25 May 2008
Los doctores en Eurovisión se han empeñado en ver la edición de 2008 como la del Gran Cisma entre quienes todavía se toman el concurso en serio (sobre todo, países del Este que aún no han accedido a la posmodernidad) y quienes aprovechan la ocasión para hacer su gracieta privada, a los que han bautizado con el elástico y difuso término de frikis. Pero cualquiera que siguiese por televisión el concurso se daría cuenta de que las fronteras distan mucho de estar claras: como ejemplo más obvio tenemos al participante francés, Sébastien Tellier, que acudió con una de las mejores canciones que han competido en Eurovisión en los últimos quince años y, sin embargo, se protegió con una estética absurda que le distanciaba del insalubre entorno. Abajo les pego el videoclip, que va en la misma línea. Les confesaré también que mi otra favorita del certamen era, a bastante distancia, la canción bosnia, unánimemente catalogada en el pelotón de los chorras.
Pero, en realidad, los frikis son los otros. Chikilicuatre y sus colegas son cómicos, y desarrollan su labor en ese campo tradicionalmente fecundo que combina música y humor, pero un tipo que hace un papel siempre será como mucho un falso friki, igual que los individuos que arrancaban cabezas de gallinas con los dientes en los circos de feria. Un freak auténtico (y ya saben que justo hoy se celebra su día) es un tipo que por su apariencia, sus convicciones o sus aficiones resulta pintoresco para la mayoría, investida de eso tan inconsistente que llaman normalidad. Y en esa categoría se puede encuadrar a muchos concursantes de anoche: los portugueses, con su pinta de secta apocalíptica que avisaba del final de los tiempos; el azerbaiyano con alas de ángel y voz de castrato; la americana indigesta que cumplió su sueño de ser Celine Dion como representante de Polonia; la sueca de rostro sintético y cuerpo esquelético cuyas piernas elogió Uribarri, demostrando que su gusto en mujeres anda a la par con su gusto musical... Pero bueno, para qué vamos a enumerar más, si tenemos a Uribarri el protoeurofan: ése sí que es un buen friki.
12 May 2008
El cerebro tiene túneles oscuros, húmedos y peligrosos, a través de los que se establecen conexiones inesperadas y, a menudo, indeseadas. A mí, por ejemplo, cada vez que escucho algún rapeado chusco-humorístico –desde El Chiki-Chiki hasta Vivo con tu madre, por citar dos casos recurrentes–, me da por acordarme de La abuela, aquel tema de los 80 que supuso el primer exitazo crossover del hip hop en español... ¿Se acuerdan? El portorriqueño criado en Nueva York pasaba unas vacaciones de pesadilla en casa de su abuela porque la vieja le hacía trabajar y no le ponía hamburgers ni hot dogs –“lo que como todos los días”– sino el menú nacional de la isla, arroz con habichuelas. Para colmo, le dejaba “coquipelao”, al más puro estilo de Paco Martínez Soria con sus nietos hippies de las películas, y le soltaba un sopapo por querer ligarse a la vecinita “bien buena”. Pero, de vuelta en casa, el díscolo chaval recapacitaba y llegaba a la conclusión de que su abuela también era “bien buena” por querer reconducirle hacia la senda correcta. ¡Qué distinto habría sido un desenlace gangsta rap, con la mujer acribillada a ráfagas de subfusil por alguna mara latina!
Lo curioso es que, hasta hoy, no me había enterado de que La abuela también era una parodia televisiva, así que realmente es un precedente lejano de los ejemplos que les mencionaba. Wilfred, aquel intérprete rellenito que yo suponía un rapero buenrollista, era en realidad un popular showman que hacía mofilla del hip hop en español y, supongo, de su lírica urbana y supuestamente rebelde. Honremos a aquel pionero chikilicuatre...
21 Abr 2008
Ya saben (y, si no, atraviesen esta puerta hacia la dimensión magoniana) que Robbie Williams se ha retirado del mundo para dedicarse a jornada completa a la ufología. El Guardian ha publicado este fin de semana un alucinante reportaje sobre su asistencia a un congreso sobre abducciones celebrado en Nevada. Al principio, la cosa suena preocupante: el Robbie rasurado de sonrisa lasciva se ha convertido en un freak barbudo, circunspecto y con visera, que colecciona DVDs sobre ovnis y los ve junto a su novia. Pero, poco a poco, su obsesión se va revelando como una simple vía de escape del aburrimiento, como si la cúspide del mundo fuese tan tediosa que no le quedase otro remedio que mirar hacia arriba para ver si aparece algún ser verde que le entretenga. De hecho, primero le dio por los espíritus: intentó pasar la noche en supuestas casas encantadas y trató con un par de videntes que le engañaron y le hicieron perder la fe. “Supongo que eso también podría pasar con los ovnis -admite- y entonces podría continuar con mi vida”. Y también dice: “Aunque se lo inventen todo, está mejor inventado que lo que escriben los tabloides. Es más interesante. Al menos, para mí”.
La verdad es que, cuando nos mofamos de las conductas demenciales de los ultrafamosos, a menudo olvidamos que su punto de partida son unas vidas muy raras, en las que nada parece de verdad. A mí me mandaron a entrevistar a Robbie Williams en un hotel de Bilbao cuando no era más que un ex Take That en busca de fortuna, la centésima parte de popular de lo que es ahora, y eso me permitió atisbar su enfermizo día a día: cuando llegué en taxi, decenas de fans apelotonadas frente a la puerta principal se abalanzaron sobre el vehículo pensando que el pasajero podía ser Robbie (mi apostura de esa época sin duda ayudó) y después me entregaron todo tipo de obsequios para el ídolo, desde peluches con corazones hasta la camiseta del Athletic que finalmente lució para la foto. La habitación del cantante estaba en la planta más alta, pero se seguían escuchando los chillidos histéricos procedentes de la calle. ¡Había desmayos! Y, en medio de todo eso, el tipo me pareció sorprendentemente cercano y... normal, si se tiene en cuenta que había vivido ya varios años en el ojo de ese remolino de pasiones desbordadas y engañosas. Ahora, según parece, ha cambiado una ficción por otra.
04 Mar 2008
Quizá lo de Chikilicuatre sea de mucha risa, no diré que no, pero a mí me da bastante rabia. Aunque hablemos de algo tan intrascendente y viciado como el festival de Eurovisión, me fastidia que los programas de humor conviertan cualquier convocatoria en excusa para un chiste y aborten, con su poder de movilización, toda posibilidad de seriedad o, lo que es más importante, de gracia espontánea. Que sí, que yo también me río y hago el robocop, pero me habría dejado mucho mejor cuerpo que La Casa Azul quedaran los primeros en la votación: habría sido un estímulo para confiar en la humanidad y no una prueba más de que la humanidad es fácilmente manipulable, tan dócil que sólo se pone traviesa cuando se lo mandan desde una pantalla.
Dicho esto, unos señores tan serios como los austriacos enviaron al cómico Alf Poier en 2003 y obtuvieron un merecido sexto puesto, así que no deberíamos desconfiar de las posibilidades de Chikilicuatre en caso de salir escogido (el representante irlandés, Dustin el Pavo, compite en la misma liga). Pero yo me quedo con La Casa Azul, desde luego: su último disco me parece un hito del pop español sin más calificativos, que lo mismo puede gustar a los indies que a un señor mayor aficionado a la ELO, y la única duda es cómo adaptarán al directo ese lujo de producción y cómo será capaz de hacerlo Guille Milkyway: “Está claro que no soy ningún portento cantando y que tiendo a olvidarme las letras y muchas veces hasta las melodías. Pero creo que, en esta ocasión, la gente que ha votado a La Casa Azul ha votado por algo muy distinto a eso”, escribe en su Myspace. Eso sí, como sé que muchos de ustedes quieren hacerse hijos adoptivos de Finlandia, les dejo con la canción que manda este año el país de las saunas y el metal: Missä Miehet Ratsastaa, del grupo Teräsbetoni.
Actualizado al final de la gala: pues nada, mandamos a Chikilicuatre. Y me alegro, porque por un momento he temido que iba a ganar Coral, y eso sí que me espantaba. Creo que a Uribarri no le ha hecho mucha gracia la decisión popular, porque negaba con el dedo, como reprendiendo a la audiencia por su poco criterio. Por cierto, ¿qué pasaría si Chikilicuatre, en vez de concursar en la gala de esta noche, se presentase a las elecciones de dentro de unas horas?
24 Feb 2008
En cuanto tuve noticia de la existencia de Songs To Make Dogs Happy, me puse a buscar por la red como un... sabueso. Se trata del primer disco para perros "aprobado por los perros", según se ufanan sus autores, que aseguran haber realizado pruebas con más de 200 animales de distintas nacionalidades para ratificar que les satisfacía la música. Yo me esperaba que el gusto canino tuviese algo más de distinción y categoría, incluso me imaginaba cortes inaudibles para el ser humano pero repletos de armónicos ultrasonidos que dibujarían sonrisas hociqueras, pero me he llevado una decepción al comprobar que los perros tienen más o menos las mismas preferencias musicales que las personas de 0 a 3 años, cuya melomanía siempre es cuestionable. Pinchen aquí y escuchen la versión española del gran hit del disco, Squeaky deaky, que reza así: "Squeaky deaky, me encanta mi juguete. / Squeaky deaky, brinco brinco brinco. / Squeaky deaky, lo abrazo y lo beso". Buffff, hasta en Hijos de Babel se escucha alguna cosa mejor. Pero, claro, esto no está pensado para ustedes a menos que ustedes sean golden retrievers aficionados a las cosas de Internet, así que habrá que remitirse a los verdaderos interesados: de las 23 valoraciones en Amazon, amablemente traducidas por los dueños, 18 son de cinco estrellas. "Mis tres border collies encontraron este cedé muy interesante", y cosas así.
Y yo que pensaba que a los perros les gustaría Caninus, el mítico grupo de metal encabezado por dos pitbulls... Les dejo con sus ladridos, para que hagan el experimento con su desprevenida mascota.
21 Oct 2007
Queridos Reyes Magos. Este año he sido bueno, aún mejor que el anterior, porque la vida cada vez le deja a uno menos tiempo para portarse mal. Vale, he asistido a algunos conciertos un poquito satánicos -anteanoche mismo, en Basauri, el batería de Adrift formó varias veces la cruz invertida con sus baquetas-, pero sabéis muy bien que todo es de broma, que el heavy no es violencia y que el black metal es un género de chicos bien educados y capaces de declinar en latín, así que no podéis negarme el regalo que os voy a pedir este año: se titula Libro de pasatiempos del heavy metal, lo ha publicado la editorial canadiense ECW y me proporcionará horas y horas de diversión a salvo de las tretas del Maligno. Trae dibujos para colorear (de Metallica, de Danzig...), sopas de letras con nombres de grupos de heavy pelucón, un juego de formar palabras con las letras de Yngwie Malmsteen (bufff, qué difícil, la más larga que se me ocurre es senilmente, aunque seguro que el anagramático compañero Galante lo puede mejorar), un une los puntos de la perilla de Dimebag Darrell, un sudoku luciferino donde todos los números son seises... Ya sé que a vosotros, a pesar de las barbas y las melenas, no os va mucho esto del metal, pero yo creo que se trata de un volumen tan edificante como las otras obras del autor, el Libro de colorear del gangsta rap y el Libro de unir puntos del indie rock, donde al acabar los pasatiempos aparecen espléndidas figuras como la de Frank Black. No me falléis, que os lo he pedido con tiempo suficiente para que me lo traigáis en camello por el estrecho de Bering. Espero noticias vuestras escuchando lo nuevo de Mütiilation.
31 May 2006
¿Qué sé yo de Ted Nugent? Esta costumbre de interrogarse a sí mismo antes de buscar en Internet, muy recomendable para no olvidar la vastedad de la propia ignorancia, me la contagió el compañero Arrieta, uno de los pocos hombres capaces de perorar en la misma sobremesa acerca de ufólogas famosas y baladas de Skid Row. Pero bueno, a lo que iba: ¿qué diablos sé yo de Ted Nugent? Bien poco. Que allá por los setenta solía vestir con taparrabos, como un hombre salvaje con escaso fondo de armario. Que cazaba con arco y flechas. Que tocaba la guitarra, en un estilo que siempre imaginé propenso a los solos muy largos. Y... punto. No se crean, no sé mucho más de Bob Dylan ni de casi nadie.
Pues bueno, mis conocimientos sobre Ted Nugent se multiplicaron ayer gracias a este magnífico reportaje de 'The Independent', que dibuja un retrato descacharrante de este pintoresco músico de Detroit. La historia comienza con una fiesta ofrecida por George W. Bush en su rancho de Crawford, Texas, a la que asistió Ted como buen vecino del mismo municipio. «¡Laura! ¡Mira quién está aquí! ¡Es Ted!», voceó el presidente mientras se lanzaba a abrazarlo, en una sorprendente efusión hacia un melenudo que en sus tiempos de fama dijo haber orinado encima de una monja.
En fin, Nugent posee 350 armas de fuego -incluidos UZI y AK-47- y no se corta a la hora de disparar por la ventanilla de su furgoneta. Cerca de su casa, ha dispuesto figuras a tamaño real de lobos, coyotes y osos con las que practica la puntería, ya que hace más de treinta años que sólo come animales sacrificados por él mismo. También se fabrica sus propias flechas, porque, pese a ser miembro destacado de la Asociación Nacional del Rifle, no ha abandonado el arco. Políticamente, anda por el arcén de la extrema derecha: «Me gustaría que se matase a todos los ladrones. Y a todos los violadores. Y a los que roban coches. Y nada de graffiti...», enumera, en un plan que podría acabar con toda la humanidad excepto Ted Nugent. Sobre los iraquíes, considera que el gran error de Estados Unidos ha sido no «nagasakizarlos». Y logra sintetizar en una elegante frase toda su ideología: «¿Cómo se consiguen la paz, el amor y la comprensión? Primero tienes que encontrar a toda la mala gente. Y, entonces, los matas».
26 May 2006
Ya saben que los freaks originales eran los fenómenos humanos que se exhibían en los sideshows o espectáculos paralelos de los circos, aunque a menudo acababan constituyendo la atracción principal. Los había de dos tipos: por un lado estaban los freaks auténticos, reales, un pintoresco ejército de enanos, gigantes, siameses, troncos humanos, mujeres barbudas y pobres criaturas microcefálicas -los populares pinheads- que se ganaban el pan exhibiendo sus anómalas anatomías. Pero también había freaks voluntarios: los más respetables quizá fuesen los tatuados, ya que su condición era indisimulable e irreversible, pero no faltaban los farsantes y los tipos que cultivaban el frikismo conductual, vamos, que simplemente se dedicaban a arranca a mordiscos cabezas de gallina y obrar con demente desafuero. También entre los fenómenos de feria había clases, porque no es lo mismo la siempre digna Julia Pastrana (en la imagen) que cualquier chisgarabís vociferante.
Con los sujetos que celebraron ayer el 'Día del Orgullo Friki' pasa un poco lo mismo. A mí me parece que un friki -respetemos la palabra, aunque a mí me recuerda al programa televisivo de López Iturriaga- sólo tiene sentido cuando lo es de manera involuntaria e inconsciente, cuando no tiene otro remedio que serlo y ni siquiera se da cuenta de que lo es. Últimamente abundan los frikis pagados de sí mismos y, lo que es peor, los frikis hechos a sí mismos según alguna de las múltiples recetas de eficacia probada. Por eso me parece que el orgullo friki es una contradicción en los términos: el friki de verdad no se felicita por un comportamiento que para él es lo más normal del mundo.
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