperadas y, a menudo, indeseadas. A mí, por ejemplo, cada vez que escucho algún rapeado chusco-humorístico –desde El Chiki-Chiki hasta Vivo con tu madre, por citar dos casos recurrentes–, me da por acordarme de La abuela, aquel tema de los 80 que supuso el primer exitazo crossover del hip hop en español... ¿Se acuerdan? El portorriqueño criado en Nueva York pasaba unas vacaciones de pesadilla en casa de su abuela porque la vieja le hacía trabajar y no le ponía hamburgers ni hot dogs –“lo que como todos los días”– sino el menú nacional de la isla, arroz con habichuelas. Para colmo, le dejaba “coquipelao”, al más puro estilo de Paco Martínez Soria con sus nietos hippies de las películas, y le soltaba un sopapo por querer ligarse a la vecinita “bien buena”. Pero, de vuelta en casa, el díscolo chaval recapacitaba y llegaba a la conclusión de que su abuela también era “bien buena” por querer reconducirle hacia la senda correcta. ¡Qué distinto habría sido un desenlace gangsta rap, con la mujer acribillada a ráfagas de subfusil por alguna mara latina!

Lo curioso es que, hasta hoy, no me había enterado de que La abuela también era una parodia televisiva, así que realmente es un precedente lejano de los ejemplos que les mencionaba. Wilfred, aquel intérprete rellenito que yo suponía un rapero buenrollista, era en realidad un popular showman que hacía mofilla del hip hop en español y, supongo, de su lírica urbana y supuestamente rebelde. Honremos a aquel pionero chikilicuatre...

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16 Mar 2008

Mi desinterés por los coches es casi infinito. No he usado mi carné de conducir en diecisiete años y mi capacidad para distinguir un modelo de otro se quedó estancada en la época del Renault 8, el Simca 1.000 y el Seat 133, es decir, una generación después del troncomóvil. Y, por culpa de esa insensibilidad mía hacia las sutilezas del motor, los anuncios de automóviles tienen en mí un efecto paradójico: difícilmente me pasarán inadvertidos, porque al fin y al cabo suelen ser las piezas de publicidad más cuidadas, repetidas y, con bastante frecuencia, vanguardistas de la televisión, pero jamás guardo el mínimo recuerdo del coche concreto que pretenden vender. Con una sola excepción: sé que hay una orquesta que toca instrumentos fabricados con componentes del Ford Focus, aunque eso no me faculta para reconocer un Ford Focus cuando lo veo por la calle.

En fin, yo era de los escépticos que no se creían mucho el anuncio. Sospechaba que, tras esos aparatosos artefactos de desguace, se ocultaban instrumentos auténticos. Pero parece que la cosa va en serio, aunque sus responsables admiten que buena parte de los intérpretes utiliza híbridos que contienen piezas de instrumentos reales, algo que quedaba claro de entrada en el caso de las cuerdas. El Daily Telegraph hablaba ayer con Bill Milbrodt, el tipo extravagante de New Jersey al que los publicistas encargaron convertir un automóvil en una orquesta. Al parecer, su nombre era lo primero que salía en Google al buscar "piezas de coche+música", porque en 1994 decidió aprovechar su vetusto Honda como materia prima para fabricar instrumentos y fundar el Car Music Project: "Siempre he sentido inclinación hacia la vanguardia: John Cage, Frank Zappa, gente que cambió el lenguaje de la música. Tenía un coche que no podía vender, así que pensé: ¿por qué no?", relata, como si su ocurrencia tuviese un ápice de lógica. Ahora va a emprender una pequeña gira por el Reino Unido para demostrar que sus diseños son lo que realmente suena en el anuncio.

Claro que buena parte del impacto del spot se debe, simplemente, a la solemne melodía compuesta por el autor de bandas sonoras Craig Richey, sin importar si está tocada con violines o con embragófonos. La idea ha dado de sí para un nuevo anuncio, en el que la orquesta acompaña a la cantante Alesha Dixon, pero me quedo con el primero, el clásico, cuya versión extendida pueden ver abajo. Ah, Milbrodt confiesa que le resulta muy difícil encontrar los componentes metálicos que necesita en estos coches modernos, así que la música quizá hubiese sonado igual de bien o incluso mejor con piezas de un primitivo Simca 1.000.

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04 Mar 2008

Quizá lo de Chikilicuatre sea de mucha risa, no diré que no, pero a mí me da bastante rabia. Aunque hablemos de algo tan intrascendente y viciado como el festival de Eurovisión, me fastidia que los programas de humor conviertan cualquier convocatoria en excusa para un chiste y aborten, con su poder de movilización, toda posibilidad de seriedad o, lo que es más importante, de gracia espontánea. Que sí, que yo también me río y hago el robocop, pero me habría dejado mucho mejor cuerpo que La Casa Azul quedaran los primeros en la votación: habría sido un estímulo para confiar en la humanidad y no una prueba más de que la humanidad es fácilmente manipulable, tan dócil que sólo se pone traviesa cuando se lo mandan desde una pantalla.

Dicho esto, unos señores tan serios como los austriacos enviaron al cómico Alf Poier en 2003 y obtuvieron un merecido sexto puesto, así que no deberíamos desconfiar de las posibilidades de Chikilicuatre en caso de salir escogido (el representante irlandés, Dustin el Pavo, compite en la misma liga). Pero yo me quedo con La Casa Azul, desde luego: su último disco me parece un hito del pop español sin más calificativos, que lo mismo puede gustar a los indies que a un señor mayor aficionado a la ELO, y la única duda es cómo adaptarán al directo ese lujo de producción y cómo será capaz de hacerlo Guille Milkyway: “Está claro que no soy ningún portento cantando y que tiendo a olvidarme las letras y muchas veces hasta las melodías. Pero creo que, en esta ocasión, la gente que ha votado a La Casa Azul ha votado por algo muy distinto a eso”, escribe en su Myspace. Eso sí, como sé que muchos de ustedes quieren hacerse hijos adoptivos de Finlandia, les dejo con la canción que manda este año el país de las saunas y el metal: Missä Miehet Ratsastaa, del grupo Teräsbetoni.

Actualizado al final de la gala: pues nada, mandamos a Chikilicuatre. Y me alegro, porque por un momento he temido que iba a ganar Coral, y eso sí que me espantaba. Creo que a Uribarri no le ha hecho mucha gracia la decisión popular, porque negaba con el dedo, como reprendiendo a la audiencia por su poco criterio. Por cierto, ¿qué pasaría si Chikilicuatre, en vez de concursar en la gala de esta noche, se presentase a las elecciones de dentro de unas horas?

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01 Feb 2008

Ya saben que, este año, la canción que representará a España en Eurovisión se va a elegir por Internet, a través de un MySpace bautizado dramáticamente como Salvemos Eurovisión. Y yo ya sé que muchos de ustedes intentarán por todos los medios no caer ni por error en esa página. Ya sé que, si existiese lo opuesto a los favoritos en un navegador, ustedes seleccionarían ese rinconcito de la red para que nunca jamás de los jamases un click inadvertido les transportase a él. Y les aseguro que yo también he tratado de sustraerme a su malévolo influjo, marear la perdiz, fingir que no me interesaba, dedicarme a cosas serias como la revisión tantas veces postergada de Stockhausen. Pero ya lo escribió Dino Buzzati en la que será nuestra cita del mes: "Grandes son las satisfacciones de la vida laboriosa, holgada y tranquila, pero aún mayor es la atracción del abismo”.

Y aquí estoy, rebozándome en el centenar de aspirantes que han concurrido por ahora. La votación no empieza hasta el día 11, pero ya se puede disfrutar de las creaciones de artistas como (selecciono aleatoriamente, se lo prometo) David Vera, Tecnovik & Fiona, Nathalie Merino, Última Sentencia, Napoleón López, Jasmine, Blas o Romance Anónimo. ¿A que les pica el gusanillo? ¿A que van a pinchar ahora mismo aquí? De momento, la gente moderna como ustedes tiene como claros favoritos a los dos aspirantes que les adjunto abajo, que ambos me caen muy bien. Por un lado, L-Kan, que fueron de los primeros en presentarse, más o menos a la vez que Malena Gracia, pero mejor (sólo he encontrado su canción, Bailan, en directo, pero pueden oír la versión de estudio aquí). Por otro, Glitter Klinik, grupo donde destaca la rubia cabeza de Luis Miguélez, ex Dinarama, ex McNamara y otros exes. Huy, como ganen.

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30 Ene 2008

Últimamente es casi imposible encender la tele sin toparse con algún cantante amateur que aspira a convertirse en profesional, aunque en la mayoría de los casos queda claro que el andamiaje para sostener ese sueño es más bien endeble. Los segundos que transcurren antes de que el botón para huir zapeando haga efecto –bueno, confieso que a veces me quedo minutos mirando la pantalla, presa del estupor– me han servido para comprobar la vigencia de una costumbre que me horroriza hace años: la fonética delirante de los aspirantes a artistas famosos. Con el tiempo me he acostumbrado a que la mayoría canten como negros, forzando las inflexiones propias del gospel y el soul hasta para entonar un fandanguillo, pero me resulta más difícil de tragar esa obsesión de hacer fricativas las uves, aproximándolas a las efes al estilo de Julio Iglesias, y de sesear aunque se provenga del corassssón de Castilla. El célebre episodio del poyeya fue, en definitiva, sólo un paso más en este sindiós de hacer las cosas lo más artificiales que se pueda.

Miedo me da hasta dónde podrán llegar los Hijos de Babel, que ya parten por derecho de pronunciaciones peculiares.

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08 Oct 2007

El verano es un tiempo muy triste para quienes seguimos las series de televisión al estilo convencional, es decir, a medida que las van emitiendo las cadenas generalistas. Los programadores no sólo se abandonan a las reposiciones, sino que además te imponen la exasperante obligación de estar pendiente de la tele, por si acaso se les ocurre de improviso largar algo de material nuevo. Ya he admitido por aquí que me gustan productos tan cuestionables como Médium o Entre fantasmas, pero claro, mis vicios confesables no llegan al extremo de disfrutar de los capítulos repetidos. Se lee mucho más en verano.

Pero, en fin, ha llegado el otoño y, con él, la felicidad de recuperar adicciones conocidas y engancharse a otras nuevas. Ayer dediqué buena parte de la jornada a Héroes, la serie que aquí echa la ETB-2, porque tenía grabados los dos primeros episodios y vi en vivo -¡sin anuncios!- el tercero y el cuarto. El continuará me dejó con un síndrome de abstinencia inmediato, que ni siquiera el reportaje de Cuarto Milenio sobre Aleister Crowley logró mitigar. A mí Héroes, con ese dispar equipo de superhéroes debutantes que van descubriendo sus poderes, me recuerda bastante a las novelas de Haruki Murakami, en las que los personajes han de plegarse a designios misteriosos del destino o del azar, aunque admito que en ese eco pueden influir mucho los dos personajes japoneses de la serie. Este señor de la foto, Masi Oka, es el gran hallazgo: encarna a Hiro, un fan de los tebeos de la Marvel que adquiere la capacidad de detener el tiempo y teletransportarse y, como buen freak, asume sin mayor problema su misión de salvar el mundo. Según la Wikipedia, el actor es un cerebrín que empezó en el departamento técnico de la Industrial Light & Magic como parte del equipo que desarrolló un programa informático para reproducir efectos acuáticos, un perfil peculiar que alienta mi costumbre de confundir los rasgos del actor y el personaje.

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18 Dic 2005

Ya está en los videoclubes, al menos en el mío, el doble capítulo de 'C.S.I. Las Vegas' dirigido por Quentin Tarantino. Antes de nada, se lo recomiendo: yo tenía un poco de miedo de que el toque tarantinesco desvirtuase unos personajes perfectamente definidos, pero, aunque es cierto que a veces les hace parlotear más que de costumbre, la verdad es que ha sabido respetar la esencia de la serie. Y todo ello, con un enterrado en vida como centro del argumento, que es una cosa que siempre entretiene. El DVD ha supuesto un bonito reencuentro con 'C.S.I. Las Vegas' y ha hecho rebrotar en mí la aversión hacia 'C.S.I. Miami', que cada semana se manifiesta con mayor virulencia. Creo que el personaje televisivo que más odio -bueno, después del detestable Rizo, el erizo listillo de los seguros- es Horatio Caine, ese teniente deslavado con cara de tortuga al que da vida -expresémoslo así- David Caruso. El pesado de Hache siempre dice la última palabra en todo diálogo, y esa última palabra es invariablemente una estupidez con pretensiones de trascendencia. Los guionistas nos lo quieren presentar como un tipo duro con un rigor ético admirable, pero queda como un simple soseras que va de guay. Y lo peor llega cuando intentan que exprese sentimientos complejos, como afecto o compasión -su gestualidad se limita a achinar los ojos y estirar las comisuras de los labios-, o cuando le ponen a hablar con algún niño, en plan poli majo que se interesa por el béisbol alevín: ¡hasta Isabel Gemio lo hacía mejor! Ya, ya sé que mezclo personaje y actor, pero es que no sé cuál de los dos me da más rabia.

Como ya me he desahogado, no me referiré a la marisabidilla de balística ni a la forense pasmada que habla a los muertos. Seguro que, si le encargan a Tarantino un 'C.S.I. Miami', los entierra vivos a todos.

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