29 Ago 2007

Las filtraciones a Internet de los lanzamientos discográficos conducen a situaciones pintorescas. Ahí tenemos, por ejemplo, La radiolina, el nuevo álbum de Manu Chao, que no sale hasta el lunes pero lleva ya bastantes días en los P2P y colgado en distintos sitios de la red. ¿Qué pasa con él? ¿Se puede comentar o no? ¿Decir que te gusta, por ejemplo, Politik Kills equivale a una confesión pública de piratería? Y, sinceramente, ¿alguien en sus cabales puede esperar que un fan no se lo descargue por escrúpulos éticos? ¿A la gente que exige eso le gusta la música?

En fin, tiremos de condicional: si hubiese escuchado La radiolina, me habría gustado mucho más de lo esperado. Ya saben que Chao se impregna de música popular de distintos continentes, pero en el núcleo de esa esponja estilística late un corazón punk, y eso siempre mitiga los riesgos de misticismo, buenrollismo y turismo de saqueo que suelen pesar sobre estos apátridas culturales. A mí, con todo lo refractario que soy a estas cosas, el álbum me resulta -estoooo, me resultaría- tremendamente adictivo, igual que me pasó ya con Clandestino. Siempre digo lo mismo, pero lo peor de Chao es su legión de imitadores perroflautistas.

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rockalipsis

rockalipsis dijo

Digamos que a un buen amigo le sucedió lo mismo con el último de bon jovi; estaba disponible (incluso con diferentes bonus tracks y las portadas) no sé en donde varias semanas antes de estar en la fnac, pero claro, mi buen amigo esperó a comprar su copia, ya que quiere que el campos elíseos abra pronto sus puertas, y que los buenos artistas españoles puedan disfrutar de una vida digna.







Mi buen amigo todavía recuerda aquello del home taping is killing music ... and it is illegal.







Claro que mi buen amigo también se pregunta de dónde salio esa copia ilegal de una grabación no distribuida, puesto que ya sabemos que a los aficionados no les importa matar la música (menos mal que está la SGAE para evitarlo), pero se supone que las buenas discográficas que defienden los derechos de los buenos artistas que tanto nos gustan deberían custodiar con la diligencia de un buen padre de familia las grabaciones, en evitación de que cayesen en manos de las mafias que están matando la música... ¿o no?

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