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09 Jul 2009

Ya me tienen por aquí. Las vacaciones se acabaron y vuelvo bien comido, bien bebido y bien casado, con un montón de ideas frescas para posts (o sea, dos o tres, y no se crean que de mucho fuste) y nada de tiempo para ponerlas por escrito. De hecho, debería haber colgado esta salutación el lunes, ampliada con detalles sobre audiciones y lecturas de mi largo veraneo, pero se me ha acumulado el trabajo y les ahorro de momento toda esa información insustancial. Porque, claro, temas más importantes me reclaman: ¿qué sería de este blog, en qué tipo de insignificante nadería se estaría convirtiendo, si no mencionase siquiera el fallecimiento de Michael Jackson? Porque se habrán enterado de que Michael Jackson ha muerto, ¿no?, y un servidor se siente obligado a sumarse a esos millones y millones de personas que hablan de él sin tener nada nuevo que decir. La última noticia era que lo iban a enterrar sin cerebro, pero los forenses de Los Ángeles han desmentido esa impactante revelación.

A mí me han llamado la atención dos cosillas. En primer lugar, esa sensación de sorpresa e incredulidad que nos asaltó a todos cuando nos enteramos de la noticia, y que en cierto modo da idea de la dimensión mítica de la figura de Jackson. Porque, vamos a ver: si este hombre (artista colosal, no se engañen) hubiese sido nuestro vecino del segundo y hubiésemos contemplado durante los últimos veinte años su deterioro, su extravío, esa triste evolución que convirtió a un joven admirable en un ser penoso, me parece que el fatal desenlace nos habría parecido la conclusión lógica del proceso. Y en segundo: se ha hablado mucho de Michael Jackson como monstruo hecho a sí mismo, como fenómeno de la antinaturaleza, pero al menos en su caso se puede invocar como excusa aquella infancia radicalmente anómala, con un éxito imposible de metabolizar y un padre poco recomendable. En cambio... ¿qué opinan ustedes de la facción más hard de sus fans, de toda esa gente desubicada, desconsolada y disfrazada que se ha dejado ver por las calles de Estados Unidos?

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29 May 2009

En las canciones de rock la gente se casa poco. En las canciones de rock la gente se lía y, sobre todo, se separa, está todo el día separándose, echándose de menos y lanzándose reproches, pero se casa poco, quizá porque lo ve como cosa propia de otra época y de otra visión del mundo. Pero hay bonitas excepciones, como esta de The Proclaimers, los gemelos escoceses de las gafas, el acento cerrado y los estribillos memorables. Ellos lo plantean con una candidez tan desarmante que casi parece irónica, pero aquí preferimos que sea genuina: "Conocemos a otra gente que se distanció, pero nosotros no somos otra gente, así que haremos las cosas a nuestra manera. Estaremos bien. Estaremos mejor que bien", reflexionan. "Sí, es sólo un trozo de papel, pero dice 'te quiero'". E insisten en sus jubilosas exhortaciones. ¡Vamos a casarnos! ¡Casémonos! ¡Casémonos!

Pues eso, que mañana me caso, deséenme suerte y sol. Les he dejado por aquí un menú de canciones de la semana que, si la tecnología funciona, irán apareciendo cada viernes. Y ahora, a ver cómo me quito esta canción de la cabeza, no vaya a salir en el momento clave: let's get maaaarriiiiiied...

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05 Mar 2008

Me van a perdonar que tenga la semana un poco autobiográfica, pero han coincidido la visita a Euskadi de Mike Oldfield (mi ídolo absoluto de los 12 a los 14 años) y los conciertos en España de los Cure (mis semidioses de los 15 a los 18 años y, seguramente, los artistas que más me han marcado). Soy consciente de que, a ustedes, mis derivas vitales y mis dramas adolescentes se la traerán más que floja, pero vienen bien para ilustrar cómo el grupo británico sirve de puente entre el pop de FM y la música más declaradamente anticomercial: en el espacio que queda entre Why Can’t I Be You y Carnage Visors caben muchas cosas. Así que les cuento mi batallita, que, para mayor comodidad de los indiferentes que leen en diagonal, ocupará hasta el final de este párrafo. Yo me enganché a los Cure con Inbetween Days, canción perfecta que me llevó a comprarme allá por 1986 el recopilatorio Standing On A Beach: como estaba ordenado cronológicamente, al principio prefería la cara B, con sus canciones más recientes, comerciales y asequibles, pero a las diez o doce escuchas (en aquellos tiempos remotos, jovencitos, los discos se escuchaban decenas de veces) me enganché a la cara A, donde se recogían sus inicios post-punk (Boys Don’t Cry, Killing An Arab, Jumping Someone Else’s Train) y su influyente periodo siniestro (A Forest, Primary, Charlotte Sometimes...). Me volví un adicto, hasta el punto de que algunos compañeros de instituto todavía recuerdan las intolerables chapas que les metía a diario, y mi obsesión alcanzó su pico con Disintegration (1989), obra magna donde las distintas facetas del grupo encajaron sin fisuras. Después, pese a destellos esporádicos, me temo que todo ha sido decadencia y fallidos intentos de recuperar la buena forma.

Quizá por esa facilidad con que transportan al oyente de lo luminoso a lo oscuro y de lo consumible por cualquiera a lo insoportable para la mayoría, la masa de seguidores de los Cure ha sido una auténtica cantera de críticos musicales: eso se nota cada vez que sacan disco nuevo, cuando se adivinan entre líneas las ganas que tienen todos los expertos de que Robert Smith vuelva a firmar una obra maestra. Este año toca ilusionarse, porque editarán un álbum presuntamente doble, pero yo prefiero adoptar la muy curesca postura de esperar una decepción. Lo que jamás defrauda es su directo, como podrán comprobar estos días miles de afortunados en Madrid, Barcelona y –¡gratis hasta completar aforo!– Valencia. Les dejo con Shake Dog Shake, que va bien con mi envidioso estado de ánimo.

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03 Mar 2008

El hilarante Metal Inquisition publicaba el otro día un post en el que uno de sus colaboradores se hacía visitar por su yo adolescente de 1991. El chaval, fanático de bandas como Anthrax y Nuclear Assault, se indignaba al comprobar que su yo del futuro no llevaba el pelo largo ni parches en la ropa, tenía “almacenadas” sus viejas casetes e incluso acudía a conciertos de jazz. Pues bien, si mi yo de mediados de los 80 me visitase esta semana, fliparía al comprobar mi total indiferencia por la restringidísima actuación que Mike Oldfield va a dar el viernes en el Guggenheim de Bilbao. El Benito de 1983 inició su colección de discos con Crises, un elepé que le sirvió para aprender un par de cosas: Mike Oldfield no era, como él pensaba, la voz que cantaba Moonlight Shadow, sino un señor que se dedicaba a tocar muchos instrumentos (yo sospecho que algunos sólo los metía para lucirse en las larguísimas enumeraciones de sus carpetas) y que combinaba las canciones pop con largos temas de corte más ambicioso. El Benito de 1984 poseía quizá ya una docena de discos, de los que seis o siete estaban firmados por Oldfield, y recibió con entusiasmo las dos novedades que el multiinstrumentista editó aquel año: Discovery y la banda sonora de The Killing Fields.

Y se acabó el idilio. Seguro que influyeron nuevos gustos como los Cure o los Smiths, pero también tengo la impresión de que la carrera de Oldfield entró en una decadencia imparable a partir de ese momento. Veo que la All Music Guide puntúa con tres estrellas su siguiente álbum, Islands (¡las mismas que da a Ommadawn y Hergest Ridge!), pero yo lo recuerdo como una decepcionante sinsorgada. Y, a partir de ahí, ya saben: más y más versiones del tubo tubular, cuelgues ibicencos y declaraciones que muestran a Oldfield como un personaje antipático y petulante. Sigo escuchando a menudo los viejos discos de este hombre, pero seguramente nunca llegaré a oír el nuevo Music Of The Spheres, porque ya el título me da pavorcito. Eso sí, confieso que me encantaría saber qué habría pensado de él aquel Benito sin malear de 1984.

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23 Ene 2008

En esto de la música, a unos les da por apretar y otros preferimos abarcar, aunque tengo la impresión de que la segunda actitud acaba generando más frustraciones que la primera, porque, al pretender conocer algo de todos los géneros, uno nunca deja de ser un ignorante sobre ninguno. Internet nos ha permitido comprobar lo que antes sólo sospechábamos: que el grado de especialización de algunos bordea lo patológico. La revista Rolling Stone se mofaba el otro día en su edición digital del supuesto esnobismo de Pitchfork, reproduciendo un comentario suyo y retando a los lectores a conocer tres grupos de los diez o doce que mencionaba el texto (yo me quedé en dos, así que no obtuve el preciado pedigrí indie). Pero los pobres de Rolling Stone, aparte de confundirse al identificar un sistema de referencias distinto como pedantería, no tienen ni idea: para especialización de verdad hay que acudir al campo del metal, donde todo subgénero tiene algún fanático consagrado a él. Les copio los últimos grupos de los que ha colgado discos el blog Black Metal Warez: Thorns, Merrimack, Abyssic Hate, Behexen (en la foto) y The Legion. Vale, los siguientes son Anaal Nathrakh y de ésos hasta tengo un disco, lo que probablemente ya sirva para clasificarme como un poco taradillo, pero después seguimos con Drowning The Light, Horna, Jumalhämärä, Kristallnacht y un montón más, la mayoría con portadas depresivas en blanco y negro y logotipos ilegibles.

Y no se crean, que en el pop también hay de éstos. Llevo más de veinte años leyendo revistas musicales, bien es verdad que cada vez con menos tiempo y dedicación, pero me encuentro blogs documentadísimos dedicados a estilos concretos en los que ningún grupo me suena ni de nombre. Y en esta época de cultura fingida, de gente que googlea un nombre, se aprende tres datos y finge conocerlos de toda la vida, les juro que admiro a estos tipos que saben todo lo que se puede saber sobre algo.

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17 Ene 2008

Mi primo, que es una autoridad tan buena como cualquier otra para empezar un post, suele afearme lo arbitrario y, en definitiva, injusto que soy cuando valoro a los grupos de rock que remiten indiscutiblemente a mis favoritos. Y tiene más razón que un santo, por mucho que cada vez le vea más alejado de esa santidad que prometía en su foto de Primera Comunión. Un día desprecio a Interpol porque no ofrecen nada que no estuviese en Joy Division y compañía, y al siguiente estoy escuchando sin descanso a She Wants Revenge porque reconozco en ellos, de manera aún más caricaturesca, la herencia de Joy Division y compañía.

Por mucho que intentemos sustentarlo con argumentos, el gusto tiene un componente arbitrario y, en definitiva, injusto que nos lleva a menudo a la contradicción. Y todo esto viene al caso porque llevo unos cuantos días enganchado a A Place To Bury Strangers, banda a la que han saludado por ahí como “la más ruidosa de Nueva York” pero que se podría definir mejor como “la más parecida a Jesus & Mary Chain”, aunque sólo los citen en tercer lugar dentro de su listado de referencias. Loop aparecen los cuartos y My Bloody Valentine, los novenos, pero esos vienen a ser los ingredientes fundamentales de su sonido, evidentemente distorsionado y descrito por ellos mismos como “un Tyrannosaurus Rex agonizante”. Tengo debilidad por los grupos con esas referencias, desde Triángulo de Amor Bizarro a los Psychic Ills, pero reconozco que A Place To Bury Strangers (por cierto, los primeros en la lista alfabética de mi iPod) son los más miméticos del lote. Aportar, aportar, no aportan mucho. Y sin embargo...

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Planeando

Escrito por: Carlos Benito

30 Nov 2007

Está claro que, en este mundo de los blogs, uno está condenado a acabar haciendo lo que más detesta como lector. Siempre he odiado, por ejemplo, que un blog me haga perder el tiempo con cuestiones más o menos internas, como sus cumpleaños o sus estadísticas, y ya he incurrido en esos dos vicios (aquí y aquí). Me aburre soberanamente la tendencia a convertir los posts en un muestrario de YouTube, pero también suelo cometer ese pecado, y no les encastro los vídeos en la página por la sencilla razón de que no sé. Y lo que me saca definitivamente de mis casillas es que alguien dedique una entrada a decir que ha escrito algo en alguna otra parte. Esto no lo había hecho todavía, pero ha llegado la hora: a partir de hoy, tienen en la sección GPS de El Correo Digital una columnilla titulada El Planeador, donde trataré de comentar algún acto recomendable de la agenda del día o del fin de semana. Hoy, Al & The Black Cats, los señores rockabillies de la foto.

Claro que, en realidad, lo que menos soporto en un blog es que pida perdón mil veces por no actualizar con frecuencia. Y me temo que tengo que pedirles perdón porque, últimamente, no actualizamos con frecuencia.

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12 Oct 2007

Algunos de ustedes ya habrán visto que hoy se ha publicado el último número de Viernes de Evasión, el cuadernillo que este periódico dedica desde hace doce años a las culturas juveniles, y siento la obligación de hacerle desde aquí un pequeño elogio fúnebre. Es un decir, porque el suplemento no muere sino que se transforma en parte de algo más esplendoroso, el GPS cuya publicidad quizá hayan visto en la parte alta de estas páginas, pero eso no me libra de cierta sensación de melancolía por el paso del tiempo y la transitoriedad de las cosas: al fin y al cabo, dediqué cinco años de mi vida profesional al Evasión, desde el 95 hasta el
2000, e incluso en algún periodo posterior he renovado el vínculo con esas páginas tan peculiares que inspiran el nombre de este blog. Ni sé cuántas veces me he enredado en discusiones con compañeros -y, sobre todo, con compañeras- que reprochaban la escasa presencia de la música comercial en el cuadernillo, cuando en realidad los artistas superventas nunca han faltado, y ahí tienen a Rihanna en el número de despedida para confirmarlo. Pero creo que les engañaba el aire un poco fanzinero del producto y el hecho de que, a diferencia de lo habitual en otros medios, sus contenidos no se limitaban sólo a la música -y al cine, y al cómic, y a la cultura- descaradamente comercial, sino que a menudo descendían a sótanos y mazmorras donde las ideas se mantienen bien frescas. Como no quiero reavivar eternas polémicas, no hablaré del bien que un tipo como Óscar Cubillo ha hecho al rock vasco, dándole presencia en un medio generalista sin caer en la adulación patriotera y bienqueda que era la norma antes de su irrupción en el panorama (ay, lo he dicho, pero no entren al trapo, por favor), pero sí debo recordar el lujo que en mis tiempos me supuso tener en el equipo a gente como él, Josu Olarte, Borja Crespo, Oskar Belategui (uno escribe un artículo sobre John Woo y cambia de vida), Rober Garay, Jesús Llorente, César Alonso, Antón Goiri, Josu García y todos los demás. Hay alguno que ya no colabora con esta casa, pero a la mayoría les encontrarán repartidos por las páginas del diario y del recién nacido GPS, que ahora mismo nos tiene muy liados: hay que ponerlo guapo para el viernes que viene.

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29 Sep 2007

Bueno, pues nosotros también hemos cumplido dos años y nos gustaría que nos felicitasen al menos cuatro personas, igual que a los compañeros de Divergencias. En realidad, lloraríamos de gozo malsano si nos llegasen a felicitar cinco o seis, e incluso nos estamos planteando dejar algún comentario nosotros mismos, escondidos bajo grotescos sobrenombres, para hacer bulto y quedar como tipos populares. Habrán notado que últimamente no estamos muy productivos (sí, sí, les hablo por ejemplo a ustedes diez, los suscriptores de Evadidos en Bloglines) y les pido mil perdones por el bajón de ritmo, pero bien pueden aprovechar este periodo de vagancia, esterilidad o barbecho para poner fin a algunas injusticias históricas: todavía tenemos algunos posts de 2005 con el contador de comentarios a cero. ¿Acaso nadie tenía nada que decir sobre las Plaster Casters -en la foto- y sus moldes de escayola de miembros viriles? ¿A nadie le interesó el rock del monstruo austral Los Natas? En serio, ¿ninguna opinión sobre la nacionalización estadounidense de Chewbacca? Hágannos, si es que ese imperativo se escribe así, el regalo de sus palabras.

Y sí, gracias por estar ahí, majetes.

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