22 Feb 2008
Ayer estuve husmeando por Internet para escribir un Planeador sobre Art Brut, de quienes sólo he escuchado los singles y alguna cosita suelta, y me hicieron tanta gracia estos tipos que he decidido copiarme a mí mismo para optimizar los resultados del esfuerzo laboral. La banda británica, que actúa mañana en Bilbao dentro del festival Noise On Tour Pops, despegó como un cohete cuando apenas había compuesto tres o cuatro canciones. Los propulsó la siempre exagerada prensa musical de su país, y eso les convierte en sospechosos por defecto, pero a mí me parecen un grupo muy interesante, con esa mezcla de vocación artística y maneras burdas que han convertido en su inconfundible estilo. Por lo que he ido oyendo de su producción, entroncan con la muy respetable tradición británica de grupos un poco vanguardistas, un poco humoristas y un poco gamberros, como The Fall o Half Man Half Biscuit.
“No soy un intelectual, soy un idiota”, puntualiza su líder, Eddie Argos, cuando le plantean preguntas de cierto vuelo filosófico, aunque todo el mundo parece esforzarse en encontrar sentidos profundos bajo sus letras sobre formar un grupo, mudarse a Los Ángeles (y “salir con Axl Rose”) o lanzarse contra un cuadro de Matisse. Mientras le dedican seminarios en universidades de Alemania, él se deleita en el absurdo: “El primer álbum me reflejaba a mí a los 17 años, y supongo que este segundo me refleja a los 19”, dice el tipo, que debe de andar por los 27. Y que es capaz de resumir de manera diáfana la esencia de su banda: “Tenemos sentido del humor, pero no somos un chiste”.
18 Feb 2008
El viernes me reafirmé en que los macrofestivales cada vez me importan menos, porque en ellos es imposible reproducir la excitación y el subidón que me proporcionaron los dos conciertos de la noche. Triángulo de Amor Bizarro cumplieron mis expectativas con un concierto intenso, sin bises (salió la bajista neorrubia, con un vaso de cubata y unas pinzas de echar hielo, para aclarar que no tienen más canciones) y bien saturado de ruido, sí, pero también sobrado de estribillos infalibles por su conjunción de melodía certera y letra memorable. Y, como tantos otros, aproveché lo tempranero de esa actuación para saltar al Antzoki y ver a Manta Ray, unos tipos que no están entre mis favoritos y que me han aburrido bastante en otras ocasiones, pero que el viernes se marcaron un concierto sobresaliente, apasionante de verdad, con un sonido potente y nítido que se escucha pocas veces. Así da gusto salir de casa y arruinarse en cervezas.
Me dio por pensar que Triángulo y Manta Ray están seguramente englobados en el mismo género teórico, por esa comodidad mental de pensar que todo el mundillo alternativo español es un destilado homogéneo de Rock De Lux, pero sus presentaciones en directo no pudieron ser más dispares. Si entendemos la historia de la música como una tensión constante entre dos polos (entre el estribillo y el desarrollo, entre la concisión y la exploración... a un lado estarían el rock and roll original y el punk y al otro, el rollo progresivo o el techno inteligente), cada uno de estos grupos se colocó decididamente a un extremo de ese espectro. Triángulo se remitieron varias veces a la pulsión del rockabilly más básico, de una manera que en disco no me parece tan evidente, mientras que Manta Ray supieron reproducir lo mejor del rock setentero más ambicioso, como el falso tribalismo de Can, sin desdeñar los guitarreos protoheavies tan propios de aquella época. Y qué bien me lo pasé con los dos.
15 Feb 2008
Yo no sé si ocurre igual en todas partes, pero en Euskadi la gente se toma los festivales como un reto a sus facultades de adivinación: todo son cábalas, rumores, filtraciones, intentos de saber antes de tiempo quién va a tocar. Unas veces estos pronósticos se basan en un auténtico conocimiento del mercado internacional y otras, en fin, son puro wishful thinking, decir lo que se quiere a ver si así se cumple. Pues bien, revisen sus papeletas de apuestas, porque hoy se ha presentado en Madrid el grueso del Bilbao Live, y discúlpenme por dar un saltito entre la primera y la última palabra del nombre para evitar la publicidad gratuita.
Lo importante, The Police y R.E.M., ya se sabía y creo que está poco sujeto a objeciones, más allá de esa crítica cuestionable en sí misma de que no es un alarde de modernidad. Luego tenemos por ahí algún retornado (los Charlatans), estrellas en horas bajas (Lenny Kravitz, The Prodigy), sospechosos habituales en los listados de este tipo (Morcheeba, The Gift, Quique González), un par de nombres interesantes (Chris Cornell, los Wombats) y el relleno local. ¿Qué, pasamos de adivinadores a críticos? Si hago un juicio personal en blanco y negro, diré que a mí me apetece mucho ver a R.E.M. y a los Wombats, bastante a Police y muy poco a los demás, pero siempre que se tratan estos temas recalco lo mismo: es muy difícil organizar un festival que cumpla los requisitos exigidos de atraer a mucha gente (que esto cuesta dinero, señores) y mantener un cierto nivel de dignidad artística. ¿A ustedes qué les parece? ¿A quiénes tenían en su lista de deseados? ¿Quién se piden para lo que falta del cartel?
15 Feb 2008
Oigan, cómo pasa el tiempo. Acabo de llevarme un buen susto al darme cuenta de que van a cumplirse dos años de la primera aparición de Triángulo de Amor Bizarro en este blog. ¡Dos años! Y no se lo recalco sólo para presumir de lo pronto que los descubrimos por aquí, sino sinceramente impresionado por lo rápido que se nos va la vida. Y, si quieren, también un poco avergonzado porque, en estos dos años de bizarro enamoramiento de sus canciones, no he sido capaz de pillarlos en directo. Pero de hoy no pasa: esta noche, los coruñeses "resetearán cerebros" en el Rock Star de Bilbao gracias a temazos como éste...
12 Feb 2008
Feliz como una lombriz con tachuelas me ha dejado la noticia de que Kiss y Judas Priest se pasarán por Bilbao en junio. Los que visitan este rinconcillo desde hace tiempo, que alguno quedará tras la revolución bloguera que nos ha dejado tan despistados, ya saben que soy una especie de metalero indocumentado, que prefiero ese estilo sobre la mayoría de los demás aunque no tenga ni idea de su historia: me gustan su energía, su gente y ese fondo de autenticidad que creo apreciar en el género. Pese a que tengo varios discos de Police y ninguno de Kiss, admito que me hace más ilusión ver a los segundos. Hombre, ya puestos, podían traer un poco de black metal, aunque sea para tocar de día y bajo un sol que derrita el maquillaje de muerto.
De Kiss no sé prácticamente nada: apenas que se pintan la cara de una manera que puede parecer grandiosa o grotesca -aunque recuerdo que quedaban aún más ridículos cuando dejaron de pintársela- y que Gene Simmons tiene una lengua muy larga y de saludable color rojizo. También sé que grabaron un disco con una orquesta sinfónica y quedó bastante bien. Y que la madre de Padre de familia se acostó en su juventud con Simmons (esto lo sé porque lo vi este fin de semana, si no ya se me habría olvidado). Así que les invito a repasar el documentado post que publicó hace un tiempecito el silente compañero Arrieta. Y Judas es un grupo que me despierta más pasmo cada vez que lo escucho, porque eran/son muy buenos y supieron adelantar algunos rasgos del metal contemporáneo, tanto estética como musicalmente: este mismo sábado, en esa reserva hardrockera que es el bar Mojito de Logroño, alucinábamos con un Painkiller en directo muy similar al que tienen debajo, un derroche insólito en una banda fundada en los 60. Qué ganas. Ellos y nosotros.
Actualizado: será el 20 y el 21 de junio y el festi se llamará Kobetasonik. Cien euros el bono de dos días en oferta limitada hasta el 10 de marzo. Entradas en los cajeros BBK (Vizcaya) y Tick Tack Ticket, Fnac y Carrefour (resto de España). Y se supone que, en algún momento, tendrán más información aquí. De nada, majetes.
11 Ene 2008
La web del Kafe Antzokia me dio ayer la mayor y mejor sorpresa de los últimos meses: el 11 de abril tendremos en Bilbao a The Only Ones, a menos que en estos tres meses se produzca el desenlace fatal que muchos llevan esperando desde hace casi treinta años. Para que me entiendan, el líder del cuarteto británico, Peter Perrett, es un poco Antonio Vega: un tipo propenso a la reclusión narcótica cuya apariencia frágil encubre una resistencia privilegiada, llamada a desmentir los rumores constantes sobre su inminente fallecimiento. Y también comparte con el español la desgracia de que sus excesos químicos desvíen a menudo la atención de lo principal, esas portentosas canciones que llenaron tres álbumes entre el 78 y el 80. Los Only Ones están entre los perdedores de la época punk, pese a la petulancia de los nombres que Perrett puso a sus dos grupos de entonces (La Gloria de Inglaterra y Los Únicos, nada menos), pero sus canciones han envejecido mejor que las de muchos contemporáneos, beneficiadas en grado sumo por los solos de guitarra de John Perry, a la vez cristalinos y enérgicos. Como ya contamos en su momento, un anuncio de telefonía móvil utilizó hace año y pico su Another Girl, Another Planet y les ha llevado a esta inesperada resurrección y a esta visita a Bilbao que tiene alterado mi ritmo cardiaco.
Arriba tienen una foto reciente, para que los vean, y abajo un vídeo, más que nada para que los oigan tal como suenan ahora. Parecen seguir igual, a juzgar por las recientes declaraciones de John Perry a Music Mart: “Una vez me preguntaron si las drogas habían cambiado nuestro sonido. Y dije que sí, porque yo vacié un buen trozo de la parte trasera de mi Stratocaster para pasar la droga por las aduanas”.
Actualizado el 28 de febrero: se cayó de la agenda, pero al menos no ha sido por el "desenlace fatal". Queda alguna esperanza para después del verano, crucen los dedos.
16 Nov 2007
Vengo de escuchar lo mejor y lo peor del pop británico. Por fortuna, lo peor eran los teloneros y tocaban sólo media hora: The Boxer Rebellion tienen la imagen, con esas caritas guapas, esa ropa negra y esos modales afectados, tienen incluso el sonido, pero lamentablemente les faltan las canciones, y todos sabemos que eso es lo peor que le puede suceder a un grupo de pop: si haces sludgecore, a lo mejor las canciones pueden ser un detalle secundario, subordinado a un estruendo controlado y poderoso, pero si haces pop, por muy alternativo que sea, sin ellas no puedes llegar a ningún sitio que no sea un aburrimiento infinito. Bueno, a lo mejor también acabas llegando al éxito masivo, pero no deberías. Por fortuna, lo mejor eran los cabezas de cartel y tocaban hora y media: he leído mil veces que los Editors son un calco de Joy Division, pero qué quieren que les diga, no lo son. De hecho, la gente suele decir eso por el vocalista, y es cierto que su voz se da un aire a la de Ian Curtis, pero en realidad lo más parecido a Joy Division es la batería. En cualquier caso, lo que ocurre es que estos tipos sí tienen canciones, con lo que esa semejanza a algo que no sabes qué es (que si Echo & The Bunnymen, que si Psychedelic Furs, que si Nick Cave) se olvida en cuanto llega el primer estribillo irrebatible: se les dan muy bien esas súbitas iluminaciones melódicas por las que el pop británico gusta a (casi) todo el mundo. Qué buenos, oigan.
14 Nov 2007
Soy una de esas personas saludables que pasean los domingos por la mañana, cuando muchos de ustedes se dedican simplemente a exudar toxinas. Suelo caminar con placidez de prejubilado por el centro de Bilbao o por el parque Etxebarria, pero esa rutina apacible se ve arruinada últimamente por la insidiosa megafonía, aunque sé que esto ha sonado un poco al ilustre compañero Olmo. Por un lado está la pesca infantil en la ría, que no sé por qué diablos ha de tener música de fondo; por otro, las ocasionales competiciones deportivas, que -además de eso- no sé por qué diablos han de discurrir por el cogollo de la villa y no por algún polígono discreto y apartado. Lo que más me preocupa es lo de la pesca: ¿tiene sentido que, a la vez que demuestran que el agua se va limpiando, contaminen acústicamente buena parte del casco urbano, hasta el parque y más allá?
Y, para colmo, está lo que ponen. Sólo artistas vascos, vale. Sólo artistas vascos que canten en euskera, mmmm... Sólo artistas vascos que canten en euskera y con un pie o los dos en el folk... Pues miren, no, ya basta: ¡qué pesadez que se identifique la animación callejera con esas canciones oídas mil veces! ¡Aburre hasta a los peces! Y perdonen que les diga, porque supongo que el criterio del DJ será ideológico: ¡qué sensación de cultura muerta! Da la impresión de que quieren ocultar a los niños que existe la diversidad, incluso aquí, y que se puede ser la persona más vasca del mundo sin necesidad de escuchar todas las fiestas de guardar Euskal Herrian euskaraz. En fin, me imagino que jamás van a pinchar flamenquito -por mucho que Ojos de Brujo toquen en el Ikasle Eguna-, pero podían colar un paréntesis internacionalista de Vivaldi o Bach entre Oskorri y Sorotan Bele, o al menos descubrir que Euskadi sigue produciendo artistas aptos para las mañanas como, y digo los primeros que se me ocurren, Tulsa, Rubia, Chico y Chica, Iñigo Coppel o El Mentón de Fogarty.
27 Ago 2007
Pues bueno, la Semana Grande y Húmeda ya ha terminado. Si miran el calendario de la derecha, observarán que a lo largo de las fiestas ha bajado nuestra productividad -bueno, la mía, porque el compañero Galante ha acudido despejado y sin lamparones de kalimotxo a sus citas de los domingos- y quizá lo atribuyan a una vorágine festiva que nos ha devorado como Gargantúa con hambre atrasada. En mi caso, se equivocan: he salido poco y mal, sin convencimiento, aunque he tenido ocasión de asistir a unos cuantos conciertos con desigual fortuna. ¿Se los comento? Para cuando contesten que no, será ya demasiado tarde.
The Pogues: me imaginaba a Shane MacGowan deteriorado por el alcohol, pero sinceramente no me esperaba que, además, estuviese tan borracho. Vamos, que contaba con el efecto de la bebida trasegada durante décadas, pero no creía que a esa ebriedad estructural se fuesen a sumar los combinados ingeridos antes del concierto e incluso en su transcurso. De todas formas, el hombre tiene tal costumbre de actuar beodo que cantaba mejor de lo que hablaba, e incluso fue mejorando hasta brindarnos (nunca mejor dicho) un final impecable y conmovedor. Para mí, claro, que soy fan y me sé las canciones, porque los que iban de nuevas seguramente no le pillaron la gracia ni la belleza a la cosa.
Rhino y Grey Daturas: yo quería aprovechar mi día de libranza para ver el rock local, porque normalmente se solapa por completo con mi jornada de trabajo, pero llovía y en El Arenal no había ni concierto, ni público, ni siquiera mesa de sonido. Así que acabé en un bar de Ripa sometido a la embestida brutal de los bilbaínos Rhino, trío impresionante al que tienen en esta foto y en este MySpace que deben visitar. No sé si el ambiente peludo y barbudo tenía mucho que ver con el rollo festivo, pero... ¡qué bien me lo pasé! Después, los australianos Grey Daturas nos sometieron a una sesión mareante y estupefaciente de ruido y electricidad. Genial.
Barón Rojo: ya sé que muchos de ustedes empezaron en el rollo del rock con Barón, pero por aquella época yo debía de andar escuchando a Mike Oldfield o alguna blandenguería similar, de modo que no comparto la nostalgia generalizada por sus clásicos antañones. Aun así, fui a Botica Vieja convencido de que iba a pasar un buen rato, además de cubrir un penoso vacío en mi culturilla de andar por casa, y me metí de cabeza en un infierno de lluvia, baterías averiadas, actitudes sonrojantes (esa coba de espectáculo de varietés, con frases como "en Bilbao la gente sí que sabe divertirse") y letras muy pasadas de fecha (la de los banqueros vampiros, la de "soy el hombre de Neandertal", la de...). Me pareció tan horrible que casi me siento culpable, como si tuviese que pedir perdón a sus seguidores.
Tulsa: no quería que se me acabasen las fiestas sin pasarme por el escenario de Fever en el Museo Marítimo, así que aproveché el concierto de Tulsa para darme un garbeo por allí. Me sentí gallina en corral ajeno, pulpo en garaje y cualquier otra comparación faunística que se les ocurra, pero la actuación me gustó un montón y el kalimotxo llevaba Coca-Cola de verdad, se lo juro. El amigo que iba conmigo acabó seriamente preocupado por Miren Iza (la verdad es que las letras se las traen, siempre al borde del abismo, con un tono confesional poco oído en la música española), además de preguntarse si a toda esa gente tan pija del público le gustaba realmente una lírica de tal exigencia. Ustedes échenle la bronca por la generalización injusta, que yo se la transmito.
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