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10 Nov 2009

El 7 de diciembre actuará en el Kafe Antzokia el siempre provocador Jello Biafra con su nueva banda, The Guantanamo School Of Medicine. Biafra, que ha pasado a la historia como vocalista y líder de los Dead Kennedys (si el punk de finales de los 70 y principios de los 80 no es lo suyo, pinchen aquí y aquí para un cursillo acelerado), tiene una biografía llena de momentos interesantes, como los cargos por obscenidad que le cayeron encima por incluir en uno de sus discos una obra de H.R. Giger o la vez que se presentó a las elecciones para alcalde de San Francisco, con un programa que pretendía obligar a los hombres de negocios a vestirse de payasos dentro del casco urbano.

Quería aprovechar la ocasión para compartir con ustedes otra curiosidad que descubrí hace unas pocas semanas. Los más viejos de ustedes poseerán algún vinilo marcado con una casete y dos tibias, símbolo de la campaña antipiratería ‘hometaping is killing music’ (vamos, ‘la grabación casera está matando a la música’) que estuvo en vigor allá por los 80, en pleno reinado de las cintas. Como es lógico, aquella iniciativa de la industria fue objeto de mofa y parodia por parte de diversas bandas, como bien recoge la Wikipedia: por ejemplo, Venom, los padres del black metal, imprimieron en uno de sus discos "la grabación casera está matando a la música y Venom también". Pero no conocía yo la aportación de los Dead Kennedys a aquel debate y se la pego abajo, copiada de aquí. Como ven, en la casete de su mini-LP In God We Trust, Inc. se leía: “La grabación casera está matando los beneficios de la industria discográfica. Hemos dejado esta cara en blanco para que tú puedas ayudar”. Y sí, ese lado era virgen.

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21 Ene 2009

A estas alturas, yo creo que quedan pocas dudas de que, en el futuro, no almacenaremos en casa (o, mejor, no almacenarán) ni discos, ni películas, ni quizá libros. Y, seguramente, tampoco atiborraremos de emepetreses, avis y demás el disco duro del ordenador. Los contenidos culturales que antaño archivábamos en esos contenedores obsoletos se nos proporcionarán a distancia a través de la red: escucharemos el cuadragésimo álbum de U2 y veremos la centésima parte de Scary Movie sin poseerlos, y el hecho de abarrotar baldas con productos culturales nos parecerá una curiosa rareza del pasado remoto, al igual que recordaremos con risa compasiva aquellos vídeos en pésima definición con los que los pioneros se dejaban los ojos en YouTube o en PornoTube y aquellas canciones adivinadas, más que escuchadas, en versión comprimida y a través de infectos altavoces de ordenador.

Spotify, del que seguramente habrán leído algo en los últimos días, parece un paso importante en la parte musical del negocio. Se trata de un programa sueco que permite streamear gratuitamente canciones a la carta, es decir, escucharlas sin descargárselas, a través de una combinación de servidor y P2P, o una de esas explicaciones tecnológicas que suelen acabar con nuestra paciencia de lectores tarugos. El caso es que resulta notable por dos razones: lo básico es que funciona de maravilla, con muy pocas interrupciones, pero lo realmente notable es el repertorio de canciones en oferta. Vale, faltan algunos nombres de cierta relevancia como los Beatles, pero les juro que anteayer estuve escuchando a través de Spotify una canción de Panadería Bollería Nuestra Señora del Carmen, que no es la primera referencia que a uno se le viene a la cabeza al hablar de un ingenio escandinavo, y después me oí enterito el disco recién editado de Polysics, a los que tienen en la futurista foto de arriba. Se supone que uno sólo puede registrarse mediante invitación, pero esto que les enlazo sigue funcionando. Si las cosas siguen por este camino, sus nietos escucharán con estupefacción que hubo un tiempo en el que ustedes fueron piratas.

Actualizado el 29 de enero: no sé yo si durará mucho, esto tiene mala pinta.

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03 May 2006

Ya sabrán ustedes que a Ramoncín no le recibieron muy bien en el Viña Rock, el festival albaceteño que cartografía año tras año el territorio del kalimotxerismo. Al pobre Ramón le lanzaron piedras, vasos, hasta pilas de petaca, en una auténtica tormenta de proyectiles acompañada por gritos poco cariñosos hacia la SGAE. Era tan previsible que hasta podrían haberlo anunciado en el programa -domingo 30, fin de fiesta: entierro de la sardina y de Ramoncín-, así que no puedo dejar de pensar en el ánimo con el que el popular polemista y ex popular cantante acudió a la cita. Tonto no es, y bastaba echar un vistazo al cartel del festi para hacerse una idea de la peña que iba a reunirse en Villarrobledo, muy poco amiga de cánones y de discursos criminalizadores sobre la piratería, de modo que Ramoncín ya podía imaginar que le echarían de todo menos piropos. ¿Lo asumió como un inevitable martirio, dentro de su cruzada por los derechos de los autores, o quizá vive tan apartado del mundo real que esperaba aplausos y sonrisas de colega? ¿O, simplemente, el caché era compensación suficiente por exponerse a todos esos piratas?

Yo en estas cosas me pongo pacifista, qué quieren: si no te apetece ver a Ramoncín, no vayas y punto, porque a lo mejor hay gente ilusionada por escuchar al rey del pollo frito y el cedé tostado. 'Hormigón, mujeres y alcohol' y 'Putney Bridge' no dejan de ser clásicos del estilo santificado por el Viña Rock, mejores que el 80% de lo que ha sonado en ese festival, aunque puede que el haber compartido piso durante cinco años con un fan del Ramón más primitivo haya alterado mi percepción de su valía. Me parece mucho más oportuna la idea de boicot que proponía un tipo en el foro de Barrapunto: el calvo colectivo hacia el escenario. Cantar para cientos de culos hostiles tiene que ser una cosa muy triste.

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