04 Ene 2007

Ya sé que a la mayoría de ustedes les traerá sin cuidado, pero resulta que mi bar favorito cambia de manos este fin de semana y afronto la noticia con la natural preocupación. Les hablo del 'Bossanova' de Logroño, uno de esos escasos y valiosos locales que siempre han sabido conciliar la exigencia musical con la apertura de miras: el día de Nochebuena escuchamos de una tacada a The Jesus & Mary Chain, Radio Futura, Sigue Sigue Sputnik, Anathema, New Order y... Coz. Además, la gente que lo lleva -bueno, al menos la que yo conozco, como Roberto, este señor de la foto- son personas encantadoras, con esa afabilidad tan característica de buena parte del mundillo siniestroide. Por mi carácter, no suelo intimar con el colectivo hostelero, ni siquiera en bares que frecuento a diario, pero mi amigo Javi y yo compartimos hace años con Roberto y Judith una enloquecida sobremesa a base de copas de anís por la Parte Vieja donostiarra, al día siguiente de un concierto de Depeche Mode, y consiguieron que abandonáramos nuestro tradicional mutismo y nuestro gesto severo. Bueno, vale, a lo mejor el anís también contribuyó, porque de sólo recordar aquel día se me pone la lengua pastosa, pero la cuestión es que son muy majos.

Son quince años yendo al 'Bossanova' -a partir de cierto momento de la vida, la expresión «hace quince años» se vuelve dolorosamente habitual- y cruzo los dedos para que no cambie demasiado, porque está claro que algo cambiará. Y lo peor de todo es que somos conscientes de que nuestra época ha pasado, de que ya será muy difícil que nadie abra un bar donde se pueda escuchar la música que más nos gusta. Por eso, espero que disculpen este post biográfico y me lo acepten como documento sobre la memoria histórica.


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27 Nov 2006

Normalmente, uno sale de noche y se siente un viejales, como el protagonista de un documental sobre los últimos dinosaurios. Seguro que a alguno de ustedes le ha ocurrido entrar en un bar con un amiguete y sentir cómo los observan: no por guapos, claro, sino porque toda la concurrencia del local está convencida de que ese par de ancianos ha de pertenecer a la Policía secreta. Pero bueno, no iba a eso: la cuestión es que el pasado fin de semana me sentí aún más viejo, y bastante cascarrabias, cuando un DJ se las arregló para pinchar casi seguidas dos de mis canciones favoritas de los 80: 'It's My Life', de Talk Talk, y 'Smalltown Boy', de Bronski Beat. Pero, claro, no en sus versiones originales, sino en las de No Doubt y, según creo, Paradise Lost (sí, qué pasa, frecuento locales abiertos de miras), ambas reverentísimas, fidelísimas y absolutamente innecesarias.

La idea de interpretar éxitos de los ochenta, aderezándolos con los clichés de algún estilo más moderno y supuestamente más alternativo, pudo tener cierta gracia las treinta mil primeras veces. Pero, de verdad, yo ya estoy hastiado y no quiero escuchar más guitarrazos de hoy en día detrás de un estribillo de hace veinte años. Además, me irrita esa doble moral -je, je, parezco un tertuliano baratón- de despreciar la frivolidad blandengue de aquella era mientras se expolian sus melodías: 'Running Up That Hill', 'Sweet Dreams', 'Tainted Love' (ya, ya sé que lo de Soft Cell era a su vez una versión, pero ustedes me entienden), 'Shout', 'True', 'Take My Breath Away', las obras completas de Depeche Mode, 'Blue Monday', hasta el 'Louise' de estos señores de la foto acaba de apropiárselo Robbie Williams... Al próximo que pille, le doy con la cachava.


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25 Sep 2006

Por razones que no vienen al caso, este fin de semana he pasado más tiempo de lo deseable en bares kalimotxeros, entendiendo como tales aquéllos en los que resulta imposible permanecer media hora sin escuchar a alguno de los siguientes grupos: Reincidentes, La Polla, Soziedad Alkohólika, Los Suaves, Barricada, Koma, Extremoduro, Marea, Platero y Tú y, lo que es peor, estos Piperrak de la foto. Por supuesto, entre los nombres mencionados hay clases -Los Suaves y Extremoduro me parecen dos bandas irreprochables, tanto lírica como musicalmente- y entre los locales hosteleros de esta tendencia, también: el nivel máximo de kalimotxerismo lo alcanzarían los establecimientos en los que resulta imposible permanecer media hora sin escuchar a todos los grupos mencionados. Pero lo que más me asombra últimamente de este mundillo es que sus adeptos no se conforman con elegir siempre los mismos grupos, sino que también pinchan las mismas canciones. Los Suaves son un ejemplo claro: su carrera es larga y rica, pero uno tiene un 90% de probabilidades de que el discjockey del garito pinche 'Dolores se llamaba Lola'. Con Barricada, también veteranísimos y autores de decenas de temas aptos para un bar, ese 90% se reparte entre 'No hay tregua' y 'En blanco y negro'. Con La Polla, entre 'Salve Regina', 'Txus' y, con menos boletos, 'Ellos dicen mierda'.

Me resulta imposible calcular cuántas veces habré escuchado en bares 'Dolores se llamaba Lola', y conste que la canción me gusta. ¿Doscientas? ¿Trescientas? Por eso me estremezco al pensar hasta dónde se elevará esa cifra en el caso de personas que salen por estos ambientes todas las semanas desde hace años. Y, aun así, se lanzan a cantar con ímpetu lo de "fuiste la niña de azul en el colegio de monjas", como si cada vez fuese una grata sorpresa o como si hubiese que renovar los papeles de pertenencia al colectivo. Tengo la impresión de que mucha de esta gente, ya ven, prefiere los himnos a la música.

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30 May 2006

En su época más brillante, los años ochenta, la editorial Bruguera tenía en nómina a dos genios de la viñeta llamados Manuel Vázquez y Joan March. El primero era el creador de, entre muchos otros personajes, 'Anacleto, agente secreto', 'La familia Cebolleta' y 'Las hermanas Gilda'. March, que empezó como ayudante de Josep Escobar, es autor de historietas menos conocidas, como 'El Mini Rey' y 'Tranki y Tronko', pero al igual que Vázquez, también dibujaba una delirante serie protagonizada por sí mismo en la que tocaba los temas más variopintos, casi siempre lejos de lo que uno esperaría encontrar en una revista infantil. Así, si Vázquez había firmado aquella serie mítica titulada 'Yo, binguero profesional', en la que aparecía caracterizado como un furioso ludópata, March se retrataba en un bar de ligoteo hablándole a una chica de Kafka. Estas historietas comenzaban de forma invariable con March sentado, cubata en mano, sobre el taburete de un local, explicando al lector el asunto que se disponía a tratar, mientras un personajillo a sus espaldas decía: "A ver cuándo habla de bares, que de eso sabe mucho". Pues bien, Evadidos recoge hoy esa responsabilidad histórica de hablar de bares, toda vez que, con sólo tres artículos, tenemos la categoría de 'vida nocturna' francamente desatendida, y eso que el 'staff' de la bitácora, de bares, algo sabe. Por ejemplo, que este fin de semana abre sus puertas un local nuevo en el centro de Bilbao, de nombre Stromboli, en la esquina entre General Concha y la Alameda de Urquijo. Definido como "árabe-pop-muy chica" por sus propietarias, dejamos al lector la hermenéutica de la expresión con la recomendación de visitarlo. Si dicen que van de parte de Evadidos, serán obsequiados con una radiante sonrisa, tras lo cual se considera de buen tono abonar la consumición.

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13 Ene 2006

Baraka tiene ya sus superhéroes, los Botellón-Man. Y lo que son las cosas de la aldea global: ¡los he encontrado por azar en Google!


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02 Dic 2005

Como en la canción de Mecano, los Evadidos nos colamos en la gran fiesta multimedia que montó EL CORREO el pasado miércoles. Ya saben lo que son estas cosas, sobre todo si han podido hojear el suplemento que acompaña hoy a su periódico favorito. Eso sí, si esperaban que nuestra facción purista abandonase el recinto indignada cuando Boney M hicieron acto de presencia en el escenario de dentro del escenario del Palacio Euskalduna van listos. Señores, fue apoteósico. Los compañeros Benito, Galante y Arrieta dejamos de lado nuestro habitual aire circunspecto para abandonarnos a los delirios del euro disco más setentero. Mientras, el compañero Artundo se hacía cargo de nuestros principios más rockeros. "Es increíble, ¡la gente se sabe las letras!", aullaba el compañero Benito mientras todo el mundo cantaba aquello de "By the rivers of Babylon, there we sat down / ye-eah we wept, when we remembered Zion..." Y sí, amigos, las criaturas de Frank Farian es lo que tienen. Se quiera o no, sus canciones forman parte de la culturilla general de todo el mundo. Que conste que esperábamos un playbackazo indignante. Pero no, ellas cantaban en directo y él... bueno, hacía lo de siempre. O sea, estupendo. Pueden jugar a 'buscando a Wally' en versión Evadidos en la galería correspondiente. Allí nos encontrarán.

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23 Oct 2005

Por increíble que parezca, existe un vínculo entre Unamuno y el heavy metal. En alguna parte en 'De mi país', el escritor bilbaíno se refiere a la calle Iturribide como "la senda de los cimerianos", un rosario de tascas por el que deambulaban los borrachines más recalcitrantes.

Los cimerianos, es decir los cimerios, fueron un antiguo pueblo de las regiones situadas al Norte del Mar Negro que invadió el Asia Menor en el siglo VII antes de Cristo para liarse a guantazos con los asirios. Efectivamente, estamos hablando de la tribu de Conan, el bárbaro. Gente protohistórica de malas pulgas. A Robert Howard le gustaba la historia antigua. Se ve que a Unamuno también, por lo que estableció una extraña relación entre el txikiteo más 'hard' y las hachas revienta cráneos.

Conan es la cumbre de la épica 'pulp' de espada y brujería. Carne de heavy metal. Sobre todo del que se escucha por aquí. Las nuevas tendencias no calaron en los 'pelusos' vascos y nuestros heavys son más bien tradicionalistas. Lucen camisetas repletas de cimerios, de Conans, de bárbaros y de habitantes de la Tierra Media. Hammerfall, Rhapsody, Iced Earth, los incombustibles Blind Guardian, Helloween, que son como de la familia... Toda su iconografía se puede admirar en las camisetas que lucen los 'metalheads' locales en su deambular nocturno por los bares de Iturribide, que hoy, más que nunca, sigue siendo "la senda de los cimerianos".

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