03 Sep 2008

Plastiscines. Para qué voy a decir más, si sé que, una vez vista la foto, muchos lectores sólo necesitan saber el nombre del grupo para hacerse fans devotos. Pero bueno, a lo mejor con una sola palabra el post quedaría demasiado corto, así que les contaré que son francesas, que proceden de familias bastante pijas –digamos, para no parecer tan primarios, que sus padres pertenecen a la burguesía bohemia– y que están encuadradas en una oleada de grupos galos bautizados creativamente como los bebés rockeros. Su primer álbum, LP1, es del año pasado, pero yo lo he descubierto con retraso y no me voy a privar de recomendarlo, por más que el mundo entero compita en escuchar discos que todavía no se han editado.
La música de las Plastiscines se mueve entre el garaje ligero y los Strokes –otros pijaz... burgueses bohemios, quiero decir–, pero ellas interpretan sus canciones con lo que podríamos llamar frescura francesa. Al fin y al cabo, son jovencísimas y se han criado escuchando “un montón de R&B y rap”, dicho sea lo de R&B en sentido moderno, así que no tenían ni idea de rock hasta que se quedaron fascinadas con los Strokes y los Libertines. ¿Un bluff? On verra, que diría Otegi, pero seguro que a muchos de ustedes también les gustan canciones como ésta:
27 Ago 2008
La pose es un asunto complicado incluso a la hora de explicarlo, pero creo que todos lo entendemos por pura experiencia personal. En cualquier sector de la cultura, junto a los aficionados genuinos, hay advenedizos que se suben al tren porque les gusta la gente que va dentro: la mayoría conoceremos a algún supuesto amante de la música electrónica, la comida japonesa o la novela del siglo XIX en el que se adivina cierta insinceridad. Es decir, da la impresión de que le motiva más la idea de pertenecer a ese club que la actividad del club en sí. Pero resulta difícil identificar a los impostores, quizá porque todos albergamos en nuestro interior una sombra de pecado, quizá incluso porque muchas pasiones auténticas enraizaron a partir de la pura pretensión.
Pensaba en esto el pasado fin de semana mientras leía un foro de Internet. Sitúo a los desubicados: existe algo llamado Last.fm que contabiliza las canciones que los usuarios escuchan en su ordenador y, por pura acumulación, va delimitando su universo musical, y existe algo llamado ‘índice de la apertura mental’ que analiza un perfil concreto de Last.fm y le asigna un número en función de su amplitud de miras, es decir, de la cantidad de géneros diferentes que aparecen en su listado. De ese modo un usuario –pongamos Pepito, o DarkKnightFromRottenHell– descubre que su índice de apertura mental es 114. No sabe si está bien o mal, porque ni siquiera queda claro cuál es el máximo, pero pronto comprobará que otras personas ostentan índices más altos y, probablemente, se active en él el mecanismo que conduce a la pose.
El hilo que me llamó la atención servía de ventana privilegiada e insólita sobre este fenómeno: la gente discutía cómo mejorar su índice. No deseaban ampliar su culturilla, sino superar al vecino. Y el remedio es fácil, sólo hay que escuchar estilos musicales que jamás te han interesado y que, de hecho, siguen sin interesarte. Free jazz, dub, bluegrass, motetes, power metal, dubstep, gamelán indonesio, jotas, ambient aislacionista, sludgecore, didgeridoo, música concreta, noise japonés, txalaparta, recopilaciones yeyés... Algunos están dispuestos a soportar cualquier tortura –porque bastantes de estos sonidos que he mencionado pueden resultar casi letales para el recién llegado– con tal de quedar como gente de mente abierta y orejas desprejuiciadas. Pero la cosa va más allá, porque, en rigor, no les hace falta escuchar la música, sino sólo que su ordenador la reproduzca, así que esta nueva generación de farsantes podrá cumplir el sueño de sus predecesores a lo largo de la historia: se convertirán en miembros distinguidos de clubes que les son completamente ajenos.
¿Qué, hace un poquito de gamelán?
25 Ago 2008
Se acabó la Aste Nagusia. Marijaia ha vuelto a su cubil para dedicarse a tareas intelectuales, porque es aficionada al ajedrez y gran lectora de Schopenhauer, aunque en fiestas disimula. La verdad es que uno cada vez se parece más a Marijaia en eso de no salir más que en Semana Grande y quedarse luego hecho un trapo, pero sacaré fuerzas para escribirles un resumen: me he reencontrado con los bocatas de Zapiain y el kalimotxo –ese inquietante brebaje que sólo tolero en fiestas–, he vuelto a espantarme ante los excesos a la vez grotescos e intolerables de algunas txosnas, he consumido fundamentalmente en Sinkuartel y Hontzak –la obsesión de éstos por El Correo se acerca a lo patológico, por cierto–, me he sorprendido al escuchar en El Arenal canciones como el Voy a mil de los primeros Olé Olé, he descubierto que el bilbaíno en fiestas sigue prefiriendo la txosna al bar aunque esté jarreando y he asistido a conciertos buenos, conciertos regulares y conciertos terribles.
En realidad, sólo tuve tres noches musicales. El primer sábado lo pasé divinamente con Munlet en el rock local de Bailén: son chica y chico (los tienen en la foto) y hacen electropunk, es decir, combinan bases electrónicas, estentóreos guitarrazos y letras de descaro nuevaolero. Huimos de Mamba Beat a los tres minutos –ojo, no es que sean malos, es que su estilo no es lo nuestro– y tuvimos una actuación estelar en Botica Vieja: nos presentamos allí a la una, dando por hecho que a esa hora tomarían el escenario The Teenagers, y descubrimos que el trío francés había tocado primero y que nos esperaba un concierto completo de Delorean. Que sí, que suenan muy bien y parecen británicos, pero me aburrí como una ostra modernilla.
El lunes, salí de trabajar y me precipité al rock local, porque había quedado allí. Llegué el primero y me tragué en solitario veintitantos minutos de Patada en la Papada, que deberían convertirse en un grupo tributo de La Polla: no necesitarían cambiar de estilo, porque ya lo calcan, y por lo menos eso les permitiría tocar alguna canción buena. Nos marchamos mientras sonaba el estribillo “hijo de puta, hijo de puta” y fuimos a caer en otro concierto punk: Josu Distorsión y los del Puente Romano en las txosnas. Y qué quieren que les diga, no había color: también son reivindicativos y propensos al lenguaje grueso, pero van sobrados de ingenio en sus discursos descacharrantes, sus ocurrencias líricas y sus ripios siniestrototaleros. Me reí un montón, hasta se me saltaron las lágrimas en un par de momentos. De allí nos marchamos al Antzoki, donde oficiaban Los Derrumbes –instrumentales surf– y los garajeros yanquis The Cynics, imbatibles en lo suyo. ¡Viva el rock y la iniciativa privada!
El jueves, Loan se salieron en Bailén. Quizá su rollo, entre el doom y el post hardcore, no sea para todos los públicos, pero hasta los más recelosos –conmigo iba uno– acabaron dejándose llevar por las poderosas sacudidas que salían del escenario. Acabamos felices, con el cerebro masajeado, y ese bienestar mental nos duró hasta la gran decepción de las fiestas: Siniestro Total en Abandoibarra. Este grupo se ha convertido en un Frankenstein indefendible: la gente va a verlos por sus viejos éxitos, gamberros y cazurros, pero ellos aspiran a ser un grupo adulto con alma de blues; la gente recuerda sus conciertos de hace veinte años, con las canciones enlazadas en un frenesí ramoniano, y se topa con un amante del monólogo que no sabe controlarse entre tema y tema; la gente, en suma, quiere ver a los Siniestro de Miguel Costas, pero tiene que conformarse con los Siniestro de Julián Hernández. Y, para eso, mucho mejor Josu Distorsión. ¿Sabían, por cierto, que Costas tiene banda nueva?
18 Ago 2008
Corren semanas difíciles para quienes sentimos un desinterés casi infinito por el deporte. A modo de manifiesto ante el olimpismo asfixiante, escuchen aquí abajo a Faca...
15 Ago 2008
Con la edad, uno afronta las fiestas con cierta planificación, porque la experiencia enseña que improvisar suele conducir a excesos poco recomendables a estas alturas de la vida. De manera que, a falta de un día para el chupinazo, ya he cerrado la lista de los conciertos a los que tengo intención de acudir. Aparte de bajar al rock local siempre que la jornada laboral me lo permita –es decir, sólo en mis días de libranza–, mi programa musical de Aste Nagusia se reduce a tres grupos.
El sábado iré a ver a The Teenagers. No soy fan, ni siquiera he escuchado entero su álbum, pero las tres o cuatro canciones que tengo en rotación desde hace meses me animan a emprender la larga expedición hasta Botica Vieja. En particular, Homecoming, un tema suavecito en lo musical y bastante bruto en lo lírico que narra la relación entre un inglés y una yanqui desde los dispares puntos de vista de ambos. Con perdón por las explicit lyrics, éste es el recuento de los hechos que hace el tipo en la primera estrofa: “La semana pasada volé a San Diego para ver a mi tía. El primer día conocí a su hijastra. Es animadora, es virgen y está muy bronceada. Cuando salió de su enorme coche, sólo pude darme cuenta de que era más que follable. Creo que volvía del partido o algo así, porque todavía llevaba esos tontos pompones. El segundo día me la tiré y fue salvaje”. Y el estribillo se lo dejo en inglés para que los motores de búsqueda me traigan al blog pervertidos de todas las naciones: “I fucked my American cunt”, dice él. “I love my English romance”, cuenta ella. Les enlazo el vídeo, que por alguna razón hoy los youtubes no se dejan insertar.
El lunes, no me quiero perder por nada del mundo a los Cynics en el Kafe Antzokia. Mi relación con el rock garajero ha ido cambiando con los años: cuando unos compañeros de la Universidad, los hermanos Cruz, me grabaron una casete de los Cynics, su música me interesó bastante poco porque estaba mucho más metido en el pop británico: ya saben, una cosa de más sensibilidad y sofisticación. Pero de un tiempo a esta parte escucho bastante garaje, desde grupos light como las francesas Plastiscines –tengo pendiente escribir sobre ellas algún día, por cierto– hasta engendros más cavernícolas como los Hexxers. Y, sin duda, los Cynics son mis favoritos del género, porque los Cruz sabían un montón de esto. Ahí va Baby What's Wrong...
Y el jueves viene mi gente de Logroño y tenemos previsto acercarnos a Abandoibarra, donde tocan Siniestro Total. Como tantos de ustedes, yo crecí con los primeros Siniestro Total, me distancié de ellos a raíz de la marcha de Miguel Costas –aquella voz y aquella presencia, macarras y guasonas, de sus grandes clásicos chocarreros– y asistí con tristeza a la posterior metamorfosis tradicionalista. Pero, aun así, un concierto de Siniestro Total siempre merecerá la pena, y más en las fiestas, que son su entorno natural. ¡A menear el bullarengue!
14 Ago 2008
Todos los meses y seguramente todos los días se editan discos que pasan desapercibidos, y a veces esa escasa repercusión no se debe a su falta de mérito sino a cierta inadecuación entre lo que ofrecen y lo que interesa en los medios. Para mí, uno de los casos más injustos de los últimos años ha sido el de La patronal por todas partes, debut comercial de GG Quintanilla, el nombre con el que el portugalujo Garikoitz Gamarra ofrece al mundo su personal combinación de post-punk oscuro y tecno-pop de estribillos luminosos –entre Corcobado y Aviador Dro, digamos–, con letras que reflexionan sobre la actualidad en un tono sarcástico y poco convencional. El disco salió el año pasado y no pareció enterarse mucha gente –desde luego, yo no tuve ni idea de su existencia hasta hace unos meses–, algo en lo que seguramente tuvo su parte el hecho de que tanto la voz como los textos de este hombre puedan disgustar profundamente al oyente. A mí, ya ven, me tienen perdidamente enganchado: lo llevo en el iPod y he grabado su tema La era de la inseminación artificial a varios amigos que han quedado sorprendidos y satisfechos, o eso han dicho. En su MySpace o aquí pueden escuchar e incluso descargar algunos temillas.
Pero bueno, les hablo de Gamarra Quintanilla porque esta semana lo tenemos por partida doble al lado de casa. Mañana viernes está en el Munich 72 de Santurtzi con su banda Ornamento y Delito –nombre tomado de un ensayo del arquitecto Adolf Loos, porque basta googlear a nuestro hombre para comprobar que tiende a la reflexión de altos vuelos– y el miércoles estrena en el Badulake bilbaíno su nuevo proyecto Mecánica Divina, donde ayunta poesía e improvisación electrónica junto al actor y escritor Andeka Larrea. Parece una buena opción para desintoxicarse de tanto kalimotxo y tanta canción de Marijaia, aunque con estas cosas nunca se sabe, lo mismo van y la tocan.


09 Ago 2008
Todavía no me he recuperado del impacto estético que me causó ayer la nueva campaña artística de Metro Bilbao. Artística digo, sí, porque no me atrevo a llamarla campaña de comunicación, ya que no sé muy bien qué pretenden transmitir al usuario los adhesivos que los responsables del suburbano han colocado por todas partes. Y, en cambio, queda clara su intención transgresora: está de moda ironizar a costa de los excesos neorrománticos y nuevaoleros de los 80, pero esta iniciativa va todavía más atrás en el tiempo y recupera el tono del estilo enrollado de la transición, cuando las autoridades descubrieron que quedaba muy moderno hablar como si llevases una navaja y una china en el bolsillo. Se las han arreglado para embutir en el mismo circulito una frase en euskera y tres eslóganes en castellano o así, a saber:
Metro & Rock: no me digan que no suena a nombre de certamen de rock de hace veintimuchos años, cuando participaban en esas cosas grupos como Lavabos Iturriaga, Alcaudón o Vado Permanente, por citar bandas de tres autonomías distintas. ¿Por qué precisamente rock? ¡Misterio!
¿Te vas a pasar? Pasamos por ti: supongo que quiere decir que, si un usuario bebe y/o se droga más allá de cierto límite, el metro lo recoge y lo lleva a casa. Si es eso, tengo la impresión de que la inmensa mayoría de la población diría pasamos a por ti, y el Panhispánico de Dudas no ve razones para censurar este uso. Expresado así, uno se queda con la inquietante duda de si están ofreciéndose a beber y/o drogarse en su lugar o, lo que es peor, si están proponiendo la opción de que el metro le pase a uno por encima.
No metro, no mambo: es el gran hallazgo de la campaña, por su cuidada construcción gramatical, por su uso de la palabra mambo en plan oficinista que se afloja la corbata y por lo estudiado del concepto de fondo. ¿Sin metro no hay fiesta? Pobres gentes de Rekalde, Otxarkoaga y otros barrios privados de mambo, timba, rumba y guaguancó.
Para todos ellos, un poco de mambo con la letra bien clara...
06 Ago 2008
¿El rock independiente es cada vez más aburrido? La verdad es que iba a escribir la frase sin interrogaciones, pero en el último momento me ha dado miedo, porque seguro que ahora mismo hay cientos de bandas que están creando sonidos originales y estimulantes. No obstante, sí tengo la impresión de que los nuevos nombres más visibles del rock alternativo están atrapados en la perpetua repetición de sí mismos y, lo que es peor, en una rutinaria recombinación de sonidos calcados de movimientos de hace décadas. Hay discos que reciben cuatro y cinco estrellas en las revistas del ramo y que pasan por los oídos y el cerebro sin dejar huella, como si se desplazasen con precisión milimétrica por las rodadas de grupos del pasado. El último en quejarse ha sido Ricky Wilson, de los Kaiser Chiefs, que ha acusado a gran parte de la escena de tocar "indie con plantilla", por pura "fórmula" y sin pasárselo bien. "Muchas compañías de discos están promocionando a grupos indies en plan ‘tenemos uno nuevo, van en camiseta’", ironiza. Me parece que esta desgana resulta aún más evidente por la pujanza de otras músicas, incluidos los sonidos comerciales de gente como Amy Winehouse, Duffy, Gnarls Barkley, Sam Sparro o Santogold, las composiciones infalibles y producciones de lujo de la música urbana estadounidense y la hipnosis nocturna del dubstep y afines. Frente a esto, los chicos de la camiseta suenan tremendamente anodinos e inofensivos.
Para mí, y me repito un montón, la gran excepción del último año han sido Vampire Weekend, claro que éstos se han impuesto la regla de no llevar nunca camiseta en los conciertos. Son un poco pijos, bastante pedantes en sus declaraciones, pero su música suena chispeante y festiva y jamás parecerá una copia de tercera generación de Gang Of Four. Y, para que la felicidad sea plena, se permiten hacer este vídeo con transformación final en... Robert Smith, un auténtico vampiro de fin de semana.
25 Jul 2008
¿Han organizado su viaje a Vitoria? El Azkena Rock Festival de este año ya tenía muy buena pinta, pero las incorporaciones de Dinosaur Jr., Sex Pistols y, en menor medida, Lemonheads nos van a obligar a muchos perezosos y/o indecisos a revisar nuestros planes para septiembre. Es mi caso, desde luego: nunca he visto en directo a los Pistols ni a Dinosaur Jr, cuando son autores de dos de los discos que más escuché en la remota e impresionable adolescencia. Never Mind The Bollocks, cuál si no, y el Bug de J Mascis y compañía.
Los Sex Pistols son quizá el grupo de rock que más se presta a la cháchara baratísima, a la regurgitación de pensamientos de cuarta mano: ya saben, que eran unos impostores, que estaban en esto por la pasta, que no sabían tocar, que lo suyo era puro montaje, que no eran punks genuinos, que su reunión traiciona los principios del sagrado movimiento... Pero, curiosamente, no he encontrado a nadie capaz de encerrarse en su desdén mientras suena por los bafles la enérgica magnificencia de Never Mind The Bollocks. Con esos temazos -de un clasicismo que no se puede disimular, por cierto-, ese sonido poderoso y una de las mejores interpretaciones vocales de la historia a cargo de un frontman impagable, ¿qué importa todo lo demás? Los cuatro señores que vendrán a Vitoria tenían esta pinta hace 32 años, en su primera aparición en televisión, invitados y presentados por Tony Wilson...
Cuando se grabó este vídeo de arriba yo tenía 4 añitos, pero en cambio ya andaba por los 16 o 17 en el momento de editarse Bug. El rock alternativo estadounidense de finales de los 80 fue el primer movimiento que viví en directo, cuando empezaba a dulcificarse un poco pero aún mantenía su capacidad de sorpresa: me enganché a Dinosaur Jr. con ese Bug (1988), a los Pixies con Doolittle (1989), a Sonic Youth con Daydream Nation (1988) y a Butthole Surfers con Hairway To Steven (1988), y compré discos que superaban en mucho mi capacidad de asimilación como el In Gut’s House de las bastante olvidadas Ut. Aunque los cuatro grandes que he mencionado habían superado ya su etapa más aventurada y difícil, conservaban su libertad creativa y su inquietud, si bien con el tiempo uno ha acabado dándose cuenta de que estaban mucho más entroncados con la historia de lo que parecía entonces: basta pensar en Neil Young mientras se escucha a Dinosaur Jr. Y tengo que decir que, a muchos de los que nos educamos con estos discos, el grunge y el rock alternativo de los 90 nos resultaron más bien convencionales, mercantilizados e insatisfactorios, con perdón. Ahí les van los dinosaurios con Freak Scene, impresionante canción y desquiciado videoclip.
24 Jul 2008
Ya siento hablar de consultas en un país tan aburrido de ese concepto, pero el blog JamsBio ha organizado una votación que me resulta apasionante. Vale, vale, el tema puede parecer una tontería, pero otros se muestran entusiasmados hasta el extravío por sondeos todavía más ridículos y estériles. En fin, la cuestión es: ¿prefieres el punk británico o el punk estadounidense? Y el autor ha articulado su pesquisa emparejando a grupos clásicos de ambas procedencias y pidiendo al lector que elija, aunque a veces le resulte doloroso.
En mi votación, desde luego, han arrasado los ingleses, con dos excepciones: he dejado en blanco la primera pregunta, que viene a ser si quieres más a papá Sex Pistols o a mamá Ramones (he estado a punto de inclinarme por los segundos, pero el Never Mind The Bollocks es uno de los discos cruciales de mi adolescencia), y he preferido a los Dead Boys sobre Damned, aunque ambos me dan bastante igual. Pero las demás respuestas son un orgulloso Rule Britannia con voces destempladas y guitarras potentes: prefiero a los Clash frente a Blondie (en una proporción de 7/3 o así), a los Jam frente a X (8/2), a los Buzzcocks frente a los New York Dolls (6/4), a Wire frente a Television (estooo... 9/1), a Siouxsie frente a Patti Smith (6/4), a Gang Of Four frente a Mission Of Burma (7/3), a Soft Boys frente a Modern Lovers (6/4), a Slits frente a Plasmatics (8/2) y a The Fall frente a Pere Ubu (7/3, aunque ambos están entre mis grupos favoritos, y por eso pongo en la foto de abajo a The Fall). Para saber cómo van los resultados de la encuesta, tendrán que participar. ¿Por quiénes se inclinan ustedes? ¿Y qué votaría Ibarretxe si le diésemos la tabarra con este tema durante un par de años?
Sobre este blog
Mis tags
Categorías
Secciones
Archivos por meses
- Septiembre 2008
- Agosto 2008
- Julio 2008
- Junio 2008
- Mayo 2008
- Abril 2008
- Marzo 2008
- Febrero 2008
- Enero 2008
- Diciembre 2007
- Noviembre 2007
- Octubre 2007
- Septiembre 2007
- Agosto 2007
- Julio 2007
- Junio 2007
- Mayo 2007
- Abril 2007
- Marzo 2007
- Febrero 2007
- Enero 2007
- Diciembre 2006
- Noviembre 2006
- Octubre 2006
- Septiembre 2006
- Agosto 2006
- Julio 2006
- Junio 2006
- Mayo 2006
- Abril 2006
- Marzo 2006
- Febrero 2006
- Enero 2006
- Diciembre 2005
- Noviembre 2005
- Octubre 2005
- Septiembre 2005
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
