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22 Ago 2009

De vez en cuando, este gran circo del rock da lugar a diálogos fascinantes. Resulta que en la ciudad finlandesa de Tampere han cancelado el último espectáculo de Alice Cooper basándose en "valores cristianos". Sólo puntualizaré que Tampere es la ciudad de procedencia de bandas tan poco piadosas (y tan recomendables) como Circle Of Ouroborus, Horna o Behexen, pero, por lo demás, me limito a copiar y traducir: "Las actuaciones que incluyan representación de falsos dioses, demonios, maldad y fuerzas de la oscuridad (...) están altamente prohibidas", reza el comunicado que enviaron al bueno de Alice.

Lo cual no deja de ser gracioso en un país que ganó el festival de Eurovisión con Lordi, esos monjes trapenses, pero se supone que se refiere sólo al recinto en cuestión, el Tampere Areena. De todas formas, lo mejor ha sido la respuesta de Alice Cooper, que es un tipo estupendo: "Era una ciudad de Finlandia donde el lugar de la actuación era muy conservador -ha comentado-. Pero, ¿sabes?, como yo mismo soy cristiano me limité a poner la otra mejilla. No lo acabé de entender. Aquí está lo que yo respondería a eso: si estuviese haciendo Macbeth, ¿estaría bien? Todo el mundo diría que Macbeth está bien. Pues bien, Macbeth es como el doble de sangriento que cualquier cosa que yo fuera a hacer".

Bufff, qué ganas me han entrado de oír metal: me bajo a ver a P.E.S.C.H. y Rise To Fall en Bailén, a ver si ellos hacen algo de falsos dioses y fuerzas de la oscuridad y todo eso. Porque a recitar a Shakespeare seguro que no se atreven.

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27 Feb 2009

El black metal comercial puede parecer una contradicción en los términos, pero existe y, de hecho, parece obsesionar a muchos fans auténticos del género, que experimentan como una blasfemia –bueno, en realidad quiero decir que lo ven como algo malo– cada avance de una de sus bandas hacia la visibilidad pública. Ciertamente, entre los lamentos angustiosos en baja fidelidad de gente como T.O.M.B. y las fantasías hiperproducidas de Cradle Of Filth y compañía hay todo un mundo, y las carreras que evolucionan hacia el segundo extremo suelen contemplarse con la lógica suspicacia.

Es lo que está ocurriendo con los noruegos Satyricon, autores de nuestra canción de la semana, que luce el bello título de Cuervo negro sobre una lápida. Satyricon son uno de los demonios mayores, un nombre mítico dentro de la escena, pero sus últimos discos son objeto de controversia: sin llegar al extremo de sus paisanos Ulver, que protagonizaron una fascinante conversión a la electrónica, es verdad que su sonido es ahora mucho más limpio, mucho menos agresivo, mucho más blando. Pero, qué le vamos a hacer, a mí me priva el efecto de sumar los rasgos distintivos del black metal a una canción pegadiza, así que ahí les va el videoclip –bastante grotesco, por cierto– de Black Crow On A Tombstone. Y una pregunta para los lectores veteranos: ¿no les recuerda la pinta del cantante a Andrew Eldritch, el de The Sisters Of Mercy?

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18 Feb 2009


Organizar festivales de música debe de ser una de las actividades más ingratas que existen. En cuanto anuncias el cartel o parte de él, un montón de gente se te echa encima para decir que vaya porquería, que el año pasado fue mucho mejor y que no tienes ni idea. Y los que aplaudirían suelen quedarse callados, porque en esta sociedad mezquina gusta mucho más expresar el desacuerdo que el elogio.

Lo digo por algunas reacciones que he leído por ahí al avance del cartel del Kobetasonik. Claro, el año pasado estuvieron Kiss y Judas Priest, y la única manera de repetir el impacto de ese cartel sería traer de nuevo a Kiss y Judas Priest, pero eso tampoco funcionaría, claro. Tengamos en cuenta que Metallica y Iron Maiden estuvieron por aquí hace dos años, que AC/DC vienen dentro de nada (ya, ya, nadie les va a ver, pero habrá 20.000 personas dentro del BEC) y que gran parte de los grupos del género están tocando continuamente en Barakaldo y Bilbao, así que me gustaría saber qué figurones del metal esperaban quienes manifiestan su desengaño o sus airadas críticas.

A mí el cartel me parece muy bien, variado, entretenido, con ganchos para atraer a distintas facciones metaleras. Ver en Kobetas a Mötley Crüe, Cradle Of Filth (en la foto de arriba), Anthrax y, ejem, las suecas Crucified Barbara me parece un planazo, y al resto (Dream Theater, Marilyn Manson, Hatebreed, DragonForce, Trivium, Papa Roach, God Forbid, Devildriver, Gojira e Idi Bihotz) le veo muchísimo atractivo para gente interesada por otras corrientes del género. Más aún si se recuerda que, hasta ahora, no sabíamos siquiera si iba a haber festival. Celebremos lo que tenemos en vez de rabiar por lo que nos falta.

Actualizado el 23 de febrero. Añadan a Guns N'Roses, In Flames, Machine Head, Journey, Lauren Harris (sí, la hija de Steve) y Buckcherry. Vaya, con lo bien que se llevan Axl Rose y Vince Neil, la cosa puede dar lugar a un bello espectáculo.

Actualizado el 3 de marzo. Pues nada, olvídense de los Guns. "Tuvimos negociaciones muy avanzadas para traer a Guns N’Roses al Kobetasonik. No obstante, la banda ha decidido finalmente posponer su gira europea y no va a ser posible que actúen en nuestro festival", explica Last Tour.

Actualizado el 23 de marzo. Añadan a Thin Lizzy, Suicidal Tendencies, Cathedral y Hot Leg. Y campana y se acabó.

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04 Feb 2009

Spinal Tap, la banda de mentira que hacía canciones de verdad, ha vuelto a los estudios de grabación para registrar su primer material nuevo en 20 años. Ya saben –y, si lo han olvidado o son demasiado jóvenes para saberlo, se lo cuento– que Spinal Tap nacieron como personaje central de la comedia This Is Spinal Tap y, por lo tanto, como dice Allmusic, son un grupo “totalmente ficticio”. Pero algo falla en esta descripción cuando ese grupo totalmente ficticio es capaz de reunirse décadas después, tocar en directo y producir nuevo material. Digamos, más bien, que se trata de un grupo real con una biografía ficticia... vamos, como casi todos pero un poquito más.

La película musical imprescindible de este año, según anuncian quienes la han visto, va a ser un documental que guarda sorprendentes paralelismos con This Is Spinal Tap pero que muestra la verdad misma, el miserable y patético día a día de muchos grupos de rock. Me refiero a Anvil! The Story Of Anvil (abajo tienen el tráiler inglés), que acompaña al grupo canadiense Anvil (es decir, Yunque) en una desventurada gira europea. La gracia de la historia es que Anvil pudieron ser grandes, muy grandes: a principios de los 80 llegaron hasta la antesala del triunfo y tocaron ante auténticas multitudes junto a colegas como Bon Jovi o Whitesnake, pero la suerte que sonrió a los otros se dedicó a mostrarles un culo muy feo. Estrellas como Metallica o Slayer reconocen su influencia y, de hecho, figuras como Lars Ulrich, Slash o Lemmy aparecen en el documental rindiéndoles tributo, pero Anvil trabajan en curros normales y conviven, un poco desconcertados, con su mala fortuna. Lo alucinante –a la vez cómico y conmovedor, una dualidad que es la clave de la película– es que, pese a todos los reveses de su carrera, continúan intentándolo: Steve Lips Kudlow y Robb Reiner, líderes del grupo, hicieron en su juventud el pacto de seguir rockeando juntos toda la vida, y ahí siguen, tocando en infectos antros de lugares remotos, peleándose por editar un nuevo álbum en estos tiempos de vacas flacas, soñando con ese éxito que una vez rozaron con las melenas...

En cierto modo, el documental supone su primer golpe de suerte. El director, Sacha Gervasi, era en 1982 un adolescente londinense que descubrió a Anvil en la revista Sounds, fue a verles en el Marquee, les visitó en los camerinos, les enseñó la ciudad y acabó acompañándoles como pipa en su gira canadiense. Después, sus caminos se separaron, y a Gervasi sí le fue bien: escribió en el New York Times y el Observer, hizo guiones para gente como Spielberg, superó una sobredosis, tuvo una hija con la spice girl Geri Haliwell... y, finalmente, decidió buscar a sus viejos compinches Anvil a través de Internet. “Era como si no hubiese pasado el tiempo, me sentí como si tuviese otra vez 15 años. Era como volver a la infancia y encontrarte con que todo es igual. Lo más importante era que ellos no habían cambiado. Y lo significativo para mí no era que no se hubiesen rendido, sino su completa falta de amargura”, explica en este alucinante reportaje de Classic Rock, escrito por el mismo periodista que firmó hace 27 años aquel tema de portada de la revista Sounds. Al plumilla en cuestión, por cierto, también le invitaron a participar en el documental, pero surgió un problema inesperado: se había olvidado por completo de Anvil.

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16 May 2008

Pocos grupos transmiten tanta sensación de dureza como Napalm Death. Es cierto que la dureza admite muchas formulaciones y se puede vincular a variables como el ruido, la velocidad o simplemente la capacidad de desquiciar al oyente, pero la banda británica cotiza alto en cualquiera de estas clasificaciones. De hecho, en sus comienzos allá por los 80, estos cerriles mocetones se vieron obligados a inventarse un género para definir esa suma de factores, ya que no estaban dispuestos a ceder un ápice en sus aspiraciones maximalistas: a grandes trazos, tomaron el estruendo del metal, la velocidad del hardcore y la vocación irritante de la electrónica más radical y llamaron grindcore al monstruoso resultado. La Wikipedia resulta muy ilustrativa a la hora de analizar sus influencias de partida, ya que entre ellas no hay mucho heavy que se diga: aparecen anarcopunks como Crass o The Ex, pioneros de lo industrial como Throbbing Gristle (véase el post precedente) y bestias inclasificables como los Swans y su rock machacón y agónico.

Es verdad que de aquellos fundadores del grupo no queda nadie –el más veterano es el corpulento bajista Shane Embury, enrolado en 1987–, que ahora hay miles de indistinguibles escuadrones grincoretas y que Napalm Death dieron la espalda hace mucho a su sonido primigenio y a los excesos absurdos que conllevaba, como esas canciones de segundo y pico. Pero sus conciertos, como el de esta noche en Durango junto a Suffocation y Warbringer, siguen siendo una experiencia memorable, abrumadora y muy satisfactoria, siempre que no te absorba el habitual vórtice enloquecido y violento de las primeras filas: a veces, conviene admitir que uno es un poquito blando.

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22 Ago 2006

Las biografías de la mayor parte de los grupos de rock son un previsible rollete: que si graban un disco, que si hacen gira, que si echan a un miembro, que si fichan a otro, que si se drogan, que si se desintoxican... Los suecos Dissection -igual que el noruego Burzum- constituyen una excepción, porque su historia se puede leer como una animada crónica negra y convierte las transgresiones de otras bandas en veniales pecadillos de ursulina: «Prácticas ocultas, años en prisión, rumores, violencia, muerte, caos», así resumen ellos mismos su vida en común. El episodio más recordado es el asesinato de un homosexual argelino, por el que el cantante, guitarrista y líder Jon Nödtveidt pasó unas cuantas temporadas a la sombra. Al salir reformó su banda, una de las más influyentes del metal contemporáneo, y se hizo a la carretera con excelentes resultados artísticos, que no morales. Dos evadidos vimos su concierto en el Azkena y salimos muy contentos y felizmente ilesos.

El último episodio del ajetreado recorrido de Dissection ha sido el suicidio de su líder. El resto de la banda lo hace público en su web con un estilo alucinado, embebido de novela gótica y manual de nigromancia, que hace justicia a la embrollada ideología del difunto. Les copio y pego la traducción que se está difundiendo en los mentideros heavies: «Hace un par de dias, Jon Nödtveidt decidió finalizar su vida con sus propias manos. Como un verdadero satanista, llevó la vida de la forma en que quiso hacerlo y la finalizó cuando sintió que había completado su destino autocreado (...). Es nuestra entera creencia que dejó este mundo de mentiras con una irónica risa, sabiendo que había completado todo lo que se había propuesto como metas. El espacio vacío que deja atras será llenado con la oscura esencia que manifestó durante su vida y su trabajo necromántico. Su legado y Fuego Luciferino vivirán en aquellos pocos que realmente lo conocían y apreciaban su trabajo por lo que realmente era y aún es. Como la intención de nuestro hermano, tanto en vida como en muerte, nunca fue 'descansar en paz', le desearemos victoria en todas las batallas que vendrán, hasta que el Destino Acósmico sea completo. ¡Por la gloria de los Dioses Oscuros y el Caos Iracundo!». Pues, aunque sólo sea por fastidiar, que Dios lo acoja en su regazo.

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08 Jun 2006

Escribir sobre grupos de metal da un poco de miedo, porque es casi seguro que algún fan exaltado te va a dejar un mensaje insultante. Me ha pasado cada vez que he mencionado a Lordi, y eso que siempre los he puesto por las nubes, pero existen metaleros que no toleran que escriba sobre el género de sus amores alguien que carece de pedigrí heavy. También los hay carentes de todo vestigio de sentido del humor y, sobre todo, abundan los que se ofenden por cualquier cosa que digas sobre parte del colectivo, aunque no se refiera a ellos. Estas líneas, por ejemplo. El caso es que el metal sigue siendo, en buena medida, un compartimento estanco: o eres heavy o no escuchas nada de heavy, con perdón por esta palabra tan restrictiva.

Y, sin embargo, el metal contemporáneo es un mundo fascinante, lleno de excitación y de sorpresas. Quizá no para seguidores de Il Divo, pero sí para cualquier aficionado inquieto con cierta tolerancia al ruido. Mi último descubrimiento agradable se llama Elite y está encabezado por este mocetón noruego de la foto, pero lo que quería recomendarles es el 'kit educativo sobre el género metálico' que ha colgado la emisora WFMU en su blog. Son 25 emepetreses de estilos variopintos que pretenden servir de introducción a otras tantas etiquetas: aparecen grandes nombres como Motörhead, Sepultura o Cradle Of Filth (pido disculpas de antemano a las facciones partidarias del exterminio de Danny Filth), pero lo más interesante son los subgéneros más rebuscados. Yo, desde luego, me quedo con los industrialismos de Godflesh y Strapping Young Lad, las lentísimas meditaciones de Earth y el death metal ultratécnico de Necrophagist, aunque el verdadero hallazgo es una remezcla dance de Brutal Truth que buscaba desde hace más de una década, cuando la escuché en un bar de Pamplona -el Keops- que ni siquiera sé si sigue existiendo. A lo mejor eso me sirve de pedigrí.

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12 Mar 2006

Musicalmente, Finlandia tiene muchos puntos para ser el país más raro del mundo. Da la impresión de que la mitad de su población se dedica a tocar en algún grupo de metal, a ser posible de las vertientes más oscurillas: Amorphis, Apocalyptica, Children Of Bodom, Finntroll (éstos se visten de trolls y cantan sobre... trolls), H.I.M., Impaled Nazarene, Nightwish, Sonata Arctica, Stratovarius, To Separate The Flesh From The Bones, Waltari... Éstos son los que yo conozco, en cuidadoso orden alfabético, pero la nómina se alarga hasta parecer el censo nacional, y eso sin bajar hasta los abismos más remotos del underground. Lo peor es que los finlandeses que no son heavies les dan a cosas aún más extrañas, como los instrumentales con teclados baratos (no se pierdan, si tienen ocasión, los himnos retrofuturistas de Aavikko) o el folk más desparramado y orate (en esto hay casi tantos como en el metal, con nombres imposibles como Alamaailman Vasarat, Kemialliset Ystävät o Paavaharju). Claro, sólo con una sociedad tan peculiar podía ocurrir que Lordi, este simpático señor de la foto, saliese elegido representante del país en Eurovisión. Lordi lidera el grupo de igual nombre, heredero directo de monster bands como Gwar, y su canción 'Hard Rock Hallelujah' batió ayer en la eliminatoria a un tal Tomi Metsäketo, que presentaba el tema en italiano 'Eternamente María'. No hará falta decirles que, en España, el Metsäbustamante este habría arrasado.

Mi conocimiento de la obra de Lordi se reduce a un par de canciones que mi amigo Necrófero (en el mundo real, Javi) me grabó el año pasado. Son dos mazacotes de metal comercial en la estela de Alice Cooper, pero me gustan bastante, sobre todo 'Blood Red Sandman'. Vale, no parecen unos tipos muy serios, ni transmiten un mensaje complejo sobre el ser humano y su lugar en el mundo, pero para eso ya están Las Ketchup y su 'Bloody Mary'.

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