02 Sep 2009
A los monos les resulta indiferente nuestra música. Iba a decir que la oyen como quien oye llover, pero seguro que un sonoro chaparrón les inspira muchísimo más interés que las absurdas melodías del homo sapiens. O, al menos, esa es la conclusión a la que ha llegado uno de esos estudios marcianos con los que algunos científicos ocupan su tiempo, rellenan su currículum y entretienen a las masas: según informa Wired, un psicólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison se ha aliado con un chelista y compositor para pincharles a catorce monos tamarinos el adagio de Samuel Barber y unos temitas de Nine Inch Nails, Tool y Metallica. Los monos han soportado los tres primeros con sorda indiferencia y sólo les ha hecho efecto el Of Wolf And Man de Metallica, que les ha "tranquilizado ligeramente". La verdad es que yo también suelo escuchar a NIN y Tool con indiferencia, así que a lo mejor soy un poco tamarino, y me imagino que una de las posibles explicaciones para esa relajación post-Metallica puede ser simplemente que el ruido cansa, sobre todo si estás acostumbrado a vivir en la naturaleza. Pero ojo, que también puede ser que la aparente impasibilidad encubra una suprema concentración melómana, como de crítico de ópera.
El compositor en cuestión, David Teie, ha ido un poco más allá y ha grabado unas piezas basadas en los sonidos que emiten los tamarinos. Y –lógicamente, diría yo–, los animalitos sí han reaccionado a esas músicas: por ejemplo, orinándose cuando sonaba la obra inspirada en sus propios gritos de alarma, los pobrecitos. Ah, ¿he dicho ya que este hombre tiene una empresa llamada Music For Cats que vende precisamente eso, música para gatos? Se trata de una especie de ambient extraño que, por lo menos, suena bastante más interesante que la música para perros que comentamos por aquí el año pasado, que más bien parecía para perros idiotas.
Les dejo con Melt-Banana y su versión de Monkey Man, que es la canción que yo les habría puesto a los sufridos monitos. Espero que no se orine nadie al oírla.
09 Ago 2009
Jónsi Birgisson es el vocalista del grupo islandés Sigur Rós, un tipo muy peculiar que toca la guitarra eléctrica con un arco de violonchelo y a veces canta en una lengua inexistente. Acaba de editar un disco junto a su novio Alex Somers bajo el nombre de Jónsi & Alex, pero lo que quería presentarles es otra creación de la pareja: han recopilado sus recetas favoritas en un coqueto librito, apetitosamente ilustrado, que se puede descargar gratis en su web. A partir de aquí tengo un par de noticias buenas y una tercera que, para mí y para muchos de ustedes, resultará más bien mala. Empiezo por las buenas: las recetas son tan sencillas que hasta un Atila de la cocina podría prepararlas de manera digna, o al menos comestible, y los platos que se ven al hojear el volumen tienen una pinta bárbara que promueve la salivación. ¿Que dónde está lo malo? Bueno, conociendo la música espiritual e ingrávida de Sigur Rós, uno ya se temía que estos tipos no se inflan a hamburguesas grasientas y alubiadas bien cargadas de tocino —en realidad, pocos rockeros lo hacen, no hay más que mirarles las piernecillas—, pero el caso es que Jónsi y Alex son veganos y crudívoros, una combinación que se ha dado en llamar crudiveganismo. Es decir, se nutren exclusivamente de vegetales sin cocinar, un concepto que a los cavernícolas carnívoros nos inspira tristeza y desaliento. Pero... ¿quién ha dicho que ese paté de pistachos tan rico no sirva como guarnición?
Para pasar mejor las espinacas, les cuelgo una de las muchas joyitas de Sigur Rós, quizá la más conocida. Ah, el cuarteto de cuerdas que toca con ellos son sus acompañantes habituales, Amiina, unas chicas muy recomendables por derecho propio.
05 Ago 2009
Los dictadores, aparte de resultar reprobables moralmente, suelen ser gente muy aburrida. Porque, puesto a ejercer un poder tiránico y personalista sobre la población, a uno le podía dar por imponer la sonrisa obligatoria, el amor sin restricciones o la música de baile, pero todos optan por la grisura, la estrechez sexual y las marchas militares. Ya saben, uno se debe de sentir más importante decretando la infelicidad ajena. Lo pensaba otra vez hoy leyendo la lista de canciones prohibidas durante la dictadura argentina que ha hecho público el Comite Federal de Radiodifusión, en la que aparecen artistas tan antisociales e insurrectos como Roberto Carlos, José José o, repetidamente, Camilo Sesto. Entre las canciones “no aptas para ser difundidas por los servicios de radiodifusión” figuran piezas de Víctor Jara, Joan Baez y otros sospechosos habituales, pero lo que más llama la atención son las composiciones con alguna connotación sexual o con supuestas intenciones lúbricas, como varias de Donna Summer, el Je t’aime, moi non plus de Gainsbourg o el Get Down, Make Love de Queen. Y, diablos, también están Sólo pienso en ti, de Víctor Manuel (¿tendrá alguna connotación política que se me escapa?), y El Lute, de Boney M.
Hay un apartado un poco más relajado, que es el de los temas vedados en “horario de protección al menor”, como el Da Ya Think I’m Sexy de Rod Stewart (a lo mejor los niños enloquecían y se vestían con mallas y lentejuelas), el Pequeño supermán de José Luis Perales, el Saboreando de Peret o este Wake Up And Make Love With Me de Ian Dury & The Blockheads que les cuelgo. Yo ya sé que los argentinos son gente muy espabilada y seguramente precocísima, pero no sé hasta que punto los pequeñuelos podían entender lo que es despertarse “in a horny morning mood”, y menos aún con el acento que gastaba el señor Dury. De hecho, hasta me sorprende que lo entendiesen los censores, porque no me imagino a sus colegas franquistas con tanta soltura en el listening.
02 Ago 2009
No todos los días se encuentra uno con que su tienda de discos favorita de todo el universo recomienda a su clientela un grupo de Bilbao. De hecho, a mí es algo que sólo me ha pasado... hummmm... ayer: Aquarius Records, establecimiento de California especializado en músicas periféricas (black metal cazurro, electrónica letal, percusión hecha por elefantes y todo lo que se les pueda ocurrir) ha elegido como disco de la semana el elepé May 08 de Billy Bao, un proyecto de rock de vanguardia que lleva a Bilbao hasta en el nombre.
Pero vamos por partes. Aquarius es una tienda, sí, pero también mucho más: su lista quincenal de novedades es una recomendabilísima publicación periódica para mantenerse al tanto de los sonidos menos comerciales, porque el equipo de Aquarius comenta los discos con conocimiento profesional y entusiasmo amateur, que es como mejor se hacen las cosas. Tienen el link a su página, por cierto, en la sección de enlaces de Evadidos, aquí al lado a la derecha, en ese rincón
que casi nadie mira.
En cuanto a Billy Bao, bueno, se presentan como un músico nigeriano afincado en Bilbao (o en Bilboa, como escribe por ahí su sello americano, Parts Unknown), pero los tipos que tocan no tienen ninguna pinta de haberse criado en Lagos y sí de estar curtidos en mil batallas de la escena vizcaína, que lo están. "Aquí no nos conoce ni Dios", han declarado, aunque este periódico (ya ven, tan conservador que dicen) les dedicó una bella página hace un año. Ah, desde aquí pueden acceder a abundantes emepetreses con los que destrozar los altavoces de su equipo informático.
Y, hechas las presentaciones, volvamos al principio: los chicos de Aquarius han elegido May 08 como disco de la semana junto a lo nuevo de Cold Cave y se les ve estupefactos ante el degenerado estruendo de los bilbaínos, con su "aporreo neandertal" de la batería, las "voces que aúllan" y demás ingredientes de ese sonido "crujiente y sucio y punk rock y garage rock, pero con una rara vibración electrónica, bordeando una y otra vez lo industrial". Y concluyen: "Heavy and fucked up and noisy and genius. WAY WAY WAY recommended". Pues eso, que MUY MUY MUY recomendado, pero mentalícense y bajen el volumen antes de darle al play.
29 Jul 2009
El número de agosto de la revista británica The Wire incluye una entrevista con Sleazy Peter Christopherson, figura de la música electrónica más desasosegante en su condición de miembro de Throbbing Gristle, Psychic TV y Coil. Si recuerdan (es un decir, no se apuren), hace año y pico hablamos de él aquí con motivo de su visita al Guggenheim, y mencionábamos también su curro decente como director de videoclips para artistas de lo más diverso. Resulta curioso que, formando parte de Throbbing Gristle, uno de los grupos más controvertidos de la historia, fuese precisamente ese trabajo bien remunerado como realizador el que le llevó a protagonizar uno de los mayores escándalos de su carrera: me refiero a Broken, una minipelícula para Nine Inch Nails que, parafraseando a la Wikipedia, fue "casi universalmente prohibida" por sus imágenes de tortura, humillación y muerte, filmadas con una definición chunga y doméstica que les daba apariencia de realidad. Me ha gustado cómo lo cuenta él en The Wire, así que les traduzco sus palabras.
"Después de hacer un par de vídeos relativamente convencionales para ellos en los primeros 90, Trent me llamó por teléfono y me dijo: '¿Harías el vídeo más duro de la historia?'. Estúpidamente, por supuesto, dije: 'Me encantaría', y me puse a hacer justamente eso. Básicamente el vídeo estaba concebido como un comentario sobre la existencia de las snuff movies y la obsesión de la gente con ellas. Pero la compañía de discos pensó que se metería en todo tipo de mierdas si realmente lo editaba. Trent pasó unas pocas copias a una tienda de vídeo, que calculo que ganaría posteriormente más de 20.000 o 30.000 dólares vendiendo copias pirata de copias. Así que, dado que Nine Inch Nails estaban en las listas sin videoclip, se convirtió en uno de los primeros productos con distribución viral. Montones de fans de Nine Inch Nails copiaron sus copias y las distribuyeron. Y, como todo el mundo estaba haciendo malas copias de malas copias, lo que en su momento yo consideraba pistas bastante obvias de que se trataba de una simulación (...) se fueron perdiendo en la mala calidad. Por desgracia mucha gente, especialmente chavales, empezó a creer que era una snuff movie de verdad".
A mí no me parece para tanto, pero, como no quiero acongojar a los espíritus sensibles, me limito a enlazárselo: lo tienen, en dos partes, aquí y aquí, con una resolución youtubera capaz de convertir en snuff la superproducción más lujosa. Y abajo, en su lugar, les cuelgo el Cold Cell de Coil, una maravilla casi mística. Christopherson, por cierto, es el señor de los bigotes.
23 Jul 2009
En los medios británicos se ha abierto un debate sobre un tema que siempre me ha fascinado: la música clásica y los aplausos. En el rock no existe ningún problema, claro, porque uno aplaude, vocea, silba, abuchea y hace el simio cuando le viene en gana, pero, en el mundo de los sonidos llamados cultos, la reacción del público se ha codificado hasta un extremo en el que prácticamente se desnaturaliza. Porque el aplauso es simplemente el medio que tienen los espectadores para comunicar al intérprete que les gusta lo que han escuchado, ¿no? Y, sin embargo, en la música clásica se mira con reprobación y desdén a todo aquel que, por ignorancia o despiste, aplaude entre dos movimientos de la misma obra, aun cuando a veces el final de uno de esos segmentos invita claramente a una reacción jubilosa. Y esto lleva al curioso fenómeno complementario: parece existir una especie de competición entre algunos aficionados, llamémosles así, para identificar sin error el final de una obra y aplaudir en el mismísimo momento en que se desvanece la última nota. Incluso a mí, que no frecuento muchos conciertos de música clásica, me ha sorprendido a veces la presteza con que la gente rompe a aplaudir cuando los músicos todavía están en tensión, inmersos en lo que acaban de tocar.
Como resume la BBC, la actual controversia comenzó cuando el responsable de la sección de música clásica de la revista Time Out dirigió una carta al 'hombre de aplausos ruidosos que se sienta detrás de mí en los conciertos', criticando esa prontitud antinatural cuyo único objetivo parece ser el de demostrar un conocimiento detallado de la pieza: "La última nota no es el final de la música, el silencio completa la música", dice Jonathan Lennie, además de citar obras como la novena de Mahler o el ciclo Winterreise de Schubert que exigen esos segundos de transición entre dos mundos. Lo que ocurre es que el debate también ha puesto sobre la mesa la otra obsesión que les comentaba, el veto al aplauso entre movimientos, y un desfile de expertos está puntualizando que ese silencio inquebrantable es una costumbre relativamente moderna: en tiempos de Brahms o Mozart lo normal era aplaudir en esos paréntesis y, de hecho, a algunos compositores no les hacía nada de gracia que el público se quedase pasmado. El eslogan de 'es sólo rock and roll' se puede aplicar a tantas cosas que se toman demasiado en serio...
Les dejo con Dietrich Fischer-Dieskau y la última canción del ciclo Winterreise, El hombre de la zanfona, una de mis piezas clásicas favoritas (y lo digo como si supiera, je, je...). Aplaudan si quieren, aunque me parece que, ciertamente, es una música que se prolonga más allá de lo que dura su sonido.
24 Mar 2009
Seguro que muchos de ustedes también han dedicado un buen rato a examinar las listas de canciones que han confeccionado cien artistas hispanoamericanos para El País Semanal. Si todavía no lo han hecho, las tienen en este entretenido PDF. El juego no consistía en que eligiesen sus temas favoritos, sino en rebuscar aquellos que “cambiaron sus vidas” y que, de algún modo, les abocaron a ser lo que ahora son. Así que no es raro que en el conjunto reine la música de pasados más o menos lejanos: al fin y al cabo, las canciones que nos definen de verdad son las que escuchamos cuando somos muy jóvenes, las que nos pillan como desorientados debutantes y nos empujan hacia un terreno u otro.
La lista está llena de curiosidades y pequeñas sorpresas. Amaia Montero sitúa en el primer puesto de su lista Redemption Song, de Bob Marley. Alejandro Sanz mete en la suya a Leño, AC/DC y, bufff, un concierto de Rachmaninov (¿no eran canciones, Alex querido?). Barricada y Vetusta Morla coinciden en seleccionar el Cum On Feel The Noize de Slade. Las vidas de Bebe y Pablo Carbonell quedaron marcadas, respectivamente, por Coco Guagua y Mi barba tiene tres pelos. Un montón de argentinos destacan Muchacha (Ojos de papel), de Spinetta/Almendra, que sonó una temporada en mi casa para mofa de quien conmigo vive por su letra... mmmm... tan poética. Ana Torroja mete dos de Mecano, supongo (no voy a ponerme a comprobarlo) que una de cada Cano... Claro que lo más divertido quizá sea ver a qué artista nos parecemos más, algo que exige confeccionar nuestra propia lista. Yo hice la mía de cinco canciones, porque en la edición en papel sólo se incluían las cinco primeras de cada artista, y el único con el que tuve dos coincidencias fue Sr. Chinarro: Inbetween Days, de los Cure, y Bigmouth Strikes Again, de los Smiths. Lo que me reafirma en mi propósito tantas veces demorado de prestar más atención a este tipo y me anima a dedicarle la foto del post. Huy, si a lo mejor hasta nos damos un aire...
04 Dic 2008
Las listas de fin de año siempre han servido para ponernos los dientes largos: ‘cuántos discos y qué poco dinero’, decíamos antes; ‘cuántos discos y qué poco tiempo’, decimos ahora. En cualquier caso, uno siempre acaba los doce meses de rigor con la sensación de que se ha perdido buena parte de lo interesante. En fin, ya saben que en este blog es costumbre publicar lo mejor del año según Uncut, revista británica sospechosa por su costumbre de reservar la portada a estrellas del Cretácico (¡dedican la de este mes a Jimmy Page!), pero muy útil para mantenerse al día sobre los estilos menos aventurados. Les copio los cinco primeros puestos, ¿vale?
1. Portishead - Third
2. Fleet Foxes - Fleet Foxes
3. TV On The Radio - Dear Science
4. Bon Iver - For Emma, Forever Ago
5. Vampire Weekend - Vampire Weekend
La verdad es que les ha quedado más moderna que en otras ocasiones, aunque en los 45 restantes también hay hueco para clásicos como Paul Weller, Randy Newman, Lucinda Williams, Brian Wilson o Robert Forster. De los cinco de cabeza, he oído cuatro, pero sólo he prestado verdadera atención al de Vampire Weekend (para mí, lo mejor del año, pero de eso ya hablaremos) y el de Portishead (que me deja bastante frío). Por completar la tradición, les copio también los cinco primeros puestos de la lista para viejos, la de las mejores reediciones de 2008:
1. Dennis Wilson - Pacific Ocean Blue
2. New Order - Technique
3. Robert Wyatt - Rock Bottom
4. Creedence Clearwater Revival - Cosmo’s Factory
5. David Bowie - Santa Monica 1972
Aquí tienen (sólo audio, qué le vamos a hacer) a David Bowie versionando a la Velvet en Santa Mónica en 1972.
10 Ene 2008
A algunas estrellas de cine se les nota que, en realidad, sueñan con ser estrellas del rock. No sé muy bien por qué: quizá en el fondo les gusta más la música que el cine, o les resulta más apetecible la libertad de tocar una guitarrita que la disciplina de los grandes rodajes (eso es un decir, claro, porque una gira de los Stones se atiene de forma inflexible a un guión y una pauta), o simplemente sucumben a la tentación tan humana de ser lo que no eres. Uno de los casos más evidentes de esa tendencia es Johnny Depp, que durante mucho tiempo ha acudido a los festivales de cine con una pinta más adecuada para subir al escenario de un gaztetxe y emitir voces guturales. El amigo Depp debe de tener una colección envidiable de guitarras y ha formado parte de varios grupos, pero nunca hasta ahora le hemos oído cantar en una película: en las partes musicales de Cry Baby le doblaban, así que Sweeney Todd será la primera ocasión de disfrutarlo en la pantalla como actor canoro.
Con esa excusa, Rolling Stone le hace una entrevista en la que se remonta a los orígenes de su relación con la música: el tío predicador que tocaba hillbilly, las escuchas repetidas de Dean Martin, los discos de Peter Frampton del hermano mayor, el momento en que aprendió a tocar con la guitarra el riff de Smoke On The Water, el grupo adolescente que versionaba a Cheap Trick y Devo... Es curioso, pero seguro que muchos de ustedes comparten el tercer y el cuarto estadio de esta evolución, ¿a que sí? En fin, el momento me ha parecido bueno para retroceder década y pico y recordar a P, la banda que Depp formó en los 90 junto a Gibby Haynes, perturbado vocalista de los perturbados Butthole Surfers (un grupo tejano al que, por cierto, hay que reivindicar de una vez por todas como adelantado a su tiempo). P, vaya nombrecito, grabaron un álbum bastante decente que incluía una canción titulada Michael Stipe y esta versión del Dancing Queen de Abba que les youtubeo, ilustrada con caretos de Depp, que a veces ejercía de guitarrista, a veces de bajista y siempre de principal reclamo para las mitómanas masas alternativas.
(sí, sí, es verdad, lo que ocurre es que he aprendido a insertar un vídeo de YouTube y quería probarlo, pero prometo no abusar).
14 Dic 2007
Las listas de fin de año suelen ser muy repetitivas, porque los críticos han tenido doce meses para convencerse unos a otros de lo que es bueno. Por eso me ha sorprendido tanto el 'álbum de 2007' de la prestigiosa tienda de discos Rough Trade: sencillamente, no recuerdo haber oído hablar jamás ni haber leído una sola palabra sobre Alela Diane y su The Pirate's Gospel, que Rough Trade describe como "rural antes que country pero no paleto" e inscribe en una tradición que partiría de la Carter Family y llegaría a Joanna Newson. Alela es californiana y ha hecho cosas de yanquis como vivir en cabañas de troncos o mochilear por Francia, capaces de disparar toda la suspicacia del europeo. Al principio se autoeditó el cedé, hasta el punto de confeccionar las portadas a mano (también diseña camisetas que vende en los conciertos), pero después la compañía Holocene Records, también ignota en mi casa, se ofreció a hacerse cargo del producto. Pueden escuchar unos cuantos temas en su MySpace: ya saben, es folk y puede fascinarles por su pureza cristalina o cargarles por su instrumentación monótona, y desde luego yo prefiero a la Carter Family, pero sería muy injusto hacer una valoración tras oír canción y media. Ah, y aquí tiene unas descargas extra.
Por cierto, me voy unos días de vacaciones, a mochilear por Europa... No, lo de la mochila es broma, pero sí desapareceré hasta el 26 o el 27, el momento ideal para publicar la lista evadida del año que se acaba. Feliz Navidad a todos.
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