07 Dic 2007

Jamás he escuchado ninguna obra completa de Karlheinz Stockhausen, y, sin embargo, creo que es uno de los creadores a quienes más he oído (o leído) mencionar como referencia. Algunos artistas adoran citar al compositor alemán, fallecido el miércoles a los 79 años, ya que así creen demostrar que han alcanzado la última frontera, que han avanzado en su concepción de la música hasta dejar atrás todo lo relacionado con el disfrute, que son -en definitiva- unos tipos pasadísimos de rosca. Y, sin embargo, sospecho que bastantes lo nombran sin conocer de su obra y su vida más que tres vaguedades, lo mismo que yo: que es un pionero de la música electrónica, que tiene una obra para 'cuarteto de cuerda y cuatro helicópteros' y que es responsable de una monumental boutade relacionada con el atentado de las Torres Gemelas, al haberse referido a él como "la máxima obra de arte". Ah, también sé que en su momento alabó los primeros trabajos de Franco Battiato, pero eso no viene mucho al caso.

Y no hablo de artistas de la llamada música culta, sino de rockeros y, sobre todo, de gente del mundo de la electrónica. ¡Si hasta lo llevaron al Sónar barcelonés en 2002! En un MySpace dedicado al compositor, que supongo será obra de algún fan, aparecen enumerados sus admiradores más populares: Anthony Braxton, Can, los Beatles (dicen, por cierto, que el que escuchaba a Stockhausen era McCartney, ahí donde lo ven tan tierno), Kraftwerk, Coil, Björk, Sonic Youth, Miles Davis, Frank Zappa y Herbie Hancock. Lo malo es que a todos estos hay que añadir cientos de diletantes que trataban de apuntalar con el imponente apellido de Stockhausen sus ocurrencias ruidistas, no sé yo si con mucho fundamento. ¿Y ustedes qué, han escuchado mucho a Stockhausen?

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paco

paco dijo

no había escuchado nada pero ahora que ha muerto pues igual me pongo a ello mas que nada por el morbo y lo de los helicópteros pues como que "mola"

Primo

Primo dijo

Yo, aparte de la chorrada esa de los helicópteros, sólo tengo bajada del emule una cosa de tres minutos denominada Etude (1952), que bien podría servir de psicofonía a los maleantes que dan tanta grima al Sr. Gámez, responder al resultado de tirar un viejo magnetófono de un cuarto piso y luego enchufarlo a ver qué pasa, o, ya en un plano más serio -ejem-, consistir en un antecedente escasamente sofisticado para los ruiditos que los Kraftwerk metían entre canción y canción como relleno para, poniéndoles también su propio título, poder decirle a su discográfica -y en última instancia, a los consumidores de sus productos-: "venga, ya hay más de media hora de música grabada y al menos ocho temas para sacar un disco: traed acá la pasta".

En resumen, que si el tipo se llega a llamar Antonio Martínez, en vez de tener un nombre tan guay, y jamás se hubiera movido en el mundo de la alta cultura y las declaraciones epatantes a los periodistas del ramo, hoy en día no lo citaría nadie. O sea, ningún listo.

Y "listo" vale tanto para calificar al componente de banda musical de diseño que pretende soltarle el rollo al periodista de turno, como para hacer lo propio con el enterado que busca la autorrealización en la bizarría ilustrada de internet -servidor, presente.

Todo ello, claro, expresado desde el respeto y la admiración hacia el gran compositor alemán pro Battiato tristemente desaparecido. Y desde el no consumo de substancias alucinógenas, que a lo mejor resulta ser la verdadera clave del asunto.

corrispondente

corrispondente dijo

Yo, a diario.

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