03 Mar 2008
El hilarante Metal Inquisition publicaba el otro día un post en el que uno de sus colaboradores se hacía visitar por su yo adolescente de 1991. El chaval, fanático de bandas como Anthrax y Nuclear Assault, se indignaba al comprobar que su yo del futuro no llevaba el pelo largo ni parches en la ropa, tenía “almacenadas” sus viejas casetes e incluso acudía a conciertos de jazz. Pues bien, si mi yo de mediados de los 80 me visitase esta semana, fliparía al comprobar mi total indiferencia por la restringidísima actuación que Mike Oldfield va a dar el viernes en el Guggenheim de Bilbao. El Benito de 1983 inició su colección de discos con Crises, un elepé que le sirvió para aprender un par de cosas: Mike Oldfield no era, como él pensaba, la voz que cantaba Moonlight Shadow, sino un señor que se dedicaba a tocar muchos instrumentos (yo sospecho que algunos sólo los metía para lucirse en las larguísimas enumeraciones de sus carpetas) y que combinaba las canciones pop con largos temas de corte más ambicioso. El Benito de 1984 poseía quizá ya una docena de discos, de los que seis o siete estaban firmados por Oldfield, y recibió con entusiasmo las dos novedades que el multiinstrumentista editó aquel año: Discovery y la banda sonora de The Killing Fields.
Y se acabó el idilio. Seguro que influyeron nuevos gustos como los Cure o los Smiths, pero también tengo la impresión de que la carrera de Oldfield entró en una decadencia imparable a partir de ese momento. Veo que la All Music Guide puntúa con tres estrellas su siguiente álbum, Islands (¡las mismas que da a Ommadawn y Hergest Ridge!), pero yo lo recuerdo como una decepcionante sinsorgada. Y, a partir de ahí, ya saben: más y más versiones del tubo tubular, cuelgues ibicencos y declaraciones que muestran a Oldfield como un personaje antipático y petulante. Sigo escuchando a menudo los viejos discos de este hombre, pero seguramente nunca llegaré a oír el nuevo Music Of The Spheres, porque ya el título me da pavorcito. Eso sí, confieso que me encantaría saber qué habría pensado de él aquel Benito sin malear de 1984.
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Robert Bossa dijo
Hola Carlos, yo también alucinaba con Crises; "Moonlight Shadow" hizo suspirar de amor a varias generaciones, pero es cierto que siendo yo un mico aún, un amigo le dejó a mi hermano el vinilo de Crises y empecé a pinchar de manera compulsiva la cara A y sus paisajes progresivo-instrumentales (y no hablemos de los guiños más duretes del señor Campoviejo en "Shadow on the Wall" en la cara B...). Afortunadamente, estos accesos y unos pocos más con los Pink Floyd fueron mis únicos escarceos con el rock progresivo; nunca llegué a comprarme nada de los Yes, a pesar de que me encantaba el single que sacó Mike Oldfield con Jon Anderson en 1986 titulado "Shine".
Hay que reconocer que a este hombre nunca le quedó mal la grandilocuencia new age / progresiva, mucho mejor que al retaco y pesado de Phil Collins por ejemplo, pero hay que reconocer que tras darle tantas vueltas a su genial disco Tubular parece que su credibilidad se puede llegar a tambalear.
Ahora que lo pienso la credibilidad es algo que no hay que tomarse demasiado en serio en el mundo de la música, más aún cuando tú te lo guisas y tú te lo comes todo, pero más allá de modas y etapas supongo que Mike Olfield es el típico que siempre tendrá una legión de "die hard fans" que sigan alucinando con él como el primer día. Olé por ellos, qué más quiere un grupete de freakies que ver a su compositor en un entorno tan chic como el museo Guggenheim (por cierto, no tenía ni idea del evento hasta que he leído tu post).
Dejemos que cada uno goce como quiera y yo no le diré a nadie que me compré una vez un disco de Tangerine Dream en mi afán por descubrir bizarradas extrasensoriales. Nadie lo sabía aún, pero mi camino hacia la negritud cavernosa había comenzado. Había varias rutas hasta llegar a los Bauhaus, así que, ¿por qué no hacerlo a través de los Sigue Sigue Sputnik y The Cure combinados con algunos locos multi-instrumentistas en vez de empezar por los Black Sabbath?
Un abrazo Don Carlos.
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